David Mengual Garcerán
Universidad de Sevilla
dmengual@us.es, https://orcid.org/0009-0003-4157-4932
Copyright: © 2026 Editorial CSIC. Este es un contenido de acceso abierto diamante distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0)
Información complementaria ↓
La portada elegida por la editorial Alianza para el libro La Escuela de Frankfurt: Una introducción es de lo más sugerente. Vemos una foto en blanco y negro en la que aparece la tumba de Marx. Esta se alza, con el distintivo busto del filósofo, entre infinidad de pequeñas lápidas apiñadas a su alrededor. Ante la tumba, vemos a tres personas de espaldas, rindiendo respeto al padre del materialismo histórico, o simplemente absortas al leer las inscripciones talladas en piedra, entre las que destaca la proclama final del Manifiesto del partido comunista —“Workers of all lands unite”—. Que esas tres personas pertenecen a otro tiempo resulta evidente ya solo por su forma de vestir. Hay, en ello, cierto extrañamiento del que emerge un sentido fundamental. A pesar de su distancia con el siglo XIX de Marx, ese encuentro entre dos tiempos permite que se plantee la pregunta por la herencia marxiana en la contemporaneidad. Cómo actualizar su crítica ante el grave desafío de los totalitarismos y del capitalismo avanzado en el siglo XX: una consigna que sirve para caracterizar de inmediato la labor filosófica de los miembros de la Escuela de Frankfurt.
Giuseppe Bedeschi, especialista en historia de la filosofía adscrito a la Università La Sapienza, publicó originalmente el libro en lengua italiana en el año 1985. Sin embargo, hasta 2024 no se ha llevado a cabo la traducción al español, de la mano de Manuel Cuesta Aguirre. Se incluye además un preámbulo que el autor escribió ese mismo año, donde justifica que su introducción a los filósofos frankfurtianos no se ocupe de su producción teórica posterior al regreso de Adorno y Horkheimer del exilio estadounidense. Algo que puede sorprender, dada la importancia de la obra tardía de los autores y de la toma de relevo de la generación liderada por Habermas. Bedeschi defiende esta decisión haciendo referencia al impacto de la escisión entre los miembros de la Escuela que permanecieron en EE. UU. y los que volvieron a Alemania, y por las diferencias sustanciales con la filosofía de los nuevos frankfurtianos.
El autor se propone hacer de La Escuela de Frankfurt: Una introducción una reconstrucción analítica de las teorías de los principales autores vinculados al Institut für Sozialforschung. Con ello, busca proyectar una imagen general de las propuestas de una serie de filósofos entre los que existe, ciertamente, una gran heterogeneidad. Con ese cometido, Bedeschi estructura la obra en ocho capítulos. En primer lugar, se ocupa de los motivos de la fundación del Institut en 1922 y del escrito de juventud de Horkheimer La impotencia de la clase obrera alemana. En el siguiente capítulo, se encarga de la relación entre marxismo y psicoanálisis a través de un estudio de los artículos de Fromm Sobre el método y el cometido de una psicología social analítica y, saltando varios años en el tiempo, La caracterología psicoanalítica y su significado para la psicología social. El tercer apartado está dirigido a los estudios sobre el vínculo entre liberalismo y fascismo, a través de un recorrido por La situación actual del capitalismo y las perspectivas de un reordenamiento planificado de la economía de Pollock y La lucha contra el liberalismo en la concepción totalitaria del Estado de Marcuse. En siguiente lugar, Bedeschi analiza los textos de Horkheimer, Fromm y Marcuse acerca de la autoridad y la familia. El quinto capítulo abarca la obra de la Escuela perteneciente a la segunda mitad de la década de 1930, y se centra en cuestiones de metodología y la crítica al positivismo. Los textos analizados aquí son El ataque más reciente a la metafísica de Horkheimer y Sobre los fundamentos filosóficos del concepto científico-económico de trabajo, de Marcuse —si bien este último se publicó en 1933—. Posteriormente, nos encontramos con una parte reservada al fenómeno del totalitarismo, de la mano del Capitalismo de Estado de Pollock y Estado autoritario de Horkheimer. El séptimo capítulo lo dedica Bedeschi a la reflexión en torno a la sociedad tecnológica, a partir del texto de Marcuse Algunas implicaciones sociales de la tecnología moderna y de los libros fundamentales Dialéctica de la Ilustración y Crítica de la razón instrumental, así como un apunte final a La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica de Benjamin. Por último, encontramos un epílogo en el que el autor termina debatiendo acerca de las interpretaciones frankfurtianas de Marx y Freud, con una reflexión final acerca de Eros y civilización de Marcuse.
