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				<journal-title>Isegor&#xed;a</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Isegor&#xed;a</abbrev-journal-title>
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			<issn publication-format="electronic">1988-8376</issn>
			<issn-l>1130-2097</issn-l>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#xed;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">isegoria.2022.67.11</article-id>
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					<subject>Art&#xed;culos</subject>
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				<article-title>Lamentaci&#xf3;n del agente y su reconocimiento en el duelo<xref ref-type="fn" rid="fn0">
						<sup>*</sup>
					</xref>
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					<trans-title>Agent regret and its acknowledgment in grief</trans-title>
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					<contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-5308-5226</contrib-id>
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						<surname>C&#xe1;zares Blanco</surname>
						<given-names>Roc&#xed;o</given-names>
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					<aff id="aff1"><institution>Universidad Aut&#xf3;noma de Zacatecas</institution>, <country>M&#xe9;xico</country></aff>
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			<issue>67</issue>
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					<license-p>Este es un art&#xed;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#xe9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#xf3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p>En el duelo frecuentemente rememoramos con pesar los sufrimientos que le causamos a la persona fallecida, pero algunos de esos apesadumbrados recuerdos nos desconciertan y hasta pueden hacernos dudar de la sinceridad de nuestro amor por ella porque, aunque lamentamos profundamente haberla hecho sufrir, no nos arrepentimos de haber actuado como actuamos. En este art&#xed;culo examino las caracter&#xed;sticas, tipos y naturaleza de la emoci&#xf3;n a la que Bernard Williams llam&#xf3; &#xab;<italic>agent-regret&#xbb;</italic> (lamentaci&#xf3;n o pesadumbre del agente), para sostener que aquella experiencia del doliente puede entenderse como una instancia particular de esta emoci&#xf3;n. Adem&#xe1;s, hago algunas consideraciones acerca de c&#xf3;mo el proceso mismo del duelo complica la de por s&#xed; dif&#xed;cil experiencia de lamentarse como agente.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>In grief, we often ruefully relive the times we hurt the deceased, but some of those gloomy memories bewilder us and can even drive us to doubt the sincerity of our love for him or her because, although we deeply regret the suffering we caused, we don&#x2019;t feel remorse for having acted as we did. In this article I examine the nature, features and varieties of the emotion Bernard Williams called &#x201c;agent-regret&#x201d;, to argue that the aforementioned experience can be understood as a particular case of agent regret. In addition, I explore some of the ways in which the grieving process itself complicates the already difficult experience of agent regret. </p>
			</trans-abstract>
			<kwd-group>
				<kwd>Lamentaci&#xf3;n del agente</kwd>
				<kwd>culpa</kwd>
				<kwd>responsabilidad</kwd>
				<kwd>fortuna moral</kwd>
				<kwd>duelo</kwd>
				<kwd>Bernard Williams</kwd>
			</kwd-group>
			<kwd-group xml:lang="en">
				<kwd>Agent-regret</kwd>
				<kwd>Guilt</kwd>
				<kwd>Responsibility</kwd>
				<kwd>Moral luck</kwd>
				<kwd>Grief</kwd>
				<kwd>Bernard Williams</kwd>
			</kwd-group>
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	<body>
		<disp-quote>
			<p>A Jorge Ar&#xe1;mburo (1963-2021), por la fortuna de nuestra amistad sin lamentos</p>
		</disp-quote>
		<p>El duelo es una respuesta emocional a la p&#xe9;rdida real, percibida o anticipada de algo significativo en nuestras vidas: una persona, un v&#xed;nculo afectivo, un ideal, etc. La experiencia paradigm&#xe1;tica del duelo es la que se sufre tras la muerte de una persona y es de la que aqu&#xed; me ocupo. Se trata de una experiencia compleja que suele incluir episodios de tristeza, nostalgia, ira, miedo al futuro, etc., adem&#xe1;s de otras emociones conectadas con juicios autocr&#xed;ticos acerca de la forma en que uno se comport&#xf3; con la persona ahora fallecida, por ejemplo, remordimiento, culpa o, incluso, verg&#xfc;enza. Quien est&#xe1; en duelo puede considerar que en algunos casos estas emociones est&#xe1;n justificadas o son adecuadas porque, en tal o cual ocasi&#xf3;n, se comport&#xf3; de modo injusto, insensible, cruel, etc. En otros casos, sin embargo, dichas emociones pueden coexistir, en una tensi&#xf3;n inc&#xf3;moda e incluso desconcertante, con la evaluaci&#xf3;n retrospectiva que el doliente hace de su comportamiento; un hijo en duelo puede pensar, por ejemplo, que no actu&#xf3; de modo reprobable al dejar de frecuentar a su padre en sus &#xfa;ltimos a&#xf1;os de vida y, a pesar de eso, sentir algo muy similar a la culpa o el remordimiento por haberlo hecho sufrir al distanciarse. </p>
