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				<journal-title>Isegor&#xed;a</journal-title>
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			<issn publication-format="electronic">1988-8376</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#xed;ficas</publisher-name>
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				<subj-group subj-group-type="heading">
					<subject>Art&#xed;culos</subject>
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				<article-title>Sobre la crisis de la responsabilidad en un mundo en globalizaci&#xf3;n<xref ref-type="fn" rid="fn1">
						<sup>*</sup>
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					<trans-title>On the crisis of responsibility in a globalizing world</trans-title>
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					<contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0001-8805-9637</contrib-id>
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						<surname>Blanco Brotons</surname>
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					<aff id="aff1"><institution>Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)</institution></aff>
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					<license-p>Este es un art&#xed;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#xe9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#xf3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p>La noci&#xf3;n de responsabilidad busca establecer una conexi&#xf3;n entre agentes y alg&#xfa;n da&#xf1;o o injusticia, imponi&#xe9;ndoles el deber de arreglar las cosas. La identificaci&#xf3;n de responsabilidades es por lo tanto un paso fundamental en la labor de luchar contra las injusticias, al imponer obligaciones concretas a agentes particulares. Sin embargo, nuestro mundo en globalizaci&#xf3;n pone en crisis los presupuestos tradicionales en los que se basa esta idea. En este art&#xed;culo se examinan los motivos de esta crisis y se ofrecen interpretaciones alternativas que eviten los problemas se&#xf1;alados. Se argumenta a favor de adoptar una perspectiva estructural que deje de lado el punto de vista interaccional de la &#xe9;tica.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>The notion of responsibility seeks to establish a connection between agents and some harm or injustice, imposing on them the duty to make things right. The identification of responsibilities is therefore a fundamental step in the work of fighting against injustices, by imposing concrete obligations on particular agents. However, our globalizing world puts in crisis the traditional assumptions on which this idea is based. In this article I examine the reasons for this crisis and I offer alternative interpretations to avoid the problems identified. I argue in favour of adopting a structural perspective that leaves aside the interactional point of view of ethics. </p>
			</trans-abstract>
			<kwd-group>
				<kwd>responsabilidad</kwd>
				<kwd>globalizaci&#xf3;n</kwd>
				<kwd>agencia</kwd>
				<kwd>estructura social</kwd>
				<kwd>ontolog&#xed;a social</kwd>
			</kwd-group>
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				<kwd>Responsibility</kwd>
				<kwd>Globalization</kwd>
				<kwd>Agency</kwd>
				<kwd>Social structure</kwd>
				<kwd>Social ontology</kwd>
			</kwd-group>
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					<funding-source>Gobierno de Espa&#xf1;a</funding-source>
					<award-id>PGC2018-093656-B-I00</award-id>
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				<funding-statement>Este art&#xed;culo se ha elaborado en el marco del proyecto “Fronteras, democracia y justicia global” (PGC2018-093656-B-I00), financiado por el Plan Estatal de I+D+i del Gobierno de Espa&#xf1;a.</funding-statement>
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	<body>
		<sec id="sec1" sec-type="intro">
			<label>1.</label>
			<title>Introducci&#xf3;n</title>
			<p>En un mundo global dram&#xe1;ticamente atravesado de desigualdad y de injusticias parece imprescindible se&#xf1;alar agentes responsables por tal situaci&#xf3;n y sobre los que recaer&#xed;a la obligaci&#xf3;n de arreglar las cosas, o al menos de intentarlo en la medida de sus posibilidades. No resulta suficiente se&#xf1;alar las injusticias objetivas, reconocer alguna lista de derechos universales que todo ser humano podr&#xed;a reclamar o enumerar alg&#xfa;n conjunto de bienes b&#xe1;sicos que todo individuo deber&#xed;a tener asegurado por encima de un umbral m&#xed;nimo. Si queremos aspirar a que estas reclamaciones lleguen a tener efectos en el mundo real, deber&#xed;amos poder identificar a agentes concretos que deben hacer algo en relaci&#xf3;n con esas injusticias o al aseguramiento de esos derechos. En este sentido, autores como <xref ref-type="bibr" rid="B30">Thomas Pogge (2005)</xref> u <xref ref-type="bibr" rid="B28">Onora O’Neill (2004)</xref> trabajan en una perspectiva &#xe9;tica “basada en la acci&#xf3;n”, cuya finalidad es encontrar conexiones, dependencias y restricciones moralmente relevantes de nuestras acciones que nos permitan adjudicar obligaciones y nos motiven a modificar nuestra acci&#xf3;n, a hacer algo. El objetivo de este planteamiento es alejarse de una descripci&#xf3;n demasiado difusa de los derechos e intentar identificar agentes particulares con obligaciones espec&#xed;ficas (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Deveaux, 2013: 2</xref>). Determinar responsabilidades es uno de estos rasgos moralmente relevantes que pueden clarificar los caminos para transformar situaciones que deben ser cambiadas.</p>
			<p>Ante todo, tenemos que ofrecer una definici&#xf3;n de “responsabilidad”, lo cual no es f&#xe1;cil para un t&#xe9;rmino tan cargado de significaciones dispares. En un sentido general, “una persona es responsable cuando est&#xe1; obligada a responder de sus propios actos” (<xref ref-type="bibr" rid="B12">Ferrater Mora, 2005: 3082</xref>). La idea de responsabilidad presupone alguna concepci&#xf3;n de la agencia humana, y sobre esto nos detendremos m&#xe1;s adelante. De momento se se&#xf1;alar&#xe1;n algunas formas particulares de entender la responsabilidad que no se corresponden con la perspectiva adoptada en este texto. Ante todo, la perspectiva expresada por Ferrater Mora que, seg&#xfa;n un modelo religioso, interpreta la respuesta del agente como un <italic>dar cuenta</italic> ante Dios u otra entidad (responsabilidad “para con Dios”, “para con uno mismo”, “para con la sociedad”, etc.), de quienes esperaremos una evaluaci&#xf3;n total de nuestras acciones y un juicio correspondiente (id.). Tampoco se considerar&#xe1; aqu&#xed; la responsabilidad como una virtud personal, como cuando decimos de una persona que es “muy responsable”, ya sea por su buen comportamiento, porque delibera concienzudamente, considera las consecuencias de su acci&#xf3;n, decide lo que cree que es mejor para todos, etc.</p>
