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					<subject>Cr&#xed;tica de libros</subject>
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				<article-title>El doble rasero de la moral conforme al g&#xe9;nero. Rese&#xf1;a de: Ana De Miguel, <italic>&#xc9;tica para Celia</italic>. <italic>Contra la doble verdad</italic>, Madrid, Ediciones B, 2021</article-title>
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					<trans-title>The double moral standards with regard to gender. Review of: Ana De Miguel, <italic>&#xc9;tica para Celia. Contra la doble verdad,</italic> Madrid, Ediciones B, 2021</trans-title>
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		<p> La fil&#xf3;sofa Ana de Miguel aborda en su nuevo libro alguna de las cuestiones &#xe9;ticas y feministas fundamentales para desarrollar el pensamiento cr&#xed;tico en la adolescencia y la juventud, sin que sea una obra en absoluto descartable para personas adultas ni para quien posea una significativa formaci&#xf3;n feminista y filos&#xf3;fica. Para aunar divulgaci&#xf3;n y profundidad te&#xf3;rica, ha elegido un formato de ecos aristot&#xe9;licos: un manual de &#xe9;tica que la autora dedica y dirige a su hija, tratada como disc&#xed;pula que recoger&#xe1; estas lecciones. Adem&#xe1;s, encuentra en la iron&#xed;a un buen instrumento para plasmar sus tesis y reforzar su car&#xe1;cter pedag&#xf3;gico.</p>
		<p> Tras una introducci&#xf3;n en la que expone la tesis principal del libro y que ir&#xe1; desarrollando en todos sus cap&#xed;tulos, divide su obra en dos partes: una primera que denomina &#xab;De la ontolog&#xed;a y por qu&#xe9; es el n&#xfa;cleo duro de las creencias y las contradicciones que vives&#xbb; y una segunda parte, tambi&#xe9;n con un claro rumor aristot&#xe9;lico, &#xab;de las condiciones de la vida buena&#xbb;. La tesis del libro es que resulta imprescindible una reflexi&#xf3;n &#xe9;tica feminista contra la doble verdad. En este contexto, la autora invita a recoger la aplicaci&#xf3;n de la hermen&#xe9;utica de la sospecha en su versi&#xf3;n feminista, y sospechar &#xab;de toda verdad que vaya dirigida solo a mujeres o solo a hombres&#xbb; (p. 24). Con esta propuesta, De Miguel recoge una de las aportaciones fundamentales de su maestra Celia Amor&#xf3;s; esto es, aplicar el pensamiento cr&#xed;tico y hermen&#xe9;utico e interpelar aquellas creencias sexistas y mis&#xf3;ginas presentes en todos los &#xe1;mbitos de la vida, desde las elaboraciones filos&#xf3;ficas y cient&#xed;ficas m&#xe1;s sofisticadas hasta en las creencias populares compartidas universalmente.</p>
		<p> Con este prop&#xf3;sito, la autora se encamina hacia la primera parte de su obra. En ella realizar&#xe1; un recorrido hist&#xf3;rico con el que pretende demostrar, precisamente, que el n&#xfa;cleo duro de esas creencias lo conforma una radical convicci&#xf3;n en la desigualdad entre los sexos y en la inferioridad de las mujeres. En este sentido, son los rumores wittgensteinianos los elegidos para clarificar su prop&#xf3;sito que no es otro que &#xab;subir la escalera antes de tirarla&#xbb; (p. 46). Es decir, que para interpelar cr&#xed;ticamente esas creencias sexistas y mis&#xf3;ginas que han vertebrado la historia y han supuesto una flagrante injusticia para las mujeres y deshacerse de las mismas y, por tanto, de las consecuencias materiales que sufren las mujeres por el hecho de serlo es necesario, primero, conocerlas, exponerlas y analizarlas en profundidad. As&#xed;, la autora comienza un periplo cuyo inicio es la mitolog&#xed;a griega. Pero antes de hacerlo explica que la Filosof&#xed;a se ha ocupado del estudio del ser en tanto que es, esto es, de la ontolog&#xed;a y del modo como aprehendemos la