		<p>Es posible que algunas tensiones entre emociones y creencias, como la del ejemplo anterior, tengan su origen en el autoenga&#xf1;o o la autosugesti&#xf3;n. Aquel hijo se podr&#xed;a estar autoenga&#xf1;ando cuando juzga no haber actuado de modo reprobable con su padre, en un intento, consciente o no, de mitigar la culpa y el malestar que la acompa&#xf1;a. Otra posibilidad es que &#xe9;l estuviera alimentando sentimientos de culpa que no puede justificar con un an&#xe1;lisis veraz de su comportamiento pasado, alentado, quiz&#xe1;s, por una herencia cultural que tiene en alta estima al autoexamen suspicaz, o bien por un deseo, reconocido o no, de que otros lo consuelen record&#xe1;ndole lo buen hijo que fue. Pero si no hay autoenga&#xf1;o ni autosugesti&#xf3;n detr&#xe1;s de ese aparente choque entre las emociones y los juicios del doliente, cosa que de ninguna manera estoy sugiriendo que sea f&#xe1;cil de determinar, entonces &#xbf;qu&#xe9; es lo que hay? </p>
		<p>En este art&#xed;culo sostengo que aquel tipo de tensi&#xf3;n que algunos dolientes experimentan entre sus emociones y sus creencias puede entenderse, cuando no es efecto del autoenga&#xf1;o o la autosugesti&#xf3;n, a la luz de lo que <xref ref-type="bibr" rid="B22">Bernard Williams (1993a)</xref> llam&#xf3; &#xab;<italic>agent-regret</italic>&#xbb; (lamentaci&#xf3;n o pesadumbre del agente) y, m&#xe1;s espec&#xed;ficamente, a la luz de un subtipo de esta emoci&#xf3;n en el cual uno lamenta lo que provoc&#xf3; a pesar de no desear haber hecho otra cosa distinta de la que hizo. En las dos primeras secciones identifico los rasgos distintivos de la lamentaci&#xf3;n del agente, examino algunos debates en torno a su naturaleza a partir, principalmente, de las cr&#xed;ticas que <xref ref-type="bibr" rid="B2">Carla Bagnoli (2000)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B21">David Sussman (2018)</xref> han hecho a la propuesta de Williams, y analizo subtipos de la emoci&#xf3;n con especial detenimiento en aquel que sostengo que da cuenta de casos como el que ilustr&#xe9; con el hijo en duelo. En la tercera y &#xfa;ltima secci&#xf3;n considero algunas complicaciones que el proceso de duelo a&#xf1;ade a la de por s&#xed; ya dif&#xed;cil experiencia de lamentarse como agente.</p>
		<sec id="sec1">
			<label>1.</label>
			<title>Las diversas formas del lamento</title>
			<p>La emoci&#xf3;n de lamentar algo que ha sucedido (<italic>regret</italic>) involucra sentimientos, deseos, im&#xe1;genes, pensamientos y formas de expresi&#xf3;n. Es constitutivo de esta emoci&#xf3;n el pensamiento de que habr&#xed;a sido mucho mejor que lo que sucedi&#xf3; no hubiera sucedido o que hubiera sucedido de modo distinto, as&#xed; como el deseo correspondiente de que las cosas hubieran sido distintas de lo que fueron (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Williams, 1993a, pp. 43 y 47</xref>). Podemos lamentar estados indeseables de cosas que son efecto de eventos naturales o de la acci&#xf3;n humana, y que afectan a los propios intereses, a los de otros seres humanos o a los de otras entidades no humanas. Cuando es una acci&#xf3;n humana la que produjo el da&#xf1;o que lamentamos, puede ser el caso que el agente sea uno mismo o alguien m&#xe1;s, y que se trate de una acci&#xf3;n voluntaria o involuntaria. En lo que sigue considerar&#xe9; exclusivamente los casos en que alguien lamenta el da&#xf1;o que le caus&#xf3; a otra persona humana.</p>
			<p>A pesar de que uno mismo haya sido el agente causal de un estado indeseable de cosas es posible lamentar este desde la perspectiva de un mero observador, incluso si nuestra aflicci&#xf3;n es aguda. Quien ha golpeado a un vecino bajo los efectos de una crisis bipolar impredecible o quien ha lastimado a un descuidado compa&#xf1;ero de nataci&#xf3;n que invadi&#xf3; su carril, probablemente, aunque no necesariamente, contemple su acci&#xf3;n desde el punto de vista de la tercera persona, disoci&#xe1;ndose de ella como lo har&#xed;a un mero observador, pues asume que cuando hizo lo que hizo estaba <italic>fuera de s&#xed;</italic>, como suele decirse, o bien que no estaba en su poder evitar el da&#xf1;o que la otra persona sufri&#xf3;. En otras ocasiones uno lamenta el estado indeseable de cosas que produjo con sus acciones desde la perspectiva interna de la primera persona, desde el punto de vista de quien considera que estuvo en sus manos actuar de modo distinto y, as&#xed;, evitar el da&#xf1;o que lamenta. Esta forma de lamentarse es la que esperar&#xed;amos de alguien que, por ejemplo, incendi&#xf3; por imprudencia la casa de sus padres o permiti&#xf3; que calumniaran a un amigo para no perder la simpat&#xed;a de los calumniadores. </p>
