1. Introducción
⌅“The
tragedy is that the law is made for men, and neither for angels nor for
devils. Laws and all “lasting institutions” break down not only under
the onslaught of elemental evil but under the impact of absolute
innocence as well” (Arendt, 1990, p. 84Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
).
Nuestro
artículo examina el empleo del juicio estético por parte de Hannah
Arendt, a propósito de su selección de ejemplos políticos de personajes
prominentes de la literatura universal. Antígona (Arendt, 1998Arendt, Hannah (1998). The Human Condition (2a Ed.). The University of Chicago Press.
), Ricardo III (Arendt, 1971Arendt, Hannah (1971). Thinking and Moral Considerations. Social Research, 38(3), 417-446.
y 2003Arendt, Hannah (2003). Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal. Lumen.
), de las tragedias homónimas de Sófocles y de Shakespeare, respectivamente, y Billy Budd (Arendt, 1990Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
), de la novela póstuma de Herman Melville (1962)Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
,
fueron escogidos como ejemplos decisivos conforme a los cuales ponderar
otros particulares. Su lectura de la novela marinera también “destaca
un particular” (Arendt, 1992, p. 77Arendt, Hannah (1992). Lectures on Kant’s Political Philosophy. The University of Chicago Press.
) al seleccionar a Billy como caso ejemplar que evidencia el conflicto insalvable entre naturaleza y artificio humano.
La
pensadora empleó anticipadamente el juicio estético y político como
ejercicio teórico recurrente al menos diez años antes de su expresa
voluntad de escribir una obra al respecto.
1
En su Introducción a The Promise of Politics (Arendt, 2005), Jerome Kohn agradece el aporte de Ursula Ludz, “detective intelectual” (p. xxxv), que rastreó, ordenó y dató los manuscritos de Hannah Arendt que dieron lugar a la compilación Was ist Politk? (1993b). Los textos allí reunidos fueron en origen pensados como material para una obra que se titularía Einführung in die Politk. En 1955 Arendt visitó a Karl Jaspers en Basilea y le comunicó su intención de escribir la Einführung, obra que nunca vio la luz como tal. En los manuscritos compilados y titulados Was ist Politik?, encontramos la primera referencia al ejemplo de Antígona (p. 65).
Decimos también “al menos diez años”, pues creemos que la autora podría
haber ejercido la facultad del juicio estético cuando, al escribir The Origins of Totalitarianism,
argumentó sobre la novedad de un régimen del que la historia no tenía
registro y era imposible de subsumir en las categorías heredadas y
provistas por la sabiduría política de la tradición. Al respecto,
particularmente esclarecedor es “On the Nature of Totalitarianism” (Arendt, 1994a, pp. 328-360),
donde Arendt define su posición confrontando la clasificación de los
regímenes de Montesquieu empleando y prolongando sus categorías de naturaleza y principio. Al respecto, “Understanding and Politics. The Difficulties of Understanding” (1994b) también trata la singularidad del totalitarismo y la necesidad de juzgar sin categorías preestablecidas.
Si bien abordó la cuestión de lleno en las Lectures on Kant’s Political Philosophy, publicado póstumamente en 1982 (Arendt, 1992Arendt, Hannah (1992). Lectures on Kant’s Political Philosophy. The University of Chicago Press.
), Ronald Beiner (1983)Beiner, Roland (1983). Political Judgment. Cambridge University Press.
enseña que Arendt impartió las Lectures en la New School for Social Research en 1970 y que existe una versión
preliminar de sus lecciones en 1964 en la Universidad de Chicago. Más
aún, las últimas páginas de “The Crisis in Culture. Its Social and Its
Political Significance” (Arendt, 1993cArendt, Hannah (1993c). The Crisis in Culture. Its Social and Its Political Significance. En Between Past and Future. Eight Exercises in Political Thought (pp. 197-226). Penguin Books.
) aluden anticipadamente a la tercera Crítica kantiana y al gusto como anclaje del juicio estético.2
Si
bien no examinaremos aquí el juicio del agente, merece mencionarse como
una modalidad de apreciación distinta, en la que las motivaciones, los
fines y las intenciones son clave. En relación con este tema, el
“Interpretative Essay. Hannah Arendt on Judging” (1992)
de Ronald Beiner es de imprescindible lectura. En las últimas dos
décadas del siglo pasado, Ronald Beiner y Richard Bernstein plantearon
la posibilidad de dos “teorías del juicio” en Hannah Arendt. Una ligada
al actor ―que abarcaría su producción de los años cincuenta, cuya fuente
principal sería la phrónesis aristotélica― y otra al espectador ―cuya
fuente sería la facultad de juzgar de la estética kantiana, desarrollada
en las Lectures―. Adviértase, no obstante, que en “The Crisis in
Culture. Its Social and Its Political Significance” Arendt (1993c) expresamente asocia la phrónesis ―la virtud del hombre de estado― a la
habilidad de mirar las “cosas desde distintos puntos de vista” (p. 221) y a la “mentalidad ampliada” (p. 220)
de Kant, en desmedro de la sabiduría práctica y al “saber obrar”
propios de la interpretación clásica de la phrónesis de Aristóteles.
Allí, Arendt traduce phrónesis por insight; en español, discernimiento.
Leemos: “La capacidad de juzgar es una habilidad específicamente
política en el sentido exacto denotado por Kant, a saber, la habilidad
de ver las cosas no solamente desde el propio punto de vista, sino desde
la perspectiva de todos aquellos presentes [in the perspective of all
those who happen to be present]. Más aún, que el juicio puede ser una de
las capacidades fundamentales del hombre como ser político, en la
medida en que lo habilita a orientarse a sí mismo en el dominio público,
en el mundo común, es una intuición virtualmente tan vieja como la
experiencia política articulada. Los griegos llamaron a esta habilidad
phrónesis o discernimiento [insight] y la consideraron la principal
virtud o excelencia del hombre de estado, a diferencia de la sabiduría
del filósofo” (Arendt, 1993c, p. 221). Sobre estos temas, la literatura es prolífica (Beiner, 1983; Benhabib, 1992, pp. 221-144; Bernstein, 1986, pp. 221-237; Kateb, 1999, pp. 133-154; Villa, 1992, pp. 274-308, 1999, pp. 9-28; Wellmer, 1997, pp. 33-52).
Un artículo preliminar fue publicado un año antes en Daedalus con el título de “Society and Culture” (Arendt, 1960Arendt, Hannah (1960). Society and Culture. Daedalus. Mass Culture and Mass Media, 89(2), 278-287.
).
No obstante, esta versión preliminar no incluye las últimas seis
páginas del capítulo referido en las que alude a Kant y las
potencialidades políticas del juicio de gusto. Allí leemos: “Kant […]
era muy consciente de la cualidad pública de la belleza. […]. [y
propone] clasificar el gusto […] entre las capacidades políticas del
hombre” (Arendt, 1993c, pp. 222-223Arendt, Hannah (1993c). The Crisis in Culture. Its Social and Its Political Significance. En Between Past and Future. Eight Exercises in Political Thought (pp. 197-226). Penguin Books.
). En cambio, el capítulo “The Concept of History. Ancient and Modern” (Arendt, 1993d, pp. 41-89Arendt, Hannah (1993d). The Concept of History. Ancient and Modern. En Between Past and Future. Eight Exercises in Political Thought (pp. 41-89). Penguin Books.
)
sí alude al juicio retrospectivo del historiador. Dicho juicio no es
moral ni utilitario, pues “los juicios que no están inspirados en
principios morales […] o no dictados por algún interés propio se
consideran cuestiones de “gusto” […]. Esta convicción […] ha perturbado
la conciencia del historiador” (p. 53Arendt, Hannah (1993d). The Concept of History. Ancient and Modern. En Between Past and Future. Eight Exercises in Political Thought (pp. 41-89). Penguin Books.
).
Este puede eludir tanto el registro moral como el autointerés; es capaz
de justipreciar superando la alternativa vencedor/vencido, pues está
concernido con la cualidad pública de la belleza. Existen dos textos
preliminares de este último capítulo referido: “History and Immortality”
(1957Arendt, Hannah (1957). History and Immortality. Partisan Review, 24(1), 11-53.
) y “The Modern Concept of History” (1958Arendt, Hannah (1958). The Modern Concept of History. The Review of Politics, 20(4), 570-590.
). El primero no contiene una referencia al juicio de gusto, pero el segundo sí (p. 581Arendt, Hannah (1958). The Modern Concept of History. The Review of Politics, 20(4), 570-590.
).
La noción de validez ejemplar y el rol de la imaginación son tópicos centrales de la tercera Crítica,
que permitieron teorizar sobre el peculiar estatuto de los conceptos y
categorías del discurso historiográfico y político. Cuando discurrimos
sobre la valentía, tenemos “en las profundidades de la mente” (Arendt, 1992, p. 84Arendt, Hannah (1992). Lectures on Kant’s Political Philosophy. The University of Chicago Press.
