INVESTIGACIÓN INTERDISCIPLINAR EN FILOSOFÍA MORAL Y POLÍTICA: RETÓRICA, PRÁCTICA Y EFECTOS / INTERDISCIPLINARY RESEARCH IN MORAL AND POLITICAL PHILOSOPHY: RHETORIC, PRACTICES AND EFFECTS
ARTÍCULOS
The Project of Naturalisation of Ethics as a Case of Interdisciplinary Research in Moral Philosophy
Susana Cadilha
IFILNOVA/FCSH
susanacadilha@fcsh.unl.pt
ORCID iD: https://orcid.org/0000-0001-8462-4918
RESUMEN
En este artículo, mi objetivo es proporcionar un ejemplo de una práctica concreta que ilustra el trabajo interdisciplinar en el ámbito de la filosofía moral. Más concretamente, presentaré el llamado proyecto de naturalización de la ética, que ha sido llevado a cabo en las últimas décadas tanto por filósofos morales como por científicos de diversas áreas, como uno de esos ejemplos de interdisciplinaridad que puede considerarse fructífero. En este artículo, buscaré describir dicho proyecto a partir de las contribuciones que provienen de la psicología moral y cognitiva, y trataré de mostrar sus potencialidades en cuanto al avance del conocimiento, así como algunos de sus límites.
Palabras clave: filosofía moral; ciencia cognitiva; psicología moral; investigación interdisciplinar; naturalización de la ética.
ABSTRACT
In this article, my aim is to give an example of a concrete practice that illustrates interdisciplinary work in the field of moral philosophy. More specifically, I will present the so-called project to naturalise ethics, which has been carried out in recent decades by both moral philosophers and scientists from various fields, as one of those examples of interdisciplinarity that can be considered fruitful. In this article, I will try to describe this project from the point of view of the contributions that come from moral and cognitive psychology, and I will try to show its potential in terms of advancing knowledge, as well as some of its limits.
Keywords: Moral Philosophy; Cognitive Science; Moral Psychology; Interdisciplinary Research; Naturalisation of Ethics.
Recibido: 10/09/2024. Aceptado: 30/09/2025. Publicado: 07/01/2026.
Cómo citar este artículo / Citation: Cadilha, Susana (2025). El proyecto de naturalización de la ética como un caso de investigación interdisciplinar en la filosofía moral. Isegoría, (73), 1634. https://doi.org/10.3989/isegoria.2025.73.1634
Copyright: © 2025 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).
El proyecto reciente de naturalizar la normatividad tiene como objetivo explicar conceptos normativos —como la moralidad, la razón y los valores— a través de marcos naturalistas, basándolos en ciencias empíricas como la biología, la psicología y la neurociencia. Esto contrasta con enfoques más tradicionales que ven la normatividad como independiente del mundo natural, o como fundamentada en principios metafísicos o sobrenaturales. El objetivo es reconciliar el pensamiento normativo con una visión científica del mundo, haciendo que los juicios éticos y evaluativos sean compatibles con una comprensión más amplia de la naturaleza.
El progreso del conocimiento científico condujo a una comprensión de los seres humanos como parte integral del mundo natural y sujetos a las mismas leyes, y es en este contexto que nuestra capacidad de pensar moralmente también debe ser considerada. El proyecto de naturalización de la ética es un ejemplo destacado de investigación interdisciplinar dentro de la filosofía moral, combinando ideas de campos como la biología, la psicología, la ciencia cognitiva y la teoría evolutiva para informar y remodelar las preguntas éticas tradicionales. El objetivo clave es fundamentar la normatividad ética en la naturaleza humana. Los enfoques naturalistas suelen argumentar que las normas éticas pueden derivarse de hechos sobre la naturaleza humana, la psicología o los procesos evolutivos. Por ejemplo, la cooperación y el altruismo podrían explicarse como rasgos adaptativos que evolucionaron para promover la supervivencia del grupo, y así, nuestras normas morales sobre la equidad y la empatía podrían tener orígenes naturales. Este enfoque busca fundamentar las teorías éticas en la ciencia empírica, sugiriendo que las normas morales, valores y comportamientos pueden entenderse como fenómenos naturales, sujetos a los mismos tipos de explicación que otros aspectos del comportamiento humano.
El proyecto de naturalización de la ética es obviamente una empresa muy amplia que no puedo analizar en su totalidad en el espacio de este artículo, y que ha recibido contribuciones de diversas ciencias (naturales y humanas). Esta es una tarea que debe estar respaldada científicamente y alineada con contribuciones muy diversas que van desde la psicología moral y cognitiva, la psicología evolutiva (Barkow et al., 1992Barkow, Jerome H., Cosmides, Leda y Tooby, John (Eds.) (1992). The adapted mind: Evolutionary psychology and the generation of culture. Oxford University Press.; Buss, 2019Buss, David M. (2019). Evolutionary psychology: The new science of the mind. (6th ed.). Routledge.; Sober, 1994Sober, Elliott (1994). From a biological point of view: Essays in evolutionary philosophy. Cambridge University Press.; Sober y Wilson, 1998Sober, Elliott y Wilson, David Sloan (1998). Unto others: The evolution and psychology of unselfish behavior. Harvard University Press.), hasta la primatologia (Brosnan y de Waal, 2003Brosnan, Sarah F. y de Waal, Frans B. M. (2003). Monkeys reject unequal pay. Nature, 425(6955), 297-299. https://doi.org/10.1038/nature01963; de Waal 1996De Waal, Frans B. M. (1996). Good natured: The origins of right and wrong in humans and other animals. Harvard University Press., 2006De Waal, Frans B. M. (2006). Primates and philosophers: How morality evolved. Princeton University Press.; de Waal y Berger, 2000De Waal, Frans B. M. y Berger, M. L. (2000). Payment for labour in monkeys. Nature, 404(6778), 563. https://doi.org/10.1038/35007138; Preston y de Waal, 2002Preston, Stephanie D. y de Waal, Frans B. M. (2002). Empathy: Its ultimate and proximate bases. Behavioral and Brain Sciences, 25(1), 1-71. https://doi.org/10.1017/S0140525X02000018) o la neurociência (Bechara et al., 1994Bechara, Antoine, Damásio, Antonio R., Damásio, Hanna y Anderson, Steven W. (1994). Insensitivity to future consequences following damage to human prefrontal cortex. Cognition, 50(1–3), 7-15. https://doi.org/10.1016/0010-0277(94)90018-3; Churchland, 2011Churchland, Patricia Smith (2011). Braintrust: What neuroscience tells us about morality? Princeton University Press.; Damásio, 1994Damásio, Antonio R. (1994). Descartes’ error: Emotion, reason and the human brain. Quill.; Greene, 2005Greene, Joshua D. (2005). Cognitive neuroscience and the structure of the moral mind. En Peter Carruthers, Stephen Laurence y Stephen Stich (Eds.), The innate mind: Structure and content (pp. 347-373). Oxford University Press.; Moll et al., 2003Moll, Jorge, Oliveira-Souza, Ricardo y Eslinger, Paul J. (2003). Morals and the human brain: A working model. NeuroReport, 14(3), 299-305. https://doi.org/10.1097/00001756-200302100-00001). Al encontrar una explicación naturalista para nuestras intuiciones morales y normas morales, diferentes cuestiones (empíricas) pueden estar en juego. Algunas de ellas podrían ser: ¿cómo llegamos aquí? ¿Por qué pensamos como lo hacemos? Este es el enfoque evolucionista, y la hipótesis bajo escrutinio en este ámbito es que nuestro sentido de la moralidad evolucionó porque ayudó a los primeros seres humanos a cooperar y prosperar en grupos. Comportamientos como el altruismo y la equidad pueden tener un valor adaptativo, lo que dio lugar a normas morales que reflejan estas ventajas evolutivas (Cosmides y Tooby, 1992Cosmides, Leda y Tooby, John (1992). Cognitive adaptations for social exchange. En Jerome H. Barkow, Leda Cosmides y John Tooby (Eds.), The adapted mind: Evolutionary psychology and the generation of culture (pp. 151–192). Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/oso/9780195060232.001.0001; Richerson y Boyd, 2005Richerson, Peter J. y Boyd, Robert (2005). Not by genes alone: How culture transformed human evolution. University of Chicago Press.; Tomasello, 2009Tomasello, Michael (2009). Why we cooperate. MIT Press.). Otro tipo de preguntas son: ¿Cómo funciona? ¿Qué procesos subyacen a nuestras decisiones y respuestas morales? En este campo de estudio, los investigadores analizan cómo los juicios y comportamientos morales están influenciados por mecanismos psicológicos como la empatía, las emociones y la cognición social. Al examinar cómo las personas realmente toman decisiones morales, este enfoque fundamenta la normatividad en la ciencia cognitiva. En este artículo, me centraré en este último tipo de preguntas y, por lo tanto, describiré algunas de las contribuciones de las ciencias naturales para caracterizar el punto de vista moral, con un enfoque especial en las aportaciones de la psicología moral y la psicología cognitiva, y su impacto en la filosofía moral.
