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				<journal-title>Isegor&#xed;a</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Isegor&#xed;a</abbrev-journal-title>
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			<issn publication-format="print">1130-2097</issn>
			<issn publication-format="electronic">1988-8376</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#xed;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">isegoria.2022.66.02</article-id>
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					<subject>Art&#xed;culos</subject>
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					<subject>TEXTOS DE LAS XXVII CONFERENCIAS ARANGUREN LOS ROSTROS DEL DAÑO / THE FACES OF HARM</subject>
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				<article-title>Las tareas del da&#xf1;o<xref ref-type="fn" rid="fn0">
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					<trans-title>The Labors of Harm</trans-title>
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						<surname>Thiebaut</surname>
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					<license-p>Este es un art&#xed;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#xe9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#xf3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p>Se propone que las experiencias de da&#xf1;o se definen por dos tipos de rasgos. En primer lugar, por un tipo doble de modalidad de la experiencia: a diferencia de la negatividad de lo que tradicionalmente se comprende como mal, el da&#xf1;o se define no por ser necesario o ser experimentado como tal, sino por su posibilidad negativa -lo que no es o era necesario que hubiera sucedido- y por la necesidad pr&#xe1;ctica de que no vuelva a reiterarse. En segundo lugar, las experiencias de da&#xf1;o se elaboran y trabajan en estructuras relacionales no sim&#xe9;tricas de las v&#xed;ctimas o los supervivientes, los victimarios o da&#xf1;adores y el conjunto de terceras figuras que atienden y se posicionan concernidos ante ellas, cuando ello alcanza a suceder. Por lo primero, los da&#xf1;os se abren a su clausura que se articula, al menos, en tres tareas: las de su cese, las de su cura o reparaci&#xf3;n y las del compromiso de su no reiteraci&#xf3;n. Por lo segundo, esas tareas suponen autoridades y responsabilidades diferentes en esas tres figuras que configuran las experiencias de da&#xf1;o.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>Harm experiences are defined by two sets of traits. In the first place, by the double type of modality of its experience: in contrast with the type of negativity that has been traditionally understood as evil, harm is defined not by its being or being experienced as necessary but by its negative possibility-what is not necessary that it should happen or have happened-and by the practical necessity that it should not happen again. In the second place, harm experiences are worked through in non-symmetrical relational structures between victims or survivors, wrongdoers or victimizers, and the set of third-party figures that attend to them and adopt a concerned attitude towards them, when this is achieved. In virtue of the first set of traits, harms are open to their closure that is articulated, at least, in three types of labors or tasks: its cessation, its reparation or cure, and the commitment of its non-repetition. In virtue of the second set of traits, these tasks entail differential authorities and responsibilities in the three types of figures involved in experiences of harm. </p>
			</trans-abstract>
			<kwd-group>
				<kwd>Da&#xf1;o</kwd>
				<kwd>modalidad</kwd>
				<kwd>posibilidad negativa</kwd>
				<kwd>necesidad pr&#xe1;ctica</kwd>
				<kwd>tarea</kwd>
				<kwd>responsabilidad</kwd>
				<kwd>figuras del da&#xf1;o</kwd>
				<kwd>v&#xed;ctimas</kwd>
				<kwd>victimarios</kwd>
				<kwd>terceras figuras</kwd>
				<kwd>cese</kwd>
				<kwd>reparaci&#xf3;n</kwd>
				<kwd>no reiteraci&#xf3;n</kwd>
			</kwd-group>
			<kwd-group xml:lang="en">
				<kwd>Harm</kwd>
				<kwd>Modality</kwd>
				<kwd>Negative possibility</kwd>
				<kwd>Practical necessity</kwd>
				<kwd>Task</kwd>
				<kwd>Labor</kwd>
				<kwd>Responsibility</kwd>
				<kwd>Figures of harm</kwd>
				<kwd>Victims</kwd>
				<kwd>Victimizers</kwd>
				<kwd>Third party figures</kwd>
				<kwd>Cessation</kwd>
				<kwd>Reparation</kwd>
				<kwd>Non-reiteration</kwd>
			</kwd-group>
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		<disp-quote>
			<p>
				<italic>A Miguel Marinas, in memoriam</italic>
			</p>
		</disp-quote>
