Ismael García Franco
Universidad Autónoma de Madrid
ismagfranco@gmail.com, https://orcid.org/0009-0000-7477-1316
Manuel García Domínguez
Universidad Carlos III de Madrid
mangar21@ucm.es, https://orcid.org/0009-0003-7192-1560
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En ocasiones, aun tomando la forma de coincidencia, hay eventos naturales que parecen acompasarse a las necesidades de sus tiempos. Este año, cien vueltas al sol después del nacimiento de Manuel Sacristán, se ha publicado una antología de sus obras en edición de Gonzalo Gallardo: Manuel Sacristán. Socialismo y Filosofía. Al encontrar el libro en alguna estantería, uno puede preguntarse si este volumen es el resultado de la erudita obligación de recuperar el pensamiento del autor cien vueltas al sol después de su alumbramiento, o si se ha construido en respuesta a una situación de allá afuera, siendo la espera al centenario una mera coincidencia. Desde el comienzo del libro, se deja claro que aquello que se pretende recuperar no es solo el pensamiento del autor en un gesto de pura erudición, sino también su espíritu: “un compromiso con la lucha por la emancipación y la verdad” (p. 7). Previamente a los doce textos que componen la antología, encontramos una breve introducción a la vida y obra de Manuel Sacristán (pp. 7-30) y una línea cronológica (pp. 31-52) en la que se entrelazan fenómenos históricos (en cursiva) con eventos biográficos (en redonda), los cuales dejan entrever esta misma idea: los textos de Manuel Sacristán fueron una respuesta a su tiepo y esta antología no podía serlo menos. La recuperación y sistematización de una parte de su obra en este pequeño volumen reorganiza todos aquellos textos que “puedan ser útiles en el medio plazo para reorientar al movimiento [socialista] estratégica y tácticamente y tratar de salir de la crisis en la que ha entrado; de ahí su enorme actualidad” (p. 25).
Los doce textos se ordenan cronológicamente y parecen agruparse implícitamente en cuatro grupos correspondientes a las cuatro etapas definidas por el editor, Gonzalo Gallardo, en la mencionada línea biográfica-histórica: “El joven Sacristán premarxista y sus intereses filosóficos, 1944-1955”, “El intelectual marxista y dirigente del PSUC-PCE, 1956-1969”, “Crisis vital, programa de estudio y nuevos ejes de interés, 1969-1977” y “Pensador de la derrota y de la necesidad de renovación: consolidación del ecosocialismo, 1978-1985”. En la primera etapa, podríamos incluir los tres primeros textos, “Simone Weil” (1951), “Homenaje a Ortega” (1953) y “Las ideas gnoseológicas de Heidegger” (este último compuesto por tres apartados de su tesis doctoral, defendida en 1959). En ellos, se vislumbran las tradiciones de las que se nutrió Sacristán durante su fase como estudiante de Derecho en la Universidad de Barcelona, y que le distanciaron de su adolescencia falangista: la filosofía de Ortega, el existencialismo europeo y el personalismo de Weil (p. 34). Y, pese a que habríamos de esperar hasta 1956 para su primer artículo en prensa comunista, se comienzan a ver algunas claves que definirán su postura años después, como el encomio al compromiso ético-político de estos grandes pensadores y la insistencia, de origen orteguiano, en la racionalización de su propio pensamiento.
En la segunda etapa se encuadrarían otros tres textos: “Tres notas sobre la alianza impía” (1961), “La tarea de Engels en el Anti-Dühring” (1964) y, dando un pequeño salto, “Checoeslovaquia y la construcción del socialismo” (1969) ―texto que da indicios ya del inicio de la tercera etapa que acabamos de comentar―. Estos tres textos componen los capítulos con seguridad más técnicos de la recopilación, en lo que al uso preciso de la estructura categórica del materialismo dialéctico se refiere. Pasado el ecuador de su vida, Sacristán viviría un giro hacia la segunda parte del título de este volumen: un socialismo del que ya era, a comienzos de la década de los sesenta, un ducho conocedor. Y es que, en estos textos, la lectura viene acompañada de la sensación de admiración ante la manifiesta precisión de quien ha leído (y militado) mucho y, sobre todo, ante una contundencia de raigambre leninista que a día de hoy nos desubica, como si nos llevara a una época donde todo parecía más claro. El ejercicio de concreción que siguen estos tres textos, desde el debate teórico acerca de la alianza entre el positivismo cientificista con el irracionalismo teológico hasta el análisis concreto de las implicaciones políticas de la Primavera de Praga, las palabras caen en cascada en un formato sintético que trasluce una lectura atenta y pausada de distintos textos de la tradición marxista.