En lo que respecta a la metodología utilizada, el presente artículo adopta una metodología de análisis interdisciplinar de carácter comparativo y reconstructivo. El objetivo no es producir datos empíricos originales, sino examinar críticamente cómo diferentes ciencias empíricas (en particular la psicología moral y cognitiva, la biología evolutiva y la neurociencia) contribuyen al proyecto de naturalización de la ética. La estrategia metodológica consiste en: (i) identificar las aportaciones empíricas más relevantes para la comprensión del juicio y del comportamiento moral; (ii) contrastar estas aportaciones con las principales tradiciones filosóficas (racionalismo y sentimentalismo); y (iii) evaluar en qué medida los datos empíricos permiten iluminar, cuestionar o reformular teorías normativas de la ética. Se trata, por tanto, de una metodología de triangulación entre ciencias empíricas y reflexión filosófica, que combina descripción empírica, análisis conceptual y evaluación normativa.
De este modo, el artículo organiza el impacto de las ciencias empíricas en dos niveles complementarios: (a) un nivel descriptivo-explicativo, en el que se caracteriza cómo funcionan los procesos cognitivos y emocionales subyacentes al juicio moral; y (b) un nivel crítico-filosófico, en el que se analizan las implicaciones de estos resultados para la viabilidad de proyectos normativos (por ejemplo, para la crítica al racionalismo kantiano o al formalismo metodológico). Este enfoque permite superar la mera exposición narrativa de las aportaciones empíricas y establece un marco explícito para comprender cómo estos datos se integran —o no— en el proyecto de naturalización de la ética.
Siendo así, los objetivos centrales del artículo son: (i) cartografiar las principales aportaciones empíricas al debate sobre la naturalización de la ética; (ii) esclarecer cómo estas aportaciones desafían, corroboran o transforman tradiciones filosóficas consolidadas; y (iii) discutir las potencialidades y los límites del diálogo interdisciplinar entre filosofía moral y ciencias empíricas. Es importante subrayar que la relevancia atribuida a la psicología moral y cognitiva no implica desconsiderar otras perspectivas (como la sociología, la primatología o la antropología). La elección se debe a que estas disciplinas proporcionan actualmente algunos de los ejemplos más paradigmáticos de interacción entre investigación empírica y reflexión filosófica. La delimitación metodológica pretende, así, mostrar de manera clara por qué estas contribuciones son centrales para evaluar el alcance y las dificultades del proyecto de naturalización de la ética.
La investigación psicológica ha desempeñado un papel crucial en la iluminación y el avance de la comprensión de las cuestiones filosóficas morales, ofreciendo una visión empírica de cómo la gente realmente piensa, siente y se comporta en situaciones morales. Esta investigación proporciona datos que pueden apoyar o cuestionar las teorías filosóficas tradicionales de la moralidad, ayudando a refinar nuestra comprensión del razonamiento moral, el juicio y el comportamiento.
Por ejemplo, en lo que se refiere a la comprensión del desarrollo moral y la intuición, la investigación psicológica, sobre todo en psicología del desarrollo, ha revelado mucho sobre cómo se desarrollan las intuiciones y los juicios morales a lo largo del tiempo. Pioneros como Jean Piaget y Lawrence Kohlberg estudiaron cómo evoluciona el razonamiento moral de los niños a través de las etapas, proporcionando un marco cognitivo para comprender la moralidad. Esto apoya las opiniones filosóficas sobre el racionalismo moral (que la moralidad se basa en la razón) al mostrar las capacidades cognitivas que subyacen al juicio moral.
Pero si miramos de cerca la historia de la psicología moral, encontramos que una de sus tensiones fundamentales es el debate entre lo que podríamos llamar la tradición racionalista y la tradición sentimentalista. Jean Piaget y Lawrence Kohlberg hicieron contribuciones significativas al estudio de la psicología moral, centrándose en cómo los individuos desarrollan el razonamiento moral a lo largo de sus vidas. Su trabajo está arraigado en una perspectiva racionalista, que enfatiza el papel del razonamiento y el desarrollo cognitivo en la formación de los juicios morales, en lugar de solo las emociones, las influencias sociales o los impulsos biológicos. Piaget fue uno de los primeros en estudiar sistemáticamente cómo se desarrolla la comprensión moral de los niños, proponiendo que el pensamiento moral de los niños evoluciona a través de etapas específicas a medida que crecen, en paralelo a su teoría más amplia del desarrollo cognitivo. Piaget creía que el desarrollo moral está impulsado por el crecimiento cognitivo y las interacciones sociales. Argumentaba que los niños desarrollan el razonamiento moral a través de experiencias de resolución de conflictos, cooperación y equidad con sus compañeros. Esto sitúa el razonamiento en el centro del desarrollo moral, alineando a Piaget con la visión racionalista de que los juicios morales se basan en procesos explícitos de pensamiento deliberativo.