		<p>La guerra y sus desastres, ominosamente estos d&#xed;as cerca de nosotros en Ucrania, aunque no estaban lejanos en Oriente Pr&#xf3;ximo, en Yemen, en Siria, en Libia, en Somalia; la violencia sobre las mujeres en los feminicidios, en las violaciones y en las formas de su sometimiento y exclusi&#xf3;n; los refugiados que sucumben en sus huidas y en sus desesperaciones; las torturas todav&#xed;a presentes aunque se oculten, incluso en sociedades que se dicen regidas democr&#xe1;ticamente por la ley o en esas tierras de nadie que son los campos de refugiados, como en Lesbos; las m&#xfa;ltiples formas de terrorismo y de locura identitaria; los asesinatos y las represiones racializadas; la destituci&#xf3;n de individuos y familias en nuestras sociedades crecientemente desiguales. Estas son algunas de las quebraduras -y no todas- que destruyen personas y fracturan mundos de vida y de culturas, cerca y lejos. Cada una de ellas es diferente, obedece a causas y procesos distintos que requieren an&#xe1;lisis espec&#xed;ficos y, aunque todas nos abrumen, suscitan emociones y reacciones diversas que agavillan respuestas diferenciadas en t&#xe9;rminos de nuestras responsabilidades o en los de nuestras, a veces escasas, posibilidades de reacci&#xf3;n ante ellas. Como ciudadanos, y desde nuestras distintas posiciones y saberes, basculamos, a veces perplejos, con frecuencia desolados, entre nuestros an&#xe1;lisis y nuestros concernimientos, entre nuestras responsabilidades y tareas y nuestras impotencias. </p>
		<p>La filosof&#xed;a, que en el acto de las Conferencias Aranguren se quiere practicar bajo el pensamiento &#xe9;tico de Jos&#xe9; Luis L&#xf3;pez Aranguren y de Javier Muguerza, aunque busque la serenidad de la reflexi&#xf3;n sobre, y desde, estos mundos heridos, tambi&#xe9;n est&#xe1; ella misma hendida en sus propias inutilidades ante estas devastaciones. Lo indico solo al comienzo como cautela y como advertencia para que no sobrepongamos sus propias heridas e impotencias y el malestar que nos provocan sobre las desgarraduras de las vidas y de los mundos de vida a las que he comenzado haciendo referencia, y para ser as&#xed; conscientes de su propio, quiz&#xe1; menor pero imprescindible, lugar. En lo que empezaba trayendo, ese lugar est&#xe1; partido entre la atenci&#xf3;n a la particularidad de cada uno de esos da&#xf1;os que nos aprisionan la imaginaci&#xf3;n -cada vida y cada cuerpo y mente heridos en cada situaci&#xf3;n de violencia b&#xe9;lica, de cada acto de violencia sobre la mujer, de cada desposesi&#xf3;n y de cada marginaci&#xf3;n- y las categor&#xed;as y los conceptos con los que los nombramos, como estos mismos de las violencias y las desposesiones a los que me acabo de referir. Quiz&#xe1;, hegelianamente, la filosof&#xed;a aspire a aprehender en esos nombres algunas de las estructuras de un mundo quebrado; o, quiz&#xe1;, tal vez m&#xe1;s sobriamente, consciente de sus l&#xed;mites, pueda colaborar perfilando los conceptos con los que nombramos y entendemos nuestros mismos conflictos y nuestras emociones negativas de hastiada rabia, de desafecci&#xf3;n o de impotencia. </p>
		<p>Lo que quisiera proponer aqu&#xed; son tres retazos de esta tarea filos&#xf3;fica de aportar y perfilar conceptos pensando la idea de da&#xf1;o. Primero avanzar&#xe9; algunas ideas sobre este tipo de negatividad que llamamos da&#xf1;o y de c&#xf3;mo ante estas heridas de lo real construimos conceptos y comprensiones que tienen en su centro la idea de que las experiencias de da&#xf1;o se viven, pero tambi&#xe9;n se elaboran y se trabajan hacia su clausura, primero en la demanda de su cese y de su cura y despu&#xe9;s, o la vez, en el compromiso de su no reiteraci&#xf3;n. El repetido grito, ya emblem&#xe1;tico, del &#xab;&#xa1;Nunca m&#xe1;s!&#xbb; est&#xe1; en el centro del coraz&#xf3;n del da&#xf1;o, aunque los da&#xf1;os se reiteran, reaparecen, adoptan nuevas formas, siempre agotadoramente hirientes. En segundo lugar, explorar&#xe9; la forma relacional de esa elaboraci&#xf3;n del da&#xf1;o indicando que las diversas posiciones de los sujetos que las viven y que las atienden contienen diversas autoridades y formulan diversas demandas que se entrelazan y que conforman el tejido de responsabilidades -de <italic>responsibilidades</italic>, de respuestas- que constituyen las tareas del da&#xf1;o. Las diversas posiciones de v&#xed;ctimas y supervivientes, de victimarios y causantes, de nosotros mismos que, en alguna de las guisas de las terceras personas que las atendemos y que buscamos comprenderlas y trabajarlas, se entretejen en esa tarea de los da&#xf1;os hacia su clausura. En tercer lugar, y por &#xfa;ltimo, enmarcar&#xe9; brevemente c&#xf3;mo las tareas del da&#xf1;o est&#xe1;n tejidas de una peculiar tensi&#xf3;n entre su estructura contraf&#xe1;ctica, contra los hechos hirientes de los da&#xf1;os reales vividos, y la urgencia de su demanda, una tensi&#xf3;n que realiza una dimensi&#xf3;n pol&#xed;tica. Para abrir mi reflexi&#xf3;n a la propuesta de Nuria S&#xe1;nchez Madrid y al di&#xe1;logo con ella, solo apuntar&#xe9; que esa tensi&#xf3;n es uno de los centros de los trabajos de la filosof&#xed;a en la formulaci&#xf3;n de nuestras reflexiones sobre la justicia en un mundo quebrado estructuralmente por la injusticia. </p>
