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				<journal-title>Isegor&#xed;a</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Isegor&#xed;a</abbrev-journal-title>
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			<issn publication-format="electronic">1988-8376</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#xed;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">isegoria.2022.67.08</article-id>
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					<subject>Discursos del odio / Hate speech</subject>
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					<subject>Art&#xed;culos</subject>
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				<article-title>El resarcimiento de los da&#xf1;os causados por el discurso del odio</article-title>
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					<trans-title>Redressing the harm caused by hate speech</trans-title>
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					<contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-4596-8037</contrib-id>
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						<surname>Valiente Mart&#xed;nez</surname>
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					<aff id="aff1"><institution>Universidad Pontificia Comillas</institution></aff>
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			<issue>67</issue>
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					<license-p>Este es un art&#xed;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#xe9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#xf3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p>Los discursos del odio atacan la dignidad de los integrantes de colectivos hist&#xf3;ricamente desfavorecidos y fomentan su discriminaci&#xf3;n y deshumanizaci&#xf3;n, raz&#xf3;n por la cual los poderes p&#xfa;blicos se han ido dotando de mecanismos para combatirlo. Pero no hay unidad de acci&#xf3;n a nivel global, pues su restricci&#xf3;n exige revisar los l&#xed;mites a la libertad de expresi&#xf3;n. As&#xed;, mientras en Estados Unidos los tribunales reconocen la primac&#xed;a de esta libertad, en Europa se incrementa el recurso a la v&#xed;a penal. Pero ambos sistemas tienen deficiencias, sobre todo porque no se centran en el resarcimiento del da&#xf1;o causado. De ah&#xed; que pueda analizarse una tercera opci&#xf3;n, la civil, partiendo de la ya consolidada doctrina sobre da&#xf1;os morales.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>Hate speech is an attack on the dignity of members of historically disadvantaged groups. Its essence is rejection and dehumanisation, which is why public authorities have been providing themselves with different mechanisms to confront it. However, there is no unity of action at the global level, as any restriction implies a review of the limits to freedom of expression. While in the United States the courts recognise the primacy of freedom of speech, in Europe there is increasing recourse to criminal prosecution. However, both systems have structural deficiencies, as they do not focus on compensation for the damage caused. Consequently, it is interesting to analyse a third option, the civil one, based on the already consolidated doctrine on moral damages. </p>
			</trans-abstract>
			<kwd-group>
				<kwd>Colectivos vulnerables</kwd>
				<kwd>libertad de expresi&#xf3;n</kwd>
				<kwd>da&#xf1;o moral</kwd>
				<kwd>dignidad</kwd>
				<kwd>resarcimiento</kwd>
			</kwd-group>
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				<kwd>Vulnerable groups</kwd>
				<kwd>Freedom of expression</kwd>
				<kwd>Moral damage</kwd>
				<kwd>Dignity</kwd>
				<kwd>Compensation</kwd>
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	<body>
		<sec id="sec1" sec-type="intro">
			<title>Introducci&#xf3;n</title>
			<disp-quote>
				<p>El odio es un borracho en el fondo de una taberna que constantemente renueva su sed con la bebida. (Charles Baudelaire, 1821-1867)</p>
			</disp-quote>
			<p>La libertad de expresi&#xf3;n es uno de los pilares fundamentales de todo sistema democr&#xe1;tico: permite a los ciudadanos manifestar sus opiniones, discutirlas, ampliarlas y, por todo ello, constituye un factor clave para forjar una sociedad libre, plural, cr&#xed;tica y avanzada, donde los asuntos que a todos conciernen se pueden analizar y debatir con la garant&#xed;a de que nadie ser&#xe1; castigado por sus opiniones. En palabras de Hugo Black, juez del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, &#xab;la libertad de hablar y escribir sobre asuntos p&#xfa;blicos es tan importante para el gobierno como el coraz&#xf3;n para el cuerpo humano&#xbb;<xref ref-type="fn" rid="fn1">
					<sup>1</sup>
				</xref>. Sin embargo y parad&#xf3;jicamente, ahora que hay m&#xe1;s democracias representativas que en ning&#xfa;n otro momento hist&#xf3;rico y m&#xe1;s posibilidades que nunca para difundir nuestras ideas de forma inmediata y global, se ponen de manifiesto los riesgos que supone considerar esta libertad como absoluta y se hace necesario clarificar sus l&#xed;mites para poder protegernos como individuos y como sociedad de los abusos cometidos en su ejercicio.</p>
			<p>El denominado &#xab;discurso del odio&#xbb; es uno de los paradigmas de este dilema. La Comisi&#xf3;n Europea contra el Racismo y la Intolerancia, en su recomendaci&#xf3;n pol&#xed;tica N15 sobre &#xab;discurso de odio&#xbb; del 8 de diciembre 2016, explica profusamente su contenido y caracter&#xed;sticas. Consiste en el uso de una o m&#xe1;s formas de expresi&#xf3;n espec&#xed;ficas, por ejemplo, la defensa, promoci&#xf3;n o instigaci&#xf3;n del odio, la humillaci&#xf3;n o el menosprecio de una persona o grupo de personas, as&#xed; como el acoso, descr&#xe9;dito, difusi&#xf3;n de estereotipos negativos o estigmatizaci&#xf3;n o amenaza con respecto a dicha persona o grupo de personas y la justificaci&#xf3;n de esas manifestaciones basada en una lista no exhaustiva de caracter&#xed;sticas personales o estados que incluyen la raza, color, idioma, religi&#xf3;n o creencias, nacionalidad u origen nacional o &#xe9;tnico al igual que la ascendencia, edad, discapacidad, sexo, g&#xe9;nero, identidad de g&#xe9;nero y orientaci&#xf3;n sexual.<xref ref-type="fn" rid="fn2">
					<sup>2</sup>
				</xref>
			</p>
			<p>Pero esta compleja conceptualizaci&#xf3;n da pocas respuestas y abre muchos interrogantes. M&#xe1;s all&#xe1; de la evidente tautolog&#xed;a -decir que el discurso del odio es aquel que incita al odio no es una gran aportaci&#xf3;n-, las verdaderas cuestiones se centran en si es posible identificar unas caracter&#xed;sticas propias de este fen&#xf3;meno, en cu&#xe1;l debe ser la respuesta de los poderes p&#xfa;blicos ante el mismo y cu&#xe1;l es la frontera entre un mensaje pol&#xe9;mico, discrepante o aun desagradable y los llamados &#xab;delitos de opini&#xf3;n&#xbb;.</p>
			<p>Como bien ha planteado la doctrina, en la trastienda de esta problem&#xe1;tica se encuentra un profundo debate filos&#xf3;fico y t&#xe9;cnico, pues la conveniencia y aun la necesidad de crear tipos penales espec&#xed;ficos para proteger a colectivos hist&#xf3;ricamente maltratados parece significar, tambi&#xe9;n, que nuestras democracias y el sistema de libertades resultan insuficientes para proteger su dignidad de un modo distinto a la v&#xed;a penal, lo que evidencia sus debilidades intr&#xed;nsecas (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Del Carpio, Holgado y De Pablo, 2021, pp. 15 y ss. </xref>). Porque resulta innegable que la criminalizaci&#xf3;n del discurso del odio est&#xe1; constituyendo la respuesta general de las legislaciones europeas -que no la estadounidense- ante estos hechos. </p>
			<p>Para arrojar un poco de luz en este debate, antes hay que analizar cu&#xe1;l es el bien jur&#xed;dico afectado y cu&#xe1;les los elementos propios del discurso del odio.</p>
		</sec>
		<sec id="sec2">
			<label>1.</label>
			<title>La esencia del discurso del odio</title>
			<p>El t&#xe9;rmino odio no deber&#xed;a requerir, para la mayor parte de los ciudadanos, grandes explicaciones: es lo opuesto al amor, es un sentimiento nocivo, una innegable aversi&#xf3;n que no pocas veces constituye la antesala de la violencia. Tal vez por su cotidianeidad, con considerable frecuencia se observa a representantes pol&#xed;ticos, periodistas, soci&#xf3;logos, docentes y, en general, a los actores que configuran la opini&#xf3;n p&#xfa;blica, emplear este concepto para calificar hechos de lo m&#xe1;s dispares y as&#xed; deslegitimar a alguien o a sus actos. Esta reacci&#xf3;n hacia las opiniones ajenas forma parte de un proceso que, desde &#xe1;mbitos filos&#xf3;ficos, se ha venido a identificar como procesos de autoadoctrinamiento en los que &#xab;la presencia del otro&#xbb; resulta ofensiva (<xref ref-type="bibr" rid="B20">Han, 2022, pp. 46 y ss.</xref>). Pero esta generalizaci&#xf3;n en el uso del t&#xe9;rmino no debiera hacernos olvidar que &#xab;el odio existe, incluso aunque sus fieles pretendan trabajar por una buena causa&#xbb; o les cueste reconocerse a s&#xed; mismos en estos perfiles (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Glucksmann, 2005, p. 263</xref>). </p>