			<p>Con relaci&#xf3;n a las cuestiones de justicia global se&#xf1;aladas al comienzo, el concepto de responsabilidad es relevante porque se&#xf1;ala la existencia de ciertas <italic>conexiones</italic> entre el agente y el paciente, o entre las acciones de alguien y algunas circunstancias que &#xe9;l mismo u otra persona disfruta o sufre (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Miller, 2001: 468-471</xref>). Los seres humanos no somos m&#xf3;nadas aisladas, sino que nos encontramos embebidos en contextos en los que somos vulnerables a las acciones de otros de cuyos efectos diremos que son responsables. Pero la responsabilidad no hace simplemente referencia a esta conexi&#xf3;n. Es fundamental para esta idea el hecho de que se&#xf1;alar a un sujeto como responsable implica al mismo tiempo se&#xf1;alar que <italic>tiene una tarea que realizar</italic>. Por ejemplo, si seg&#xfa;n un punto de vista religioso creemos que somos responsables ante Dios por nuestros pecados, entonces tendremos la tarea de responder por ellos en el Juicio Final y asumir nuestra condenaci&#xf3;n o salvaci&#xf3;n; si desde alg&#xfa;n otro punto de vista aceptamos ser responsables de cierta situaci&#xf3;n de injusticia porque alguna acci&#xf3;n nuestra est&#xe1; conectada de alg&#xfa;n modo con ella, se nos impone la tarea de hacer lo que podamos para que esa situaci&#xf3;n deje de ser injusta. As&#xed; pues, en adelante se mantendr&#xe1; la siguiente idea de responsabilidad: <italic>decir que un agente es responsable es decir que su acci&#xf3;n est&#xe1; conectada con alguna circunstancia que le impone una tarea a realizar en relaci&#xf3;n con ella</italic>. Muchas veces la conexi&#xf3;n relevante se interpreta como una relaci&#xf3;n de causalidad: si hemos causado un da&#xf1;o somos responsables de &#xe9;l y debemos subsanarlo. Nuestra definici&#xf3;n deja esta cuesti&#xf3;n indeterminada y m&#xe1;s adelante se tendr&#xe1; ocasi&#xf3;n de discutirla. Cu&#xe1;l sea la tarea que el agente deba hacer y c&#xf3;mo depender&#xe1; de la forma en que se produce la conexi&#xf3;n, de los contextos y circunstancias concretas. Planteando la cuesti&#xf3;n desde el marco de la teor&#xed;a de la justicia, se presupondr&#xe1; que, si nuestra acci&#xf3;n est&#xe1; conectada a una injusticia, la acci&#xf3;n que la responsabilidad nos impone es eliminar o paliar tal injusticia.</p>
			<p>Pues bien, el problema que se aborda en este art&#xed;culo es que nuestro actual mundo en globalizaci&#xf3;n pone de tal modo en crisis las nociones en las que se fundamenta la idea de responsabilidad, que parece convertir en un espejismo la posibilidad de encontrar responsables de las graves injusticias globales. En el primer apartado se exponen las nociones de sentido com&#xfa;n que, seg&#xfa;n Scheffler, fundamentan la responsabilidad y algunos rasgos de la globalizaci&#xf3;n que las ponen radicalmente en crisis. En los siguientes dos apartados se analizan algunos intentos de superar este problema. Se intenta mostrar que sigue siendo posible dar sentido a la noci&#xf3;n de responsabilidad personal en un mundo global, pero para ello es necesario reexaminar el modo en que se eval&#xfa;a la agencia en los debates &#xe9;ticos y fundamentarla adecuadamente en una correcta ontolog&#xed;a social.</p>
		</sec>
		<sec id="sec2">
			<label>2.</label>
			<title>Crisis de la responsabilidad en un mundo en globalizaci&#xf3;n</title>
			<p>Resolver cualquier problema te&#xf3;rico o pr&#xe1;ctico pasa necesariamente por delimitarlos y hacerlos manejables para nuestra finita capacidad de comprensi&#xf3;n. La realidad es abrumadoramente compleja y necesitamos conceptos, reglas o principios que nos pongan las cosas un poco m&#xe1;s f&#xe1;ciles reduciendo la complejidad. De acuerdo con <xref ref-type="bibr" rid="B34">Scheffler (2001: 36-38)</xref>, la concepci&#xf3;n normativa de responsabilidad est&#xe1; basada en dos ideas “de sentido com&#xfa;n” cuya finalidad es restringir el alcance de nuestras responsabilidades para hacerlas manejables y f&#xe1;cilmente aplicables dentro de los contextos normales de nuestras vidas cotidianas. La <italic>primera idea</italic> es que alguien tiene una especial responsabilidad por lo que &#xe9;l mismo hace, mientras que esta exigencia moral se difumina en aquello que simplemente se falla en prevenir. Esta idea normalmente se expresa como que los deberes negativos son m&#xe1;s estrictos que los positivos. Lo que se falla en prevenir solo impone una fuerte responsabilidad moral cuando se trata de expectativas sociales u obligaciones establecidas espec&#xed;ficamente -no hacer lo que se deb&#xed;a haber hecho-. La <italic>segunda idea</italic> de sentido com&#xfa;n, seg&#xfa;n Scheffler, es que los agentes tenemos una especial responsabilidad con las personas con las que mantenemos ciertas relaciones significativas. Con nuestra familia, nuestros vecinos o compatriotas tendr&#xed;amos mayor responsabilidad que con las personas con las que no tenemos ninguna relaci&#xf3;n.</p>
			<p>Scheffler a&#xf1;ade que la naturalidad que atribuimos a estas ideas se basa en concepciones particulares de las relaciones sociales y de la agencia (<xref ref-type="bibr" rid="B34">Scheffler, 2001: 38-39</xref>). En primer lugar, las relaciones sociales se conciben como interacciones de peque&#xf1;a escala, con conexiones causales claramente demarcadas y entre agentes individuales independientes. En segundo lugar, la concepci&#xf3;n de la agencia presupuesta se basa en la primac&#xed;a de los actos sobre las omisiones, de los efectos pr&#xf3;ximos sobre los lejanos y de los efectos individuales sobre los causados por grupos, en cuyo seno la responsabilidad individual se difumina. </p>
			<p>El problema, seg&#xfa;n Scheffler, consiste en que las nuevas circunstancias de nuestro mundo en globalizaci&#xf3;n muestran que estas concepciones sobre las relaciones sociales y de la agencia son insostenibles. Pero el resultado de esto no es una concepci&#xf3;n expansiva de la responsabilidad que nos permita se&#xf1;alar resueltamente responsables m&#xe1;s all&#xe1; de nuestras condiciones locales o nacionales. El resultado es el cuestionamiento de la viabilidad de la idea de responsabilidad personal, de la aspiraci&#xf3;n a poder distribuir responsabilidades entre agentes encargados de resolver las graves injusticias globales.</p>
			<p>Al igual que las ciencias sociales del siglo XX, la filosof&#xed;a pol&#xed;tica ha tendido a presuponer que las sociedades particulares son las m&#xe1;s adecuadas unidades de an&#xe1;lisis, as&#xed; como los contextos donde se establecen las obligaciones de justificaci&#xf3;n y las responsabilidades leg&#xed;timas entre agentes. Tales sociedades se presuponen cerradas y autosuficientes, o al menos lo suficiente como para que cualquier relaci&#xf3;n transfronteriza no sea suficientemente relevante como para imponer obligaciones y responsabilidades similares a las que se dan entre miembros. Un ejemplo de tal perspectiva lo constituye la teor&#xed;a de la justicia de Rawls, dise&#xf1;ada expl&#xed;citamente para sociedades autosuficientes (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Rawls, 2014: 18</xref>). Aunque Ralws se cuid&#xf3; de hablar solo de “sociedades” o “pueblos”, las caracter&#xed;sticas que atribu&#xed;a a estos conceptos los conectaba inevitablemente a los Estados modernos, a cuyas instituciones su teor&#xed;a pretend&#xed;a aplicarse (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Benhabib, 2005: 65-66</xref>). Ya a comienzos del siglo XXI, enfrentados a los problemas de la justicia global, autores como Nagel o Blake no dudaron en defender la restricci&#xf3;n de las obligaciones de la justicia a los Estados realmente existentes. </p>
