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					<subject>Cr&#xed;tica de Libros</subject>
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					<italic>Humano, m&#xe1;s humano</italic>, un ensayo sobre la condici&#xf3;n humana</article-title>
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						<italic>Human, more human</italic>, an essay about the human condition</trans-title>
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			<italic>Humano, m&#xe1;s humano. Una antropolog&#xed;a de la herida infinita</italic>, de Josep Maria Esquirol, propone un ahondamiento en la condici&#xf3;n humana, es decir, en aquello que es propio y esencial del ser humano. En este libro, el autor completa su antropolog&#xed;a filos&#xf3;fica, de la cual ya hab&#xed;a puesto las bases en los dos libros anteriores, <italic>La resistencia &#xed;ntima. Ensayo de una filosof&#xed;a de la proximidad</italic> (2015) y <italic>La pen&#xfa;ltima bondad. Ensayo sobre la vida humana</italic> (2018). En su planteamiento, Esquirol sugiere que el ser humano est&#xe1; constituido por cuatro rasgos b&#xe1;sicos, las heridas esenciales de la <italic>vida</italic>, de la <italic>muerte</italic>, del <italic>t&#xfa;</italic> y del <italic>mundo</italic>, las cuales &#x201c;forman un corte en forma de cruz apaisada. En el punto central convergen las cuatro incisiones de modo que cada una de ellas toca a las otras tres&#x201d; (p. 64). El autor destaca su importancia en cuanto que son heridas, pero tambi&#xe9;n pondera el resultado, es decir, el vestigio o huella que dejan en el ser humano cuando ya le han afectado; a este &#xfa;ltimo acontecer se le da otro <italic>nombre</italic>: a la vida cabe llamarla <italic>gusto</italic>; al t&#xfa;, <italic>amor</italic>; a la muerte, <italic>angustia</italic> y, al mundo, <italic>asombro</italic>. Todas ellas son, a su vez, parte esencial de la experiencia fundamental del ser humano.</p>
		<p>Esquirol se inclina por construir un ensayo con base en diferentes perspectivas que se complementan, igual que ocurrir&#xed;a con la condici&#xf3;n humana: cada cap&#xed;tulo profundiza en alguno de los rostros observables de esta antropolog&#xed;a de la herida infinita, mediante un vocabulario propio de cada perspectiva (la de la cura, la palabra que vibra, la memoria, la imaginaci&#xf3;n, el d&#xed;a y la noche, la vida y la muerte, entre otros). El propio autor, evocando a W. Benjamin, usa para su ensayo la met&#xe1;fora de una <italic>constelaci&#xf3;n conceptual</italic>: &#x201c;Cada concepto es una estrella de la constelaci&#xf3;n. Y no todos los puntos tienen ni el mismo di&#xe1;metro ni la misma luminosidad, pero todos son igualmente imprescindibles para formar la figura de conjunto&#x201d; (p. 12). Es m&#xe1;s, ya en las primeras p&#xe1;ginas declara la importancia de la <italic>relaci&#xf3;n</italic> para salvarnos, ya que &#x201c;El horror est&#xe1; en los elementos totalizados&#x201d; (p. 15), del mismo modo que expone la ense&#xf1;anza socr&#xe1;tica que el propio Esquirol interpreta como un elogio a la <italic>repetici&#xf3;n</italic>. </p>
		<p>Por otra parte, mencionando a la figura del poeta, el autor concreta su posici&#xf3;n indicando que su vocaci&#xf3;n es la de &#x201c;Juntar y ajustar. A veces ajustar es pulir hasta conseguir que las piezas coincidan&#x201d; y &#x201c;Devanar hilos, juntar palabras, reunir personas, crear mundo: todo esto es po&#xe9;tica, poi&#xe9;tica, y cuesta&#x201d; (pp. 96-97); cuesta, precisamente, porque no hay juntura sin cierta tensi&#xf3;n. De ah&#xed; que la propuesta filos&#xf3;fica de Esquirol sea tambi&#xe9;n la del &#x201c;ayuntamiento&#x201d;, en que se realza la <italic>distinci&#xf3;n sin confusi&#xf3;n</italic> (p. 149) y el situarse en el contraste. En s&#xed;ntesis, todo ello se traduce en que <italic>Humano, m&#xe1;s humano</italic> no se une en un inicio, un desarrollo y una conclusi&#xf3;n, sino que cabe desechar la posibilidad de un final conclusivo: &#x201c;Se trata de recapitular, no de concluir, puesto que &#xbf;c&#xf3;mo se podr&#xed;a cerrar o concluir una reflexi&#xf3;n sobre la vida?&#x201d; (p. 168). </p>
