Isegoría. Revista de Filosofía moral y política

74, enero-junio 2026, 1763

ISSN-L: 1130-2097, eISSN: 1988-8376

https://doi.org/10.3989/isegoria.2026.74.1763

CRÍTICA DE LIBROS

Textos filosóficos reunidos de Stanley Cavell. Reseña de: Stanley Cavell, Aquí y allá. Emplazamientos para la filosofía, edición de Nancy Bauer, Alice Crary y Sandra Laugier, traducción de David Pérez Chico, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2025

Stanley Cavell’s Collected Philosophical Texts. Review of: Stanley Cavell, Aquí y allá. Emplazamientos para la filosofía, edited by Nancy Bauer, Alice Crary y Sandra Laugier, translated by David Pérez Chico, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2025

Daniel Moreno Moreno

IES Miguel Servet, Zaragoza

El Congreso Mundial de Filosofía, celebrado en agosto de 2024 en Roma, llevó por título Philosophy across Boundaries/Filosofía transfronteriza, algo que encaja perfectamente con la figura y la obra del filósofo norteamericano Stanley Cavell (Atlanta, 1926-Boston, 2018), quien se dedicó precisamente a abrir el campo de la filosofía académica a ámbitos en principio alejados de ella. Tal como hizo precisamente el poeta, filósofo y novelista hispano-norteamericano George Santayana (Madrid, 1863-Roma, 1952), cuyo retrato al óleo de cuerpo entero podía ver Cavell colgado de su despacho en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Harvard, donde Santayana había sido profesor desde 1892 hasta 1912 y donde Cavell, tras haber estudiado allí, fue también profesor de Razonamiento moral desde 1963 hasta su jubilación en 1997.

El propio Cavell alude a su carácter fronterizo cuando, en 2002, escribía: “el mundo ordinario en el que existimos y desde el que filosofamos se representa como orillas cercanas y a la vez lejanas entre las cuales el río de la filosofía tiene que seguir fluyendo, pero también modificando su curso” (p. 390). Su tarea, la tarea de la filosofía de su tiempo, ha sido acercar esas orillas. Y el éxito de Cavell, junto al resto de filósofas y filósofos que se han sumado a ese proyecto, se ve reflejado en el motto del Congreso Mundial. En efecto, tanto en su vida como en su obra, Cavell abrió puertas, estableció puentes e inició conversaciones que nos llevan hasta nuestros días, con todas sus complejidades, tanto entre filosofía y literatura, filosofía y cine, filosofía analítica y filosofía continental. Aunque habría que decir que la experiencia del siglo XXI obliga a cambiar ligeramente la metáfora y hablar no ya de un río, sino de varios y no de dos orillas, sino de múltiples orillas, no siempre compatibles entre sí.

En cuanto al autor, bastarán unas breves pinceladas para situar su figura en el siglo XX por el que transitó. Su época de estudiante vino marcada por su relación con J. L. Austin y por la publicación en 1953 de la primera versión de las Investigaciones filosóficas de Wittgenstein, lo que le permitió alejarse de las retorcidas interpretaciones del Tractatus de Wittgenstein propias de la primera filosofía analítica y detectar en Wittgenstein otro talante y otro tipo de preocupaciones. También fue decisiva su estancia en Europa en el curso 1955-1956; como él mismo cuenta: “me dediqué durante el día a ver todos los edificios y cuadros notables de Europa occidental y por la noche a asistir a todas las óperas que fueran compatibles con mi plan de viaje” (p. 387). En 1969 se implica, como no podía ser menos, en las protestas por la Guerra de Vietnam y se relaciona con John Rawls. En los años setenta y ochenta se dedica a leer a Thoreau y a Emerson, algo decisivo en su obra porque le lleva a pergeñar una actitud filosófica propia, que puede calificarse como “perfeccionismo emersoniano”. En 1996 llegó a presidir la sección Este de la American Philosophical Association. Y es a partir de su jubilación cuando le llega el reconocimiento no solo en Estados Unidos, sino también en Europa, donde empiezan las primeras traducciones al francés, español e italiano, uno de cuyos últimos frutos es precisamente Aquí y allá. Emplazamientos para la filosofía.

