<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD with OASIS Tables with MathML3 v1.1 20151215//EN" "JATS-journalpublishing-oasis-article1-mathml3.dtd">
<article article-type="book-review" dtd-version="1.1" xml:lang="es" xmlns:ali="http://www.niso.org/schemas/ali/1.0/" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
	<front>
		<journal-meta>
			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ISEG</journal-id>
			<journal-title-group>
				<journal-title>Isegor&#xed;a</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Isegor&#xed;a</abbrev-journal-title>
			</journal-title-group>
			<issn publication-format="print">1130-2097</issn>
			<issn publication-format="electronic">1988-8376</issn>
			<issn-l>1130-2097</issn-l>
			<publisher>
				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#xed;ficas</publisher-name>
			</publisher>
		</journal-meta>
		<article-meta>
			<article-id pub-id-type="publisher-id">isegoria.2022.66.res04</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/isegoria.2022.66.res04</article-id>
			<article-categories>
				<subj-group subj-group-type="heading">
					<subject>Cr&#xed;tica de libros</subject>
				</subj-group>
			</article-categories>
			<title-group>
				<article-title>La enfermedad de la historia. Rese&#xf1;a de: Petar Bojani&#x107;, <italic>Violencia y mesianismo</italic>, trad. Roberto Navarrete, Madrid, Trotta, 2021</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en">
					<trans-title>The illness of history. Review of: Petar Bojani&#x107;, <italic>Violencia y mesianismo</italic>, trad. Roberto Navarrete, Madrid, Trotta, 2021</trans-title>
				</trans-title-group>
			</title-group>
			<contrib-group>
				<contrib contrib-type="author" corresp="yes">
					<contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-2203-5584</contrib-id>
					<name>
						<surname>Muinelo Paz</surname>
						<given-names>Eugenio</given-names>
					</name>
					<email xlink:href="emuinelo@ucm.es">emuinelo@ucm.es</email>
					<aff id="aff1"><institution>Universidad Complutense de Madrid</institution></aff>
				</contrib>
			</contrib-group>
			<pub-date pub-type="epub">
				<day>04</day>
				<month>06</month>
				<year>2022</year>
			</pub-date>
			<pub-date pub-type="collection">
				<month>06</month>
				<year>2022</year>
			</pub-date>
			<volume content-type="empty"/>
			<issue>66</issue>
			<elocation-id>r04</elocation-id>
			<product product-type="book">
				<person-group person-group-type="author">
					<name>
						<surname>Bojani&#x107;</surname>
						<given-names>Petar</given-names>
					</name>
				</person-group>
				<source>Violencia y mesianismo</source>
				<person-group person-group-type="translator">
					<name>
						<surname>Navarrete</surname>
						<given-names>Roberto</given-names>
					</name>
				</person-group>
				<publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
				<publisher-name>Trotta</publisher-name>
				<year>2021</year>
			</product>
			<permissions>
				<copyright-statement>&#xa9; 2022 CSIC</copyright-statement>
				<copyright-year>2022</copyright-year>
				<license license-type="open-access" xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">
					<license-p>Este es un art&#xed;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#xe9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#xf3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
				</license>
			</permissions>
			<self-uri xlink:href="http://isegoria.revistas.csic.es/index.php/isegoria/article/view/XXXX/XXXX"/>
			<counts>
				<fig-count count="0"/>
				<table-count count="0"/>
				<equation-count count="0"/>
				<ref-count count="0"/>
				<page-count count="3"/>
			</counts>