Basándose en los trabajos de Piaget, Lawrence Kohlberg desarrolló una teoría más detallada de los estadios del desarrollo moral. Su investigación, que incluía entrevistas con individuos que respondían a dilemas morales, condujo a la identificación de seis estadios de razonamiento moral, desde el estadio 1 (obediencia y orientación al castigo), centrado en el interés propio y en evitar el castigo, pasando por los estadios intermedios, en los que la moralidad se define por estar a la altura de las expectativas sociales y ser “bueno” a los ojos de los demás, e el razonamiento moral se guía por la obediencia a las leyes y el cumplimiento de los deberes para mantener el orden y la estructura social. En los estádios o etapas finales, centrados en principios abstractos, los individuos basan sus decisiones morales en principios éticos abstractos y universales como la justicia, la igualdad y los derechos humanos. Tanto Piaget como Kohlberg situaron el razonamiento en el centro del desarrollo moral. Creían que las decisiones morales no son solo el resultado de condicionamientos externos o respuestas emocionales, sino que surgen de la capacidad de los individuos para pensar y reflexionar racionalmente. Especialmente en los estadios superiores de Kohlberg, los individuos basan sus juicios morales en principios abstractos a los que llegan a través del razonamiento deliberativo (Kohlberg, 1969Kohlberg, Lawrence (1969). Stage and sequence: The cognitive-developmental approach to socialization. En David Goslin (Ed.), Handbook of socialization theory and research (pp. 347-480). Rand McNally.; Kohlberg et al., 1983Kohlberg, Lawrence, Levine, Charles y Hewer, Alexandra (1983). Moral stages: A current formulation and a response to critics. Karger.; Piaget, 1965Piaget, Jean (1965). The moral judgment of the child. (Trabajo original publicado en 1932). Free Press.). De alguna manera, la moralidad sería autoconstruida por el niño, siguiendo el desarrollo gradual de sus capacidades conceptuales y racionales: comienzan dándose cuenta de que causar daño está mal porque a ellos mismos no les gusta ser lastimados, y progresan desde ahí hasta razonar que también está mal lastimar a otros, hasta que alcanzan una comprensión plena de nociones abstractas como la justicia o la equidad. Así, hay un desarrollo de la comprensión moral que acompaña y está estrechamente vinculado al desarrollo y profundización de las habilidades cognitivas y conceptuales, lo que permite a Kohlberg afirmar que los niños razonan como “filósofos morales” (Kohlberg, 1968Kohlberg, Lawrence (1968). The child as moral philosopher. Psychology Today, 2(9), 25-30. https://doi.org/10.1007/978-1-349-24483-6_36). El crecimiento moral se considera paralelo al desarrollo intelectual, lo que apoya la idea de que el razonamiento moral es un proceso racional que mejora a medida que aumentan las capacidades cognitivas y la idea de que los individuos se consideran agentes morales que evalúan de forma independiente los principios y las situaciones morales basándose en la reflexión racional. Así, puede decirse que tanto Piaget como Kohlberg pueden considerarse “herederos de Kant”.
Contrariamente a este programa racionalista que ha marcado tradicionalmente tanto la filosofía moral como el inicio de la psicología moral, la tendencia en las últimas décadas ha sido inclinar la balanza en sentido inverso, subrayando la influencia de la intuición en general y de las emociones en particular en el pensamiento moral. El programa “sentimentalista” en la psicología moral se centra en la idea de que los juicios y comportamientos morales están fundamentalmente impulsados por emociones y sentimientos inconscientes en lugar de por un razonamiento puro. Los principales contribuyentes a este programa incluyen a Jonathan Haidt, Jesse Prinz y Joshua Greene, cada uno de los cuales ha realizado contribuciones significativas a nuestra comprensión de la base emocional de la psicología moral. Por ejemplo, Jonathan Haidt (Haidt et al., 1993Haidt, Jonathan, Koller, Silvia H. y Dias, Maria G. (1993). Affect, culture, and morality, or is it wrong to eat your dog? Journal of Personality and Social Psychology, 65(4), 613-628. https://doi.org/10.1037//0022-3514.65.4.613; Haidt 2001Haidt, Jonathan (2001). The emotional dog and its rational tail: A social intuitionist approach to moral judgment. Psychological Review, 108(4), 814-834. https://doi.org/10.1037/0033-295X.108.4.814, 2013Haidt, Jonathan (2013). The righteous mind: Why good people are divided by politics and religion (Reprint). Vintage.; Haidt y Bjorklund, 2008Haidt, Jonathan y Bjorklund, Fredrik (2008). Social intuitionists answer six questions about morality. En Walter Sinnott-Armstrong (Ed.), Moral psychology. Vol. 2: The cognitive science of morality (pp. 181-217). MIT Press.), psicólogo, propone un modelo causal según el cual en el origen de las evaluaciones morales se encuentran intuiciones inmediatas que no implican ningún proceso deliberativo. Los juicios morales no son estas intuiciones, sino que son causados por ellas. El modelo de intuicionismo social de Haidt sugiere que los juicios morales están impulsados principalmente por respuestas emocionales automáticas o intuiciones, que luego se racionalizan posteriormente mediante el razonamiento. Según este modelo, las personas primero tienen una reacción emocional ante un problema moral y luego usan el razonamiento para justificar su juicio inicial. Así, según Haidt, el razonamiento moral explícito es una mera racionalización cuya función es principalmente social. Incluso si Haidt llama la atención sobre el papel social del razonamiento moral, está claro que para él el razonamiento moral tiene una función muy diferente de la que le atribuyen los psicólogos morales racionalistas. En primer lugar, porque no es mediante el razonamiento como llegamos a respuestas morales; incluso desde un punto de vista cronológico, el razonamiento explícito y argumentativo entra en juego más tarde, como una racionalización post hoc.
Haidt destaca la existencia de dos tipos diferentes de procesos cognitivos utilizados en la toma de decisiones y en la resolución de problemas: el proceso de “ver que” (un proceso automático, inconsciente, de reconocimiento de patrones; incluye intuiciones y emociones) y el proceso de “razonar por qué” (el proceso consciente y controlado por el cual describimos cómo llegamos a un juicio, examinamos escenarios alternativos y encontramos explicaciones para nuestras acciones; solo ocurre en criaturas con lenguaje). La tradición racionalista en psicología moral asumía que estos últimos procesos eran fundamentales en la evaluación moral, pero Haidt piensa que no es así. Los procesos de razonamiento inferencial por los cuales invocamos razones y delineamos argumentos que refuerzan nuestras intuiciones más básicas son una herramienta social que usamos para defender nuestro punto de vista y persuadir a otros, pero en el origen de la mayoría de nuestros juicios morales están las evaluaciones intuitivas y automáticas.
Jesse Prinz es otra figura clave en el programa sentimentalista moral, conocido por su trabajo sobre el papel de las emociones en el juicio moral y la naturaleza de los sentimientos morales (Prinz, 2007Prinz, Jesse J. (2007). The emotional construction of morals. Oxford University Press.). Prinz sostiene que los juicios morales están fundamentados en respuestas emocionales. Alega que emociones como la empatía, el asco y la ira juegan un papel crucial en la configuración de nuestras evaluaciones morales. Según Prinz, estas emociones no son solo respuestas a situaciones morales, sino que son parte integral de la estructura misma de los juicios morales. Prinz aboga por una forma de sentimentalismo moral, que sostiene que los juicios morales están enraizados en nuestras respuestas afectivas en lugar de en el razonamiento abstracto. Enfatiza que nuestras creencias morales están profundamente entrelazadas con nuestras experiencias emocionales, y que comprender estas emociones es clave para entender la psicología moral.