Con este recorrido, pretendidamente histórico, pero con abruptos saltos en el tiempo, la persona lectora esperará tener acceso a una guía para adentrarse en el profundo, complejo e influyente pensamiento de la Escuela de Frankfurt. Sin embargo, el resultado que consigue Bedeschi es bien distinto de eso. Más que una introducción a la Escuela, el libro aparece como un intento de refutación1 a gran escala de la filosofía de Pollock, Marcuse, Horkheimer y Fromm. No incluyo aquí a Adorno, pues no encontramos en el libro ningún estudio de su obra en solitario. Habría sido pertinente acudir a sus estudios sobre la personalidad autoritaria o a la Minima moralia, ya que entran en la breve franja temporal a la que se limita el libro. De no ser por esto último, también podría haber acudido a Dialéctica negativa o a Teoría estética, siendo esta última de lo más pertinente en torno a la crítica al arte de masas que presenta Bedeschi de la mano de Benjamin. Debo mencionar que este último también está demasiado poco representado. Cualquier análisis de la obra benjaminiana habría resultado útil para presentar la Escuela de Frankfurt: tanto sus textos académicos como su labor radiofónica o la más cercana a la literaria —Infancia en Berlín hacia 1900, Calle de sentido único—, por no hablar de su paradigmático Libro de los pasajes. Y también llama mucho la atención que, aunque se reflexione en torno a Algunas implicaciones sociales de la tecnología de Marcuse, y que se presente como la tematización preliminar de conceptos claves de El hombre unidimensional, no haya ninguna reflexión en torno a esta última obra, una de las más importantes de la Escuela.
Seguramente deba volver a incidir en el hecho de que lo que Bedeschi plantea en La Escuela de Frankfurt: Una introducción es un intento de refutación, que roza incluso la desacreditación. Algo que, a priori podría decirse, necesitaría mucho más de las menos de trescientas páginas de las que se compone el libro. Por poner solo unos pocos ejemplos: a ojos del autor, la tentativa de Fromm de conciliar marxismo y psicoanálisis es “un forzamiento evidente” (Bedeschi, 2024Bedeschi, Giuseppe (2024). La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Alianza., p. 44), “carente de ningún fundamento” y “destinada al fracaso” (Bedeschi, 2024Bedeschi, Giuseppe (2024). La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Alianza., p. 55). Por otro lado, la continuidad entre liberalismo y fascismo que plantea Marcuse es descrita como “un esquema forzado, en ciertos sentidos incluso grotesco y, en cualquier caso, bastante poco convincente en conjunto” (Bedeschi, 2024Bedeschi, Giuseppe (2024). La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Alianza., p. 78), además de “maniqueo”, “tosco y extremista” (Bedeschi, 2024Bedeschi, Giuseppe (2024). La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Alianza., p. 81). Por añadir algo más, a Bedeschi le parece el estudio de Horkheimer sobre la autoridad y la familia “una pura y simple ilusión” (Bedeschi, 2024Bedeschi, Giuseppe (2024). La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Alianza., p. 93), y afirma que su enfoque al respecto, como el de Fromm, “suscita perplejidad” (Bedeschi, 2024Bedeschi, Giuseppe (2024). La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Alianza., p. 98), por no hablar del ensayo Los judíos y Europa, lleno, según Bedeschi, de conatos “genéricos e insuficientes” (Bedeschi, 2024Bedeschi, Giuseppe (2024). La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Alianza., p. 141). En líneas generales, sobre la Escuela de Frankfurt, “no podemos decir que lleven aparejadas soluciones satisfactorias”, al “hacer suyas las posiciones del marxismo más tosco y extremista” (Bedeschi, 2024Bedeschi, Giuseppe (2024). La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Alianza., p. 193).
