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					<subject>Cr&#xed;tica de Libros</subject>
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				<article-title>Historia conceptual, metaf&#xf3;ricas espacio-temporales y conceptos transnacionales euroamericanos</article-title>
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					<trans-title>Conceptual history, space-time metaphorics and euro-american transnational concepts</trans-title>
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				<source>Metaf&#xf3;ricas espacio-temporales para la historia. Enfoques te&#xf3;ricos e historiogr&#xe1;ficos</source>
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				<source>Historia conceptual en el Atl&#xe1;ntico ib&#xe9;rico. Lenguajes, tiempos, revoluciones</source>
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		<p>La Historia conceptual constituye un fen&#xf3;meno parejo en &#x201c;todas&#x201d; las orillas del Atl&#xe1;ntico, puesto que representa un occidente cultural que incluye tambi&#xe9;n al ib&#xe9;rico. Los conceptos rectores que nos guiar&#xe1;n a trav&#xe9;s de este pi&#xe9;lago transnacional se re&#xfa;nen en torno a la met&#xe1;fora de H. Blumenberg, que media a partes iguales la te&#xf3;rica de R. Koselleck y la historiogr&#xe1;fica de F. Hartog. Una responsabilidad que asumen los coautores/editores del primero de los vol&#xfa;menes, J. Fern&#xe1;ndez Sebasti&#xe1;n y F. Oncina, dedicado a las <italic>Metaf&#xf3;ricas espacio-temporales</italic> y, exclusivamente, Fern&#xe1;ndez Sebasti&#xe1;n con una monograf&#xed;a que versa sobre la <italic>Historia conceptual en el Atl&#xe1;ntico ib&#xe9;rico.</italic> En ambos trabajos se lleva a cabo un di&#xe1;logo transdisciplinar entre filosof&#xed;a e historia, Europa y Am&#xe9;rica, que nos enfrenta a las implicaciones de la &#x201c;tradici&#xf3;n electiva&#x201d;, su doble pretensi&#xf3;n simb&#xf3;lico-legitimadora y mitificante. Sin embargo, la intenci&#xf3;n de los autores es la de disolver cualquier tipo de enemistad o dicotom&#xed;a que pudiera darse entre conceptos y met&#xe1;foras, incluyendo en su circunscripci&#xf3;n las im&#xe1;genes y los s&#xed;mbolos que integran el amplio espectro en los que se expresa la racionalidad humana. </p>
		<p>Por este motivo, el contenido del primero de los vol&#xfa;menes rese&#xf1;ados se articula en torno a 14 contribuciones que responden, una por una, a la &#x201c;afinidad electiva&#x201d; (p. 15) que las une. Quiz&#xe1; por ello, las met&#xe1;foras de las que trata no sean puras, sino &#x201c;h&#xed;bridas&#x201d;, como se&#xf1;ala Fern&#xe1;ndez Sebasti&#xe1;n, &#x201c;dando lugar a compromisos, mestizajes&#x201d; (p. 317). En definitiva, porque la tarea principal de la Ilustraci&#xf3;n fue la de desnaturalizar la realidad, reconociendo con ello su car&#xe1;cter artificial y cultural (<italic>sich-bilden</italic>), aunque sin la certeza, incluso en la actualidad, de que esta tarea se llevara a cabo m&#xed;tica o conceptualmente.</p>