			<p>En la literatura filos&#xf3;fica se conoce a los dos tipos de lamentaci&#xf3;n mencionados como &#xab;lamentaci&#xf3;n del espectador&#xbb; (<italic>spectator-regret</italic>) y &#xab;lamentaci&#xf3;n del agente&#xbb; (<italic>agent-regret</italic>), respectivamente, y fue Bernard Williams quien inicialmente estableci&#xf3; la distinci&#xf3;n en &#x201c;Moral Luck&#x201d; (1976)<xref ref-type="fn" rid="fn1">
					<sup>1</sup>
				</xref>. Dice Williams: </p>
			<disp-quote>
				<p>[E]xiste una especie particularmente importante de lamentaci&#xf3;n, a la que llamar&#xe9; &#x201c;lamentaci&#xf3;n del agente&#x201d;, la cual puede sentir una persona solo con respecto a sus propias acciones pasadas (o, cuando mucho, a las acciones en las que se considera part&#xed;cipe). En este caso, la supuesta posible diferencia [respecto de la lamentaci&#xf3;n que se siente como espectador] es que uno podr&#xed;a haber actuado diferente, y el centro de la lamentaci&#xf3;n se encuentra en tal posibilidad, habi&#xe9;ndose formado la idea, en parte, por concepciones en primera persona de c&#xf3;mo uno podr&#xed;a haber actuado de otra manera (<xref ref-type="bibr" rid="B22">1993a, pp. 43-44</xref>).</p>
			</disp-quote>
			<p>Al lamentarnos como agentes nuestra atenci&#xf3;n est&#xe1; centrada, pues, en el hecho de haber actuado como actuamos, pese a que podr&#xed;amos haber actuado de otro modo, y no simplemente en el pensamiento, com&#xfa;n a toda lamentaci&#xf3;n, de que se ha producido un estado indeseable de cosas<xref ref-type="fn" rid="fn2">
					<sup>2</sup>
				</xref>; en este sentido, como se&#xf1;ala <xref ref-type="bibr" rid="B16">Joseph Raz (2012, p. 139)</xref>, la lamentaci&#xf3;n del agente es una actitud esencialmente autorreferencial. En casos como el de quien provoca un incendio imprudencial no sorprende que la emoci&#xf3;n que se tiene sea lamentaci&#xf3;n del agente, pero puede resultar desconcertante que sea esta la emoci&#xf3;n que alguien experimenta en situaciones como la del nadador que lastima al descuidado compa&#xf1;ero de nataci&#xf3;n o, para citar un ejemplo de Am&#xe9;lie O. Rorty (que es una variante de un ejemplo de Williams), en casos como el de un conductor que atropella a un peat&#xf3;n cuando, en una noche de lluvia, otro auto impacta contra el suyo. Es porque los pensamientos del conductor se centran insistentemente en su contribuci&#xf3;n a la cadena causal que termin&#xf3; con el peat&#xf3;n atropellado y en los escenarios alternos de acci&#xf3;n que podr&#xed;an haber cambiado el curso de los acontecimientos, por lo que cabe atribuirle la emoci&#xf3;n de lamentarse como agente y no como mero espectador: &#xab;Si no hubiera decidido ir al cine bajo una lluvia torrencial&#x2026; Si tan solo hubiera frenado&#x2026; Si no hubiera rebasado al auto en la &#xfa;ltima cuadra&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Rorty, 1980, p. 493</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn3">
					<sup>3</sup>
				</xref>.</p>
			<p>Las formas en que se expresan las lamentaciones del agente y del espectador tambi&#xe9;n son diferentes. Quien se lamenta como espectador por un da&#xf1;o que ha provocado puede no &#xfa;nicamente sentir la necesidad de repararlo en la medida de lo posible, sino tambi&#xe9;n reconocer que es su responsabilidad hacerlo, como esperar&#xed;amos que reconociera quien golpe&#xf3; a su vecino bajo los efectos de una crisis bipolar impredecible; no obstante, esta necesidad de ofrecer una respuesta es <italic>de tipo externo</italic>, como la califica <xref ref-type="bibr" rid="B22">Williams (1993a, p. 45)</xref>, porque depende de un punto de vista en que la atenci&#xf3;n se dirige al estado de cosas indeseable que afecta a la v&#xed;ctima, y no a la revisi&#xf3;n de la propia actuaci&#xf3;n y lo que uno pudo haber hecho de modo distinto para evitar el da&#xf1;o que caus&#xf3;. Esto mismo explica, seg&#xfa;n Williams, que el malestar propio de la lamentaci&#xf3;n de un espectador tienda a desaparecer o a mitigarse muy considerablemente una vez que, por ejemplo, su aseguradora ha