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					<subject>Cr&#xed;tica de libros</subject>
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				<article-title>Cosmopolitismo y pandemia. Rese&#xf1;a de: Adela Cortina, <italic>&#xc9;tica cosmopolita. Una apuesta por la cordura en tiempos de pandemia</italic>, Barcelona; Paid&#xf3;s, 2021.</article-title>
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					<trans-title>Cosmopolitism and pandemic. Review of: Adela Cortina, <italic>&#xc9;tica cosmopolita. Una apuesta por la cordura en tiempos de pandemia</italic>, Barcelona, Paid&#xf3;s, 2021.</trans-title>
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		<p>A estas alturas quiz&#xe1; sea innecesario presentarla, pero por si acaso alguien no conoce la trayectoria filos&#xf3;fica de Adela Cortina (Valencia, 1947), conviene indicar que, siguiendo los pasos de uno de los maestros, Jos&#xe9; Luis L&#xf3;pez Aranguren, una serie de fil&#xf3;sofos, entre los que cabe resaltar a Javier Muguerza, Ernesto Garz&#xf3;n Vald&#xe9;s, Enrique Dussel, Jos&#xe9; Antonio Marina, Aurelio Arteta, Victoria Camps, Celia Amor&#xf3;s, Fernando Savater, Amelia Valc&#xe1;rcel y Adela Cortina, entre otros, han contribuido de manera decisiva a dar el &#x201c;giro &#xe9;tico&#x201d; en el pensamiento iberoamericano, es decir, a la aplicaci&#xf3;n de la &#xe9;tica en las diferentes esferas de la vida humana: profesiones, negocios, deontolog&#xed;a de los medios de comunicaci&#xf3;n, pol&#xed;tica, ciudadan&#xed;a, bio&#xe9;tica&#x2026; </p>
		<p> Adela Cortina es Catedr&#xe1;tica de &#xc9;tica y Filosof&#xed;a Pol&#xed;tica de la Universidad de Valencia. Es la primera mujer que ingres&#xf3; en la Real Academia de Ciencias Morales y Pol&#xed;ticas; directora del grupo de investigaci&#xf3;n &#x201c;&#xc9;ticas aplicadas y democracia&#x201d; y de la Fundaci&#xf3;n &#xc9;tnor; doctora <italic>honoris causa</italic> por diversas universidades nacionales y extranjeras; Premio Jovellanos (2007) por <italic>&#xc9;tica de la raz&#xf3;n cordial. Educar en la ciudadan&#xed;a del siglo XXI</italic>; y Premio Nacional de Ensayo (2014) por <italic>&#xbf;Para qu&#xe9; sirve realmente la &#xe9;tica?</italic>, entre otros reconocimientos.</p>
		<p>Con frecuencia hablamos de &#x201c;intelectuales comprometidos&#x201d;; me atrever&#xed;a a decir que Adela Cortina es una fil&#xf3;sofa responsable, alguien que no pierde de vista los asuntos esenciales de nuestros tiempos, aplicando con un saludable sentido com&#xfa;n una raz&#xf3;n cordial que nos permite discernir y decidir en medio de una &#xe9;poca tan confusa y desorientada como la que vivimos, en la estela de sus principales referencias: Arist&#xf3;teles, Kant, Apel, Habermas y, si aceptamos la expresi&#xf3;n, de la filosof&#xed;a &#x201c;espa&#xf1;ola&#x201d;, desde Ortega y Aranguren a algunos de los contempor&#xe1;neos mencionados arriba, junto con Amartya Sen y Marta. C. Nussbaum, cuya concepci&#xf3;n del &#x201c;cosmopolitismo&#x201d; critica a mi parecer con acierto en distintos momentos de esta obra.</p>