		<p>Precisamente, es Koselleck el encargado de introducir el concepto de <italic>Sattelzeit</italic> tras el que nos muestra un doble sentido hipol&#xf3;gico y geol&#xf3;gico que amplifica su potencia explicativa, acerc&#xe1;ndose tanto a la met&#xe1;fora que llega a rebasarla para alcanzar una posici&#xf3;n h&#xed;brida. Aprovechando esta oportunidad sem&#xe1;ntica, Oncina (p. 31) remite, en primera instancia, al significado hipol&#xf3;gico del t&#xe9;rmino (<italic>Sattel</italic>) como aquella montura en la que se sienta a horcajadas la Ilustraci&#xf3;n, cuando galopa acelerada tras su desbocado destino. Una realidad fruto de la &#x201c;ruptura del pacto del centauro&#x201d; (p. 38) respecto de los cambios pol&#xed;ticos y sociales, que responden a un devenir &#x201c;velociferino&#x201d; (p. 36), como un tren de cuyo avance imparable nos previene tambi&#xe9;n F. Schmieder (p. 109). </p>
		<p>Acorde con su temporalizaci&#xf3;n el despliegue de las met&#xe1;foras incluye la del c&#xed;rculo y la flecha, expresiones de la iteraci&#xf3;n y del progreso (pp. 40-41) que C. Borck aplica al concepto de &#x201c;t&#xfa;nel&#x201d; para mostrar una linealidad y direccionalidad &#xfa;nicas que, una vez superadas, convergen en una estructura reticular y rizom&#xe1;tica del todo org&#xe1;nica (p. 94). El t&#xe9;rmino germ&#xe1;nico <italic>Schwelle</italic> se refiere a las traviesas de las v&#xed;as del ferrocarril, una j&#xe1;cena o umbral por el que transcurre desnaturalizadamente el proceso de la modernidad. A prop&#xf3;sito de dicho recorrido, Schmieder disuelve la cr&#xed;tica miope (p. 98) y la aparente contradicci&#xf3;n surgida en Koselleck acerca de la heur&#xed;stica de los conceptos. Estos no son otra cosa que hitos, puntos de inflexi&#xf3;n (nuevamente una traviesa, <italic>Schwelle</italic>) de un pensamiento en constante movimiento, que ni doctrinario ni mucho menos mitificante (p. 101), revela las profundas transformaciones sem&#xe1;nticas acaecidas en sus conceptos espacio-temporales (p. 99). </p>
		<p>Tal y como nos recuerda Oncina, puesto que la concepci&#xf3;n espacial termina fagocitando siempre la temporal se puede a&#xf1;adir, en segunda instancia, un matiz geol&#xf3;gico al concepto de <italic>Sattelzeit.</italic> Esto se lleva a cabo en estrecha relaci&#xf3;n con la met&#xe1;fora del anticlinal o plegamiento de las capas de un terreno (p. 36), en el que cada estrato de la realidad aparece como &#x201c;hojaldrado&#x201d; (p. 40) y constituye un plano espacio-temporal por el que es necesario transitar para completar la experiencia acelerada de nuestro tiempo presente. Una dimensi&#xf3;n temporal que analiza E. M&#xfc;ller desde la perspectiva inorg&#xe1;nica de la cristalizaci&#xf3;n, a modo de proceso natural que ofrece como resultado estructural y organizativo (Gehlen, p. 59) la posibilidad de atravesar visualmente los mentados estratos. La met&#xe1;fora del cristal contiene un efecto contrario que la lleva a convertirse en org&#xe1;nica, como si fuera un fluido-vol&#xe1;til (Bauman, p. 66) que, en un parad&#xf3;jico y recursivo efecto de reversibilidad, descubre una realidad epocal tan compleja como repetitiva (L&#xfc;demann, p. 68). </p>