		</article-meta>
	</front>
	<body>
		<p> Nos encontramos sin duda ante un libro poco com&#xfa;n. La erudici&#xf3;n y la pulcritud filol&#xf3;gica de las que el autor, el fil&#xf3;sofo serbio Petar Bojani&#x107;, hace gala en sus lecturas de los autores y problem&#xe1;ticas que va hilvanando, conviven con una rara inteligencia y un fino discernimiento de cu&#xe1;les son las l&#xed;neas de fuerza mayores y los puntos de intersecci&#xf3;n de aquellas. Podemos afirmar, por tanto, que el libro est&#xe1; escrito por un digno disc&#xed;pulo de quienes supervisaron la tesis doctoral del autor, Jacques Derrida y &#xc9;tienne Balibar. Si del primero, como decimos, ha aprendido Bojani&#x107; un extraordinario arte de leer, atendiendo siempre a las fracturas de los textos, a los sobrentendidos que los pueblan y que los desestabilizan, deshaciendo toda impresi&#xf3;n de firmeza y univocidad, de Balibar cabe rastrear en la propuesta de <italic>Violencia y mesianismo</italic> una sensibilidad pol&#xed;tica que no quiere renunciar ni a la vocaci&#xf3;n ut&#xf3;pica, ni a la prudencia de la responsabilidad.</p>
		<p> Con tales mimbres metodol&#xf3;gico-conceptuales, Bojani&#x107; urde una trama apasionante: la de las vicisitudes que ese complejo de ideas y aspiraciones &#xe9;tico-pol&#xed;ticas que llamamos &#x201c;mesianismo&#x201d; experimenta a lo largo de algunos de los principales hitos del pensamiento moderno y contempor&#xe1;neo. El mesianismo, sin dejar de ser de alguna manera lo &#x201c;otro&#x201d; de la Modernidad, la afirmaci&#xf3;n de un n&#xfa;cleo de la experiencia hist&#xf3;rica no-totalizable y no-racionalizable por completo, trabaja empero la Modernidad misma desde dentro; es expresi&#xf3;n pregnante de la contradicci&#xf3;n que la Modernidad no puede por menos de representar para s&#xed; misma. Pues, ciertamente, el proceso mediante el cual hab&#xed;a de instaurarse o institucionalizarse la raz&#xf3;n no pod&#xed;a prender en los &#xe1;nimos sino apelando a un anhelo de lo a&#xfa;n no habido; y, aunque la raz&#xf3;n pueda pretender retrospectivamente, una vez ya instaurada, que el suyo es un dominio que obedece a la propia naturaleza de las cosas, no podr&#xe1; acallar la voz de la memoria que le recuerda que ninguna realizaci&#xf3;n agotar&#xe1; nunca el anhelo mesi&#xe1;nico m&#xe1;s que mediante la violencia.</p>
		<p> Existe, podr&#xed;amos decir, una doble violencia inherente a la raz&#xf3;n moderna: por un lado, la que consiste en implantarla arrasando con todo el sustrato cultural de tradiciones, costumbres y creencias supuestamente irracionales; por otro, la que reprime la conciencia de que la Modernidad es ante todo tendencia a la transformaci&#xf3;n, a la autosuperaci&#xf3;n permanente y asint&#xf3;tica, y quiere coagularla en un orden definitivo y omn&#xed;modo.</p>
		<p> El punto de partida que toma Bojani&#x107; para explorar tan intrincadas cuestiones es ni m&#xe1;s ni menos que la filosof&#xed;a de Hegel. M&#xe1;s concretamente, las afinidades electivas -en las que no se suele reparar- existentes entre su filosof&#xed;a del organismo y su filosof&#xed;a del derecho y del Estado. Se convendr&#xe1; en que, si hay alg&#xfa;n caso paradigm&#xe1;tico en el que se revelen las aspiraciones totalizantes del pensamiento moderno, ese es el de la filosof&#xed;a hegeliana, que las llev&#xf3; a una consumaci&#xf3;n grandiosa e insuperable. Naturalmente, como el propio Bojani&#x107; nota, la met&#xe1;fora organicista del &#x201c;cuerpo pol&#xed;tico&#x201d; data de muy antiguo; casi podr&#xed;a decirse que es tan antigua como la filosof&#xed;a misma. Pero la inflexi&#xf3;n a la que Hegel somete dicha met&#xe1;fora s&#xed; es novedosa, puesto que el centro de su atenci&#xf3;n deja de ser la armon&#xed;a natural entre el todo y las partes, para pasar a ser la <italic>enfermedad</italic> en tanto que perturbaci&#xf3;n del equilibrio del organismo que obliga a una reacci&#xf3;n con vistas a reconstituir el orden; pero este orden, por el mero hecho de ser reconstituido, ser&#xe1; de &#xed;ndole superior al anterior, puramente natural y anterior a la irrupci&#xf3;n de la enfermedad, en la medida en que ha sido producido por una violencia querida y racionalmente ejecutada.