		<p>Empezaba recordando diversas realidades y experiencias de muy diversos &#xf3;rdenes e indicaba que cada una de ellas requiere una atenci&#xf3;n particularizada. Como ciudadanos, pero tambi&#xe9;n en cada uno de los campos diferenciados de los saberes en los que se ha construido nuestra cultura, en el arte, en las ciencias, en el pensamiento, pensamos en esas experiencias en su insustituible particularidad: acudimos a sus causas, aunque muchas veces se nos escapen, las discutimos y tratamos de inferir y prever sus efectos. Pero en cualquier intento de comprensi&#xf3;n de esas realidades particulares, de comprensi&#xf3;n intelectual pero tambi&#xe9;n de comprensi&#xf3;n de nuestras mismas emociones y de nuestras mismas reacciones ante ellas, acudimos a tipos o categor&#xed;as, como la de violencia b&#xe9;lica o la de violencia de g&#xe9;nero -tipos y categor&#xed;as que discutimos si son adecuadas y c&#xf3;mo lo son a aquello que vivimos y percibimos- y a&#xfa;n a meta-tipos, como los de lesi&#xf3;n de los derechos humanos o, en algunos casos graves, a la de cr&#xed;menes contra la humanidad. Cada una de esas categorizaciones, en tipos y meta-tipos, mira, por una parte, a la conciencia cotidiana, que se va acrisolando y perfilando ante esas realidades, y por otra remite a saberes y conocimientos especializados -los de las ciencias, los del derecho- que tambi&#xe9;n van perfilando sus propias comprensiones. La historia de los saberes, crecientemente diferenciados y complejos, y la de las actitudes, tambi&#xe9;n modul&#xe1;ndose de formas diversas y cambiantes, se entretejen y se codeterminan. Pero, junto a estas cruciales categorizaciones, y en ellas, o entre ellas, con las que comprendemos los desgarros del mundo y, de manera m&#xe1;s significativa, en nuestros intentos de comprenderlas, se activan emociones y actitudes que tienen rango moral. Nos desolamos, nos irritamos, nos proponemos acciones y nos comprometemos en causas, u otras veces, por motivos y razones diversas, apartamos la mirada, nos distraemos, por mero desinter&#xe9;s o quiz&#xe1; incluso para protegernos de la pena o qui&#xe9;n sabe si para poder comprender mejor aquello que vemos y vivimos: los tiempos de nuestra subjetividad y de sus actitudes reactivas no siempre est&#xe1;n sincronizados con los tiempos descoyuntados del mundo. </p>
		<p>Estas situaciones y reacciones son diversas y se tornasolan de maneras muy distintas, pero cabe proponer que nuestras comprensiones y nuestras actitudes en estos casos tienen un vector com&#xfa;n: en nuestra relaci&#xf3;n con ellos percibimos el mundo y nos percibimos a nosotros mismos con una especial modalidad, de una particular manera. Los vivimos y los percibimos como realidades hirientes que, primero, no tendr&#xed;an que haber sucedido y como aquello que, segundo, no deber&#xed;a volver a suceder, como si hubiera tenido que ser y aun tuviera que ser otro el curso del mundo. No los consideramos ni experimentamos p&#xe9;treamente como si fueran inevitables, o como si hubieran sido inevitables. A pesar de la potencia ineluctable de la que muchas veces se revisten las acciones humanas, a pesar de la aparente fuerza innegable de los hechos brutos de la violencia, de su realidad, no hay nada inevitable en las violencias b&#xe9;licas y de g&#xe9;nero, no hay nada ineludible en la condici&#xf3;n de desposesi&#xf3;n en la desigualdad. En estos casos, no hay destino al que sea necesario someterse o, m&#xe1;s significativamente, pensamos que no debiera haberlo. Aunque sus realidades se nos impongan con fuerza, las podemos comprender y experimentar, y la comprendemos y experimentamos, no desde la modalidad de lo necesario sino desde la modalidad de la posibilidad negativa, de lo que pudiera no haber sucedido, y a&#xfa;n m&#xe1;s, y como sobre ello, desde esa peculiar modalidad ulterior, la modalidad de la necesidad pr&#xe1;ctica, la de lo que no debiera volver a suceder. </p>
		<p>Quisiera sugerir dos cosas que cabe extraer de ello. Notemos, primero, que muchas de esas realidades y situaciones han sido pensadas en la historia como revestidas de diversas necesidades que tambi&#xe9;n en la historia han sido enfrentadas y rechazadas: recordemos la de los mandatos divinos, en una providencia con frecuencia y parad&#xf3;jicamente cruel, o la supuesta necesidad de los mandatos de la historia, en cualquiera de los inevitables cursos de sufrimientos impuestos por los poderes y los Estados, o las de los mandatos de la naturaleza que nos fija lugares racializados, sexuados y gen&#xe9;ricos y nos ubica en categor&#xed;as inamovibles. Esas formas de pensar y de vivir las heridas de la condici&#xf3;n humana se revisten de argumentos y de teor&#xed;as que han podido ser falsadas, rechazadas, o al menos opuestas en largos y complejos procesos sociales, en muchos de los cuales estamos a&#xfa;n inmersos. Algunos casos son obvios logros: la esclavitud natural o la natural sumisi&#xf3;n del g&#xe9;nero femenino han perdido su aura de inevitabilidad, o se pueden cuestionar, vez tras vez, las violencias b&#xe9;licas y los argumentos con los que se pertrechan. En estos y otros casos, esas realidades hirientes han pasado de ser percibidas desde el prisma de la necesidad inevitable -que es necesario que as&#xed; sean- a, por el contrario, ser concebidas desde el prisma de la posibilidad negativa -que podr&#xed;an no suceder- y a&#xfa;n, como