realidad y discriminamos y determinamos las caracter&#xed;sticas de lo que existe. Este inicio le sirve para introducir que el patriarcado, en tanto sistema de dominaci&#xf3;n y desigualdad, ha impuesto unas cualidades distintas a hombres y mujeres, sin que tales caracter&#xed;sticas y definiciones de lo que es <italic>ser</italic> un hombre o <italic>ser</italic> una mujer tengan un sustento racional. La autora advertir&#xe1;, no obstante, que esto no implica negar la realidad material y biol&#xf3;gica del sexo o, en sus palabras llanas, que de hecho &#xab;haya ni&#xf1;os y ni&#xf1;as&#xbb;, sino que en funci&#xf3;n del sexo se asuman una serie de normas, estereotipos y comportamientos que son los que verdaderamente introducen la desigualdad entre hombres y mujeres. Es entonces cuando empieza un recorrido hist&#xf3;rico con el que demostrar que todas las sociedades se han sustentado en convicciones sexistas.</p>
		<p> De la mitolog&#xed;a griega destaca c&#xf3;mo su relato de los or&#xed;genes del mundo y de todo cuanto existe est&#xe1; plagado de hechos violentos contra las mujeres, incluidas violaciones de las que surge parte de la constelaci&#xf3;n de dioses y diosas de esta mitolog&#xed;a (p. 53). A continuaci&#xf3;n, realiza algunas consideraciones sobre el cristianismo. De esta religi&#xf3;n destaca que, si bien sus mitos o explicaciones fundacionales parecen tener alguna ventaja respecto a la mitolog&#xed;a griega, en cuanto a la concepci&#xf3;n del sexo femenino se refiere, no es menos cierto que, igualmente, sus explicaciones del mundo y de las circunstancias humanas tienen impregnado un fuerte car&#xe1;cter sexista y mis&#xf3;gino, comenzando por la explicaci&#xf3;n del origen del mal, justificado en la ca&#xed;da de Eva (p. 72).</p>
		<p> Despu&#xe9;s de un breve repaso por la mitolog&#xed;a grecolatina y el cristianismo, la autora revisa los discursos sexistas presentes en el pensamiento filos&#xf3;fico y cient&#xed;fico. Se&#xf1;ala que la filosof&#xed;a naci&#xf3; para interpelar las creencias no justificadas racionalmente y para pensar cr&#xed;ticamente sobre lo que existe y sobre c&#xf3;mo deber&#xed;a ser el mundo, las personas y las relaciones humanas. Aun con esta vocaci&#xf3;n racional y cr&#xed;tica, la autora manifiesta que, sin embargo, las creencias y prejuicios sexistas instaurados en la sociedad no fueron interpelados por la filosof&#xed;a pese a su af&#xe1;n por cuestionar el orden establecido (p. 84). Sirva como ejemplo de c&#xf3;mo va trenzando el desarrollo del pensamiento filos&#xf3;fico con las aportaciones feministas su cr&#xed;tica a los vientres de alquiler, fundament&#xe1;ndola en la err&#xf3;nea concepci&#xf3;n aristot&#xe9;lica seg&#xfa;n la cual las mujeres no desempe&#xf1;an un papel activo en la reproducci&#xf3;n de la especie sino como meras vasijas o recept&#xe1;culos que contienen al nuevo ser, cuyo principio activo depende en exclusiva de la semilla y de la capacidad generadora de los varones.</p>
		<p> A continuaci&#xf3;n, la autora avanza en el tiempo situ&#xe1;ndose en el periodo de la Ilustraci&#xf3;n. De esta &#xe9;poca, que cristaliza en la Revoluci&#xf3;n francesa, destaca el cambio ontol&#xf3;gico que supuso instaurar la idea de que todos los varones nacen libres e iguales (p. 98). No obstante, advierte de que las ideas racionalistas y de progreso de la Ilustraci&#xf3;n y particularmente de la Revoluci&#xf3;n francesa solo triunfaron, en inicio, a la hora de mejorar las condiciones de vida y establecer los derechos para los varones. Informa de que solo con el esfuerzo de las primeras feministas, las ilustradas como Mary Wollstonecraft u Olympe de Gouges, aquellas conquistas de progreso, libertad e igualdad fueron extensibles a la mitad de la humanidad que conforman las mujeres.</p>