</p>
		<p> Lo decisivo en Hegel, apunta Bojani&#x107; acudiendo a textos bien poco conocidos, es que dicha reacci&#xf3;n, para ser capaz de superar realmente la enfermedad e incorporar su momento de verdad, ha de ser, no tanto <italic>al-&#xe9;rgica</italic> (esto es, provocada por un elemento ex&#xf3;geno, que en &#xfa;ltima instancia no ser&#xed;a reabsorbible en el todo), cuanto <italic>homeo-p&#xe1;tica</italic>, derivada de una diferenciaci&#xf3;n interna del organismo con respecto a s&#xed; mismo. As&#xed;, el ideal terap&#xe9;utico de la homeopat&#xed;a guarda curiosas semejanzas con los movimientos de la l&#xf3;gica dial&#xe9;ctica: ambas se realizan creando en el Mismo el lugar del Otro. En cualquier caso, el Otro (la enfermedad; en &#xfa;ltima instancia, la muerte) es lo inasimilable, lo que ha de ser conjurado de alguna manera en aras de la pervivencia y de la consistencia del sistema, ya sea org&#xe1;nico o pol&#xed;tico.</p>
		<p> Cada uno a su manera, todos los autores a los que Bojani&#x107; busca asociarse (Franz Rosenzweig, Emmanuel Levinas, Jacques Derrida, Walter Benjamin) recogieron el guante hegeliano e intentaron invertir -y subvertir- la estrategia &#x201c;autoinmunitaria&#x201d; (por decirlo con Derrida) adoptada por el fil&#xf3;sofo suabo. No poca sorpresa embarga al lector cuando se encuentra que las cuestiones a trav&#xe9;s de las que Bojani&#x107; va a desplegar tal inversi&#xf3;n sean la traducci&#xf3;n y la guerra. Aunque la pol&#xed;tica siga estando de fondo (ya que, si asentimos al c&#xe9;lebre apotegma de Clausewitz, la guerra no ser&#xed;a sino su continuaci&#xf3;n por otros medios), trasladarnos del &#xe1;mbito m&#xe9;dico-fisiol&#xf3;gico al ling&#xfc;&#xed;stico supone un giro del discurso notable, que el autor resuelve con elegancia. &#xbf;Por qu&#xe9; la traducci&#xf3;n? Pues bien, porque ning&#xfa;n otro fen&#xf3;meno cultural pone tan a las claras la imposibilidad de que se neutralice la tensi&#xf3;n entre lo Mismo y lo Otro. La traducci&#xf3;n no puede en modo alguno identificar lengua de origen y lengua de llegada, no puede verter completamente aquella en esta. Lo que s&#xed; puede hacer -y por eso es una actividad tan &#xe9;ticamente connotada, no meramente t&#xe9;cnica- es poner en contacto las lenguas, alterarlas rec&#xed;procamente al ponerlas ante la experiencia de lo Otro. As&#xed;, pues, en la traducci&#xf3;n la alteridad no se suprime, sino que se erige en vector din&#xe1;mico de comunicaci&#xf3;n: toda lengua es traducible, toda lengua est&#xe1; de alguna manera comunicada con todas las dem&#xe1;s, porque no existe traducci&#xf3;n <italic>perfecta</italic>, esto es, que borre toda huella de la lengua de origen en tanto que lengua otra.</p>