Joshua Greene (Greene 2008Greene, Joshua D. (2008). The secret joke of Kant’s soul. En Walter Sinnott-Armstrong (Ed.), Moral psychology, vol. 3. MIT Press., 2014Greene, Joshua D. (2014). Beyond point-and-shoot morality: Why cognitive (neuro) science matters for ethics. Ethics, 124(4), 695-726. https://doi.org/10.1086/675875; Greene et al., 2009Greene, Joshua D., Cushman, Fiery A., Stewart, Laura E., Lowenberg, Kelly, Nystrom, Leigh E. y Cohen, Jonathan D. (2009). Pushing moral buttons: The interaction between personal force and intention in moral judgment. Cognition, 111(3), 364-371. https://doi.org/10.1016/j.cognition.2009.02.001) ofrece una visión matizada de la interacción entre emoción y razonamiento en la toma de decisiones morales según el cual el pensamiento moral no es enteramente una función de las capacidades cognitivas superiores ni de las respuestas emocionales, sino que surge de una interacción entre procesos cognitivos y emocionales servidos por sistemas cerebrales anatómicamente dissociados - el modelo de teoría de doble processo. La teoría de doble processo de Greene postula que los juicios morales están influenciados por dos tipos diferentes de procesos cognitivos: procesos automáticos impulsados por emociones y procesos controlados basados en el razonamiento. Utiliza este marco para explicar cómo las personas navegan por los dilemas morales, sugiriendo que, mientras las emociones proporcionan respuestas inmediatas, el razonamiento puede modular o anular estas reacciones emocionales. Greene ha realizado extensas investigaciones utilizando imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI) para investigar cómo se activan diferentes áreas del cerebro durante la toma de decisiones morales. Sus estudios revelan cómo interactúan los procesos emocionales y cognitivos en el cerebro y cómo contribuyen a nuestros juicios morales. Por ejemplo, su investigación sobre dilemas morales a menudo muestra que los escenarios más cargados emocionalmente activan áreas del cerebro asociadas con el procesamiento emocional, mientras que el razonamiento moral más abstracto involucra áreas vinculadas al control cognitivo. Greene utiliza la analogía de una cámara suficientemente sofisticada para explicar cómo se procesa el pensamiento moral: podemos usar el modo automático (donde funcionan las intuiciones emocionales), pero también tenemos disponible el modo manual, en aquellas ocasiones en las que tomamos control racional y deliberamos conscientemente sobre las situaciones en análisis. Las intuiciones funcionan en muchas circunstancias (y son suficientes, en esas circunstancias, para producir una respuesta moral), pero cuando surge un problema nuevo con el que no nos hemos enfrentado, o cuando surge un conflicto entre intuiciones, o cuando el contacto con otras culturas nos muestra que hay otras formas de categorizar el mundo moral, entonces interviene el razonamiento moral. Los juicios morales serían así el producto de interacciones complejas entre distintos sistemas psicológicos.
En la misma línea, pero en el campo de la neurociencia, cabe destacar el trabajo de Churchland y Damasio (Churchland, 2011Churchland, Patricia Smith (2011). Braintrust: What neuroscience tells us about morality? Princeton University Press.; Damásio, 1994Damásio, Antonio R. (1994). Descartes’ error: Emotion, reason and the human brain. Quill.). En Braintrust: What Neuroscience Tells Us About Morality (2011Churchland, Patricia Smith (2011). Braintrust: What neuroscience tells us about morality? Princeton University Press.), Churchland sostiene que las raíces de la normatividad moral se encuentran en lo que ella denomina la “plataforma neurobiológica del vínculo” (neurobiological platform of bonding), esto es, los sistemas neuronales vinculados al apego y a los cuidados parentales, en particular los circuitos mediados por la oxitocina y otras neurohormonas que favorecen la cooperación y la empatía. Según su enfoque, las disposiciones morales no emergen de un razonamiento abstracto ni de un mandato trascendente, sino de la evolución del cerebro social que permitió a los mamíferos, y especialmente a los humanos, desarrollar formas complejas de cooperación. Esto significa que la moralidad puede entenderse como una extensión de las tendencias básicas de afiliación y de la necesidad de resolver problemas de convivencia en grupos sociales cada vez más amplios. En este sentido, la propuesta de Churchland constituye una pieza clave en el proyecto de naturalización de la ética, porque ofrece un puente directo entre la biología evolutiva, la neurociencia y la filosofía moral. Además, al subrayar la interacción entre mecanismos neuronales, emociones y aprendizaje cultural, su planteamiento permite comprender mejor la plasticidad de la moralidad humana y los límites de los modelos puramente racionalistas o formalistas.
Por su parte, Antonio Damasio ha mostrado con gran claridad cómo la dimensión emocional resulta inseparable de la cognición moral. Sus investigaciones sobre pacientes con lesiones en la corteza prefrontal ventromedial evidencian que, aun conservando intacta la capacidad de razonamiento abstracto, estos individuos presentan una notable incapacidad para tomar decisiones morales adecuadas. Ello demuestra que las emociones no son un simple adorno de la razón, sino un componente constitutivo de la deliberación práctica: sin la retroalimentación emocional, el juicio moral se vuelve deficiente o incluso imposible. Esta aportación resulta central para el proyecto de naturalización de la ética, porque cuestiona la visión de un agente moral puramente racional y confirma que la arquitectura afectiva del cerebro es una condición necesaria para la agencia ética. Así como la propuesta de Churchland sobre la “plataforma neurobiológica del vínculo”, los trabajos de Damasio refuerzan la idea de que la moralidad emerge de la interacción entre sistemas emocionales, procesos cognitivos y contextos sociales.
Así que este es un caso claro de cómo las ciencias naturales pueden contribuir a iluminar el debate en curso sobre las bases naturales del razonamiento moral como una manera de encontrar los fundamentos naturales de la moralidad. Veamos más de cerca esas contribuciones.
La psicología moral puede ayudarnos en esto: a saber si el agente racional que las posiciones racionalistas morales tienen en mente es psicológicamente real. Los filósofos han tenido que lidiar con las implicaciones de estos hallazgos, lo que ha llevado a reevaluar el papel de la razón y la emoción en la teoría moral.
De hecho, abundan las investigaciones psicológicas cognitivas y experimentales que sugieren con rotundidad que tenemos respuestas rápidas y “preparadas” a muchos de los problemas a los que nos enfrentamos (incluso los morales), respuestas que a menudo no podemos justificar (Berger et al., 2008Berger, Jonah, Meredith, Marc y Wheeler, S. Christian (2008). Contextual priming: Where people vote affects how they vote. Proceedings of the National Academy of Sciences, 105, 8846–8849. https://doi.org/10.1073/pnas.0711988105). Uno de los ejemplos más vívidos de ello es un estudio realizado en un entorno real: la cocina de una oficina de la Universidad de Newcastle (Bateson et al., 2006Bateson, Melissa, Nettle, Daniel y Roberts, Gilbert (2006). Cues of being watched enhance cooperation in a real-world setting. Biology Letters, 2(3), 412–414. https://doi.org/10.1098/rsbl.2006.0509). El objetivo era comprobar si las personas eran más propensas a contribuir a una “caja de la honradez” para té y café cuando se sentían observadas, aunque esa observación solo estuviera implícita en sutiles señales visuales. Los investigadores utilizaron una manipulación sencilla: colocaron un cartel encima de la caja de honradez que alternaba semanalmente entre imágenes de ojos e imágenes de flores. Ambas imágenes eran igualmente visibles, pero la de los “ojos” estaba diseñada para provocar la sensación de ser observado, mientras que la de las “flores” servía de control neutro. Los resultados mostraron un aumento significativo de las contribuciones a la caja de la honradez cuando el cartel mostraba imágenes de ojos en comparación con las semanas en que el cartel mostraba flores. La presencia de ojos hizo que las contribuciones fueran casi tres veces mayores, lo que sugiere que era más probable que las personas se comportaran de forma prosocial (es decir, pagar por su té y café) cuando sentían, incluso inconscientemente, que estaban siendo observadas. Así pues, una simple representación simbólica de alguien que nos observa basta para cambiar nuestro comportamiento, algo que, por supuesto, es imperceptible para el propio agente. El estudio de Bateson y sus colegas aporta pruebas convincentes de que la sensación de ser observado, incluso cuando está provocada por indicios mínimos, puede aumentar el comportamiento socialmente responsable. Esto tiene importantes implicaciones para entender cómo las normas sociales y la cooperación pueden verse influidas por factores ambientales.