			<p>Es al afrontar mensajes indudablemente ofensivos o discriminatorios cuando resulta necesario preguntarse, en primer lugar, si los intolerantes tienen derecho a exigir ser tolerados; en segundo lugar, si los tolerantes tienen derecho a no tolerar a los intolerantes; y, en tercer lugar, en el caso de responder afirmativamente a la cuesti&#xf3;n anterior, en qu&#xe9; supuestos pueden los tolerantes ejercer tal derecho y c&#xf3;mo (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Rawls, 2006, p. 206</xref>). En otras palabras: si se va a producir una reacci&#xf3;n de los poderes p&#xfa;blicos, se fijar&#xe1;n l&#xed;mites a la libertad de expresi&#xf3;n. Ello supone el paso de la discusi&#xf3;n te&#xf3;rica a una dimensi&#xf3;n f&#xe1;ctica, en la cual el legislador ha de aprobar normas eficaces y los tribunales aplicarlas con acierto, es decir, avanzar desde el discurso hasta la coerci&#xf3;n en pos de establecer un ejercicio proporcional de los derechos (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Alexy, 2009, pp. 74 y ss</xref>).</p>
			<p>Resulta, pues, necesario, definir con precisi&#xf3;n tanto las caracter&#xed;sticas propias del discurso del odio como el bien jur&#xed;dico contra el que atenta. En cuanto a lo primero, la doctrina y la jurisprudencia han se&#xf1;alado que son tres los requisitos que ha de reunir un mensaje para poder ser tenido por discurso del odio (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Parekh, 2019, pp. 73 y ss</xref>):</p>
			<list list-type="roman-lower">
				<list-item>
					<p>En primer lugar, ha de existir un contenido objetivamente ofensivo, vejatorio o amenazador, que puede manifestarse a trav&#xe9;s de cualquier forma, incluidas las im&#xe1;genes, los gestos, los s&#xed;mbolos o mediante la exhibici&#xf3;n de determinados objetos. Este espectro es tan amplio que parte de la doctrina comienza a hablar ya la necesidad de centrar las v&#xed;as legales en la persecuci&#xf3;n del &#xab;dangerous speech&#xbb;, es decir, aquel capaz de provocar da&#xf1;os concretos, y confrontar el resto de las ofensas gratuitas hacia comunidades y colectivos mediante contranarrativas (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Buerger, 2018, pp. 7 y 8</xref>). Pero estandarizar comentarios o manifestaciones para identificar estos elementos no es siempre tarea sencilla: por un lado existe la denominada &#xab;violencia contextual&#xbb;, que ser&#xed;a de poca intensidad y se limitar&#xed;a a bromas o burlas; por otro lado la &#xab;violencia encubierta&#xbb;, de mayor intensidad pues consiste en mensajes de rechazo, indignaci&#xf3;n o burlas particularmente soeces o de mal gusto; finalmente estar&#xed;a la &#xab;incitaci&#xf3;n a la violencia&#xbb;, es decir, ataques colectivos abiertos, expresos y amenazantes<xref ref-type="fn" rid="fn3">
							<sup>3</sup>
						</xref>.</p>
				</list-item>
				<list-item>
					<p>En segundo lugar, este mensaje ofensivo debe dirigirse contra un colectivo determinado. Ello significa que el discurso del odio no es un mero insulto, amenaza o agresi&#xf3;n contra un individuo particular, sino una estigmatizaci&#xf3;n que, partiendo de una caracter&#xed;stica definitoria de alg&#xfa;n conjunto de personas, busca en &#xfa;ltima instancia su deshumanizaci&#xf3;n. Nuestro Tribunal Constitucional resolvi&#xf3;, al juzgar el conocido caso de Violeta Friedman, que existen grupos &#xe9;tnicos, sociales y religiosos que no poseen personalidad jur&#xed;dica ni tienen tampoco &#xf3;rganos de representaci&#xf3;n pero que, sin embargo, constituyen una realidad social que no puede obviarse. Es m&#xe1;s, para defender los intereses de estos grupos ser&#xed;a necesario reconocer la legitimidad activa de cada uno de sus integrantes o incluso a terceros, pues, de lo contrario,</p>
					<list list-type="simple">
						<list-item>
							<p>no s&#xf3;lo permanecer&#xed;an indemnes las lesiones a este derecho fundamental que sufrir&#xed;an por igual todos y cada uno de sus integrantes, sino que tambi&#xe9;n el Estado espa&#xf1;ol de Derecho permitir&#xed;a el surgimiento de campa&#xf1;as discriminatorias, racistas o de car&#xe1;cter xen&#xf3;fobo, contrarias a la igualdad, que es uno de los valores superiores del ordenamiento jur&#xed;dico que nuestra Constituci&#xf3;n proclama (art. 1.1 C.E.) y que el art. 20.2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol&#xed;ticos expresamente proscribe<xref ref-type="fn" rid="fn4">
									<sup>4</sup>
								</xref>.</p>
						</list-item>
					</list>
				</list-item>
				<list-item>
					<p>En tercer lugar, el colectivo ha de reunir caracter&#xed;sticas que permitan calificarlo como vulnerable (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Fuentes, 2017, p. 2</xref>). El Tribunal Europeo de Derechos Humanos emplea este calificativo para referirse a minor&#xed;as con &#xab;una historia de opresi&#xf3;n o desigualdad o que se enfrentan a prejuicios muy arraigados&#xbb; y que pueden necesitar, al menos a priori, una mayor protecci&#xf3;n frente al insulto, la calumnia o la ridiculizaci&#xf3;n<xref ref-type="fn" rid="fn5">
							<sup>5</sup>
						</xref>. En el muy exhaustivo informe sobre delitos de odio que nuestro Ministerio del Interior presenta anualmente desde 2013 se cuantifican los casos identificados por las administraciones p&#xfa;blicas y, lo que es m&#xe1;s importante, se han creado perfiles de v&#xed;ctimas. As&#xed;, son discurso del odio el discurso antisemita y el antigitano, el discurso apor&#xf3;fobo (es decir, el dirigido contra las personas sin hogar)<xref ref-type="fn" rid="fn6">
							<sup>6</sup>
						</xref>, el que se dirige contra minor&#xed;as religiosas, el que minusvalora a las personas con alguna discapacidad, as&#xed; como el mensaje hom&#xf3;fobo, transf&#xf3;bico, racista y xen&#xf3;fobo, el dirigido contra minor&#xed;as ideol&#xf3;gicas, y aquel que se produce con un &#xe1;nimo de discriminaci&#xf3;n en funci&#xf3;n del sexo o g&#xe9;nero, de la edad o por padecer alguna enfermedad<xref ref-type="fn" rid="fn7">
							<sup>7</sup>
						</xref>.</p>
				</list-item>
			</list>
			<p>Estas tres caracter&#xed;sticas facilitan distinguir el discurso del odio de otros mensajes pol&#xe9;micos amparados por la libertad de expresi&#xf3;n, as&#xed; como con respecto a mensajes que, aun siendo il&#xed;citos, tienen una naturaleza diferente (como las injurias y las calumnias). Pero, si bien es relativamente sencillo deducir a qui&#xe9;n se ataca, el grado de vulnerabilidad no es algo objetivo ni a&#xfa;n sim&#xe9;trico entre todos los integrantes de un mismo colectivo. Es m&#xe1;s, <italic>a contrario sensu</italic> podr&#xed;a concluirse que si hay colectivos vulnerables hay tambi&#xe9;n colectivos &#xab;invulnerables&#xbb;, lo cual es dif&#xed;cil de sostener en unas sociedades siempre sometidas a cambio. En el car&#xe1;cter indeterminado de esta vulnerabilidad radica el riesgo de banalizaci&#xf3;n del discurso del odio, que puede acabar siendo convertido en un medio para proteger &#xab;sentimientos mayoritarios&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Correcher, 2021, pp. 88 y ss.</xref>).</p>
			<p>Del mismo modo, tambi&#xe9;n es necesario definir cu&#xe1;l es el bien jur&#xed;dico al que afecta el discurso del odio y por qu&#xe9; se requieren y justifican acciones para su defensa, cuesti&#xf3;n a la que el Consejo de Europa ha procurado dar respuesta:</p>
			<disp-quote>
				<p>El prop&#xf3;sito de regular la incitaci&#xf3;n al odio es prevenir la interferencia con otros derechos y evitar que se produzcan ciertos da&#xf1;os. En primer lugar, el discurso de odio puede interferir con otros derechos humanos o valores p&#xfa;blicos operativos: la dignidad, la no discriminaci&#xf3;n y la igualdad, la participaci&#xf3;n (efectiva) en la vida p&#xfa;blica (incluido el discurso p&#xfa;blico, la libertad de expresi&#xf3;n, de asociaci&#xf3;n, de religi&#xf3;n, etc.). En segundo lugar, tambi&#xe9;n debe considerarse la prevenci&#xf3;n de los da&#xf1;os particulares que sufren las v&#xed;ctimas individuales: da&#xf1;os psicol&#xf3;gicos, da&#xf1;os a la autoestima, inhibici&#xf3;n de la autorrealizaci&#xf3;n, miedo, etc. (<xref ref-type="bibr" rid="B27">McGonagle, 2013, pp. 3 y 4</xref>).</p>
			</disp-quote>
			<p>As&#xed; pues, cabe concluir que el discurso del odio ataca la dignidad, pues niega derechos a los integrantes de algunos colectivos (<xref ref-type="bibr" rid="B43">Waldron, 2012, pp. 57 y 58</xref>). Y tambi&#xe9;n que su gravedad es mayor cuando hay una reiteraci&#xf3;n de estos ataques, pues se acaba generando una constante incertidumbre y angustia entre sus receptores, un estado que Waldron ha sabido definir como &#xab;clima de hostilidad&#xbb; o &#xab;atm&#xf3;sfera de odio&#xbb;, que nubla el entorno de respeto y paz social en el que todos debi&#xe9;ramos vivir (<xref ref-type="bibr" rid="B43">Waldron, 2012, pp. 94 y ss</xref>).</p>
			<p>Todo lo expuesto lleva a una conclusi&#xf3;n l&#xf3;gica y a una pregunta inc&#xf3;moda. La conclusi&#xf3;n es que el da&#xf1;o que el discurso del odio provoca es un da&#xf1;o moral, pues en el momento en que hubiere otro tipo de perjuicio es que se ha pasado de las manifestaciones a la violencia f&#xed;sica o a actos discriminatorio concretos. La pregunta inc&#xf3;moda tiene una doble vertiente: &#xbf;c&#xf3;mo puede ponderarse y, por ende, resarcirse el da&#xf1;o moral de los miles de individuos que integran un colectivo supuestamente vulnerable?</p>