		<p> &#xbf;Y qu&#xe9; tiene que ver la problem&#xe1;tica de la traducci&#xf3;n con la de la guerra? Recurriendo a Levinas, Bojani&#x107; sostiene que la verdadera paz no consiste &#xfa;nicamente en la ausencia de guerra; que existen muchas formas de sedicente &#x201c;paz&#x201d; que no son sino el orden que impone el vencedor, y que no durar&#xed;a ni un suspiro si no estuviese respaldado por el poder&#xed;o militar de este. Esto quiere decir que la guerra no es &#x201c;traducible&#x201d; a la paz, o que, dicho de otro modo, la guerra es la imposibilidad de traducci&#xf3;n, de genuina relaci&#xf3;n con el Otro, y la paz la apertura de su posibilidad. No podemos olvidar que la paz es tal vez la idea mesi&#xe1;nica fundamental, de modo que estamos hablando aqu&#xed; del tema raigal del libro: &#xbf;c&#xf3;mo se articulan, c&#xf3;mo se condicionan mutuamente &#x201c;violencia&#x201d; y &#x201c;mesianismo&#x201d;?</p>
		<p> Como minucioso lector de Rosenzweig que es, Bojani&#x107; no puede desligar esta pregunta de la pregunta por los dos modos fundamentales de &#x201c;declinar&#x201d; el mesianismo: el jud&#xed;o y el cristiano. Apoy&#xe1;ndose en las traducciones y comentarios rosenzweiguianos al poeta medieval sefard&#xed; Yehud&#xe1; Halev&#xed;, el autor distingue entre las dos formas correspondientes de entender el &#x201c;amor al enemigo&#x201d;: por un lado, est&#xe1; la propia del pueblo jud&#xed;o, del pueblo vuelto sobre s&#xed; mismo en la anticipaci&#xf3;n lit&#xfa;rgica de la eternidad, y que se caracteriza m&#xe1;s que nada por respetar al enemigo en caso de posible convivencia, y en considerarlo instrumento de la voluntad de Dios en caso de que ataque y sojuzgue al pueblo elegido. El cristiano, por el contrario, vuelto hacia fuera en virtud de su intenci&#xf3;n misional de convertir el mundo, ama al enemigo porque ve en &#xe9;l al futuro hermano en la fe. De ah&#xed; la c&#xe9;lebre sentencia rosenzweiguiana de que para el cristiano toda guerra es una guerra religiosa (esto es, una guerra en la que se juega algo relevante de la relaci&#xf3;n del cristiano con Dios), mientras que para el jud&#xed;o de la di&#xe1;spora ya ninguna lo es. Obviamente, tal diagn&#xf3;stico ha de ser modificado tras la creaci&#xf3;n del Estado de Israel, cosa que Bojani&#x107; menciona como de pasada, pero sin profundizar a nuestro juicio lo suficiente.</p>
		<p> A continuaci&#xf3;n, el autor se centra en otra no menos c&#xe9;lebre afirmaci&#xf3;n contenida en <italic>La estrella de la redenci&#xf3;n</italic>; a saber, la de que, por todo lo anterior, el jud&#xed;o es el &#x201c;aut&#xe9;ntico pacifista&#x201d;. Bojani&#x107; nos advierte de que no entendamos dicha afirmaci&#xf3;n en un sentido ingenuo. El jud&#xed;o, aunque desencantado de todas las tentaciones nacionalistas (de eso que Rosenzweig llam&#xf3; justamente &#x201c;pol&#xed;tica mesi&#xe1;nica&#x201d;), no ignora la necesidad de la violencia, pero quiere subordinarla a la paz, y no, como dec&#xed;amos, hacer de la paz algo que se dirima en y que sea un resultado de la violencia. Transitando de nuevo hacia Levinas, el autor reconoce como plenamente jud&#xed;o el derecho a una &#x201c;violencia contra la violencia&#x201d;, derecho ciertamente complejo y delicado, pero cuya dilucidaci&#xf3;n es por ello, no menos, sino m&#xe1;s necesaria. En ese derecho hunde sus ra&#xed;ces la concepci&#xf3;n levinasiana de la pol&#xed;tica, seg&#xfa;n la cual m&#xe1;s all&#xe1; del encuentro cara a cara entre &#x201c;pr&#xf3;jimos&#x201d; ha de crearse un espacio impersonal e institucional para la emergencia del &#x201c;tercero&#x201d; (de aquel que juzga con imparcialidad), o lo que es lo mismo, un espacio para la justicia, para la violencia leg&#xed;tima.</p>
