…in the era of the Anthropocene, we need the Enlightenment (i.e., reason) even more than in the past.
(Chakrabarty 2021, p. 34Chakrabarty, Dipesh (2021). The Climate of History in a Planetary Age. The University of Chicago Press.
)
1. De lo global a lo planetario, y viceversa
⌅Ya
se le llame Antropoceno, Chthuluceno, Capitaloceno, Plantacionoceno o
Humanósfera, ya se le considere una nueva época geológica1 El 21 de marzo de 2024, la International Union of Geological Sciences y
la International Commission on Stratigraphy (ICS) aprobaron el voto de
la Subcommission on Quaternary Stratigraphy de la ICS que rechaza la
propuesta de una Época del Antropoceno como unidad formal de la escala
de tiempo geológico (véase el sitio web oficial: https://stratigraphy.org/news/152). No obstante, la ICS y la IUGS reconocen el valor del término como descriptor del impacto humano en el sistema terrestre. o una mero instrumento epistémico (Arias-Maldonado 2019, p. 50Arias-Maldonado,
Manuel (2019). The “Anthropocene” in Philosophy: The Neo-material Turn
and the Question of Nature. En Frank Biermann y Eva Lövbrand (Eds.), Anthropocene Encounters: New Directions in Green Political Thinking (pp. 25-49). Cambridge University Press.
),
es difícil negar que nos encontramos en un momento de la historia de la
humanidad y del planeta Tierra que se caracteriza por un nuevo
“entrelazamiento socio-natural” (Arias-Maldonado 2019, p. 51Arias-Maldonado,
Manuel (2019). The “Anthropocene” in Philosophy: The Neo-material Turn
and the Question of Nature. En Frank Biermann y Eva Lövbrand (Eds.), Anthropocene Encounters: New Directions in Green Political Thinking (pp. 25-49). Cambridge University Press.
) que exige repensar nuestra manera de “seguir con el problema” (Haraway 2016Haraway, D.J. (2016). Staying with the Trouble. Making kin in the Chthulucene. Duke University Press.
) o “permanecer en el presente”.2 Chakrabarty (2023, pp. 71 y ss.), utiliza la expresión para responder indirectamente a Haraway (2016) haciendo hincapié en la importancia de encontrar una manera ―no
necesariamente utópica o postapocalíptica― de responder a la pregunta
“¿qué hay que hacer?” (esta y todas las demás citas han sido traducidas
por la suscrita autora). Nótese que encontrar proactivamente una
respuesta a esta pregunta es una tarea exclusivamente humana (Chakrabarty 2023, p. 17). Frente a una modernidad fundada en la distinción entre lo humano y lo natural, surge un sentimiento de desorientación (Chakrabarty 2023, p. 70Chakrabarty, Dipesh (2023). One Planet, Many Worlds. The Climate Parallax. Brandeis University Press.
)
al interior de una humanidad que se redescubre a sí misma como agente
geológico capaz de impactar en el planeta a escalas antes impensables.3 Chakrabarty (2021, pp. 30s) señala cómo esto es el resultado del crecimiento de la población y el desarrollo tecnológico. Haraway (2016, p. 99),
se pregunta sobre cuándo un cambio de grado se convierte en un cambio
de cualidad (cuando deja de ser biológico para convertirse en geológico)
(Chakrabarty 2021, p. 31)
y propone concebir el Antropoceno como un momento de ruptura provocado
por los efectos bioculturales, biotecnológicos y biopolíticos (99) de la
acción humana que han destruido “lugares y momentos de refugio para personas y otros animales” (100). La autora se muestra muy crítica ―y enfadada (Haraway et al., 2016)―
con el uso del término Antropoceno, por considerarlo incapaz de dar
cuenta de que el mundo contemporáneo no es un producto exclusivamente
humano ―“un acto de la especie humana” (539)―, sino el resultado de la interacción entre millones de criaturas diferentes. Como muestran los datos, la civilización moderna está alterando el
funcionamiento mismo de la Tierra, hasta el punto de que los humanos no
somos “espectadores de nuestro propio ahogamiento” (Savransky 2021, p. 270Savransky, Martin (2021). After progress: Notes for an ecology of perhaps. En Ephemera. Theory Politics in Organization, 21, 267–281.
) ni “meros espectadores de un drama natural al que nos adaptamos” (Biermann y Lövbrand, 2019, p. 1Biermann,
Frank y Lövbrand, Eva (2019). Encountering the “Anthropocene”: Setting
the Scene. En Frank Biermann y Eva Lövbrand (Eds.), Anthropocene Encounters New Directions in Green Political Thinking (pp. 1-22). Cambridge University Press.
).
La humanidad ha aprendido a influir en el planeta a través de
decisiones y acciones colectivas “impersonales e inconscientes” (Chakrabarty 2021, p. 3Chakrabarty, Dipesh (2021). The Climate of History in a Planetary Age. The University of Chicago Press.
) a una escala sin precedentes. Por lo tanto la filosofía y la política4Véase Price y Preite (2023) para una reconstrucción de algunas de las respuestas
político-filosóficas, ético-jurídicas y socio-antropológicas que se han
propuesto. asumen un papel abiertamente ecológico (Kelly 2019, p. 2Kelly, Ducan, (2019). Politics and the Anthropocene. Polity Press.
)
y, al mismo tiempo, la ecología asume un papel abiertamente político y,
con ella, todas las ciencias naturales —ya sean las ciencias del clima o
del sistema terrestre, la geología o la oceanografía— se vuelven
abiertamente políticas.
La relación entre las ciencias naturales,
la tecnología, la filosofía y la política siempre ha sido relevante: al
igual que para el Homo neanderthalensis la gestión de los
recursos naturales del lugar de asentamiento era una cuestión política, o
un cambio en las precipitaciones estaba cargado de importantes
implicaciones políticas para las decisiones de la comunidad, es difícil
imaginar la rápida expansión de las democracias representativas
contemporáneas sin el acceso a los recursos energéticos (del carbón al
petróleo y más allá).5Fundamental, como señala Kelly (2019, p. 13),
para la creación de los sistemas de comunicación y transporte y otras
infraestructuras necesarias para gestionar el funcionamiento de las
instituciones democráticas contemporáneas. Para
comprender plenamente el cambio contemporáneo en estas interacciones es,
de hecho, necesario detenerse un poco más en los detalles de la
cuestión. A los efectos resulta útil la distinción propuesta por Chakrabarty (2021 y 2023)Chakrabarty, Dipesh (2021). The Climate of History in a Planetary Age. The University of Chicago Press.
entre la dimensión planetaria y la dimensión global.
Cada dimensión actúa como un instrumento para leer el presente y el
pasado a través de elementos diferentes —aunque interactuantes— que
permiten analizar de forma específica cuestiones que de otro modo
podrían confundirse y superponerse, perdiendo su profundidad y
relevancia. La dimensión planetaria se encarna en una “nueva entidad
histórico-filosófica llamada planeta” (Chakrabarty 2021, p. 3Chakrabarty, Dipesh (2021). The Climate of History in a Planetary Age. The University of Chicago Press.
),
que representa a todo el sistema terrestre y se distingue de la
dimensión global que, en cambio, representa una “construcción
humanocéntrica” (Chakrabarty 2021, p. 4Chakrabarty, Dipesh (2021). The Climate of History in a Planetary Age. The University of Chicago Press.
).
Las dos categorías están conectadas e interactúan entre sí
continuamente, pero tienen horizontes diferentes. La dimensión
planetaria es un todo, un unicum, que se refiere a la historia
natural del planeta, con sus escalas temporales geológicas y su
evolución natural, mientras que la dimensión global concierne a la
(breve) historia humana y su evolución entre capitalismo, imperialismo y
colonización.
La dimensión global contempla muchos mundos,
culturas e historias y debe abordarse teniendo en cuenta las diferencias
entre países, economías, pueblos, colores y géneros y similares
—pudiendo por ejemplo mostrar el “impacto racializado del cambio
climático” (Yusoff, 2018, p. 3Yusoff, Kathryn (2018). A Billion Black Anthropocenes or None. University of Minnesota Press.
).
Esta es intrínsecamente política y plural porque concierne a la
humanidad en su interacción consigo misma, a través de su propia
historia. Esta dimensión difícilmente puede ser incorporada en la idea
del Antropoceno, pues este “proclama el lenguaje de la vida de las
especies —anthropos— a través de un procomún geológico
universalista, (...) borra limpiamente las historias de racismo que
fueron incubadas a través de la estructura reguladora de las relaciones
geológicas” (Yusoff, 2018, p. 2Yusoff, Kathryn (2018). A Billion Black Anthropocenes or None. University of Minnesota Press.
). En la dimensión planetaria, al contrario, lo global (del calentamiento global, por ejemplo) se refiere al sistema terrestre como un “constructo científico abstracto” (Chakrabarty 2021, p. 11Chakrabarty, Dipesh (2021). The Climate of History in a Planetary Age. The University of Chicago Press.
) que requiere de la Ciencia del Sistema Terrestre (Chakrabarty 2021, p. 1Chakrabarty, Dipesh (2021). The Climate of History in a Planetary Age. The University of Chicago Press.
)
y otras disciplinas científicas para ser plenamente comprendido. Su
estudio permite comprender las causas y consecuencias de la crisis
medioambiental. La humanidad se provincializa y se reduce a uno
de los tantos agentes biológicos y geológicos presentes a lo largo de
los cientos de años del planeta: su comportamiento se analiza, se
comprende y se relata como parte de la historia natural de la Tierra y
no como un elemento que la distingue y se separa de ella. La separación
entre lo planetario y lo global permite descartar el uso de términos
homogeneizantes, como el Antropoceno, para hablar de responsabilidades
políticas y formas de avanzar, al tiempo que permite a la ciencia (ya
sea la Ciencia del Sistema Tierra, la geología, la climatología y
similares) centrarse en el conjunto del planeta.
La reciente capacidad de impacto geológico del ser humano (ya sea en forma de la Gran Aceleración o en otros momentos de la historia global —Steffen et al. 2015Steffen,
Will, Broadgate, Wendy, Deutsch, Lisa, Gaffney, Owen y Ludwig, Cornelia
(2015). The Trajectory of the Anthropocene: The Great Acceleration. Anthropocene Review, 2(1), 81-98.
; Subcomisión de Estratigrafía del Cuaternario 2019Subcommission on Quaternary Stratigraphy (2019). Working Group on the Anthropocene, available online at http://quaternary.stratigraphy.org/working-groups/anthropocene/.
) lo ha convertido en un actor relevante (pero no protagonista — Chakrabarty 2021, p. 78Chakrabarty, Dipesh (2021). The Climate of History in a Planetary Age. The University of Chicago Press.
)
ya no solo para la historia global, sino también para la planetaria.