cubierto los gastos para reparar el da&#xf1;o y/o compensar a la v&#xed;ctima o a sus allegados; es de esperar, desde luego, que en la persistencia de su lamentaci&#xf3;n influyan tambi&#xe9;n factores como la gravedad del da&#xf1;o que la otra persona sufri&#xf3;, el grado en que esta es responsable de c&#xf3;mo se dieron las cosas, etc. En contraste con lo anterior, es propio de la lamentaci&#xf3;n de un agente el sentir la necesidad de involucrarse personalmente en acciones reparativas del da&#xf1;o o, si esto no es posible, al menos en gestos que simb&#xf3;licamente constituyan una reparaci&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Williams, 1993a, pp. 44-45</xref>); el conductor que atropell&#xf3; al peat&#xf3;n en una noche lluviosa podr&#xed;a sentir necesidad, por ejemplo, de ofrecerle pasear a su perro mientras convalece o, si por desgracia el peat&#xf3;n ha muerto, de llevar flores a su tumba, independientemente de que su aseguradora se haya hecho cargo ya de los gastos ocasionados o haya pagado alguna compensaci&#xf3;n a los deudos.</p>
			<p>No es extra&#xf1;o que muchas instancias de lamentaci&#xf3;n del agente est&#xe9;n acompa&#xf1;adas por la culpa, una emoci&#xf3;n que tiene como elemento constitutivo al pensamiento de que se ha actuado de modo censurable, indebido, injusto, etc. (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Rorty 1980, p. 499</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B21">Sussman, 2018, p. 792</xref>). Estas instancias pueden tener por objeto el da&#xf1;o que uno caus&#xf3; a trav&#xe9;s de acciones involuntarias, como provocar un incendio por no asegurarnos de apagar bien nuestra fogata, y tambi&#xe9;n de acciones voluntarias, como no defender a un amigo a quien calumniaron en nuestra presencia. Pero hay otras instancias de lamentaci&#xf3;n del agente que a primera vista pueden resultar desconcertantes, tanto para quien las experimenta como para quien se percata de ello, porque conjuntan lo siguiente: por un lado, el agente piensa que la acci&#xf3;n que realiz&#xf3; y que produjo el da&#xf1;o que lamenta no es censurable y que, por tanto, no hay razones para que se sienta culpable; por otro lado, &#xe9;l le da vueltas a la angustiante idea de que estaba en sus manos hacer otra cosa distinta de la que hizo y que, de haberla hecho, quiz&#xe1;s habr&#xed;a evitado el da&#xf1;o que tan profundamente lamenta; es una instancia de este tipo la que Williams ilustra as&#xed;: </p>
			<disp-quote>
				<p>Un chofer de cami&#xf3;n que, sin tener la culpa, atropella a un ni&#xf1;o, sentir&#xe1; algo muy distinto que cualquier espectador, incluso uno que vaya junto a &#xe9;l en el cami&#xf3;n, excepto quiz&#xe1; hasta el punto en que al espectador se le ocurra que pudo haberlo evitado, una idea que le corresponde a un agente. Sin duda, y correctamente, las personas que reconforten al chofer tratar&#xe1;n de eliminar este sentimiento, de hacerlo pasar de ese estado a uno en el que se sienta en el lugar de un espectador, pero es importante notar que se considera que esto deber&#xed;a hacer falta, y de hecho se tendr&#xe1;n ciertas dudas respecto a un chofer que adopte tal posici&#xf3;n demasiado r&#xe1;pida o f&#xe1;cilmente. Lo sentimos por el chofer, pero este sentimiento coexiste, y de hecho presupone, que hay algo especial respecto a su relaci&#xf3;n con el suceso, algo que no puede eliminarse meramente mediante la consideraci&#xf3;n de que no fue culpa suya (<xref ref-type="bibr" rid="B22">1993a, p. 44</xref>).</p>
			</disp-quote>
			<p>Dar por hecho que lo racional es que una persona se disocie como agente de los estados indeseables de cosas que provoc&#xf3; sin culpa alguna de su parte, conduce desde el desconcierto inicial hasta el diagn&#xf3;stico de que es irracional la lamentaci&#xf3;n del chofer que, en la situaci&#xf3;n del ejemplo anterior, no deja de rumiar afligido: hubiera podido tomar la otra ruta que acostumbro; si tan solo me hubiera detenido a comprar un caf&#xe9;, como hago casi siempre; etc. Pero imaginemos por un momento que el chofer hace aquella disociaci&#xf3;n al contemplar al ni&#xf1;o reci&#xe9;n atropellado y, despu&#xe9;s de llamar a una ambulancia y declarar ante los agentes de tr&#xe1;nsito, prosigue tranquilamente su camino sin dedicarle un pensamiento m&#xe1;s al asunto. O para recurrir a otra poderosa imagen que utiliza Williams en <italic>Verg&#xfc;enza y necesidad</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B24">2011</xref>), imaginemos a Edipo en el momento en que descubre lo que ha hecho; imagin&#xe9;moslo lament&#xe1;ndose por hechos tan horribles, pero dici&#xe9;ndose, con gran alivio, que afortunadamente en sentido estricto &#xe9;l no fue su autor, pues matar a su padre y casarse con su madre no es algo que haya hecho intencionalmente y no incurri&#xf3; en descuido alguno que lo hiciera culpable de haber hecho lo que no pretend&#xed;a. Este Edipo <italic>kantiano</italic>, por as&#xed; decirlo<xref ref-type="fn" rid="fn4">