En efecto, es destacable el grupo de entusiastas cavellianos españoles que han conseguido traducir, en lo que va de siglo, casi toda su obra y que se vieron honrados con la presencia del propio Cavell en Valencia, en 2017. Eso explica un hecho notable: que Here and There: Sites of Philosophy viera la luz en 2020, como obra póstuma, que su traducción se iniciara de inmediato y que viera la luz solo tres años más tarde, a comienzos de 2025. Todo un hito en el cavellianismo internacional.

En cuanto a la obra de Stanley Cavell, sus dos libros más conocidos son la colección de ensayos donde reflexiona sobre lo difícil que es entendernos, Must We Mean What We Say? (1969), y la elaboración de su tesis doctoral The Claim of Reason: Wittgenstein, Skepticism, Morality, and Tragedy (1979), donde reclama que seamos razonables, tras los excesos de todo lo ocurrido en esos años, y donde se puede apreciar ya la amplitud de sus intereses en el propio subtítulo, que constituye de hecho un índice de sus preocupaciones vitalicias, a las que habría que añadir la música, el psicoanálisis y el cine. Sin olvidar que desde 1972 ya se interesaba por el Walden de Henry David Thoreau, lo que le llevó a redescubrir la gran figura bostoniana del siglo XIX, Ralph Waldo Emerson, autor ya siempre presente en su ouvre hasta el final de sus días, como se aprecia en This New Yet Unapproachable America: Lectures after Emerson after Wittgenstein (1988) y en Conditions Handsome and Unhandsome: The Constitution of Emersonian Perfectionism (1990). De modo que se puede decir, citando al propio Emerson, que Cavell representa la confianza de la filosofía estadounidense en sí misma; así como, por recuperar el paralelismo con el que inicié estas notas, Santayana representó en su momento el alejamiento de esa misma filosofía y su vuelta a la vieja Europa, como mostró en su famosa conferencia de despedida La tradición gentil en la filosofía americana (1911).

En 1992, Cavell resume (cf. pp. 273-274) las dos revoluciones filosóficas que vivió: hasta los años 70 del pasado siglo, el desafío, desde dentro de la filosofía analítica, a la hegemonía del positivismo lógico importado de Austria y Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial, desafío planteado por la filosofía del lenguaje ordinario desde Inglaterra, al acabar la guerra; y, desde entonces, la arremetida de la deconstrucción de J. Derrida, que a Cavell le pareció una claudicación y ante quien defiende nada menos que: “Emerson, a través de Nietzsche, está presente en la tradición desde la que escribe Derrida y que Heidegger y Derrida buscan, continuándola, descontinuar” (p. 278). Y en 1999, se incluye (p. 170), junto al último Wittgenstein y a Austin, entre los traidores a la tradición donde se enmarcaba Willard Van Orman Quine, profesor y referente en Harvard desde 1956 hasta 1978 —que visitó España para ser investido doctor honoris causa por la Universidad de Granada en 1986, de la mano de Juan José Acero—. En este recorrido cavelliano a vista de pájaro de su biografía intelectual destaca una ausencia: no hay referencias a la corriente freudomarxista incorporada a Estados Unidos por H. Marcuse, quien pasó por Harvard y estuvo en California entre 1956 y 1970, cuando el propio Cavell también estaba en California; aunque de la corriente frankfurtiana sí que hay referencias, en concreto a los textos de T. Adorno sobre música.

El tono de su voz filosófica lo resumió perfectamente el propio Cavell con motivo de su jubilación. Ahí recuerda que fue una experiencia decisiva encontrarse con que “los asistentes a una clase de Humanidades en Harvard […] constituían un escenario perfecto para la exploración pública de los grandes textos filosóficos de nuestra tradición (incluyendo eventualmente textos literarios y películas). Tenía la sensación de que en un foro así, a lo largo de un cuatrimestre de primavera o de uno de otoño, lo que más me apetecía decir sobre estas obras que amo, si se articulaba con suficiente claridad y fervor, sin dejar de lado, si el tiempo lo permitía, ningún matiz o complejidad que pudiera surgir, sería plenamente comprendido y bendecido con inteligencia y buena voluntad” (p. 388). Esta actitud le permitió animar al variopinto público característico de las universidades norteamericanas a encontrar cada cual su voz filosófica y, ejemplarizando el talante posmoderno, mostrar el hartazgo de su generación por todo lo anterior, considerado ya viejo y aburrido, y la necesidad de romper con ello; si bien, al parecer, sin una alternativa, que, por otro lado, no había por qué ofrecer, dado que se trataba de conversar y seguir conversando puesto que lo importante no eran las respuestas, sino las preguntas.