		<p>En atenci&#xf3;n a dicho sentido iterativo, B. Picht constata que el concepto de &#x201c;&#xe9;poca&#x201d; es aparentemente irrebasable al ser una met&#xe1;fora absoluta (p. 125) que, adem&#xe1;s, se vincula de modo inherente con la visualidad. Su resultado nos ofrece una mirada frente a la realidad que, cuando supera el punto de vista ic&#xf3;nico (p. 127), puede indicarnos, quiz&#xe1; con una cierta seguridad, <italic>la imagen de nuestro presente</italic>. Una propuesta que P. Garc&#xed;a-Dur&#xe1;n encuentra en el trabajo de E. Laclau, en el que se certifica que nuestra &#xe9;poca manifiesta esencialmente una &#x201c;dislocaci&#xf3;n constitutiva&#x201d; (p. 142) o movimiento de desviaci&#xf3;n similar, aunque no coincidente, con el que propon&#xed;a Blumenberg respecto de la traslaci&#xf3;n sem&#xe1;ntica que se opera en la met&#xe1;fora. Sin embargo, como se&#xf1;ala Garc&#xed;a-Dur&#xe1;n, Laclau parece olvidar que la met&#xe1;fora es &#x201c;una herramienta para la apertura de horizontes&#x201d; (p. 146) y que, a partir de ella, se construye una significatividad extendida a &#x201c;la necesidad de tejer redes de convivencia que articulen lo social&#x201d; (p. 158). </p>
		<p>A tenor de esta &#xfa;ltima contribuci&#xf3;n realizamos, a modo de coda, una referencia inexcusable al proyecto multidisciplinar rubricado como <italic>Iberconceptos</italic>, la red en la que se integran buena parte de los autores que componen este volumen y de los que trataremos a continuaci&#xf3;n. Entre ellos se encuentra S. Campos, quien analiza las relaciones entre Jos&#xe9; Ortega y Gasset y el pensador luso Antonio S&#xe9;rgio en el marco de la Iberia conceptual, a partir de la experiencia existencial de desarraigo interior compartida por ambos de un exilio que fuera principalmente exterior. Una situaci&#xf3;n de aislamiento personal y de decepci&#xf3;n generacional a ra&#xed;z de la que se conciben conceptos org&#xe1;nicos como los de &#x201c;decadencia&#x201d; y &#x201c;regeneraci&#xf3;n&#x201d; (p. 177). T&#xf3;picos para una &#xe9;poca de entreguerras, de constantes cambios pol&#xed;ticos y sociales en la Iberia del siglo XX (p. 169). </p>
		<p>C. Rina apela tambi&#xe9;n al an&#xe1;lisis transdiscliplinar cuando apuesta por la clave de lo electivo &#x201c;fruto de un acuerdo y no determinado[s] por Dios, sino por la voluntad de los hombres&#x201d; (p. 189). Su plasmaci&#xf3;n en un modelo de car&#xe1;cter funcional representa la diferencia entre la pol&#xed;tica y lo pol&#xed;tico en la actualidad (p. 192) tal y como lo desarrolla M. E. Noronha, quien se centra en la dicotom&#xed;a barbarie-civilizaci&#xf3;n. Esta consiste en la respuesta a la tensi&#xf3;n interna-externa que provoca una parad&#xf3;jica acosmicidad en la imagen del espacio f&#xed;sico y su transformaci&#xf3;n en el umbral del desierto metaf&#xf3;rico de la &#x201c;sert&#xe3;o&#x201d; (p. 209). Un umbral que para F. S&#xe1; e Melo se vincula con la imagen pre-org&#xe1;nica del rayo y el trueno (p. 237), que convierten en tangible el concepto pol&#xed;tico de revoluci&#xf3;n, un singular colectivo que refleja la aceleraci&#xf3;n de los &#x201c;cambios&#x201d; impresos desde la Ilustraci&#xf3;n.</p>