Por supuesto, siempre es bienvenido un estudio crítico incluso en una obra introductoria. Un buen ejemplo de ello es el famoso Gran Hotel Abismo, de Stuart Jeffries (2018)Jeffries, Stuart (2018). Gran Hotel Abismo. Turner.: un libro dinámico que, al mismo tiempo que ofrece una completa lectura de la vida y obra de los teóricos críticos, problematiza muchas de sus contradicciones e incompletitudes (el origen burgués del Instituto, la falta de compromiso práctico, el rechazo maniqueo a la industria de la cultura, la condena de los movimientos estudiantiles de finales de la década de 1960…). Pero lo que hace Bedeschi en la mayoría de los casos es desmontar los argumentos de los autores mencionados al mismo tiempo que los presenta, cuando se da por hecho que el público al que va dirigido el libro tiene escasos o nulos conocimientos sobre la Escuela de Frankfurt. Si alguien accede por primera vez a la Teoría Crítica con este libro, lo que tendrá es una perspectiva muy limitada y sesgada de las aportaciones de esta corriente intelectual. No solo por las graves omisiones que ya se han expuesto, sino por el afán de destrucción que se expresa en el libro. Si uno investiga el perfil de Bedeschi, puede pensarse en un claro interés por dicho afán. Ya lo tenía años atrás, cuando era más cercano a líneas ortodoxas del marxismo, y lo sigue teniendo en la actualidad, como liberal que, entre otras cosas, ha colaborado en los Cuadernos FAES de pensamiento político.
Muchas veces, las severas críticas de Bedeschi obedecen a una excesiva simplificación del objeto de estudio. El caso más grave de esto llega a colación de La lucha contra el liberalismo en la concepción totalitaria del Estado, artículo de Marcuse analizado en la tercera sección de La Escuela de Frankfurt: Una introducción. En dicho estudio, que data del año 1934, Marcuse se propone mostrar las líneas ideológicas que vinculan el liberalismo triunfante en el mundo occidental con el ascenso del fascismo. Más que una ruptura política, este se entiende como una consecuencia lógica de la fase monopolística del capitalismo. A Bedeschi este artículo le parece extremista y simplista, y acaba marcando una brecha entre las dos ideologías estudiadas. Sin embargo, llama la atención que se supriman los dos argumentos más fuertes que Marcuse esgrime a favor de su tesis: en primer lugar, la referencia a Liberalismo de Mises, donde se saca a relucir su defensa del fascismo y la dictadura como salvadores de la moral europea (Marcuse, 2025Marcuse, Herbert (2025). La lucha contra el liberalismo en la concepción totalitaria del Estado. En Herbert Marcuse, La teoría crítica en la era del nacionalsocialismo: Ensayos (1934-1941) (pp. 41-76)., p. 47); en segundo lugar, la mención a la carta que Gentile le escribe a Mussolini al afiliarse en el partido fascista, donde se declara como liberal convencido por la posibilidad de realización de las verdaderas proclamas del liberalismo (Marcuse, 2025Marcuse, Herbert (2025). La lucha contra el liberalismo en la concepción totalitaria del Estado. En Herbert Marcuse, La teoría crítica en la era del nacionalsocialismo: Ensayos (1934-1941) (pp. 41-76)., p. 48). Por otra parte, cabe decir que el frankfurtiano no habla de una superposición entre las ideas del liberalismo y del fascismo, sino de una continuidad, habiendo espacio para el estudio de ciertas diferencias entre ambas posturas. El análisis de Marcuse pierde, desgraciadamente, gran parte de sus aristas y de su actualidad si se sigue el tratamiento que Bedeschi hace del mismo.