		<p> Con todo, De Miguel recuerda que la Ilustraci&#xf3;n no fue el fin sino el comienzo de las vindicaciones y del pensamiento feministas, que en el siglo XIX sigui&#xf3; enfrentando concepciones cient&#xed;ficas machistas como la propuesta por Darwin en la explicaci&#xf3;n de la evoluci&#xf3;n de la especie. Para este cient&#xed;fico, denuncia de autora &#xab;las mujeres hemos sido espectadoras o partes pasivas de la evoluci&#xf3;n&#xbb; (p. 108). Igualmente, denuncia la misoginia y el sexismo de Freud, que tambi&#xe9;n encarn&#xf3; la reacci&#xf3;n patriarcal del siglo XIX como consecuencia de los avances igualitarios de la Ilustraci&#xf3;n. Del padre del psicoan&#xe1;lisis y de esta misma corriente destaca que se convirti&#xf3; &#xab;en una legitimaci&#xf3;n laica y cient&#xed;fica de la inferioridad y subordinaci&#xf3;n de las mujeres a los varones&#xbb; (pp. 117-118).</p>
		<p> Concluye esta primera parte haciendo referencia a la determinante influencia que el feminismo, como pensamiento y praxis, ha tenido en la humanidad a la hora de, como ella misma se&#xf1;ala, &#xab;incorporar a las mujeres a la autoconciencia de la especie&#xbb; (p. 135). As&#xed;, la autora explica que el feminismo ha proporcionado al sexo femenino, es decir, a las mujeres en tanto que constituyen la mitad de la humanidad el espacio que deben tener que es, en palabras de Amelia Valc&#xe1;rcel, &#xab;la mitad de todo&#xbb;. Por ello, reivindica tanto la genealog&#xed;a feminista como su capacidad cr&#xed;tica para impugnar una situaci&#xf3;n hist&#xf3;rica, pol&#xed;tica, social y econ&#xf3;mica en la que las mujeres han sido sistem&#xe1;ticamente relegadas y subordinadas por el hecho de serlo.</p>
		<p> La segunda parte est&#xe1; destinada, como se adelant&#xf3;, a una reflexi&#xf3;n sobre las condiciones de la vida buena. Se podr&#xed;a decir que si bien la primera parte del libro se ocupa de lo que ha sido y lo que es, la segunda parte aborda lo que debe ser, esto es: c&#xf3;mo deben producirse las relaciones y la convivencia humana y concretamente la relaci&#xf3;n entre los dos sexos, en condiciones de igualdad, solidaridad y libertad. Por ello, la autora comienza destacando la importancia de tener un proyecto vital propio en el que las responsabilidades, deberes y objetivos se compaginen y equilibren con otros momentos de ocio y disfrute con otras personas con quien se tejen v&#xed;nculos afectivos. Esto inmediatamente desemboca en una reflexi&#xf3;n sobre c&#xf3;mo se han escindido el espacio dom&#xe9;stico y el &#xe1;mbito p&#xfa;blico de modo que las mujeres han sido relegadas al primero en el que, si bien se desarrollan acontecimientos y relaciones valiosas no debe producirse, argumente la autora, a costa de la nulidad de la mujer como ciudadana libre y con proyecto propio. Esto le lleva a repasar una de las vindicaciones cl&#xe1;sicas y cruciales del feminismo: que las mujeres estudien, trabajen y conformen un proyecto vital propio dotadas de independencia econ&#xf3;mica, pues es el sustento &#xfa;ltimo de la autonom&#xed;a personal. He aqu&#xed; otra doble verdad que denuncia la autora: que mientras que se fomenta la autonom&#xed;a de los varones y se considera valioso que desarrollen su propio proyecto, de las mujeres se espera adaptabilidad a los deseos y proyectos de sus compa&#xf1;eros, sin que importe tanto su autonom&#xed;a (p. 207).</p>