Las editoras de Here and There. Sites of Philosophy, siguiendo indicaciones del propio Cavell, organizan los veintisiete textos, de distinta extensión y entidad, de Aquí y allá. Emplazamientos para la filosofía en tres secciones: “Partidas”, “Encargos” y “Música”, y destacan que la sección más relevante es la última puesto que la música, siendo tan importante para Cavell, apenas aparece más que como alusiones aquí y allá en el resto de su obra —aunque lo cierto es que en 1967 Cavell publicó “Música descompuesta”, donde, muy sintomáticamente, se distanciaba de la vanguardia musical experimentalista de la época, como la de Karheinz Stockhausen. Con todo, considero que ayudará a la lectora o lector y le animará a consultar estos ensayos, que pueden leerse de forma independiente, una organización temporal, siguiendo el hilo argumental de estas notas. Los tres textos más antiguos están fechados entre 1987 y 1989, y tratan sobre la deconstrucción de la relación entre filosofía y literatura, con Derrida al fondo; sobre la relación intelectual y biográfica de Cavell con Austin; y sobre el clima intelectual y filosófico de la época, al hilo de un entonces polémico libro sobre el papel de la razón en la universidad.

Trece textos más se sitúan entre 1994 y 1999. Tratan sobre la Universidad de Harvard como lugar de formación de filósofos norteamericanos; al hilo de una exposición en el Guggeheim de Nueva York, Cavell escribe sobre el coleccionismo, con referencias a Heidegger, Wittgenstein, Benjamin y Freud; sobre la comedia y el drama shakesperianos, en relación al libro de N. Frye A Natural Perspective; sobre el futuro, la filosofía y el agotamiento, temas en los que se inspira en Emerson; sobre la traducción francesa de The Claim of Reason; sobre psicoanálisis, en la reseña del libro Terrors and Experts, del psicoanalista influenciado por Cavell Adam Philipps; sobre el dolor y su expresión, o su silencio, al hilo de un artículo de la antropóloga Veena Das; su texto de despedida de Harvard con motivo de su jubilación; sobre la continuidad entre habla y música, al hilo de la ópera; sobre Benjamin y su relación con Wittgenstein; sobre ópera, al hilo de las ideas de Peter Kivy sobre Idomeneo; sobre la música de cámara de Arnold Schoenberg; la bienvenida a la Universidad de Yale al psicoanalista Jean Laplanche; y su participación en un congreso sobre W. Benjamin en la Universidad de Yale.

Finalmente, entre 2000 y 2009 se sitúan el resto de textos: sobre Beethoven y el sentido de su revolución musical; una reseña del monumental y fragmentario libro de Benjamin Libro de los pasajes, con motivo de su traducción al inglés; el prólogo a la traducción italiana de The Claim of Reason; sobre su relación con las Investigaciones filosóficas y Los cuadernos azul y marrón, cuando se cumplía el quincuagésimo aniversario de la muerte de Wittgenstein; sobre W. Faulkner; sobre el “extraño, maravilloso y a menudo exasperantemente difícil escritor” (p. 302) Wallace Stevens; el boceto de prólogo para Aquí y ahora; sobre G. Mahler, y su posible vínculo con Wittgenstein; el prólogo a la reedición francesa de varias de sus obras; el prólogo al libro de su amiga, la antropóloga india Veena Das, Life and Words: Violence and the Descend into the Ordinary, donde se habla del sufrimiento provocado por la partición de la India británica en 1947; finalmente, sobre la empatía, al hilo del libro de Bennett Simon Tragic Drama and the Family.

Se echan en falta, por cierto, textos explícitos sobre política y sobre religión.