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					<subject>Cr&#xed;tica de libros</subject>
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				<article-title>Las vicisitudes intelectuales de un autor imprescindible. Rese&#xf1;a de: Sven-Eric Liedman, <italic>Karl Marx. Una biograf&#xed;a</italic>, Madrid, Akal, 2020, trad. Juanmari Madariaga</article-title>
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					<trans-title>The intellectual vicissitudes of an essential author. Review of: Sven-Eric Liedman, <italic>Karl Marx. Una biograf&#xed;a</italic>, Madrid, Akal, 2020, trans. Juanmari Madariaga</trans-title>
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		<p> El resurgimiento del inter&#xe9;s por Marx en los &#xfa;ltimos a&#xf1;os resulta perceptible por cualquiera que se dedique hoy a revisar la bibliograf&#xed;a acerca del autor o su obra. Este hecho no debe sorprendernos demasiado, dada la extensi&#xf3;n de la crisis econ&#xf3;mica desde hace ya varios a&#xf1;os y de la pandemia que pas&#xf3; a acompa&#xf1;arla de manera reciente, pero, sobre todo, porque la magnitud de su indagaci&#xf3;n intelectual y su propia vida le convierten en un pensador comprometido con su tiempo y que, asimismo, tuvo una aportaci&#xf3;n decisiva en los campos en los que se desenvolvieron sus esfuerzos. Marx fue siempre guiado por una curiosidad invencible, que le hac&#xed;a a veces caminar (o m&#xe1;s bien correr) en zigzag y pasar de unos temas o actividades a otros, acompa&#xf1;ado de un frenes&#xed; dif&#xed;cilmente sostenible para individuos de complexi&#xf3;n espiritual m&#xe1;s liviana. Precisamente, un primer m&#xe9;rito del profesor Sven-Eric Liedman es haber puesto de manifiesto que tan colosales esfuerzos le acompa&#xf1;aron pr&#xe1;cticamente hasta el final de su vida, y pese a lo sostenido por otros estudiosos (pp. 467, 557 y 558). Quiz&#xe1;s eran los que le impel&#xed;an a una existencia sumamente activa, contra todas las dificultades, desde acontecimientos luctuosos como el fallecimiento de varios de sus hijos y por &#xfa;ltimo de su esposa, Jenny Westphalen, hasta el padecimiento de continuas dolencias y enfermedades cr&#xf3;nicas (pp. 49, 262-276). Aun con todo ello, y con el obst&#xe1;culo que supon&#xed;a no poder conseguir algo de tiempo que le permitiera finalizar sus proyectos editoriales, Marx pudo sobreponerse a distintas situaciones muy dif&#xed;ciles y proseguir su andadura. Es m&#xe1;s, puede que incluso no buscara del todo tranquilidad: en varias etapas de su vida, incluyendo sus &#xfa;ltimos a&#xf1;os, se vio implicado en la fundaci&#xf3;n del socialismo organizado a escala local e internacional, destacando su contribuci&#xf3;n a la AIT (pp. 519-528).</p>
		<p> Sin embargo, redactar una biograf&#xed;a acerca de Karl Marx, y m&#xe1;s si se trata de una combinaci&#xf3;n de sus ideas con los hechos en los que se vio inmerso, intenciones y aspiraciones, tiene hoy dos importantes desaf&#xed;os. En primer lugar, separar su trayectoria y obra de la que oficialmente fue suministrada por el extinto r&#xe9;gimen de la Uni&#xf3;n Sovi&#xe9;tica, por lo menos hasta la <italic>perestroika</italic>. En segundo lugar, aclarar si form&#xf3; alg&#xfa;n tipo de sistema &#x201c;cerrado&#x201d;, con sus correspondientes dec&#xe1;logos cient&#xed;ficos, pol&#xed;ticos y filos&#xf3;ficos, tal y como la ortodoxia tambi&#xe9;n ha solido sostener. Para ese viaje, adem&#xe1;s, han de rechazarse las versiones simplificadoras, tanto de detractores como de apologistas. Varios bi&#xf3;grafos han intentado hacerlo antes, y me parece que algunos