) el ejemplo de Aquiles; sobre la astucia, el de Odiseo, el de “las muchas vueltas o muchos trucos [polutropos Odysseús]” (Albera, 2019, p. 152Albera, Dionigi (2019). Disgressions on Polytropy: An Explorations of Religious Eclecticism in Eurasia. Entangled Religions. Interdisciplinary Journal for the Study of Religious Contact and Transfer, (9), 139-164. https://doi.org/10.13154/ER.V9.2019.139-164
). Cuando designamos de bonapartista o cesarista a un régimen, laten los ejemplos de Napoleón o de Cesar. Cuando calificamos de draconianas a las leyes, el proverbial legislador ateniense ha sido encumbrado como ejemplo. Otro tanto ocurre cuando mentamos de franciscana a la pobreza, designamos un cambio prometeico, juzgamos de espartano al patriotismo o calificamos de cristiana a la caridad. En todos los casos antedichos, un particular ha sido
escogido como ejemplo y establecido como vara de medición de otros. En
palabras de Kant, dicho particular es “ejemplo de una regla universal
que no se puede dar” (Kant, 2018, p. 153Kant, Immanuel (2018). Crítica del Juicio (Trad. M. Gracía Morente). Tecnos.
),
pues no la hay. Para mentar la antipoliticidad de la bondad natural,
imaginamos a los personajes de Melville. Entendemos que Billy Budd
pertenece al grupo selecto de ejemplos literarios de los que Arendt
abrevó para desarrollar sus ideas. Nuestro trabajo explicitará el
sentido y el alcance de esta afirmación.
2. La índole del juicio estético-político: la contribución de Arendt
⌅Los juicios estéticos y políticos disciernen: esto es bello, esto es feo o algo intermedio; esto es bueno, esto es malo (Arendt, 1992, pp. 15, 67Arendt, Hannah (1992). Lectures on Kant’s Political Philosophy. The University of Chicago Press.
). Tales valoraciones y las que mientan ― esto es grande,
esto es mezquino; honorable o deshonroso; memorable o repudiable― son
de una índole peculiar. Tienen una naturaleza distinta y un régimen
alternativo a “la necesidad lógica” y la “permanencia ontológica” (Habermas, 2002, p. 50Habermas, Jürgen (2002). Teoría y praxis. Estudios de filosofía social. Tecnos.
),
por un lado, y a los caprichos arbitrarios, por otro. No responden a un
cálculo de interés; tampoco se trata de juicios morales. Su validez
yace en su ejemplaridad pública (Arendt, 1992, pp. 76-77Arendt, Hannah (1992). Lectures on Kant’s Political Philosophy. The University of Chicago Press.
), acotada a la comunidad de juicio en la cual y para la cual se emiten (Arendt, 1998, p. 50Arendt, Hannah (1998). The Human Condition (2a Ed.). The University of Chicago Press.
). Tienen una universalidad sui generis
3
En
el parágrafo VI de la “Analítica de lo bello” leemos:
“Consiguientemente, una pretensión de validez para cada cual, sin poner
universalidad en objetos, debe ser inherente al juicio de gusto,
juntamente con la consciencia de la ausencia en el mismo de todo
interés, es decir, que una pretensión a universalidad subjetiva debe ir
unida con él” (Kant, 2018, p. 124).
que no es la de “las representaciones objetivas o las exhortaciones prácticas del libre albedrío” (Ricoeur, 1995, p. 145Ricoeur, Paul (1995). Juicio estético y juicio político según Hannah Arendt. En Lo justo (pp. 131-148). Caparrós.
). Contrario al juicio determinante, el modo reflexivo4
“Si
lo general (la regla, el principio, la ley) es dado, el Juicio que
subsume lo particular […] se llama determinante. Pero si sólo es dado lo
particular, y el Juicio debe hallar en ello lo general, dicho Juicio es
simplemente reflexivo” (Kant, 2018, pp. 89-90).
En el parágrafo VIII de la “Analítica de los bello” leemos: “Pero de
una validez universal subjetiva, es decir, de la estética, que no
descansa en concepto alguno, no se puede sacar una conclusión para la
validez lógica, porque aquella especie de juicios no se refiere en modo
alguno al objeto. Justamente por eso, la universalidad estética que se
añade a un juicio ha de ser de una especie particular, porque el
predicado de la belleza no se enlaza con el concepto del objeto,
considerado en su total esfera lógica, sino que se extiende ese mismo
predicado sobre la esfera total de los que juzgan” (Kant, 2018, p. 127).
de ejercer la facultad de juzgar atrajo la atención de Arendt. Al
juzgar no contamos con un concepto universal bajo el cual subsumir el
particular: “Bello es lo que, sin concepto, es representado como objeto
de una satisfacción universal” (Kant, 2018, p. 123Kant, Immanuel (2018). Crítica del Juicio (Trad. M. Gracía Morente). Tecnos.
).
Identifica un particular, no para incluirlo en una clase, sino para
elevarlo a ejemplo conforme al cual sopesar otros. El sentido que lo
encauza es el gusto, que discierne sin mediación, pues el me gusta o no me gusta es automático e “irresistible” (Arendt, 1992, p. 69Arendt, Hannah (1992). Lectures on Kant’s Political Philosophy. The University of Chicago Press.
).
El inconveniente que opone es su incomunicabilidad, pues, como reza el adagio, de gustibus non disputandum est.
El aporte de Kant del que Arendt abrevó es que sobre gustos sí puede
haber disputa; se trata del gusto público que vehiculiza nuestros
juicios políticos. En su su rol reflexivo, puede dar cuenta de la novedad y hallar (en el particular) el universal, pues no dispone de categorías
preestablecidas. Cierto es que, para Kant, los juicios estéticos
comunican la belleza en la naturaleza, pero Arendt extrapola su modus operandi a los hechos y a las acciones del pasado. No le confiere la capacidad
al agente que actúa, sino al historiador y al poeta, que cuentan la
historia. En términos kantianos estrictos, el juicio que discierne lo
bello no conoce, sino que siente y comunica un sentimiento de placer puro (desinteresado) en virtud de la capacidad reflexiva que la facultad de juzgar concede.
5
Según Habermas (1994),
el recurso de Arendt es sintomático de su reluctancia a ofrecer una
base cognitiva para la política y el debate público. Esto deja “un
abismo enorme entre el conocimiento y la opinión que no puede cerrarse
con argumentos” (p. 225). Por su parte, Ronald Beiner (1992), editor de las Lectures, reitera los desconciertos asociados con “el importantísimo contraste entre el juicio persuasivo y la verdad convincente” (p. 106)
en el pensamiento de Arendt y se pregunta por qué no reconoció que
“todos los juicios humanos, incluidos los estéticos ―y ciertamente los
políticos―, incorporan una dimensión cognitiva necesaria” (p. 137). Nuestro trabajo busca poner en evidencia la contribución de la apropiación que hizo Arendt de la Crítica del Juicio,
que identifica un registro de valoraciones que no es necesario y
apodíctico, pero tampoco caprichoso. Dicho registro es político; y sus
juicios, opinables. El grado de cognición que Arendt pudo haberles
concedido en modo alguno gobierna la praxis ―como sí lo hace el
conocimiento práctico/técnico, que la autora se esforzó por distinguir
del estético/político―. Ciertamente puede orientarla, pero ―aun así―
recordemos que en la vertiente práctica del juicio ―los escritos post
Eichmann― Arendt ancla la moralidad, en última instancia, en la relación
del yo consigo mismo ―el dos-en-uno―. A nuestro entender, el planteo es formal. La sabiduría práctica, dicho por Aristóteles (2005, 1141a-1141b), versa sobre cosas que son así, pero que pueden ser de otra manera. Dicho status cognitivo es lo que Arendt exploró en los juicios estéticos y reflexivos. Y aunque quedó presa, si se quiere, del corset kantiano, su investigación abrió una senda de investigación del diálogo
productivo entre Aristóteles y Kant. Téngase presente que la autora se
insertaba a sí misma en la tradición de “la filosofía de la existencia
alemana” Véase la carta de Arendt a Scholem del 20 de julio de 1963 (Arendt y Scholem, 2018).
El sujeto flexiona sobre sí, pero no remite el predicado de belleza a la representación del objeto, sino que lo “extiende” (Kant, 2018, p. 127Kant, Immanuel (2018). Crítica del Juicio (Trad. M. Gracía Morente). Tecnos.
) a toda la comunidad juzgante. Apela a priori a un “sentido de comunidad [community sense]” (Arendt, 1992, pp. 27 y 72Arendt, Hannah (1992). Lectures on Kant’s Political Philosophy. The University of Chicago Press.