			<p>Hoy se ha vuelto frecuente se&#xf1;alar que tal identificaci&#xf3;n entre sociedades cerradas y Estados, y la creencia de que estos constituyen la adecuada unidad de an&#xe1;lisis, es una caracter&#xed;stica del “nacionalismo metodol&#xf3;gico” que ha dominado el pensamiento socio-pol&#xed;tico y que solo recientemente se ha convertido en objeto expl&#xed;cito de reflexi&#xf3;n y cr&#xed;tica (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Beck, 2004</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B32">Sager, 2016</xref>). Esta perspectiva presupon&#xed;a un isomorfismo entre Estado, sociedad, ciudadan&#xed;a, soberan&#xed;a, grupo de solidaridad y naci&#xf3;n, desarrollado en un espacio territorial delimitado por las fronteras estatales (<xref ref-type="bibr" rid="B38">Wimmer y Schiller, 2002: 227</xref>). El problema es que los desarrollos de nuestro mundo en globalizaci&#xf3;n han hecho que estas simplificaciones que nos ayudaban a hacer manejables nuestras obligaciones y responsabilidades resulten completamente insostenibles, si es que alguna vez lo fueron (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Fraser, 2008</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B22">Mezzadra y Neilson, 2017</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B36">Walby, 2003</xref>).</p>
			<p>El t&#xe9;rmino “globalizaci&#xf3;n” hace referencia a un conjunto complejo y heterog&#xe9;neo de fen&#xf3;menos y procesos cuyo sentido es a&#xfa;n objeto de controversias. Hay, no obstante, acuerdo entre diversos autores en concebir este fen&#xf3;meno como un proceso a trav&#xe9;s del que se est&#xe1; produciendo un aumento de la densidad, la frecuencia, la amplitud, la profundidad y la velocidad de las interconexiones sociales a nivel global y transnacional (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Giddens, 1994: 67-68</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B19">Held <italic>et al.</italic>, 2002: 2</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B36">Walby, 2003: 530-531</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B37">2009: 36</xref>). No se trata en absoluto de que est&#xe9; surgiendo un “nivel global” homog&#xe9;neo y aut&#xf3;nomo desde el que podamos analizar m&#xe1;s adecuadamente las relaciones sociales, sino m&#xe1;s bien del surgimiento de un complejo entrelazamiento entre niveles, una mutua coimplicaci&#xf3;n que transforma los procesos y los significados de nuestras relaciones. Solo podremos comprender el mundo contempor&#xe1;neo reconociendo la posibilidad de que lo local sea al mismo tiempo global, de que lo global solo sea posible a trav&#xe9;s de su materializaci&#xf3;n en lo local o en lo nacional, de que lo nacional deba ahora pensarse como algo desnacionalizado o de que los nuevos sitios de la globalizaci&#xf3;n no se definan mediante las fronteras tradicionales (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Sassen, 2015: 179-184</xref>). Por otro lado, la globalizaci&#xf3;n ha incrementado los tipos de actores relevantes en los an&#xe1;lisis de los procesos sociales y ha complejizado las interacciones (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Mezzadra y Neilson, 2017: 225-229</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B29">Ong, 2006: 75-77</xref>). La globalizaci&#xf3;n se&#xf1;ala el reforzamiento de un nivel de integraci&#xf3;n sist&#xe9;mica por encima del tradicional marco estatal, pero este espacio global est&#xe1; caracterizado por una enorme complejidad y heterogeneidad, por la multiplicaci&#xf3;n de las posiciones subjetivas y experiencias vitales de los individuos que constituyen la fuerza de trabajo del capitalismo global (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Mezzadra y Neilson, 2017: 111-117</xref>) y por la diversificaci&#xf3;n de los estatus legales de las personas y de los marcos regulatorios (<xref ref-type="bibr" rid="B29">Ong, 2006: 77-79</xref>). La visi&#xf3;n irenista t&#xed;pica de los a&#xf1;os noventa que encomendaba a la globalizaci&#xf3;n el desarrollo de una esfera homog&#xe9;nea que hac&#xed;a por fin realidad un mundo de agentes cosmopolitas que dejaban atr&#xe1;s sus estrechas adscripciones locales o nacionales y se hac&#xed;an responsables compatriotas de todo ciudadano del mundo (<xref ref-type="bibr" rid="B26">Nussbaum, 1999</xref>), parece que fue poco m&#xe1;s que el caballo de Troya del neoliberalismo.</p>
			<p>Estas transformaciones necesariamente afectan a la concepci&#xf3;n de la agencia que podamos sostener, a su alcance y a su posible control, y en paralelo a la posibilidad de adjudicar responsabilidades. Seg&#xfa;n <xref ref-type="bibr" rid="B34">Scheffler (2001: 43-46)</xref>, sumergidos los individuos en tan complejas conexiones, en procesos causales de tan gran escala, en mecanismos institucionales que agrupan a tantos millones de agentes, su implicaci&#xf3;n personal en los asuntos globales se diluye hasta la insignificancia. El problema no es solo que estos procesos impliquen a tantos agentes y sean tan complejos que nos lleven a pensar que nuestra agencia es insignificante y poco podemos hacer, sino tambi&#xe9;n que los sistemas globales en los que nos encontramos inmersos son tan opacos y complejos que tienen efectos en los que no somos conscientes de participar (id., 44). La globalizaci&#xf3;n nos muestra, por un lado, que las tradicionales simplificaciones que hac&#xed;an coincidir a los Estados con sociedades particulares claramente delineadas y en virtud de ello con los contextos adecuados en los que enmarcar las reivindicaciones de justicia y de asunci&#xf3;n de responsabilidades, empiezan a ser insostenibles. Pero, por otro lado, nos introduce en un mundo complejo y opaco en el que la conexi&#xf3;n de nuestras acciones con las injusticias nos resulta imposible de establecer. Por todo ello, es la misma idea de responsabilidad personal la que empieza a ser cuestionable, la posibilidad de asignar responsabilidades basadas en nuestras acciones en relaci&#xf3;n con los grandes problemas globales.</p>
			<p>Cabe se&#xf1;alar que mucho antes de que Scheffler plantease estas cuestiones, <xref ref-type="bibr" rid="B21">Jonas (1995: 21-59)</xref> ya hab&#xed;a abordado los efectos que para nuestra responsabilidad tiene la transformaci&#xf3;n de la agencia en un mundo crecientemente globalizado. Pero a diferencia de Scheffler, que ve&#xed;a el problema en la devaluaci&#xf3;n de la agencia, para Jonas el problema es el enorme poder con el que nuestras acciones se ven investidas gracias a la t&#xe9;cnica moderna. Para uno, el problema es que podemos hacer demasiado poco sumergidos en enormes mecanismos impersonales, para el otro es que ahora disponemos de herramientas que nos permiten transformar el mundo, y da&#xf1;arlo, como nunca antes hemos podido.</p>