en un paso conceptual a&#xf1;adido, con las de una nueva necesidad pr&#xe1;ctica que se peralta sobre esa posibilidad negativa -que no deber&#xed;an ya suceder en el futuro-. Es este un cambio modal que no solo opera en nuestros an&#xe1;lisis y nuestros juicios, sino que est&#xe1; tambi&#xe9;n en nuestras percepciones, en nuestras reacciones hasta corporales, en nuestras emociones y actitudes. Percibimos modalmente el mundo, pero tambi&#xe9;n experimentamos modalmente nuestra vida y las relaciones con los dem&#xe1;s, cuando herimos y somos heridos, cuando atendemos y cuidamos y somos atendidos y cuidados. Y, como tambi&#xe9;n suced&#xed;a en el desmontaje de los argumentos que justificaban el mal como necesario e inevitable que se acaban de se&#xf1;alar, los cambios en nuestras modalidades perceptivas y existenciales, cognitivas y emocionales, han tenido y tienen lugar en largos procesos conflictivos que han implicado variaciones y transformaciones en nuestras concepciones y saberes, y que son tambi&#xe9;n, y quiz&#xe1; sobre todo, alteraciones de nuestras pr&#xe1;cticas e instituciones, por ejemplo en nuestras pr&#xe1;cticas relacionales respecto al g&#xe9;nero y en las instituciones que las enmarcan. Tambi&#xe9;n la subjetividad y las identidades se construyen y se definen modalmente. La intuici&#xf3;n filos&#xf3;fica que se adumbra en la v&#xed;a negativa que sugiero es que la percepci&#xf3;n de la hiriente negatividad del da&#xf1;o ha podido ser, y ha sido, el proceso de descubrir que sufrimientos y penas como aquellos a los que empec&#xe9; refiri&#xe9;ndome han operado como fulcros con los que alteramos nuestra concepci&#xf3;n de lo que esas realidades mismas son y de lo que los sujetos somos en ellas y ante ellas. </p>
		<p>Quiz&#xe1; cabe formular que esas formas de negatividad, de heridas, de condiciones y experiencias de desposesi&#xf3;n y destrucci&#xf3;n de personas y de mundos de vida a las que empezaba haciendo referencia no son tanto males -males inevitables en la vulnerable condici&#xf3;n de los seres humanos- cuanto, sobre todo, da&#xf1;os. Los da&#xf1;os no son males peque&#xf1;os, en los azares de lo cotidiano; a pesar de sus referencias jur&#xed;dicas a los entramados de nuestras responsabilidades civiles que pueden sustanciarse con compensaciones, los da&#xf1;os como aquellos a los que me empezaba refiriendo son negatividad radical: son destrucci&#xf3;n de vidas, son destrucci&#xf3;n de mundos y tienen la misma hondura abism&#xe1;tica que la que la religi&#xf3;n y la filosof&#xed;a le asignaron siempre al mal. Podemos pensar esas hirientes realidades como da&#xf1;os porque las concebimos y las experimentamos no tanto como realidades que nos suceden -aunque las padezcamos- sino como formas de sufrimiento y de devastaci&#xf3;n que est&#xe1;n ligadas al entramado relacional de las acciones y de las omisiones humanas, que siempre pueden ser distintas a c&#xf3;mo han sido y son, y que reclaman acciones humanas, es decir, que son tareas: formulan requerimientos y demandas, articulan responsabilidades. Lo que se&#xf1;alo es que algunas realidades, las del da&#xf1;o, las de los da&#xf1;os, son la estofa de la &#xe9;tica; pero tambi&#xe9;n que tampoco hay nada inevitable, dado por necesidad, en nuestra misma comprensi&#xf3;n moral de ellas, aunque el verlas y vivirlas moralmente haya sido una adquisici&#xf3;n y un logro. El tipo de necesidad pr&#xe1;ctica -que ha de ser otro el curso del mundo, otro el mundo para que esos da&#xf1;os no existan- no nos viene dado por ning&#xfa;n mandato externo, heter&#xf3;nomo, sino como una exigencia humana ante el da&#xf1;o que nos infligimos los humanos, como un mandato solo de nuestra autonom&#xed;a. Ante los da&#xf1;os los humanos estamos solos, desnudos de dioses, de naturaleza y a&#xfa;n de las fuerzas de la historia que nosotros mismos hacemos. </p>
		<p>Este arrancar, o liberar, los da&#xf1;os de sus justificaciones como realidades inevitables y necesarias, seg&#xfa;n dicte alg&#xfa;n expediente heter&#xf3;nomo que nos rige inevitablemente desde fuera de nuestra desnuda condici&#xf3;n humana, y el recomprenderlos y ubicarlos en el terreno de nuestras acciones -y, por ende, de nuestras omisiones-, de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer, es -como indicaba- concebirlos y vivirlos como tarea. Quiz&#xe1; lo segundo que se deriva de esta concepci&#xf3;n del da&#xf1;o es que vivirlo desde la posibilidad negativa de su no ocurrencia no lo deja, o no debiera, dejarlo intocado. Las experiencias de da&#xf1;o contienen y formulan, para quienes las sufren, demandas diversas, la primera de ellas la de su cese; la segunda, encabalgada, la de su atenci&#xf3;n, su cuidado y su reparaci&#xf3;n; la tercera, la de su no reiteraci&#xf3;n. Como dir&#xe9; en seguida, esas demandas son gritos que se dirigen a quienes estamos en una posici&#xf3;n distinta, a quienes podemos colaborar en su finalizaci&#xf3;n, a atender a su reparaci&#xf3;n y cuidado, a formular y fortalecer el compromiso pr&#xe1;ctico de su no repetici&#xf3;n.</p>