					<sup>4</sup>
				</xref>, capaz de ver aspectos tan relevantes de su propia historia desde la perspectiva del espectador, en virtud de su consideraci&#xf3;n de que no ha incurrido en acci&#xf3;n culposa alguna en relaci&#xf3;n con ellos, este, digo, es el que tendr&#xed;a que desconcertarnos y parecernos moralmente sospechoso, no el Edipo angustiado que describe S&#xf3;focles. Dice Williams:</p>
			<disp-quote>
				<p>Porque, si se me permite plantear una pregunta muy ingenua, &#xbf;qu&#xe9; se supone que uno debe hacer si descubre que, no meramente en la fantas&#xed;a, sino en la vida real, ha asesinado a su padre y se ha casado con su madre? Ni siquiera Edipo, tal y como se le representa en sus &#xfa;ltimos d&#xed;as, pensaba que la ceguera y el exilio tuvieran que ser la respuesta. &#xbf;Pero acaso no deb&#xed;a haber respuesta? &#xbf;Es como si nunca hubiera pasado nada? O mejor, para hacer la pregunta adecuada: &#xbf;es como si Layo hubiera muerto, por ejemplo, asesinado en efecto, pero, como Edipo al principio crey&#xf3; y despu&#xe9;s, durante un breve espacio de tiempo, espero, a manos de otra persona? Todo <italic>Edipo rey</italic>, esa espantosa maquinaria, se mueve hacia el descubrimiento de una sola cosa: que <italic>lo hizo &#xe9;l</italic>&#x2026; El suceso terrible que le ha ocurrido, sin tener &#xe9;l la culpa, es que &#xe9;l hizo esas cosas (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Williams, 2011, pp. 117 y 119</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn5">
						<sup>5</sup>
					</xref>.</p>
			</disp-quote>
			<p>Quien se lamenta como agente por los efectos no intencionales de una acci&#xf3;n no censurable puede incurrir en excesos y obsesiones irracionales, cosa que solo puede evaluarse a la luz de consideraciones particulares sobre la gravedad del da&#xf1;o que provoc&#xf3;, las circunstancias en que lo hizo, la respuesta que siente necesidad de ofrecer como compensaci&#xf3;n y la que de hecho ofrece, etc. Pero es importante reconocer que no siempre es insensato que uno se lamente como agente por los efectos no intencionales y no culposos de sus acciones, m&#xe1;s a&#xfa;n, que hacerlo en determinadas ocasiones revela un aspecto fundamental de nuestra identidad y car&#xe1;cter como agentes. Como dice Raz, la lamentaci&#xf3;n del agente &#xab;est&#xe1; relacionada con el sentido que uno tiene de qui&#xe9;n es. Cuando me lamento como agente por una acci&#xf3;n m&#xed;a, me siento mal o afligido por ser o haberme convertido en una persona que actu&#xf3; de esa forma&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B16">2012, p. 140</xref>); aunque en maneras distintas, otras de nuestras emociones tambi&#xe9;n se relacionan con la identidad pr&#xe1;ctica, por ejemplo, el orgullo, la culpabilidad y algunas instancias de la verg&#xfc;enza. </p>
			<p>La comprensi&#xf3;n de la lamentaci&#xf3;n del agente supone, pues, un marco explicativo de la vida moral seg&#xfa;n el cual, en palabras de Williams, &#xab;[l]a historia de una persona como agente es una red en la que cualquier cosa que sea producto de la voluntad est&#xe1; rodeada y sostenida y parcialmente formada por cosas que no lo son&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Williams, 1993a, p. 46</xref>). Edipo es el agente que es por lo que ha hecho, tanto intencional como no intencionalmente, y es imposible aislar tajantemente una cosa de la otra; &#xe9;l mat&#xf3; intencionalmente a un hombre en el cruce de caminos y se cas&#xf3; intencionalmente con la reina Yocasta, pero las circunstancias por las cuales no supo reconocer en aquel hombre a su padre y en esta reina a su madre no fueron efecto de sus elecciones; pese a todo, fue &#xe9;l quien mat&#xf3; a su padre y se cas&#xf3; con su madre, quien tiene que vivir con ello y decidir c&#xf3;mo responder por lo que ha hecho, ante los otros y ante s&#xed; mismo. La met&#xe1;fora de la identidad del agente como una red constituida por los hilos de lo voluntario y lo no voluntario tambi&#xe9;n se aplica, desde luego, a vidas que transcurren sin sobresaltos tr&#xe1;gicos, y solo considerando esto se puede dar cuenta de la importancia moral que tiene la emoci&#xf3;n de lamentarse como agente.</p>
