La editorial KRK parece empeñada en que los hablantes de español podamos disfrutar plenamente y en nuestra propia lengua de uno de nuestros pensadores más originales, agudos y valiosos. Como confirmación de lo dicho apareció hace unos meses en la citada editorial y en traducción del que probablemente sea el mayor experto en español sobre Santayana, Daniel Moreno Moreno, La razón en el sentido común, primer volumen de los cinco que compuso Santayana sobre La vida de la razón.
En efecto, hace años ya que un conjunto de pensadores y académicos españoles, inspirados por Manuel Garrido Jiménez, y entre cuya nómina figuran Carmen García Trevijano, o los encargados de esta edición, José Beltrán Llavador y Daniel Moreno Moreno, decidieron pasar de las palabras a los hechos y comenzaron la difícil labor de dar a conocer al público hispanohablante la vida y obra de Santayana, escrita esta última totalmente en inglés. Gracias a ellos, las posibilidades que el lector en español tiene hoy para acceder al pensamiento de Santayana de una forma amplia y rigurosa son incomparablemente mejores que antes de iniciarse dicha empresa. Esta edición de La razón en el sentido común confirma que la tarea años atrás iniciada continúa su camino con buen ritmo sin que el paso del tiempo haya hecho mella en la calidad ofrecida.
En este caso concreto, ¿qué se nos ofrece? Por primera vez tenemos en español una traducción completa de los cinco volúmenes en que Santayana abordó The Life of Reason y que se publicaron entre 1905 y 1906. A la introducción que el propio Santayana redactó la precede aquí una doble presentación: por un lado, el propio traductor Daniel Moreno nos desvela dos claves de lectura en forma de autores —Lucrecio y Darwin— a través de los que entender mejor la idea compositiva que guio a Santayana; por otro, otro experto en Santayana, José Beltrán, proporciona en una segunda presentación el contexto de la obra, acompañándolo de una acertada síntesis del contenido y una breve selección de la bibliografía reciente de y sobre Santayana, selección con la que el lector podrá tirar, si así lo desea, de tan valioso hilo intelectual. Como se ha dicho, esta edición y traducción supera a las anteriores existentes en castellano, como puedan ser la de la editorial Tecnos, que reproduce en buena medida la aún anterior de la editorial argentina Nova. Ambas ediciones cubrían la posibilidad de acercarse mínimamente al enorme contenido de La vida de la razón, al ofrecer una selección de los cinco volúmenes originales y presentarla en un solo libro no excesivamente voluminoso. Aquella selección, si bien adecuada como referencia y enormemente útil en cuanto único acceso existente en castellano a la obra original, no puede compararse sin embargo con la posibilidad que ahora se brinda, la de acceder de forma intelectualmente rigurosa y plenamente satisfactoria a todo el pensamiento que Santayana desarrollara en los 5 volúmenes de The Life of Reason. No es La vida de la razón una obra sencilla, pero, en cualquier caso, si se desea entender en toda su complejidad, indudablemente la lectura de la obra completa es el camino a seguir. Por último, en estos tiempos en que el libro electrónico ha consolidado hace años ya su presencia en nuestras vidas y bibliotecas, lo cuidado de esta edición en papel no deja de añadir valor. Estamos ante una edición en tapa dura y formato de bolsillo, lo que vale tanto como decir cómoda de llevar, pero no endeble. No es este apunte, además, algo baladí, puesto que La vida de la razón se presta especialmente a la consulta fragmentaria, casi aleatoria de sus capítulos, por lo que la posibilidad de convertirla con facilidad en un libro “de paseo” resulta sumamente positiva.
Huelga en esta reseña hacer otra presentación más de la figura de Santayana (Madrid, 1863 – Roma, 1952). Mejor será insistir en algo más importante y provechoso, como es recomendar al lector que aún no lo conozca, que se decida a adentrarse en su pensamiento leyendo directamente sus obras. Pese a la mencionada complejidad de la obra, si aprovecha la oportunidad que le brinda KRK con esta razón en el sentido común, no optará por un mal comienzo.