Para entender esta interacción es necesario, por tanto, combinar las
herramientas, escalas de análisis y datos de la historia natural con las
herramientas, escalas de análisis, datos e implicaciones políticas de
lo global. De esta interacción de nueva relevancia y actualmente
ineludible surge la necesidad de cuestionar la relación entre la
filosofía y las ciencias naturales para orientarnos mejor en la relación
entre la dimensión política y la capacidad transformada del ser humano
para influir en lo planetario. En palabras de Chakrabarty (2023, p. 1)Chakrabarty, Dipesh (2023). One Planet, Many Worlds. The Climate Parallax. Brandeis University Press.
,
este nuevo entrelazamiento entre las dimensiones planetaria y global de
la historia nos obliga a repensar “¿qué significó para las humanidades
comprometerse con [la Ciencia del Sistema Tierra]?” (Chakrabarty 2023, p. 1Chakrabarty, Dipesh (2023). One Planet, Many Worlds. The Climate Parallax. Brandeis University Press.
).
Este
artículo, sin pretensiones de exhaustividad, analizará algunas de las
propuestas filosóficas generadas para responder a la necesidad de
cambiar la relación y el marco de interpretación entre la humanidad y el
planeta Tierra ante la necesidad de dotarse de herramientas adecuadas
para responder a la pregunta “¿qué hay que hacer?” (Chakrabarty 2023, p. 17Chakrabarty, Dipesh (2023). One Planet, Many Worlds. The Climate Parallax. Brandeis University Press.
). Partiendo de los escritos de James Lovelock que describen la Tierra como un único organismo —Gaia— y avanzando desde la Ética de la Tierra de Aldo Leopold, el artículo examinará tres teorías que proponen
cambios en el paradigma de la relación entre la filosofía, la política,
el derecho y las ciencias naturales: la Integridad Ecológica, la
Jurisprudencia de la Tierra y la Ecología del Derecho. Las tres fueron
seleccionadas no porque representen toda la plétora de fundamentos y
modus operandi de las actuales teorías filosófica del cambio ambiental,
ni porque sean las más importantes (aunque las dos primeras tienen una
resonancia muy grande en el debate actual), sino porque responden a la
necesidad de cambio proponiendo un giro específico. Sugieren el uso de
las ciencias naturales como guías incuestionables para no simplemente
fundamentar las decisiones políticas y jurídicas —es decir, inspirar la
toma de decisiones basadas en la ciencia—, sino más bien para dar
respuestas aparentemente apolíticas, ocultando decisiones políticas
basadas en valores bajo un velo de neutralidad científica. Tras repasar
concisamente la relación entre la filosofía y las ciencias naturales, se
presentarán las tres teorías y, a continuación, se procederá a una
breve crítica de sus rasgos comunes6Una
crítica de cada una de las teorías por separado quedaría fuera del
alcance del presente artículo, que se interesa por ellas no
singularmente, sino porque representan ―en conjunto― un enfoque
específico de la cuestión..
2. ¿Quién cree en la ciencia?
⌅Antes
de pasar al análisis de las tres teorías, conviene detenerse brevemente
en la percepción de las ciencias naturales y la tecnología y en cómo
han cambiado drásticamente a lo largo del tiempo, respondiendo a la
evolución tanto de las ciencias naturales como de las filosofías. Los
descubrimientos científicos de la Ilustración y la elaboración del
método científico trajeron consigo la exaltación de las ciencias
naturales como medio para que la razón escapara del dominio del mito y
la magia. Con esta celebración surgió la pregunta de qué le quedaría a
la filosofía por ocuparse, ya que los métodos empíricos parecían
ocuparse de todas las entidades menos de las inexistentes (Gutting, 2005, p. 1Gutting, Gary (2005). Introduction: What Is Continental Philosophy of Science? En Gary Gutting (Ed.), Continental Philosophy of Science (pp. 1-16). Blackwell Publishing.
). El realismo científico (cf. Chakravartty, 2017Chakravartty, Anjan 2017. Scientific Realism. En Edward N. Zalta (Ed.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Metaphysics Research Lab, Stanford University.
)
o naturismo han descrito a la naturaleza como una entidad objetiva,
conocible a través de la observación y la experiencia: la naturaleza
surge como un conjunto de mecanismos extraordinarios y complejos, pero
predecibles y sin un fin o propósito. Las ciencias naturales y el método
científico aparecen así como generadores de predicciones y certezas. El
miedo a lo incierto se radicaliza en la ilusión de haberlo vencido para siempre (Horkheimer y Adorno 1949/2010, p. 22Horkheimer, Max y Adorno, Theodor W. (2010). Dialettica dell’illuminismo, Einaudi [Dialektik der Aufklärung. Philosophische Fragmente. Institute for Social Research]. (Original publicado en 1949)
)
y las ciencias naturales se elevan incuestionablemente a la “forma
preeminente de creación de conocimiento” cuyos contenidos se presentan
como absolutos y universales (Collins y Evans, 2017, p. 9Collins, Harry y Evans, Robert (2017). Why Democracies Need Science. Polity Press.
).
Los llamados empiristas o positivistas consideraban que la ciencia era
la única generadora real de conocimiento y la labor filosófica quedaba
para recoger las migajas (Gutting, 2005, p. 1Gutting, Gary (2005). Introduction: What Is Continental Philosophy of Science? En Gary Gutting (Ed.), Continental Philosophy of Science (pp. 1-16). Blackwell Publishing.
).
Los productos de la investigación científica son correctos, sin
vacilación, y no requieren explicaciones o argumentos sociales (Gutting, 2005, p. 10Gutting, Gary (2005). Introduction: What Is Continental Philosophy of Science? En Gary Gutting (Ed.), Continental Philosophy of Science (pp. 1-16). Blackwell Publishing.
).
Pero
las predicciones y teorías científicas se utilizaban también para
explicar y justificar la dominación sobre la naturaleza y los pueblos
descritos como científicamente inferiores, menos humanos (Bazzicalupo, 2023, p. 471Bazzicalupo, Laura (2023). Natura e politica. Il potere dei saperi: dal certo all’indeterminato. Filosofia Politica, 3, 465-482.
).
De modo que la ciencia —aunque separada del ámbito de la reflexión
filosófica— no podía mantenerse propiamente al margen de las empresas
políticas y proporcionaba respuestas que invadían la dimensión política.
“La ciencia conoce, la ciencia prescribe, la técnica pone en
funcionamiento” (Bazzicalupo, 2023, p. 471Bazzicalupo, Laura (2023). Natura e politica. Il potere dei saperi: dal certo all’indeterminato. Filosofia Politica, 3, 465-482.
) y también hace política mediante técnicas de gobierno del mercado, de las fábricas y de las “relaciones entre sexos, razas y pueblos” (Bazzicalupo, 2023, p. 472Bazzicalupo, Laura (2023). Natura e politica. Il potere dei saperi: dal certo all’indeterminato. Filosofia Politica, 3, 465-482.
). En consecuencia, la ciencia hizo política, pero sin presentarse como tal, eludiendo la contención política (Bazzicalupo, 2023, p. 472Bazzicalupo, Laura (2023). Natura e politica. Il potere dei saperi: dal certo all’indeterminato. Filosofia Politica, 3, 465-482.
) y ocultándose bajo al velo de certeza y objetividad que la envuelve.
A
partir de la primera mitad del siglo XX, los inconvenientes de esta
retórica de la certeza y la universalidad empezaron a ser cuestionados y
desvelados por el surgimiento de la filosofía neokantiana y su
desarrollo en el seno de la Escuela de Fráncfort (Gutting, 2005, p. 2Gutting, Gary (2005). Introduction: What Is Continental Philosophy of Science? En Gary Gutting (Ed.), Continental Philosophy of Science (pp. 1-16). Blackwell Publishing.
).
Toma cuerpo la tesis —constructivista— según la cual los relatos
—científicos, históricos y de cualquier otra índole— están
necesariamente influidos por el contexto social en el que emergen (Collins y Evans, 2017, p. 10Collins, Harry y Evans, Robert (2017). Why Democracies Need Science. Polity Press.
):
ya no se cree plenamente en la posibilidad de conocer la realidad y la
naturaleza a través del método científico, porque este —como cualquier
otro proceso de descubrimiento— está inexorablemente influido por la
perspectiva (construcciones sociales, biología, religión, ideología) del
sujeto observador (Keller y Golley, 2000, p. 1Keller, David R. y Golley Frank B. (2000). The Philosophy of Ecology. From Science to Synthesis. University of Georgia Press.
).
Se reveló que las prácticas del discurso y de la materia estaban
presentes en la investigación científica, y negar su influencia en los
relatos científicos quedó finalmente al descubierto como una forma de
ocultar las dinámicas de poder (Piasentier, 2024, p. 7Piasentier, Marco (2024). Politica, natura e normatività. Saggi di filosofia e Teoria critica. Mimesis.
). También se desveló cómo el aumento de la productividad económica, energética y militar hizo que los grupos más eficientes sean desproporcionadamente superiores a los demás7 Horkheimer y Adorno, 1949/2010, p. 6; Williams, 2002, p. 4. En el escenario distópico imaginado por Huxley en The brave new world (1932),
la búsqueda de la máxima eficiencia llega hasta el punto de programar
biológicamente a las personas para hacerlas más adecuadas al papel
social (y productivo) que desempeñan.: “en la imparcialidad del lenguaje científico los impotentes [pierden] por completo el poder de expresarse” (Horkheimer y Adorno, 1949/2010, p. 30Horkheimer, Max y Adorno, Theodor W. (2010). Dialettica dell’illuminismo, Einaudi [Dialektik der Aufklärung. Philosophische Fragmente. Institute for Social Research]. (Original publicado en 1949)
).
La destrucción causada por los fascismos y las bombas atómicas, ambos
encendidos por un fuego universalista y un deseo de dominar la
naturaleza (humana o no) (Collins y Evans, 2017, p. 23Collins, Harry y Evans, Robert (2007). Rethinking Expertise. The University of Chicago Press.
),
obligaron a reflexionar sobre la deriva autodestructiva de una fe
ilustrada traidora a sí misma y presa (o depredadora) de masas sin forma
propensas a la paranoia racista.8 Horkheimer y Adorno, 1949/2010, p. 5.
En la versión original: “völkisch”. En la versión italiana traducido
como “popular” y, en nota a pie de página, como “racista”.
La búsqueda —a veces obsesiva— de la certeza se convirtió en sospecha y desconfianza (Williams 2002, p. 1Williams, Bernard (2002). Truth and Truthfulness. Princeton University Press.
).
Poco a poco se fueron desvelando relatos históricos parciales,
ensimismados e ideológicos —como los que describían los procesos de
colonización como la realización de una superioridad moral9 Collins y Evans, 2017, p. 3:
“La constatación de que el sentimiento de superioridad moral era a
menudo un disfraz de la explotación de los pueblos colonizados, y ahora
el temor de que la explotación de los recursos naturales de la Tierra
ponga en peligro nuestro futuro colectivo, nos hacen cuestionar lo que
tradicionalmente hemos considerado progreso”.— y se
cuestionaron supuestas verdades científicas —como las relativas a la
existencia de razas humanas y sus supuestas jerarquías—. El
reconocimiento de la existencia de la influencia de las fuerzas sociales
en la búsqueda del conocimiento (Williams 2002, p. 3Williams, Bernard (2002). Truth and Truthfulness. Princeton University Press.