			<p>Ambos autores tienen parte de raz&#xf3;n. En las pr&#xf3;ximas p&#xe1;ginas se intenta resolver esta ant&#xed;tesis profundizando en la ontolog&#xed;a social de la agencia y, con ello, adoptar una interpretaci&#xf3;n de la responsabilidad que saque a este concepto de la perspectiva interaccional t&#xed;pica de la &#xe9;tica. Una cuesti&#xf3;n fundamental es si se pueden mantener simult&#xe1;neamente las dos ideas de sentido com&#xfa;n sobre la responsabilidad -el especial significado de los v&#xed;nculos personales y la especial relevancia de lo que uno hace para asignar responsabilidades- y una concepci&#xf3;n de las relaciones sociales y de la agencia coherentes con nuestro mundo en globalizaci&#xf3;n. Scheffler mismo reconoce que es dudoso que podamos ser capaces de desarrollar una idea significativa de responsabilidad sin incorporar en alguna medida esas dos ideas de sentido com&#xfa;n. Aqu&#xed; se defender&#xe1; que esto es posible si profundizamos en la noci&#xf3;n de agencia y dejamos de plantearla como una simple interacci&#xf3;n entre individuos, esto es, si adoptamos una perspectiva estructural de an&#xe1;lisis en la l&#xed;nea de <xref ref-type="bibr" rid="B40">Iris Marion Young (2011)</xref>. Antes, sin embargo, nos detendremos en el planteamiento m&#xe1;s extendido sobre responsabilidades en el &#xe1;mbito global, el cual afirma la existencia de responsabilidades morales globales independientes de la implicaci&#xf3;n causal del agente en la situaci&#xf3;n que debe repararse.</p>
		</sec>
		<sec id="sec3">
			<label>3.</label>
			<title>Las responsabilidades globales como deber positivo</title>
			<p>Nuestro mundo en globalizaci&#xf3;n nos enfrenta a una realidad extremadamente compleja en la que resulta enormemente problem&#xe1;tico trazar conexiones claras y directas entre nuestras acciones y ciertos resultados lejanos. Adem&#xe1;s, esta realidad est&#xe1; poblada por agentes de muy diversa naturaleza -individuos, Estados, organizaciones y empresas transnacionales, locales o nacionales, organizaciones multinacionales, etc.-, lo cual dificulta a&#xfa;n m&#xe1;s trazar las cadenas causales que desembocan en problemas. Sobre lo que no cabe ninguna duda es que tales problemas son de una extrema gravedad: pobreza cr&#xf3;nica en ciertos grupos sociales o regiones del planeta, violencia institucionalizada, hambre extrema, contaminaci&#xf3;n, cat&#xe1;strofes naturales, etc. Tambi&#xe9;n hay consenso en que tales problemas deben ser evitados o aliviados. En este contexto, se ha desarrollado una concepci&#xf3;n de responsabilidad global que ha alcanzado gran aceptaci&#xf3;n, tanto por parte de quienes abogan por una teor&#xed;a de la justicia cosmopolita que reconoce la igualdad moral de todos los individuos, como por quienes defienden una perspectiva estatista, esta es, la limitaci&#xf3;n de las exigencias espec&#xed;ficas de justicia al &#xe1;mbito de la cooperaci&#xf3;n estatal. El punto de acuerdo es que existe una responsabilidad moral global en garantizar cierto contenido positivo para todo individuo que habite sobre la Tierra (<xref ref-type="bibr" rid="B1">&#xc1;lvarez, 2007: 139-140</xref>). Esto que debe ser garantizado para todos pueden ser ciertos bienes b&#xe1;sicos (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Pogge, 2005</xref>), alguna lista de capacidades (<xref ref-type="bibr" rid="B27">Nussbaum, 2013</xref>) o, m&#xe1;s frecuentemente, los derechos humanos reconocidos por los mismos Estados en los Pactos Internacionales de Derechos Humanos (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Miller, 2008</xref>).</p>
			<p>Adem&#xe1;s de por este feliz acuerdo, esta concepci&#xf3;n de responsabilidad resulta relevante porque parece desarrollarse al margen de las dos ideas de sentido com&#xfa;n se&#xf1;aladas por Scheffler y cuya superaci&#xf3;n parec&#xed;a una exigencia de nuestro mundo en globalizaci&#xf3;n: la especial responsabilidad por lo que uno hace y por las personas con las que mantenemos v&#xed;nculos especiales. Por un lado, esta responsabilidad recae sobre los agentes independientemente de lo que hayan hecho para provocar la situaci&#xf3;n que debe ser reparada. Frente a las concepciones de responsabilidad que solo miran hacia el pasado, buscando culpables causales o morales de la situaci&#xf3;n que debe subsanarse, se busca ahora una concepci&#xf3;n que mire al futuro y se preocupe ante todo por resolver la situaci&#xf3;n del modo m&#xe1;s eficaz posible (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Miller, 2001: 460</xref>). Por supuesto, esta responsabilidad no recae por igual sobre cualquier agente. Normalmente se reconoce que, en virtud del principio de soberan&#xed;a, cada Estado es el primer responsable de asegurar los derechos humanos de sus ciudadanos, pero en caso de incumplimiento, la responsabilidad recae sobre la comunidad internacional (<xref ref-type="bibr" rid="B3">Beitz, 2012</xref>). Esta interpretaci&#xf3;n “pol&#xed;tica” de los derechos humanos se ha venido desarrollando en paralelo a un discurso que aboga por “pasar de una soberan&#xed;a como control a una soberan&#xed;a como responsabilidad” (<xref ref-type="bibr" rid="B20">Innerarity, 2012: 16</xref>). </p>
			<p>De acuerdo con Miller, esta responsabilidad que no mira al pasado ni busca culpables puede ser distribuida mediante el “principio de capacidad”. Seg&#xfa;n este principio, la responsabilidad de arreglar las cosas debe ser asignada a cada agente seg&#xfa;n su capacidad para lograrlo, ya sea considerando la efectividad o los costes (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Miller, 2001: 460</xref>). Por otro lado, esta responsabilidad es ciertamente cosmopolita. Afirma que lo mismo debe quedar garantizado a mi compatriota y al lejano ciudadano de Afganist&#xe1;n. En especial, afirma que los v&#xed;nculos personales no fundamentan esta exigencia moral. Estos v&#xed;nculos pueden ser relevantes, en todo caso, de un modo pragm&#xe1;tico, con relaci&#xf3;n a las mejores v&#xed;as para alcanzar tal estado de cosas. El individuo puede ejercer su responsabilidad ya sea colaborando con alguna ONG, apoyando la causa de la justicia en las redes sociales o, en especial, a trav&#xe9;s de los impuestos que paga a su Estado. Desde esta perspectiva son, sin embargo, en los Estados y otras grandes instituciones con mayor capacidad sobre las que recae esta responsabilidad de garantizar los derechos humanos de todos.</p>
