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				<journal-title>Isegor&#xed;a</journal-title>
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					<subject>Cr&#xed;tica de Libros</subject>
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				<article-title>Los secuestros de la democracia</article-title>
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					<trans-title>The kidnappings of democracy</trans-title>
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						<surname>Medina-Vicent</surname>
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					<aff id="aff1"><institution>Universitat Jaume I</institution></aff>
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						<surname>Feenstra</surname>
						<given-names>Ram&#xf3;n A.</given-names>
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		<p>A trav&#xe9;s de la met&#xe1;fora del secuestro, Ram&#xf3;n Feenstra analiza un proceso clave para entender la historia reciente de la democracia occidental: la influencia de diversos grupos de inter&#xe9;s y poderes en la toma de decisiones pol&#xed;ticas. En la actualidad, la desafecci&#xf3;n e indignaci&#xf3;n de la ciudadan&#xed;a surgen como respuesta a este fen&#xf3;meno creciente. En esta obra el autor trata de identificar los principales actores que participan en un secuestro: los secuestradores, los c&#xf3;mplices, los rehenes, las v&#xed;ctimas y los negociadores, y lo hace a trav&#xe9;s de nueve cap&#xed;tulos que mantendr&#xe1;n al lector/a al pie del ca&#xf1;&#xf3;n en todo momento.</p>
		<p>Tal y como se&#xf1;ala el autor en el primer cap&#xed;tulo (“La voz de alarma”, pp. 9-17), personalidades procedentes de diferentes espacios, e incluso de la pol&#xed;tica, vienen advirtiendo en los &#xfa;ltimos tiempos que la democracia se encuentra cautiva a manos de una serie de poderes. Desde escritores como Jos&#xe9; Saramago, a movimientos como el 15M, periodistas, e incluso economistas como Simon Johnson y personalidades del mundo de la pol&#xed;tica como Jos&#xe9; M&#xfa;jica o Gianis Varufakis, advierten de forma vehemente de la necesidad de recuperar la capacidad de la ciudadan&#xed;a para influenciar en la pol&#xed;tica. El secuestro de la democracia, aunque no reivindicado por parte de dichos poderes, supone la incapacidad de acci&#xf3;n aut&#xf3;noma de los gobiernos y que se produzca una separaci&#xf3;n real de poderes en gran parte de las democracias actuales.</p>
		<p>El siguiente paso que da el autor en su reivindicaci&#xf3;n es el de identificar a los rehenes. Comienza dicha operaci&#xf3;n con el segundo cap&#xed;tulo titulado “Los secuestrados I: partidos pol&#xed;ticos y gobiernos” (pp. 17-34). Partiendo del reconocimiento del secuestro como una situaci&#xf3;n en la que los rehenes se convierten en un mero instrumento de uso para otros fines, se&#xf1;ala que, en el caso de la democracia, los rehenes son las instituciones y no las personas en s&#xed; mismas. Adem&#xe1;s, a&#xf1;ade, no se genera ruido ni reivindicaci&#xf3;n alguna por parte de los secuestradores en busca de una recompensa, ya que lo que se pretende es mantener a los rehenes cautivos el m&#xe1;ximo tiempo posible. De este modo, “se mantiene una democracia en la forma y apariencia, pero se la vac&#xed;a de contenido” (p. 17). Resulta razonable, por tanto, que se inaugure una tendencia clara hacia una desafecci&#xf3;n creciente y generalizada de la ciudadan&#xed;a, que se traduce en un descenso en el voto y tambi&#xe9;n en la baja afiliaci&#xf3;n a partidos pol&#xed;ticos, entre otras cuestiones. Y es que, en cierta medida, la ciudadan&#xed;a se siente traicionada por el desmantelamiento del papel de instituciones como los partidos pol&#xed;ticos o los sindicatos, que anta&#xf1;o se encargaban de monitorizar los abusos de poder de la democracia, pero que ahora se han convertido en meros t&#xed;teres de los intereses econ&#xf3;micos de las elites.</p>