)
desplegó un velo de escepticismo sobre las ciencias naturales, a las
que no pocas veces se imponeros herramientas de validación propias de
las ciencias sociales, hasta el punto de negar el papel epistémico de la
propia ciencia (Williams 2002, p. 3Williams, Bernard (2002). Truth and Truthfulness. Princeton University Press.
). Las predicciones fueron descubiertas como mitos en sí mismas (Horkheimer y Adorno, 1949/2010, p. 20Horkheimer, Max y Adorno, Theodor W. (2010). Dialettica dell’illuminismo, Einaudi [Dialektik der Aufklärung. Philosophische Fragmente. Institute for Social Research]. (Original publicado en 1949)
)
y la negación de la ciencia como indispensable para la conquista del
conocimiento fue acompañada de la insinuación de una crisis de la propia
ciencia (Horkheimer, Adorno, 1949/2010, p. 3Horkheimer, Max y Adorno, Theodor W. (2010). Dialettica dell’illuminismo, Einaudi [Dialektik der Aufklärung. Philosophische Fragmente. Institute for Social Research]. (Original publicado en 1949)
).
En la Escuela de Fráncfort se compartía la idea de que “se podía
obtener tanto conocimiento sobre la condición de la vida social a través
de una crítica de la ciencia como por los medios empíricos de la
investigación social” (Honneth, 2005, p. 295Honneth, Alex (2005). Bisected Rationality: The Frankfurt School’s Critique of Science. En Gary Gutting (Ed.), Continental Philosophy of Science (pp. 295–309). Blackwell Publishing.
).
Mientras los filósofos comenzaron a pretender comprender la ciencia
observando su mera superficie, —“al igual que los colonialistas y los
antropólogos victorianos se decían capaces de comprender el mundo de los
nativos sin experiencias directas” (Collins y Evans, 2017, p. 6Collins, Harry y Evans, Robert (2017). Why Democracies Need Science. Polity Press.
)
—, por lo que se difundió “la notable suposición de que la sociología
del conocimiento está en mejores condiciones para entregar la verdad
sobre la ciencia, que la ciencia para entregar la verdad sobre el mundo”
(Williams, 2002, p. 3Williams, Bernard (2002). Truth and Truthfulness. Princeton University Press.
).
Si, de hecho, la historia no puede contrastarse con la búsqueda de
hechos históricos y si los resultados de la investigación científica no
pueden contradecirse a través del método científico, no puede lograrse
ninguna aproximación a la verdad. La denuncia de cualquier canon
interpretativo, de cualquier investigación, de cualquier premisa o
pregunta de investigación como imposición ideológica se convirtió en el
abandono de un conocimiento dictado únicamente por el poder (Williams, 2002, p. 8Williams, Bernard (2002). Truth and Truthfulness. Princeton University Press.
).
Esta
actitud de desconfianza no ha supuesto la desaparición de la actitud
contraria. Simplemente ha dado lugar a una distribución más heterogénea
de las representaciones y los conocimientos científicos. Hoy en día,
ante el aumento de la percepción y el miedo a los desafíos
medioambientales, asistimos a una doble tendencia. Por un lado, el
análisis posmodernista y posestructuralista de la filosofía, que pone en
duda la existencia misma de la verdad (Williams, 2002, pp. 1 y ss.Williams, Bernard (2002). Truth and Truthfulness. Princeton University Press.
)
(científica, histórica o de otro tipo) y conduce a rendirse a coqueteos
románticos con la sabiduría popular, a retornos al naturalismo, a
extravagantes confianzas en el instinto y la intuición, y a una mayor
desconfianza en la tecnocracia y en la demanda de participación de “no
expertos” en los procedimientos de toma de decisiones. En el otro lado,
observamos lo que queda de una creencia acrítica en que la ciencia y la
tecnología resolverán las crisis contemporáneas proporcionándonos las
herramientas, así como los principios, valores y creencias apolíticos
(que, por naturales, serán ecológicos) necesarios para responder a la
pregunta de “qué hay que hacer”.
Como consecuencia de las dos caras de la moneda, la ciencia y la tecnología adquieren un aspecto esquizofrénico (Haraway et al., 2016, p. 535Haraway,
Donna J., Ishikawa, Noboru, Gilbert, Scott F., Olwig, Kenneth, Tsing,
Anna L. y Bubandt, Nils (2016). Anthropologists Are Talking About the
Anthropocene. Ethnos, 81(3), 535-564.
):
son portadoras de una promesa de regeneración que salvará a la humanidad
y al planeta, pero también son la causa de la actual crisis
medioambiental que fomenta una visión mecanicista y antropocéntrica de
la naturaleza que promueve su dominación y explotación.
Paradójicamente,
tanto la ilusión en la suficiencia total de la sola investigación
científica, como el retorno a la sabiduría popular romántica y a los
instintos viscerales, operan a través de la superposición de niveles
separados, aplastando la ciencia sobre la política y viceversa. En ambos
casos, el mayor riesgo parece ser el de la eliminación de la separación
(de poderes y niveles de análisis) entre ciencia y política (Collins y Evans, 2017, p. 7Collins, Harry y Evans, Robert (2017). Why Democracies Need Science. Polity Press.
),
entre lo planetario y lo global: una separación que es esencial tanto
para permitir que la ciencia siga actuando con la libertad y el rigor
que necesita, como para permitir que las cuestiones políticas y
filosóficas se traten con herramientas políticas científicamente
fundamentadas, pero no científicamente determinadas.
3. Y así, llegó la crisis
⌅La
separación de ámbitos -pero no de acción- de la ciencia y la política,
se ha visto hoy infiltrada por la retórica del Antropoceno que yuxtapone
la (supuesta) crisis de la Ilustración a la (supuesta o real) crisis10El
uso de este término para referirse al estado actual del ambiente está
muy extendido y a menudo no se problematiza. De hecho, parece ―como
señalan Price y Preite (2023, p. 25)―
paradójico percibir la degradación ambiental como una emergencia, una
ruptura de la normalidad, dado que sus orígenes y consecuencias son
conocidos y evidentes desde hace tiempo. del ecosistema terrestre. De hecho, la idea del Antropoceno se incardina en la retórica de la crisis ambiental (Fremaux, 2019, cap. 5Fremaux, Anne, (2019). After the Anthropocene: Green Republicanism in a Post-Capitalist World. Palgrave Macmillan.
).
La crisis (real o imaginaria) remite a la idea de algo breve o
inmediato que necesita —y solo puede resolverse— mediante soluciones y
acciones rápidas y oportunas. La falta de tiempo para actuar, o el
apocalipsis inminente, mueven el discurso en busca de respuestas fáciles
e inequívocas porque:
si
a los seres humanos se les ha acabado el tiempo para abordar el cambio
climático antropogénico de forma convencional, entonces, quizás,
necesitamos una mezcla de gobierno autoritario y tecnocrático para
resolver básicamente los problemas sobre los que, colectivamente, somos
incapaces de acordar un curso de acción (Kelly 2019, p. 16Kelly, Ducan, (2019). Politics and the Anthropocene. Polity Press.
).
Así,
el gobierno autoritario y tecnocrático surge como necesario para
sustituir las confrontaciones políticas, que consumen mucho tiempo,
proponiendo, rápidas y seguras, soluciones tecnocráticas.11Véase, por ejemplo, la propuesta de E.O. Wilson (2016) de convertir la mitad de la Tierra en una reserva natural para salvar
la biodiversidad. Esta propuesta ―que ha tenido mucho éxito― se presenta
como una cuestión exclusivamente técnica cuya evaluación puede dejarse
enteramente en manos de la ciencia de la conservación. El autor pasa por
alto las importantes implicaciones políticas que tendría, como la
presencia de pueblos indígenas en muchas de las tierras que deberían
designarse como protegidas. Este camino conlleva los
riesgos de dejar únicamente en manos del análisis científico, presentado
como natural y neutral, cuestiones que requerirían también profundas
reflexiones filosóficas y políticas (Baskin, 2019, p. 151Baskin,
Jeremy (2019). Global Justice and the Anthropocene: Reproducing a
Development Story. En Frank Biermann y Eva Lövbrand (Eds.), Anthropocene Encounters: New Directions in Green Political Thinking (pp. 150-168). Cambridge University Press.
), con el riesgo añadido de:
utilizar el pretexto de la emergencia ecológica planetaria para promover arreglos tecnológicos como la geoingeniería, [(...)] para eludir las instituciones democráticas, al apoyar modos tecnocráticos de base científica para la toma de decisiones y la gobernanza.12 Fremaux, 2019, p. 16. Véase también, Honnacker, 2020, p. 6.
Aunque probablemente sean más rápidas y lleven menos
tiempo, las soluciones científicas y tecnocráticas podrían parecer
únicamente descriptivas y aparentemente apolíticas (Robbins, 2020, pp. 11-14Robbins, Paul (2020). Political Ecology. A Critical Introduction. Wiley.
)
pero ponderan las causas y sugieren cursos de acción que contienen un
núcleo normativo. Tratan de valores, principios e intereses que se
aplican a través de instituciones y relaciones de poder.13Un
ejemplo claro del carácter político de una descripción ecológica
(aparentemente a-política) es la teoría de Malthus sobre la dinámica de
la población (cf. Robbins 2020, p. 14). Se trata de cuestiones que parecen referirse exclusivamente a piedras,
plantas y animales, porcentajes y grados centígrados pero que tienen
implicaciones éticas, tanto en lo que respecta a las responsabilidades
como a las formas de actuar. Por ejemplo, promueven “más gestión
económica del planeta, más tecnologías intrusivas, o más
artificialización” (Fremaux, 2019, cap. 8Fremaux, Anne, (2019). After the Anthropocene: Green Republicanism in a Post-Capitalist World. Palgrave Macmillan.
) ,14Como señala Bazzicalupo, 2023, p. 466,
la reacción a la inquietud ante el descubrimiento de la indeterminación
del conocimiento y de la naturaleza adopta la forma de la “clásica
respuesta moderna: más certeza, más técnica, más control”. y formas de cambio ancladas al capitalismo verde y la economía verde (Fremaux, 2019, p. 19Fremaux, Anne, (2019). After the Anthropocene: Green Republicanism in a Post-Capitalist World. Palgrave Macmillan.