		<p>Estructurado en once cap&#xed;tulos y una introducci&#xf3;n, este libro es una buena muestra de lo que afirmo en el anterior p&#xe1;rrafo. En la introducci&#xf3;n aborda &#xab;los desaf&#xed;os del coronavirus&#xbb;, anticipando de modo breve asuntos y conceptos que posteriormente desarrollar&#xe1;: la fragilidad e interdependencia de la condici&#xf3;n humana, que esta crisis ha puesto de relieve de manera tan contundente como tr&#xe1;gica; la necesidad de invertir en investigaci&#xf3;n cient&#xed;fica, sin descuidar las humanidades; la necesidad no menos crucial de cultivar una democracia liberal-social e ir progresivamente universaliz&#xe1;ndola, bajo un &#xea;thos <italic>democr&#xe1;tico</italic>, tendencia que se vislumbraba desde la Segunda Guerra Mundial hasta antes de la crisis de 2008, pero que en los &#xfa;ltimos a&#xf1;os retrocede.</p>
		<p>Y otras cuestiones no menos relevantes: como los falsos dilemas entre seguridad y libertad, crecimiento o sostenibilidad, vida y econom&#xed;a&#x2026; que nos obligan a elegir en planteamientos disyuntivos y demasiado sesgados ideol&#xf3;gicamente, cuando, a decir verdad, son problemas en los que conviene conjugar una pluralidad de valores. Otro asunto es lo que denomina &#xab;la heur&#xed;stica de la dignidad humana&#xbb;, que &#xab;salva vidas&#xbb;, como lamentablemente hemos visto y seguimos viendo con la gerontofobia o la inmigraci&#xf3;n. Asimismo, &#xab;ante la crisis social y econ&#xf3;mica -con aumento de la pobreza, ca&#xed;da y precarizaci&#xf3;n del empleo, descenso de la productividad, peligro de las prestaciones sociales&#xbb; (p. 15), apuesta por la econom&#xed;a social de mercado, &#xab;que ha mostrado mayor justicia y libertad&#xbb; que el capitalismo comunista o el neoliberal, a&#xf1;adiendo que &#xab;la empresa del futuro ser&#xe1; social o no ser&#xe1;. Acabar con el hambre y con la pobreza y reducir las desigualdades son responsabilidades de la actividad econ&#xf3;mica&#xbb; (p. 16).</p>
		<p>Entre los cambios producidos por la pandemia, sopesa las ventajas e inconvenientes de la &#x201c;televida&#x201d; -teletrabajo, teleeducaci&#xf3;n, teleocio&#x2026;- y concluye que &#xab;es preciso tomar en consideraci&#xf3;n estas ventajas, pero sin olvidar que la relaci&#xf3;n personal es insustituible y que no puede ser excusa para reducir plantillas y explotar a los trabajadores&#xbb;. Todo esto bajo un horizonte cosmopolita donde tenemos que construir &#xab;un nosotros incluyente, reacio a la polarizaci&#xf3;n&#xbb; (p. 17).</p>
		<p> &#xab;De la muerte de la muerte al cuidado de la vida&#xbb;, el primer cap&#xed;tulo, reivindica la &#xab;cura&#xbb;, recordando, con Patricia Churchland que &#xab;la base biol&#xf3;gica de la &#xe9;tica es la capacidad de cuidar&#xbb;, aspecto que coincide con el &#xfa;ltimo libro de Victoria Camps, <italic>Tiempo de cuidados</italic>. A su vez ese deseo de cuidar se fundamenta en la compasi&#xf3;n, que &#xab;no es pasiva condescendencia hacia los peor situados&#xbb;, sino &#xab;un sentimiento activo, transformador&#xbb;. Por eso le proponen a la RAE una nueva acepci&#xf3;n del t&#xe9;rmino. </p>
		<p> En esta l&#xed;nea el novelista Milan Kundera, ya en <italic>La insoportable levedad del ser</italic>, escribi&#xf3;: &#xab;tener compasi&#xf3;n significa saber vivir con otro su desgracia, pero tambi&#xe9;n sentir con &#xe9;l cualquier otro sentimiento: alegr&#xed;a, angustia, felicidad, dolor. Esta compasi&#xf3;n significa tambi&#xe9;n la m&#xe1;xima capacidad de la imaginaci&#xf3;n sensible, el arte de la telepat&#xed;a sensible; es en la jerarqu&#xed;a de los sentimientos el sentimiento m&#xe1;s elevado&#xbb;. Antes, en la filosof&#xed;a, fue Schopenhauer el que reivindic&#xf3; la compasi&#xf3;n como fundamento de la &#xe9;tica, fen&#xf3;meno que si atendemos textos de diversas culturas tal vez pueda considerarse transcultural. </p>