		<p> A lo que el mesianismo, empero, no autorizar&#xed;a ser&#xed;a a una concepci&#xf3;n &#x201c;sacrificial&#x201d; de la violencia, que exigiese la entrega completa de los sujetos a la tarea -divinamente sancionada- de aniquilar a otros a riesgo de la propia vida. Seg&#xfa;n Rosenzweig, la mentalidad veterotestamentaria desacraliza (que no elimina) la violencia interhumana mediante una resacralizaci&#xf3;n inaudita del sacrificio reservado a Dios. Son muy iluminadoras las p&#xe1;ginas en las que Bojani&#x107; trata esto, pues una visi&#xf3;n convencional de la evoluci&#xf3;n &#xe9;tica del juda&#xed;smo suele interpretar la irrupci&#xf3;n de los profetas como una relativizaci&#xf3;n del sacrificio y como una suerte de moralizaci&#xf3;n de la religi&#xf3;n, inaugurando una l&#xed;nea que acabar&#xed;a desembocando en la filosof&#xed;a kantiana de la religi&#xf3;n. Pero tal visi&#xf3;n es puramente ideol&#xf3;gica: el sacrificio deja de tener sentido &#xfa;nica y exclusivamente a causa de la destrucci&#xf3;n del Templo, no porque fuese un ritual vac&#xed;o. En ese sentido, muchas de las reivindicaciones prof&#xe9;tico-salmistas que clamaban, bien al contrario, por una intensificaci&#xf3;n afectiva de las pr&#xe1;cticas rituales conservaban toda su actualidad para Rosenzweig.</p>
		<p> En los dos &#xfa;ltimos cap&#xed;tulos es donde comparece por fin la figura de Walter Benjamin, en cuya lectura todos los problemas y antinomias que han ido desgran&#xe1;ndose en el libro alcanzan su m&#xe1;xima expresi&#xf3;n. El primer escrito benjaminiano que se toma en consideraci&#xf3;n es <italic>Hacia una cr&#xed;tica de la violencia</italic>, conocido sobre todo por la distinci&#xf3;n que en &#xe9;l se efect&#xfa;a entre &#x201c;violencia m&#xed;tica&#x201d; y &#x201c;violencia divina&#x201d;. Pues bien, de nuevo contra una intelectualizaci&#xf3;n kantianizante de la revuelta de Cor&#xe9; (N&#xfa;meros 16) en t&#xe9;rminos de una lucha que tiene lugar en el seno del propio individuo, para Benjamin ese mismo episodio ejemplifica a la perfecci&#xf3;n lo que es y lo que hace la violencia divina: aniquila sin dejar rastro al que quiere tentar al pueblo azuz&#xe1;ndolo, pero no genera <italic>nada</italic> de dicha destrucci&#xf3;n; solo el vac&#xed;o que queda tras la intervenci&#xf3;n divina. Por el contrario, y esto nos permite enlazar ya con el cap&#xed;tulo conclusivo del libro (m&#xe1;s centrado en las tesis <italic>Sobre el concepto de historia</italic>), la violencia m&#xed;tica es la que s&#xed; deja rastro; concretamente, la que crea derecho a trav&#xe9;s de su ejecuci&#xf3;n, el derecho que se ha arrogado el vencedor a trav&#xe9;s de la violencia. Ese rastro, lo &#xfa;nico que queda y permanece en la historia (de la que Dios, efectivamente, estar&#xed;a ausente, pues su violencia irrumpe y desaparece de un mismo golpe), es lo que el historiador benjaminiano ha de leer a contrapelo para intentar restituirles su voz a los sepultados por las diversas violencias m&#xed;ticas y para descifrar los posibles signos, las posibles rendijas por las que pueda insinuarse de nuevo la violencia divina.</p>
		<p> En definitiva, <italic>Violencia y mesianismo</italic> nos brinda la oportunidad de repensar algunas de las principales comprensiones que de ambos fen&#xf3;menos nos ha dejado el pensamiento contempor&#xe1;neo, a trav&#xe9;s de un an&#xe1;lisis muy paciente de las fuentes combinado con un br&#xed;o hermen&#xe9;utico no menos admirable. Pero su mayor logro tal vez resida en algo que queda m&#xe1;s o menos t&#xe1;cito en la exposici&#xf3;n de Bojani&#x107;: en una &#xe9;poca como la nuestra que parece haber perdido toda apertura al futuro, todo anhelo de lo que todav&#xed;a no es (la mayor de las violencias m&#xed;ticas que quepa perpetrar sobre una colectividad), rehabilitar el agonismo y el inconformismo mesi&#xe1;nicos, que nunca permitir&#xe1;n identificar el <italic>statu quo</italic> con la redenci&#xf3;n, parece una saludable recomendaci&#xf3;n.</p>
	</body>
</article>