), un principio trascendental: “sensus communis” (Kant, 2018, p. 154Kant, Immanuel (2018). Crítica del Juicio (Trad. M. Gracía Morente). Tecnos.
), un “sentido silencioso” (Arendt, 1992, pp. 63 y 66Arendt, Hannah (1992). Lectures on Kant’s Political Philosophy. The University of Chicago Press.
), “un sentido extra” (p. 70Arendt, Hannah (1992). Lectures on Kant’s Political Philosophy. The University of Chicago Press.
), “nuestro sexto sentido [sixth sense]” (Arendt, 1978, pp. 50 y 59Arendt, Hannah (1978). The Life of the Mind. A Harvest Book. Harcourt Brace Jovanovich.
) para justificar la comunicabilidad de una sensación. Por último, dicho “deleite inactivo” (Arendt, 1992, p. 15Arendt, Hannah (1992). Lectures on Kant’s Political Philosophy. The University of Chicago Press.
) o “complacencia […] libre” (Kant, 2018, p. 122Kant, Immanuel (2018). Crítica del Juicio (Trad. M. Gracía Morente). Tecnos.
) que deseamos comunicar es lo que llamamos gusto, en un registro peculiar: público o común. Para Arendt (1992)Arendt, Hannah (1992). Lectures on Kant’s Political Philosophy. The University of Chicago Press.
,
dichos juicios son potencialmente universalizables dentro de la
comunidad en la que se expresan, pues “el gusto es un sentido
compartido” (Ricoeur, 1995, p. 145Ricoeur, Paul (1995). Juicio estético y juicio político según Hannah Arendt. En Lo justo (pp. 131-148). Caparrós.
) y descansa en un “acuerdo potencial con los demás” (Arendt, 1992, p. 104Arendt, Hannah (1992). Lectures on Kant’s Political Philosophy. The University of Chicago Press.
).
3. Bondad y virtud; naturaleza y artificio. El contexto de on revolution (1963)
⌅ Arendt ([1963]1990)Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
escoge el ejemplo de Billy Budd para cuestionar la eficacia de la
compasión y de la bondad natural en política. Más precisamente, para
señalar los lindes estrechos del ámbito público, pergeñados por la
inventiva humana, por un lado, y el desborde o exceso de naturaleza, por
otro. El uso que hace Arendt (1990Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
; 1968aArendt, Hannah (1968a). The Origins of Totalitarianism. New Edition with added Prefaces. 1. Antisemitism. 2. Imperialism.3. Totalitarianism. A Harvest Book. (Trabajo original publicado en 1951).
; 1998Arendt, Hannah (1998). The Human Condition (2a Ed.). The University of Chicago Press.
)
de dicha categoría ―naturaleza― es ambiguo. En su lectura de la novela
de Melville, alude a todo lo que excede el ámbito político reglamentado
por estatutos, leyes y costumbres sancionadas por el paso del tiempo. No
solo se refiere allí a la bondad natural, sino también al mal beyond vice o natural. El vicio, en consecuencia, es un exceso o defecto en la
afectividad, que la ley o la costumbre reificada en institución logra
alcanzar, regular o punir. El mal natural no es mundano, pues rebasa los
tabiques que definen un hábito como vicio. Asimismo, el término
“naturaleza” podría aludir al registro prepolítico de la vida humana,
pues cuando adjetiva la índole respectiva de Billy y de Claggart, los
asocia a cualidades animales ―el perro san Bernardo, el ruiseñor, el
potrillo, los ojos alienados de criaturas…― Dicha naturaleza no
es normativa, no rige ni tutela las instituciones y comunidades humanas,
sino que las arruina, pues es prepolítica ―inclusive la bondad natural e
inocencia bárbara de Billy―. En The Origins, en cambio, con el término “naturaleza” alude a la ley natural o el derecho natural. Dicha naturaleza es normativa y su eficacia política se halla al mismo nivel que el
Decálogo ―los mandamientos divinos revelados en la historia― y la ley
consuetudinaria de la tradición anglosajona, en su sentido de herencia
vinculante. Las tres fuentes son normativas y prescriptivas; de su
autoridad y máxima estabilidad reciben las leyes humano-positivas su
relativa permanencia y autoridad. El sentido antedicho de naturaleza,
en clave estoica-cristiana, judía o anglosajona, constituye el
fundamento de la institución humana; sin embargo, debe “traducirse y
actualizarse [translate and realize]” en ley positiva (Arendt, 1994a, p. 341Arendt, Hannah (1994a). On the Nature of Totalitarianism. En Essays in Understanding, 1930-1954. Formation, Exile, Totalitarianism (pp. 328-360). Schocken Books.
). En On Revolution,
el Jesús de Dostoievski encarna a la caridad paulina, que todo lo
perdona. Claramente, esta conducta no puede universalizarse, por así
decirlo, y convertirse en ley que regule la conducta ciudadana. De allí
que su intromisión pueda ser ruinosa o amenazante. Otro tanto puede
decirse del enfoque del amor paulino y cristiano, desarrollado en The Human Condition (1998, pp. 51-54Arendt, Hannah (1998). The Human Condition (2a Ed.). The University of Chicago Press.
).
En ambas obras, Arendt los tilda de antimundanos. Nuestro trabajo
examina, a través de la interpretación arendtiana de la novela marinera,
las perplejidades y atolladeros teóricos que suscita dicha traducción y actualización, términos que, al igual que la fórmula burkeana del medio denso (como la del espíritu de la ley de Montesquieu), son metafóricos. Entendemos que no solo dan
cuenta de los desconciertos que genera el desplazamiento de un plano a
otro. La indagación de Arendt va más allá y explora las circunstancias
en las que naturaleza ―en el sentido preciso que explicitamos en On Revolution― es ruinosa para la política: los casos de justicia por mano propia y aquellos en los que los procedimientos de la justicia no hacen justicia. Esta última es la cuestión que explora Melville en clave poética en Billy Budd, Sailor.
6
Cuando Melville comenzó a escribir Billy Budd, Sailor (An Inside Narrative),
sus años de fama y renombre habían quedado atrás. Después de trabajar
durante dos décadas en la Aduana de New York hasta 1885, se retiró y
volvió al viejo oficio de narrador. Entre 1885 y 1891 escribió Billy in the Darbies.
La elegía honra la memoria del amotinado en la víspera de su ejecución y
fue incorporada por sus editores al final de la novela (Melville, 1962, p. 200). Está escrita en primera persona y el convicto no es el joven e inocente Billy Budd ―literalmente, capullo―, sino un hombre maduro y experimentado. La balada constituye la outside narrative que anticipa la versión oficial de la historia según la armada (Wenke, 2022, p. 185). En 1888, Melville conoció la historia de tres marinos ajusticiados por amotinamiento en la fragata USS Somers, en 1842 (Anderson, 1940).
Lo interesante de la anécdota es que su primo había sido uno de los
condenados y su familia conocía detalles del caso que no se habían hecho
públicos (Spanos, 2011, pp. 48 y 171). Pocos años después del poema, Melville (1962) escribió en prosa la novela inconclusa que nos ocupa, cuyo personaje es el puro Handsome Sailor, “la criatura inocente” (p. 110), el problemático “pacificador” (p. 38) de las rencillas a bordo.
Tanto la absolución del malvado Claggart como el triste
destino del joven marinero son sellados por una ley que no los alcanza.
Para abordar la gravosa cuestión de la antimundanidad de la bondad
absoluta, Arendt (1990)Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
emplea su método habitual: recurrir a los poetas (véase 1990, p. 82Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
). On Revolution indaga conjuntamente el relato marinero y la proverbial leyenda de El Gran Inquisidor (Arendt, 1990, pp. 82-85Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
), el fragmento memorable de Los hermanos Karamazov (Dostoievski, 2017, libro V, cap. 5Dostoievski, Fiódor (2017). Los hermanos Karamazov (Trad. J. Laín Entralgo). Penguin Clásicos.