		</sec>
		<sec id="sec3">
			<label>2.</label>
			<title>Las dos respuestas jur&#xed;dicas al discurso del odio: el modelo estadounidense y el modelo europeo</title>
			<sec id="sec3.1">
				<label>2.1.</label>
				<title>El modelo estadounidense: la primac&#xed;a de la libertad de expresi&#xf3;n</title>
				<p>En 1919, el c&#xe9;lebre juez Oliver Wendell Holmes, apoyado por el juez Louis Brandeis, defendi&#xf3; que el derecho a expresar p&#xfa;blicamente las opiniones sobre los asuntos p&#xfa;blicos era el fundamento de todo sistema democr&#xe1;tico y que, precisamente por ello, sus posibles restricciones deb&#xed;an ser cuidadosamente medidas:</p>
				<disp-quote>
					<p>Nuestra Constituci&#xf3;n es un experimento, como toda la vida es un experimento. Todos los a&#xf1;os, si no todos los d&#xed;as, tenemos que apostar nuestra salvaci&#xf3;n a alguna profec&#xed;a basada en un conocimiento imperfecto. Mientras ese experimento forme parte de nuestro sistema, creo que debemos estar eternamente vigilantes contra los intentos de frenar la expresi&#xf3;n de opiniones que detestamos<xref ref-type="fn" rid="fn8">
							<sup>8</sup>
						</xref>.</p>
				</disp-quote>
				<p>La esencia de esta tesis es que la mejor pol&#xed;tica en el &#xe1;mbito de la libertad de expresi&#xf3;n es la ausencia de toda pol&#xed;tica (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Fiss, 1996, p. 5 y ss.</xref>), pues solo a trav&#xe9;s de la libre confrontaci&#xf3;n de opiniones, comentarios y cr&#xed;ticas pueden los integrantes de una sociedad discernir la verdad de la mentira, lo justo de lo injusto, la bondad de la maldad. No corresponde a los poderes p&#xfa;blicos limitar esta libertad, pues, aunque se haga con las mejores intenciones, se sesga el sano debate social y se infantiliza a la ciudadan&#xed;a, lo que a la larga genera m&#xe1;s perjuicios que beneficios.</p>
				<p>En lo referido al discurso del odio, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha marcado una tendencia &#xfa;nica: dar una primac&#xed;a casi absoluta a la libertad de expresi&#xf3;n. La doctrina de la &#xab;posici&#xf3;n preferente&#xbb;<xref ref-type="fn" rid="fn9">
						<sup>9</sup>
					</xref> de la libertad individual resuelve que todo aquello que contribuya al debate p&#xfa;blico, aunque pudiera ser falso o difamatorio, est&#xe1; constitucionalmente protegido (<xref ref-type="bibr" rid="B35">Rodr&#xed;guez-Vergara, 2019, p. 511</xref>).</p>
				<p>Mas este trato preferente no significa que todo este amparado: las amenazas, la incitaci&#xf3;n a cometer un delito, los insultos y expresiones beligerantes que pueden provocar un enfrentamiento -las llamadas <italic>fighting words</italic>- no tienen apenas valor constitucional<xref ref-type="fn" rid="fn10">
						<sup>10</sup>
					</xref>. El criterio central para discernir lo constitucionalmente protegido, por m&#xe1;s que pueda ser odioso, de lo proscrito, radica en su viabilidad como discurso pol&#xed;tico, como mensaje que pueda generar un debate p&#xfa;blico (<xref ref-type="bibr" rid="B38">Sunstein, 1993, pp.187 y ss.</xref>) </p>
				<p>El dilema de este proceder es obvio. El propio Tribunal Supremo de Estados Unidos ha reconocido que el discurso del odio puede ser da&#xf1;ino para determinados individuos y causar un perjuicio injusto. Pero, ante esta tesitura, la Corte entiende que, salvo que de las manifestaciones cuestionadas pueda originarse directamente un acto il&#xed;cito (<italic>inminent lawless action</italic>)<xref ref-type="fn" rid="fn11">
						<sup>11</sup>
					</xref>, estos posibles da&#xf1;os son sacrificios lamentables pero necesarios. Se asume, por tanto, que un da&#xf1;o injusto quede sin subsanaci&#xf3;n por mor de un bien mayor:</p>
				<disp-quote>
					<p>La Cl&#xe1;usula de Libertad de Expresi&#xf3;n de la Primera Enmienda -&#x201c;El Congreso no har&#xe1; ninguna ley... que coarte la libertad de expresi&#xf3;n&#x201d;- puede servir como defensa en las demandas estatales por da&#xf1;os y perjuicios, incluidas las demandas de petici&#xf3;n de indemnizaci&#xf3;n por haber causado angustia emocional de forma intencionada. [&#x2026;] Depende en gran medida de si el discurso es de inter&#xe9;s p&#xfa;blico o privado, seg&#xfa;n lo determinen todas las circunstancias de cada caso. El discurso sobre &#x201c;asuntos de inter&#xe9;s p&#xfa;blico&#x201d; est&#xe1; &#x201c;en el centro de la protecci&#xf3;n de la Primera Enmienda&#x201d; [&#x2026;] (que) refleja un profundo compromiso nacional con el principio de que el debate sobre cuestiones p&#xfa;blicas debe ser desinhibido, robusto y ampliamente abierto<xref ref-type="fn" rid="fn12">
							<sup>12</sup>
						</xref>.</p>
				</disp-quote>
				<p>Puede concluirse que, a efectos procesales, estos mensajes quedan amparados por la Primera Enmienda y &#xfa;nicamente resultan punibles cuando se convierten en una incitaci&#xf3;n a un acto il&#xed;cito posterior. De esta manera, el Tribunal Supremo se alinea con las tesis que defienden que una &#xab;sociedad bien ordenada&#xbb; da cabida a todas las voces, especialmente las discrepantes o inc&#xf3;modas. Al fin y al cabo, he ah&#xed; la esencia de la libertad de expresi&#xf3;n en un sistema democr&#xe1;tico: proteger el pensamiento minoritario, darle su lugar en el foro p&#xfa;blico y no reprimir a los individuos por sus opiniones (<xref ref-type="bibr" rid="B12">Dworkin, 2014, pp. 362 y ss.</xref>). </p>
				<p>Pero cabe a&#xf1;adir que el amplio amparo judicial a la libertad de expresi&#xf3;n no significa que en Estados Unidos no est&#xe9;n imponi&#xe9;ndose estrictos l&#xed;mites sociales a la libertad de expresi&#xf3;n. Todo lo contrario: es precisamente all&#xed; donde existen cada vez m&#xe1;s <italic>lobbies</italic> y grupos medi&#xe1;ticos que presionan de formas muy diversas para que se restrinjan los contenidos tenidos por indeseables<xref ref-type="fn" rid="fn13">
						<sup>13</sup>
					</xref>, provocando lo que algunos autores han acabado por denominar una aut&#xe9;ntica &#xab;batalla cultural&#xbb; cuyos resultados finales son dif&#xed;ciles de prever (<xref ref-type="bibr" rid="B36">Scatamburlo-D&#xb4;Annibale, 2019, pp. 72 y ss</xref>).</p>
			</sec>
			<sec id="sec3.2">
				<label>2.2.</label>
				<title>El modelo europeo: la v&#xed;a penal</title>
				<p>Si de la jurisprudencia del Tribunal Supremo estadounidense se constata que el mandato para los poderes p&#xfa;blicos es mantener una postura neutral y trasladar el debate a los distintos actores de la sociedad civil, no cabe duda de que en Europa se ha seguido un camino diferente en pos de una m&#xe1;xima protecci&#xf3;n a la dignidad (<xref ref-type="bibr" rid="B19">Grau, 2021, p. 29</xref>).</p>
				<p>El Derecho Penal se ha convertido en el mecanismo al que han recurrido la mayor parte de los pa&#xed;ses europeos para castigar el discurso del odio. Emplear la <italic>ultima ratio</italic> de los poderes del Estado tiene varios elementos positivos: por un lado, despeja cualquier duda sobre el compromiso de los poderes p&#xfa;blicos en defensa de la dignidad; por otro, abre la puerta a que los cuerpos y fuerzas de seguridad empleen sus m&#xfa;ltiples recursos en este prop&#xf3;sito; en tercer lugar, los procesados contar&#xe1;n con un proceso con todas las garant&#xed;as, entre las que destacan la presunci&#xf3;n de inocencia o el derecho a no declarar contra s&#xed; mismos. Por otra parte, la sanci&#xf3;n penal parece coherente con la naturaleza del discurso del odio, pues se traduce en un castigo p&#xfa;blico al causante de un da&#xf1;o contra un colectivo y no solo a un sujeto determinado (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Acosta, 2019, pp. 225 y ss.</xref>). Y, desde luego, hay que valorar tambi&#xe9;n que esta v&#xed;a permite subsanar las diferencias del &#xab;contexto social real&#xbb;, es decir, una situaci&#xf3;n de desigualdad y desconfianza en el sistema que es m&#xe1;s propia de los miembros de colectivos desfavorecidos (<xref ref-type="bibr" rid="B8">De Pablo, 2017, pp. 147 y 148</xref>).</p>
				<p>Para perseguir a quienes p&#xfa;blicamente inciten, promuevan o fomenten los mensajes de odio existen en nuestro C&#xf3;digo Penal los art&#xed;culos 510 y 510bis, as&#xed; como otros preceptos como el art&#xed;culo 525, que tipifica las ofensas a los sentimientos religiosos; el art&#xed;culo 578, que persigue el enaltecimiento del terrorismo y la vejaci&#xf3;n de sus v&#xed;ctimas; y el art&#xed;culo 607.2, donde se sanciona a quienes justifiquen los cr&#xed;menes genocidas. Pero es el art&#xed;culo 510 el que, por su complejidad, extensi&#xf3;n y desarrollo resulta de mayor calado. Castiga con pena de prisi&#xf3;n de uno a cuatro a&#xf1;os y multa de seis a doce meses a quienes &#xab;fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminaci&#xf3;n o violencia contra un grupo&#xbb;; a quienes elaboren, faciliten, difundan o distribuyan materiales con dichos contenidos; y a quienes &#xab;nieguen, trivialicen gravemente o enaltezcan delitos de genocidio o lesa humanidad&#xbb;, y tambi&#xe9;n establece la posibilidad de agravar o aminorar las penas en funci&#xf3;n de la intensidad de estas acciones.</p>