		<p>Es por ello por lo que los cap&#xed;tulos que componen este ensayo abren, cada uno de ellos, una de las m&#xfa;ltiples puertas hacia lo humano. &#x201c;&#xbf;C&#xf3;mo te llamas? (El nombre)&#x201d;, el primer cap&#xed;tulo, trata del nombre propio como pista, es decir, como reconocimiento del inicio absoluto que es la persona, que es el &#xed;ndice de su <italic>singularidad</italic>; &#x201c;&#xbf;De d&#xf3;nde vienes?&#x201d; profundiza en dicho inicio absoluto, y con ello sit&#xfa;a a la vida por encima de la muerte en cuanto a la definici&#xf3;n de lo humano. En este car&#xe1;cter propiamente humano que el autor define, la menospreciada <italic>debilidad</italic> se convierte en una condici&#xf3;n loable, lejos de ser motivo de repulsa. El tercer cap&#xed;tulo, &#x201c;&#xbf;Qu&#xe9; te pasa? (Capaz de mucho, pero&#x2026;)&#x201d;, reflexiona sobre la capacidad de prometer y, m&#xe1;s all&#xe1;, sobre el que recibe la promesa, es decir: el otro. Asimismo, Esquirol dedica unos p&#xe1;rrafos al perd&#xf3;n frente a la venganza, y concluye que ambos, promesa y perd&#xf3;n, son resultado de la extraordinaria capacidad humana de <italic>responder a lo que nos pasa</italic>. Esto que &#x201c;nos pasa&#x201d; es, en lo que concierne a la herida infinita, un acontecimiento que excede a la capacidad de respuesta. Aun as&#xed;, el ser humano responde extempor&#xe1;neamente a las heridas (el abrazo de la vida, el roce de la muerte, el regalo del t&#xfa;, el asombro del mundo), que se definen por la imposibilidad de sutura. De ello trata el siguiente cap&#xed;tulo, &#x201c;Herido, en el centro m&#xe1;s profundo del alma&#x201d;. Siete apartados m&#xe1;s completan el escrito, y uno inicial, &#x201c;V&#xed;veres conceptuales&#x201d;, que sit&#xfa;a y prepara al lector para la propuesta del autor e introduce una figura significativa, la del pregonero, cuyas palabras llegaban a todos los vecinos. Siguiendo este modelo, Esquirol se plantea qu&#xe9; beneficio tendr&#xed;a el hecho de adaptar la estructura del preg&#xf3;n a la filosof&#xed;a. De este modo, rescata a una figura p&#xfa;blica y popular, cuyo oficio era pr&#xf3;ximo a la gente, y la reinterpreta con base en el intento impl&#xed;cito de acercar la filosof&#xed;a a todos. He aqu&#xed; una manifestaci&#xf3;n de la &#x201c;filosof&#xed;a de la proximidad&#x201d;. De hecho, el &#x201c;Preg&#xf3;n filos&#xf3;fico de la ma&#xf1;ana&#x201d; inaugura, de alg&#xfa;n modo, el ensayo, porque es el primero que anuncia las heridas infinitas: &#x201c;nada era debido - ni t&#xfa;, ni cielo - ni yo, ni mundo - ni d&#xed;a, ni noche -&#x201d; (p. 9).</p>
		<p>Para desarrollar su antropolog&#xed;a filos&#xf3;fica, Esquirol se sirve de un gran n&#xfa;mero de autores importantes y personalidades destacables, adem&#xe1;s de varias referencias del mundo del arte. Los b&#xe1;sicos, como &#xe9;l mismo admite, son S&#xf3;crates y Francisco de As&#xed;s. Tambi&#xe9;n, algunos fil&#xf3;sofos contempor&#xe1;neos muy significativos se citan reiteradamente; el m&#xe1;s evidente es F. Nietzsche, en quien se inspir&#xf3; para la elecci&#xf3;n del t&#xed;tulo -<italic>Humano, m&#xe1;s humano</italic> como variaci&#xf3;n del <italic>Humano, demasiado humano</italic> nietzscheano y tambi&#xe9;n como cr&#xed;tica al transhumanismo-: &#x201c;&#xa1;ojal&#xe1; el humano fuera todav&#xed;a m&#xe1;s humano! Ser humano no significa ir m&#xe1;s all&#xe1; de lo humano, sino intensificar lo humano, profundizar en lo m&#xe1;s humano: ah&#xed; est&#xe1; lo m&#xe1;s valioso&#x201d; (p. 9); A lo largo del texto resuenan con fuerza m&#xe1;s autores centrales: H. Arendt, M. Heidegger, E. L&#xe9;vinas. Asimismo, le dedica a J.-P. Sartre un espacio cr&#xed;tico determinante en el cap&#xed;tulo tercero. Por otro lado, Juan de la Cruz se revela como referente indispensable, as&#xed; como las ra&#xed;ces de la cultura cristiana, con pasajes de la <italic>Biblia</italic> que acompa&#xf1;an el &#xe9;nfasis en la humildad, la vulnerabilidad y la compasi&#xf3;n en tanto en cuanto alternativas al poder. Destacan las alusiones a poemas de A. Machado y M. Hern&#xe1;ndez, este &#xfa;ltimo con versos en los que ya se leen las nombradas infinitudes esenciales -amor (t&#xfa;), muerte, vida- como <italic>heridas</italic>.</p>