			<p>Esta perspectiva tiene problemas que demuestran, no tanto que sea equivocada y no debamos exigirla, sino que hay mucho m&#xe1;s que debe ser reivindicado en relaci&#xf3;n con la responsabilidad si queremos avanzar hacia un mundo con menos injusticia. Un primer problema es si realmente resulta realista esperar que los agentes capacitados, meramente por serlo, afronten los costes de arreglar la situaci&#xf3;n sin que exista una conexi&#xf3;n m&#xe1;s fuerte entre ellos y el problema que se les exige resolver (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Miller, 2001: 461</xref>). Este tipo de conexi&#xf3;n, que pretende ofrecer argumentos de mayor peso que se suponen mejor capacitados para mover a la acci&#xf3;n, es la que la concepci&#xf3;n moral o causal de responsabilidad se propon&#xed;a visibilizar. Un segundo problema es la tensi&#xf3;n que fil&#xf3;sofos pol&#xed;ticos contempor&#xe1;neos se&#xf1;alan entre la Carta Internacional de los Derechos Humanos, fruto de relaciones de poder de cuestionable pedigr&#xed; democr&#xe1;tico, y las decisiones soberanas surgidas de los procedimientos pol&#xed;ticos de Estados democr&#xe1;ticos (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Benhabib, 2006: 17</xref>). ¿Por qu&#xe9; las decisiones leg&#xed;timas de un <italic>demos</italic> deben someterse a una Carta no establecida mediante procedimientos democr&#xe1;ticos? Si atendemos a los intereses puestos en juego en los procedimientos de autogobierno, no podemos sino reconocer la “estructura tr&#xe1;gica” de un escenario en el que los incentivos de ciudadanos y representantes hacen que sea altamente implausible que se reconozca la protecci&#xf3;n de los derechos humanos b&#xe1;sicos como una responsabilidad global (<xref ref-type="bibr" rid="B1">&#xc1;lvarez, 2007: 150</xref>). En tercer lugar, el principio de capacidad, al que se conf&#xed;a la posibilidad de asignar responsabilidades r&#xe1;pidamente para remediar el da&#xf1;o, tiene complicaciones adicionales que hacen que no sea una v&#xed;a tan sencilla. ¿En base a qu&#xe9; asignar la supuesta efectividad del agente mejor situado para arreglar la situaci&#xf3;n? Generalmente estos agentes son los Estados ricos o instituciones internacionales que invierten los recursos seg&#xfa;n sus propios criterios de desarrollo econ&#xf3;mico. Al hablar de capacidad suele presuponerse que la instituci&#xf3;n que asume los costes y las inversiones es la encargada de dise&#xf1;ar y guiar las estrategias. Sin embargo, son muchos los agentes involucrados y deben evaluarse cr&#xed;ticamente los papeles de todos. No siempre los agentes con capacidad econ&#xf3;mica para resolver los problemas son los mejor capacitados para dirigir la soluci&#xf3;n de los problemas. Muchas veces son los mismos miembros de las sociedades que sufren los problemas los mejor indicados para ello (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Deveaux, 2013: 3-4</xref>). Pero esto exige un acercamiento a los problemas globales dif&#xed;cilmente acomodable a los intereses de los agentes globales poderosos y a su predominante concepci&#xf3;n pasiva de los derechos humanos, pues ante todo exige empoderar pol&#xed;ticamente a las comunidades y convertirlas en los agentes fundamentales de cambio de sus propios contextos (id., 7-10).</p>
			<p>Finalmente, el problema principal de esta concepci&#xf3;n de la responsabilidad es que silencia, muy convenientemente para los agentes privilegiados, un gigantesco &#xe1;mbito de relevancia moral, precisamente el &#xe1;mbito de la injusticia. El problema no es que ciertos agentes carezcan de ciertos bienes, como si esto se debiera a alguna contingencia natural, sino que se les priva de ellos en contextos sociales estructurados para producir tales efectos (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Forst, 2014: 31-41</xref>). Al prestar atenci&#xf3;n solo a la necesidad de cubrir ciertos bienes o derechos m&#xed;nimos y buscar para ello al agente m&#xe1;s capacitado, se evita preguntar c&#xf3;mo las variaciones en capacidad han surgido (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Miller, 2001: 461</xref>). Solo es leg&#xed;timo intentar simplemente que alguien tenga suficiente de ciertas condiciones m&#xed;nimas si antes nos hemos asegurado de que “imperan condiciones de fondo de justicia, es decir, cuando los dem&#xe1;s no me han sacado ventaja de antemano” (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Forst, 2014: 38</xref>). Tal l&#xf3;gica de la donaci&#xf3;n disimula las m&#xe1;s profundas y decisivas responsabilidades de los “Estados benevolentes” (<xref ref-type="bibr" rid="B20">Innerarity, 2012: 22</xref>). Resulta por lo tanto fundamental, si queremos abordar nuestro mundo en globalizaci&#xf3;n de un modo cr&#xed;tico, preguntarnos no solo por la responsabilidad positiva de que todos los individuos tengan cubiertos un m&#xed;nimo de bienes, capacidades o derechos. Debemos adoptar una perspectiva que visibilice los mecanismos que hacen que algunas personas tengan m&#xe1;s capacidad, bienes o derechos que otros, y preguntarnos si los agentes est&#xe1;n conectados con estos mecanismos de modo que sean responsables de sus efectos. </p>
		</sec>
		<sec id="sec4">
			<label>4.</label>
			<title>Agencia, estructura y responsabilidad</title>
			<p>La pregunta es, por tanto, si sigue siendo posible alguna concepci&#xf3;n m&#xe1;s fuerte de responsabilidad capaz de conectar lo que los agentes hacen -o no hacen cuando deber&#xed;an hacerlo- con los da&#xf1;os o injusticias globales, ofreciendo as&#xed; argumentos m&#xe1;s potentes de por qu&#xe9; les corresponde a ellos actuar para arreglar las cosas. La idea que se defender&#xe1; en adelante es que el tipo de responsabilidad estructural planteada por algunos autores, en especial <xref ref-type="bibr" rid="B40">Young (2011)</xref>, es capaz de incorporar las dos ideas de sentido com&#xfa;n se&#xf1;aladas por Scheffler -la especial relevancia de lo que hacemos y de los v&#xed;nculos que mantenemos a la hora de asignar responsabilidades- y rechazar a la vez las tradicionales concepciones limitadas de la agencia y de las relaciones sociales insostenibles en nuestro mundo en globalizaci&#xf3;n. Para alcanzar esta conclusi&#xf3;n es necesario, sin embargo, replantearnos las nociones de agencia y v&#xed;nculos relevantes a la luz de una adecuada ontolog&#xed;a social.</p>
			<p>La tradicional perspectiva &#xe9;tica de la responsabilidad se fija en acciones singulares realizadas por alguna persona y se pregunta por su implicaci&#xf3;n causal en la situaci&#xf3;n respecto a la que se buscan responsables. La implicaci&#xf3;n puede ser simplemente causal o puede restringirse m&#xe1;s el &#xe1;mbito de acciones que debemos considerar y exigir que adem&#xe1;s de estar implicados causalmente de alg&#xfa;n modo nuestras acciones hayan sido inmorales (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Miller, 2001: 455-456</xref>). Esta exigencia de encontrar culpables de alg&#xfa;n da&#xf1;o <italic>en acciones concretas</italic> de agentes particulares es lo que Young denomina “modelo de la obligaci&#xf3;n” (<xref ref-type="bibr" rid="B40">Young, 2011: 109</xref>). Como ya se&#xf1;alaba Scheffler, el principal problema de este modo de buscar responsables es que inmersos en un complejo mundo en globalizaci&#xf3;n, nuestras acciones quedan diluidas en tan complejas cadenas causales entre otros millones de acciones particulares que sus posibles conexiones con los grandes problemas sobre los que urge encontrar responsables resultan ininteligibles. No parece que podamos ser considerados responsables de consecuencias causales remotas de nuestras acciones sobre las que no tenemos ning&#xfa;n control (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Miller, 2004: 245</xref>). Evaluando interacciones discretas desde el tradicional individualismo metodol&#xf3;gico de la &#xe9;tica personal, es dif&#xed;cil esperar poder encontrar alguna responsabilidad personal de quien compra una tableta de chocolate en su supermercado local con la deforestaci&#xf3;n del Amazonas o la explotaci&#xf3;n de agricultores en alg&#xfa;n lugar del mundo.</p>