		<p> Fiel a una constante a lo largo de toda su trayectoria, a la mano visible del Estado y a la invisible de la econom&#xed;a, reclama &#xab;<italic>la mano intangible de las virtudes &#xe9;ticas y de un</italic> &#xea;thos <italic>democr&#xe1;tico</italic>&#xbb; (p. 25), sin la cual acaso sea imposible el movimiento razonable de las anteriores manos. Y nos recuerda que &#xab;el riesgo cero no existe. Urge, pues, dise&#xf1;ar instituciones, locales y globales, para hacer frente a las epidemias presentes y futuras desde una &#xe9;tica que nos ayude a determinar nuestras prioridades en un universo que es ya irreversiblemente global&#xbb; (p. 22).</p>
		<p> &#xab;La experiencia de la vulnerabilidad&#xbb;, t&#xed;tulo del segundo cap&#xed;tulo, comienza con la descripci&#xf3;n de un rasgo antropol&#xf3;gico propio de la condici&#xf3;n humana seg&#xfa;n Ortega y Gasset, el quehacer. A diferencia de otras especies, el ser humano tiene &#x201c;quehacerse&#x201d;; a lo que Cortina, desde la &#xf3;ptica manifiesta de la pandemia, a&#xf1;ade &#xab;dejarse hacer&#xbb; en tanto que somos seres vulnerables e interdependientes. </p>
		<p> Luego aborda tres tipos de &#xe9;ticas que pueden considerarse complementarias y necesarias: la &#xe9;tica del cuidado, de la responsabilidad y la &#xe9;tica de la raz&#xf3;n cordial, que, si bien &#xab;hunde sus ra&#xed;ces en la &#xe9;tica del di&#xe1;logo que en los a&#xf1;os setenta del siglo XX propusieron Apel y Habermas&#xbb;, trata de ir m&#xe1;s all&#xe1; de ella, ya que considera a los seres humanos como emocionales y no solo racionales. </p>
		<p> De las anteriores &#xe9;ticas, sin duda es esta la que m&#xe1;s ha contribuido a forjar Adela Cortina. No obstante, reconoce que &#xab;en tiempos en los que el emotivismo domina el espacio p&#xfa;blico, desde los bulos, la posverdad, los populismos esquem&#xe1;ticos, las propuestas demag&#xf3;gicas, las apelaciones a emociones corrosivas, urge recordar que las exigencias de justicia son morales cuando entra&#xf1;an razones que se pueden explicitar y sobre las que cabe deliberar abiertamente&#xbb; (p. 38).</p>
		<p> De este modo cada cap&#xed;tulo aborda un asunto esencial de nuestros tiempos. En el tercero pide &#xab;cuidar la democracia&#xbb;, subrayando la importancia del peso de lo intangible, los valores. Defiende 1) &#xab;el compromiso de quienes ingresan en los partidos pol&#xed;ticos para proteger las instituciones b&#xe1;sicas del Estado de derecho&#xbb;; 2) &#xab;Una ciudadan&#xed;a madura&#xbb;, &#xab;clave de una democracia&#xbb;; 3) &#xab;Amistad c&#xed;vica y proyecto com&#xfa;n&#xbb;.</p>
		<p> &#xab;&#xbf;Seguridad frente a la libertad?&#xbb;, el cuarto cap&#xed;tulo, habla de la necesidad de distinguir los problemas frente a falsos dilemas que se presentan. En uno de sus ep&#xed;grafes, &#xab;&#xbf;Es el totalitarismo m&#xe1;s eficiente para salvar vidas?&#xbb;, aborda una cuesti&#xf3;n planteada por el fil&#xf3;sofo Byung-Chul Han en el contexto de la pandemia y que, a mi parecer, Cortina afronta de forma m&#xe1;s convincente, incluso que otros fil&#xf3;sofos pol&#xed;ticos, como Daniel Innerarity. En una &#xe9;poca donde los medios de comunicaci&#xf3;n y las redes sociales desdibujan cada vez m&#xe1;s los l&#xed;mites entre lo privado y lo p&#xfa;blico, la autora reivindica, de la mano de Jes&#xfa;s Conill, cultivar la intimidad.</p>