con acierto. Queda por ver, pues, si Liedman, un veterano investigador sueco dedicado durante d&#xe9;cadas a su objeto de estudio, a&#xf1;ade aqu&#xed; nuevos elementos de juicio sobre la obra y la persona de Karl Marx. A tales efectos, y tambi&#xe9;n en los &#xfa;ltimos a&#xf1;os, se han producido nuevas aportaciones, muchas de ellas orientadas por la propia lectura de los escritos originales (el MEGA, que incluye a F. Engels y que se encuentra en Amsterdam), y <italic>Karl Marx: una biograf&#xed;a</italic> coincide parcialmente con buena parte de sus hallazgos.</p>
		<p> El libro que me ocupa, pues, sigue un hilo cronol&#xf3;gico en el que se mezcla un examen de las ideas de K. Marx, a menudo en confrontaci&#xf3;n con otras de su &#xe9;poca (descrita a trav&#xe9;s de los acontecimientos hist&#xf3;ricos del momento, en especial europeos), y las propias vicisitudes, apuros econ&#xf3;micos incluidos, que atraves&#xf3; su existencia. A veces hay saltos temporales, pues Liedman intenta crear cierto &#x201c;suspense&#x201d; y pospone detalles, pero salvando esta astucia y alguna que otra reiteraci&#xf3;n (poco da&#xf1;ina, dada su ubicaci&#xf3;n en forma de conclusiones que salpican el texto), no se producen grandes disfunciones en un volumen de esta envergadura. Todo un logro si se considera que abarca nada menos que 640 p&#xe1;ginas en su edici&#xf3;n en castellano. Liedman no deja atr&#xe1;s ninguna obra marxiana de m&#xed;nima importancia en su libro y, es m&#xe1;s, tampoco olvida otras de car&#xe1;cter menor del renano, como <italic>Herr Vogt</italic> (pp. 517-519). En lo referente a los hechos hist&#xf3;ricos y el contexto que rodeaba a Marx, el resultado es exhaustivo tambi&#xe9;n. As&#xed;, llega a se&#xf1;alar su inter&#xe9;s por la ciencia con gran amplitud y pormenores (pp. 461-503).</p>
		<p> De todo ello, con pulcritud y detalle, el bi&#xf3;grafo extrae una conclusi&#xf3;n que viene a coincidir con los recientes &#x201c;hallazgos&#x201d; a los que alud&#xed;a un poco m&#xe1;s arriba, y que provienen principalmente de la denominada escuela de la &#x201c;nueva lectura&#x201d; (encabezada por Michael Heinrich, tambi&#xe9;n publicado por Akal) del autor del <italic>Manifiesto Comunista</italic> (p. 401): Karl Marx no es un pensador monol&#xed;tico y en realidad es dif&#xed;cil encontrar en sus escritos una coherencia y menos un sistema del calibre como el que nos hab&#xed;a presentado habitualmente la ortodoxia. As&#xed;, el volumen desmonta varios lugares comunes previos. Ni Marx fue un sectario que sosten&#xed;a la necesidad de una vanguardia revolucionaria que dirigiera a las masas hasta que alcanzaran el poder por la violencia (pp. 280 y 285), ni cre&#xf3; el materialismo dial&#xe9;ctico (etiqueta que corresponde en realidad a un art&#xed;culo de Plej&#xe1;nov de 1891, p. 578), ni se pas&#xf3; p&#xe1;gina tras p&#xe1;gina mencionando la lucha de clases (no dijo nada sobre ella en <italic>El Capital</italic>, la que consideraba su obra principal, y por cierto, inacabada, p. 417) ni logr&#xf3; resolver ciertos problemas de su teor&#xed;a econ&#xf3;mica (como el de la &#x201c;transformaci&#xf3;n&#x201d;, es decir, el de la evaluaci&#xf3;n num&#xe9;rica del grado de explotaci&#xf3;n, pp. 427 y 238), ni defendi&#xf3; la necesidad de fases necesarias hacia el socialismo (pp. 562-565), y ni siquiera parece que dise&#xf1;ara con m&#xed;nimo detalle eso que se dar&#xed;a en llamar materialismo hist&#xf3;rico (pp. 356-359), pues la &#x201c;concepci&#xf3;n materialista de la historia&#x201d; fue una expresi&#xf3;n acu&#xf1;ada por su amigo Engels y que