			<p>El problema es que esta concepci&#xf3;n tradicional de la responsabilidad no est&#xe1; cimentada sobre una adecuada ontolog&#xed;a social de la agencia. El mundo no est&#xe1; constituido simplemente por agentes individuales cuyas acciones concretas interaccionan con las acciones de otros individuos. Lo que hay, en cambio, son sistemas: “todo es o un sistema o un componente de un sistema” (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Bunge, 2000a: 149</xref>) y todo sistema est&#xe1; compuesto tanto por agentes como por una estructura social que media entre ellos (id., 147). El individualismo es tanto ontol&#xf3;gicamente insostenible como metodol&#xf3;gicamente insuficiente (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Bunge, 2000b</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B10">Epstein, 2009</xref>). Tanto la realizaci&#xf3;n concreta de una acci&#xf3;n como el modo como las acciones se interrelacionan entre s&#xed; y las consecuencias que tienen se encuentra siempre y desde el principio mediado por una estructura social que condiciona lo que se hace y c&#xf3;mo se hace. En el mundo no hay simples interacciones, sino interacciones mediadas por estructuras de modo que quedan organizadas dentro de sistemas.</p>
			<p>Para comprender la perspectiva estructural resulta fundamental distinguir entre explicaci&#xf3;n causal y explicaci&#xf3;n estructural (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Epstein, 2016: 151-155</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B17">Haslanger, 2015: 8-9</xref>), raz&#xf3;n por la cual no resulta adecuado interpretar la responsabilidad exclusivamente desde la idea de conexi&#xf3;n causal. Una cosa es investigar la secuencia de eventos que llevan de un estado a otro y, otra, los elementos constitutivos que determinan las opciones o mecanismos posibles. Desde la primera perspectiva se consideran los elementos que desencadenan un proceso (C causa E), desde la perspectiva estructural, los elementos responsables de que ese y no otro sea el proceso que ocurre: ¿por qu&#xe9; ocurre [C causa E] en vez de [C causa E’]? ¿Por qu&#xe9; ocurre que al comprar una tableta de chocolate contribuyo a que ciertos agricultores sean explotados en vez de enriquecerlos? O ¿por qu&#xe9; planeo cocinar esta noche macarrones en vez de chapulines? No podemos quedarnos simplemente en el primer tipo de relaciones, sino explorar el segundo y preguntarnos si es posible imputar responsabilidad personal basada en &#xe9;l. La estructura social construye las opciones y acciones posibles, incluso lo pensable, pero esto no debe ser pensado como una barrera a la acci&#xf3;n, sino como la condici&#xf3;n esencial de su realizaci&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Giddens, 1979: 70</xref>). La relaci&#xf3;n entre los agentes y las estructuras es mucho m&#xe1;s &#xed;ntima, m&#xe1;s interna, que la relaci&#xf3;n de afectaci&#xf3;n causal. Se trata de una “relaci&#xf3;n de <italic>inherencia</italic>, que, como tal, no es ni libertad ni alienaci&#xf3;n, sino el terreno sobre el cual tan solo libertad y alienaci&#xf3;n pueden existir y que tan solo el delirio de un narcisismo absoluto podr&#xed;a querer abolir, deplorar o considerar una ‘condici&#xf3;n negativa’” (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Castoriadis, 2013: 179</xref>).</p>
			<p>Antes de profundizar en la concepci&#xf3;n de la agencia desde su ontolog&#xed;a estructural, se considerar&#xe1; brevemente la cuesti&#xf3;n de qu&#xe9; es una estructura social. Este concepto “denominate, however problematically, something very important about social relations: the tendency of patterns of relations to be reproduced, even when actors engaging in the relations are unaware of the patterns or do not desire their reproduction” (<xref ref-type="bibr" rid="B35">Sewell, 1992: 3</xref>). Seg&#xfa;n su definici&#xf3;n m&#xe1;s elemental, una estructura es un conjunto de v&#xed;nculos entre sus componentes, con cierto grado de estabilidad gracias a la reproducci&#xf3;n social (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Bunge, 2000b: 386</xref>). Un rasgo importante de la estructura es que, al organizar estas relaciones, hace que no todas sean posibles o igualmente posibles. La estructura abre o cierra, facilita o dificulta las relaciones posibles, conecta y desconecta al mismo tiempo (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Mezzadra y Neilson, 2017: 245</xref>). Se seguir&#xe1; aqu&#xed; la explicaci&#xf3;n de Giddens y Sewell que la considera como un conjunto de reglas -o esquemas- y recursos (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Giddens, 1979</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B35">Sewell, 1992</xref>). Giddens define las <italic>reglas</italic> como procedimientos generalizables aplicados en la reproducci&#xf3;n de pr&#xe1;cticas sociales (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Giddens, 1979</xref>). Este concepto incluye todo tipo de esquemas o normas culturales que los antrop&#xf3;logos han descubierto en sus an&#xe1;lisis: conceptos fundamentales de an&#xe1;lisis, convenciones, principios de acci&#xf3;n, h&#xe1;bitos de discurso, gestualidad, etc. (<xref ref-type="bibr" rid="B35">Sewell, 1992: 7-8</xref>), incluyendo tanto nociones expl&#xed;citamente formuladas y reguladas, como informales e incluso no necesariamente conscientes (<xref ref-type="bibr" rid="B18">Haslanger, 2018: 233-237</xref>). Estas reglas o esquemas son generalizables en el sentido de que pueden ser aplicadas a una gran diversidad de contextos, por lo que tambi&#xe9;n cabe pensarlas como virtuales, pues su existencia no puede reducirse a ninguna pr&#xe1;ctica particular o alguna localizaci&#xf3;n espacio-temporal (<xref ref-type="bibr" rid="B35">Sewell, 1992: 8</xref>). Por otra parte, los <italic>recursos</italic> son los medios a trav&#xe9;s de los cuales se ejerce la agencia. De acuerdo con Sewell pueden ser no humanos -objetos animados o inanimados, naturales o manufacturados- o humanos -fuerza f&#xed;sica, destrezas, conocimiento o compromisos emocionales- (id., 9-10). Estos elementos, a diferencia de las reglas, no pueden ser considerados virtuales, pues una caracter&#xed;stica fundamental de ellos es encontrarse materializados en realidades concretas.</p>