Hay abundantes estudios que demuestran que los factores ambientales irrelevantes desde el punto de vista ético pueden influir en nuestros juicios (y nos estamos refiriendo a la influencia de cosas tan prosaicas como la presencia de cajas de pizza sucias (Schnall et al., 2008Schnall, Simone, Haidt, Jonathan, Clore, Gerald L. y Jordan, Alexander H. (2008). Disgust as embodied moral judgment. Personality and Social Psychology Bulletin, 34(8), 1069-1109. https://doi.org/10.1177/0146167208317771) o de desinfectante de manos (Helzer y Pizarro, 2011Helzer, Erik G. y Pizarro, David A. (2011). Dirty liberals! Reminders of physical cleanliness influence moral and political attitudes. Psychological Science, 22(4), 517-522. https://doi.org/10.1177/0956797611402514). En este contexto, varios filósofos morales han intentado mostrar cómo este trabajo empírico puede tener importantes consecuencias filosóficas, la más relevante de ellas es mostrar cómo muchos aspectos de los que ni siquiera somos conscientes pueden influir decisivamente en nuestros juicios y decisiones morales, lo que significa que el razonamiento moral es esencialmente ineficaz, y no somos tan racionalmente autónomos como nos gusta pensar (Doris y Stich, 2005Doris, John M. y Stich, Stephen P. (2005). As a matter of fact: Empirical perspectives on ethics. En Frank Jackson y Michael Smith (Eds.), The Oxford handbook of contemporary philosophy. Oxford University Press.; Gilovich et al., 2002Gilovich, Thomas, Griffin, Dale W. y Kahneman, Daniel (Eds.). (2002). Heuristics and biases: The psychology of intuitive judgment. Cambridge University Press.; Horowitz, 1998Horowitz, Tamara (1998). Philosophical intuitions and psychological theory. En Michael R. DePaul y William Ramsey (Eds.), Rethinking intuition: The psychology of intuition and its role in philosophical inquiry (pp. 143-158). Rowman and Littlefield.; Kahneman, 2011Kahneman, Daniel (2011). Thinking, fast and slow. Farrar, Straus and Giroux.; Nisbett y Ross, 1980Nisbett, Richard E. y Ross, Lee (1980). Human inference: Strategies and shortcomings of social judgment. Prentice-Hall.; Sinnott-Armstrong, 2005Sinnott-Armstrong, Walter P. (2005). Moral intuitionism meets empirical psychology. En Terence Horgan y Mark Timmons (Eds.), Metaethics after Moore (pp. 339-365). Oxford University Press.).
En cualquier caso, es importante subrayar que nunca se trató de concluir sin más que las elecciones regidas por reglas racionales (por ejemplo, los principios lógicos o los principios de la teoría de la decisión, así como las simples reglas de sentido común) no tienen lugar nunca. Las investigaciones psicológicas y cognitivas de este tipo sugieren que las elecciones determinadas por reglas racionales se limitan a un conjunto inusual de circunstancias y que la activación de esas reglas depende de factores como la atención y la accesibilidad. Existe un corpus considerable de investigaciones que pretenden demostrar que al menos algunos de nuestros sesgos cognitivos pueden superarse hasta cierto punto (Devine et al., 2012Devine, Patricia G., Forscher, Patrick S., Austin, Anthony J. y Cox, William T. L. (2012). Long-term reduction in implicit race bias: A prejudice habit-breaking intervention. Journal of Experimental Social Psychology, 48(6), 1267-1278. https://doi.org/10.1016/j.jesp.2012.06.003; Fitzgerald et al., 2019Fitzgerald, Chloe, Martin, Angela, Hurst, Samia y Berner, Delphine (2019). Interventions designed to reduce implicit prejudices and implicit stereotypes in real world contexts: A systematic review. BMC Psychology, 7, 29. https://doi.org/10.1186/s40359-019-0299-7; Lai et al., 2014Lai, Calvin K., Hoffman, Kelly M. y Nosek, Brian A. (2014). Reducing implicit racial preferences: I. A comparative investigation of 17 interventions. Journal of Experimental Psychology: General, 143(4), 1765-1785. https://doi.org/10.1037/a0036260). El esfuerzo cognitivo deliberado y el control voluntario son algunas de las estrategias para superar los efectos de la cognición automática. Con esfuerzo y concentración podemos tener en cuenta un conjunto más completo de consideraciones en el proceso de toma de decisiones y no dejarnos llevar por la intuición inmediata. El problema es que esto no ocurre muy a menudo. La conclusión que hay que sacar no es tanto que pensemos mal o que seamos irracionales por naturaleza, sino que rara vez pensamos las cosas y en su lugar actuamos en gran medida de forma intuitiva, basándonos en lo que vemos y en la información a la que podemos acceder fácilmente.
Otro importante conjunto de investigaciones tiene que ver con el papel de las emociones en la formación del juicio moral y en el proceso de toma de decisiones. A este respecto, es importante mencionar el llamado efecto de la víctima identificable (Jenni y Loewenstein, 1997Jenni, Karen E. y Loewenstein, George (1997). Explaining the identifiable victim effect. Journal of Risk and Uncertainty, 14(3), 235-257. https://doi.org/10.1023/A:1007740225484; Small et al., 2007Small, Deborah A., Loewenstein, George y Slovic, Paul (2007). Sympathy and callousness: The impact of deliberative thought on donations to identifiable and statistical victims. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 102(2), 143-153. https://doi.org/10.1016/j.obhdp.2006.01.005). El efecto de víctima identificable es un fenómeno psicológico en el que los individuos muestran mayor empatía, preocupación y disposición a ayudar cuando se identifica y personaliza a una víctima, en comparación con cuando se les presentan estadísticas o grupos abstractos y anónimos de personas necesitadas. Este efecto pone de relieve que es más probable que las personas actúen de forma altruista cuando pueden conectar emocionalmente con un individuo concreto, en lugar de responder a un sufrimiento general o sin rostro. Las víctimas identificables suscitan respuestas emocionales más fuertes, como la empatía o la angustia. Este compromiso emocional puede conducir a una mayor conexión personal y motivación para ayudar. Al mismo tiempo, las personas tienden a percibir el sufrimiento de una persona identificable como más urgente o apremiante que el de muchas personas anónimas, aunque lo que esté en juego desde el punto de vista moral sea igual o mayor en los casos en los que hay un mayor número de víctimas. Una única víctima identificable proporciona una imagen o historia concreta, que es más fácil de procesar emocional y cognitivamente para las personas en comparación con los datos abstractos o estadísticos sobre muchos individuos.