		<p> &#xab;No hay vida sin buena econom&#xed;a&#xbb;, argumenta en el quinto cap&#xed;tulo. Apoy&#xe1;ndose en Amartya Sen, Premio Nobel de Econom&#xed;a (1998), declara que &#xab;el fin de la econom&#xed;a consiste en crear buenas sociedades, una buena empresa es un bien p&#xfa;blico que a todos beneficia&#xbb;. Por consiguiente, &#xab;contar con una buena econom&#xed;a es indispensable para alcanzar lo que se ha convertido en la br&#xfa;jula de nuestra civilizaci&#xf3;n, los objetivos del Desarrollo Sostenible (&#x2026;) Desde esta perspectiva, las empresas se convierten en agentes de justicia&#xbb; (p. 69), algo en lo que Adela Cortina lleva trabajando al menos desde 1991, cuando comenz&#xf3; su andadura la Fundaci&#xf3;n &#xc9;tnor. &#xc9;tica de los Negocios y las Organizaciones. </p>
		<p> Por otro lado, apuesta por mantener los v&#xed;nculos con la Uni&#xf3;n Europea y Latinoam&#xe9;rica (&#xbf;no ser&#xed;a m&#xe1;s exacto decir Iberoam&#xe9;rica?), aunque no deja de criticar la indigna y miserable falta de pol&#xed;ticas que ha habido y sigue habiendo en el mar Mediterr&#xe1;neo por parte de la Uni&#xf3;n Europea, causa de miles de muertes. Asimismo, se ocupa de los &#xab;retos pendientes en la construcci&#xf3;n de la ciudad&#xbb; y &#xab;las luces y las sombras de la televida&#xbb;.</p>
		<p> &#xab;Gerontofobia: un atentado suicida contra la dignidad humana&#xbb; es el tema del sexto cap&#xed;tulo, que analiza otra de las miserias (in)morales que hemos visto durante la pandemia. Al igual que hizo con &#x201c;aporofobia&#x201d;, concepto felizmente incluido en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua para designar justamente que el rechazo no es tanto a los emigrantes o extranjeros como a los pobres o empobrecidos, Adela Cortina propone aqu&#xed; el t&#xe9;rmino &#x201c;gerontofobia&#x201d; para referirnos a &#xab;la prevenci&#xf3;n, el temor, la aversi&#xf3;n o el desprecio hacia los ancianos&#xbb; (p. 90). Quiz&#xe1; el pensar verdadero y bien comienza por llamar a las cosas por su nombre.</p>
		<p> &#xab;Humanidades y tecnociencias: juegos de suma positiva&#xbb; es el tema del cap&#xed;tulo s&#xe9;ptimo, donde, lejos de &#xab;la barbarie del especialismo&#xbb;, busca &#xab;recuperar la unidad del saber y potenciar las humanidades&#xbb;, en definitiva, una fecunda simbiosis entre las diferentes ramas del saber, pues al fin y al cabo &#xab;la interdisciplinariedad es constitutiva del conocimiento humano&#xbb;. En contra de algunos t&#xf3;picos, Adela Cortina argumenta que las humanidades &#xab;1) son &#xfa;tiles, en el sentido de que proporcionan beneficio econ&#xf3;mico, han sido y son fuente de <italic>innovaci&#xf3;n</italic> tal como hoy se entiende el t&#xe9;rmino, porque ofrecen soluciones para problemas concretos, que se traducen en &#x201c;transferencia del conocimiento&#x201d; del tejido productivo; 2) son <italic>fecundas</italic>, porque dise&#xf1;an marcos de sentido que permiten a las sociedades autocomprenderse y orientar cambios hacia un aut&#xe9;ntico progreso, y propician el cultivo de cualidades sin las que es imposible alcanzar la altura humana a la que las sociedades democr&#xe1;ticas se han comprometido&#xbb; (pp. 112-113).</p>
