Isegoría (72)
enero-junio 2025, 1639
ISSN-L: 1130-2097, eISSN: 1988-8376
https://doi.org/10.3989/isegoria.2025.72.1639

CRÍTICA DE LIBROS

Atreverse a pensar un presente mejor. Reseña de: Alejandro Rojas, La búsqueda de la Atlántida. Filosofía de la historia para comprender nuestro “elevado derecho al futuro”, Salamanca, Sindéresis, 2024

Daring to Think a Better Present. Review of: Alejandro Rojas, La búsqueda de la Atlántida. Filosofía de la historia para comprender nuestro “elevado derecho al futuro”, Salamanca, Sindéresis, 2024

Andrés Ortigosa

Universidad de Sevilla

https://orcid.org/0000-0002-4223-0299

El libro del profesor titular de la Universidad de Málaga, Alejandro Rojas Jiménez, es una obra fuera de lo común. En una Academia donde la normativa del paper cada vez impera más, en la que cada vez encontramos a más autores que esconden sus opiniones detrás de largas citas de célebres filósofos, en definitiva, en un contexto que cada vez invita menos a proponer ideas filosóficas, ahí es donde este libro hace más falta, es decir, en nuestro mundo actual.

Comenzar con semejante semblanza podría parecer algo exagerado. Pero cuando uno ha leído y comprendido el libro se percata de que no. El libro de A. Rojas no es una recopilación de citas para rellenar páginas dando vueltas a una idea, como a veces encuentra uno en editoriales de alto prestigio. No. El libro propone una idea filosófica que, si bien el autor cree que no es del todo original por descubrirla en la filosofía clásica, un lector tiene la opinión contraria. Para ello hay que atender a dos rasgos fundamentales del libro. En primer lugar, el libro cita a otros filósofos, pero a veces puede ser engañoso. Es más, incluso el subtítulo refiere a una expresión del Ecce Homo de Nietzsche. Sin embargo, las citas a otros filósofos son pretextos del autor del libro para pensar sobre aquello que han dicho. No se conforma con exponer, sino que reflexiona sobre lo reflexionado. Eso es filosofar propiamente. En segundo lugar, la propuesta del libro, si bien es cierto que Rojas la rastrea en Platón, en realidad queda muy lejos de Platón, pero no por falta de rigor, sino porque Rojas interpreta la historia llegando hasta prácticamente el mundo actual. Por eso muestra una filosofía propia.

La idea capital del libro está plasmada desde sus primeras páginas. La Atlántida aparece en el Timeo y en el Critias. Lo que aparece entre esos diálogos es la imagen de los atlantes: aquellos que valoraban más la virtud que los bienes materiales, pero que, lamentablemente, se volvieron arrogantes con el tiempo. De ahí que la Atlántida no sea un recuerdo del pasado, al contrario, la Atlántida es la reminiscencia de aquello que debería haber sido (pp. 14-15). Esta explicación de qué es la Atlántida es el eje vertebrador de todo el libro de Rojas. La Atlántida para él no es un relato histórico, sino uno poético sobre la Atenas del futuro. Con ello el libro se propone entonces reivindicar una filosofía de la historia que pueda asumir el compromiso histórico de pensar el futuro incumplido. O como resume Rojas, “en la filosofía de la historia que debemos hacer hoy de lo que se trata es de aprender a pensar lo que debería haber ocurrido. Se trata de mantenernos fieles al mito de la Atlántida, de seguir asumiendo hoy su búsqueda como nuestro destino histórico” (p. 17).

Con este propósito el libro alberga cuatro partes. La primera es La Atlántida como destino. En ella Rojas realiza un repaso por la filosofía griega situando como punto neurálgico la Politeia, ese lugar de lo que debería haber sido. El gran giro de esta parte creo que se sitúa cuando Rojas, exponiendo a Platón, entra a considerar un error en la filosofía de Platón. Para el griego, la sociedad es pensada como eidos. Con ello, Platón piensa en Atenas de una manera muy particular: piensa el futuro como una forma presente que está por llegar. Ahí Platón no se percata de que pensar en una sociedad perfecta no es pensar en una sociedad futura, sino en una sociedad que debería ser (p. 65). La sociedad así pensada no es, como dice el autor, una ficción. Una ficción es algo que nunca ocurrirá, mientras que la Politeia es algo que debería ser y que se irá perfeccionando con el tiempo. Por ejemplo, la sociedad debe ser justa, aunque jamás sea del todo justa en la realidad. Pero no por ello la justicia es una ficción. Trascender la presencia, lo que es —pues nuestro criterio de lo que es suele ser la presentificación—, significa que la Politeia es una realidad metafísica, pues nos habla de una finalidad. Como dice Rojas, "la finalidad no es una cuestión teológica ni física, sino metafísica, porque lo que realmente debe ser nunca es lo que de hecho es" (p. 75). La misión de la filosofía, en este caso, es pensar lo que debería ser.