		<p>Prosiguiendo con el orden de los citados cambios, F. Wasserman incide en la orientaci&#xf3;n hacia el futuro de la pol&#xed;tica iberoamericana actual a partir de la creaci&#xf3;n de nuevos singulares colectivos. Partidos pol&#xed;ticos cuyos acr&#xf3;nimos son PRO/Cambiemos, tensionan una regeneraci&#xf3;n populista de tan corto alcance como presentista (p. 254) que aprovechan pol&#xed;ticos como Macri para transmutarse corporalmente en el &#x201c;embri&#xf3;n&#x201d; del futuro (p. 265). A esto responde el proyecto neoliberal, que se encuentra plagado de met&#xe1;foras visuales (p. 257) como la de imprimir billetes con im&#xe1;genes naturales, cuyo trasfondo oculta tan solo una estrategia inflacionista (p. 262). Inter&#xe9;s que retoma con fuerza M. Reguera, con el concepto de &#x201c;destino manifiesto&#x201d;, en sinton&#xed;a con el decurso del Estado federal norteamericano y su visualizaci&#xf3;n como una v&#xed;a f&#xe9;rrea (p. 281), cuya &#xfa;nica finalidad es la de cumplir con una teleolog&#xed;a inmanente, como Borck nos advirtiera anteriormente con el recorrido lineal del &#x201c;t&#xfa;nel&#x201d;. </p>
		<p>Tal es el alcance de la &#x201c;tradici&#xf3;n electiva&#x201d; que sostiene G. Zerme&#xf1;o (y posteriormente Fern&#xe1;ndez Sebasti&#xe1;n) para el t&#xe9;rmino &#x201c;historia&#x201d; (<italic>&#x1f31;&#x3c3;&#x3c4;&#x3bf;&#x3c1;&#x3af;&#x3b1;</italic>), que nace en Grecia como testigo ocular de una autopsia siendo, nuevamente, una met&#xe1;fora org&#xe1;nica (p. 295). Resaltamos tambi&#xe9;n la vinculaci&#xf3;n de los conceptos de &#x201c;crianza&#x201d; y de &#x201c;moralidad&#x201d; a trav&#xe9;s de una historia que se manifiesta (como en los billetes de Macri), al modo de una zoolog&#xed;a o una bot&#xe1;nica de los seres humanos (p. 306). Con intenci&#xf3;n semejante a la de Koselleck, Fern&#xe1;ndez Sebasti&#xe1;n interpreta lo temporal como una disposici&#xf3;n natural hacia el espacio. Por ejemplo, en el car&#xe1;cter bifronte del &#x201c;non plus ultra&#x201d;, casi un concepto l&#xed;mite (<italic>boundary term</italic>), cuyo rebasamiento nos llevar&#xe1; a una comprensi&#xf3;n invertida de su condicional acepci&#xf3;n moderna como &#x201c;plus ultra&#x201d; (p. 320). La radical conclusi&#xf3;n a la que llega el autor es la simple temporalizaci&#xf3;n del &#x201c;Semper plus ultra&#x201d;, cronotopo que sirve de umbral y tr&#xe1;nsito hacia las novedades propias de la modernidad: el progreso, la emancipaci&#xf3;n, etc. </p>
		<p>Como empezamos a vislumbrar, Fern&#xe1;ndez Sebasti&#xe1;n otorga gran importancia a &#x201c;un pu&#xf1;ado de conceptos&#x201d; (expresi&#xf3;n propia como la de &#x201c;parteaguas&#x201d; o &#x201c;Babel&#x201d;), que constituyen el hilo conductor para nuestras experiencias sociales y pol&#xed;ticas, puesto que la r&#xfa;brica del segundo de los vol&#xfa;menes rese&#xf1;ados corre a cargo de este autor hasta la &#xfa;ltima de sus l&#xed;neas. Entre ellas y tras el ejemplo metaf&#xf3;rico del &#x201c;quipu&#x201d;, se encuentra la comprensi&#xf3;n del lenguaje como una red intersubjetiva transgeneracional de la comunidad de hablantes (p. 145). Los conceptos viajeros &#x201c;voyageurs&#x201d; (o <italic>n&#xf3;madas</italic> respecto de la transnacionalizaci&#xf3;n) mantienen una estrecha relaci&#xf3;n con el euroamericanismo y son punto de partida para la globalizaci&#xf3;n. El autor nos recuerda que el objetivo de <italic>Iberconceptos</italic> fue &#x201c;cartografiar el disenso&#x201d; (p. 161) de los conceptos y su deriva conceptual (<italic>begriffliche Drift</italic>) en el periodo hist&#xf3;rico de la Ilustraci&#xf3;n.</p>