Pero no todas las tentativas de refutación parten solamente de omisiones. Bedeschi se detiene a debatir con la Escuela de Frankfurt acerca de sus interpretaciones de Marx y de Freud. El autor contempla en el análisis heterodoxo de los teóricos críticos una especulación trivial sin una verdadera adecuación a las fuentes originales. Por tanto, Bedeschi emplea sus referencias a Freud y a Marx como bastión de guerra contra los frankfurtianos. Por ello, es necesario detenerse en los argumentos que esgrime el filósofo italiano y descubrir así sus insuficiencias.
Aunque el lugar donde el autor desarrolla más ampliamente su crítica es en el epílogo, ya comienza a mostrar sus desavenencias con la interpretación frankfurtiana del psicoanálisis desde el comienzo del libro. Concretamente, a partir de los escritos tempranos de Fromm, en los que se hace uso de la teoría de Freud para concebir el origen social de las representaciones psíquicas de la realidad. A grandes rasgos, lo que une los estudios freudomarxistas de Fromm, Horkheimer y Marcuse —podríamos nombrar a Reich como predecesor— es el interés por comprender el origen social de las estructuras psíquicas que acaban orientando la concepción de la realidad y la asunción de ideologías que no se ajustan a las necesidades materiales de los individuos. Se trata de una lectura que rechaza los aspectos más biologicistas del psicoanálisis y que atiende a la interiorización de dinámicas de sumisión a la autoridad y represión de los instintos. Estas se entienden como consecuencia de interacciones familiares, las cuales, en última medida, derivan de estructuras sociales concretas, condiciones de vida y lucha de clases. Esta visión social del psicoanálisis rechaza el mal inherente al ser humano: lejos de concebirse como una tendencia esencial e irremediable de nuestra naturaleza, el mal es comprendido como fruto de flujos de poder situados históricamente. Por ello, no extraña el rechazo de conceptos freudianos como Tánatos, la pulsión de muerte. Para Bedeschi, eso implica un error inadmisible, que termina faltando al rigor de la teoría de Freud. Según el autor, una teoría estrictamente psicoanalítica debe asumir los momentos antropológicamente más pesimistas de Freud, como los que a veces se muestran en El malestar de la cultura.
Es justamente esta hostilidad primaria de los hombres entre sí lo que jamás cesaba de amenazar con destruir la civilización. La idea de suprimir dicha hostilidad primaria con la abolición de la propiedad privada era una pía quimera (Bedeschi, 2024Bedeschi, Giuseppe (2024). La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Alianza., p. 49).
Según Bedeschi, esta concepción negativa de la naturaleza humana es incompatible con la posibilidad de una utopía marxista. El autor se aferra a esa concepción ahistórica del mal para afirmar, justo después, la universalidad del complejo de Edipo, cuestionada por Fromm al asociarla a un tipo concreto de sociedad patriarcal. Pues a ojos de Bedeschi, la civilización occidental se ha caracterizado por la estructura familiar patriarcal desde hace milenios (Bedeschi, 2024Bedeschi, Giuseppe (2024). La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Alianza., p. 51). Esta última tesis, por lo demás, ya ha sido refutada,2 por no hablar de la posibilidad de encontrar alternativas en sociedades no occidentales.