), el de-linking, el desarrollo sostenible o el crecimiento azul, al mismo tiempo que suprimen la decisión política de caminar hacia otras alternativas, como las que proponen el postdesarrollo15El posdesarrollo y otras alternativas al desarrollo proponen vías innovadoras radicales
mediante el abandono de las soluciones tecnocráticas y basadas en el
mercado y el redescubrimiento de la cultura y los conocimientos locales (Escobar, 2006). y el postcapitalismo16Véanse, por ejemplo, las propuestas de Fremaux, 2019, cap. 5 y 6; véase también Kothari, et al., 2019. o fabulaciones más alternativas como las Comunidades de Compost imaginadas por Haraway (2016, pp. 168 y ss.)Haraway, D.J. (2016). Staying with the Trouble. Making kin in the Chthulucene. Duke University Press.
.
Ajustar las diferencias entre Estados, personas y pueblos para entregarse a soluciones técnicas —como la mera ingeniería climática (Chakrabarty, 2023, p. 17Chakrabarty, Dipesh (2023). One Planet, Many Worlds. The Climate Parallax. Brandeis University Press.
)—
tiene como resultado el colapso de las cuestiones globales (es decir,
cuestiones que giran en torno a lo humano, abordan la política y el
derecho, y trascienden países, géneros, colores y estados) sobre las
planetarias (que se basan en la descripción científica del planeta y su
funcionamiento). La necesidad y la urgencia de abordar la dimensión
planetaria oscurece, por ejemplo, la importancia de abordar también cuestiones de justicia climática (Chakrabarty, 2023, p. 99Chakrabarty, Dipesh (2023). One Planet, Many Worlds. The Climate Parallax. Brandeis University Press.
).
Si “el conocimiento científico formula sus diagnósticos y predicciones”
que se utilizan para decir que “la única respuesta posible es una
regulación tecno-política eficiente del ambiente” hay menos “espacio
para una crítica que cuestione los poderes implicados y los sujetos
sociales, que están expuestos al riesgo de manera muy desigual” (Bazzicalupo, 2023, p. 465Bazzicalupo, Laura (2023). Natura e politica. Il potere dei saperi: dal certo all’indeterminato. Filosofia Politica, 3, 465-482.
). Un discurso político —que se refiere a lo global, no a lo planetario— se oculta tras un velo de aparente cientificidad.
En el discurso y el tiempo de la crisis del Antropoceno, las ciencias naturales corren así el riesgo de asumir un papel que tiende a ir más allá de lo que justifican sus interpretaciones descriptivas y a traspasar la propuesta de consideraciones y soluciones que tradicionalmente conciernen a las esferas de la política y la ética, olvidando que:
Tratar
de extraer lecciones éticas o morales de nuestra nueva comprensión del
sistema Tierra (...) es tratar de poner al alcance de lo global (el
dominio de las formas y las cláusulas y, por tanto, de lo político) lo
planetario, que no solo supera la escala de lo humano, sino que además
(...) no tiene nada de moral, ético o normativo (Chakrabarty 2021, p. 90Chakrabarty, Dipesh (2021). The Climate of History in a Planetary Age. The University of Chicago Press.
).
4. En busca de respuestas
⌅Curiosamente, frente a la retórica de la crisis medioambiental, la visión esquizofrénica actual de la ciencia y la tecnología (Haraway et al., 2016, p. 535Haraway,
Donna J., Ishikawa, Noboru, Gilbert, Scott F., Olwig, Kenneth, Tsing,
Anna L. y Bubandt, Nils (2016). Anthropologists Are Talking About the
Anthropocene. Ethnos, 81(3), 535-564.
)
también ha llevado a algunos filósofos a recurrir a las ciencias
naturales en busca de (la apariencia de) certezas que puedan guiar la
acción humana. Si bien persiste la tendencia al uso aparentemente
apolítico de las ciencias naturales para aportar soluciones (como
arreglos tecnológicos/tecnofixes) a la llamada crisis ambiental,
esta va acompañada del recurso a las ciencias naturales como lugar para
la búsqueda de soluciones normativas sin reconocerlas como tales, sino
ocultándolas bajo un velo científico: presentándolas como apolíticas y,
por tanto, sin necesidad de escrutinio filosófico. La ecología,
las ciencias de la tierra y la climatología son llamadas a proporcionar
directivas, principios de acción, normas y reglas de conducta y de
resolución de conflictos mucho más allá de su papel fundamental como
base científica de las decisiones políticas. Se presentan como
respuestas prefabricadas a la pregunta “¿qué hay que hacer?”, la cuales
son correctas, justas y buenas en la medida en que son científicas.
Estas teorías —tres de las cuales se analizan aquí— se refieren a la ciencia como fuente de lo normativo, como guía de la acción humana: no solo como base para entender cómo funciona la naturaleza, sino también para deducir cómo debemos relacionarnos con ella. Lo hacen de un modo nuevo, que combina un realismo o naturalismo científico con planteamientos iusnaturalistas, buscando respuestas a la crisis ambiental en el ámbito de un cierto y predecible es en lugar de en la combinación del debería ser —extraído necesariamente de actitudes, visiones, creencias y principios humanos— y la comprensión del es —proporcionada legítimamente por las ciencias naturales—.
En muchos casos, estos planteamientos presuponen una interpretación teleológica de la naturaleza.17Véase, por ejemplo, Ulanowicz (1995, p. 77), según el cual: “la noción más amplia de integridad (...) implica una dirección secular, y una dirección endógena (telos)”. Esta se convierte en titular de un fin identificado con la preservación
de su integridad y de sus ecosistemas. Tales posturas suelen
inspirarse, de forma más o menos explícita, en la Hipótesis Gaia del científico James Lovelock, que considera que la Tierra —biosfera,
océanos y suelos— funciona como una única entidad compleja, un
organismo, que se regula a sí mismo para mantener las condiciones
necesarias para que la vida continúe (Lovelock, 1979Lovelock, James (1979). Gaia. A New Look at Life on Earth. Oxford University Press.
).
Su preservación se convierte así en un bien que persigue el propio
ecosistema (la Tierra). Este método conduce, como propone el filósofo
Aldo Leopold, al desarrollo de principios morales derivados de la propia
ecología (DesJardins 2013, pp. 152 y 163DesJardins, Joseph R. (2013). Environmental Ethics: An Introduction to Environmental Philosophy. Wadsworth Cengage Learning.
).
Según Leopold, quienes estudian y comprenden la naturaleza a través de
la ecología llegan a cambiar sus “énfasis intelectuales, lealtades,
afectos y convicciones” (Leopold, 1949, p. 262Leopold, Aldo (1949). A Sand County Almanac. With Essays on Conservation from Round River. Ballantine Books.
)
hasta el punto de amar y admirar la tierra sin necesidad de justificar
su valor. Este valor se percibe como intrínseco y, como tal, evidente y,
con él, el deber de preservar la “comunidad biológica” (Leopold, 1949, p. 262Leopold, Aldo (1949). A Sand County Almanac. With Essays on Conservation from Round River. Ballantine Books.
) que tiene “derecho a la permanencia” (Leopold, 1949, p. 247Leopold, Aldo (1949). A Sand County Almanac. With Essays on Conservation from Round River. Ballantine Books.
) se hace evidente. Y así, la Ética de la Tierra que Leopold deriva de ella afirma que “una cosa es correcta cuando
tiende a preservar la integridad, la estabilidad y la belleza de la
comunidad biótica” (Leopold, 1949, p. 262Leopold, Aldo (1949). A Sand County Almanac. With Essays on Conservation from Round River. Ballantine Books.
).
Siguiendo esta línea, el Grupo de Integridad Ecológica Global (GEIG) surgió de la prometedora unión de más de 250 filósofos y científicos naturales (Westra y Bosselman 2020, cap. 5Westra, Laura y Bosselman, Klaus (2020). Preface. En Westra Laura, Bosselman Klaus y Fermaglia Matteo (Eds.), Ecological Integrity in Science and Law (pp. V-IX). Springer.
) y pretende desarrollar metodologías científicas que proporcionen directrices morales para las decisiones públicas (Westra, et al., 2000, p. 35Westra,
Laura, Miller, Peter, Karr, James R., Rees, Williams E. y Ulanowicz,
Robert E. (2000). Ecological Integrity and the Aims of the Global
Integrity Project. En David Pimental, Laura Westra y Reed F. Noss
(Eds.), Ecological Integrity: Integrating Environmental, Conservation and Health (pp. 19-41). Island Press.
).
Según estos autores, las instituciones y políticas actuales son
incapaces de proteger la vida en la Tierra porque no se basan en el
reconocimiento del valor intrínseco de la naturaleza (Westra, 1998, p. 3Westra, Laura (1998). Living in Integrity: A Global Ethic to Restore a Fragmented Earth. Rowman & Littlefield Publishers.
).
Partiendo de la filosofía aristotélica, Westra establece el valor de la
vida como algo obvio e intuitivo y argumenta que toda la naturaleza se
despliega para la continuación eterna de la vida (Westra, 1998, p. 42Westra, Laura (1998). Living in Integrity: A Global Ethic to Restore a Fragmented Earth. Rowman & Littlefield Publishers.
). La naturaleza adquiere así un objetivo, un fin a alcanzar: la continuación de los ecosistemas y su integridad ecológica.
Esta narrativa, de hecho teleológica, presenta a los ecosistemas como
seres vivos dotados de relevancia moral. El valor intrínseco de la
naturaleza se ve reforzado por una visión holística de la realidad que
exalta las interconexiones entre todos los elementos naturales y subraya
la dependencia de la supervivencia y la salud humanas —presentes y
futuras— de la preservación de la integridad ecológica de los sistemas naturales (cap. 2; Westra, 1995, p. 17Westra,
Laura (1995). Ecosystem Integrity and Sustainability: The Foundational
Value of the Wild. En Laura Westra y John Lemons (Eds.), Perspectives on Ecological Integrity (pp. 12-33). Springer Science + Business Media.
).
La ecología se eleva a fuente de principios éticos basados en el
reconocimiento de la protección del hábitat de la humanidad como punto
de partida de principios morales (Westra, 2016, cap. 1Westra, Laura (2016). Ecological Integrity and Global Governance: Science, Ethics and the Law. Routledge.
) que deben incorporarse a las constituciones y al derecho (Westra 2016, cap. 2Westra, Laura (2016). Ecological Integrity and Global Governance: Science, Ethics and the Law. Routledge.
) para preservar la integridad ecológica.
No existe una definición unívoca de integridad ecológica, pero las definiciones propuestas18Véanse las distintas definiciones propuestas en Westra y Lemons, 1995. convergen en torno a la idea de cercanía al estado original (prístino) y a la capacidad de recuperación (Westra, 1995, p. 17Westra, Laura y Lemons John (Eds.) (1995). Perspectives on Ecological Integrity. Springer Science + Business Media.