		<p>A lo largo del tercer cap&#xed;tulo “Los secuestrados II: los medios de comunicaci&#xf3;n” (pp. 35-40), Feenstra reflexiona acerca del papel de los medios de comunicaci&#xf3;n a la hora de propiciar una democracia libre y consciente. Si bien en otro tipo de secuestros, los medios de comunicaci&#xf3;n se convierten en medios estrat&#xe9;gicos para que los secuestradores hagan valer su poder y comuniquen sus demandas, en el caso del secuestro de la democracia, el cautiverio de los mismos por parte de grupos de poder econ&#xf3;mico, impide la formaci&#xf3;n de una opini&#xf3;n p&#xfa;blica fundamentada y cr&#xed;tica, obstruyendo la fiscalizaci&#xf3;n de los centros de poder por parte de la ciudadan&#xed;a. Y es que los medios deben ser independientes de aquellos poderes que tienen cautiva a la democracia, pero hoy en d&#xed;a esto dista mucho de la realidad, que se caracteriza por la progresiva concentraci&#xf3;n de empresas que controlan la titularidad de muchos medios de comunicaci&#xf3;n. Estos grandes grupos medi&#xe1;ticos, que suelen contar con la participaci&#xf3;n de bancos y fondos buitre en su accionariado, suponen un aumento en la pobreza tem&#xe1;tica y comunicativa, dejando de lado noticias importantes o silenciando voces en funci&#xf3;n de los intereses de los propietarios. Tal y como se&#xf1;ala Feenstra, en el secuestro de la democracia los medios de comunicaci&#xf3;n “se convierten en un altavoz de los secuestradores de la democracia y sus intereses” (p. 39).</p>
		<p>En el cuarto cap&#xed;tulo titulado “Los secuestrados III: los sindicatos” (pp. 41-46), el autor analiza otro actor importante para la democracia: los sindicatos. El papel negociador y defensor de los derechos de los trabajadores que todo sindicato debe tener, pasa a ser en el contexto del secuestro de la democracia m&#xe1;s vital que nunca, ya que, si el sindicalismo se convirtiese en un movimiento fuerte, ser&#xed;a mucho m&#xe1;s dif&#xed;cil que los poderes econ&#xf3;micos secuestrasen a la democracia. No obstante, este papel parece haber ido deterior&#xe1;ndose a medida que los gobiernos de pa&#xed;ses como Espa&#xf1;a e Italia se han visto obligados a cumplir los dict&#xe1;menes de organismos como el Banco Central Europeo, siendo los sindicatos incapaces de hacer frente a las pol&#xed;ticas de la austeridad. Hoy en d&#xed;a, los sindicatos adoptan posiciones defensivas en lucha por su propia supervivencia como estructura. Sin duda, los sindicatos son tambi&#xe9;n, junto a los partidos pol&#xed;ticos, gobiernos y los medios de comunicaci&#xf3;n, rehenes del actual secuestro de la democracia, apunta el autor.</p>
		<p>Llegados al quinto cap&#xed;tulo (“¿Rehenes o tambi&#xe9;n c&#xf3;mplices?”, pp. 47-52), Feenstra se pregunta acerca de qui&#xe9;n son realmente las v&#xed;ctimas del secuestro de la democracia, y si los anteriores agentes tratados tienen alguna responsabilidad en el mismo. En este sentido, el autor indica que, a pesar de ser v&#xed;ctimas del secuestro, dichas instituciones tambi&#xe9;n son en parte responsables del mismo, ya que, por ejemplo, los partidos pol&#xed;ticos se han concentrado demasiado en su supervivencia al precio de dejar de lado su sentido central, al igual que los sindicatos. Y en ese dejar de lado sus funciones radicales, han ido convirti&#xe9;ndose en parte, en responsables del secuestro de la democracia. Tal y como se&#xf1;ala el autor: “El actual estado de cautividad se ha producido por la incapacidad de frenar el poder de los secuestradores y ello ha conducido a que la v&#xed;ctima &#xfa;ltima sea el conjunto de la ciudadan&#xed;a” (p. 50). En este contexto de cautiverio de la democracia y progresivo desmantelamiento de instituciones como los sindicatos, los partidos pol&#xed;ticos y los medios de comunicaci&#xf3;n, la ciudadan&#xed;a se ha convertido en reh&#xe9;n de un secuestro donde no se demanda un rescate a pagar. </p>
		<p>En el sexto cap&#xed;tulo titulado “Los secuestradores” (pp. 53-64) Feenstra se adentra en el m&#xf3;vil de los captores de la democracia. Se&#xf1;ala que la crisis del 2008/2009, al contrario de suponer un cambio en el modelo econ&#xf3;mico predominante, supuso su afianzamiento, y que esto se debe en gran parte a la consolidaci&#xf3;n de una &#xe9;lite que ha sido capaz de apoderarse de las instituciones democr&#xe1;ticas y de sus procesos de toma de decisiones. En este sentido, los representantes pol&#xed;ticos de pa&#xed;ses como Espa&#xf1;a, Grecia o Italia declaraban no tener libertad de decisi&#xf3;n y acci&#xf3;n para salir de la crisis, ya que estaban sujetos a las influencias de otros grupos econ&#xf3;micos de poder. Aqu&#xed; se hace patente el cautiverio, que no es declarado por parte de los secuestradores en busca de un rescate, si no de los propios cautivos. De este modo, el poder econ&#xf3;mico ha colonizado al poder pol&#xed;tico mediante la concentraci&#xf3;n de recursos y riqueza en pocas manos, unidas por la confluencia de sus intereses, destacando entre ellos el sistema bancario. </p>