En la tercera etapa, bien podríamos recoger al rezagado “Un apunte acerca de la filosofía como especialidad” (1966) y leerlo junto a “De la filosofía de la ciencia a la política de la ciencia” (1976). Junto a este acercamiento al movimiento emancipatorio obrero, se verán con grandísima claridad las influencias racionalistas y analíticas que explican el énfasis que Sacristán pone en la filosofía y la política de la ciencia. En ambos textos, recupera esta preocupación por la “ciencia” bien sea vinculándola con una nueva visión de la Filosofía como una actividad crítica ejercida sobre los conocimientos reales existentes, esto es, los científicos y los precientíficos de la experiencia cotidiana, bien sea trayendo a debate la crisis de la política de la ciencia como contracara de la crisis análoga en filosofía de la ciencia, dos crisis que, tal y como las planteaba, parecen extenderse hasta nuestros días. Su preocupación por el mundo presente se refleja de nuevo, esta vez, por la necesidad de que la filosofía de la ciencia no hable a partir de otra cosa que no sea la práctica científica real (p. 122), por así decirlo. Y en esta línea, un lector se siente abrumado por su preocupación temprana, al menos en España, acerca de los límites del crecimiento y los conflictos asociados al desarrollo de las fuerzas industriales en cualquier tradición emancipatoria, y clama: ¡por qué no hubo por entonces más Sacristanes y por ahora más sacristanianos!
Esta y otras críticas internas a la deriva del movimiento socialista impregnan su cuarta y última etapa, y vertebran los cuatro breves textos escogidos para representarla: “A propósito del eurocomunismo” (1977), “Algunos atisbos político-ecológicos de Marx” (1983), “La OTAN hacia dentro” (1984) y “El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel” (1985). Esta etapa, a la que llamábamos “pensador de la derrota”, no debe confundirse con la de un pensador derrotado: pese a las muestras de cansancio físico e intelectual, y a escribirse en la etapa en la que abandona el PSUC y la militancia de base en el partido, se plantean críticas enérgicas al eurocomunismo, al marxismo prometeico, al militarismo atlántico incluso en propias filas, y, finalmente, al idealismo gramsciano, no sin ciertos matices. En esta última etapa, Sacristán profundiza en una filosofía de la práctica que esquiva el chantaje de la praxis, ofreciendo análisis propios del buen filosofar en tanto que, usando aquella expresión de Leibniz que nos recuerda en su último ensayo, son de alguna forma perennes. Es por ello que estos textos “polemizantes”, escritos como respuesta a distintas polémicas que florecieron en su tiempo (por ejemplo, el referéndum de la OTAN), pueden leerse hoy sin perder actualidad, y es que, como ya preconizó Sacristán, han venido cosas peores.1
Hasta aquí, el lector bien pudiera considerar esta reseña como un simple elogio (necesario, y que ya hemos hecho) de la figura de Manuel Sacristán y de lo oportuno de esta antología. Bueno, ya se considera en adelante una crítica o un pequeño regalo al fiel seguidor del autor madrileño, habría cabido esperar que hubiera entrado algunos otros textos que son considerados fundamentales para explicar el pensamiento de Sacristán, especialmente aquellos de su cuarta etapa donde termina por afianzar su visión ecosocialista. Así, el texto fundacional del ecosocialismo en España, “Comunicación a las Jornadas de Ecología y Política” (1979) o la “Carta de la redacción” (1979) del número 1 de Mientras tanto, son dos textos claves en el “viejo Sacristán” que no encontramos en esta, por lo demás, completa antología y que podrían echar de menos los lectores más versados en este autor. Recordemos aquellas palabras de Jorge Riechmann (2017Riechmann, Jorge (2017). ¿Vivir como buenos huérfanos? Ensayos sobre el sentido de la vida en el Siglo de la Gran Prueba. Los Libros de la Catarata.): “la mejor manera de acercarse a los fecundos planteamientos de Sacristán sobre estas cuestiones [posleninianas], creo yo, es releer las breves y densas páginas de su ‘Comunicación a las Jornadas de Ecología y Política’ de 1979” (Riechmann, 2017Riechmann, Jorge (2017). ¿Vivir como buenos huérfanos? Ensayos sobre el sentido de la vida en el Siglo de la Gran Prueba. Los Libros de la Catarata., p. 109). Y es que, si “varios Sacristanes esenciales son posibles en función de la finalidad perseguida” (López Arnal, 2018López Arnal, Salvador (2018). ¿Necesitamos un Sacristán esencial? EspaiMarx. https://espai-marx.net/?p=3538), algo debía perderse si consideramos que lo esencial de Sacristán es, como apostaba el editor, “ser militante comunista” (p. 7).