		<p> Al hilo de lo anterior, reflexiona sobre la familia. Sostiene que si bien se ha hecho necesaria e imprescindible una revisi&#xf3;n cr&#xed;tica de la misma por las relaciones de poder (patriarcal) que la sustentaban, no es menos cierto que actualmente la familia se ha reconfigurado pudiendo ser un espacio de satisfacci&#xf3;n, compromiso e igualdad, siempre que sus relaciones se sometan a an&#xe1;lisis y se procuren igualitarias y pac&#xed;ficas. En este sentido, celebra que &#xab;la familia est&#xe1; mostrando su capacidad de adaptaci&#xf3;n a la diversidad humana y su capacidad de resistencia frente al culto al poder y el dinero&#xbb; (p. 219).</p>
		<p> En sinton&#xed;a con la reflexi&#xf3;n anterior tambi&#xe9;n disecciona las relaciones y el amor de pareja. Antes de ello apunta que la amistad es una experiencia valiosa y reconfortante cuyos v&#xed;nculos nos brindan soporte y apoyo. Sin embargo, tampoco se prestar&#xe1; a una idealizaci&#xf3;n de las misma, animando a su dilecta disc&#xed;pula a discernir entre relaciones de amistad y de puro inter&#xe9;s y manipulaci&#xf3;n. Al amor de pareja dedica, como se avanzaba, una reflexi&#xf3;n especialmente profusa. Comienza explicando que debe ser un espacio de reconocimiento e igualdad por excelencia y que, afortunadamente, cada vez m&#xe1;s personas pueden experimentarlo en libertad y seg&#xfa;n sus propias consideraciones de lo que quieren para s&#xed; y el proyecto que desean, libertad que celebra que se haya extendido a las parejas del mismo sexo o y se practique en parejas heterosexuales que reconfiguran su modo de entender el amor para que las tareas dom&#xe9;sticas y de cuidado y las responsabilidades econ&#xf3;micas y afectivas recaigan en ambos miembros de la pareja de manera m&#xe1;s horizontal e igualitaria. Sin embargo, tambi&#xe9;n reconoce que el amor est&#xe1; en crisis (p. 246).</p>
		<p> Y lo est&#xe1; en un sentido positivo porque la concepci&#xf3;n del amor ya no es la que era si por amor se entend&#xed;a un matrimonio y una familia patriarcal en la que el var&#xf3;n detenta de forma absoluta el poder y la autoridad sobre su esposa (y sus hijos/as). El amor y la pareja, como se ha dicho, han vivido grandes transformaciones, muchas positivas. Pero la autora tambi&#xe9;n observa que eso no ha disipado el abismo existente, patriarcado mediante, entre hombres y mujeres. Si repensar los v&#xed;nculos tradicionales se impon&#xed;a como necesidad para fundar una sociedad igualitaria, los v&#xed;nculos l&#xed;quidos actualmente existentes, donde el compromiso, la solidez y la estabilidad amorosa y de pareja brillan por su ausencia, tampoco han resultado ser, deja entrever la autora, precisamente la panacea. En este sentido, se adhiere a la cr&#xed;tica que Bauman establece en su libro <italic>Amor l&#xed;quido</italic> y denuncia con &#xe9;l que las relaciones afectivo-sexuales hayan sido atrapadas por el neoliberalismo y las haya invadido una l&#xf3;gica mercantil y consumista que invita a experimentar relaciones como objetos mercantiles de, en t&#xe9;rminos coloquiales, adquirir, usar por un breve tiempo y desechar. </p>
		<p> Igualmente, la autora repara en otras formas de relaciones no mon&#xf3;gamas ni estables que parecen adquirir relevancia paulatinamente. Sin hacer una cr&#xed;tica directa a las mismas, la fil&#xf3;sofa no duda en relacionarlas, a mi juicio con brillantez, con un cierto abandono de parte de los adultos en una suerte de &#xab;peterpanismo&#xbb; poco adecuado para el proyecto de relaciones libres, pero responsables y estables que sostienen la vida de las personas (o al menos, de quienes desean compartir su proyecto vital, lo cual se nos revela bastante agradable). Por ello, si a la autora le parece excesivo y particularmente perjudicial para las mujeres considerar el amor el sentido &#xfa;ltimo y radical de la vida, no duda en considerar m&#xe1;s que oportuno conceptualizarlo como algo significativamente valioso en la vida de las personas (p. 256). Pero para que este aflore, recuerda la autora, son necesarios los hombres y mujeres nuevos que preconizaba Kollontai. Personas dispuestas a amar desde la igualdad, la solidaridad, el respeto y el reconocimiento sincero, elemento que considera crucial tanto en el amor como en el sexo (p. 275).</p>