)
7
Para un interesante examen de la leyenda, puede consultarse el estudio de Marisa Mosto (2002). El uso de las grandes narraciones de la literatura universal está presente en toda la obra de Arendt. En The Origins of Totalitarianism (1968a), hallamos El corazón de tinieblas de Joseph Conrad y En busca del tiempo perdido de Proust; en Men in Dark Times (1968b), Natán, el sabio de Lessing; en Eichmann en Jerusalén (2003) emplea las tragedias de Shakespeare Richard, III y Macbeth; en Between Past and Future (1993a) recurre a Julius Cesar y, nuevamente, a Richard III; en Illuminations (2007), al tildar a Walter Benjamin de “pearl diver”, usa el “canto de Ariel” de The Tempest; en ¿Qué es la política? (1993b), a Antígona; en The Human Condition (1998) se refiere a A Fable de William Faulkner. A la baronesa Karen von Blixen-Finecke, que
escribió bajo en seudónimo Isak Dinesen, la eleva como caso ejemplar de
narrador y le dedica un capítulo de Men in Dark Times (1968b). Asimismo, introduce el capítulo V, “Action”, de The Human Condition (1998), con un epígrafe de Dinesen, que ilustra la razón de ser de la historia como storytelling (p. 175). En otras dos secciones de la misma obra, Arendt alude a Seven Gothic Tales, de Dinesen, para tomar sus ejemplos (pp. 113, 211).
que describe el silencio y la inacción de Jesús ante su potencial
verdugo. Ofrece así una reflexión acerca de la peligrosidad política de,
por un lado, la bondad natural e implacable de Billy ―que mata a
Claggart― y, por otro, de la impotencia de la “bondad absoluta” (Arendt, 1990, p. 82Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
)
expresada en la mudez de Jesús, quien solo atina a besar a su acusador.
Al igual que Billy, Jesús no puede gestionar la perversidad del falso
testimonio, espoleado por la envidia de los corrompidos hacia los puros
de corazón. Ambos están hermanados en un doble sentido. Billy, “más
antiguo que la ciudad de Caín y el hombre urbanizado” (Melville, 2006, p. 18Melville, Herman (2006). Billy Budd, marinero. Ediciones Perdidas.
),
representa la ira de los mansos, es el justiciero que elude las
mediaciones institucionales. La bondad de Billy apela a una justicia
retributiva de otra índole. Jesús, corporiza el amor paulino y el perdón
evangélico; su justicia no es retributiva, sino idéntica a su
misericordia. Arendt eleva a ambos personajes a ejemplo: no solo los
reúne la justicia y bondad allende la institución, sino también la
incapacidad de articular en palabras una respuesta a la injusticia
sufrida: el “tartamudeo orgánico” y la “mudez”.
La cuestión no es exclusiva de la obra de 1963, donde la línea argumentativa parte del hombre natural de Rousseau y del uso pernicioso del jacobinismo que, por boca de
Robespierre, incitaba a arrancar la máscara del hipócrita, para
erradicar del vicio político capital y dar lugar al resurgimiento de la
compasión, el celo compasivo del buen salvaje (Arendt, 1990, p. 75Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
). La descripción de ese homo naturalis despojado de la máscara de la persona se haya profusamente descrito al final del segundo volumen de The Origins of Totalitarianism (Arendt, 1968a, pp. 267-302Arendt, Hannah (1968a). The Origins of Totalitarianism. New Edition with added Prefaces. 1. Antisemitism. 2. Imperialism.3. Totalitarianism. A Harvest Book. (Trabajo original publicado en 1951).
),
pero no coincide por completo con su ilustración de la bondad natural
de Billy ni de la de Jesús. En la obra de 1951 la temática es otra. Los
migrantes y perseguidos, supuestos depositarios de los derechos
naturales, pero carentes de membresía política, solo obtienen caridad,
mas no justicia, cuando el único fundamento de sus reclamos son los
derechos inscriptos en su naturaleza (Arendt, 1968a, pp. 295-296Arendt, Hannah (1968a). The Origins of Totalitarianism. New Edition with added Prefaces. 1. Antisemitism. 2. Imperialism.3. Totalitarianism. A Harvest Book. (Trabajo original publicado en 1951).
). El objetivo de Arendt es poner en entredicho la operatividad de los derechos del hombre abstracto (tanto la fórmula de la Revolución francesa como la de la
Organización de las Naciones Unidas de 1948) a partir del período de
entreguerras y poner de manifiesto las penosas limitaciones del cuerpo
político moderno ―la nación-Estado― para lidiar con un volumen inaudito
de refugiados que el derecho de asilo no pudo gestionar ―no solo por el quantum, sino también porque ni sus opiniones políticas ni sus prácticas/convicciones religiosas eran la razón de la persecución (Arendt, 1968a, p. 295Arendt, Hannah (1968a). The Origins of Totalitarianism. New Edition with added Prefaces. 1. Antisemitism. 2. Imperialism.3. Totalitarianism. A Harvest Book. (Trabajo original publicado en 1951).
)―
. Concluye Arendt: “Parece que un hombre que no es más que un hombre
[natural] ha perdido las mismas cualidades que hacen posible que otras
personas lo traten como a un prójimo” (p. 300Arendt, Hannah (1968a). The Origins of Totalitarianism. New Edition with added Prefaces. 1. Antisemitism. 2. Imperialism.3. Totalitarianism. A Harvest Book. (Trabajo original publicado en 1951).
); sin membresía política, podrá ser objeto de compasión y caridad, pero la ley no los alcanza, no mundanas ni políticas, como el navío alcanza. En The Human Condition, a propósito de la puesta en valor de la bíos politikós y de la inmortalidad que concede el reconocimiento del mérito, observa
la incompatibilidad del principio ―en el sentido de Montesquieu― de la
caridad y el brillo de lo público. Para que la caridad sea lo que San
Pablo enseñó en Corintios 13, 1-13, debe ser incondicional ―la
reciprocidad política do ut des no aplica― y, esto es clave,
anónima. El hacedor de buenas obras, o el que gobierna todas sus
acciones bajo la tutela del amor al prójimo, no debe hacer públicos sus
actos; por el contrario, debe sustraerse de la luz pública para que su
acto no se pervierta y mude en filantropía. Literalmente, no debe aparecer,
justamente so pena de gloria (o vanagloria). El que hace colocar una
placa de bronce con su nombre tras donar una colección de arte es un
valioso benefactor de la comunidad, pero no se trata el suyo de un acto
de caridad. A tal punto es la caridad antimundana y antipolítica
8
Leemos en The Human Condition: “The Christian political principle is in fact very well chosen, because the bond of charity between people, while it is incapable of founding a public realm of its own,
is quite adequate to the main Christian principle of worldlessness and
is admirably fit to carry a group of essentially worldless people
through the world, a group of saints” (Arendt, 1998, p. 50). Las cursivas son nuestras.
que el mismo agente de obras caritativas no debe ser el observador de
sus actos: “Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda” (San
Mateo 6, 1-6). En política, el aparecer ante un público, ser visto y oído, lo es todo: “Spectemur agendo [por nuestros actos seremos juzgados]” y recordados, enuncia Ovidio por boca de Ájax en el libro XIII de Metamorfosis. La caridad bien entendida, en cambio, es refractaria a la gloria y al brillo que concede lo público.
Volvamos al capítulo 2 de On Revolution,
que desarrolla una crítica de la deriva jacobina de las ideas de
Rousseau centrada en la discusión en torno a la compasión. Como
señalamos, si bien puede ocupar un valioso papel en la sociedad civil,
es inadmisible en la esfera política, cuya luz publicita y donde
la mediación institucional desplaza la relación yo-tú. En este preciso
contexto, “bondad natural”, “bondad absoluta” y “compasión” son términos
prácticamente intercambiables que revelan un ámbito no mundano, cuyos
moradores ―el santo (también el sabio)― son incompatibles con el ámbito
público. Literalmente, no son del mundo. Juzgan y actúan en un registro
de la existencia humana que se sustrae de la bondad relativa y de la
virtud, siempre acotada a límites y fluctuando entre excesos y defectos,
propia del inter-esse político.
9
Ciertamente,
compasión y bondad natural ―entendidas como lo que se opone a virtud,
siempre contenida por límites del exceso y el defecto― no son lo mismo.
Sin embargo, en el marco de la interpretación de la novela náutica,
aluden a un espacio que se no se deja reglamentar por leyes y estatutos
humanos, de la misma manera que la caridad y el perdón exceden con
creces la justicia. Si bien no se oponen, transitan carriles distintos.
Ni la caridad ni el perdón, como tampoco la compasión, pueden exigirse
legalmente, pues desbordan el espacio público. El aporte de Arendt,
mediante la “indirección” de Billy Budd, Sailor, es poner en
evidencia los casos en que amenazan lo público, circunstancia que exhibe
magistralmente la decisión del capitán Vere.
Arendt
glosa a Montesquieu y entiende la virtud como bondad relativa,
incorporando la noción de mesura fronética que evita los extremos
viciosos: “Inclusive la virtud debe tener sus límites” (1990, p. 90Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
). Se refiere al libro XI, capítulo 4 de El espíritu de las leyes, donde el autor examina las leyes que forman la libertad política en relación con la constitución (Montesquieu, 2007, pp. 143-171Montesquieu, Charles-Louis de Secondat (2007). El espíritu de las leyes. Porrúa.
).
Discierne poder y libertad política, pues que el pueblo tenga el poder
de hacer lo que le plazca no significa que sea libre, y declara “no
libres por naturaleza” (p. 144Montesquieu, Charles-Louis de Secondat (2007). El espíritu de las leyes. Porrúa.