) y desarrollo de un ecosistema.19Westra
sostiene que “todo lo que se añade o elimina de un ecosistema original,
al menos en principio, es una amenaza para su existencia continuada, en
su forma natural y óptima” (Westra, 2016, cap. 2). Esta integridad se trata como una entidad objetiva, científicamente definible, cuantificable20La integridad o salud de un ecosistema se mide cuantitativamente (Westra, et al., 2000, p. 26)
mediante la comparación con el estado “original” de un ecosistema (es
decir, sin influencia humana) o a través de la teoría de los sistemas
complejos (Westra, et al., 2000, pp. 22-23). y predictiva, “al igual que otros conceptos científicos” y, al mismo tiempo, como una entidad moralmente relevante (Westra, 1998, pp. 8-9Westra, Laura (1998). Living in Integrity: A Global Ethic to Restore a Fragmented Earth. Rowman & Littlefield Publishers.
). Esta doble naturaleza de la integridad ecológica es lo que permite que el concepto actúe como puente entre la ciencia y las políticas públicas (Westra, et al., 2000, p. 22Westra,
Laura, Miller, Peter, Karr, James R., Rees, Williams E. y Ulanowicz,
Robert E. (2000). Ecological Integrity and the Aims of the Global
Integrity Project. En David Pimental, Laura Westra y Reed F. Noss
(Eds.), Ecological Integrity: Integrating Environmental, Conservation and Health (pp. 19-41). Island Press.
).
De hecho, el principio de integridad se describe como un elemento
fundacional de la ética al mismo nivel que la felicidad y la justicia (Westra, 1998, pp. 8-9Westra, Laura (1998). Living in Integrity: A Global Ethic to Restore a Fragmented Earth. Rowman & Littlefield Publishers.
),
pero, a diferencia de ellas, no se considera una construcción
metafísica, sino un concepto científico real, una realidad
fenomenológica (Westra, 1998, p. 10Westra, Laura (1998). Living in Integrity: A Global Ethic to Restore a Fragmented Earth. Rowman & Littlefield Publishers.
).
Según este principio de integridad “no puede ser moral nada que esté en
conflicto con las realidades físicas de nuestra existencia o que no
pueda considerarse que encaja en las leyes naturales de nuestro ambiente
para apoyar la primacía de la integridad” (Westra, 1998, p. 11Westra, Laura (1998). Living in Integrity: A Global Ethic to Restore a Fragmented Earth. Rowman & Littlefield Publishers.
).
De este principio, Westra deriva dos imperativos categóricos: actuar de
forma que se ajuste a las leyes naturales universales, y actuar de
forma que se demuestre respeto y comprensión de todas las leyes y
procesos naturales (Westra, 1998, p. 24Westra, Laura (1998). Living in Integrity: A Global Ethic to Restore a Fragmented Earth. Rowman & Littlefield Publishers.
).
Estos imperativos se concretan en ocho principios de segundo orden
destinados a establecer las directrices científicas, metodológicas y
prácticas que deben guiar las acciones individuales y colectivas para
preservar el principio de integridad. Entre ellos, además del
deber de adoptar una visión ecológica de la realidad (abandonando la
tendencia expansionista de las sociedades occidentales), el respeto de
las zonas ricas en biodiversidad, la organización de todas las
actividades humanas como si tuvieran lugar en una zona de amortiguamiento21Zona que suele crearse junto a zonas protegidas para proteger a estas últimas de actividades potencialmente perjudiciales. y la adopción del principio de precaución, destaca especialmente la obligación de no causar ningún daño a los sistemas naturales, cuya evaluación debe realizarse sobre la base de la ciencia postnormal (Westra, 1998, pp. 27-28Westra, Laura (1998). Living in Integrity: A Global Ethic to Restore a Fragmented Earth. Rowman & Littlefield Publishers.
).
La ciencia postnormal —desarrollada por Funtowicz y Ravetz como propuesta para superar la ciencia clásica22Funtowicz y Ravetz se refieren a la ciencia normal descrita por Kuhn (1962). (Funtowicz y Ravetz 1993, pp. 739-740Funtowicz, Silvio O. y Ravetz Jerry R. (1993). Science for the Post-normal Age. Futures, 25(7), 739-755.
; 2020, p. 16Funtowicz,
Silvio O. y Ravetz Jerry R. (2020). Post-Normal Science. How Does it
Resonate with the World Today? En Vladimir Šucha y Marta Sienkiewicz
(Eds.), Science for Policy Handbook (pp. 14-18). Elsevier.
)—
parte del supuesto de que “[e]l nivel de prueba que debe exigirse a las
decisiones normativas es una cuestión ética y de política pública, no
científica” (Westra y Lemons, 1995, 10Westra, Laura y Lemons John (Eds.) (1995). Perspectives on Ecological Integrity. Springer Science + Business Media.
).
Su objetivo es superar las dificultades para demostrar la relación
causa-efecto entre la actividad humana y los daños ambientales. Ante la
imposibilidad de la ciencia de proporcionar certidumbre en la toma de
decisiones —sino simples predicciones de posibles daños (Funtowicz y Ravetz 1993, p. 742Funtowicz, Silvio O. y Ravetz Jerry R. (1993). Science for the Post-normal Age. Futures, 25(7), 739-755.
)—,
ante el elevado nivel de los riesgos ambientales, la urgencia y el
entrecruzamiento de muchas decisiones políticas con cuestiones éticas,
Funtowicz y Ravetz proponen superar las viejas dicotomías entre hechos y
valores y entre conocimiento e ignorancia y ampliar la comunidad de
pares implicada en el proceso de descubrimiento científico, para incluir
no solo a los científicos sino también a los ciudadanos de a pie, las
instituciones y los movimientos sociales (Funtowicz, Ravetz 1993, p. 753Funtowicz, Silvio O. y Ravetz Jerry R. (1993). Science for the Post-normal Age. Futures, 25(7), 739-755.
).
El resultado de la aplicación de la ciencia postnormal y el principio de integridad es el reconocimiento de que la conservación de los ecosistemas debe
tratarse como un objetivo primordial por encima de las preferencias y
los derechos humanos (Westra, 1993, p. 125Westra, Laura (1993). The Ethics of Environmental Holism and the Democratic State: Are they in Conflict? Environmental Values, 2(2), 125-136.
). Esto conduce a la necesidad de reevaluar la propia democracia (Westra, 1993, pp. 125-126Westra, Laura (1993). The Ethics of Environmental Holism and the Democratic State: Are they in Conflict? Environmental Values, 2(2), 125-136.
):
el derecho y la política necesitan —para cumplir con el principio de
integridad— adquirir una “mirada ecológica” que le permita perseguir “un
objetivo o un ‘bien’ ideal, en lugar de representar la aplicación
azarosa de las preferencias de los votantes” (Westra, 1993, p. 128Westra, Laura (1993). The Ethics of Environmental Holism and the Democratic State: Are they in Conflict? Environmental Values, 2(2), 125-136.
).
Para sugerir quién puede determinar cuál es ese “objetivo ideal o
‘bien’” y cómo puede lograrse, Westra menciona un retorno imaginario a
una especie de guardianes platónicos entrenados para ver el bien y
dedicados a una vida monástica alejada de los ciudadanos “normales” (Westra, 1993, p. 130Westra, Laura (1993). The Ethics of Environmental Holism and the Democratic State: Are they in Conflict? Environmental Values, 2(2), 125-136.
). Tales responsables —ya sigan siendo individuos o adopten la forma de instituciones supranacionales— deberían, según Westra (1993, p. 134)Westra, Laura (1993). The Ethics of Environmental Holism and the Democratic State: Are they in Conflict? Environmental Values, 2(2), 125-136.
,
aplicar un “triaje” básico que priorice la preservación de la vida en
la Tierra sobre la superación de otros problemas, como el racismo o la
discriminación de género.
En un sentido similar, el movimiento por la Jurisprudencia de la Tierra —iniciado por Thomas Berry (Berry, 1987Berry, Thomas (1987). The Dream of the Earth: Our Way into the Future. CrossCurrents, 37(2/3), 200-215.
, 1991Berry, Thomas (1991). Thomas Berry and the New Cosmology. Twenty-First Publications.
, 1999Berry, Thomas (1999). The Great Work. Bell Tower.
, 2006Berry,
Thomas (2006). Legal Conditions for Earth Survival: Reflecting on Earth
as Sacred Community. En Mary Evelin Tucker, Thomas Berry (Eds.), Evening Thoughts (pp. 107-112). Sierra Club Books.
, 2009Berry, Thomas (2009). The Sacred Universe: Earth, Spirituality and Religion in the Twenty-First Century. Columbia University Press.
; Swimme y Berry, 1992Swimme, Brian y Berry Thomas (1992). The Universe Story: From the Primordial Flaring Forth to the Ecozoic Era, A Celebration of the Unfolding of the Cosmos. Harper.
), seguido por Cormac Cullinan (2002)Cullinan, Cormac (2002). Wild Law. Siber Ink.
23Para una exploración interesante y exhaustiva de la Jurisprudencia de la Tierra, véase Burdon, 2015.—
adopta la forma de una propuesta para una nueva teoría del derecho que
también hace referencia a Aldo Leopold y James Lovelock, así como a la
cosmología de algunos pueblos indígenas (Cullinan, 2011, p. 22Cullinan, Cormac (2011). A History of Wild Law. En Peter D. Burdon (Ed.), Exploring Wild Law. The Philosophy of Earth Jurisprudence (pp. 12-23). Wakefield Press.
). Según los promotores de la Jurisprudencia de la Tierra, la nueva teoría del derecho debe ser interespecífica (Berry, 2006, p. 20Berry,
Thomas (2006). Legal Conditions for Earth Survival: Reflecting on Earth
as Sacred Community. En Mary Evelin Tucker, Thomas Berry (Eds.), Evening Thoughts (pp. 107-112). Sierra Club Books.
): es decir, dirigida a toda la comunidad terrestre y basada en el reconocimiento de los ecosistemas como sagrados e inviolables (Burdon 2011, p. 14Burdon, Peter D. (Ed.) (2011). Exploring Wild Law. The Philosophy of Earth Jurisprudence. Wakefield Press.
).
La teoría que emerge es una teoría del derecho natural que busca
interpretar el contenido del derecho a través de la observación de la
naturaleza. De hecho, a través del redescubrimiento de una “relación
íntima” con la tierra (Berry, 1999, p. 19Berry, Thomas (1999). The Great Work. Bell Tower.
), surge, según Berry, el reconocimiento de todos los seres vivos y no vivos como dotados de valor intrínseco (Berry, 1999, p. 4Berry, Thomas (1999). The Great Work. Bell Tower.
; Burdon, 2015, p. 47Burdon, Peter D. (2015). Earth Jurisprudence: Private Property and the Environment. Routledge.
) y titulares de derechos específicos (Berry, 1999, p. 5Berry, Thomas (1999). The Great Work. Bell Tower.
).
Entonces, los derechos humanos se relativizan y limitan al
equilibrarlos con los derechos de otros miembros de la comunidad de la
Tierra (Berry, 1999, p. 5Berry, Thomas (1999). The Great Work. Bell Tower.
) y, una vez recreada esta relación comunitaria, resulta imposible actuar de forma que perjudique a la naturaleza (Mason 2011, p. 40Mason, Ian (2011). One in All: Principles and Characteristics of Earth Jurisprudence. En P.D. Burdon (Ed.), Exploring Wild Law. The Philosophy of Earth Jurisprudence (pp. 35-44). Wakefield Press.