El efecto de víctima identificable desempeña un papel crucial en la comprensión de cómo las emociones, en lugar de las consideraciones racionales, a menudo impulsan el comportamiento altruista. En psicología moral, esto ayuda a explicar por qué la gente a veces no responde al sufrimiento a gran escala (por ejemplo, la pobreza mundial o las crisis humanitarias), mientras que se conmueve profundamente por la difícil situación de un solo individuo visible (por ejemplo, un niño en una zona de desastre). Demuestra cómo la toma de decisiones morales puede estar impulsada emocionalmente en lugar de basarse puramente en evaluaciones lógicas. Esto pone de relieve los sesgos emocionales que pueden afectar al razonamiento moral y a la toma de decisiones, y ofrece una visión de por qué las personas actúan a veces de forma incoherente cuando se enfrentan a dilemas morales que afectan a muchas vidas. Es natural concluir que si la base de tal decisión fuera algún tipo de cálculo o razonamiento deliberado sobre la mejor manera de ayudar, la gente llegaría a la conclusión de que es mejor ayudar a más gente que a menos y, por tanto, a donar más dinero a causas que afectan a más personas. Pero lo que parece ocurrir es que la base de nuestras decisiones no es un cálculo del beneficio esperado de una donación, sino una reacción intuitiva y afectiva.
De hecho, en los últimos años se han reunido numerosas pruebas que respaldan la afirmación de que las emociones influyen en el juicio moral. Un caso de estudio ya paradigmático a este respecto es el problema del tranvía y sus variantes. En la versión clásica, un tranvía fuera de control amenaza con matar a cinco personas y se plantea desviar la vía para sacrificar a una sola; en la variante de la pasarela, la única opción para salvar a los cinco es empujar a un hombre corpulento. La diferencia en las respuestas —mayor disposición a accionar el interruptor que a empujar a la persona— muestra que los juicios morales no dependen solo de resultados cuantitativos (como postularía un utilitarismo estricto), sino también de la carga emocional y del modo en que la acción se ejecuta. A muchas personas les resulta más fácil accionar el interruptor en el problema del trolebús porque la acción parece más impersonal y menos cargada emocionalmente. Por el contrario, empujar al hombre en el problema de la pasarela resulta más angustioso emocionalmente, ya que implica dañar físicamente a alguien de forma directa y personal (Hauser et al., 2007Hauser, Marc D., Cushman, Fiery A., Young, Liane, Jin, Kang-Xing y Mikhail, John (2007). A dissociation between moral judgments and justifications. Mind y Language, 22(1), 1-21. https://doi.org/10.1111/j.1468-0017.2006.00297.x). Estos dilemas ponen de relieve la complejidad del razonamiento moral y la necesidad de que las teorías morales den cuenta de los diversos mecanismos psicológicos que subyacen al comportamiento humano (Greene et al., 2001Greene, Joshua D., Sommerville, R. Brian, Nystrom, Leigh E., Darley, John M. y Cohen, Jonathan D. (2001). An fMRI investigation of emotional engagement in moral judgment. Science, 293(5537), 2105-2108. https://doi.org/10.1126/science.1062872; Greene y Haidt, 2002Greene, Joshua D. y Haidt, Jonathan (2002). How (and where) does moral judgment work? Trends in Cognitive Sciences, 6(12), 517-523. https://doi.org/10.1016/S1364-6613(02)02011-9).
Así que parece que este vínculo entre la emoción y la producción de juicios morales no es meramente correlacional; es decir, en lugar de ser meros epifenómenos, las emociones pueden afectar causalmente a los juicios morales. Esto ha llevado a los psicólogos morales a replantearse el papel de los procesos cognitivos en la toma de decisiones éticas y a examinar hasta qué punto las emociones están entrelazadas con la cognición moral. Si es posible encontrar pruebas de que en la cognición social y moral muchos de nuestros juicios y acciones son automáticos, entonces es posible que lo que pensamos que estamos haciendo cuando deliberamos conscientemente no tenga de hecho ningún efecto en nuestro juicio resultante, que se genera por mecanismos relativamente inmediatos y automáticos (Bargh y Chartrand, 1999Bargh, John A. y Chartrand, Tanya L. (1999). “The unbearable automaticity of being.” American Psychologist, 54(7), 462–479. https://doi.org/10.1037/0003-066X.54.7.462). Esto puede alterar la imagen que tenemos de nosotros mismos como pensadores racionales autónomos desde el punto de vista moral. Además, está demostrado que influencias situacionales menores (como el ruido ambiental o el hecho de que alguien tenga prisa) determinan el comportamiento moral (Darley y Batson, 1973Darley, John M. y Batson, C. Daniel (1973). From Jerusalem to Jericho: A study of situational and dispositional variables in helping behavior. Journal of Personality and Social Psychology, 27(1), 100-108. https://doi.org/10.1037/h0034449; Matthews y Cannon, 1975Mathews, Kenneth E. y Cannon, Lawrence K. (1975). Environmental noise level as a determinant of helping behavior. Journal of Personality and Social Psychology, 32(4), 571-577. https://doi.org/10.1037/0022-3514.32.4.571). Tomemos, por ejemplo, la famosa experiencia del Buen Samaritano, realizada en 1973 por Darley y Batson en el Seminario Teológico de la Universidad de Princeton con participantes que estudiaban para convertirse en líderes religiosos. El experimento mostró que factores situacionales como la prisa influyen decisivamente en el comportamiento prosocial: el 63% de los participantes con tiempo de sobra ayudaron a una persona necesitada, frente a solo el 10% de quienes iban muy apresurados, independientemente de haber reflexionado previamente sobre la parábola bíblica del samaritano. Este hallazgo cuestiona la idea de que la acción moral depende únicamente del carácter o de principios abstractos, y pone de relieve hasta qué punto las influencias contextuales externas determinan la conducta moral.
O tomemos el llamado “Estudio de las Cabinas Telefónicas”, que examinó cómo influyen las emociones positivas en la conducta de ayuda (Isen y Levin, 1972Isen, Alice M. y Levin, Paula F. (1972). Effect of feeling good on helping: Cookies and kindness. Journal of Personality and Social Psychology, 21(3), 384-388. https://doi.org/10.1037/h0032317). En este experimento, se exponía a los participantes, sin que lo supieran, a una situación que mejoraba su estado de ánimo. Después de hacer una llamada telefónica en una cabina telefónica pública, algunos participantes encontraban una moneda de diez centavos en la devolución de monedas, mientras que otros no. Cuando los participantes salían de la cabina telefónica, se encontraban con una persona a la que “accidentalmente” se le había caído un montón de papeles. El estudio midió cuántos participantes se pararon para ayudar a recoger los papeles. 88% de los participantes que encontraron una moneda en la cabina telefónica se detuvieron para ayudar a la persona, pero solo el 4% de los participantes que no encontraron una moneda se detuvieron a ayudar. El hecho de encontrar una pequeña recompensa (la moneda de diez centavos) aumentó significativamente la probabilidad de ayudar, lo que sugiere que incluso pequeñas emociones o acontecimientos positivos pueden conducir a un comportamiento más prosocial. Esto concuerda con las teorías de la psicología moral que enfatizan la importancia de los estados emocionales para motivar acciones morales, como ayudar a los demás.
Los resultados sugieren que el comportamiento moral puede verse influido por factores no relacionados con los principios morales. Las emociones positivas, incluso las derivadas de acontecimientos triviales como encontrar una moneda, aumentan el comportamiento altruista. Esto pone en tela de juicio la idea de que las acciones morales son siempre el resultado de un razonamiento moral deliberado o de principios éticos, y destaca el papel de la emoción y el estado de ánimo en la configuración del comportamiento. Ambos experimentos ponen de manifiesto la complejidad del comportamiento moral y la influencia de factores no racionales, como los estados emocionales y las presiones situacionales. Desafían las opiniones tradicionales de que las acciones morales se basan únicamente en el carácter, el razonamiento o los principios éticos. En cambio, sugieren que los factores ambientales, el estado de ánimo y el contexto situacional desempeñan un papel importante a la hora de determinar si las personas actúan éticamente.