			<p>La relaci&#xf3;n entre reglas y recursos debe pensarse como una dualidad, de modo que las estructuras se piensen como simult&#xe1;neamente compuestas por reglas, que son virtuales, y recursos, que son actuales y encarnan a las reglas, en tanto que realizaciones espacio temporales de ellas. Sewell pone de ejemplo de recurso una f&#xe1;brica (<xref ref-type="bibr" rid="B35">1992: 13</xref>), la cual no es tan solo un conjunto de materiales de construcci&#xf3;n, sino algo que materializa y actualiza las reglas del sistema capitalista de trabajo (industrial). Un corolario de esta relaci&#xf3;n es que la configuraci&#xf3;n de los recursos sirve no solo para expresar las reglas, sino para validarlas, inculcarlas y justificarlas. Nos empuja a adaptarnos a la estructura social como lo objetivamente dado, como algo independiente de la voluntad que la construye, tendiendo a borrar su car&#xe1;cter de producto social. Las transformaciones de los recursos producen transformaciones de las reglas y viceversa. Los recursos deben ser comprendidos de un modo expansivo. Son cualquier realizaci&#xf3;n espacio-temporal de las reglas, las cuales solo existen en su instanciaci&#xf3;n material y a trav&#xe9;s de la acci&#xf3;n de los agentes que aplican las reglas y emplean estos recursos. Los conjuntos de reglas y recursos, en fin, «may properly be said to constitute <italic>structures</italic> only when they mutally imply and sustain each other over time» (<xref ref-type="bibr" rid="B35">Sewell, 1992: 13</xref>). Ambos autores insisten tambi&#xe9;n en la necesidad de comprender las estructuras no como relaciones sincr&#xf3;nicas, sino como procesos, como mecanismos que coordinan acciones a lo largo del tiempo (id., 4).</p>
			<p>Se ha considerado necesario hacer estas aclaraciones para alejarnos de la interpretaci&#xf3;n que da Young de estructura social como algo referido “a los resultados acumulativos de las acciones de masas de individuos que representan sus propios proyectos, a menudo de forma descoordinada, con muchos otros” (<xref ref-type="bibr" rid="B40">Young, 2011: 78</xref>). Si bien lo que antes hemos denominado “normas” est&#xe1; constituido por h&#xe1;bitos o reglas informales que no han sido objeto de reflexi&#xf3;n y que se encuentran descoordinados, los resultados de las estructuras no son meras acumulaciones accidentales y no intencionales, como los montoncitos de arena en la entrada de los hormigueros. Son m&#xe1;s bien mecanismos que presentan grandes partes claramente formalizadas, institucionalizadas o asumidas expl&#xed;citamente, inseparables de recursos dise&#xf1;ados y planificados minuciosamente, cuya funci&#xf3;n es coordinar las partes m&#xe1;s informales. Las estructuras sociales pueden clasificarse seg&#xfa;n su grado de formalizaci&#xf3;n y de estabilidad. Aqu&#xed; seguiremos a Giddens en definir las instituciones como un conjunto de normas y recursos con mayor grado de formalizaci&#xf3;n y estabilidad (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Giddens, 1979: 65</xref>). Por esto se entiende que algunas teor&#xed;as de la justicia hayan privilegiado las “grandes instituciones” como el objeto de la justicia (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Rawls, 2014: 20</xref>), aunque esto no debe hacernos perder de vista que las instituciones son tan solo un subconjunto de los sistemas sociales.</p>
			<p>Llegados aqu&#xed;, parecer&#xed;a que todo esto se opone a nuestro inter&#xe9;s original, el cual era defender la posibilidad de establecer responsabilidades por los efectos estructurales. Pues si nuestra acci&#xf3;n est&#xe1; sometida a procesos que se nos imponen, si somos meras piezas de un todo sobre el que no tenemos control, dif&#xed;cilmente podr&#xe1; decirse que somos responsables de sus efectos. Para mostrar el modo en el que esto no es as&#xed; es preciso profundizar en la relaci&#xf3;n entre la agencia y la estructura. Giddens propone el concepto “dualidad de la estructura” para referirse al car&#xe1;cter fundamentalmente recursivo de la vida social (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Giddens, 1979: 69</xref>), la circunstancia de que, mientras que la acci&#xf3;n de los agentes sociales no puede explicarse sin referirse a los sesgos de la estructura social que efectivamente construyen lo que puede pensarse o hacerse, la estructura, por su parte, se construye y es continuamente reactualizada y transformada por esa misma acci&#xf3;n. Ambos est&#xe1;n recursivamente implicados: “the notions of action and structure <italic>presuppose one another</italic>” (id., 53). La estructura a la vez posibilita y constri&#xf1;e la acci&#xf3;n, provee de las herramientas que esta necesita, pero siempre de forma situada y contextual. Ahora bien, esto no nos empuja hacia un c&#xed;rculo cerrado, a un continuo reforzamiento de normas y recursos preestablecidos, porque la sociedad es esencialmente fracturada y m&#xfa;ltiple. </p>
			<p>Los sistemas sociales no son compartimentos estancos a los que corresponda una estructura claramente fijada y determinada a la que respondan todas las acciones. Antes bien, son entidades complejas y m&#xfa;ltiples que interact&#xfa;an e intersecan permanentemente con una multitud de otros sistemas. Una misma acci&#xf3;n puede estar condicionada por la superposici&#xf3;n de diversas estructuras, tales como el lenguaje, el patriarcado o el capitalismo, del mismo modo que tales estructuras pueden complementarse o no entre s&#xed;. Sewell avanza cinco caracter&#xed;sticas de las estructuras que nos permiten comprender la posibilidad inmanente de su trasformaci&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B35">Sewell, 1992: 16-19</xref>): la multiplicidad de las estructuras -las pr&#xe1;cticas sociales derivan de m&#xfa;ltiples estructuras, nunca plenamente hom&#xf3;logas-, la transportabilidad de los esquemas -estos pueden aplicarse en una gran diversidad de circunstancias-, la impredecibilidad de la acumulaci&#xf3;n de recursos -las consecuencias a nivel de los recursos de la transportabilidad de los esquemas nunca es plenamente predecible-, la polisemia de los recursos -cualquier conjunto de estos puede ser interpretado de formas diferentes, cambiando a su vez los esquemas- y, finalmente, la intersecci&#xf3;n de estructuras -transformaciones en alguna de ellas puede llevar a transformaciones de otras con las que se encuentra relacionada-.</p>
			<p>El cambio estructural es por lo tanto posible, concluye Sewell, porque “their reproduction is never automatic. Structures are at risk, at least to some extent, in all of the social encounters they shape” (<xref ref-type="bibr" rid="B35">Sewell, 1992: 19</xref>). La agencia, en tanto capacidad para trasponer esquemas y transformar recursos, es la otra cara de unas estructuras fragmentadas, complejas y en continua ebullici&#xf3;n. Las personas no somos esclavas de los sistemas sociales. Ciertamente estamos posicionados en ellos de forma diferencial, lo cual conforma de formas particulares nuestra capacidad de acci&#xf3;n, pero tenemos la capacidad de asumir cr&#xed;ticamente las normas y los recursos que conforman nuestro entorno social. Es a trav&#xe9;s de nuestras acciones como las estructuras se reproducen, afianzan o trasforman, ya sea reafirmando o rechazando unas normas con mayor o menor nivel de formalizaci&#xf3;n, o contribuyendo al desarrollo de los recursos materiales, disponiendo de sus beneficios o participando en los mecanismos de decisi&#xf3;n pol&#xed;tica.</p>
		</sec>
		<sec id="sec5" sec-type="conclusions">
			<label>5.</label>
			<title>Conclusi&#xf3;n. La concepci&#xf3;n de sentido com&#xfa;n resignificada</title>