			<p>Hasta aqu&#xed; he distinguido diversas formas en las que pueden combinarse la lamentaci&#xf3;n, la culpa y la responsabilidad. Podemos lamentamos como espectadores por lo que hemos provocado de modo no voluntario y no culposo y, si reconocemos alg&#xfa;n tipo de responsabilidad, ese reconocimiento ser&#xe1; de tipo externo. En contraste, si nos lamentemos como agentes la necesidad de ofrecer reparaciones o compensaciones ser&#xe1; una que nos implica personalmente; en este caso, es posible que el da&#xf1;o que lamentamos lo hayamos provocado: (a) al hacer voluntariamente algo censurable, como quien permite que difamen a un amigo; (b) al hacer involuntariamente algo censurable, como quien provoca un incendio imprudencial; (c) al hacer voluntariamente algo no censurable que, no obstante, es parte de una cadena causal que produce un estado de cosas indeseable y que el agente no pod&#xed;a prever, como quien conduce su cami&#xf3;n por una autopista y, sin cometer descuido alguno, atropella a un imprudente peat&#xf3;n. Otra posibilidad que falta por examinar es la de quien se lamenta como agente por un efecto no deseado, aunque s&#xed; previsible, de una acci&#xf3;n voluntaria y no censurable; ese efecto, aunque la persona supiera que muy probablemente se producir&#xed;a, no es lo que ella se propon&#xed;a al realizar la acci&#xf3;n voluntaria que lo caus&#xf3;. Una instancia de este &#xfa;ltimo tipo de lamentaci&#xf3;n es la que me interesa considerar en relaci&#xf3;n con el duelo y en ella me concentrar&#xe9; de aqu&#xed; en adelante.</p>
		</sec>
		<sec id="sec2">
			<label>2.</label>
			<title>Lamentarnos como agentes sin desear haber hecho otra cosa distinta de la que hicimos</title>
			<p>Al inicio de este art&#xed;culo sostuve que el autoenga&#xf1;o y la autosugesti&#xf3;n son algunas veces la causa de la aparente tensi&#xf3;n entre las emociones y los juicios de una persona, e ilustr&#xe9; esto con el hijo que, sin creerse culpable, siente pesar por el sufrimiento que le caus&#xf3; a su padre al distanciarse de &#xe9;l. Consideremos ahora una variante de este ejemplo: el caso de una mujer que ha tenido una relaci&#xf3;n conflictiva con su padre debido a que este tiene actitudes que a ella le parecen machistas, las cuales expresa en las conversaciones sobre casi cualquier tema y, adem&#xe1;s, con un &#xe1;nimo aleccionador. Ella puede decidir en alg&#xfa;n momento reducir dr&#xe1;sticamente las visitas a su padre y la frecuencia con la que compart&#xed;an algunas actividades, porque no quiere quedarse callada ante aquellas expresiones que juzga indignantes y sus protestas solo los han conducido a enzarzarse en agrias discusiones; cuando se esfuerza por quedarse callada, dif&#xed;cilmente puede contener su enojo y su fastidio, y los intentos de ambos por mantenerse alejados de temas que hagan aflorar sus desacuerdos han hecho que sus intercambios sean tensos y fr&#xed;os. Desde el punto de vista de ella, cada reuni&#xf3;n con su padre termina mal para ambos y piensa que, al menos para s&#xed; misma, lo m&#xe1;s saludable es mantener una mayor distancia, telefonearle de vez en cuando, saludarlo por su cumplea&#xf1;os y poco m&#xe1;s. Est&#xe1; consciente de que su padre no &#xfa;nicamente considera que su alejamiento es un acto de soberbia e ingratitud, sino que, adem&#xe1;s, se siente profundamente lastimado, rechazado, juzgado injustamente por alguien a quien ama, etc.; ella lamenta provocar todo esto en su padre, pero tambi&#xe9;n piensa que no act&#xfa;a de modo censurable al proteger su propia tranquilidad emocional y al negarse a aceptar un trato que considera indigno. Un d&#xed;a se decide por fin a tomar distancia y, a trav&#xe9;s de las semanas, los meses y los a&#xf1;os, sigue convencida de no estar actuado de modo reprobable, pero tambi&#xe9;n sigue lamentando hacer sufrir a su padre y tiene ideas recurrentes y angustiosas de otros cursos de acci&#xf3;n disponibles que podr&#xed;an evitarle ese sufrimiento o, cuando menos, mitigar su intensidad: podr&#xed;a esforzarse m&#xe1;s para hacerle entender que se siente agredida y, quiz&#xe1;s, eso mejorar&#xed;a su relaci&#xf3;n; podr&#xed;a ser m&#xe1;s paciente y dejar pasar las cosas que le molestan; podr&#xed;a poner un pretexto cre&#xed;ble para explicar su distanciamiento, de modo que &#xe9;l no lo interpretara como un rechazo; etc.</p>