). En consonancia con la Ética de la Tierra,
la máxima central que se perseguirá será: “[t]odo lo que preserve y
mejore esta pradera en los ciclos naturales de su transformación es
bueno: todo lo que se oponga a esta pradera o la niegue no es bueno” (Berry, 1999, p. 13Berry, Thomas (1999). The Great Work. Bell Tower.
).
Aunque
no existe una teoría única de la Jurisprudencia de la Tierra, todos los
autores convergen en elevar la naturaleza como fuente principal del
Derecho (Hosken, 2011, p. 27Hosken, Liz (2011). Reflections on an Inter-Cultural Journey into Earth Jurisprudence. En Peter D. Burdon (Ed.), Exploring Wild Law. The Philosophy of Earth Jurisprudence (pp. 24-34). Wakefield Press,
) y de la ética. Los juristas están llamados a leer el derecho desde la naturaleza y “tomar conciencia de ella” (Hosken, 2011, pp. 26ss.Hosken, Liz (2011). Reflections on an Inter-Cultural Journey into Earth Jurisprudence. En Peter D. Burdon (Ed.), Exploring Wild Law. The Philosophy of Earth Jurisprudence (pp. 24-34). Wakefield Press,
) teniendo en cuenta el concepto de integridad ecológica (Burdon 2015, p. 79Burdon, Peter D. (2015). Earth Jurisprudence: Private Property and the Environment. Routledge.
).
Ante esta tarea, la humanidad debe despertar su capacidad de escuchar a
la naturaleza mediante el uso de la investigación científica y las
habilidades tecnológicas que —a través de la comprensión de los
principios y leyes que describen el funcionamiento del mundo natural (Cullinan, 2002, p. 69Cullinan, Cormac (2002). Wild Law. Siber Ink.
)— sirven como vía de acceso a la sabiduría (Berry, 2006, p. 125Berry,
Thomas (2006). Legal Conditions for Earth Survival: Reflecting on Earth
as Sacred Community. En Mary Evelin Tucker, Thomas Berry (Eds.), Evening Thoughts (pp. 107-112). Sierra Club Books.
; 1999, p. 161Berry, Thomas (1999). The Great Work. Bell Tower.
).
Tanto Berry como Cullinan elaboraron una lista de Principios de
Jurisprudencia de la Tierra en la que el universo y la propia existencia
se consideran normativos y como los “principales legisladores” (Cullinan, 2011, p. 13Cullinan, Cormac (2011). A History of Wild Law. En Peter D. Burdon (Ed.), Exploring Wild Law. The Philosophy of Earth Jurisprudence (pp. 12-23). Wakefield Press.
).
El Universo y las ciencias que lo interpretan se convierten en los
árbitros supremos del bien y del mal, y la ley positiva que viola los
Principios de la Jurisprudencia Terrestre es, de hecho, no-ley (Burdon 2011, pp. 133-134Burdon, Peter D. (Ed.) (2011). Exploring Wild Law. The Philosophy of Earth Jurisprudence. Wakefield Press.
; para una crítica ver, De Lucia, 2013, p. 174De Lucia, Vito (2013). Towards an Ecological Philosophy of Law: a Comparative Discussion. Journal of Human Rights and the Environment, 4(2), 167-190.
).
Más recientemente, Ugo Mattei y Fritjof Capra han propuesto un cambio en el paradigma jurídico —una revolución eco-jurídica (Capra y Mattei, 2015, p. 188Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
)— que conduzca a una nueva Ecología del Derecho (Capra y Mattei, 2015, p. 4Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
)
que se fundamente en una visión del mundo y del Derecho como un sistema
complejo, una red, y no como una máquina compuesta de elementos
separados y separables (Capra y Mattei 2015, p. 10Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
). Estableciendo un paralelismo (Strasser, 2017Strasser,
Kurt A. (2017). Visions of “Eco-law”: A Comment on Capra and Mattei,
the Ecology of Law: Toward a Legal System in Tune with Nature and
Community. Accounting, Economics and Law. A Convivium, 7(3), 20160058.
)
entre las ciencias naturales y el derecho, Capra y Mattei observan una
divergencia entre ambas: mientras que a partir del siglo XX las ciencias
naturales pasan de un modelo mecanicista a un modelo sistémico como el
de la ecología, el derecho sigue anclado en una visión racionalista,
eficientista y atomizada de la sociedad y de los derechos orientada a
servir a los intereses de los individuos y del capital (Vatanparast, 2017, p. 305Vatanparast,
Roxana (2017). Book Review: Capra and Mattei, The Ecology of Law:
Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Journal of Human Rights and the Environment, 8(2), 305-310.
).
Es decir, el derecho sigue anclado en esa pretensión de control y
previsibilidad que caracterizó siglos anteriores de expansión económica e
industrial y de dominación de la naturaleza (Ferrara, 2016Ferrara,
Enzo (2016). The Laws of Nature and the Nature of Law. Book Review: The
Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and
Community. Visions for Sustainability, 5, 37-40.
). Capra y Mattei, en su propuesta de un nuevo sistema jurídico (Strasser, 2017, p. 2Strasser,
Kurt A. (2017). Visions of “Eco-law”: A Comment on Capra and Mattei,
the Ecology of Law: Toward a Legal System in Tune with Nature and
Community. Accounting, Economics and Law. A Convivium, 7(3), 20160058.
), imaginan un movimiento del capital a los bienes comunes24Los
autores definen los bienes comunes como “un fondo común de recursos
naturales y/o culturales (instituciones comunales), abierto a todos los
miembros de la sociedad” (Capra y Mattei, 2015, p. 194). (Capra y Mattei, 2015, cap. 8Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
)
que transforma el derecho de un orden mecanicista a un producto
ascendente de soberanía colectiva que gira en torno a la propiedad
colectiva y los derechos sociales. El derecho ecológico resultante surge
así del encuentro entre los juristas —llamados a traducir la ciencia de
la conservación, la ciencia del clima y la ecología humana en política y
derecho (Capra y Mattei 2015, p. 181Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
)—
y las colectividades que poseen recursos naturales en común. La gestión
de los bienes comunes se considera, a través de varios ejemplos dados
por los autores, más sostenible que la gestión típica de la propiedad
privada (Strasser, 2017Strasser,
Kurt A. (2017). Visions of “Eco-law”: A Comment on Capra and Mattei,
the Ecology of Law: Toward a Legal System in Tune with Nature and
Community. Accounting, Economics and Law. A Convivium, 7(3), 20160058.
).25El debate sobre la mayor o menor sostenibilidad de los recursos gestionados mediante estructuras de propiedad común o privada es amplio y no ha llegado a su fin. Los autores de referencia siguen siendo Hardin, 1968 y Ostrom, 1990; Becker y Ostrom, 1995. Tal empresa requiere la transformación tanto de juristas y filósofos como de ciudadanos en seres ecoalfabetizados, capaces de utilizar sus conocimientos para proteger y generar bienes
comunes. Capra y Mattei sugieren hacer coherentes nuestros valores con
la continuidad de la vida en la Tierra y aprender de los propios
ecosistemas cómo vivir de forma sostenible (Capra y Mattei 2015, p. 176Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
).
La ecología, la climatología y otras ciencias nos remiten, según los
dos autores, a entender los principios ecológicos de los ecosistemas
como “leyes normativas para la conducta humana” con el fin de superar la
actual “crisis ambiental global” (Capra y Mattei 2015, p. 19Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
).
De ello se desprende que un comportamiento debe considerarse conforme a
la ética de la tierra y, por tanto, capaz de contribuir al
sostenimiento de la red de la vida, si respeta los principios básicos de
la ecología (Capra y Mattei 2015, p. 166Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
). Por tanto, todos estamos llamados a pasar por un proceso de alfabetización ecológica básica (p. 15Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
) para descubrir las leyes de la naturaleza y transformar el derecho en la expresión de una agencia colectiva (p. 164Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
) en la que participen todos los ciudadanos del mundo sin distinción de “raza, clase o género” (p. 15Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
).
5. Algunas críticas comunes
⌅Las propuestas exploradas hasta ahora representan solo una pequeña parte del panorama de las teorías desarrolladas en los últimos años sobre la relación humano-naturaleza. No representan la totalidad ni la mayoría de los enfoques teóricos utilizados para promover los derechos de la naturaleza u otras posturas más ecocéntricas, ni deben considerarse exhaustivos a la hora de representar alternativas al replanteamiento de la relación hombre-naturaleza. Pero ejemplifican bien un estilo y un enfoque típicos de parte de la literatura. Integridad ecológica, Jurisprudencia de la Tierra y Ecología del Derecho, aunque sean diferentes desde muchos puntos de vista, proponen cambios de paradigma y tránsitos hacia nuevas concepciones de la filosofía, del derecho y de la política, y conllevan una serie de problemas comunes.
En primer
lugar, cabe preguntarse si basta con subrayar que los ecosistemas están
estructurados de tal manera que promueven la continuación de la vida y
la existencia de especies en su interior (Westra, 1998, p. 42Westra, Laura (1998). Living in Integrity: A Global Ethic to Restore a Fragmented Earth. Rowman & Littlefield Publishers.
; Berry, 2006, pp. 121-122Berry,
Thomas (2006). Legal Conditions for Earth Survival: Reflecting on Earth
as Sacred Community. En Mary Evelin Tucker, Thomas Berry (Eds.), Evening Thoughts (pp. 107-112). Sierra Club Books.
)
para afirmar que son seres teleológicos dotados de un fin. Buscar la
naturaleza teleológica de los ecosistemas, ya sea el ecosistema
terrestre o ecosistemas menos complejos, expresa una concepción de la
naturaleza y de la evolución como dirigidas hacia un fin en sí mismas.
Tal postura olvida que la naturaleza tiende constante y lentamente hacia
la entropía, el desorden y la ausencia de energía potencial. Además,
una visión teleológica está en contradicción tanto con la teoría
darwiniana, según la cual la evolución no es más que el resultado de una
combinación de suerte y selección de los rasgos mejor adaptados a las
condiciones externas (Shrader-Freschette, 1995a, p. 132Shrader-Frechette, Kristin (1995a). Hard Ecology, Soft Ecology, and Ecosystem Integrity. En Laura Westra y John Lemons (Eds.), Perspectives on Ecological Integrity (pp.125-145). Springer.
), como con posiciones más recientes que se remontan, por ejemplo, a la teoría del gen egoísta desarrollada por Richard Dawkins (1976)Dawkins, Richard (1976). The Selfish Gene. Oxford University Press.
.