		<p>En definitiva, los tres vectores en los que se circunscribe la monograf&#xed;a son, en primer lugar, el proceso &#x201c;metas&#xe9;mico&#x201d; (p. 257) que conecta distintos conceptos entre s&#xed; en referencia siempre al Atl&#xe1;ntico como sin&#xf3;nimo de la cultura occidental ilustrada y a su protagonista principal: lo ib&#xe9;rico, en su triple acepci&#xf3;n de latinoamericano, iberoamericano y euroamericano. En segundo lugar, la continuidad, el solapamiento y la hibridaci&#xf3;n de los conceptos, en especial, los de tipo &#x201c;centauro&#x201d; (p. 20) y su equivalente &#x201c;anfibio&#x201d;, que sintetizan lo viejo y lo nuevo en una forma de coexistencia parad&#xf3;jica. Finalmente, el car&#xe1;cter ambivalente simult&#xe1;neamente meliorativo, frente a su concepci&#xf3;n peyorativa, propio de toda &#xe9;poca bisagra y de su contenido bifronte, por ejemplo, en el concepto de &#x201c;independencia&#x201d; (p. 278).</p>
		<p>Precisamente, a prop&#xf3;sito de este &#xfa;ltimo concepto y en el cap&#xed;tulo IX dedicado a las &#x201c;Met&#xe1;foras&#x201d; (pp. 316-355), se plantea que estas y los mitos no se encuentran tan alejados como parece, por ejemplo, en el tr&#xe1;nsito de la familia al contrato y su postrera declinaci&#xf3;n como constituci&#xf3;n. Este proceso lo podemos ver reflejado en el concepto moderno de &#x201c;cuerpo pol&#xed;tico&#x201d; que corresponde, una vez m&#xe1;s con una met&#xe1;fora absoluta. Siguiendo la recomendaci&#xf3;n del autor, para comprender la modernidad hay que &#x201c;mirar aguas arriba [&#x2026;] en lugar de hacerlo aguas abajo&#x201d; (nota 100, pp. 390-391). Para ello, nos centramos en la Tabla 1 (pp. 256-257) que indica claramente las modificaciones de los 20 conceptos clave rectores <italic>de</italic> y <italic>en</italic> la Ilustraci&#xf3;n, frente a los cambios producidos entre los a&#xf1;os 1750-1850, s&#xed;ntesis del tr&#xe1;nsito de lo est&#xe1;tico-moralizante a lo din&#xe1;mico-conceptual. Una transformaci&#xf3;n plasmada perfectamente en el m&#xe1;s sobresaliente de ellos: el de &#x201c;revoluci&#xf3;n&#x201d;, que parte del movimiento celeste para llegar al contexto de la pol&#xed;tica. El campo sem&#xe1;ntico del t&#xe9;rmino &#x201c;revoluci&#xf3;n&#x201d; se completa con met&#xe1;foras termodin&#xe1;micas, el&#xe9;ctricas e &#xed;gneas, equivalentes a la celeridad y a la violencia de los cambios impresos en los sucesos. A estas se unen las l&#xed;quidas como, por ejemplo, la opini&#xf3;n p&#xfa;blica, que se representa como un &#x201c;torrente arrollador&#x201d; (p. 402) o el manantial del que brota el porvenir, como sin&#xf3;nimos de futuro. Tras esta concepci&#xf3;n del tiempo como posibilidad y crisis se impulsan grandes cambios experienciales, pol&#xed;ticos y existenciales, en los que lo nuevo otorga a los conceptos una realidad que los impulsa siempre hacia adelante, como si no existiera l&#xed;mite para ellos, salvo el de reiterarlos hasta la extenuaci&#xf3;n.</p>
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