		<p>Como indicaba al comienzo, las experiencias de da&#xf1;o se elaboran y conducen, o debieran hacerlo, hacia su clausura, al menos a su clausura potencial. La clausura del da&#xf1;o tiene formas diversas, pero las tres que acabo de indicar, el cese, el cuidado y la no reiteraci&#xf3;n son las centrales y las que dan concepto y nombre a la concepci&#xf3;n del da&#xf1;o como tarea. Hay algo de parad&#xf3;jico, a veces contradictorio, o generador de perplejidad, de estas tareas del da&#xf1;o. El cese, ciertamente, se refiere a una acci&#xf3;n, o al final de una acci&#xf3;n, que se reclama para que aquel da&#xf1;o se detenga en el momento en el que ocurre: para que se detenga la guerra, para que pare la violencia sobre el cuerpo de la mujer, para que concluya la sangr&#xed;a de los cuerpos heridos o la de los perdidos en el mar. El cese se refiere a una realidad o a un hecho que est&#xe1; sucediendo, de manera moment&#xe1;nea o extendida, y que contiene ya una exigencia inmediata. La cura, el cuidado, se refieren, por el contrario, tambi&#xe9;n a un hecho ya pasado, a <italic>aquel</italic> hecho ya pasado, y entiende, entonces, la clausura como la tarea de reparaci&#xf3;n y de atenci&#xf3;n a los cuerpos dolientes, a los mundos de vida devastados. Por su parte, la demanda de la no reiteraci&#xf3;n del da&#xf1;o se refiere no ya a aquello que sucede o a aquello que aconteci&#xf3;, sino a su tipo, a su clase. El grito del &#xab;&#xa1;Nunca m&#xe1;s!&#xbb;, con el que Ernesto S&#xe1;bato titul&#xf3; su introducci&#xf3;n al <italic>Informe de Comisi&#xf3;n Nacional sobre la Desaparici&#xf3;n de personas</italic> (CONADEP) de 1984 en Argentina, muestra un parad&#xf3;jico car&#xe1;cter de contraf&#xe1;ctico hist&#xf3;rico a los da&#xf1;os reales acontecidos que ni pudieron detenerse entonces ni pudieron tampoco curarse ni atenderse. Pero es un contraf&#xe1;ctico concernido. Como los desaparecidos de otras dictaduras, como Auschwitz, como los asesinatos terroristas de marzo de 2004 en Madrid, como la vida arrancada de la mujer en cada acto de violencia de g&#xe9;nero, el grito para su no reiteraci&#xf3;n no se dirige a darle marcha atr&#xe1;s a la historia -aunque esa mirada benjaminiana est&#xe9; siempre presente en nuestros lamentos y en nuestros anhelos- sino que expresa la demanda, y el compromiso -tenga este el alcance que podamos darle- a que ese tipo de acciones, de situaciones, de procesos no se repita en el futuro; porque sabemos que al igual que dolieron aquellos da&#xf1;os, doler&#xe1;n en el futuro otros que se los asemejen. Esta dimensi&#xf3;n temporal, hacia el ahora inmediato, hacia el pasado, y hacia el futuro de las tareas del da&#xf1;o, est&#xe1;n referidas a <italic>ese</italic> da&#xf1;o, que lo toma como esa realidad o que la hace emblema y referencia. Y esas dimensiones temporales de las tareas del da&#xf1;o pueden entrar en tensi&#xf3;n y entran en tensi&#xf3;n: a veces la urgencia de la demanda de cese dificulta el cuidado, otras el cuidado ciega, o pospone, las tareas del futuro. Muchas veces, si no siempre, la clausura del da&#xf1;o llega desgarradora e irreparablemente tarde. La negatividad del da&#xf1;o sufrido no se sutura en el cuidado, el mundo quebrado no se restaura con los deseos ni con las curas, o los compromisos morales solo nos permiten quiz&#xe1; enso&#xf1;ar que ser&#xed;a deseable, que hubiera sido deseable, que todo ser&#xe1; finalmente restaurado. La clausura a la que tienden las tareas del da&#xf1;o nunca se cierra. </p>
		<p>He estado empleando en este texto de manera reiterada un &#xab;nosotros&#xbb;, un pronombre en primera persona del plural que es peligroso, a pesar de su virtud, quiz&#xe1; solo ret&#xf3;rica, de anclar las referencias empleadas a su comunidad de lectores. He tenido, no obstante, cuidado de no referirnos como sujetos primeros de las experiencias de da&#xf1;o; no lo somos, aunque alg&#xfa;n lector, y sobre todo alguna lectora, pueda ubicarse sin dificultad en la condici&#xf3;n sufriente de algunos da&#xf1;os. Lo indico como entrada en el segundo retazo de reflexi&#xf3;n que quisiera presentar: pensar el da&#xf1;o como una experiencia relacional, y relacionalmente elaborada, que contiene posiciones diversas, que son asim&#xe9;tricas y que contienen autoridades epist&#xe9;micas y morales diferentes, cada una de las cuales tiene responsabilidades y cargas diferenciadas. En los t&#xe9;rminos que ven&#xed;a empleando, las tareas del da&#xf1;o, de su elaboraci&#xf3;n, de su cese, de sus compromisos, son, m&#xe1;s que un mon&#xf3;logo del esp&#xed;ritu, y a&#xfa;n del cuerpo doliente de la humanidad, un proceso de voces y de posiciones diversas que se entrecruzan y que a veces se encuentran y otras permanecen en el desacuerdo y el conflicto. </p>
		<p>He estado evitando el uso de un t&#xe9;rmino, el de v&#xed;ctima, que se ha hecho sorprendentemente sospechoso en nuestra cultura, tan fuertemente espectacularizada, y que ha tendido a usarse como un privilegio o una coartada, incluso como una coartada del poder y a&#xfa;n de la agresi&#xf3;n que se disfraza, por ejemplo, como defensa de la v&#xed;ctima. Judith Shklar, la atenta historiadora liberal de la pol&#xed;tica, que fue de las primeras el siglo pasado en poner la atenci&#xf3;n sobre la fuerza normativa de la perspectiva de las v&#xed;ctimas, se&#xf1;alaba tambi&#xe9;n lo dif&#xed;cil que es pensar y comprender su condici&#xf3;n.<xref ref-type="fn" rid="fn1">