				<p>A este art&#xed;culo se le puede reprochar que no define con claridad el bien jur&#xed;dico afectado y que sanciona tantas acciones que incumple el m&#xe1;s m&#xed;nimo criterio de proporcionalidad (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Alastuey, 2016, pp. 4 y ss.</xref>). Por otro lado, son muy escasas las condenas efectivas por vulnerar este art&#xed;culo, lo que permite descartar la existencia de una emergencia social sobre esta cuesti&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Landa, 2018, pp. 94 y ss</xref>). Es criticable tambi&#xe9;n su propia redacci&#xf3;n, hasta el punto de que &#xab;si se logra superar la confusi&#xf3;n que provoca su lectura&#xbb; solo cabe concluir que se busca un castigo de amplio espectro, lleno de conceptos subjetivos e indeterminaciones (<xref ref-type="bibr" rid="B39">Teruel, 2015, p. 35</xref>). Su contenido, adem&#xe1;s, resulta de imposible concreci&#xf3;n, toda vez que se tiene por delito no solo la incitaci&#xf3;n directa -cosa que parece razonable-, sino tambi&#xe9;n la incitaci&#xf3;n indirecta, la incitaci&#xf3;n directa a la incitaci&#xf3;n indirecta y aun la mera tenencia de contenidos incitadores, lo que podr&#xed;a devenir en que, pese a las pocas condenas efectivas, su difusi&#xf3;n acabe por provocar un &#xab;efecto desaliento&#xbb; que restrinja en demas&#xed;a la libertad de expresi&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B3">Alc&#xe1;cer, 2020, pp. 206 y ss.</xref>). Se est&#xe1;n admitiendo a tr&#xe1;mite casos cuanto menos sorprendentes y se est&#xe1; obligando a las m&#xe1;s altas instancias judiciales a intervenir para contener desafueros y castigos desproporcionados, lo que acabar&#xe1; ciertamente haci&#xe9;ndonos estar &#xab;eternamente vigilantes&#xbb;... pero frente a los Tribunales (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Presno, 2020, p. 90</xref>).</p>
				<p>El problema de fondo es que el discurso del odio puede ser tan diverso que, para castigarlo por v&#xed;a penal, la elaboraci&#xf3;n del tipo ha de ser imprecisa y generalista para abarcar todas sus variantes. Pero estas caracter&#xed;sticas maridan mal con el Derecho Penal, que por una natural exigencia de garant&#xed;as ha de ser preciso y concreto (<xref ref-type="bibr" rid="B41">Valiente, 2020, pp. 285 y ss</xref>). </p>
				<p>Por ello, no cabe sorprenderse cuando, en 2019, la Fiscal&#xed;a General del Estado aprob&#xf3; una Circular sobre pautas para interpretar el art&#xed;culo 510 del C&#xf3;digo Penal en la cual se consideraba delito la incitaci&#xf3;n al odio contra los grupos nazis<xref ref-type="fn" rid="fn14">
						<sup>14</sup>
					</xref>. Considerar a los neonazis v&#xed;ctimas de delitos de odio y no sus causantes puede causar estupefacci&#xf3;n, pero ello se debe a la nefanda redacci&#xf3;n del precepto penal, que en su &#xe1;nimo castigador emplea con suma ligereza t&#xe9;rminos destinados a proteger cualquier minor&#xed;a, incluidas las ideol&#xf3;gicas, sin pensar en que, en no pocas ocasiones, los emisores del odio pertenecen precisamente a minor&#xed;as ideol&#xf3;gicas. Y dado que no se incluye ning&#xfa;n tipo de menci&#xf3;n al valor &#xe9;tico que pueda tener el sujeto pasivo -es decir, la v&#xed;ctima- solo se puede concluir que todos los colectivos minoritarios deben estar protegidos. Al fin y al cabo, todos es todos.</p>
				<p>Cabe a&#xf1;adir que, en algunos casos, a trav&#xe9;s de la v&#xed;a administrativa se ha tratado de evitar conflictos, en particular en lo referido al ejercicio del derecho de reuni&#xf3;n y manifestaci&#xf3;n cuando su prop&#xf3;sito era ofensivo<xref ref-type="fn" rid="fn15">
						<sup>15</sup>
					</xref>. Pero es cuestionable que determinados organismos p&#xfa;blicos, como por ejemplo los municipios, se arroguen la facultad de prohibir la difusi&#xf3;n de mensajes en la v&#xed;a p&#xfa;blica a trav&#xe9;s de las ordenanzas municipales de publicidad exterior (recu&#xe9;rdense el pol&#xe9;mico caso del que fuera llamado &#xab;autob&#xfa;s transf&#xf3;bico&#xbb; o algunos anuncios de &#xed;ndole sexista). Sea como fuere, la v&#xed;a administrativa ofrece serias dudas en lo relativo a la constitucionalidad de las sanciones (<xref ref-type="bibr" rid="B40">Teruel, 2018, pp. 41 y 42</xref>), pues la libertad de expresi&#xf3;n es un derecho fundamental y sus posibles restricciones deben ampararse en una ley org&#xe1;nica, no en infinitas ordenanzas profundamente dispares entre s&#xed; y sometidas a los avatares propios de la pol&#xed;tica municipal. </p>
			</sec>
		</sec>
		<sec id="sec4">
			<label>3.</label>
			<title>Una &#xab;tercera v&#xed;a&#xbb; poco transitada: la v&#xed;a civil</title>
			<sec id="sec4.1">
				<label>3.1.</label>
				<title>Introducci&#xf3;n</title>
				<p>El auge del Derecho Penal para castigar los delitos de odio puede deberse en cierta medida a un factor emocional que impele al legislador a proteger a los m&#xe1;s desfavorecidos de ataques injustos, pero la raz&#xf3;n llama a la cautela cuando se trata de aplicar la &#xfa;ltima ratio sancionadora del Estado y tambi&#xe9;n a desarrollar mecanismos antidiscriminatorios no penales (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Landa, 2020, p. 30</xref>). Ello resulta particularmente interesante al perseguir el discurso del odio, pues no puede sostenerse que solo las leyes penales supongan una coerci&#xf3;n, toda vez que esta est&#xe1; siempre presente, directa o indirectamente, en el ordenamiento jur&#xed;dico (<xref ref-type="bibr" rid="B37">Schauer, 2015, pp. 299 y ss.</xref>).</p>
				<p>La v&#xed;a civil ha sido hasta ahora poco considerada en lo relativo a los procesos por delitos de odio, lo cual no deja de ser parad&#xf3;jico, toda vez que el primer gran caso de discurso del odio juzgado en Espa&#xf1;a -el caso Violeta Friedman- fue un proceso civil. Es m&#xe1;s, la figura del da&#xf1;o moral est&#xe1; perfectamente consolidada en nuestra jurisprudencia y la Ley Org&#xe1;nica 1/1982, de 5 de mayo, se centra en la protecci&#xf3;n civil del derecho al honor. Cabe entonces preguntarse si es posible medir los da&#xf1;os del discurso del odio para aplicar estos mecanismos.</p>
			</sec>
			<sec id="sec4.2">
				<label>3.2.</label>
				<title>Los elementos de ponderaci&#xf3;n del da&#xf1;o</title>
				<p>La jurisprudencia es clave a la hora de determinar la existencia de los da&#xf1;os morales, su gravedad y las posibles v&#xed;as de reparaci&#xf3;n, tanto econ&#xf3;micas como de otra &#xed;ndole. La casu&#xed;stica y el precedente, tan relevantes en el sistema judicial estadounidense, cobran cada vez m&#xe1;s fuerza en lo que a nuestro derecho de da&#xf1;os se refiere. Hay un innegable dinamismo en la resoluci&#xf3;n de conflictos que se ha traducido en un amplio margen de decisi&#xf3;n en favor del juzgador, pero tambi&#xe9;n muestra un factor negativo: la merma de la seguridad jur&#xed;dica (<xref ref-type="bibr" rid="B29">Ocampo, 2014, pp. 169 y ss</xref>). Sea como fuere, no existen dudas sobre la legitimidad de reclamar una indemnizaci&#xf3;n a quien causare un da&#xf1;o moral; la &#xfa;nica controversia est&#xe1; en la definici&#xf3;n de la indemnizaci&#xf3;n, pues como reconoce nuestro Tribunal Supremo:</p>
				<disp-quote>
					<p>La determinaci&#xf3;n de la cuant&#xed;a por indemnizaci&#xf3;n por da&#xf1;os morales [&#x2026;] debe ser objeto de una actividad de apreciaci&#xf3;n por parte del juzgador, habida cuenta de la inexistencia de par&#xe1;metros que permitan con precisi&#xf3;n traducir en t&#xe9;rminos econ&#xf3;micos el sufrimiento en que tal da&#xf1;o esencialmente consiste. En efecto, se viene manteniendo que la reparaci&#xf3;n del da&#xf1;o o sufrimiento moral, que no atiende a la reintegraci&#xf3;n de un patrimonio, va dirigida, principalmente, a proporcionar en la medida de lo humanamente posible una satisfacci&#xf3;n como compensaci&#xf3;n al sufrimiento que se ha causado, lo que conlleva la determinaci&#xf3;n de la cuant&#xed;a de la indemnizaci&#xf3;n apreciando las circunstancias concurrentes<xref ref-type="fn" rid="fn16">
							<sup>16</sup>
						</xref>.</p>
				</disp-quote>
				<p>La labor del Tribunal Europeo de Derechos Humanos es esencial para comprender los l&#xed;mites de la libertad de expresi&#xf3;n y las conductas que quedan fuera de su leg&#xed;timo ejercicio. Su premisa siempre ha sido la misma: el discurso del odio no aporta nada al sano debate p&#xfa;blico, por lo que no procede entrar a valorar la posible veracidad del mensaje, sino &#xfa;nicamente la gravedad de la ofensa (<xref ref-type="bibr" rid="B10">D&#xed;az Soto, 2015, p. 98</xref>). Es un abuso del derecho, sancionado por el art&#xed;culo 17 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, y a trav&#xe9;s de esta v&#xed;a se han legitimado las decisiones judiciales que castigaban tanto los mensajes ofensivos como el revisionismo falaz de verdades hist&#xf3;ricas, sobre todo del Holocausto (<xref ref-type="bibr" rid="B32">Presno y Teruel, 2017, p. 133</xref>).</p>