La segunda parte del libro, La filosofía y su tiempo, comienza señalando los diferentes sentidos del tiempo. La distinción principal es entre el destino y el porvenir. El destino es aquello que siempre es futuro, que nunca está por llegar, pero que hay que pensar. El porvenir, sin embargo, es aquello que verdaderamente llegará. Dicho de otro modo, hay un futuro que nos demanda (destino) y un futuro que está por llegar (porvenir). A juicio de Rojas, con los filósofos modernos ocurre una confusión que es prácticamente una confusión categorial (pp. 106-107) que es la de confundir destino y porvenir, pues Comte, Herder o Voltaire creerán que sus ideas son el destino de la humanidad, su último estadio, y que, en consecuencia, el destino es un porvenir, pues es realizable. Tras recorrer en cinco grupos las etapas de la filosofía de la historia, se concluye que es el tema de la filosofía no es un deber ser de futuro, sino un deber ser de presente. Las cosas, en general, se distinguen del deber ser precisamente porque no son como deben. Mejorarlas, no obstante, no es hacerlas como deben ser: nunca se alcanza ese deber ser. Por eso "mejorar las cosas significa simplemente restituir la falta debida advertida, y esta tarea es infinita" (p. 146).

La tercera parte, El tiempo y su filosofía, es la parte más creativa de Rojas. Primero ha dejado claro los conceptos, luego, como vimos, ha rastreado la historia de la filosofía moderna desde estos conceptos. Ahora pretende pensar la realidad histórica desde estos conceptos, es decir, hacer filosofía. El repaso de Rojas abarca desde Roma hasta la Guerra Fría pensando, continuamente, desde la Politeia, es decir, el destino. Lo que nos muestra esto es el sinsentido de la historia, pues no siempre ocurre lo que debió haber sido. El recorrido no es exhaustivo, pues es imposible, además de no ser la tarea del libro. No obstante, sí que muestra que la historia es en realidad una historia colectiva, pues la hacemos entre todos y aquello que hacemos deja una huella. Al centrarse en los momentos fundamentales es más que suficiente para pensar que la Atlántida, como él mismo dirá, es una historia de sus fracasos: se reviven una y otra vez, cada vez que las cosas siguen siendo de la manera en que no deberían ser.

La cuarta parte, No hay Atlántida sin Anámnesis, consiste en pensar cada vez más el mundo actual desde el concepto griego de anámnesis: recordar lo ideal, aquello que no pasó "si hubiéramos hecho y pensado lo que deberíamos haber hecho y pensado" (p. 203), de modo en que no son nuestras ideas las que proyectamos en el futuro normalmente, sino que en realidad son nuestros recuerdos. Así, en la cuarta parte lo que creo que aborda Rojas con este término es en realidad el futuro humano, que es el proyecto. No obstante, el proyecto es en buena medida nuevamente el estar abierto al destino, a la Politeia. Para ello hay que recordar: presentificar aquello que debió ser, es decir, estar abiertos a poder expresar el mal. Como apunta Rojas (p. 211), mientras la sociedad sea una imitación imperfecta de la Atlántida, la historia deberá seguir siendo narrada, pues en ella seguirá habitando el mal que impide que este mundo sea ideal. No obstante, esto acarrea el peligro de caer en el utopismo político: recordar la Atlántida no quiere decir darle forma a una nueva Atlántida, pues caeríamos en propuestas políticas que nos alejarían de ser filósofos que piensa en lo que les falta a esas sociedades (p. 218). O lo que es lo mismo, volveríamos a caer en el error de Platón. Así, "no se trataría hoy pues de pensar utópicamente en la sociedad perfecta, sino de hacerlo desde la reminiscencia y el recuerdo de lo que a lo largo de esa búsqueda faltó pensar" (p. 230).

En conclusión, el libro de Rojas es una propuesta filosófica propia para una filosofía de la historia en el mundo actual. Su punto de vista es claro desde el inicio, cuenta con argumentos bien elaborados a lo largo de sus páginas. Se nota que es algo que el autor necesitaba decir. Su estilo es magnífico en tanto que es perfectamente legible. Interesará este libro a todo aquel que busque leer algo nuevo en filosofía. Celebremos que por fin algunos filósofos vuelven a atreverse a pensar.