)
tanto a la democracia como a la aristocracia, pues necesitan mesura.
Afirma la tendencia natural del poder a la expansión y consigna la
necesidad de imponerle límites. En tal sentido, la libertad y la agencia
virtuosa consisten en moverse dentro de la ley, mas no en ser bueno
absolutamente: “Poder hacer lo que se debe querer […] y el derecho de
hacer lo que las leyes permitan” (p. 144Montesquieu, Charles-Louis de Secondat (2007). El espíritu de las leyes. Porrúa.
). Los límites de la virtud son políticos.10
En el Libro X de Ética a Nicómaco, Aristóteles (2005) también asocia la virtud ―y el placer de su ejercicio― al límite que
trazan las leyes: “La virtud […] ama lo bueno y se disgusta con lo malo.
Pero lograr desde joven una educación recta para la virtud es difícil
si uno no se ha criado bajo tales leyes” (1179b 40-33).
Los lazos políticos son mundanos y, como tales, participan del
carácter artificial del mundo y del dominio público y político:
costumbres, mores, leyes, estatutos y constituciones. “Mundo” es “artificio humano [human artifice]” (Arendt, 1998, pp. 136-138Arendt, Hannah (1998). The Human Condition (2a Ed.). The University of Chicago Press.
), erigido por las manufacturas del homo faber y por los cumplimientos de los hombres que juzgan y actúan. Los
vínculos políticos difieren de los lazos naturales ―como los
“nacionalismos tribales―” y de toda relación cuasi familiar que pretenda
proyectarse al escenario público: hermandades y fraternidades; el clan,
la etnia, la raza (Arendt, 1968a, p. 227Arendt, Hannah (1968a). The Origins of Totalitarianism. New Edition with added Prefaces. 1. Antisemitism. 2. Imperialism.3. Totalitarianism. A Harvest Book. (Trabajo original publicado en 1951).
).
“Mundo” no alude a vínculos funcionales a la vida animal, sino a “―la
trama de las relaciones y las historias representadas―” que erige y
consolida una esfera específicamente humana, el producto siempre
perfectible del ingenio de hombres falibles (Arendt, 1998, p. 181Arendt, Hannah (1998). The Human Condition (2a Ed.). The University of Chicago Press.
).
En este contexto, Hannah Arendt despliega sus indagaciones sobre las
fronteras que delimitan el ámbito público, por un lado, y el desborde y
el exceso de sentimientos y de principios linderos, por otro. En el caso
de la bondad natural, es particularmente esclarecedor ver el asunto
desde la óptica de Rousseau (2005, pp. 202-203)Rousseau, Jean-Jacques (2005). El contrato social. Losada.
: el santo que, a consciencia, elige vivir y actuar bajo la égida de la caridad o la compasión traerá la ruina a su patria.
4. El ejemplo literario de billy budd. Melville y la metáfora del barco
⌅Billy Budd, Sailor fue publicado en 1924, 33 años después de la muerte de Herman Melville.
Lo que sus críticos tildaron de “testamento espiritual” (Spanos, 2011, pp. 31-32Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
)
ha dado lugar a un debate interminable en torno a la posición
definitiva del autor acerca de los principios normativos de la Francia
revolucionaria: los derechos del Hombre.
Escrito entre 1886 y 1891, la trama se desarrolla en 1797, durante el período del Directorio en Francia (Melville, 1962, p. 10Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
).
Gran Bretaña está en guerra con Francia por la supremacía marítima. La
fecha coincide con los motines de Nore y Spithead de la Royal Navy,
producidos a causa de las calamitosas condiciones a bordo (Spanos, 2011, p. 10Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
). Melville alude al Great Mutiny en el controvertido Prefacio
11
La cuestión de la autenticidad del Prefacio es un tema que excede los límites de nuestro trabajo. William Spanos (2011),
a quien hemos consultado como auxilio interpretativo, lo incorpora como
pieza clave para comprender la obra y cuestiona la lectura oficial del
establishment académico del siglo XX, funcional al elán excepcionalista
americano. Dicha interpretación estableció que la viuda de Melville
habría añadido esas líneas en lápiz tras encontrar el borrador de la
novela entre los papeles del autor. En consecuencia, fue eliminado del
texto definitivamente publicado. Tras un encomiable estudio que
involucra toda la obra de Melville, Spanos (2011) explicita las razones por las que dicho Prefacio es de la autoría de Melville; propone un “cambio de terreno” (p. 102) y una lectura “a contrapelo [against the grain]” (p. 3) del canon académico. De allí “la mundanidad de Billy Budd [The Wordliness of Billy Budd]” (p. 2)
y su esfuerzo para contextualizar el texto y mostrar las circunstancias
a bordo como un fenómeno especular de lo que acontece entre las dos
naciones en guerra. La edición de 1962 de The Chicago Press no incluye
el prefacio completo, pero sí la referencia histórica en el capítulo
III. Las dos ediciones en español indicadas en la bibliografía lo
incluyen parcialmente en el capítulo III, Spanos (2011) lo transcribe completo en la página 10 y la biblioteca virtual de
Harvard dispone del manuscrito. El Prefacio, incluido en ediciones
recientes, se halla en las imágenes 358-360. Cfr. https://iiif.lib.harvard.edu/manifests/view/drs:22394297$812i. Véase, por ejemplo, Melville (1961, pp. 7-8).
―contenido parcialmente en el capítulo III de la versión que empleamos― y en el capítulo XXVIII (pp. 13 y 85Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
). Asimismo, menciona tanto a Edmund Burke como a Thomas Paine (p. 138Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
), autor del panfleto ―The Rights of Man― (1791Paine, Thomas (1791). The Rights of Man. Part I.J. S. Jordan. https://oll.libertyfund.org/title/paine-the-rights-of-man-part-i-1791-ed
) que le da nombre al buque mercante que Billy Budd, “el Marinero Apuesto” es obligado a abandonar para ser reclutado en el Bellipotent o Indomitable (pp. 6, 21Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
).
Es decir, es forzado a renunciar al nuevo orden que respeta las
libertades civiles para volver al orden antiguo, “inmerso en el estilo
autoritario de la guerra” (Spanos, 2011, p. 104Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
).
Spanos desarrolló su investigación como respuesta a una pregunta:
¿suscribió Melville la expansión de las reformas radicales y
republicanas de los revolucionarios The Rights of Man de Paine o creyó preferible su contención y moderación a un ámbito acotado, como sugería Burke (1982)Burke, Edmund (1982). Reflections on the Revolution in France. Penguin Books.
? En otras palabras, ¿es Billy Budd, Sailor un “testamento de rebeldía y resistencia” a las injusticias perpetradas por la autoridad para preservar el statu quo (Spanos, 2011, p. 58Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
)?
¿O, por el contrario, se trata de un “testamento de aceptación” de
atropellos ocasionales, pero imprescindibles, para asegurar el orden (p. 56Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
)? Dicho con las categorías de Arendt, el asunto plantea la primacía de naturaleza por sobre el artificio político como testamento de resistencia, mientras que el testamento de
aceptación o resignación conserva el orden y defiende la preservación
del artificio sobre las exigencias ―en principio, legítimas― de naturaleza,
aunque se pague el precio de no servir a la justicia. Pero este modo de
argumentar la cuestión, postula una justicia sobre la resultante de “la
convención de seres falibles” (Benegas Lynch, 1989, p. 234Benegas Lynch, Alberto (1989). Los papeles anti-federalistas. Revista Libertas, 10(mayo), 235-256.
).
El decir, supone tácita o expresamente, un orden de justicia que, al
menos en teoría, respalda los regímenes justos (y perfectibles) que
producen los pactos, y desde el cual, se los cuestiona o enmienda. Como
hemos dicho, Melville y Arendt, con sus propios estilos de discurso,
ponen de manifiesto los desconciertos que provoca dicha vinculación.
Arendt
emplea la imagen del barco como metáfora del cuerpo político y la del
océano como naturaleza. El ejemplo literario de Melville le permite
moverse en una zona liminar, donde confronta naturaleza y artificio.
Dicho espacio es el barco, la comunidad organizada donde acontece la
contienda entre bondad y maldad, arquetipos plasmados en palabra
poética.
12
Trasladar
lo que la poesía sugiere al discurso de la teoría política no es tarea
fácil. Entendemos, empero, que es una estrategia prevalente en Arendt
cuando escoge sus ejemplos. El desajuste connatural a los dos estilos de
discurso le permite dar cuenta del carácter siempre inacabado y
perfectible, en este caso, del enfoque teórico. De allí que, tanto para
la autora como para Melville (1962), la verdad narrada siempre tendrá «bordes irregulares» (p. 405) y será, en consecuencia, susceptible de múltiples aproximaciones (Arendt, 1994a, p. 307).