				<p>Al fin y al cabo, si los discursos del odio se consideran un ejercicio potencialmente abusivo de la libertad de expresi&#xf3;n por el menoscabo que causan a la dignidad; y si la ley es el mecanismo que refleja el l&#xed;mite a las libertades individuales, hay que analizar si su redacci&#xf3;n y aplicaci&#xf3;n no resultan demasiado restrictivas. El Tribunal de Estrasburgo estableci&#xf3; el denominado &#xab;Test Handyside&#xbb; para resolver esta cuesti&#xf3;n, exigiendo que toda limitaci&#xf3;n de los derechos fundamentales cumpla tres requisitos: estar recogida en la ley, perseguir un fin leg&#xed;timo para una sociedad democr&#xe1;tica y que los medios empleados resulten necesarios -es decir, no excesivos- para materializar dicho fin<xref ref-type="fn" rid="fn17">
						<sup>17</sup>
					</xref>. Pero la constataci&#xf3;n de un abuso del derecho ha de hacerse caso a caso, lo que ha generado una evoluci&#xf3;n jurisprudencial lenta y no siempre homog&#xe9;nea (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Mart&#xed;n-Herrera, 2021, pp. 27 y ss. y pp. 283 y ss.</xref>). De ah&#xed; que se pueda considerar este criterio como un punto de partida y no tanto como un punto de llegada, pues deposita una gran cantidad de elementos en manos de la casu&#xed;stica.</p>
				<p>Desde la perspectiva de una jurisdicci&#xf3;n protectora, la doctrina ha identificado cuatro factores que permiten afirmar que se est&#xe1; produciendo una conducta indigna: por un lado, hay que atender a las circunstancias propias de cada v&#xed;ctima; por otro lado, hay que atender al contexto en que se produce la acci&#xf3;n; en tercer lugar hay que relativizar el peso de la intencionalidad del causante, pues el da&#xf1;o puede existir aunque no hubiese deseo de causarlo; por &#xfa;ltimo, hay que relativizar tambi&#xe9;n la voluntad de la v&#xed;ctima, pues hay acciones intolerables aunque se hayan consentido (<xref ref-type="bibr" rid="B18">Gonz&#xe1;lez P&#xe9;rez, 1986, pp. 112-114</xref>).</p>
				<p>Con respecto a las v&#xed;ctimas, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos defiende sin ambages que existen colectivos hist&#xf3;ricamente discriminados cuyos integrantes se encuentran en una posici&#xf3;n de debilidad aprior&#xed;stica que requiere la acci&#xf3;n de los poderes p&#xfa;blicos<xref ref-type="fn" rid="fn18">
						<sup>18</sup>
					</xref>. En este sentido, ha aplicado en no pocas ocasiones una &#xab;jurisprudencia social&#xbb; que fomenta la equidad, la igualdad material<xref ref-type="fn" rid="fn19">
						<sup>19</sup>
					</xref> y la creaci&#xf3;n de sinergias con instituciones como el Comit&#xe9; Europeo de Derechos Sociales (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Jimena, 2021, pp. 38 y ss.</xref>).</p>
				<p>Con referencia al contexto en que se producen las distintas acciones, el TEDH lo considera un factor crucial para determinar si hay un abuso en el ejercicio de la libertad de expresi&#xf3;n. As&#xed;, lo que en algunas circunstancias podr&#xed;a tenerse como un mero comentario de mal gusto puede, en otras situaciones, adquirir cotas m&#xe1;s graves e indignas y, por lo tanto, merecer un castigo<xref ref-type="fn" rid="fn20">
						<sup>20</sup>
					</xref>.</p>
				<p>Sobre la intencionalidad del causante y la voluntad de la v&#xed;ctima, el TEDH ha sentenciado que las expresiones infamantes punibles son las innecesariamente desabridas y humillantes, por m&#xe1;s que puedan tener base hist&#xf3;rica, pol&#xed;tica o cultural<xref ref-type="fn" rid="fn21">
						<sup>21</sup>
					</xref>. Es decir, no existe un derecho al insulto ni este sirve para abrir un leg&#xed;timo debate serio sobre cuesti&#xf3;n alguna. La intencionalidad del sujeto no debiera ser un factor decisivo, pues aunque pueda dudarse del dolo o se emplee un formato propenso a la exageraci&#xf3;n -como la parodia o la s&#xe1;tira-, puede subyacer un menoscabo de la dignidad<xref ref-type="fn" rid="fn22">
						<sup>22</sup>
					</xref>. En consecuencia, la autonom&#xed;a de la voluntad de las v&#xed;ctimas al consentir estos hechos ha de ser tambi&#xe9;n relativizada, pues es imposible cuantificar hasta qu&#xe9; punto la infradenuncia es un problema o a qu&#xe9; presiones pueden verse sometidas las v&#xed;ctimas (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Ibarra, 2017, p. 21</xref>).</p>
				<p>A todo lo expuesto han de a&#xf1;adirse tres factores. Por un lado, hay que ponderar el alcance y la difusi&#xf3;n de los mensajes, pues poco da&#xf1;o puede hacer lo que a nadie ha llegado. Sobre este particular, los medios de comunicaci&#xf3;n tienen una significativa tarea, pues en la forja de la opini&#xf3;n p&#xfa;blica han de conjugar la libertad y la pluralidad con el cuidado en sus contenidos para evitar convertirse en mensajeros de un odio causante de da&#xf1;os<xref ref-type="fn" rid="fn23">
						<sup>23</sup>
					</xref>. En lo que a las nuevas tecnolog&#xed;as se refiere, el Tribunal de Justicia de la Uni&#xf3;n Europea ha aplicado un est&#xe1;ndar de control similar a los gestores de las redes sociales<xref ref-type="fn" rid="fn24">
						<sup>24</sup>
					</xref>. Adem&#xe1;s, el TEDH ha establecido un especial deber de responsabilidad para quienes ostentan cargos p&#xfa;blicos, pues aunque tanto el discurso pol&#xed;tico como el acad&#xe9;mico requieren un amplio margen de acci&#xf3;n, no pueden servir para poner en riesgo la paz social<xref ref-type="fn" rid="fn25">
						<sup>25</sup>
					</xref>.</p>
				<p>Por consiguiente, cabe concluir que el TEDH admite hasta cinco elementos para considerar a un mensaje como causante de da&#xf1;os. Ser&#xed;an los siguientes: 1) el momento en que se emite o difunde; 2) el alcance o difusi&#xf3;n efectivo que pueda tener; 3) el rol social de su emisor o difusor; 4) el contenido concreto, atendiendo tanto a su literalidad como a su simbolog&#xed;a; 5) la situaci&#xf3;n o estatus social del colectivo al cual pertenezca la v&#xed;ctima. Estos criterios act&#xfa;an, en definitiva, como medidores de la libertad de expresi&#xf3;n. El posible conflicto generado por su abuso lo pondera el TEDH de la siguiente manera: </p>
				<disp-quote>
					<p>La libertad de expresi&#xf3;n [&#x2026;] aplica no s&#xf3;lo a las &#x201c;informaciones&#x201d; o &#x201c;ideas&#x201d; favorables o que se consideran inofensivas o indiferentes, sino tambi&#xe9;n a las que ofenden, chocan o molestan: tal es el prop&#xf3;sito del pluralismo, la tolerancia y el esp&#xed;ritu de apertura, sin los cuales no puede haber &#x201c;sociedad democr&#xe1;tica&#x201d;. [&#x2026;] En general, la &#x201c;necesidad&#x201d; de una injerencia en el ejercicio de la libertad de expresi&#xf3;n debe establecerse de forma convincente. Por supuesto, corresponde en primer lugar a las autoridades nacionales evaluar si existe tal necesidad que justifique la injerencia, y para ello gozan de cierto margen de apreciaci&#xf3;n. Sin embargo, esto se une a la revisi&#xf3;n por parte del Tribunal tanto de la ley como de las decisiones que la aplican. En el ejercicio de su competencia de control, el Tribunal de Justicia debe examinar la injerencia a la luz del conjunto del asunto, incluidos el contenido de las observaciones impugnadas y el contexto en el que fueron emitidas<xref ref-type="fn" rid="fn26">
							<sup>26</sup>
						</xref>.</p>
				</disp-quote>
			</sec>
			<sec id="sec4.3">
				<label>3.3.</label>
				<title>La factibilidad de la v&#xed;a civil</title>
				<p>Cabe preguntarse por qu&#xe9; tanto en el modelo estadounidense como en el europeo la v&#xed;a civil es muy secundaria. Varios son los motivos. En t&#xe9;rminos generales, los procesos ante esta jurisdicci&#xf3;n son costosos para las partes litigantes, su desarrollo es m&#xe1;s lento, la fiscal&#xed;a interviene solo cuando hay expresa habilitaci&#xf3;n para ello<xref ref-type="fn" rid="fn27">
						<sup>27</sup>
					</xref> y, adem&#xe1;s, se presupone una cierta igualdad entre las partes litigantes que, de facto, puede no ser tal.</p>
				<p>Sin embargo, una reflexi&#xf3;n m&#xe1;s profunda de sus caracter&#xed;sticas permitir&#xed;a identificar varias de las ventajas de su generalizaci&#xf3;n: por un lado, mantiene el control judicial en el ejercicio de los derechos fundamentales -cosa que no ocurr&#xed;a, como se ha dicho, en las primeras fases de la v&#xed;a administrativa-, permitir&#xed;a la construcci&#xf3;n de analog&#xed;as a la hora de juzgar los distintos casos conflictivos -t&#xe9;cnica expresamente prohibida por el art&#xed;culo 4 del C&#xf3;digo Penal- y, sobre todo, permite una mayor seguridad jur&#xed;dica por contar ya con una consolidada jurisprudencia en lo relativo al derecho de da&#xf1;os.</p>
				<p>Vale a&#xf1;adir que la clave de b&#xf3;veda de los procesos por responsabilidad civil radica en la identificaci&#xf3;n del da&#xf1;o y su posible cuantificaci&#xf3;n, es decir, que la v&#xed;ctima y sus necesidades son el eje del proceso. La legitimaci&#xf3;n activa la tiene el perjudicado, claro est&#xe1;, pero tambi&#xe9;n las personas designadas a tal efecto en su testamento, sus herederos leg&#xed;timos o, a falta de todos los anteriores, el Ministerio Fiscal (de oficio o a instancia de parte). En cuanto a la legitimaci&#xf3;n pasiva, el art&#xed;culo 1902 del C&#xf3;digo Civil permite presentar acciones contra quien &#xab;por acci&#xf3;n u omisi&#xf3;n causa da&#xf1;o a otro, interviniendo culpa o negligencia&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B28">Navarro y Veiga, 2013, p. 170</xref>).</p>
