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					<subject>Cr&#xed;tica de Libros</subject>
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				<article-title>Feminismo. Logros y nuevos retos</article-title>
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					<trans-title>Feminism. Achievements and new challenges</trans-title>
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						<surname>Palomo Cerme&#xf1;o</surname>
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					<aff id="aff1"><institution>Universidad Rey Juan Carlos</institution></aff>
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		<p>A principios del presente a&#xf1;o se ha vuelto a reeditar la bien conocida obra de Amelia Valc&#xe1;rcel, <italic>Sexo y filosof&#xed;a. Sobre “mujer” y “poder”,</italic> en la editorial Almud (1&#xaa; edici&#xf3;n de Anthropos, en 1991). La autora, en su nuevo pr&#xf3;logo, analiza tanto la base &#xe9;tica y racionalista del feminismo como los nuevos retos que este afronta y los obst&#xe1;culos que necesita ir venciendo en el panorama actual. Plantea la importancia de conservar los logros conquistados -que no concedidos- y de no retroceder ante nuevas amenazas que ocultan realidades perjudiciales para los derechos de las mujeres. Pero el libro que aqu&#xed; rese&#xf1;amos, <italic>Ahora, feminismo. Cuestiones candentes y frentes abiertos</italic> (Ed. C&#xe1;tedra), vio la luz en 2019, alcanzando ya su quinta edici&#xf3;n en 2020. Constituye un estudio acerca del recorrido del Feminismo -una filosof&#xed;a y una teor&#xed;a pol&#xed;tica-, desde sus comienzos barrocos e ilustrados hasta el presente, caracterizado por fen&#xf3;menos como el <italic>MeToo</italic> o “la voluntad expl&#xed;cita en la agenda feminista actual de no soportar por m&#xe1;s tiempo el acoso” (p. 237). Desde la Modernidad hasta la Globalizaci&#xf3;n, el feminismo ha mostrado su potencial pol&#xed;tico para transformar y mejorar nuestras sociedades, haci&#xe9;ndolas m&#xe1;s libres y democr&#xe1;ticas. Sin embargo, vivimos momentos de enorme confusi&#xf3;n y frivolidad por lo que la autora nos alerta sobre la necesidad de armarnos conceptualmente frente a ofensivas que buscan introducir en el feminismo -un espacio que es y ha sido de debate- planteamientos radicalmente opuestos al mismo.</p>
		<p>Valc&#xe1;rcel plantea la existencia de cuatro bloques dentro del feminismo: una teor&#xed;a explicativa, una agenda, una vanguardia a cargo de la citada agenda y, por &#xfa;ltimo, unas consecuencias no previstas o no queridas. Son precisamente estos puntos los que estructuran el desarrollo del libro a lo largo de sus quince cap&#xed;tulos. En los primeros cuatro cap&#xed;tulos reconstruye la trayectoria de lo que es el feminismo desde su origen, lo cual es fundamental para entender lo que ocurre y poder situarse. Pudiera parecer que la genealog&#xed;a feminista ya estuviera narrada y suficientemente estudiada, sin embargo, la visibilizaci&#xf3;n de hechos, datos y personajes, as&#xed; como el an&#xe1;lisis de sus distintas aportaciones a&#xfa;n est&#xe1; lejos de completarse. Esta tarea la acomete con maestr&#xed;a y lucidez la autora, iluminando rincones oscuros y aportando nuevos &#xe1;ngulos para la reflexi&#xf3;n, recurriendo a lo largo de su obra a nuestros referentes hist&#xf3;ricos, art&#xed;sticos o literarios.</p>