También hay que señalar que, incluso si aceptáramos una interpretación teleológica y definiéramos la preservación de los ecosistemas y su integridad o de la vida en la Tierra como principios morales elementales, tendríamos que preguntarnos si estos principios serían suficientes para fundamentar el valor de mantener la especie humana en la Tierra. O si, por el contrario, de una visión tan amplia como para centrarse en la prioridad suprema de la integridad de los ecosistemas, o de la vida en la Tierra, no podría llegar a jutificarse la necesidad de la extinción del ser humano,26Sobre este punto, véase el brillante ensayo de B. Williams (2006). resultando por tanto inútil (o peligrosa) si se utiliza para guiar la acción humana.
En
segundo lugar, estos planteamientos proponen pasar de una ética y un
derecho puramente humanos a una ética y un derecho que deben respetar
los principios naturales destinados a guiar a la humanidad hacia
una relación armoniosa con la naturaleza. Así, la comunidad terrestre,
los ecosistemas, deben ser protegidos de los caprichos y prejuicios
inherentes a los sistemas legales y morales, mediante el estudio y la
comprensión de la ecología (Leopold, 1949, p. 246Leopold, Aldo (1949). A Sand County Almanac. With Essays on Conservation from Round River. Ballantine Books.
) y tratando al universo mismo como la fuente de la ley y los principios fundamentales (Berry, 1999, pp. 161 y ss.Berry, Thomas (1999). The Great Work. Bell Tower.
; Westra, 2016, cap. 1 y 2Westra, Laura (2016). Ecological Integrity and Global Governance: Science, Ethics and the Law. Routledge.
; Capra y Mattei, 2015, p. 19Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
).
Esto se traduce en la pretensión de derivar conclusiones sobre cómo
debería ser la relación entre las personas y la naturaleza a partir de
las ciencias descriptivas —ya sea la ecología, la climatología o la
observación del universo—, lo que supone traspasar la frontera entre el ser y el deber ser —como reconocen explícitamente algunos de estos autores:
esta
concepción tampoco separa el Derecho en un ámbito de hechos —cómo es el
Derecho— y un ámbito de valores —cómo debería ser el Derecho— (Capra y Mattei 2015, p. 14Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
).
No
cabe duda de que los filósofos todavía pueden escandalizarse por mi uso
de un “es” para generar un “debería”. Pero, paz para Hume, el apoyo de
Kant al valor infinito de la vida está más cerca del enfoque que he
estado defendiendo (Westra, 2016, cap 1Westra, Laura (2016). Ecological Integrity and Global Governance: Science, Ethics and the Law. Routledge.
).
Paz para Hume, pero paz también para la Ilustración y la salida del estado de minoría de edad27Por
Kant “La Ilustración es la salida del hombre del estado de minoría de
edad del que él mismo es culpable. La minoría de edad es la incapacidad
de hacer uso de la propia inteligencia sin la guía de otro” (Kant 1784/2012)..
La creencia de Kant en el fin único, resultante de la purificación del
intelecto que interpreta lo real directamente de acuerdo con si mismo (Horkheimer y Adorno, 1949/2010, p. 88Horkheimer, Max y Adorno, Theodor W. (2010). Dialettica dell’illuminismo, Einaudi [Dialektik der Aufklärung. Philosophische Fragmente. Institute for Social Research]. (Original publicado en 1949)
),
ayuda al sujeto a someter a la naturaleza y a autopreservarse. Pero no
permite deducir ningún “fin objetivo”, que en cambio sigue siendo una
“ilusión, una mentira” (Horkheimer y Adorno, 1949/2010, p. 88Horkheimer, Max y Adorno, Theodor W. (2010). Dialettica dell’illuminismo, Einaudi [Dialektik der Aufklärung. Philosophische Fragmente. Institute for Social Research]. (Original publicado en 1949)
). Tanto es así que el propio Kant —para salvar a la Ilustración de la barbarie— se ve obligado a limitar su crítica ilustrada (Horkheimer y Adorno, 1949/2010, p. 99Horkheimer, Max y Adorno, Theodor W. (2010). Dialettica dell’illuminismo, Einaudi [Dialektik der Aufklärung. Philosophische Fragmente. Institute for Social Research]. (Original publicado en 1949)
),
reconociendo la existencia de una ley moral (que impone el principio de
“benevolencia hacia el género humano”) que se reconoce como
perteneciente al ámbito del “deber ser” y no del “ser” (Kant 1784/2012Kant,
Immanuel (2012). Risposta alla domanda “Che cos’è l’illuminismo”,
Mimesis [Beantwortung der Frage: Was ist Aufklärung?, en Berlinische
Monatsschrift]. (Original publicado en 1784)
; Horkheimer y Adorno, 1949/2010, pp. 107-108Horkheimer, Max y Adorno, Theodor W. (2010). Dialettica dell’illuminismo, Einaudi [Dialektik der Aufklärung. Philosophische Fragmente. Institute for Social Research]. (Original publicado en 1949)
).
En tercer lugar, incluso si fuera posible extraer valores y “principios de ecología” (Capra y Mattei, 2015, p. 177Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
) de los ecosistemas terrestres y convertirlos en modernas “leyes de la naturaleza” (Capra y Mattei, 2015, p. 176Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
) “tan estrictas como la ley de la gravedad de Newton” (Capra y Mattei 2015, p. 177Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
),
es necesario preguntarse si tales principios éticos no adoptarían la
forma de visiones románticas (y acientíficas) de la naturaleza como
aquellas según las cuales “en el delicado equilibrio de la naturaleza no
hay juegos de suma cero” (Bell, 2003, p. 76Bell, Mike (2003). Thomas Berry and an Earth Jurisprudence. An Exploratory Essay. The Trumpeter, 19(1), 69-96.
),
o según las cuales la ley básica de los hábitats exigiría que cada
especie se limitara a sí misma para que ninguna pudiera “abrumar a las
demás especies” (Berry, 2006, pp. 121-122Berry,
Thomas (2006). Legal Conditions for Earth Survival: Reflecting on Earth
as Sacred Community. En Mary Evelin Tucker, Thomas Berry (Eds.), Evening Thoughts (pp. 107-112). Sierra Club Books.
).
O más bien, si tales principios éticos no resultarían ser meras
indicaciones demasiado vagas e imprecisas para guiar las acciones
humanas y la política estatal. ¿Nos dirían, por ejemplo, cómo equilibrar
las necesidades del Sur global con la necesidad de limitar el uso de
energías no renovables? ¿Nos dirían dónde colocar los paneles solares
sin caer en una nueva tragedia de acaparamiento de tierras (land grabbing)?
¿Nos dirían cómo abordar los problemas del crecimiento de la población
humana? Los principios teóricamente derivables de una interpretación
teleológica de los ecosistemas pueden tener un gran valor heurístico e
inspirador, pero, de hecho, parecen poco útiles para resolver
controversias ambientales reales y concretas, ya que inevitablemente
seguirían siendo imprecisos y carentes de principios éticos secundarios (Shrader-Frechette, 1995a, pp. 125 y 136Shrader-Frechette, Kristin (1995a). Hard Ecology, Soft Ecology, and Ecosystem Integrity. En Laura Westra y John Lemons (Eds.), Perspectives on Ecological Integrity (pp.125-145). Springer.
; 1995b, pp. 621-622Shrader-Frechette, Kristin (1995b). Practical Ecology and Foundations for Environmental Ethics. The Journal of Philosophy, 92(12), 621-635.
).
Tales posiciones “cualitativas, confusas, vagas” (Shrader-Frechette, 1995a, p. 128Shrader-Frechette, Kristin (1995a). Hard Ecology, Soft Ecology, and Ecosystem Integrity. En Laura Westra y John Lemons (Eds.), Perspectives on Ecological Integrity (pp.125-145). Springer.
), no son más que —haciéndose eco de Naess (1973)Naess, Arne (1973). The Shallow and the Deep, Long-Range Ecology Movement. A Summary. Inquiry, 16, 95-100.
28 Naess, 1973 (citado en Shrader-Frechette, 1995b).—
“intuiciones básicas” de “fundamentos normativos”, que no son
susceptibles de falsabilidad o verificación científica (“se tienen o no
se tienen”; Shrader-Frechette, 1995b, p. 627Shrader-Frechette, Kristin (1995b). Practical Ecology and Foundations for Environmental Ethics. The Journal of Philosophy, 92(12), 621-635.
) y subestiman la imprecisión y la incertidumbre de la ecología (Shrader-Frechette, 1995b, p. 631Shrader-Frechette, Kristin (1995b). Practical Ecology and Foundations for Environmental Ethics. The Journal of Philosophy, 92(12), 621-635.
).
Imprecisión e incertidumbre que la vuelven muda y demasiado general
ante controversias reales como las que afronta la política. Esa ecología débil29Sobre la ecología fuerte y débil véase Peters (1995) sobre la crisis de la ecología como ciencia carente de rigor,
previsibilidad e independencia de los juicios de valor subjetivos. sugeriría posiciones normativas demasiado indeterminadas para orientar sobre cómo comportarse.
En
otras palabras, la ecología se elevaría a un papel que la ciencia sola
no puede desempeñar. Cualquier decisión, por técnica que sea, deberá ir
acompañada de evaluaciones no científicas (Collins y Evans, 2007, p. 145Collins, Harry y Evans, Robert (2007). Rethinking Expertise. The University of Chicago Press.
).
En términos más generales, la ecología no puede elevarse a la categoría
de guía para la elaboración de políticas y la toma de decisiones
ambientales sin unos fundamentos éticos preexistentes, porque con
demasiada frecuencia no solo tiene que evaluar datos, sino también
elegir entre diferentes metodologías y teorías, escoger qué paquete de
datos seleccionar o abordar cuestiones explícitamente éticas, como si se
debe dar prioridad a la conservación de especies individuales,
ecosistemas o a la biodiversidad (Shrader-Frechette, 1995b, p. 624Shrader-Frechette, Kristin (1995b). Practical Ecology and Foundations for Environmental Ethics. The Journal of Philosophy, 92(12), 621-635.
).
En otras palabras, la dimensión planetaria (por oposición a la
dimensión global) no proporciona respuestas éticas porque “no hay nada
en la historia del planeta que pueda reclamar el estatus de imperativo
moral” (Chakrabarty, 2021, p. 87Chakrabarty, Dipesh (2021). The Climate of History in a Planetary Age. The University of Chicago Press.
).
Los fundamentos éticos deben buscarse en otra parte. La ecología solo
puede ayudar a la ética a actuar de acuerdo con sus principios
combinando “conocimientos ecológicos empíricos específicos para cada caso” con posiciones éticas “dictadas por los seres humanos” (Shrader-Frechette, 1995b, pp. 634-635Shrader-Frechette, Kristin (1995b). Practical Ecology and Foundations for Environmental Ethics. The Journal of Philosophy, 92(12), 621-635.
).
Como destacó ampliamente la Escuela de Fráncfort, ninguna decisión
basada en la ecología o en otras ciencias naturales es únicamente
científica: en cuanto un relato científico se convierte en una guía
sobre “lo que hay que hacer”, incorpora valores y normas. Por lo tanto,
confiar a la ecología, como parecen hacer estas teorías, el cetro del
poder signifique atribuir a la ecología un conjunto de principios
normativos sin reconocerlo.