				<p>Ahora bien, el problema de la legitimidad activa no se resolver&#xed;a &#xfa;nicamente con estas premisas. Dicho de otro modo, si el discurso del odio se dirige contra un amplio colectivo sin hacer individualizaciones, &#xbf;todos sus integrantes tendr&#xed;an derecho a personarse como parte demandante y reclamar una indemnizaci&#xf3;n por da&#xf1;os? La cuesti&#xf3;n no es menor pues, al fin y al cabo, podr&#xed;a haber afectados que ciertamente se considerasen perjudicados y quisiesen reclamar; otros podr&#xed;an considerarse perjudicados pero optar por no iniciar acciones; y desde luego podr&#xed;a haber un tercer grupo que sencillamente no se sintiesen ofendidos o actuasen con indiferencia. Y es l&#xf3;gico que as&#xed; sea, pues ya nos advert&#xed;a el profesor D&#xed;ez-Picazo que el peligro del da&#xf1;o moral radica en que, en la pr&#xe1;ctica, es tan moldeable como la plastilina (<xref ref-type="bibr" rid="B11">D&#xed;ez-Picazo, 2008, p. 15</xref>).</p>
				<p>Para solventar esta dificultad, el Tribunal Constitucional reformul&#xf3; el concepto de &#xab;inter&#xe9;s leg&#xed;timo&#xbb; en el caso de Violeta Friedman y sentenci&#xf3; que, efectivamente, todos los integrantes de un colectivo afectado tendr&#xed;an legitimaci&#xf3;n activa (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Gasc&#xf3;n, 2016, p. 152</xref>). Para evitar que mediante la aplicaci&#xf3;n de la v&#xed;a civil cada afectado potencial presentase su propia reclamaci&#xf3;n en funci&#xf3;n del da&#xf1;o que entiende que ha sufrido y se forme una multitud de procesos, la Ley de Enjuiciamiento Civil ofrece una posible soluci&#xf3;n: las denominadas <italic>class actions</italic>. Este tipo de procesos ha permitido, en el &#xe1;mbito del consumo, la defensa de intereses de particulares no determinados en la fase declarativa a trav&#xe9;s de las asociaciones que, por ley, representan a consumidores y usuarios (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Ferreres, 2005, p. 38 a 41</xref>). Nada impedir&#xed;a aplicar esta figura a posibles procesos civiles por discurso de odio y ampliar su alcance a los da&#xf1;os morales, toda vez que cada vez existen m&#xe1;s instituciones y fundaciones para la defensa de las v&#xed;ctimas (por ejemplo, el Movimiento contra la Intolerancia o la Fundaci&#xf3;n Secretariado Gitano), y los propios poderes p&#xfa;blicos podr&#xed;an seguir actuando al respecto.</p>
				<p>Esta v&#xed;a se ha visto reforzada tras la aprobaci&#xf3;n por parte del Parlamento Europeo de la directiva relativa a las acciones colectivas<xref ref-type="fn" rid="fn28">
						<sup>28</sup>
					</xref> y m&#xe1;s a&#xfa;n en los proyectos de ley de Eficiencia Organizativa y Eficiencia Procesal del Servicio P&#xfa;blico de Justicia, actualmente en tramitaci&#xf3;n. Mediante una acci&#xf3;n colectiva pueden solicitarse tanto medidas cautelares como indemnizatorias y cualquier persona puede sumarse siempre que pueda fundamentar su estatus de afectado. Como adem&#xe1;s no existen plazos espec&#xed;ficos de prescripci&#xf3;n, sino que estos dependen del desarrollo de cada proceso, el margen de actuaci&#xf3;n de los afectados puede ser m&#xe1;s que suficiente (<xref ref-type="bibr" rid="B42">Veiga, 2020</xref>).</p>
				<p>En lo referido a la cuantificaci&#xf3;n de la posible indemnizaci&#xf3;n, si bien &#xab;no se puede reparar con dinero algo que, en su naturaleza, no es as&#xed; evaluable&#xbb;, no debe olvidarse que la indemnizaci&#xf3;n no cumple solo una funci&#xf3;n resarcitoria, sino tambi&#xe9;n una punitiva (<xref ref-type="bibr" rid="B26">Mart&#xed;nez-Calcerrada, 2013, p. 66</xref>). Si se tiene en cuenta que, en la actualidad, se da preferencia a la v&#xed;a penal y esta impone multas econ&#xf3;micas de considerable cuant&#xed;a como sanci&#xf3;n para los discursos del odio, es factible apreciar la semejanza entre la multa y la indemnizaci&#xf3;n en lo que a punici&#xf3;n se refiere. En cuanto a la cuesti&#xf3;n resarcitoria, no se trata de que por un mismo comentario un ciudadano se vea obligado a indemnizar, quiz&#xe1;s, a miles de personas. Pero, toda vez que el da&#xf1;o ha sido colectivo, &#xbf;no ser&#xed;a acaso factible regular el castigo a los discursos del odio de forma tal que las posibles indemnizaciones sirvan para financiar acciones que fomenten la integraci&#xf3;n de los colectivos afectados? Adem&#xe1;s, en lo relativo al coste econ&#xf3;mico de los procesos civiles, bien puede regularse una exenci&#xf3;n de las costas procesales en este tipo de litigios.</p>
				<p>Encauzar la persecuci&#xf3;n de los delitos de odio a trav&#xe9;s de la v&#xed;a civil permitir&#xed;a recuperar la l&#xf3;gica jur&#xed;dica de dos supuestos: por un lado, si se causa un da&#xf1;o moral, lo razonable es indemnizarlo a trav&#xe9;s de los procesos de resarcitorios definidos para resarcir los da&#xf1;os morales; por otro, la v&#xed;a penal quedar&#xed;a para las acciones particularmente graves, como las vinculadas al terrorismo o a la expresa apolog&#xed;a de la violencia. Todo lo cual ser&#xed;a mucho m&#xe1;s respetuoso con el marco constitucional y m&#xe1;s eficaz que la actual &#xab;colecci&#xf3;n de normas penales tan rigurosas como inaplicables&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B34">Rey, 2018, p. 309</xref>).</p>
			</sec>
		</sec>
		<sec id="sec5" sec-type="conclusions">
			<title>Conclusiones</title>
			<p>La Historia demuestra que la generosidad para compartir el mundo no es una caracter&#xed;stica propia de los seres humanos. Si aumentan en n&#xfa;mero e intensidad los discursos de odio es porque nuestras sociedades son cada vez m&#xe1;s multiculturales, la poblaci&#xf3;n de un mismo lugar es cada vez m&#xe1;s heterog&#xe9;nea y los problemas econ&#xf3;micos latentes son un perfecto caldo de cultivo para las tensiones sociales.</p>
			<p>Aunque las instituciones p&#xfa;blicas europeas hacen &#xed;mprobos esfuerzos en pos de la igualdad material, los caminos empleados para contener los da&#xf1;os del discurso del odio no parecen id&#xf3;neos. Recurrir a la elaboraci&#xf3;n de tipos penales farragosos, confusos y sobredimensionados atenta contra la libertad de expresi&#xf3;n y cuestiona la vieja m&#xe1;xima de que el pensamiento no delinque. Pero el modelo contrario, el estadounidense, dista tambi&#xe9;n de ser perfecto, m&#xe1;xime cuando su Tribunal Supremo ha aceptado como un sacrificio v&#xe1;lido el dolor de buenas personas en el altar de la libertad de expresi&#xf3;n.</p>
			<p>Sea como fuere, la existencia de colectivos hist&#xf3;ricamente discriminados o, si se prefiere, vulnerables, no puede suponer <italic>per se</italic> que los comentarios contra ellos merezcan reproche jur&#xed;dico. No toda cr&#xed;tica es un menoscabo de la dignidad, por mucho que pueda afectar a algunas sensibilidades. Pues una de las diferencias entre sensibilidades y dignidad es que, posiblemente, las sensibilidades est&#xe1;n para ser criticadas.</p>
			<p>Vale la pena considerar que uno de los grandes problemas del discurso del odio radica precisamente en que sus mensajes siempre se consideran ataques globales contra todos los integrantes de alg&#xfa;n grupo, lo que en &#xfa;ltima instancia difumina la individualidad de sus miembros. Si las caracter&#xed;sticas definitorias de un colectivo -la fe, la orientaci&#xf3;n sexual, el color de piel, el pa&#xed;s de origen&#x2026;- son el fundamento de los estigmas y prejuicios que vehiculan el odio, tal vez el mejor camino a seguir sea exactamente el contrario: dejar de tratar a estos ciudadanos como un conjunto y potenciar su individualidad.</p>
			<p>En este sentido, la cuesti&#xf3;n procesal no es un debate menor, sino que tiene un hondo calado tanto filos&#xf3;fico como pragm&#xe1;tico. Es factible resolver los casos de discurso del odio mediante el derecho de da&#xf1;os morales acudiendo a las v&#xed;as civiles que ofrece el ordenamiento jur&#xed;dico a la hora de medir su alcance, impacto y una posible indemnizaci&#xf3;n. Pero, adem&#xe1;s, con este recurso se incrementar&#xed;a la facultad decisoria de cada sujeto te&#xf3;ricamente afectado, que podr&#xed;a libremente unirse -o no- a las acciones que tomen los organismos p&#xfa;blicos o las asociaciones creadas al respecto. A la par que se devolver&#xed;a el genio penal a su l&#xe1;mpara, que es perseguir la directa incitaci&#xf3;n a la violencia.</p>
			<p>No se trata de que una sociedad homog&#xe9;nea sea preferible a una sociedad heterog&#xe9;nea; se trata de garantizar la libertad de expresi&#xf3;n para todos, proteger la dignidad de todos y, en &#xfa;ltima instancia, no sobredimensionar la idea de que los colectivos minoritarios o hist&#xf3;ricamente desfavorecidos siempre necesitar&#xe1;n una tutela especial que, adem&#xe1;s, debe ser sancionadora.</p>
			<p>Cuesta renunciar a cualquier libertad -aunque sea la libertad de los intolerantes- sin ponderar de forma desapasionada qu&#xe9; se sacrifica y qu&#xe9; se protege. A fin de cuentas, el mejor derecho suele hacerse con las peores personas, reflexi&#xf3;n que no es sino una llamada a detener el paso en las encrucijadas para considerar, aunque sea por un momento, de d&#xf3;nde se viene, hacia d&#xf3;nde se va y qu&#xe9; dificultades tiene cada ruta.</p>