			<p>Suponiendo que el diagn&#xf3;stico de la situaci&#xf3;n que hace esta mujer es b&#xe1;sicamente correcto, y que sus creencias y emociones resisten a la cr&#xed;tica racional y no son producto del autoenga&#xf1;o o la autosugesti&#xf3;n, cabe sostener que lo que ella experimenta es lamentaci&#xf3;n del agente por los efectos no buscados ni deseados, aunque s&#xed; previstos, de una acci&#xf3;n voluntaria y no censurable. Su experiencia emocional incluye, entre otras cosas, el reconocimiento de ser una fuente de sufrimiento para su padre, aunque hubiera querido que esto no fuera el caso y no sea lo que se propon&#xed;a al alejarse; la autopercepci&#xf3;n de ser una persona no &#xfa;nicamente capaz de negarse a aceptar un trato indigno, sino tambi&#xe9;n de hacer sufrir de modo prolongado a quienes ama y a quienes tiene mucho que agradecer; el deseo de hacer algo para mitigar el sufrimiento de su padre y la fractura de su relaci&#xf3;n con &#xe9;l; etc. Se pueden reconocer aqu&#xed; componentes que en la secci&#xf3;n anterior identifiqu&#xe9; como constitutivos de la emoci&#xf3;n de lamentarse <italic>en general</italic>: el pensamiento de que hubiera sido mucho mejor que lo que sucedi&#xf3; no hubiera sucedido y el deseo de que en efecto no hubiera sucedido, puesto que aquella hija piensa que hubiera sido mucho mejor que su padre no saliera lastimado y desea que as&#xed; hubiera sido. Tambi&#xe9;n se reconoce el elemento distintivo de la lamentaci&#xf3;n <italic>del agente</italic>: el pensamiento de que uno podr&#xed;a haber actuado de otro modo y, as&#xed;, evitado el da&#xf1;o que lamenta, puesto que ella tiene ideas recurrentes acerca de cursos de acci&#xf3;n alternos que habr&#xed;an evitado o mitigado los sufrimientos de su padre. Pero lo que no encontramos en este ejemplo, en contraste con el del chofer que, sin ser culpable, atropell&#xf3; a un peat&#xf3;n, es el deseo de la hija de haber actuado de otro modo a como lo hizo; retrospectivamente, y con la calma que le dan el tiempo y la distancia, ella sigue considerando que, dadas las circunstancias, alejarse de su padre, aunque podr&#xed;a no haberlo hecho, fue la mejor decisi&#xf3;n y, as&#xed;, no desea haber actuado de otro modo a como actu&#xf3;. </p>
			<p>En suma, estamos ante un caso de lamentaci&#xf3;n del agente sin culpa, en el que la persona tiene el deseo de que el efecto indeseable de lo que hizo no se hubiera producido, pero no tiene el deseo de haber hecho otra cosa distinta de la que hizo. A este caso aplica la advertencia de Williams en el sentido de que &#xab;[n]o debemos equiparar totalmente la lamentaci&#xf3;n del agente y el deseo, tomado todo en consideraci&#xf3;n, de haber actuado de otra manera&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B22">1993a, p. 48</xref>). La misma advertencia aplica a dos casos muy distintos. Primero, cuando enfrentado a un dilema moral o a una elecci&#xf3;n tr&#xe1;gica alguien elige uno de los dos cursos de acci&#xf3;n disponibles, pero no deja de reconocer que al optar por &#xe9;l hay otro requerimiento moral al que ha faltado o un da&#xf1;o terrible que ha provocado; este es el caso que Williams menciona al hacer la observaci&#xf3;n anteriormente citada<xref ref-type="fn" rid="fn6">
					<sup>6</sup>
				</xref>. Segundo, cuando alguien elige entre dos opciones moralmente permitidas que le interesan y son valiosas por igual, pero cuya realizaci&#xf3;n es incompatible, de modo que, aunque no se arrepiente de lo que eligi&#xf3;, lamenta haber dejado de lado la otra opci&#xf3;n valiosa; como en el ejemplo que propone <xref ref-type="bibr" rid="B2">Carla Bagnoli (2000, p. 170)</xref> de una mujer que lamenta no haber hecho carrera en la danza moderna, pero no desea no haber elegido la profesi&#xf3;n de arquitecta para la que ten&#xed;a igual talento e inter&#xe9;s.</p>
			<p>De acuerdo con Bagnoli, de hecho, toda instancia de lamentaci&#xf3;n del agente puede caracterizarse en t&#xe9;rminos de &#xab;la alternativa razonable y valiosa dejada de lado, el camino no elegido&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B2">2000, p. 178</xref>), aunque de una instancia a otra var&#xed;en el tipo de alternativa que no se eligi&#xf3; y las causas de ello: una demanda moral que estaba en conflicto con otra; una posibilidad desconocida en el momento de la elecci&#xf3;n; una opci&#xf3;n tan valiosa como la que se eligi&#xf3;, pero incompatible con ella; etc. Esta caracterizaci&#xf3;n de la lamentaci&#xf3;n del agente tiene la virtud de explicar el significado pr&#xe1;ctico de la emoci&#xf3;n, dice Bagnoli, al poner el acento en <italic>la perspectiva del agente</italic> que se inquieta por c&#xf3;mo hubieran sido las cosas si hubiera hecho una elecci&#xf3;n distinta de la que hizo, incluso si sigue considerando que hab&#xed;a mejores razones para elegir la que eligi&#xf3; y tambi&#xe9;n si, retrospectivamente, tiene en cuenta las restricciones que condicionaron su elecci&#xf3;n: falta de informaci&#xf3;n, valores en conflicto, etc. La lamentaci&#xf3;n del agente es importante en nuestra vida pr&#xe1;ctica porque nos permite ampliar lo que, en principio, podr&#xed;amos creer que son los l&#xed;mites de lo que podemos hacer y de lo que creemos que era inevitable que hici&#xe9;ramos, pero, opina Bagnoli, a esto no le hace justicia el an&#xe1;lisis de Williams.</p>