			<p>La concepci&#xf3;n de responsabilidad estructural desarrollada en las p&#xe1;ginas anteriores es consistente con la concepci&#xf3;n de sentido com&#xfa;n se&#xf1;alada por Scheffler, si bien al coste de resignificar sus t&#xe9;rminos. Esta concepci&#xf3;n es capaz de asignar responsabilidades personales, es decir, se&#xf1;alar responsabilidades que recaen sobre personas concretas. Y esto se hace por referencia, tanto a lo que las personas hacen o no han hecho cuando deb&#xed;an haberlo hecho, como por referencia a los efectos que los grandes sistemas globales tienen. Es decir, al rechazar la perspectiva meramente interaccional e individualista puede, por un lado, buscar m&#xe1;s all&#xe1; de meras conexiones causales que se dan entre interacciones discretas y directas y, por otro, atender a los efectos o propiedades emergentes de los sistemas que no se reducen a los efectos o propiedades de sus componentes tomados individualmente. La base de esta responsabilidad es la concepci&#xf3;n de la agencia que acaba de se&#xf1;alarse. Los seres humanos somos siempre parte de sistemas sociales organizados seg&#xfa;n diversas estructuras, y el que estas sean como son o evolucionen en el sentido en que lo hacen depende de nuestra acci&#xf3;n, a trav&#xe9;s de la cual reproducimos o transformamos las normas, o colaboramos en que el sistema tenga cierta distribuci&#xf3;n de recursos. Por ello, no simplemente somos responsables de los efectos de mi acto particular individual, sino de las consecuencias que emergen del sistema del que mis actos forman parte. Pero para visibilizar esto hace falta adoptar una perspectiva te&#xf3;rica diferente a la individualista e interaccional, esta es, la perspectiva estructural o sist&#xe9;mica.</p>
			<p>Es cierto que la noci&#xf3;n de estructura es una noci&#xf3;n te&#xf3;rica que la ciencia social desarrolla para explicar ciertos patrones. Es decir, el modo en que esta est&#xe1; constituida, su modo de funcionamiento y sus consecuencias no es un saber inmediato ni sencillo para las personas. Pero esto no es una excusa para justificar un comportamiento irresponsable o inmoral, ni para desentenderse de nuestras obligaciones. Esto significa, m&#xe1;s bien, como siempre ha insistido la teor&#xed;a cr&#xed;tica, que nuestro razonamiento moral debe estar basado suficientemente en informaci&#xf3;n social correcta. El estudio de las estructuras sociales y sus efectos no es un saber extra&#xf1;o ni inaccesible. Es el terreno en el que siempre se ha movido la teor&#xed;a social. </p>
			<p>Por otra parte, la perspectiva estructural da un nuevo sentido a la idea de que tenemos una especial responsabilidad hacia los agentes con los que mantenemos ciertas relaciones relevantes. Estas relaciones ya no designan de una forma <italic>a priori</italic>, como en la perspectiva tradicional, a nuestros v&#xed;nculos familiares o nacionales. Es m&#xe1;s, ofrece una explicaci&#xf3;n de por qu&#xe9; estos v&#xed;nculos podr&#xed;an ser m&#xe1;s relevantes que otros, sin negar que otros tambi&#xe9;n lo sean. Todos los agentes formamos parte de sistemas, es decir, estamos relacionados con otros de formas estables y previsibles de modo tal que mis opciones est&#xe1;n constre&#xf1;idas o posibilitadas por el comportamiento de otros. De este modo, desde la perspectiva estructural se ofrece una interpretaci&#xf3;n fundamentada de la c&#xe9;lebre afirmaci&#xf3;n de Onora O’Neill seg&#xfa;n la cual debemos asumir responsabilidades por las injusticias que sufren “all those whose capacities to act we take for granted in acting” (<xref ref-type="bibr" rid="B28">O’Neill, 2004: 196</xref>). Seguramente tenemos alg&#xfa;n tipo de responsabilidad hacia todos los seres humanos en virtud de su humanidad com&#xfa;n y en el aseguramiento de cierta lista de bienes b&#xe1;sicos a todos, si as&#xed; lo convenimos. Pero tenemos un tipo de responsabilidad adicional hacia todos aquellos con los que compartimos una estructura social en com&#xfa;n, basada en el modo diferencial en el que esta nos posiciona, generando situaciones de explotaci&#xf3;n, subordinaci&#xf3;n o dominaci&#xf3;n. Esta responsabilidad nos impone hacer algo en relaci&#xf3;n con los efectos emergentes de este sistema, lo cual queda saldado ante todo trasformando los procesos estructurales (<xref ref-type="bibr" rid="B40">Young, 2011: 108</xref>). El foco de esta responsabilidad no se pone simplemente en cambiar mi acci&#xf3;n o en resarcir a alguien por algo, sino en cambiar mi acci&#xf3;n <italic>para cambiar la estructura social</italic>. Esto seguramente signifique, como insiste Young, que “uno tiene la obligaci&#xf3;n de unirse a otros que comparten esa responsabilidad” (id.). Es decir, se trata de una responsabilidad pol&#xed;tica, cimentada en la acci&#xf3;n colectiva o en el empleo de las instituciones con la que las comunidades nos hemos provisto para afrontar nuestros problemas colectivos -el gobierno, el Estado, los tribunales, las organizaciones internacionales, etc.-.</p>
			<p>Por otro lado, la perspectiva estructural tambi&#xe9;n da sentido a la afirmaci&#xf3;n frecuente de que existen especiales responsabilidades entre los miembros de un mismo Estado o de otra comunidad particular. Esto no se debe a ning&#xfa;n argumento nacionalista, culturalista o sentimental, a ning&#xfa;n presupuesto de alguna “comunidad de destino” en el que los seres humanos se vean plenamente realizados. Si podemos decir con sentido que los miembros de un mismo Estado tienen entre s&#xed; m&#xe1;s responsabilidades que con los miembros de alg&#xfa;n otro Estado, es porque los procesos estructurales en los que se encuentran embebidos los conectan m&#xe1;s estrechamente (<xref ref-type="bibr" rid="B39">Young, 2004: 376</xref>).</p>
			<p>La idea de responsabilidad estructural, por lo tanto, es capaz de respetar, resignificadas, las dos ideas que seg&#xfa;n Scheffler nos permit&#xed;an asignar responsabilidad personal a agentes concretos. Lo hace, adem&#xe1;s, sin depender de la interpretaci&#xf3;n de las relaciones sociales -como interacciones de peque&#xf1;a escala entre agentes individuales independientes- y de la agencia -como actos individuales y pr&#xf3;ximos- que seg&#xfa;n &#xe9;l eran inseparables de aquellas dos ideas pero que la globalizaci&#xf3;n nos demuestra insostenibles. Pero lo hace a costa de imponernos el deber de conocer las estructuras sociales, de basar nuestros razonamientos morales en una perspectiva informada por la ontolog&#xed;a social. Como ya se&#xf1;al&#xf3; Jonas, las caracter&#xed;sticas de la agencia en nuestro mundo contempor&#xe1;neo, ya sea por el gran poder que nos facilita la t&#xe9;cnica como por los resultados emergentes de los grandes sistemas de los que formamos parte, nos impone ante todo el deber de saber (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Jonas, 1995</xref>). La noci&#xf3;n de responsabilidad debe superar la perspectiva individualista o interaccional de la &#xe9;tica y complementar sus an&#xe1;lisis con la perspectiva estructural, pues “structural explanations should not be avoided, or merely tolerated. They should be sought, for they are in many ways preferable to individualistic explanations” (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Haslanger, 2015: 17</xref>).</p>
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				<p>Este art&#xed;culo se ha elaborado en el marco del proyecto “Fronteras, democracia y justicia global” (PGC2018-093656-B-I00), financiado por el Plan Estatal de I+D+i del Gobierno de Espa&#xf1;a.</p>
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