		<p>El feminismo como tradici&#xf3;n pol&#xed;tica de la Modernidad tiene su origen en el pensamiento barroco ilustrado, y se desarrolla en una primera ola, entre 1673 y 1792. El discurso religioso que identifica a la mujer con el mal ya no es hegem&#xf3;nico; s&#xed; lo es el del origen natural de la inferioridad de las mujeres, de corte aristot&#xe9;lico. Desde el racionalismo cartesiano, se cuestionan las tradiciones y los prejuicios. El fil&#xf3;sofo Poullain de la Barre plantea que la inteligencia no tiene sexo, en un ambiente donde ya existe el preciosismo. Ya en plena Ilustraci&#xf3;n contin&#xfa;a la pol&#xe9;mica feminista y Mary Wollstonecraft cuestiona la naturalizaci&#xf3;n de la desigualdad presente en la obra de J. J. Rousseau, se&#xf1;alando la inconsistencia entre sus conclusiones y las premisas de las que parte. Se&#xf1;ala Valc&#xe1;rcel c&#xf3;mo tras la Ilustraci&#xf3;n y a pesar de la misoginia de la reacci&#xf3;n rom&#xe1;ntica del siglo XIX -a&#xfa;n presente en la producci&#xf3;n cultural actual-, el discurso de la naturaleza qued&#xf3; ‘tocado’, y tambi&#xe9;n insiste en la importancia de que no se invisibilice esta primera ola feminista, pues caemos en la tentaci&#xf3;n del adanismo. La segunda ola, protagonizada por el sufragismo, comienza en 1848 con la <italic>Declaraci&#xf3;n de Seneca Falls</italic> y se extiende hasta despu&#xe9;s de la Segunda guerra mundial con la Declaraci&#xf3;n de los Derechos Humanos en 1948. Partiendo de la vindicaci&#xf3;n del derecho a la educaci&#xf3;n, se consiguen los derechos civiles y pol&#xed;ticos. Su legado ha sido muy disminuido y distorsionado por el conocimiento androc&#xe9;ntrico, pero los estudios feministas lo han recuperado, destacando su vocaci&#xf3;n universalista e internacionalista. Bajo la influencia de la obra de Simone de Beauvoir y Betty Friedan, la tercera ola feminista aborda ya a finales de los a&#xf1;os sesenta del pasado siglo, cuestiones como los llamados derechos sexuales y reproductivos y la denuncia de todos aquellos pactos no expl&#xed;citos que excluyen a las mujeres, pasando las acciones positivas y la paridad a formar parte de la agenda feminista. </p>
		<p>A lo largo de los siete cap&#xed;tulos siguientes la autora aborda cuestiones a&#xfa;n candentes, que afectan a las mujeres como sujetos pol&#xed;ticos y a su autoconciencia. Su relaci&#xf3;n como ciudadanas con el poder, la &#xe9;tica y la est&#xe9;tica de los sexos, el papel de la rabia, el talento femenino y su experiencia intelectual o su relaci&#xf3;n con las religiones, las guerras y la cultura de la paz. Analiza la relaci&#xf3;n de las mujeres con el poder, sabiendo que, con sus modalidades hist&#xf3;ricas, el patriarcado es universal, sigue existiendo y el var&#xf3;n es la medida de todas las cosas. Nos recuerda la importancia de no caer en falacias naturalistas o en construcciones rom&#xe1;nticas como la invenci&#xf3;n del matriarcado. Nos topamos pues, con invariantes culturales y antropol&#xf3;gicas en la opresi&#xf3;n de las mujeres y su menor valoraci&#xf3;n en la jerarqu&#xed;a sexual, pero el feminismo no se caracteriza por ser esc&#xe9;ptico. De hecho, se&#xf1;ala la autora que “las mujeres a medida que progresa su autoconciencia como sexo discriminado, desarrollan solidaridades asertivas para alcanzar metas comunes: igualdad, derechos, oportunidades, respeto y una vida libre de violencia” (p. 89). Su reflexi&#xf3;n sobre la &#xe9;tica y la est&#xe9;tica resulta clave para comprender muchos de los fen&#xf3;menos actuales en