		<p> &#xbf;De qu&#xe9; nos sirve hacer algo tecno-cient&#xed;ficamente si no sabemos para qu&#xe9; fines? Y para ello antes necesitamos saber qu&#xe9; somos. Puede que el ADN nos revele aspectos de la naturaleza humana a efectos de la gen&#xe9;tica o la medicina, pero todav&#xed;a nos seguimos comprendiendo, interpretando y comunicando de manera intersubjetiva y personal en t&#xe9;rminos que se asemejan m&#xe1;s a los de una novela o a los de las figuraciones art&#xed;sticas. Al final del cap&#xed;tulo ofrece once sugerentes razones para esta fecunda simbiosis entre humanidades y tecnociencias.</p>
		<p> &#xab;Cuidar la palabra&#xbb; es el asunto del cap&#xed;tulo octavo, en el que trata cuestiones como la posverdad y la construcci&#xf3;n ideol&#xf3;gica de la realidad. Considera que &#xab;un periodismo &#xe9;tico era imprescindible para construir sociedades democr&#xe1;ticas y pluralistas, sociedades abiertas&#xbb;, pues &#xab;sin esa confianza en la informaci&#xf3;n recibida, la ciudadan&#xed;a se encuentra desasistida, porque conoce la realidad en muy buena medida a trav&#xe9;s de los medios de comunicaci&#xf3;n, hasta el punto que podr&#xed;a hablarse de una &#x201c;construcci&#xf3;n medi&#xe1;tica de la realidad&#x201d;&#xbb; (p. 122). </p>
		<p> Con su voluntad edificante, una vez m&#xe1;s al final del cap&#xed;tulo propone cuatro medidas al menos: 1) Fomentar un periodismo profesional y responsable; 2) Cultivar la poliarqu&#xed;a, dado que la neutralidad es imposible; 3) Trabajar con ah&#xed;nco en la defensa de los derechos digitales de las personas; 4) Educar a la ciudadan&#xed;a para el mundo de la comunicaci&#xf3;n.</p>
		<p> &#xab;Ciudadan&#xed;a democr&#xe1;tica: raz&#xf3;n y emociones&#xbb; es el asunto del noveno cap&#xed;tulo. Se&#xf1;ala el &#xab;d&#xe9;ficit emocional en las teor&#xed;as liberales de la democracia&#xbb;, aunque tal vez una de las principales carencias de algunas democracias del mundo actual sea el predominio de las emociones sobre las razones en los ciudadanos. A continuaci&#xf3;n, describe cuatro modelos de ciudadan&#xed;a democr&#xe1;tica: &#xab;modelo liberal cl&#xe1;sico&#xbb;, &#xab;nacionalismo de corte rom&#xe1;ntico&#xbb;, &#xab;los populismos&#xbb; y &#xab;democracia radical: un entramado de raz&#xf3;n y sentimientos&#xbb;, postura esta &#xfa;ltima con la que la autora se identifica.</p>
		<p> &#xab;&#xc9;tica cosmopolita. El momento kantiano&#xbb; es el t&#xed;tulo del cap&#xed;tulo d&#xe9;cimo, donde reivindica el legado kantiano, uno de los innegables pilares te&#xf3;ricos del pensamiento de Adela Cortina. Distingue cuatro rasgos comunes en el cosmopolitismo: &#xab;1) es global, no internacional; 2) incluye elementos de un universalismo normativo, porque todos los seres humanos tienen igual estatus moral y comparten caracter&#xed;sticas esenciales; 3) se focaliza en las personas, en los ciudadanos del mundo, y no en las naciones o tribus o pueblos; 4) la comunidad global ha de cultivarse intentando comprender las culturas diferentes de la propia y convivir con ellas, acogiendo un cosmopolitismo cultural. No se trata de apostar por una sola cultura, sino de considerar la diversidad como un valor&#xbb;.</p>