Bedeschi quiere hacernos pasar su lectura de Freud como una verdaderamente consistente con su obra. En comparación, hace ver las propuestas freudomarxistas como nimias y carentes de sentido. Sin embargo, hemos de darnos cuenta de que la interpretación que Bedeschi hace del psicoanálisis es precisamente eso, una interpretación. La cuestión de lo social y de la esencialidad del mal es bastante compleja en Freud, y permite numerosas conclusiones. Por no hablar de las manifiestas implicaciones políticas que tiene tal debate. Bedeschi nos presenta las pruebas que podrían alejarlo más de las interpretaciones materialistas. Sin embargo, también podríamos hacer alusión a fragmentos como el siguiente, que sí permiten un acercamiento al proyecto de Marx:
Si una cultura no ha podido evitar que la satisfacción de cierto número de sus miembros tenga por premisa la opresión de otros, acaso de la mayoría (y es lo que sucede en todas las culturas del presente), es comprensible que los oprimidos desarrollen una intensa hostilidad hacia esa cultura que ellos posibilitan mediante su trabajo, pero de cuyos bienes participan en medida sumamente escasa. Por eso no cabe esperar en ellos una interiorización de las prohibiciones culturales; al contrario: no están dispuestos a reconocerlas, se afanan por destruir la cultura misma y eventualmente hasta por cancelar sus premisas. La hostilidad de esas clases a la cultura es tan manifiesta que se ha pasado por alto la que también existe, más latente, en los estratos favorecidos de la sociedad. Una cultura que deja insatisfechos a un número tan grande de sus miembros y los empuja a la revuelta no tiene perspectivas de conservarse de manera duradera ni lo merece (Freud, 1986Freud, Sigmund (1986). El porvenir de una ilusión. En Sigmund Freud, Obras completas XXI (pp. 1-55). Amorrortu., p. 12).
Hacer de la teoría de Freud un mero recurso para la justificación de un concepto ahistórico del mal, sin apelar a la complejidad y la ambivalencia de su pensamiento, puede considerarse una simple legitimación del statu quo. No en vano, Carl Schmitt afirmaba que “toda idea política adopta una actitud determinada frente a la «naturaleza» del hombre y presupone que el hombre es «bueno o malo por naturaleza” (Schmitt, 2009Schmitt, Carl (2009). Teología política. Trotta., p. 51), para luego añadir, asumiendo el pensamiento del inquisidor Donoso Cortés, que “frente al mal radical sólo cabe la dictadura” (Schmitt, 2009Schmitt, Carl (2009). Teología política. Trotta., p. 57). El debate sobre la bondad o maldad inherente al ser humano es, en este contexto, algo que excede lo meramente antropológico; por ello, se trata de un campo en el que no sería pertinente seguir incidiendo. Pero lo que se asume de todo esto es el hecho de que la lectura pesimista de Freud no es la única o la más legítima, pero sí la más adecuada para una justificación del poder establecido. Que la interpretación frankfurtiana del psicoanálisis se oponga a esto no deja de ser tan notable como rigurosa en su procedimiento. Por otra parte, queda indicar que el psicoanálisis es una corriente que va mucho más allá de lo que afirmó su padre fundador, e incluye posteriores autores y elaboraciones que no se pueden reducir a una sola lectura ortodoxa.
Queda abordar el segundo frente dialéctico de Bedeschi contra la Teoría Crítica: la referencia a Marx. El autor ofrece una sorprendente lectura sobre el padre del materialismo histórico: afirma que en su obra conviven dos tendencias, una ilustrada y otra romántica. Los representantes de la Escuela de Frankfurt solo recogerían los elementos más utópicos y alejados de la realidad del análisis social marxista. Estos se encuentran, a juicio del autor, en los textos tempranos de Marx, más cercanos a la filosofía de Hegel. La crítica se orientaría aquí como la denuncia a la escisión a un orden perdido, llamando a una unidad orgánica (Bedeschi, 2024Bedeschi, Giuseppe (2024). La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Alianza., p. 199). Un mito romántico de eticidad que Bedeschi ve como la única vía que la Escuela de Frankfurt explora a partir de Marx, la cual “radicaliza hasta el extremo” (Bedeschi, 2024Bedeschi, Giuseppe (2024). La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Alianza., p. 202). No se estaría teniendo en cuenta el supuesto equilibrio que existe con la otra faceta de Marx.