		<p> Y precisamente sobre la sexualidad versan las &#xfa;ltimas secciones del libro. La autora subraya la dimensi&#xf3;n especial que tiene el sexo como actividad afectiva y de placer, pero tambi&#xe9;n que ello no nos debe hacer olvidar que la sexualidad no es ciega al patriarcado sino que este es un &#xe1;mbito en el que la desigualdad entre mujeres y varones tambi&#xe9;n se manifiesta. Por ello, invita a pensar cr&#xed;ticamente esta dimensi&#xf3;n de las relaciones humanas y particularmente a desconfiar de los discursos que aseguran que el sexo &#xab;es una actividad como otra cualquiera&#xbb; o que &#xab;hay mucha represi&#xf3;n&#xbb; al respecto, sobre todo si estas opiniones se vierten contra un an&#xe1;lisis cr&#xed;tico feminista sobre las relaciones de poder patriarcal que se despliegan en la sexualidad. Precisamente por ello, si bien pone en valor la revoluci&#xf3;n sexual de la d&#xe9;cada de 1960, tambi&#xe9;n denuncia la reacci&#xf3;n patriarcal que encerraba y las consecuencias que tuvo al reafirmar la sexualidad como &#xe1;mbito de placer y protagonismo exclusivo de los varones, siendo las mujeres objetos de placer para ellos y no sujetos de placer para s&#xed; mismas (p. 282).</p>
		<p> Del mismo modo, denuncia la doble verdad presente en la pornograf&#xed;a (y la prostituci&#xf3;n). Consiste en que, mientras que en sociedades formalmente igualitarias como la nuestra se espera que hombres y mujeres compartan espacios y se traten con respeto e igualdad, no acept&#xe1;ndose vejaciones o violencia contra las mujeres por el hecho de serlo, la pornograf&#xed;a y la prostituci&#xf3;n son instituciones en las que el trato degradante y cosificante a las mujeres, que adem&#xe1;s es erotizado y celebrado por los varones que hacen uso de ellas, no solo no es impugnado sino admitido en nombre del consentimiento, la libre elecci&#xf3;n y la convicci&#xf3;n de que ni los deseos ni el placer pueden atender a ning&#xfa;n tipo de consideraci&#xf3;n &#xe9;tica, pues de ser as&#xed; se ejercer&#xed;a una moral represora sobre los individuos (p. 312 y ss.).</p>
		<p> Finalmente, apela a que las mujeres j&#xf3;venes acepten su propio cuerpo y no caigan en manos de la exigencia de industrias de la moda y la belleza, de car&#xe1;cter marcadamente sexista y neoliberal, que animan a las mujeres a que nunca se sientan c&#xf3;modas consigo mismas y con su aspecto, anim&#xe1;ndolas a pr&#xe1;cticas est&#xe9;ticas, dietas y estilos de vida que dificultan cuando no atentan directamente contra su estado f&#xed;sico y emocional (p. 329 y ss.).</p>
		<p> A mi juicio, esta nueva obra de la fil&#xf3;sofa Ana de Miguel es crucial para recopilar y repensar la agenda feminista actual, o al menos algunas de sus tareas pendientes m&#xe1;s acuciantes como la abolici&#xf3;n de la prostituci&#xf3;n, de la pornograf&#xed;a y de la explotaci&#xf3;n reproductiva, la corresponsabilidad familiar, el acceso y permanencia digna de las mujeres en el &#xe1;mbito p&#xfa;blico y laboral o la revisi&#xf3;n cr&#xed;tica de las relaciones amorosas y sexuales. Su f&#xe1;cil lectura es excelente para adolescentes y j&#xf3;venes, pero debe insistirse en que su car&#xe1;cter divulgativo no va en detrimento de la perspectiva cr&#xed;tica y la profundidad conceptual que tanto la filosof&#xed;a como la teor&#xed;a feminista deben ofrecer siempre.</p>
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