apareci&#xf3; publicada en 1884, tras su fallecimiento (p. 500). No era un autor de una sola pieza y no pueden imput&#xe1;rsele los errores y tropel&#xed;as de supuestos seguidores suyos, mucho peores herederos que su amigo Friedrich. Fue alguien que luch&#xf3; agotadoramente con plazos y coyunturas (en el primer caso, le era dif&#xed;cil acabar a tiempo los encargos y dej&#xf3; cosas sin finalizar, y en el segundo, sufri&#xf3; des&#xe1;nimo ante circunstancias pol&#xed;ticas adversas y persecuciones varias, pp. 162 y 163), y nunca &#x201c;complet&#xf3;&#x201d; su pensamiento o, por lo menos, nunca dio por terminadas sus reflexiones (p. 586), porque era sumamente cr&#xed;tico con su propia obra y no estuvo en ning&#xfa;n momento satisfecho del todo con ella. Hubo asuntos sobre los que mantuvo dudas diversas y serias. Por ejemplo, acerca de la aplicaci&#xf3;n de las matem&#xe1;ticas a su teor&#xed;a econ&#xf3;mica, que le hubiera permitido un vaticinio acertado de las crisis (pp. 462-464), o en qu&#xe9; medida hab&#xed;a encontrado leyes de desarrollo hist&#xf3;rico (p. 477- 483) o sobre si se pod&#xed;an explicar las diferencias raciales a trav&#xe9;s de hallazgos cient&#xed;ficos (p. 494-495). En relaci&#xf3;n con otros asuntos no se pronunci&#xf3; jam&#xe1;s: c&#xf3;mo se producir&#xed;a la revoluci&#xf3;n que anhelaba, si hab&#xed;a aut&#xe9;ntico margen para que sus defensores sostuvieran una postura moral, o qu&#xe9; papel desempe&#xf1;ar&#xed;an las periferias de los imperios. </p>
		<p> Todo ello ya lo han manifestado algunos bi&#xf3;grafos anteriores a la obra que comento, por cierto. Pero Liedman a&#xf1;ade una insistencia m&#xe1;s novedosa en la profundidad filos&#xf3;fica de los escritos redactados por Marx. As&#xed;, se&#xf1;ala como destacables en su obra, y de ninguna manera secundarios, los conceptos de &#x201c;esencia&#x201d; (p. 170), &#x201c;alienaci&#xf3;n&#x201d; (pp. 169 y 188), o &#x201c;forma&#x201d; y &#x201c;contenido&#x201d; (pp. 350 y 430). De hecho, entiende que sin ellos Marx no pasar&#xed;a de ser un remedo o un mero compilador de las ideas de otros. Este aspecto cobra especial importancia en el volumen solo en un momento avanzado del mismo (aproximadamente hacia la p. 420), pero lo hace con firmeza. La envergadura de su pensamiento queda as&#xed; destacada, y se sobrepone a la an&#xe9;cdota personal y el azar de los acontecimientos.</p>
		<p> Pero es que, adem&#xe1;s, todo esto no le hace olvidar a Liedman el descuido del propio Marx por ciertos temas, e incluso sus fallas personales. No tuvo en cuenta la espec&#xed;fica situaci&#xf3;n de las mujeres en su proyecto (p. 604), ni capt&#xf3; la entidad del desaf&#xed;o nacionalista (p. 603) y, a veces (aunque no siempre, pues pod&#xed;a ser sumamente diplom&#xe1;tico, p. 516), pecaba de inflexible en demas&#xed;a (pp. 520 y 521). Liedman destaca en cualquier caso su dimensi&#xf3;n humana, con aciertos y errores, y se encarga tambi&#xe9;n de destacar la relevancia en el contexto, no ya solo de Engels y otros coet&#xe1;neos m&#xe1;s o menos conocidos previamente, sino del esfuerzo an&#xf3;nimo de varias mujeres que pasaron por su vida (pp. 79 y 276) o que tuvieron importancia b&#xe1;sica en el movimiento socialista, como su propia hija Eleanor (pp. 571-573), R. Luxemburgo (p. 419) o C. Zetkin (p. 604). Con ello culmina un trabajo honesto, ameno y riguroso, apto a todas luces como introducci&#xf3;n extensa a la obra y vida de Karl Marx, y capaz de sumergirnos en algunas de las discusiones m&#xe1;s candentes sobre sus textos.</p>
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