La zona antedicha, que Edmund Burke (1984)Burke, Edmund (1984). Reflexiones sobre la Revolución francesa. En Burke y Edmund (Eds.), Textos políticos (pp. 39-257) Fondo de Cultura Económica.
llama “el medio denso” (p. 94Burke, Edmund (1984). Reflexiones sobre la Revolución francesa. En Burke y Edmund (Eds.), Textos políticos (pp. 39-257) Fondo de Cultura Económica.
),
alude a la región en donde aparece el fenómeno político. La metáfora
sugiere una suerte de prisma que refracta la luz blanca y directa [straight] ―segunda metáfora, esta vez, referida a la ley natural― en diversas tonalidades: “A variety of refractions and reflections” ―tercera, que traslada13
Véase la procedencia etimológica del término en:https://www.rae.es/drae2001/metáfora
la mente a la idiosincracia de cada pueblo― (Burke, 1982, p. 152Burke, Edmund (1982). Reflections on the Revolution in France. Penguin Books.
). Cierto es que en el navío rigen leyes humanas, pero, para llegar a buen puerto, el Bellipotent debe surcar los mares, que también dictan sus leyes, inapelables: artificio y naturaleza. La narración evidencia la tensión14
A propósito del estudio del concepto de ley en los totalitarismos y en las constituciones libres, Arendt (1994a) destaca el conflicto insoluble: “That
such conflicts ranging from the man who breaks traffic laws because his
wife is dying to the central theme of Antigone- are always regarded as
insoluble, and that such “lawbreakers” are almost invariably depicted by
the great tragedians as acting according to a “higher law” (p. 334).
entre la ley humana, falible, acotada territorial y temporalmente, por un lado, y las leyes que provienen de lo alto (García Gual, 2018, p. 57García Gual, Carlos (2018). La Grecia antigua. En Fernando Vallespín (Ed.), Historia de la teoría política, 1 (pp. 57-175). Alianza.
) o de las “profundidades del pasado terrenal” (Arendt, 1993e, p. 124Arendt, Hannah (1993e). What is Authority? En Between Past and Future. Eight Exercises in Political Thought (pp. 91-141). Penguin Books.
). En sus distintas versiones, las leyes antedichas provenientes de lo alto son la fuente de la que reciben su autoridad y solidez relativas las leyes humanas. La themis griega (García Gual, 2018, pp. 57-60García Gual, Carlos (2018). La Grecia antigua. En Fernando Vallespín (Ed.), Historia de la teoría política, 1 (pp. 57-175). Alianza.
), la ley natural estoica o su versión cristianizada (Habermas, 2002, p. 56Habermas, Jürgen (2002). Teoría y praxis. Estudios de filosofía social. Tecnos.
), el Decálogo o la Common Law son para Arendt (1994a)Arendt, Hannah (1994a). On the Nature of Totalitarianism. En Essays in Understanding, 1930-1954. Formation, Exile, Totalitarianism (pp. 328-360). Schocken Books.
ejemplos de órdenes de justicia permanentes y estables (p. 321Arendt, Hannah (1994a). On the Nature of Totalitarianism. En Essays in Understanding, 1930-1954. Formation, Exile, Totalitarianism (pp. 328-360). Schocken Books.
).
Melville emplea la “indirección” (p. 44Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
) de su oficio (poeta y narrador) para alcanzar cognitivamente la naturaleza perversa ― mas no viciosa― del maestro de armas. Barbara Johnson (1979)Johnson, Barbara (1979). Melville’s Fist: The Execution of Billy Budd. Studies in Romanticism, 18(4), 567-599. https://doi.org/10.2307/25600211
esclarece los recursos literarios que proveen un conocimiento indirecto
de un tipo de mal no mundano. Para comprender a Claggart, sostiene,
“debe cruzarse el espacio mortal […]. Y esto se hace mejor de forma
indirecta” (p. 74Johnson, Barbara (1979). Melville’s Fist: The Execution of Billy Budd. Studies in Romanticism, 18(4), 567-599. https://doi.org/10.2307/25600211
). Para Johnson (1979)Johnson, Barbara (1979). Melville’s Fist: The Execution of Billy Budd. Studies in Romanticism, 18(4), 567-599. https://doi.org/10.2307/25600211
,
ese “espacio mortal” alude a una brecha en el conocimiento, un linde
más allá del cual la comprensión ordinaria yerra. Dicho espacio
constituye un límite a la comprensión que el narrador experimenta, y
Melville lo admite cuando señala respecto de su esbozo de Claggart: “His portrait I essay, but shall never hit it” (1962, p. 64Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
). Es harto elocuente que la definición platónica (Johnson, 1979, p. 162Johnson, Barbara (1979). Melville’s Fist: The Execution of Billy Budd. Studies in Romanticism, 18(4), 567-599. https://doi.org/10.2307/25600211
)
provista por Melville no provee conocimiento, sino que el predicado
replica el contenido del sujeto. Es decir, se trata de una tautología:
“La depravación natural: una depravación según la naturaleza” (Melville, 1962, p. 76Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
).
Si bien sintácticamente la definición cumple su función, es defectiva
cognitivamente, pues no agrega información ni extiende el conocimiento.
Johnson concluye que Billy Budd mata porque no puede hablar ―recuérdese
su tartamudeo orgánico (Melville, 2010, p. 40Melville, Herman (2010). Billy Budd, marinero. Losada.
)―,
mientras que Melville, por el mismo acto de hablar, no mata. El puño de
Billy atraviesa el espacio mortal sin mediaciones, mientras que
Melville, que procede de forma indirecta, deja intacto su objetivo.
Piénsese
en los múltiples intentos teóricos que Hannah Arendt ensayó para dar
cuenta de un mal acontecido bajo condiciones totalitarias. Con el
término banalidad (2003Arendt, Hannah (2003). Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal. Lumen.
)
aludió al hecho de que cualquier mal, incluso el mayor, puede ser
perpetrado por motivaciones e intenciones neutras. Es interesante
observar que su procedimiento fue indicar lo que no es el
fenómeno del mal totalitario, recurriendo a villanos ejemplares de la
literatura como Yago y Macbeth. Ambos ejemplifican vicios: la envidia y
la hybris, susceptibles de cognición y concebidos como excesos en
el marco del parámetro que ofrece la mediedad de la virtud. El problema
que se le presentó a Arendt con el mal totalitario era la perplejidad
de Melville con Claggart, cuya maldad estaba “camuflada por un séquito
de virtudes” y no se daba el lujo de vicios menores (Melville, 1962, p. 76Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
),
es decir, más allá de toda posible medida. Su estrategia teórica para
comprender la naturaleza del totalitarismo es de la misma índole (Arendt, 1994b, p. 307Arendt, Hannah (1994b). Understanding and Politics. The Difficulties of Understanding. En Essays in Understanding, 1930-1954. Formation, Exile, Totalitarianism (pp. 307-327). Schocken Books. (Trabajo original publicado en 1953).
).
Para
esbozar la índole natural y no citadina de Billy, Melville emplea
diversos símiles y recursos literarios. Es iletrado, pero canta como un
ruiseñor (2010, p. 42Melville, Herman (2010). Billy Budd, marinero. Losada.
) y es compasivo, como el hombre natural de Rousseau. Es tan sabio como un niño, no conoce de mendacidades ni
capta ironías. Su timidez es la que podría esperarse de un perro San
Bernardo (p. 52Melville, Herman (2010). Billy Budd, marinero. Losada.
).
Su bondad es tan natural como su justicia, implacable, cuando es
víctima del falso testimonio de Claggart, que lo acusa de tramar un
motín a bordo. El acto violento de Billy, que hiere de muerte al maestro
de armas, representa literariamente la ira del justo frente a un acto
de injusticia que el brazo de la ley no logra alcanzar. Sin intención ni
premeditación. Una violencia sin mediación e instantánea. Saltea los
caminos institucionales y los largos procedimientos de la justicia.
Celeridad y eficacia que escapan al registro de la mediación (Hilb, 2016Hilb, Claudia (2016). Abismos de la modernidad. Fondo de Cultura Económica.
). Su inocencia es su ceguera. Quien debe arbitrar el conflicto es el capitán Vere. Como responsable del orden a bordo del Bellipotent,
antepone la “fidelidad al pacto” a su afecto por Billy. Con insuperable
elocuencia proclama: “¿Acaso estos botones que usamos atestiguan que
nuestra lealtad es a la Naturaleza? No, al Rey. Aunque el océano, que es
la Naturaleza primigenia inviolada […] sea el elemento donde nos
movemos […] como marineros, sin embargo, como oficiales del Rey, […] al
recibir nuestras comisiones […] dejamos de ser agentes libres naturales”
(Melville, 1962, pp. 110-111Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
).