		<p> Al final del cap&#xed;tulo rescata cinco conclusiones del legado kantiano, la m&#xe1;s controvertida de las cuales quiz&#xe1; sea la segunda: &#xab;el descubrimiento de que las personas son fines en s&#xed; mismas, tienen dignidad y no precio, porque son autolegisladoras y valiosas por s&#xed; mismas, es la ra&#xed;z moral de una &#xe9;tica cosmopolita, que exige que sean tratadas como fines en s&#xed; mismas, que no sean da&#xf1;adas y se las empodere para que lleve adelante los proyectos de felicidad que no perjudiquen a otras&#xbb;. </p>
		<p> Si bien el imperativo categ&#xf3;rico es el fundamento te&#xf3;rico de los Derechos Humanos, y hay fil&#xf3;sofos que han defendido la &#x201c;dignidad&#x201d; intr&#xed;nseca de los seres humanos, como Jos&#xe9; Antonio Marina o, m&#xe1;s recientemente, Javier Gom&#xe1; Lanz&#xf3;n, otros pensadores m&#xe1;s naturalistas, como Jes&#xfa;s Moster&#xed;n o Antonio Di&#xe9;guez, han mostrado serias dudas acerca de este argumento.</p>
		<p> &#xab;Un cosmopolitismo arraigado y cordial&#xbb; es el t&#xed;tulo del und&#xe9;cimo cap&#xed;tulo, que comienza afirmando que &#xab;sin esa sociedad cosmopolita resulta imposible una justicia global&#xbb;. A&#xfa;n m&#xe1;s: &#xab;los desaf&#xed;os globales requieren respuestas cosmopolitas, empezando por los retos clim&#xe1;ticos, pand&#xe9;mico, digital, o por el derecho de los involuntariamente pobres a no serlo, que es el primer objetivo del desarrollo sostenible&#xbb; (p. 167). </p>
		<p> Por lo que se refiere a la expresi&#xf3;n, es en todo tiempo muy clara y precisa. Solo he observado una errata: &#xab;la(s) injusticias&#xbb; (p. 170). As&#xed; como una cursiva innecesaria en la p&#xe1;gina 125: &#xab;dado su funcionamiento&#xbb;. El uso de un anglicismo, &#xab;a nivel mundial&#xbb;, que el dardo en la palabra de L&#xe1;zaro Carreter cuestionar&#xed;a, pudi&#xe9;ndose decir: de modo/ de manera/ de forma mundial. &#x201c;Fenomenizaci&#xf3;n&#x201d;, en la p&#xe1;gina 151, en lugar de &#x201c;fenomenolog&#xed;a&#x201d;, t&#xe9;rmino m&#xe1;s ampliamente aceptado en el campo de la filosof&#xed;a. Y, por &#xfa;ltimo, pero no menos significativo, el uso de algunas expresiones apenas lexicalizadas, empleadas como licencias po&#xe9;ticas que no son ajenas a la actividad filos&#xf3;fica en cuanto a creaci&#xf3;n de conceptos (pensemos en Heidegger, Zubiri o Mar&#xed;a Zambrano, sin ir m&#xe1;s lejos): me refiero al nombre &#x201c;pretexto&#x201d; convertido en verbo, &#x201c;pretextando&#x201d; (p. 26); o al participio &#x201c;entra&#xf1;ada&#x201d;, repetido en distintas ocasiones. </p>
		<p> Aunque el adjetivo &#x201c;cosmopolita&#x201d; est&#xe1; proliferando cada vez con m&#xe1;s fuerza en los &#xfa;ltimos a&#xf1;os y no sin raz&#xf3;n en el mundo globalizado en el que vivimos, el t&#xed;tulo tiene algo de redundancia: se dir&#xed;a que la &#xe9;tica o es cosmopolita o no es &#xe9;tica. &#xbf;No es la &#xe9;tica, por definici&#xf3;n, universal? O, si se prefiere, la &#xe9;tica naci&#xf3;, crece y se desarrolla por su vocaci&#xf3;n universalizable. Con todo, aqu&#xed; no encontramos recetas, pero s&#xed; una serie de sensatas orientaciones acerca de c&#xf3;mo abordar cuestiones &#xe9;tico-pol&#xed;ticas decisivas que a todos nos conciernen bajo una raz&#xf3;n cordial que no pierde de vista el sentido com&#xfa;n.</p>
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