La parte más ilustrada de la teoría marxiana es a la que se ciñe Bedeschi, y es la que afirma, según él, el carácter revolucionario de la burguesía y la necesidad del aumento de la productividad del trabajo para el progreso económico y civilizador de la humanidad (Bedeschi, 2024Bedeschi, Giuseppe (2024). La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Alianza., pp. 198-199). Puede que uno no acostumbre a encontrar una justificación marxista del liberalismo burgués y del capitalismo. No es de extrañar, pues se trata de una postura que se puede rebatir fácilmente. Basta con aludir a que el papel revolucionario de la burguesía solo es considerado tal frente al modelo socioeconómico anterior, el feudalismo. Luego se vuelve trivial el llamamiento de Marx a una nueva revolución que acabe con el orden capitalista.
Por otro lado, para desmentir el carácter antiilustrado que Bedeschi atribuye a la Escuela de Frankfurt, solo haría falta acudir a la siguiente cita del prólogo de Dialéctica de la Ilustración:
No albergamos la menor duda —y esta es nuestra petitio principii— de que la libertad en la sociedad es inseparable del pensamiento ilustrado. Pero creemos haber descubierto con igual claridad que el concepto de este mismo pensamiento, no menos que las formas históricas concretas y las instituciones sociales en que se halla inmerso, contiene el germen de aquella regresión que hoy se verifica por doquier. Si la Ilustración no asume en sí misma la reflexión sobre este momento regresivo, firma su propia condena (Adorno y Horkheimer, 2016Adorno, Theodor W. y Horkheimer, Max (2016). Dialéctica de la Ilustración: Fragmentos filosóficos. Trotta., p. 53).
Aunque es verdad que en el libro encontramos un estudio de Dialéctica de la Ilustración, este solo incide en la crítica a gran escala de la civilización occidental a partir del concepto ampliado de Ilustración. No llega a indagar en el verdadero potencial crítico de este texto, que reside, en palabras de Allen (2015Allen, Amy (2015). The End of Progress: Decolonizing the Normative Foundations of Critical Theory. Columbia University Press., p. 173), en su juicio ambivalente respecto al progreso ilustrado. Es precisamente la articulación de una relación contradictoria entre emancipación y dominación en el seno de la Ilustración lo que supone un desafío estimulante a la hora de elaborar una teoría crítica de la sociedad.
Sin embargo, no solo en esta obra de Adorno y Horkheimer encontramos una posición más matizada hacia el problema de la modernidad, que hace insuficiente la valoración que hace Bedeschi sobre un rechazo absoluto de la sociedad industrial y la Ilustración. Podemos volver a encontrarnos con esto en El hombre unidimensional, un texto cuya ausencia pesa considerablemente sobre La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Al final de su análisis, Marcuse considera la posibilidad de una configuración social de la tecnología capaz de servir a la libertad de los individuos.
La transformación tecnológica es al mismo tiempo transformación política, pero el cambio político se convertirá en cambio social cualitativo solo en el grado en que altere la dirección del progreso técnico, esto es, en que desarrolle una nueva tecnología, porque la tecnología establecida se ha convertido en un instrumento de la política destructiva (Marcuse, 1993Marcuse, Herbert (1993). El hombre unidimensional. Planeta-Agostini., pp. 255-256).
La idea de una politización de la ciencia y la de una tecnología de la pacificación son fundamentales en el pensamiento de Marcuse, y componen un corpus teórico muy rico. Un intento de demolición que se precie debería tener en cuenta, al menos, estos detalles. Se podría seguir indagando en otros textos, pero lo comentado debería ser suficiente para desmentir la imagen simplificada que transmite La Escuela de Frankfurt: Una introducción.