Por último, tales planteamientos
esconden una tendencia a confiar en algún salvador aparentemente
iluminado (como un guardián platónico—Westra, 1993, p. 130Westra, Laura (1993). The Ethics of Environmental Holism and the Democratic State: Are they in Conflict? Environmental Values, 2(2), 125-136.
)
para que señale cuál es el camino correcto a seguir. Aunque
increíblemente tranquilizadoras, tales posturas parecen profundamente
anacrónicas en relación con las características del Estado
constitucional de derecho y de nuestras democracias. Sugieren, más o
menos explícitamente, un retorno al iusnaturalismo30Para una descripción de las teorías del derecho natural, véase Finnis, 2020a; Finnis, 2020b. (Capra y Mattei, 2015, p. 164Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
; Cullinan, 2011, p. 13Cullinan, Cormac (2011). A History of Wild Law. En Peter D. Burdon (Ed.), Exploring Wild Law. The Philosophy of Earth Jurisprudence (pp. 12-23). Wakefield Press.
; Hosken, 2011, p. 27Hosken, Liz (2011). Reflections on an Inter-Cultural Journey into Earth Jurisprudence. En Peter D. Burdon (Ed.), Exploring Wild Law. The Philosophy of Earth Jurisprudence (pp. 24-34). Wakefield Press,
; Berry, 2006, p. 125Berry,
Thomas (2006). Legal Conditions for Earth Survival: Reflecting on Earth
as Sacred Community. En Mary Evelin Tucker, Thomas Berry (Eds.), Evening Thoughts (pp. 107-112). Sierra Club Books.
).31Por una crítica véase De Lucia, 2013, pp. 174-175. Lo que Berry y otros esbozan como características de su nueva teoría
del derecho está bastante cerca de lo que, por ejemplo, Finnis describe
como la tradición del derecho natural (Burdon, 2011, p. 158Finnis, John (2011). Natural Law & Natural Rights, second edition. Oxford University Press.
; Finnis, 2011, p. 23Finnis, John (2011). Natural Law & Natural Rights, second edition. Oxford University Press.
). Considerar el derecho positivo como verdadero, legítimo derecho solo si se ajusta a principios naturales (Finnis, 2011, p. 23Finnis, John (2011). Natural Law & Natural Rights, second edition. Oxford University Press.
; Cullinan, 2002, p. 131Cullinan, Cormac (2002). Wild Law. Siber Ink.
) que han de ser leídos por la racionalidad humana (Finnis, 2011, p. 290Finnis, John (2011). Natural Law & Natural Rights, second edition. Oxford University Press.
), deducidos a través del estudio de la ciencia (Westra, 1998, pp. 8-9Westra, Laura (1998). Living in Integrity: A Global Ethic to Restore a Fragmented Earth. Rowman & Littlefield Publishers.
; Capra y Mattei, 2015, p. 181Capra, Fritjof y Mattei, Ugo (2015). The Ecology of Law. Toward a Legal System in Tune with Nature and Community. Berrett-Koehler Publishers.
) o a través de la observación de las leyes que rigen el universo (Cullinan, 2002, p. 76Cullinan, Cormac (2002). Wild Law. Siber Ink.
) y que son tan reales como las reglas matemáticas (Finnis, 2011, p. 24Finnis, John (2011). Natural Law & Natural Rights, second edition. Oxford University Press.
)
aparece como una exigencia excesiva e inverosímil. ¿Sería realmente
posible para los Estados-nación contemporáneos dar marcha atrás y
aceptar, una vez más, acatar una ley no humana que es incontestable e
inmutable por ser lo que prescribe la naturaleza? ¿Podrían
fácilmente volver a pensar que la ley natural existe, ahí fuera, en
algún lugar de la naturaleza, y que la ley tiene que ser explicada por
alguien (ya sea un guardián, un científico o un filósofo) capaz de
interpretar, a partir de la naturaleza, las normas que deben guiar el
comportamiento humano?
6. En busca de certezas no encontradas
⌅El ser humano que no necesitaba “ni ciencia ni filosofía para saber lo que hay que hacer para ser honesto y bueno” (Kant 1785/1986, p. 47Kant, Immanuel (1986). Fondazione della metafisica dei costumi, en Scritti morali, (ed. P. Chiodi), Utet [Grundlegung zur Metaphysik der Sitten].
, citado en Jonas, 1979/1990, p. 9Jonas, Hans (1990). Il Principio Responsabilità. Un’etica per la civiltà tecnologica, Einaudi [Das Prinzip Verantwortung. Suhrkamp Taschenbuch]. (Original publicado en 1979)
)
ya no existe. Ante la obsolescencia de la ética tradicional —nacida
para un ser humano incapaz de causar daños duraderos al orden natural y
cuya esfera de acción está restringida en el tiempo y en el espacio32 Jonas, 1979; 1990, p. 7.
“Todas las libertades que se toma con los habitantes de la tierra, el
mar y el aire dejan intacta la naturaleza que engloba estas esferas y no afectan a sus fuerzas generadoras” (Jonas, 1979; 1990, p. 5).—,
la relación entre ciencia y política emerge plenamente como una
cuestión altamente problemática. A diferencia de Jonas, que propone
explícitamente un nuevo imperativo categórico dirigido a las
políticas públicas con una visión a largo plazo (capaz, por ejemplo, de
tener en cuenta a las generaciones futuras —Jonas, 1979/1990, pp. 15-17Jonas, Hans (1990). Il Principio Responsabilità. Un’etica per la civiltà tecnologica, Einaudi [Das Prinzip Verantwortung. Suhrkamp Taschenbuch]. (Original publicado en 1979)
)—,
los promotores de la Integridad Ecológica, la Jurisprudencia de la
Tierra y la Ecología del Derecho prefieren construir sus respuestas a
partir de las ciencias naturales rechazando añadir principios éticos al
asunto. Aunque este proceso parece apoyarse en las ciencias naturales,
en realidad niega su libertad de ser y permanecer inciertas,
indeterminadas, in fieri, porque obliga a las ciencias naturales a dar respuestas sobre lo que hay que hacer.
Las
ciencias naturales —si se le deja actuar libremente— generan el
conocimiento científico mediante procedimientos complejos que son
continuamente cuestionados por nuevas investigaciones (Chakrabarty 2023, pp. 101 y ss.Chakrabarty, Dipesh (2023). One Planet, Many Worlds. The Climate Parallax. Brandeis University Press.
).
Y, por tanto, si por ejemplo la mayoría de los científicos/cas del
mundo nos advierte de los peligros del cambio climático, hay base para
clamar por una intervención política basada en el principio de
precaución. Hace ya más de cincuenta años, Jonas propuso revisar el
papel del conocimiento desde una perspectiva moral (entendida como
relativa al perfil de la responsabilidad por las consecuencias de la
acción), reconociendo que existe una brecha entre nuestro “conocimiento
predictivo” y nuestro poder de acción que nos obliga a reconocer nuestra
ignorancia y a tenerla en cuenta como un nuevo elemento de
“conocimiento” y de evaluación de nuestras acciones (Jonas, 1979/1990, pp. 11 y ss.Jonas, Hans (1990). Il Principio Responsabilità. Un’etica per la civiltà tecnologica, Einaudi [Das Prinzip Verantwortung. Suhrkamp Taschenbuch]. (Original publicado en 1979)
).
Para hacer frente a esta incertidumbre, en lugar de (con)fundir ciencia
y política, propuso la elaboración de una “ciencia de predicciones
hipotéticas” (Jonas, 1979/1990, p. 34Jonas, Hans (1990). Il Principio Responsabilità. Un’etica per la civiltà tecnologica, Einaudi [Das Prinzip Verantwortung. Suhrkamp Taschenbuch]. (Original publicado en 1979)
),
una idea que se materializó en el funcionamiento del Grupo
Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático que,
reconociendo que la ciencia “si puede ofrecer la verdad, no puede
hacerlo a la velocidad de la política” (Collins y Evans, 2007, p. 1Collins, Harry y Evans, Robert (2007). Rethinking Expertise. The University of Chicago Press.
), elabora cíclicamente conjuntos de gráficos que describen diferentes escenarios hipotéticos que responden a diferentes modelos y datos de entrada, que luego se
someten al juicio (a menudo insatisfactorio, hay que admitirlo) de la
política.
Existe hoy una terrible necesidad de ampliar la capacidad de la política y la filosofía para apoyarse en la comprensión científica de la realidad y no caer presa de las posiciones anteriores a la Ilustración. Al mismo tiempo, esta dependencia necesita apoyarse en lo que la teoría crítica y la escuela de Frankfurt nos enseñó, no hasta el punto de descartar la ciencia como “nada más que poder”, sino de aceptar que la ciencia por sí sola no es suficiente: necesita consideraciones filosóficas y políticas —presentadas abiertamente como tales— para guiar nuestros futuros. Las tres teorías aquí analizadas —aunque diferentes entre sí— parecen ocultar sus posiciones políticas en el análisis científico, en lugar de limitarse a utilizar la ciencia para fundamentar las decisiones políticas. Aunque, como se ha subrayado anteriormente, no representan la globalidad de las propuestas filosóficas, es importante subrayar sus errores comunes porque muestran la existencia de la tendencia a confiar en una élite de sujetos a los que se entrega el cetro del conocimiento verdadero, único y correcto.
La necesidad de distinguir entre las herramientas para comprender lo global y las que permiten comprender lo planetario es primordial. Su colapso una sobre otra niega a la ciencia la libertad de investigar y regenerarse continuamente y deja las puertas abiertas a decisiones tecnocráticas ajenas a las diferencias entre los seres humanos. Abandonando esta carrera hacia respuestas definitivas y salvadores iluminados —tan parecida a las tendencias populistas que resurgen en la actualidad— debemos aceptar que el único antídoto contra el totalitarismo es una vita activa basada en el conocimiento y comprometidos con la política.
Agradecimientos
⌅Me gustaría agradecer a Digno Montalván Zambrano, José María Sauca Cano e Isabel Wences Simon su invitación a la Universidad Carlos III de Madrid dentro del proyecto Ecoprudencia, durante la cual pude discutir el contenido de este artículo. También estoy infinitamente agradecida con Digno Montalván Zambrano por la magnífica traducción que hizo de este artículo.
Declaración de conflicto de intereses
⌅La autora de este artículo declara no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.
Fuentes de financiación
⌅Este proyecto ha recibido financiación de la Unión Europea – FESR o FSE, PON Ricerca e Innovazione 2014-2020 y se desarrolló en el marco de la investigación financiada para el PRIN 2022: Exploring Resilience: Vulnerability, Social Security, Political Inclusion (n. 2022YK45F9_001 – CUP B53D23010990006), Università degli Studi di Palermo.
Declaración de contribución de autoría
⌅Giulia Sajeva: conceptualización, curator de dator, metodología, investigación, redacción, borrador original, redacción, revisión y edición.