		</sec>
	</body>
	<back>
		<fn-group>
			<title>Notas</title>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>
					<sup>1</sup>
				</label>
				<p>Milk Wagon Drivers Union of Chicago local 753 et alios v. Meadowmoor Dairies, Inc., 312 U.S. 61 (1941), voto particular del juez Hugo Black. </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>
					<sup>2</sup>
				</label>
				<p>Recomendaci&#xf3;n General N&#xba; 15 relativa a la lucha contra el discurso del odio y memor&#xe1;ndum explicativo. Comisi&#xf3;n Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI), Consejo de Europa, 2016.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>
					<sup>3</sup>
				</label>
				<p>A mayor abundamiento, puede acudirse a la excelente ponencia que en el II Simposio de investigaci&#xf3;n criminol&#xf3;gica organizado por la Universidad de Castilla la Mancha impartieron Fernando Mir&#xf3; Llinares, Nazaret Alonso N&#xfa;&#xf1;ez y Nuria Rodr&#xed;guez G&#xf3;mez en el a&#xf1;o 2016. La presentaci&#xf3;n puede consultarse en: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://prezi.com/o8r1hnovkteu/el-principio-de-accion-reaccion-en-el-discurso-del-odio-e-in/">https://prezi.com/o8r1hnovkteu/el-principio-de-accion-reaccion-en-el-discurso-del-odio-e-in/</ext-link>
				</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>
					<sup>4</sup>
				</label>
				<p>STC 214/1991, de 11 de noviembre. Violeta Friedman (1930-2000) era una superviviente de Auschwitz-Birkenau que se instal&#xf3; en Espa&#xf1;a en 1965. En 1985, tras leer una entrevista del antiguo l&#xed;der de las Waffen SS Leon Degrelle (1906-1994) en la revista Tiempo, en las que negaba el Holocausto, clamaba por un nuevo F&#xfc;hrer y mostraba su desprecio por los jud&#xed;os, la se&#xf1;ora Friedman present&#xf3; una reclamaci&#xf3;n civil por da&#xf1;os a su honor que acab&#xf3; siendo resuelta a su favor por el Tribunal Constitucional.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>
					<sup>5</sup>
				</label>
				<p>Asunto Savva Terentyev v. Rusia, STEDH de 28 de agosto de 2018. En este caso, desde Estrasburgo se neg&#xf3; el reconocimiento de un car&#xe1;cter vulnerable a los cuerpos y fuerzas de seguridad p&#xfa;blicos, por m&#xe1;s que hubiesen sido receptores de insultos y cr&#xed;ticas fuera de tono.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>
					<sup>6</sup>
				</label>
				<p>La deshumanizaci&#xf3;n que sufren las personas sin hogar es el subtipo menos investigado de los delitos de odio. Los avances en este campo se deben en buena medida al excelente trabajo de la acad&#xe9;mica Adela Cortina Orts, quien se&#xf1;ala que los ataques a las personas sin hogar han pasado desapercibidos durante d&#xe9;cadas porque este colectivo, al contrario que otros, no tiene organizaci&#xf3;n, <italic>lobby</italic> o estructura estable de apoyo m&#xe1;s all&#xe1; de la atenci&#xf3;n caritativa. Son particularmente vulnerables porque la caracter&#xed;stica distintiva de los <italic>&#xe1;poroi</italic> no es una cuesti&#xf3;n cong&#xe9;nita, religiosa, &#xe9;tnica o cultural, sino que obedece a motivos puramente econ&#xf3;micos, dependientes de seg&#xfa;n qu&#xe9; avatares de la vida que muchas veces guardan estrecha relaci&#xf3;n con enfermedades como el alcoholismo, la ludopat&#xed;a, la drogadicci&#xf3;n o la depresi&#xf3;n. <italic>Vid.</italic>
					<xref ref-type="bibr" rid="B7">Cortina, 2017</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn7">
				<label>
					<sup>7</sup>
				</label>
				<p>Informe sobre la evoluci&#xf3;n de los delitos de odio en Espa&#xf1;a 2020, Ministerio del Interior, p. 17.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn8">
				<label>
					<sup>8</sup>
				</label>
				<p>Abrams v. United States, 250 US 616 (1919), voto particular del juez Oliver Wendell Holmes, quien defendi&#xf3; que la Primera Enmienda de la Constituci&#xf3;n garantizaba el derecho a manifestarse contra el apoyo estadounidense a los rivales de los bolcheviques durante la guerra civil rusa (1917-1922), toda vez que no hab&#xed;a riesgo alguno para el orden p&#xfa;blico, sino que se estaba ejerciendo una oposici&#xf3;n activa que fomentaba el libre debate sobre la actuaci&#xf3;n del Gobierno.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn9">
				<label>
					<sup>9</sup>
				</label>
				<p>New York Times Co. v. Sullivan, 376 US 254 (1964). En este caso, paradigm&#xe1;tico en lo relativo a la libertad de prensa, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos dio la raz&#xf3;n al New York Times y reconoci&#xf3; la utilidad del periodismo como herramienta para fomentar un debate sobre asuntos p&#xfa;blicos frente al derecho al honor de un comisario de polic&#xed;a en Montgomery, quien, aunque no hab&#xed;a sido citado expresamente, se sinti&#xf3; aludido por el contenido de un art&#xed;culo cr&#xed;tico con la brutalidad policial en la ciudad.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn10">
				<label>
					<sup>10</sup>
				</label>
				<p>Chaplinsky v. New Hampshire [1942] 315 U. S. 568. En este caso, un conocido predicador organizaba sermones p&#xfa;blicos muy incendiarios y agresivos contra otras religiones a los que acud&#xed;an miles de personas. Cuando fue compelido por las autoridades para contenerse y evitar altercados, reaccion&#xf3; de forma a&#xfa;n m&#xe1;s agresiva, provocando su condena por poner en peligro a terceros y a sus propios fieles. </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn11">
				<label>
					<sup>11</sup>
				</label>
				<p>Brandenburg v. Ohio, [1969] 395 U. S. 444. En este caso, el Tribunal Supremo ampar&#xf3; a un l&#xed;der del Ku Klux Klan que hab&#xed;a organizado manifestaciones contra &#xab;negros, jud&#xed;os y quienes les apoyen&#xbb;. Se entendi&#xf3; que la expresi&#xf3;n de estas ideas, por nociva que pueda ser, era la manifestaci&#xf3;n de una ideolog&#xed;a y, por lo tanto, solo podr&#xed;a ser sancionada si exist&#xed;a el deseo real de llevar a cabo alguna agresi&#xf3;n, una inmediatez en su comisi&#xf3;n y una alta probabilidad de que efectivamente hubiese un da&#xf1;o.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn12">
				<label>
					<sup>12</sup>
				</label>
				<p>Snyder v. Phelps, 562 US 443 (2011). En este caso, el Tribunal Supremo ampar&#xf3; al l&#xed;der de una congregaci&#xf3;n religiosa, a sus hijas y a algunos de sus ac&#xf3;litos que organizaron una manifestaci&#xf3;n pr&#xf3;xima al lugar en que se celebraba el funeral por un soldado fallecido en acto de servicio y, una vez all&#xed;, lanzaron proclamas vejatorias contra este, sus compa&#xf1;eros y la decadencia moral que, a su criterio, viv&#xed;a Am&#xe9;rica.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn13">
				<label>
					<sup>13</sup>
				</label>
				<p>Pueden aportarse varios ejemplos. En 2018, YouTube decidi&#xf3; eliminar 7,8 millones de v&#xed;deos, 1,6 millones de canales y 224 millones de comentarios para frenar la fuga de anunciantes, que exig&#xed;an la retirada de todo contenido de car&#xe1;cter filonazi, filoterrorista o incitador a la violencia, decisi&#xf3;n que elimin&#xf3; incluso piezas hist&#xf3;ricas como las pel&#xed;culas de Lenni Riefenstahl (1902-2022). En 2020, HBO Max retir&#xf3; la pel&#xed;cula <italic>Lo que el viento se llev&#xf3;</italic> (1939) por perpetuar estereotipos sobre la esclavitud. Walt Disney Company advierte a sus suscriptores que algunos de sus cl&#xe1;sicos m&#xe1;s ic&#xf3;nicos, como <italic>Dumbo</italic> (1941), <italic>Peter Pan</italic> (1953), <italic>Los aristogatos</italic> (1970) contienen un mensaje de &#xed;ndole racista. Este mismo 2022, Neil Young y Joni Mitchell advirtieron a Spotify que les retirar&#xed;an todas sus creaciones si no eliminaban los podcasts con contenidos contrarios a la vacunaci&#xf3;n y negacionistas de la COVID-19.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn14">
				<label>
					<sup>14</sup>
				</label>
				<p>Circular 7/2019, de 14 de mayo, de la Fiscal&#xed;a General del Estado, sobre pautas para interpretar los delitos de odio tipificados en el art&#xed;culo 510 del C&#xf3;digo Penal, p. 23.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn15">
				<label>
					<sup>15</sup>
				</label>
				<p>En particular, cabe destacar el caso de la manifestaci&#xf3;n que la asociaci&#xf3;n vecinal La Playa de Lavapi&#xe9;s quiso organizar durante la festividad cat&#xf3;lica del Jueves Santo, que consist&#xed;a en la celebraci&#xf3;n de la procesi&#xf3;n de la &#xab;Virgen del Sant&#xed;simo Co&#xf1;o Insumiso&#xbb;, perteneciente a la Hermandad del Santo Latrocinio. Dicha manifestaci&#xf3;n fue prohibida en esa fecha y en el itinerario previsto por la Delegaci&#xf3;n del Gobierno en Madrid, que argument&#xf3; que, si bien la manifestaci&#xf3;n no era en s&#xed; misma il&#xed;cita, s&#xed; supondr&#xed;a un problema de orden p&#xfa;blico su celebraci&#xf3;n en Jueves Santo por el centro de Madrid, pues su fin era eminentemente ofensivo para quienes participar&#xed;an en el culto cat&#xf3;lico (STSJM 209/2014, de 14 de abril). </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn16">
				<label>