Vere no duda en sacrificar a Billy y sentencia: “¡Herido de muerte por
el Ángel de Dios, y sin embargo, el Ángel debe ser colgado!” (Melville, 1962, p. 101Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
).
Desde su posición, la alternativa se presenta entre ser funcionarios
del rey o ser agentes libres naturales; entre el estatuto naval y una
justicia primitiva, entre la lealtad al rey o a la naturaleza, entre la
ley marcial y lo que denomina “el juicio final [last Assizes]” (p. 111Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
).
IV.a. An Inside Narrative
“Cuando
un poeta se sienta en el trípode de la Musa, no puede controlar sus
pensamientos […]. Cuando representa a hombres con caracteres
contrastantes, a menudo se ve obligado a contradecirse y no sabe cuál de
los discursos opuestos contiene la verdad. Pero para el legislador esto
es imposible: no debe dejar que sus leyes digan dos cosas diferentes
sobre el mismo tema” (Platón, Las Leyes IV, 719c, 4-10Platón (1999). Diálogos VIII. Las leyes. Gredos.
).
En este apartado proponemos cotejar las valoraciones de Melville, de Spanos y de Arendt respecto de la tragedia a bordo del Bellipotent. El subtítulo, An inside narrative, traducido como “un relato testimonial” (Melville, 2006Melville, Herman (2006). Billy Budd, marinero. Ediciones Perdidas.
) y como “narración interior” (Melville, 2010, p. 5Melville, Herman (2010). Billy Budd, marinero. Losada.
),
expone la suerte adversa de Billy y la exoneración de Claggart, cuya
“bondad más allá de la virtud” y “maldad más allá del vicio” los ubican,
respectivamente, allende las leyes humanas. Ambos personajes, como
hemos dicho, representan arquetipos del Bien y del Mal, cuyo conflicto
las leyes humanas no pueden gestionar, pues rebasan los límites
mundanos. La distancia entre An Inside Narrative (el subtítulo) y the historical record ―la historia oficial― del capítulo XXIX es la escisión entre lo que
realmente ocurrió ―la verdad de los hechos― y lo que fue efectivamente
informado en su momento por la Armada. Melville no solo invierte la
naturaleza y el destino de los personajes: Billy, la criatura inocente,
mata; Claggart, el perverso, es la víctima aparente. Toda la narración
de cómo sucedieron realmente las cosas es revertida en el capítulo XXIX,
que expone el comunicado oficial, según el cual Billy es ajusticiado
por conspirador y asesino. El reporte de la Marina exonera a Claggart,
¡pero el resto de la novela dice otra cosa! De allí la imperiosa
necesidad de la narrativa interna. Con esta estrategia, Melville no solo
pone en entredicho la pretensión de monopolizar en un relato oficial el
sentido último de lo acontecido, sino que muestra la encrucijada moral
de Vere y su decisión política. Como dice nuestro epígrafe: el poeta
puede darse el lujo de mantener la tensión, la ley no.
La contienda a bordo replica el debate que atraviesa el siglo XVIII acerca de la relación de naturaleza e historia (Levin, 2014, pp. 43-68Levin, Yuval (2014). The Great Debate. Edmund Burke, Thomas Paine, and the Birth of Right and Left. Basic Books. A Member of the Perseus Books Group.
) y describe alegóricamente la oposición entre la naturaleza prepolítca y ahistórica y el artificio histórico y político (Loosemore, 2011, p. 103Loosemore, Philip (2011). Revolution, Counterrevolution, and Natural Law in Billy Budd, Sailor. Criticism, 53(1), 99-126. http://www.jstor.org/stable/23131557
).
Como reza el Prefacio: “La proposición inaugural establecida por el
espíritu de la época comprendía la rectificación de los males
hereditarios del Viejo Mundo” (Spanos, 2011, p. 10Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
). Melville suscribe los derechos fundados en la naturaleza y asequibles a la lumen naturale,
que postuló la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano,
universalmente válidos y sagrados. En el capítulo 3, Melville presenta
el Gran Motín de Nore y la fiebre constitucionalista atizada por la
Revolución francesa como fenómenos paralelos, señalando también los
extravíos revolucionarios: “Hasta cierto punto, el motín de Nore puede
considerarse análogo a la irrupción perturbadora de una fiebre
contagiosa en un marco constitucionalmente sano, y que pronto la desvía”
(p. 55Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
).
Lo que tendrían en común Billy Budd y el revolucionario francés es el
deseo, espontáneo y no calculado en Billy, y como proyecto político
revolucionario, es el deseo de eliminar el mal (Goodheart, 2006, p. 84Goodheart, Eugene (2006). Billy Budd and the World’s Imperfection. The Sewanee Review, 114(1), 81-92. http://www.jstor.org/stable/27549778
). Spanos (2011)Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
, que toma el Prefacio como pieza clave y ubica el relato en su contexto macro,
cree que la novela es un testamento de resistencia no solo para
destacar los ideales de la Razón y de las Luces, sino también para
admitir los desvíos y excesos que trajo consigo la Revolución, pues “the Revolution itself […] became a wrongdoer, one more oppresive than the Kings” (p. 10Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
). Adviértase que, si bien comparte las motivaciones y los propósitos de los agentes, Spanos (2011)Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
expresa una valoración estética, que destaca lo que los actores del
XVIII no podían apreciar precisamente por estar retenidos en la trama. A
renglón seguido, en el Prefacio referido, el mismo Herman Melville
ejercita el juicio estético y político que Arendt no le concede al
agente comprometido con los fines, sino al poeta y al historiador, que
evalúa ex post facto, destacando las consecuencias no previstas
por los agentes. Las últimas líneas del Prefacio profieren un juicio
tanto sobre las sublevaciones a bordo como de los sucesos
revolucionarios en Francia: “naturally deemed monstrous at the time” (p. 10Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
); (“doubtless gave the first latent prompting to most important reforms in the British navy”) (p. 11Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
). El dictum del agente (en nuestro caso, el revolucionario francés) no coincide con
la justipreciación del historiador y el espectador desinteresado que
juzgan libres de los compromisos de la praxis. Pero al desprenderse de
estas ataduras, su juicio es estético, no es moral, pues no guía la
praxis; tampoco es compelido por un cálculo de interés, pues no elige
entre bandos. Herman Melville es un caso peculiar y puede darse el lujo
de proceder como los poetas referidos por Platón en el epígrafe. Aún
compartiendo los ideales de los agentes de la Revolución en Francia,
destaca sus imprudencias e identifica las consecuencias justas de
acciones inicialmente estimadas como “monstruosas”.
La lectura de Arendt (1990)Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
en On Revolution traduce a la prosa de la teoría política las imágenes de la literatura.
Su enfoque es textualista al cien por ciento. Simplemente toma posición
en la encrucijada que propone el novelista y afirma: “Para Melville, un
absoluto estaba incorporado en los Derechos del Hombre” (p. 84Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
), pero el ámbito público es relativo por definición (p. 53Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
). Y, a renglón seguido, “Melville sabía […] que lo absoluto […] es la perdición para todos [spells doom] cuando se lo introduce en el ámbito político” (p. 84Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
).
Para Arendt, la tensión entre la validez absoluta y las apreciaciones
relativas es el nudo de la novela. El meollo del asunto es que cuando la
“virtud” del Capitán Vere actúa como mediación entre el mal y la bondad
absolutos, en esa precisa circunstancia comienza la tragedia. Vere se
atiene a sus juramentos y repliega su compasión por Billy, aunque
experimenta la tensión entre el deber militar y el escrúpulo moral (Melville, 1962, p. 111Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
).
Sus palabras confirman el cruce de dos órdenes: justicia divina/natural
y justicia humana; naturaleza y artificio. Enfrenta, en todo caso, un
caso de estudio para teólogos, más nunca para una corte militar: “But what has a military court to do with it?” (p. 110Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
).
Hannah Arendt subraya la esencial limitación de la institución humana para gestionar la contienda entre el Mal y el Bien naturales,
pero celebra la eventual perpetuación del orden, aun al precio de una
víctima sacrificial. No cree que el entramado de referencias entre uno y
otro plano ―el “medio denso―” sea una cuestión soluble en absoluto. Así
entiende la proclama final de Billy, replicada a coro por la
tripulación: “¡Dios bendiga al Capitán Vere!” (Melville, 1962, p. 63Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
).
No es Vere quien se compadece del Ángel de Dios, sino Billy, el bárbaro
inocente y víctima sacrificial, quien siente compasión por su ejecutor.
Cierto es que Hannah Arendt enaltece el republicanismo entendido
como autogobierno y participación, por ejemplo, cuando eleva a caso
ejemplar los consejos jeffersonianos y la Revolución americana como Novus Ordo Saeclorum (Arendt, 1990, p. 179Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
).