		<p>En el s&#xe9;ptimo cap&#xed;tulo el autor aborda “Las respuestas de las v&#xed;ctimas: desde el S&#xed;ndrome de Estocolmo hasta la rebeld&#xed;a” (pp. 65-80). Como ya se hab&#xed;a comentado, la ciudadan&#xed;a ser&#xed;a aqu&#xed; la v&#xed;ctima principal del secuestro, algo que se traduce en el gran descontento y desconfianza que esta muestra hacia las instituciones democr&#xe1;ticas en los &#xfa;ltimos a&#xf1;os. Por esta raz&#xf3;n, Feenstra se&#xf1;ala un aumento en la volatilidad en las preferencias del electorado a la hora de votar, algo que se traduce en diferentes respuestas de las v&#xed;ctimas hacia el secuestro de la democracia. En este sentido, plantea dos reacciones diferentes que van del s&#xed;ndrome de Estocolmo electoral a la rebeld&#xed;a del voto, es decir, del voto por partidos que defienden posturas que no convienen al bienestar de la persona que vota, al voto a partidos de corte populista que priman por sus habilidades comunicativas. En el primer caso, parece existir una aceptaci&#xf3;n del cautiverio e incluso de los argumentos y la l&#xf3;gica de los captores; mientras que en el segundo parece haber una intenci&#xf3;n de hacer patente el enfado por dicha situaci&#xf3;n en las urnas.</p>
		<p>El octavo cap&#xed;tulo aborda la figura de “Los negociadores” (pp. 81-84), una pieza clave en la liberaci&#xf3;n de los rehenes. Sin embargo, a ra&#xed;z del car&#xe1;cter peculiarmente silencioso del secuestro de la democracia, y de la conversi&#xf3;n de la ciudadan&#xed;a en verdadera v&#xed;ctima del mismo, aquellas instituciones que deber&#xed;an ejercer de negociadoras se han acabado convirtiendo en rehenes (en especial los partidos pol&#xed;ticos). La brevedad de este cap&#xed;tulo recae en una raz&#xf3;n central que se&#xf1;ala Feenstra muy acertadamente: “no parece que la ciudadan&#xed;a deba esperar que ning&#xfa;n negociador realice de forma solitaria y heroica una gran maniobra que libere y devuelva a la democracia y sus instituciones a un estado de libertad” (p. 82). Es decir, si alguien va a tener que actuar en pro de la liberaci&#xf3;n de la democracia, habr&#xe1; de ser la ciudadan&#xed;a, que es tambi&#xe9;n la v&#xed;ctima.</p>
		<p>De este modo, el noveno y &#xfa;ltimo cap&#xed;tulo trata de pensar “La lucha por la liberaci&#xf3;n” (pp. 85-104), no sin antes advertir el autor la dificultad de tal empresa. Y es que, la rendici&#xf3;n voluntaria de los secuestradores no parece un escenario viable, as&#xed; como tampoco la posibilidad de realizar un pago y un rescate. Feenstra admite no conocer las soluciones concretas para el secuestro de la democracia, pero s&#xed; trata de establecer un punto de partida desde el que pensarlas. As&#xed; pues, repasa diferentes modelos de democracia m&#xe1;s all&#xe1; de la democracia representativa-electoral, que deja el poder de la ciudadan&#xed;a en el mero voto. Se&#xf1;ala que el camino se encuentra en las propuestas que refuercen los procesos de deliberaci&#xf3;n y participaci&#xf3;n por parte de la sociedad civil, o su papel como monitorizadora de los partidos pol&#xed;ticos. As&#xed; pues, monitorizar los centros de poder y conseguir que las instituciones democr&#xe1;ticas recuperen su libertad son dos de las premisas que plantea Feenstra para liberar el secuestro de la democracia. Esto requiere, seg&#xfa;n el autor, un aumento en el papel activo de la sociedad civil a trav&#xe9;s de diferentes instrumentos como huelgas, acampadas, ocupaciones de lugares p&#xfa;blicos, manifestaciones, movilizaciones como la primavera &#xe1;rabe, el 15M y Occupy Movement (2011), la Revoluci&#xf3;n de los paraguas en Hong Kong (2014) y la Nuit Debout en Francia (2016). Tambi&#xe9;n iniciativas m&#xe1;s cercanas al campo de la econom&#xed;a y el consumo que tratan de recuperar el potencial transformador de la sociedad civil son un ejemplo de esto. </p>
		<p>Llegados a este punto, podemos sintetizar una de las ideas principales de esta obra, y es que “el secuestro de la democracia es un cautiverio muy particular que se comete con el mayor sigilo posible” (p. 53). Sin embargo, como tambi&#xe9;n se demuestra en este libro, su secuestro puede hacerse visible a trav&#xe9;s del ruido ciudadano. Atacar a los captores desde el potencial de la sociedad civil, la acci&#xf3;n ciudadana que hace uso de diferentes recursos y herramientas para mostrar qu&#xe9; poderes est&#xe1;n manteniendo a la democracia presa de unos intereses que solamente benefician a las elites.</p>
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