		<p>Su estilo pr&#xf3;ximo y amable congenia con la convicci&#xf3;n sobre su propuesta. La primera persona del plural domina sobre el resto (se trata de una &#x201c;filosof&#xed;a del nosotros&#x201d;): aqu&#xed; late el fondo human&#xed;stico, el elogio a la fraternidad, al <italic>reencuentro</italic>, la expl&#xed;cita influencia franciscana que ti&#xf1;e su proyecto. Curiosamente, en su estilo se refleja tambi&#xe9;n el propio contenido: la concreci&#xf3;n que reclama de la vida se traduce en una puntualizaci&#xf3;n progresiva de su filosof&#xed;a, o viceversa; igualmente, la intimidad, la proximidad y la compa&#xf1;&#xed;a que se realzan como caracteres propiamente humanos, son ensayados en la escritura personal y apacible de Esquirol. La discreci&#xf3;n y la sencillez que difunde se personifican en el texto al tratar asuntos complejos. La voz cobra importancia en la palabra en tanto que es promesa, <italic>respuesta</italic> a lo inolvidable. Esta palabra, a su vez, se intensifica en el <italic>canto</italic>: &#x201c;La esencia de la palabra es el canto. Y el canto est&#xe1;, sobre todo, para <italic>hacernos compa&#xf1;&#xed;a</italic>. &#xc9;ste es el n&#xfa;cleo estricto de la teor&#xed;a del lenguaje&#x201d; (p. 99). De ah&#xed; que el silencio sea tan importante como la palabra o el canto. El autor, fiel al intento de superaci&#xf3;n de los contrarios (&#x201c;No entiendo que haya oposici&#xf3;n entre arriba y abajo, ni entre ligereza y gravedad, sino juntura y articulaci&#xf3;n&#x201d;), une aqu&#xed; dos aparentes opuestos: &#x201c;Tambi&#xe9;n se podr&#xed;a explicar as&#xed;: el origen es el canto. Y el canto, canta el silencio. Porque el silencio es tambi&#xe9;n canto&#x201d; (p. 99).</p>
		<p>A ra&#xed;z de los silencios (o las pausas) y las palabras se explica, en parte, que el autor retome en las &#xfa;ltimas p&#xe1;ginas la especial alusi&#xf3;n a la figura del pregonero. De hecho, se trata de uno de los elementos que cierra, como si de un c&#xed;rculo se tratase, <italic>Humano, m&#xe1;s humano</italic>. En este punto, destaca su <italic>oficio</italic> y <italic>estilo</italic>, con el cual se identifica el autor, y convierte, &#xe9;l mismo, su propuesta en preg&#xf3;n: &#x201c;El estilo del pregonero es el que siempre me ha parecido mejor: frases cortas y pausas largas, para tratar de decir cosas humanas, muy humanas, prescindiendo de palabras in&#xfa;tiles. [...] Tal vez, para ir recapitulando, podr&#xed;a hacerse as&#xed;: venido de ninguna parte - recibido el nombre - herido infinitamente por la vida - con ligereza y gravedad - cada d&#xed;a - inicio, juntura y salmo -&#x201d; (p. 168).</p>
		<p>En resumen, <italic>Humano, m&#xe1;s humano</italic>, de Josep Maria Esquirol, es un libro ligero y optimista que ahonda en las cualidades y situaciones que atraviesan la existencia del ser humano. Su autor, cuya mirada d&#xfa;ctil o pl&#xe1;stica se acomoda con cuidado y entusiasmo -pero no sin determinaci&#xf3;n-, lanza un mensaje de esperanza: el sentido, la juntura, se muestra en la vida, en su <italic>profundidad</italic>. Ya lo hace notar al principio: &#x201c;&#xa1;Qu&#xe9; paradoja m&#xe1;s triste [...] perdernos, y no advertir que el horizonte m&#xe1;s importante no se encuentra m&#xe1;s all&#xe1; -m&#xe1;s lejos-, sino m&#xe1;s adentro!&#x201d; (p. 11). En esta profundidad se descubren las cuatro infinitudes esenciales, tan importantes como la acci&#xf3;n creadora de que es capaz el ser humano. La esperanza se hace presente en forma de b&#xfa;squeda de <italic>un poco m&#xe1;s de sentido</italic>, pero diferente: hay una &#x201c;promesa de bien&#x201d; (p. 162) que <italic>comienza</italic> con el inicio absoluto que, seg&#xfa;n Esquirol, es cada nacimiento. </p>
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