Sin embargo, entendemos que la impronta madisoniana ―y su valoración
incondicional de los recaudos institucionales de los frenos y
contrapesos― se aprecia en su discernimiento entre el sostén
institucional ―la verticalidad de las instituciones― y la “imprudencia” (p. 225Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
) de la horizontalidad democrática. El capítulo IV de On Revolution destaca que los revolucionarios americanos comprendían tanto la
distancia entre ley y poder como sus sedes y procedencia diferenciadas (p. 166Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
).
Inclusive cuando examina el ejemplo y precedente del pacto de
Mayflower, y a pesar de defender la Revolución como “hiato en el tiempo”
(pp. 142, 205Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
), define a los firmantes como “hombres civilizados” (p. 167Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
), insertos en una tradición y herederos de los “derechos de los ingleses” (pp. 44 y 127Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
).
De lo contrario, no hubieran sentido temor ante “el desierto
inexplorado” de las tierras no contenidas en la jurisdicción de
Virginia. Al igual que en su capítulo 9 del segundo volumen de The Origins (ya mencionado) que pone en entredicho los Derechos del Hombre,
inscritos en la naturaleza, nuestra autora observa la
inconmensurabilidad entre lo absoluto y lo relativo y la potencial ruina
que el primero puede traer aparejado al ámbito político, “relativo por
definición”. A nuestro entender, Arendt disiente de Spanos (2011)Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
y valora la novela como testamento de resignación.
16
Si la apreciación de Arendt es correcta, habría continuidad entre Billy Budd, Sailor y White Jacket, publicada en 1850, donde Melville (1979) se resigna a las condiciones a bordo de la fragata Neversink (donde él
mismo prestó servicios a la Armada estadounidense), al tiempo que
denuncia la penosa realidad de la vida en alta mar bajo la apariencia de
un orden lustroso e imperturbable. “Tenemos una Enfermería para los
heridos y los indefensos, aunque nos apresuramos a perderlos de vista, y
aunque puedan gemir debajo de las escotillas, escuchamos poco de sus
tribulaciones en cubierta. […]. Visto desde fuera, nuestro oficio es una
mentira [our craft is a lie]; porque todo lo que se ve exteriormente es
la cubierta bien barrida y los tablones pintados a menudo que se
encuentran por encima de la línea de flotación; mientras que la vasta
masa de nuestro tejido, con todos sus almacenes de secretos, se desliza
para siempre muy por debajo de la superficie” (Melville, 1979, p. 155). Nuestra traducción.
Se trata el suyo de un juicio estético desprovisto de todo interés (Kant, 2018, § II y VIKant, Immanuel (2018). Crítica del Juicio (Trad. M. Gracía Morente). Tecnos.
).
5. Conclusión
⌅Con su lectura política de la novela póstuma de H. Melville, Arendt (1990)Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
destaca un particular ejemplar que evidencia el conflicto insalvable
entre naturaleza y artificio humano. Empleando la tradicional imagen del
navío como símil del cuerpo político, justiprecia el alcance político
del justiciero natural y examina un ejemplo que desborda los límites comunales. Como sugiere Spanos (2011)Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
,
la cuestión de la excepción merece problematizarse. Puede ser predicada
tanto de Billy y el ajusticiamiento de Claggart sin la mediación del
estatuto naval como también del capitán Edward Fairfax Vere, que emplea
la excepcionalidad que le confiere la ley marcial imperante en el Bellipotent durante las guerras napoleónicas. El contexto global o “macrológico” provisto por Spanos (2011, p. 102)Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
tiene su réplica a nivel “micrológico” (p. 2Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
) en la suspensión de la ley en la circunstancia del estado de excepción “―state of emergency” (p. 19Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
)― a bordo del Bellipotent.
Billy debe abandonar forzosamente el The Rights of Man: “And farewell to you too, old Rights-of-Man” (Melville, 1962, p. 8Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
) para abordar el Bellipotent. He ahí el desplazamiento de un registro a otro. El encuadre histórico
de la trama permite enfocar el conflicto a bordo como prolongación de la
tensión entre los ideales igualitarios del “nuevo mundo” (Spanos, 2011, p. 4Spanos, William V. (2011). The Exceptionalist State and the State of Exception: Herman Melville’s Billy Budd, Sailor. The John Hopkins University Press.
), alumbrados por la Revolución francesa y el conservadurismo tradicionalista que consagra la desigualdad: “The powers of the Old-World” (pp. 19, 23-24Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
). La carga alegórica de los buques Bellipotent y The Rights of Man revela “el esfuerzo contrarrevolucionario de Gran Bretaña para contener
la violencia global desatada por la Revolución francesa, en particular
por Napoleón” (p. 19Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
).
Las secuelas no deseadas de la Revolución en Francia, como deja
entrever el Prefacio, podían ensombrecer su rico legado: los derechos
universales. Arendt (1990)Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
sostiene que la bondad absoluta es “casi tan peligrosa” como la
“perversidad más allá del vicio” o como la “depravación natural” (pp. 82-83Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
).
Indaga el aspecto lesivo de los actos espoleados por la indignación
ante la injusticia flagrante en el espacio público. Dado que defiende
“la cualidad espacial de la vida pública” (Passerin d’Entrèves, 1994Passerin d’Entrèves, M (1994). The Political Philosophy of Hannah Arendt. Routledge.
)
como ámbito acotado a límites, ni el desborde de la bondad natural de
Billy ni la perversidad “conforme a la naturaleza” de Claggart son
pasibles de corporizarse en instituciones (Arendt, 1990, p. 83Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
).
Es decir, son tan naturales como el océano que los rodea, no mundanas
ni políticas, como lo es el navío. Su naturaleza excesiva las vuelve
incompatibles con la política entendida como artificio y cumplimiento
del ingenio humano, que circunscribe y organiza un espacio.
17
Así lo entiende Fina Birulés (2007):
“Si aparece[n] en el ámbito público se manifiesta[n] de forma bárbara,
violenta. La virtud debe tener también sus límites. Introducir el
absoluto en la esfera de la política significa la perdición: la bondad
absoluta es casi tan peligrosa como el mal absoluto” (p. 142).
En dicho contexto, las instituciones humanas fallan, como señala el
epígrafe inicial del artículo. En consecuencia, porque desborda las
fronteras de la ley y actúa evadiendo la mediación institucional, tanto
Billy ―el bárbaro inocente― como Claggart ―cuya motivación es la envidia
(p. 48Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
)― amenazan a la comunidad, de allí la sentencia del Vere: “And yet the Angel must hang” (Melville, 1962, p. 101Melville, Herman (1962). Billy Budd, Sailor. The University of Chicago Press.
). El “mal elemental” (Arendt, 1990, p. 87Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
) y la “inocencia y bondad bárbaras” (p. 83Arendt, Hannah (1990). On Revolution. Penguin Books. (Trabajo original publicado en 1963).
) se revierten y, en determinadas circunstancias, una acción legal podría no servir a la justicia.
Si buscamos desplazar la aporía de Billy Budd, Sailor a los hechos históricos concretos en el marco de la obra de Arendt, debemos ir a su Eichmann en Jerusalén (2003Arendt, Hannah (2003). Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal. Lumen.
).
Allí trata el caso de Sholom Schwartzbard, el judío ucraniano que mató
premeditadamente en Paris a Simon Petliura al grito de “¡Por los
pogromos!” en febrero de 1926. Petliura era el responsable impune de la
matanza de cien mil judíos en Ucrania entre 1917 y 1920. Schwartzbard
delinquió, pues tomó la ley en sus manos, pero no intentó huir, sino que
se entregó inmediatamente a la justicia. Para Arendt (2003)Arendt, Hannah (2003). Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal. Lumen.
esto es clave, pues “quien se toma la ley por su propia mano únicamente
prestará un servicio a la justicia si está dispuesto a transformar la
situación de tal manera que la ley pueda de nuevo entrar en acción a fin
de convalidar […] los actos cometidos por el justiciero privado” (p. 158Arendt, Hannah (2003). Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal. Lumen.
).
Lo más inquietante del caso examinado por Arendt es que el Tribunal de
París exoneró al asesino de Petliura en 1927. Lo más perturbador fue
“pedirle a un jurado que juzgue si su acto extraordinario fue justo a
pesar de que fue ilegal” (Berkowitz, 2011, p. 1Berkowitz, Roger (2011). The Angry Jew has gotten his Revenge: Hannah Arendt on Revenge and Reconciliation. Philosophical Topics, 39(2), 1-36.
). Melville, en cambio, no perdonó a Billy.
Declaración de conflicto de intereses
⌅La autora de este artículo declara no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.
Declaración de contribución de autoría
⌅Elisa Goyenechea: conceptualización, investigación, redacción-borrador original, redacción-revisión y edición.