				<sup>1</sup>
			</xref> En Espa&#xf1;a, Manuel Reyes Mate, en un marco filos&#xf3;fico diferente, ha se&#xf1;alado tambi&#xe9;n esa centralidad.<xref ref-type="fn" rid="fn2">
				<sup>2</sup>
			</xref> Aunque sea inevitable, es dif&#xed;cil pensar su condici&#xf3;n, no solo, quiz&#xe1;, por la demasiado f&#xe1;cil sospecha sobre ellas por su f&#xe1;cil manipulaci&#xf3;n o uso, sino porque quien sufre da&#xf1;os se encuentra en una contradictoria posici&#xf3;n de fortaleza epist&#xe9;mica -la de poder enunciar que ese es su da&#xf1;o- y de debilidad normativa ante las fuerzas que la han sumido en esa condici&#xf3;n y que pueden, a la vez, manipularla. Quiz&#xe1; por ello, las v&#xed;ctimas mismas, por ejemplo las mujeres que han sufrido violaciones, como Susan Brison<xref ref-type="fn" rid="fn3">
				<sup>3</sup>
			</xref> o como Linda Alcoff<xref ref-type="fn" rid="fn4">
				<sup>4</sup>
			</xref> -por mencionar solo a dos fil&#xf3;sofas que han sufrido ese da&#xf1;o y han reflexionado sobre &#xe9;l-, se resisten al uso de un t&#xe9;rmino, el de v&#xed;ctima, que tiende a concebirlas y anclarlas en una actitud de pasividad y prefieren -se&#xf1;alan y reclaman- concebirse como supervivientes. Porque enuncian su da&#xf1;o, fomentan la conciencia de su relevancia y reclaman justicia, no son v&#xed;ctimas pasivas, sino agentes activas de la clausura de su da&#xf1;o y de la clausura de ese tipo de da&#xf1;o. Pero quiz&#xe1; la sospecha ante el t&#xe9;rmino y ante quien reclama esa condici&#xf3;n venga, precisamente, de su fuerza, de su potencia normativa que se&#xf1;alaban Shklar y Reyes Mate. La posici&#xf3;n de la v&#xed;ctima, cuando lo es, no es una posici&#xf3;n de reclamo de poder ni de identidad; la v&#xed;ctima no querr&#xed;a ser tal, rechaza el serlo, como acabo de indicar con las v&#xed;ctimas de violencia de g&#xe9;nero. No busca el poder o la ventaja que le pudieran dar su condici&#xf3;n, sino la fuerza demandante de su clausura. Tiene, s&#xed;, un privilegio posicional que es una carga, pero que es la fuente de su autoridad normativa. Es quien formula el testimonio y el grito del cese, quien reclama la clausura de la ayuda y la de la reparaci&#xf3;n; es su posici&#xf3;n la que da fuerza, incluso en la derrota irreparable, a la demanda de ese da&#xf1;o no se repita. Su posici&#xf3;n y su demanda se dirigen, primero, como acusaci&#xf3;n, como interrogaci&#xf3;n, como demanda de comprensi&#xf3;n -pues el da&#xf1;o es inmediatamente incomprensible y puede ser la destrucci&#xf3;n inmediata de toda una vida y de todo un mundo de vida- a quien caus&#xf3; el da&#xf1;o, por acci&#xf3;n inmediata, por inacci&#xf3;n c&#xf3;mplice, por mera desatenci&#xf3;n. </p>
		<p>Pero tambi&#xe9;n, su demanda se dirige a otros, a las terceras figuras que pudieran atenderla, recibirla y darle respuesta. Las terceras figuras somos, entre otros, nosotros, los que vemos el da&#xf1;o, los que atendemos el da&#xf1;o, los que pensamos el da&#xf1;o. Podemos tener formas diversas, como apuntaba antes: somos, en nuestras profesiones y actividades, en nuestros saberes y en nuestros lugares sociales, especialistas en cada uno de los fragmentos de nuestras sociedades institucional y epist&#xe9;micamente complejas y diferenciadas; desde cada una de esas posiciones narramos el da&#xf1;o, o lo representamos, o lo analizamos, o lo juzgamos, o lo atendemos, o lo curamos. O, sencillamente, y fuera de nuestros saberes, instituciones y pr&#xe1;cticas diferenciadas, somos ciudadanas y ciudadanos que practican cercan&#xed;as o distancias, concernimientos o desatenciones, que asumen o desconsideran los da&#xf1;os que ven, o los que no ven, o los que no quieren ver. Las v&#xed;ctimas, las supervivientes, reclaman, quiz&#xe1; lo primero, atenci&#xf3;n -la atenci&#xf3;n de ser percibidas, pero tambi&#xe9;n la atenci&#xf3;n de ser atendidas- y sabemos que, por el contrario, la desatenci&#xf3;n es, con frecuencia, un segundo da&#xf1;o que acumula silenciamientos y exclusiones, lo que Miranda Fricker ha llamado injusticias epist&#xe9;micas.<xref ref-type="fn" rid="fn5">
				<sup>5</sup>
			</xref> Y las terceras figuras, nosotros, ese nosotros que antes calificaba de peligroso, es un lugar cargado tambi&#xe9;n de fuerza normativa, pues es, al cabo, el sujeto de la justicia. Atender los da&#xf1;os, participar en su tarea, puede y debe ser pensado como una forma de justicia: como la justicia que protege, como la justicia que repara, como la justicia que establece las condiciones de la no reiteraci&#xf3;n del da&#xf1;o. Con una met&#xe1;fora gramatical cabe decir que la justicia se declina y que se diferencian y especifican los diversos casos y formas de la justicia en cada uno de los tipos de da&#xf1;os de los que part&#xed;amos, los de las violencias b&#xe9;licas y los de g&#xe9;nero, los de las exclusiones y los de las desposesiones. Las tareas de la justicia, las tareas de esos da&#xf1;os, se difractan y adquieren precisiones, pero cuyo horizonte normativo no debe ser perdido de vista. Ese horizonte es, de nuevo, la de percepci&#xf3;n de cada da&#xf1;o y el de las formas de su clausura. </p>