Dicho esto, y sin querer olvidar en la reseña ese espíritu de época que expusimos en la introducción, cabría aterrizar algunos de los aprendizajes que pueden extraerse del libro para aquella reorientación del movimiento socialista. Será ahí, precisamente, donde se ponga en juego su perennidad. Aquella pregunta, “¿por qué debemos seguir leyendo a Sacristán?”, podría ocupar volúmenes enteros, por lo que, en este caso, trataremos de traer al presente el espíritu crítico del último Sacristán, renovador de las tesis marxistas, a través de tres de sus puntos: su postura pacifista, su crítica ecologista a la tecnología y su apuesta por el viraje ecosocialista del movimiento obrero.
En primer lugar, en estos últimos años, donde hemos contemplado un genocidio en directo, y ahora que vuelven a sonar los tambores de guerra sobre suelo occidental, hemos de recuperar el (eco)pacifismo sacristaniano. Bien podríamos decir, como afirma José Luis Gordillo (2025Gordillo, José Luis (2025). L’ecopacifisme de Manuel Sacristán. Realitat. https://www.realitat.cat/2025/04/lecopacifisme-de-manuel-sacristan/), que el pacifismo “no fue una cuestión central en la obra ni del joven ni del viejo Sacristán”; por el contrario, “el pacifismo le interesó en sus últimos años de vida: en la etapa en la que dejó de ser un comunista organizado y fue director de la revista “Mientras tanto” (1979-1985)”. Sin embargo, algunas de las reflexiones que propuso se extienden hacia la actualidad, donde, aunque de forma ponderada, se mantiene la amenaza real de un conflicto armado (termo)nuclear y, con él, la pulsión de aniquilación total. Dicho de otro modo, ahora que riman nuestras épocas con la intensificación del conflicto entre dos grandes hegemones, la preocupación de Sacristán, surgida de una necesidad ―casi biológica― de evitar la extinción total, permanece tan vigente como el primer día.
Su (eco)pacifismo no ha de ser tomado como una simple posición moralista, o ingenua, sino que era una posición política, e incluso revolucionaria guiada, según Gordillo, por dos puntos fundamentales: la comprensión del pacifismo bajo la máxima de “no matar”, más que de “no querer morir” y la crítica a la postura bélica de la tradición marxista a través de un giro conceptual: las guerras dejarían de ser oportunidades ―y medios legítimos― para alcanzar y defender el socialismo, y pasarían a ser el acicate para defender el pacifismo como oportunidad para cambiar la naturaleza propia de la política ―enclaustrada en la máxima clausewitziana de que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”―.
En la antología que reseñamos, el único texto en el que podemos ver claramente una posición pacifista es en “La OTAN hacia dentro” un texto publicado en 1984, entre la entrada de España en la Alianza en 1982 y el referéndum de 1986. En él, Sacristán recoge y critica los argumentos que se esgrimían a favor de la permanencia de España en la OTAN. En concreto, hace un alegato frente aquellos que intentaban argumentar la permanencia española en la Alianza por motivos externos, esto es, la supuesta amenaza del Pacto de Varsovia (p. 169), afirmando que estos escondían motivos internos, como la presión de las potencias occidentales (pp. 169-170) o los intereses de las fuerzas militares (p. 170). En definitiva, criticaba que este juego político de trileros entre lo interno y lo externo no perseguía otra cosa que “la imposición a los españoles del sentimiento de impotencia, de nulidad política, de su necesidad de obedecer y hasta de volver su cerebro y su corazón del revés” (p. 171).