torno a la representaci&#xf3;n de las mujeres y el poder. Las mujeres est&#xe1;n hechas para agradar -como dir&#xed;a J. J. Rousseau- y as&#xed; se las ha representado -y heterodesignado- como objeto de deseo, no como poder. Las mujeres siguen estando bajo la mirada ajena. Y aqu&#xed; plantea algunas hip&#xf3;tesis: que el deber de agradar est&#xe1; por encima de cualquier otro adjudicado a las mujeres, que este deber aumenta en proporci&#xf3;n al grado de libertad conseguido y que el modo en que se manifiesta la ruptura &#xe9;tica “compromete una manera est&#xe9;tica de mostraci&#xf3;n” (p. 104). Por ello, a&#xf1;ade que la moda estetiza las costumbres y valores de un momento determinado en lo &#xe9;tico y en lo pol&#xed;tico. En un contexto de mayor libertad femenina el deber de agrado se ha erotizado dando lugar a una “feminidad expresionista” acorde con el canon masculino. Sabiendo que el signo no referencia tanto obediencia como disponibilidad, la autora nos convoca a no olvidar la semi&#xf3;tica y a encarar los signos, aunque ello sea conflictivo en el contexto actual y en sociedades formalmente igualitarias. Por otra parte, las mujeres comienzan a sacar su ira al espacio p&#xfa;blico y les pesa la ley del agrado, pero ¿tiene rostro el enemigo a responsabilizar? As&#xed;, contin&#xfa;a planteando preguntas para la reflexi&#xf3;n: “¿Qu&#xe9; tipo de combustible es la c&#xf3;lera? ¿Forma parte la violencia contra las mujeres de la guerra de sexos? Sin duda, “verbalizar y actuar parecen mejores estrategias que autodevorarse” (p. 124). Explica c&#xf3;mo a partir de los a&#xf1;os setenta del siglo XX, las mujeres asisten a una “deflaci&#xf3;n de expectativas” en las sociedades supuestamente igualitarias. Todos los &#xe1;mbitos del quehacer humano son androc&#xe9;ntricos, incluidos el arte -especialmente resistente- y la cultura, lo que llevar&#xe1; al feminismo a acu&#xf1;ar conceptos como el techo de cristal, que abre el debate acerca de las medidas correctoras de la desigualdad como las cuotas, las acciones positivas y, sobre todo, la paridad. Pero ¿cu&#xe1;l es el destino del talento femenino? Se&#xf1;ala la autora que solo muy excepcionalmente se compara a una mujer con un var&#xf3;n hom&#xf3;logo. De ello se encarga la misoginia que define al patriarcado, apoyada por la ginofobia: “La ginofobia intenta castigar lo que la misoginia se&#xf1;ala como punible” (p. 138). Estudia el canon art&#xed;stico construido contra el talento femenino y las diversas reacciones, el arte asertivo, la inversi&#xf3;n de roles en la iconograf&#xed;a y el uso del humor, a su juicio necesario, pero no suficiente. Explica tambi&#xe9;n c&#xf3;mo las mujeres, aunque intenten habitar los espacios de poder, rara vez pueden decidir sobre ellos. Ser&#xed;an como presencias sin una memoria compartida. Se impone pues, “ganar grados infinit&#xe9;simos de libertad […] esas peque&#xf1;as libertades y respetos que cada mujer tiene que negociar d&#xed;a a d&#xed;a all&#xe1; donde est&#xe9;” (p. 158).</p>