		<p>Pero las figuras que intervienen en la realidad de los da&#xf1;os ni son iguales ni est&#xe1;n ubicadas en una relaci&#xf3;n de simetr&#xed;a. Poseen fuerzas y posiciones diferenciadas que conllevan diversas autoridades con las que portan diferentes demandas y con las que responden; por ello, tambi&#xe9;n est&#xe1;n cargadas de irremplazables responsabilidades distintas. Y la atenci&#xf3;n que reclama la figura de la v&#xed;ctima no se corresponde, con frecuencia, a la que pueden suministrarle las terceras figuras, pero, sobre todo, parece que en hay aqu&#xed; una asimetr&#xed;a casi radical. Con frecuencia la devastaci&#xf3;n de la v&#xed;ctima y de su mundo es, como se&#xf1;alaba Am&#xe9;ry, total; su demanda de clausura es, pues, tambi&#xe9;n total. Pero sabemos, por ejemplo por los procesos de justicia transicional, pero tambi&#xe9;n por las maneras en las que los da&#xf1;os cercanos son atendidos, cuando lo son, que las formas de atenci&#xf3;n a las v&#xed;ctimas -de atenci&#xf3;n-perceptiva y de atenci&#xf3;n-cuidado, como he se&#xf1;alado-, en la escucha, en la reparaci&#xf3;n, son diferenciadas y parciales. La demanda holista de la clausura del da&#xf1;o se encuentra con la respuesta diferenciada y parcial -declinada, dec&#xed;a hace un momento- para su clausura. Hay un l&#xed;mite estructural, pues, en los trabajos y las tareas de las formas de justicia y de atenci&#xf3;n. Un l&#xed;mite que deja abierto el da&#xf1;o, que deja inconclusa su tarea. </p>
		<p>Y quiz&#xe1; deba concebirse exactamente as&#xed;, dada la fuerza de su misma realidad negativa. Los da&#xf1;os son rupturas en el tejido de las realidades personales y sociales y las tareas de reparaci&#xf3;n, de sutura, dif&#xed;cilmente pueden ser pensados como compensaciones totales, aunque intenten ser tambi&#xe9;n holistas. Eso deja necesariamente abiertas las tareas del da&#xf1;o. Quedan abiertas en el tiempo, pues los trabajos de la clausura reabren los espacios y los tiempos de la memoria, que se plaga tambi&#xe9;n de tareas y contradicciones, las del recuerdo y las del olvido; pero tambi&#xe9;n temporalmente abiertas a las formas futuras de qu&#xe9; hacer con las vidas y las condiciones de vida devastadas, con sus tambi&#xe9;n contradictorias tareas de lo que es irreparable y de lo que puede y no puede serle prometido a quien sufri&#xf3;; y, abiertas tambi&#xe9;n, al futuro pues los compromisos de la no reiteraci&#xf3;n del da&#xf1;o significan, en muchos casos, alteraciones radicales de nuestras formas de vida y de nuestras instituciones que se topan con inercias, rechazos y resistencias. Dadas estas dificultades no es, tal vez, de extra&#xf1;ar que empiece a sobrevolar en nuestras sociedades un expediente m&#xe1;s simplificador, que cabe pensar como una amenaza ante la memoria del da&#xf1;o y ante su percepci&#xf3;n: el de negar los da&#xf1;os mismos, el de rechazar sus tareas, el de estorbar y desde&#xf1;ar su percepci&#xf3;n. Las formas de negaci&#xf3;n del da&#xf1;o -de todas las formas del da&#xf1;o, las b&#xe9;licas y las de la violencia de g&#xe9;nero, las desposesiones- son plurales y sus razones y causas diversas, pero quiz&#xe1; cabe resumirlas en el rechazo al car&#xe1;cter performativo del da&#xf1;o mismo, a lo que expresa y a lo que demanda. Negar es la gran forma de simplificar, anul&#xe1;ndola, esa demanda. </p>
		<p>Paso a enunciar, brevemente, el tercer retazo de esta reflexi&#xf3;n sobre el da&#xf1;o y sus tareas. Las tareas del da&#xf1;o tienen, junto a los se&#xf1;alados, otros dos aspectos: en primer lugar, como estaba empezando a deslizar, tienen un rostro inmediatamente pol&#xed;tico; en segundo lugar, los da&#xf1;os nos sit&#xfa;an, en los espacios pol&#xed;ticos, en esa peculiar posici&#xf3;n de exigencia de otra manera -contraf&#xe1;ctica la he llamado- de concebir el mundo y nuestras acciones en el mundo. En efecto, las realidades del da&#xf1;o remiten, de formas diversas, a sustratos estructurales de poder y de desigualdad. Tras todos los casos que enumer&#xe9; al comienzo de mi intervenci&#xf3;n hay estructuras y procesos que est&#xe1;n en las ra&#xed;ces de esos da&#xf1;os. Las violencias b&#xe9;licas y de g&#xe9;nero, las masivas y crecientes formas de la desigualdad en las escalas cercanas y en las mundiales, las exclusiones y las desposesiones que se agudizan, remiten todas a estructuras ante las cuales las posibles tareas del da&#xf1;o, sobre todo en lo que a su dimensi&#xf3;n de futuro se refiere, reclaman percibir y construir posibilidades de acci&#xf3;n y, por ende, programas de intervenci&#xf3;n. Incluso, como apuntaba, la manera m&#xe1;s expedita de solventar la compleja condici&#xf3;n de asumir las tareas del da&#xf1;o es