A modo de conclusión, cabe mencionar que, con la introducción de estos ejemplos, no pretendemos simplemente enumerar las contribuciones empíricas, sino sobre todo mostrar cómo, en su conjunto, es posible integrarlas y utilizarlas para responder a algunas cuestiones importantes. Esto se basa en tres dimensiones complementarias, tal y como mencionamos en la introducción: en primer lugar, en un nivel descriptivo-explicativo, los experimentos de psicología moral (como el del Buen Samaritano o el efecto de víctima identificable) permiten comprender los procesos situacionales, emocionales y cognitivos que de hecho condicionan nuestros juicios y comportamientos morales. En segundo lugar, en un nivel crítico-normativo, estos resultados se contrastan con teorías filosóficas consolidadas —por ejemplo, el racionalismo kantiano, que presupone un agente autónomo guiado por principios, o el utilitarismo, que exige imparcialidad en la consideración de los intereses— para evaluar en qué medida los hallazgos empíricos apoyan, desafían o requieren reformular dichas teorías. Finalmente, se aplica un criterio comparativo de plausibilidad psicológica, preguntando qué teorías normativas resultan más coherentes con las evidencias sobre cómo las personas realmente piensan y actúan en contextos morales. Así, los ejemplos empíricos se integran sistemáticamente en un marco que no solo describe fenómenos psicológicos, sino que también mide su impacto en la plausibilidad y viabilidad de los modelos normativos tradicionales.
Así, por ejemplo, los estudios sobre el efecto de víctima identificable o los dilemas del tranvía no solo ilustran sesgos emocionales, sino que permiten evaluar hasta qué punto el utilitarismo puede ser psicológicamente sostenible; del mismo modo, las investigaciones sobre intuiciones morales rápidas cuestionan la imagen kantiana de un agente plenamente racional. Este doble criterio – descriptivo y crítico-normativo – permite medir de manera más precisa cómo las ciencias empíricas transforman los marcos normativos, sin caer en reduccionismos pero reconociendo la relevancia del diálogo interdisciplinar. En la siguiente sección analizaremos con más detalle cómo.
Una vez descritas algunas de las contribuciones de la psicología moral y cognitiva al vasto programa de naturalización de la ética, es hora de evaluar los puntos fuertes y débiles de este programa y las formas en que la investigación científica puede, de hecho, iluminar el pensamiento moral y la filosofía moral.
En mi opinión, está muy claro que el proyecto de naturalización de la ética como enfoque interdisciplinario del ámbito de la filosofía moral tiene múltiples puntos fuertes y potencialidades. Por ejemplo, al vincular la filosofía moral con las ciencias empíricas, el proyecto de naturalización proporciona una base concreta para algunas teorías. Por ejemplo, la biología evolutiva puede explicar el altruismo como un producto de la selección natural, ofreciendo así una base para entender el comportamiento moral como un resultado natural de la evolución humana. También es cierto que las teorías éticas basadas en descubrimientos empíricos están sujetas a prueba y perfeccionamiento. Esto permite la posibilidad de revisar las teorías éticas a la luz de nuevas pruebas científicas, haciéndolas más adaptables y resistentes. Otra clara ventaja, a mi juicio, es que este proyecto puede, en cierto modo, contribuir a desacreditar el absolutismo moral. Al cuestionar la ética basada en la intuición, el proyecto de naturalización suele poner en tela de juicio los planteamientos tradicionales de la ética basados en la intuición, que se apoyan en razonamientos abstractos desvinculados de la realidad empírica, y aboga en cambio por una visión más matizada que considera las normas morales como contingentes con la naturaleza humana y el entorno.
Pero el principal punto de ventaja, en mi opinión, tiene que ver precisamente con el diálogo interdisciplinar que permite este programa, y la consiguiente polinización cruzada de ideas, ya que está bastante claro cómo la naturalización de la ética fomenta un intercambio productivo entre disciplinas. Como hemos visto en la sección anterior, la ciencia cognitiva y la psicología moral pueden arrojar luz sobre cómo se forman los juicios morales, influyendo en las teorías éticas sobre el razonamiento moral y la responsabilidad. También creo que este enfoque interdisciplinar aumenta la comprensión holística del fenómeno moral. Al incorporar ideas de múltiples disciplinas, este enfoque fomenta una comprensión más completa de la moralidad, integrando conocimientos sobre la psicología humana, la cultura y la biología.
En breve, las investigaciones en psicología moral y cognitiva muestran que los juicios morales no suelen derivarse de la aplicación consciente de principios ni de un razonamiento puramente deductivo, como asumían proyectos formalistas o idealizados (por ejemplo, el de Kohlberg). Por el contrario, revelan que el pensamiento moral está configurado por una interacción de factores automáticos, emocionales, contextuales e intuitivos junto con la razón. De este modo, cuestionan las concepciones excesivamente racionalistas y ayudan a comprender los límites de nuestra racionalidad, destacando la relevancia de la interdisciplinariedad y de los datos empíricos para entender qué significa ser un agente moral.
¿Cuáles podrían ser las limitaciones de este tipo de proyecto?
Uno de los posibles problemas es la simplificación excesiva de la complejidad moral. Una de las principales críticas es que la naturalización de la ética podría reducir fenómenos morales complejos a meros procesos biológicos o psicológicos, ignorando las ricas dimensiones normativas del razonamiento moral. Incluso si se puede negar que se pueda encontrar una base racional y universal para la ética, esto no implica estrictamente que la racionalidad no tenga ningún papel en la formación del punto de vista ético. Tales investigaciones empíricas no son irreconciliables con la forma en que seguimos describiéndonos a nosotros mismos: como seres capaces de actuar por razones morales. Demuestran que un agente racional no es alguien que solo se mueve por razones, pero no demuestran que un agente racional no pueda moverse por razones. El razonamiento moral explícito o deliberativo puede desempeñar un papel en el juicio moral - un papel correctivo -, ya que figura en la corrección reflexiva de las intuiciones morales. Por ejemplo, se reconoce que tenemos prejuicios raciales implícitos (es decir, intuiciones automáticas) (Kelly et al., 2010Kelly, Daniel, Machery, Edouard, y Mallon, Ron (2010). Race and racial cognition. En John M. Doris y The Moral Psychology Research Group (Eds.), The moral psychology handbook (pp. 433-472). Oxford University Press.; Kelly y Roedder, 2008Kelly, Daniel y Roedder, Erica (2008). Racial cognition and the ethics of implicit bias. Philosophy Compass, 3(3), 522-540. https://doi.org/10.1111/j.1747-9991.2008.00141.x; Madva, 2019Madva, Alex (2019). Social psychology, phenomenology, and the indeterminate content of unreflective racial bias. En Emily S. Lee, (Ed.), Race as phenomena: Between phenomenology and philosophy of race (pp. 87-106). Rowman y Littlefield International.), del mismo modo que tendemos a valorar lo que está cerca de nosotros o a favorecer a los miembros de los grupos a los que pertenecemos, y preferimos a las personas con las que nos identificamos; tenemos una tendencia natural a proteger a los que están cerca y a desatender a los que están lejos, y a sentir empatía por los que están más cerca, como sugiere Singer (Singer, 2011Singer, Peter (2011). The expanding circle: Ethics, evolution, and moral progress. Princeton University Press.) y Paul Bloom (Bloom, 2013Bloom, Paul (2013). Just babies: The origins of good and evil. Random House.), psicólogo, argumenta en la misma línea. A través de sus investigaciones, sobre todo con bebés, Bloom sugiere que los seres humanos nacen con un conjunto básico de instintos o intuiciones morales. Por ejemplo, los estudios con bebés de tan solo seis meses muestran que prefieren a los individuos serviciales a los dañinos, lo que sugiere un sentido innato de la moralidad. Pero aunque Bloom reconoce que estas intuiciones tempranas proporcionan una base para el desarrollo moral, subraya que son limitadas y sesgadas. Por ejemplo, señala que las intuiciones morales pueden ser tribalistas, favoreciendo a los que son como nosotros o forman parte de nuestro grupo, mientras que son hostiles o indiferentes a los de fuera. Según Bloom, este tribalismo innato puede conducir al prejuicio, la discriminación e incluso la crueldad. Así que, en este caso concreto, lo que necesitamos es corregir esas intuiciones inmediatas y naturales. De este modo es posible ver el proceso de educación moral en cierta medida como un proceso de refinamiento y corrección de las intuiciones y considerar los juicios morales como intuiciones racionalmente educadas (Sauer, 2017Sauer, Hanno (2017). Moral judgements as educated intuitions. MIT Press.).