					<sup>16</sup>
				</label>
				<p>STS 58/2006, de 10 de febrero, siendo ponente el magistrado D. Juan Antonio Xiol R&#xed;os.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn17">
				<label>
					<sup>17</sup>
				</label>
				<p>Asunto Handyside v. Reino Unido, STEDH de 7 de diciembre de 1976. El caso Handyside enfrent&#xf3; a los editores de un libro sobre educaci&#xf3;n sexual dirigido a j&#xf3;venes contra las leyes contra la obscenidad que estaban vigentes en el Reino Unido. Aunque el libro estaba comercializ&#xe1;ndose sin problemas en otros pa&#xed;ses de Europa, el Tribunal de Estrasburgo entendi&#xf3; que cab&#xed;a aplicar el margen de acci&#xf3;n nacional y dio la raz&#xf3;n al gobierno brit&#xe1;nico, entendiendo que estas leyes persegu&#xed;an un fin leg&#xed;timo.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn18">
				<label>
					<sup>18</sup>
				</label>
				<p>Asunto Pavel Ivanov v. Rusia, STEDH de 20 de febrero de 2007. El editor de un peri&#xf3;dico ruso solicit&#xf3; en una de sus publicaciones la desaparici&#xf3;n de los jud&#xed;os de la vida p&#xfa;blica, acus&#xe1;ndoles de ser uno de los grandes males de su patria y de la sociedad. Las autoridades rusas le condenaron por promover el antisemitismo, decisi&#xf3;n que fue ratificada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que neg&#xf3; que este tipo de publicaciones sirviesen para promover un sano debate social.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn19">
				<label>
					<sup>19</sup>
				</label>
				<p>A modo ejemplificativo, pueden consultarse: Asunto Koua Poirrez v. Francia, STEDH de 30 de septiembre de 2003; Asunto Mu&#xf1;oz D&#xed;az v. Espa&#xf1;a, STEDH de 8 de diciembre de 2009; Asunto Winterstein et alios v. Francia, STEDH de 17 de octubre de 2013. En estos casos, el Tribunal de Estrasburgo favoreci&#xf3; a integrantes de colectivos hist&#xf3;ricamente desfavorecidos que hab&#xed;an incumplido las leyes nacionales, entendiendo que, si no hab&#xed;a habido mala fe en sus acciones, lo justo era dar una soluci&#xf3;n equitativa.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn20">
				<label>
					<sup>20</sup>
				</label>
				<p>Asunto Leroy v. Francia, STEDH de 6 de abril de 2009. En este caso, el Tribunal de Estrasburgo respald&#xf3; la decisi&#xf3;n de los tribunales franceses, que hab&#xed;an condenado al autor de una serie de publicaciones humillantes vejatorias para las v&#xed;ctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 pocos d&#xed;as despu&#xe9;s de que se cometiesen. Se dio validez a la tesis que defend&#xed;a que el momento de la publicaci&#xf3;n era particularmente relevante, pues periodos de especial sensibilidad que hac&#xed;an ofensiva una publicaci&#xf3;n que, en otras fechas, s&#xed; habr&#xed;a estado amparada por la libertad de expresi&#xf3;n.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn21">
				<label>
					<sup>21</sup>
				</label>
				<p>Asunto E. S. v. Austria, STEDH de 23 de octubre de 2018. En este caso, una conferenciante fue condenada por ofensas a las sensibilidades religiosas tras impartir una serie de conferencias sobre el islam en la que tildaba a Mahoma de &#xab;pederasta&#xbb;, debido a que se cas&#xf3; con su quinta esposa cuando a&#xfa;n era una ni&#xf1;a. Las autoridades austriacas entendieron que los t&#xe9;rminos peyorativos empleados eran excesivos y buscaban ofender, tesis que fue avalada por el Tribunal de Estrasburgo.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn22">
				<label>
					<sup>22</sup>
				</label>
				<p>Asunto M&#xb4;bala M&#xb4;bala v. Francia, STEDH de 20 de octubre de 2015. En este caso, un comediante franc&#xe9;s fue condenado tras un espect&#xe1;culo en el que ridiculizaba el Holocausto, tras hacer part&#xed;cipes del mismo a varios ni&#xf1;os con pijama de rayas e invitar al escenario a Robert Faurisson, un conocido negacionista del genocidio jud&#xed;o. Los tribunales franceses entendieron que la obra era una manifestaci&#xf3;n del discurso del odio por su acervado antisemitismo, tesis que fue avalada por el Tribunal de Estrasburgo. </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn23">
				<label>
					<sup>23</sup>
				</label>
				<p>Asunto S&#xfc;rek y &#xd6;zdemir v. Turqu&#xed;a, STEDH de 8 julio de 1999. En este caso, el Tribunal de Estrasburgo ampar&#xf3; a los editores de un peri&#xf3;dico turco que hab&#xed;an sido condenados por publicar una entrevista a l&#xed;deres del Partido de Trabajadores del Kurdist&#xe1;n, grupo causante de varios atentados. El Tribunal distingui&#xf3; el derecho del p&#xfa;blico a ser informado sobre una cuesti&#xf3;n tan relevante, que se hab&#xed;a visto sobrelimitado, del deber de los periodistas de evitar el fomento del odio y la violencia en sus publicaciones.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn24">
				<label>
					<sup>24</sup>
				</label>
				<p>Asunto Eva Glawischinig-Piesczek v. Facebook Ireland Limited, C-18/18, STJUE, de 3 de octubre de 2019. En este caso, una representante pol&#xed;tica solicit&#xf3; a Facebook que borrase una publicaci&#xf3;n en la que era gravemente insultada, as&#xed; como que identificase y borrase tambi&#xe9;n todas sus reproducciones. Faceebok entend&#xed;a que no le correspond&#xed;a la responsabilidad de determinar cu&#xe1;ntas veces se hab&#xed;a compartido la publicaci&#xf3;n en cuesti&#xf3;n ni qui&#xe9;nes lo hab&#xed;an hecho. El Tribunal de Justicia de la Uni&#xf3;n Europea entendi&#xf3; que la identificaci&#xf3;n de contenidos id&#xe9;nticos a los declarados ilegales era labor del prestador de servicio, que deb&#xed;a proceder a su b&#xfa;squeda y borrado.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn25">
				<label>
					<sup>25</sup>
				</label>
				<p>Asunto F&#xe9;ret v. B&#xe9;lgica, STEDH de 16 de julio de 2009. Cuando un integrante del Frente Nacional emiti&#xf3; durante una campa&#xf1;a electoral unas soflamas contrarias al colectivo musulm&#xe1;n -lo denomin&#xf3; el &#xab;cus-c&#xfa;s klan&#xbb;- y a las pol&#xed;ticas de integraci&#xf3;n de su pa&#xed;s, fue condenado por su discurso xen&#xf3;fobo. El Tribunal de Estrasburgo ratific&#xf3; la decisi&#xf3;n, entendiendo que el contenido era innecesariamente ofensivo y fomentaba a la violencia y al rechazo de los inmigrantes.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn26">
				<label>
					<sup>26</sup>
				</label>
				<p>Asunto Sanchez v. Francia, STEDH de 2 de septiembre de 2019. En este caso, un diputado franc&#xe9;s emple&#xf3; su perfil de Facebook para publicar mensajes en la que equiparaba al colectivo musulm&#xe1;n de la ciudad de N&#xee;mes con meros &#xab;traficantes de drogas&#xbb; o proxenetas y prostitutas y acus&#xf3; al alcalde de la ciudad de haberles entregado la ciudad. Los tribunales franceses sentenciaron que sus palabras no estaban amparadas por la libertad de expresi&#xf3;n, pues fomentaban un clima de odio e islamofobia. </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn27">
				<label>
					<sup>27</sup>
				</label>
				<p>Los art&#xed;culos 3.6 y 3.7 del Estatuto Org&#xe1;nico del Ministerio Fiscal se&#xf1;alan que corresponde al Ministerio Fiscal &#xab;tomar parte, en defensa de la legalidad y del inter&#xe9;s p&#xfa;blico o social, en los procesos relativos al estado civil y en los dem&#xe1;s que establezca la ley&#xbb; e &#xab;intervenir en los procesos civiles que determine la ley cuando est&#xe9; comprometido el inter&#xe9;s social o cuando puedan afectar a personas menores, incapaces o desvalidas&#xbb;.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn28">
				<label>
					<sup>28</sup>
				</label>
				<p>Directiva (UE) 2020/1828 del Parlamento Europeo y del Consejo de 25 de noviembre de 2020 relativa a las acciones de representaci&#xf3;n para la protecci&#xf3;n de los intereses colectivos de los consumidores, y por la que se deroga la Directiva 2009/22/CE.</p>
			</fn>
		</fn-group>
		<ref-list>
			<title>Bibliograf&#xed;a</title>
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				<mixed-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<string-name>
							<surname>Acosta</surname>
							<given-names>P.</given-names>
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					</person-group>
					<chapter-title>Tratamiento jur&#xed;dico de las acciones de odio</chapter-title>
					<person-group person-group-type="editor">
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							<surname>Bermejo</surname>
							<given-names>R.</given-names>
						</string-name>
						<string-name>
							<surname>Bazaga</surname>
							<given-names>I.</given-names>
						</string-name>
					</person-group>
					<source>Radicalizaci&#xf3;n violenta en Espa&#xf1;a. Detecci&#xf3;n, gesti&#xf3;n y respuesta</source>
					<publisher-name>Tirant lo Blanch</publisher-name>
					<publisher-loc>Valencia</publisher-loc>
					<year>2019</year>
				</mixed-citation>
			</ref>
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				<mixed-citation publication-type="journal">
					<person-group person-group-type="author">
						<string-name>
							<surname>Alastuey</surname>
							<given-names>M. C.</given-names>
						</string-name>
					</person-group>
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