negarlos, rechazarlos como cuesti&#xf3;n moral y como cuesti&#xf3;n pol&#xed;tica y presentarlos como si no lo fueran: los da&#xf1;os de la guerra se vuelven a presentar con la fuerza de la respuesta inevitable; los da&#xf1;os de la violencia de g&#xe9;nero se nos descubren, casi obscenamente, como una fantasmagor&#xed;a culturalmente inducida; los da&#xf1;os de la exclusi&#xf3;n, a lo sumo, solo son concebidos como el resultado indeseado y menor de los ejercicios de la libertad personal. Tales argumentos son una forma agresiva de pol&#xed;tica. No es por reaccionar a estas formas, a su vez reactivas, de desactivaci&#xf3;n de los contenidos, pol&#xed;ticos porque normativos, de la percepci&#xf3;n de los da&#xf1;os y de sus tareas, sino porque, como indicaba, esas tareas implican compromisos estructurales ante ellos, es pertinente recordar este car&#xe1;cter pol&#xed;tico de la reflexi&#xf3;n que he propuesto. </p>
		<p>Y este car&#xe1;cter pol&#xed;tico, como he se&#xf1;alado, tiene el sentido de oponerse a los hechos de las realidades, recurrentes, persistentes, de las estructuras y de las acciones que da&#xf1;an. Judith Shklar, a quien antes mencion&#xe9;, quiz&#xe1; complementando o corrigiendo a su amigo John Rawls, apunt&#xf3; c&#xf3;mo el sentido de la injusticia acrisola nuestro sentido de la justicia y es m&#xe1;s perceptivo y agudo que este. En los t&#xe9;rminos que he empleado, la demanda contraf&#xe1;ctica de otro curso del mundo -de que pudiera haber sido otro el curso del mundo, de que es menester que lo sea- para que los da&#xf1;os se clausuren, cesen, se reparen y no se reiteren tienen un car&#xe1;cter disidente con el que quisiera concluir. Como recordamos, el imperativo de la disidencia era uno de los lemas centrales de la reflexi&#xf3;n &#xe9;tica de Javier Muguerza<xref ref-type="fn" rid="fn6">
				<sup>6</sup>
			</xref>. Lo &#xfa;nico que a&#xf1;adir&#xed;a ahora a su lema es que la realidad de los da&#xf1;os -su realidad real, es decir, su realidad que solo puede aprehenderse normativamente- es la que fundamenta esta necesaria disidencia.</p>
	</body>
	<back>
		<fn-group>
			<title>Notas</title>
			<fn fn-type="other" id="fn0">
				<label>
					<sup>*</sup>
				</label>
				<p>Se recoge aqu&#xed;, ligeramente editado, el texto le&#xed;do en el acto de las XXVII Conferencias Aranguren.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>
					<sup>1</sup>
				</label>
				<p>
					<xref ref-type="bibr" rid="B6">J. Shklar</xref>, &#x201c;Putting cruelty first&#x201d;, en <italic>Ordinary Vices,</italic> Harvard Univesity Press, 1984, 7-44.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>
					<sup>2</sup>
				</label>
				<p> M. Reyes-Mate, <italic>La raz&#xf3;n de los vencidos,</italic> Anthropos, <xref ref-type="bibr" rid="B4">1991</xref> y <italic>Tratado de la injusticia,</italic> Anthropos, <xref ref-type="bibr" rid="B5">2011</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>
					<sup>3</sup>
				</label>
				<p>
					<xref ref-type="bibr" rid="B2">S. Brison</xref>, <italic>Aftermath: Violence and the remaking of the self,</italic> Princeton University Press, 2002.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>
					<sup>4</sup>
				</label>
				<p>
					<xref ref-type="bibr" rid="B1">L. Alcoff</xref>, <italic>Violaci&#xf3;n y resistencia,</italic> Prometeo Libros, 2021.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>
					<sup>5</sup>
				</label>
				<p>
					<xref ref-type="bibr" rid="B3">M. Fricker</xref>, <italic>Injusticia epist&#xe9;mica,</italic> Herder, 2017.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>
					<sup>6</sup>
				</label>
				<p> He analizado recientemente el imperativo de la disidencia en, <xref ref-type="bibr" rid="B7">C. Thiebaut</xref>: &#x201c;Regreso al imperativo de la disidencia de Javier Muguerza: Una reivindicaci&#xf3;n&#x201d;, <italic>Alfa,</italic> 37 (2021) 68-93.</p>
			</fn>
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			<title>Bibliograf&#xed;a</title>
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							<surname>Alcoff</surname>
							<given-names>L.</given-names>
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					<year>2021</year>
					<source>Violaci&#xf3;n y resistencia</source>
					<publisher-name>Prometeo Libros</publisher-name>
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					<year>2002</year>
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					<publisher-name>Princeton University Press</publisher-name>
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							<surname>Fricker</surname>
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					<year>2017</year>
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					<year>2011</year>
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					<publisher-name>Harvard Univesity Press</publisher-name>
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					<article-title>Regreso al imperativo de la disidencia de Javier Muguerza: Una reivindicaci&#xf3;n</article-title>
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