En La vida de la razón ofrece Santayana una genealogía de la racionalidad humana desde su raíz originaria material hasta sus manifestaciones últimas en los campos de la sociedad, la religión, el arte, o la ciencia. La vida de la razón es una obra excelente, paradigmático ejemplo de todas las virtudes que convierten a Santayana en un pensador tan recomendable. En ella encontramos desplegada toda la perspectiva filosófica santayaniana, la cual, parafraseando a un pensador que fue su coetáneo, no es sino una perspectiva de una razón vital. “La vida de la razón será entonces el nombre para la parte de la experiencia que discierne y persigue ideales” (p. 60), nos dice el propio Santayana, en ese complejo ajuste que combina un instinto iluminado por la racionalidad con una consciencia que proporcione una información veraz y relevante sobre el mundo circundante (p. 63). En otras palabras: la vida de la razón es una técnica en sentido aristotélico, un arte conducente a identificar y perseguir de forma controlada aquellos ideales que aseguran nuestra felicidad natural (p. 60). Puesto que, como buen naturalista, Santayana consideraba que ese ideal poseía una base natural identificable (p. 66), queda claro que el proyecto de su obra, reconstruir la genealogía de la razón vital humana —o de su vida racional, que tanto monta— resulta factible. Aprovechando además que “los griegos nos proporcionaron esbozos de una cultura ideal” (p. 102), lo hercúleo de semejante esfuerzo, describir nada menos que la vida de la razón humana, se allana, y Santayana puede comenzar a desgranar las “fases del progreso humano” —así se subtitula la obra en su conjunto— desde su origen en el sentido común.
El primer capítulo da cuenta de cómo el nacimiento cronológico de la razón resulta imposible de localizar (p. 114), no así sus condiciones, que podemos rastrear en el instinto (p. 120). ¡Qué auténtico soplo de verdad filosófica, de máxima griega clásica, sencilla, evidente, indudable, posee la sentencia “el instinto, núcleo de la razón” (p. 120)! En ella se resume además la clave de bóveda de esta obra. No pretende esta reseña proporcionar una guía de lectura de la misma, por lo que hasta ahí llegará el comentario al contenido del texto de Santayana. Que siga el lector el camino por sí mismo, y que atraviese con su propia conciencia y atención “el descubrimiento de los objetos naturales” (capítulo III), el carácter milagroso de la comprensión humana (capítulo VI “Descubrimiento de mentes afines”), o algunos de los detalles que conforman la compleja interacción cuerpo–mente (capítulo IX “En qué medida es práctico el pensamiento”). Igualmente, que no se sorprenda cuando, a lo largo de ese camino, halle análisis y comentarios filosóficos que le expliquen con una claridad ausente en muchas historias de la filosofía los puntos fundamentales del pensamiento de Platón, Kant, o de doctrinas como el empirismo o el idealismo. Sin darse apenas cuenta, atrapado por la excelente prosa de Santayana y la experta traducción de Daniel Moreno, alcanzará el lector la página 469 y en ella el último capítulo titulado “Flujo y constancia en la naturaleza humana”. Allí encontrará otras tantas fructíferas ideas de Santayana. Algunas, a fuer de su propia lógica y de haber sido ya varias veces aplicadas, le comenzarán a resultar familiares; como ese, otra vez en vocabulario orteguiano, perspectivismo:
No puede, entonces, plantearse el eludir la naturaleza humana ni concebirla a ella y a su entorno de modo que se paralicen sus operaciones. Podemos establecer nuestra posición en una región de la experiencia o en otra; podemos criticar, sin ser conscientes de los intereses y presupuestos que nos apoyan, la verdad o el valor de los resultados obtenidos en las demás regiones (pp. 478-479).
Otras, como el debate acerca de los límites de la razón y su relación con la belleza y el bien (p. 480 y ss.), le anunciarán las vías internas que comunican la presente obra con otras del mismo autor, como El Sentido de la belleza, o Platonismo y vida espiritual. Ojalá le anime esto a saber más sobre las profundas ideas estéticas y epistemológicas de Santayana. Ya casi hacia el final (p. 491), incluso podrá deleitarse leyendo en su contexto la famosa sentencia santayaniana sobre los riesgos que genera el olvido del pasado. Una vez cumplido el objetivo de explicar la base material de la naturaleza humana, en las últimas páginas emplaza Santayana al lector a continuar en los restantes libros la lectura de ese “dibujo general de la naturaleza humana y de sus funciones racionales” (pp. 500-501). Para nuestra suerte, la propia contraportada de la edición de KRK nos anuncia que la traducción del siguiente volumen está en camino. Mientras aparece el segundo volumen para hablarnos de La razón en la sociedad, podemos más que contentarnos con este primer episodio de nuestra razón vital: el presente volumen ofrece materia de sobra para deleitar a nuestro espíritu.