		<p>En el cap&#xed;tulo dedicado a las religiones, nos recuerda la autora que estas han sido y a&#xfa;n son en muchos lugares “los principales y a veces exclusivos veh&#xed;culos normativos”, lo que afecta especialmente a las mujeres. En la Modernidad se entiende que cada creyente debe acatar las leyes compartidas, ese m&#xed;nimo com&#xfa;n que emana de la &#xe9;tica. Actualmente la tolerancia implica la aceptaci&#xf3;n de la diversidad y ello nos lleva a plantearnos la resoluci&#xf3;n de conflictos normativos en torno a c&#xf3;mo respetar el principio de universalidad, cu&#xe1;les son esos m&#xed;nimos compartidos y si todo vale en sociedades multi&#xe9;tnicas y/o multiculturales en esta era de la globalizaci&#xf3;n. Las relaciones entre &#xe9;tica y religiones son complejas y los debates m&#xe1;s tensos se dan en torno a las normativas de g&#xe9;nero.<xref ref-type="fn" rid="fn1">
				<sup>1</sup>
			</xref> Otro debate que no evita la autora es el de las mujeres como supuestas pacificadoras en los conflictos, en las guerras. Las mujeres fueron bot&#xed;n de guerra o moneda de cambio en las transacciones pol&#xed;ticas y b&#xe9;licas, pero tambi&#xe9;n se las ha presentado como mediadoras por naturaleza. Y como indica Valc&#xe1;rcel, “es la cultura la que nos ha ense&#xf1;ado en qu&#xe9; consiste nuestra naturaleza” (p. 185), en este caso pacificadora. Y a&#xf1;ade “Un cierto derecho al mal, que nos tiene que hacer rechazar tambi&#xe9;n la idea complaciente de que las mujeres poseemos una naturaleza pac&#xed;fica espont&#xe1;nea: unas la tendr&#xe1;n y otras no” (p. 191). Nuevamente aparece el viejo tema de que las mujeres no somos la mujer, tan brillantemente teorizado por Celia Amor&#xf3;s -autora muy citada por Valc&#xe1;rcel en este libro-, a prop&#xf3;sito del Nominalismo. En cualquier caso, el feminismo asume en su agenda la paz y la no violencia como fines &#xe9;ticos de la humanidad.</p>
		<p>Resulta muy esclarecedor su an&#xe1;lisis feminista de los obst&#xe1;culos que se interponen en el camino de la autoconciencia; el borrado interesado de las mujeres, el rid&#xed;culo como estrategia contra las mujeres sabias, la idea de inmanencia, o la feminidad como m&#xe1;scara que debe agradar. En los &#xfa;ltimos cuatro cap&#xed;tulos la autora desmenuza esa agenda sobrevenida a la que debe dar respuesta el feminismo, como humanismo que es. Cada &#xe9;poca trae consigo una agenda espec&#xed;fica que el patriarcado sabe bien c&#xf3;mo aprovechar (el caso del negocio/sistema prostitucional y pornogr&#xe1;fico es paradigm&#xe1;tico), y, a pesar de que las argumentaciones feministas son bastante estables, es necesario abordarla sin temor para que no se produzcan retrocesos en su agenda principal, en aquello que ya se ha debatido y cerrado. Un debate sobrevenido en esta tercera ola en la que nos encontramos es desde hace tres d&#xe9;cadas el multiculturalismo, junto a otros frentes abiertos: “g&#xe9;nero, pornopoder y vientres de alquiler” (p. 212). Frente al universalismo, el multiculturalismo acepta la multiculturalidad en todas sus expresiones, y esto no es balad&#xed; para los derechos de las mujeres que parecen estar siempre en el filo de la navaja. La autora comenta las identidades reactivas, la formaci&#xf3;n de guetos y la tentaci&#xf3;n comunitarista, citando el eslogan y manifiesto de las j&#xf3;venes francesas musulmanas, <italic>Ni putas ni sumisas</italic>.<xref ref-type="fn" rid="fn2">
				<sup>2</sup>
			</xref> Llama a evitar tanto la xenofobia como la “beater&#xed;a de la tolerancia”, ambas carentes de empat&#xed;a con el sufrimiento de otras mujeres. As&#xed; mismo, insiste en la importancia de la laicidad y en el modo en que las religiones “se ponen de acuerdo con bastante facilidad cuando se trata de las libertades de las mujeres” (p. 226). </p>