Esto conduce a otro problema o limitación del proyecto de naturalización, que se denomina la brecha normativa, o el llamado ‘is-ought gap’. El proyecto de naturalizar la ética se enfrenta a este reto filosófico clásico, ya que es difícil (si no imposible) derivar afirmaciones éticas normativas (lo que deberíamos hacer) directamente de hechos científicos descriptivos (lo que es el caso). Los datos empíricos por sí solos no pueden decirnos cómo debemos actuar o qué valores debemos defender. Si lo que nos preocupa es la dimensión normativa - es decir, la corrección y justificación de nuestras actitudes desde un punto de vista ético -, el mero hecho de que tengamos algunas intuiciones automáticas, así como el hecho de que sean intuiciones naturales, es irrelevante. Tomando el ejemplo posterior: lo que tenemos que considerar es si debemos tener actitudes racistas, aunque ésta sea nuestra intuición inmediata y natural. Su origen causal no dice nada sobre su justificación. Incluso si somos propensos a aceptar, sobre una base descriptiva, que las fuerzas cognitivas y psicológicas han desempeñado algún papel en la configuración del contenido de las actitudes evaluativas humanas, ¿significa eso que las verdades normativas son reducibles a esas afirmaciones empíricas? El problema es que este tipo de argumentos fusionan en una sola pregunta dos cuestiones separadas y diferentes, siendo la primera: “¿Por qué tenemos las creencias morales que tenemos?”, y la segunda: “¿Por qué pensamos que las creencias morales que tenemos son correctas/justificables?”. Aunque la ética naturalizada puede explicar por qué han evolucionado ciertos comportamientos o normas morales, puede tener dificultades para prescribir cómo debemos vivir o resolver dilemas morales. El aspecto prescriptivo de la ética puede requerir algo más que datos empíricos: puede necesitar una reflexión filosófica que trascienda la explicación científica. Esto significa que existen límites a lo que la ciencia puede explicar sobre la moralidad. Algunos aspectos de la investigación ética, como la naturaleza de la responsabilidad moral o la justificación de los principios morales, pueden quedar fuera del ámbito de la ciencia empírica y requerir planteamientos filosóficos tradicionales.
Esto solo significa que la historia causal no puede sustituir por completo a la historia normativa. Conocer la historia natural que subyace a nuestro comportamiento valorativo es un conocimiento inestimable. De hecho, parece plausible que valoremos cosas distintas si nuestra historia natural fuera otra. Pero señalar la historia de nuestro comportamiento valorativo no es lo mismo que justificarlo. Saber cómo llegamos a adquirir algunas disposiciones o atajos cognitivos que nos permiten pensar de alguna manera no responde a la pregunta de si el robo es moralmente incorrecto. Explicar por qué las cosas que valoramos no son lo mismo que explicar por qué merece la pena valorarlas. Lo que quiero decir es que incluso si estamos de acuerdo en que las capacidades racionales no son lo único que importa para formar un punto de vista moral, este hecho no nos compromete necesariamente con algún tipo de reduccionismo natural.
En pocas palabras, mi conclusión es que el trabajo del filósofo no debe confundirse con el del científico cognitivo, pero el filósofo tendrá que investigar las consecuencias del hecho de que seamos este tipo particular de agente racional (y no el que idealizó como posible). El proyecto de naturalizar la ética como enfoque interdisciplinar es muy valioso por esa intuición: no somos un pensador racional cualquiera, ya que los mecanismos psicológicos que nos caracterizan son fruto de una historia cognitiva y evolutiva específica, por lo que la filosofía moral debe basarse de algún modo en una apreciación de lo que es la naturaleza humana. La naturalización de la ética representa así un importante esfuerzo interdisciplinar que fortalece la filosofía moral al fundamentarla en la investigación empírica y, a pesar de esos desafíos, el proyecto de naturalización sigue siendo un enfoque valioso que amplía nuestra comprensión de la ética al integrar diversas perspectivas tanto de las ciencias como de las humanidades.
La investigación psicológica y cognitiva proporciona datos empíricos que ayudan a aclarar, cuestionar y refinar las teorías filosóficas morales tradicionales. Ayuda a los filósofos a poner a prueba sus hipótesis sobre el razonamiento moral, el juicio y el comportamiento, y les anima a integrar los conocimientos científicos en sus marcos éticos. Al mostrar la complejidad del pensamiento y el comportamiento moral humano ―impulsado tanto por la intuición como por la razón, e influido por la cultura, la emoción y la evolución― estos campos profundizan en los debates filosóficos sobre lo que significa vivir una vida moral.
En este sentido, las conclusiones no solo apuntan a las posibilidades y límites del proyecto de naturalización de la ética en términos abstractos, sino que también permiten vislumbrar aplicaciones concretas en debates éticos contemporáneos. Por ejemplo, los hallazgos de la psicología moral sobre la parcialidad de la empatía y el efecto de víctima identificable ofrecen claves para discutir la justificación de las políticas de ayuda humanitaria y de asignación de recursos sanitarios, donde la exigencia de imparcialidad entra en tensión con nuestras respuestas emocionales. Asimismo, los estudios sobre el impacto de factores situacionales en la conducta prosocial, como el experimento del Buen Samaritano, resultan relevantes para el debate sobre la responsabilidad moral individual en contextos de crisis sociales y ambientales, al mostrar los límites de la autonomía racional clásica. Finalmente, las investigaciones en neurociencia moral que revelan la coexistencia de procesos intuitivos y deliberativos pueden aportar criterios para repensar la educación moral y las estrategias de diseño institucional, reconociendo la interacción entre emociones, intuiciones y razonamiento. Estos ejemplos muestran cómo la integración de las ciencias empíricas en la reflexión filosófica puede contribuir de manera concreta y crítica a la discusión ética actual.
Los/as autores/as de este artículo declaran no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.
Este trabajo está financiado con fondos nacionales a través de la FCT (Fundación para la Ciencia y la Tecnología, I.P.), en el marco del proyecto 2022.08566.CEECIND/CP1725/CT0054, con el DOI https://doi.org/10.54499/2022.08566.CEECIND/CP1725/CT0054.
Susana Cadilha: conceptualización; investigación; redacción – borrador original.
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