En relación al segundo punto, si bien Sacristán no dedica volúmenes específicos a la cuestión tecnológica, esta reaparece sobre la mesa si la entendemos, siguiendo su última etapa, como sinónimo de ciencia o, al menos, de su proyección instrumental de los últimos dos siglos. Su postura frente a la tecnología no puede comprenderse, en última instancia, sin volver brevemente sobre su pacifismo y su vinculación con los riesgos que comporta el desarrollo tecnocientífico contemporáneo. La concienciación por parte de Sacristán de la radical vulnerabilidad del género humano ―que se agrava por las nuevas relaciones agudísimas entre poder nuclear-destructivo y estructuras de dominación― es lo que dota de mayor urgencia y contenido histórico concreto a la apuesta por el pacifismo y la relectura marxista de las tecnologías. Sin aquella preocupación, junto a la cuestión ecológica, no podemos comprender las motivaciones ni las implicaciones de su cisma teórico: mientras que la tradición marxista consideraba únicamente una dimensión del modo de producción industrial, a saber, la del desarrollo de las fuerzas productivas, Sacristán introduce otras dos dimensiones inseparables de estas tecnologías: las dimensiones reproductivas y destructivas. La primera refiere a la tecnología como condición de posibilidad del mantenimiento de la vida humana en la actualidad, es decir, que, sin una transición hacia otros tipos de técnica, no podrían desaparecer sin más las tecnologías sin llevarse con ellas una parte importante de la reproducción social. La segunda, y en este punto incidió en sobremedida Sacristán, vincularía indisolublemente el desarrollo tecnológico con la crisis ecológica, la amenaza termonuclear y la devastación del ámbito comunitario.
Este último punto dialoga con corrientes con aspiraciones emancipatorias bien actuales, desde el ecomodernismo al aceleracionismo de izquierdas, que recuperan aquel famoso fragmento de las máquinas de los Grundrisse para situar en el desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas las claves para alcanzar una sociedad, si no comunista, al menos más justa. A una primera respuesta esbozada, según la cual el desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas viene acompañado de un desarrollo ilimitado de sus fuerzas destructivas, hasta el punto de dar fin a las condiciones materiales (esta vez, en un sentido biofísico) de nuestra vida en el planeta, podemos sumarle otras. Si atendemos a un texto no incluido en la antología, pero absolutamente clave, como “La función de la ciencia en la sociedad contemporánea” (1981), encontramos otras dos de primera relevancia: que la transformación de la base material en cualquier proceso revolucionario viene acompañada, atendiendo a la materialidad del complejo tecnológico, de una transformación del orden sociotécnico; y que la misma posibilidad de transformación a gran escala de la realidad, concentrada en las pocas manos de los grupos científicos-industriales, daría lugar a un totalitarismo integral, como dijeron años más tarde, con ciertos matices, autores como Langdon Winner (1987Winner, Langdon. (1987). La ballena y el reactor: Una búsqueda de los límites en la era de la alta tecnología. Gedisa.) o Rafael de la Cruz (1983Cruz, Rafael de la (1983). Tecnología y poder. Siglo XXI.).
Esto se uniría, finalmente, a aquel viraje ecosocialista que prescribía para el movimiento obrero. En la línea de su crítica a la tecnología como la hemos expuesto, una de las aportaciones más significativas de Sacristán a la tradición socialista sería su crítica a la interpretación del marxismo en clave productivista ―apunte realizado, con buen tino, por la lectura de Adrián Almazán (2016Almazán, Adrián (2016). La aproximación de Manuel Sacristán a la cuestión de la tecnología. Bajo Palabra, 13(2), 183-196. http://dx.doi.org/10.15366/bp2017.15.0013).― En una entrevista de la revista Dialéctica, reunida en Mientras Tanto, dirá nuestro filósofo: “no tenemos ninguna garantía de que la tensión entre las fuerzas productivo-destructivas y las relaciones de producción hoy existentes haya de dar lugar a una perspectiva emancipatoria. También podría ocurrir todo lo contrario” (Sacristán, 1983Sacristán, Manuel. (1983). Entrevista con Manuel Sacristán. Mientras Tanto, 16/17, 195-211., p. 199). Dicho en distintos textos de la antología, y remarcado en la “Comunicación a las jornadas de ecología y política” (1979Sacristán, Manuel (1979). Comunicación a las jornadas de Ecología y Política. Mientras Tanto, 1, 19-24.) a las que hicimos referencia, Sacristán se desliga de la interpretación de la filosofía marxista como una filosofía de la historia y abandona la milenarista utopía-escatología productivista, según la cual el desarrollo de las fuerzas productivas nos acercaría al día de un Juicio Final revolucionario. Esto complica las cosas, ya que, en sus mismos términos, enmaraña qué es lo que ha de hacer el sujeto revolucionario, aunque tenga muy claro lo que no:
Por el modo como hemos aprendido finalmente a mirar a la Tierra, sabemos que el agente no puede tener por tarea fundamental el “liberar las fuerzas productivas de la sociedad” supuestamente aherrojadas por el capitalismo. Hemos dejado de admitir la mística coincidencia entre el desarrollo objetivo de la sociedad y los fines comunistas, coincidencia en la que aún creyó Lenin, por ejemplo. Ahora sabemos que hemos de ganarnos integralmente la nueva Tierra con el trabajo de nuestras manos. [...] Por otro lado, la tarea fundamental del agente revolucionario no puede consistir tampoco en coartar, sin más complicaciones, las fuerzas productivas. [...] Esta complejidad de lo que tiene que hacer el sujeto revolucionario ―ni “liberar las fuerzas productivas de la sociedad” sin más, ni simplemente cortarlas― conlleva un cambio de la imagen tradicional del agente. [...] A juzgar por la complicación de la tarea fundamental descrita, la operación del agente revolucionario tendrá que describirse de un modo mucho menos fáustico y más inspirado en normas de conducta de tradición arcaica. Tan arcaica, que se pueden resumir en una de las sentencias de Delfos: “de nada en demasía” (Sacristán, 1979Sacristán, Manuel (1979). Comunicación a las jornadas de Ecología y Política. Mientras Tanto, 1, 19-24., p. 21)
Si, tras esto, uno espera recibir respuestas fijas y absolutas venidas del pasado para plantear en pocas líneas un programa revolucionario bien definido ante las crisis de nuestro presente, lamentamos decepcionarle. Hacía bien Sacristán (1979Sacristán, Manuel (1979). Comunicación a las jornadas de Ecología y Política. Mientras Tanto, 1, 19-24.) en rechazar las deducciones inmediatas de la solución ecosocial a modo de la dialéctica idealista, y en abrazar la práctica sistemática de la investigación por ensayo y error guiada por la finalidad comunista. Pero no nos lancen piedras a la cabeza aún: concluiremos esta reseña con dos puntos de partida, dos prácticas, para responder al viejo “¿Qué hacer?”, cuya validez en la actualidad dejaremos, sin embargo, al buen juicio del lector:
Las dos prácticas complementarias han de ser revolucionarias, no reformistas, y se refieren respectivamente al poder político estatal y a la vida cotidiana. Es una convicción común a todos los intentos marxistas de asimilar la problemática ecológico-social que el movimiento debe intentar vivir una nueva cotidianidad, sin remitir la revolución de la vida cotidiana a “después de la Revolución”, y que no debe perder su tradicional visión realista del problema del poder, en particular del estatal. (Sacristán, 1979Sacristán, Manuel (1979). Comunicación a las jornadas de Ecología y Política. Mientras Tanto, 1, 19-24., p. 24)
Almazán, Adrián (2016). La aproximación de Manuel Sacristán a la cuestión de la tecnología. Bajo Palabra, 13(2), 183-196. http://dx.doi.org/10.15366/bp2017.15.0013
Cruz, Rafael de la (1983). Tecnología y poder. Siglo XXI.
Gordillo, José Luis (2025). L’ecopacifisme de Manuel Sacristán. Realitat. https://www.realitat.cat/2025/04/lecopacifisme-de-manuel-sacristan/
López Arnal, Salvador (2018). ¿Necesitamos un Sacristán esencial? EspaiMarx. https://espai-marx.net/?p=3538
Riechmann, Jorge (2017). ¿Vivir como buenos huérfanos? Ensayos sobre el sentido de la vida en el Siglo de la Gran Prueba. Los Libros de la Catarata.
Sacristán, Manuel (1979). Comunicación a las jornadas de Ecología y Política. Mientras Tanto, 1, 19-24.
Sacristán, Manuel. (1983). Entrevista con Manuel Sacristán. Mientras Tanto, 16/17, 195-211.
Winner, Langdon. (1987). La ballena y el reactor: Una búsqueda de los límites en la era de la alta tecnología. Gedisa.
1 Referencia a la siguiente cita del volumen reseñado: “La nueva crisis del movimiento socialista y del marxismo [1968] no ha hecho más que empezar, o no ha llegado aún a su culminación. Pasarán cosas peores.” (p. 112)