		<p>En esta &#xfa;ltima parte del libro, realiza adem&#xe1;s una cr&#xed;tica tanto al uso muy generalizado de t&#xe9;rminos como ‘g&#xe9;nero’ y ‘empoderamiento’ -que no poder-, como a otros menos popularizados como ‘micropol&#xed;tica’, biopol&#xed;tica’, ‘heteropatriarcado’ y las acepciones ‘post’. Nos anima a analizarlos y a no aceptarlos acr&#xed;ticamente, ya que puede tratarse de humo, de “una bater&#xed;a ret&#xf3;rica que busque embarullar un discurso, el feminista, que siempre ha gustado de la claridad” (p. 243). Tambi&#xe9;n cita las palabras que buscan evitar la discusi&#xf3;n en aquellos frentes que tiene abiertos actualmente el feminismo, implementando el miedo: ‘feminazi’, ‘transfobia’, ‘surrofobia’, etc. El feminismo sospecha, haciendo honor a su hermen&#xe9;utica, que se est&#xe1; tratando de mermar su reconocimiento, al oponerse este a negocios muy lucrativos. No ser&#xed;a la primera vez. En &#xfa;ltimo lugar, Valc&#xe1;rcel estudia c&#xf3;mo desde hace dos d&#xe9;cadas estamos asistiendo a una sustituci&#xf3;n del canon feminista por un canon nuevo que arriba al feminismo “desde fuera de su bagaje te&#xf3;rico admitido, que no manten&#xed;an ninguna agenda particular, que no formaban parte tampoco de su vanguardia” (p. 248) como verdadera “maniobra de suplantaci&#xf3;n” (p. 257). Para ello se centra en autoras como G. Spivak y sus planteamientos postcoloniales, que considera pr&#xf3;ximos al relativismo cultural; G. Rubin y su defensa de que todas las ‘culturas sexuales’ son v&#xe1;lidas y todo puede ser deseado; y J. Butler quien defiende que no solo el g&#xe9;nero es algo construido, sino que el sexo tambi&#xe9;n lo es, lo que da lugar a las ‘culturas queer’. Para Valc&#xe1;rcel, el feminismo debate, pero no todo aquello susceptible de entrar en el debate puede considerarse feminismo. De hecho, los estudios de g&#xe9;nero no tienen por qu&#xe9; incluir necesariamente el feminismo.</p>
		<p>Concluir destacando el inter&#xe9;s de este libro por su actualidad, profundidad y valent&#xed;a a la hora de abordar los numerosos debates, avances y obst&#xe1;culos que bordean desde hace tiempo al feminismo. Una invitaci&#xf3;n a la reflexi&#xf3;n, a la sensatez y a la solidaridad frente a la irracionalidad y a la aceptaci&#xf3;n irresponsable de lo que nos toca vivir. Su lectura nos deja un poso de esperanza y un deseo de poder leer pronto su siguiente obra. Como se&#xf1;ala nuestra autora al hablar de las pol&#xed;ticas feministas: “Instalan a la humanidad frente a su propio objetivo humano. La obligan a trascenderse e inventarse como tal […] Nunca por lo tanto dejar&#xe1;n de ser necesarias, porque la libertad y la igualdad no pertenecen al orden espont&#xe1;neo de las cosas” (p. 262).</p>
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			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>
					<sup>1</sup>
				</label>
				<p>Entendido este como “un t&#xe9;rmino meramente anal&#xed;tico que sirve para clasificar los diferentes rasgos o normas que se atribuyen a las personas en raz&#xf3;n de su sexo biol&#xf3;gico” (p. 167).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>
					<sup>2</sup>
				</label>
				<p>Este manifiesto fue ampliado y analizado por la feminista Fadela Amara con el mismo t&#xed;tulo en 2003 (Ed. C&#xe1;tedra). Las j&#xf3;venes llevaban una doble vida dentro y fuera de su comunidad. Dentro eran consideradas <italic>putas</italic> y fuera <italic>sumisas</italic>.</p>
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