Solo por añadir un comentario más al libro, la traducción de Cuesta Aguirre se lleva a cabo también sobre las versiones italianas de los textos que Bedeschi cita, pese a que fueron escritos originalmente en alemán o en inglés. Aunque se incluye un amplio apartado biográfico con las referencias a todas las traducciones en lengua española que estaban disponibles en 2024, habría enriquecido al libro un uso de estas para reproducir los textos de los frankfurtianos. Y ya para reconocer dos virtudes de la obra: en primer lugar, la concisa pero completa descripción de la dialéctica como método central de la Escuela, que aparece en el primer capítulo; y el estudio y valoración de las aportaciones de Pollock, intelectual dejado en segundo plano por parte de muchos estudios filosóficos, y que aparecen presentadas por Bedeschi con cierta neutralidad.
Por las razones que se han expuesto a lo largo de esta reseña, es difícil recomendar el libro de Bedeschi al público que quiera introducirse en la Teoría Crítica. Antes bien, sí podría interesar a aquellas personas que, teniendo ya ciertos conocimientos sobre la Escuela de Frankfurt, quieran enfrentarse a un pequeño reto filosófico.
Si, una vez terminado el libro, vuelve a mirarse la portada, esta aparece con un significado totalmente distinto. Ya no queda rastro de la reflexión en torno a las herencias perdidas, o de la tarea de cumplir las esperanzas del pasado (Adorno y Horkheimer, 2016Adorno, Theodor W. y Horkheimer, Max (2016). Dialéctica de la Ilustración: Fragmentos filosóficos. Trotta., p. 55). El rostro esculpido de Marx aparece ahora amenazante, gigantesco e implacable, como haciendo suyo el sentido del fantasma que recorre Europa (Engels y Marx, 2011Engels, Friedrich y Marx, Karl (2011). Manifiesto del Partido Comunista. Alianza., p. 47). Y las tres personas que le rinden respeto parecen pequeñas, débiles e incapaces de manejar lo suficientemente bien el reto que tienen ante sus ojos. Parecería, más que un encuentro filosófico entre generaciones, una conjura maligna, ruidosa pero poco coherente. Comprender la Escuela de Frankfurt y asumir su importancia requiere, en primer lugar, que empiece a difuminarse esa imagen.
Información complementaria ↑
Fuentes de financiación
La realización de esta reseña ha sido posible gracias a la financiación del VII Plan Propio de Investigación y Transferencia de la Universidad de Sevilla.
Adorno, Theodor W. y Horkheimer, Max (2016). Dialéctica de la Ilustración: Fragmentos filosóficos. Trotta.
Allen, Amy (2015). The End of Progress: Decolonizing the Normative Foundations of Critical Theory. Columbia University Press.
Butler, Judith (2007). El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad. Paidós.
Engels, Friedrich y Marx, Karl (2011). Manifiesto del Partido Comunista. Alianza.
Freud, Sigmund (1986). El porvenir de una ilusión. En Sigmund Freud, Obras completas XXI (pp. 1-55). Amorrortu.
Bedeschi, Giuseppe (1974). Introducción a Lukács. Siglo Veintiuno.
Bedeschi, Giuseppe (2024). La Escuela de Frankfurt: Una introducción. Alianza.
Jeffries, Stuart (2018). Gran Hotel Abismo. Turner.
Marcuse, Herbert (1993). El hombre unidimensional. Planeta-Agostini.
Marcuse, Herbert (2025). La lucha contra el liberalismo en la concepción totalitaria del Estado. En Herbert Marcuse, La teoría crítica en la era del nacionalsocialismo: Ensayos (1934-1941) (pp. 41-76).
Schmitt, Carl (2009). Teología política. Trotta.
1 En ese sentido, puede compararse el libro con su introducción a Lukács. Allí, Bedeschi muestra su rechazo hacia la filosofía de este autor desde el primer momento (Bedeschi, 1974Bedeschi, Giuseppe (1974). Introducción a Lukács. Siglo Veintiuno., pp. 10-12).
2 Véase el clásico análisis de Butler (2007Butler, Judith (2007). El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad. Paidós., p. 250).