			<p>Williams, seg&#xfa;n Bagnoli, caracteriza a la lamentaci&#xf3;n del agente poniendo el acento en <italic>las caracter&#xed;sticas de la situaci&#xf3;n</italic> por las que no llegaron a materializarse posibilidades en las que no habr&#xed;a sucedido aquello que se lamenta, es decir, poniendo el acento en las condiciones impuestas por la mala fortuna y no en la agencia de quien se enfrenta a ella. Esta es la interpretaci&#xf3;n que se sigue, piensa Bagnoli, de lo que Williams sostiene en &#x201c;Conflictos de valores&#x201d; (<xref ref-type="bibr" rid="B23">1993b</xref>). Williams argumenta que cuando un agente se enfrenta a un conflicto entre dos requerimientos morales no es irracional ni est&#xe1; injustificada su creencia de que haga lo que haga incurrir&#xe1; en falta, porque ambos requerimientos se aplican a &#xe9;l y ninguno puede ser eliminado por el otro; acusar de irracionalidad o de incoherencia l&#xf3;gica al agente -bajo el supuesto de que &#x2018;<italic>deber</italic> implica <italic>poder</italic>&#x2019;- es errar en la identificaci&#xf3;n de la fuente del problema, dice Williams, &#xab;al sugerir que lo que est&#xe1; mal es su idea sobre la situaci&#xf3;n moral, mientras que lo que est&#xe1; mal es su situaci&#xf3;n misma&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B23">1993b, p. 101</xref>). A partir de esta cita, Bagnoli extrae la que califica de <italic>enorme consecuencia</italic>, a saber, que &#xab;[de acuerdo con Williams] el problema no reside en el agente, sino en el mundo&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B2">2000, pp. 174-175</xref>), que son las caracter&#xed;sticas de la situaci&#xf3;n o el peculiar contexto en el que se encuentra, y no lo que elige hacer, lo que da lugar a su lamento de agente. Si fuera correcto atribuirle esta conclusi&#xf3;n a Williams, entonces <xref ref-type="bibr" rid="B2">Bagnoli (2000, p. 177)</xref> estar&#xed;a en lo cierto cuando afirma que &#xe9;l no da cuenta del lamento desde la perspectiva del agente, sino del espectador. Pero ella, creo yo, no tiene raz&#xf3;n.</p>
			<p>Como se&#xf1;al&#xe9; en el p&#xe1;rrafo anterior, lo que Williams est&#xe1; rebatiendo en la cita a la que tanto peso le da Bagnoli es la tesis de que incurre en incoherencia l&#xf3;gica quien se lamenta como agente porque, enfrentado a un conflicto entre dos requerimientos morales, ha atendido a uno de ellos a costa de desatender al otro. La lamentaci&#xf3;n del agente no es efecto de que &#xe9;l tenga una <italic>idea</italic> equivocada sobre su situaci&#xf3;n moral, no es efecto de que no saque las consecuencias l&#xf3;gicas que deber&#xed;a sacar de la idea, supuestamente correcta, de que &#x2018;<italic>deber</italic> implica <italic>poder</italic>&#x2019;, argumenta Williams, sino que es la respuesta que cabe esperar de quien ha tomado una <italic>decisi&#xf3;n</italic> en una desafortunada <italic>situaci&#xf3;n</italic> en la que dos requerimientos morales e incompatibles lo reclaman. Esta es la interpretaci&#xf3;n adecuada de aquella cita tan central para Bagnoli, creo yo, y es una interpretaci&#xf3;n del todo consistente con lo que Williams afirma en la &#x201c;La fortuna moral&#x201d; (<xref ref-type="bibr" rid="B22">1993a</xref>). Aqu&#xed;, como vimos en la secci&#xf3;n anterior, &#xe9;l sostuvo que son distintivos de la lamentaci&#xf3;n del agente los pensamientos de que uno podr&#xed;a haber actuado de otro modo a como lo hizo; esto supone enfatizar precisamente la perspectiva del agente sobre lo que eligi&#xf3; e hizo y sobre los escenarios alternos en que podr&#xed;a haber hecho otra cosa. Parece m&#xe1;s bien un acierto de Williams el que sostenga, <italic>junto con lo anterior</italic>, que ser un agente consiste en actuar en ese entorno de las contingencias que escapan de nuestro control, que lo voluntario y lo no voluntario est&#xe1;n entrelazados de varias formas y que la red resultante es lo que constituye nuestra identidad pr&#xe1;ctica. Reconocer esto no es desplazar el foco desde el agente hasta la situaci&#xf3;n, sino reconocer c&#xf3;mo es el mundo pr&#xe1;ctico en el que vive y act&#xfa;a todo agente, cosa a la que atiende la misma Bagnoli cuando afirma que su caracterizaci&#xf3;n de la lamentaci&#xf3;n del agente:</p>
			<disp-quote>
				<p>identifica el origen mismo del lamento en las restricciones de la agencia&#x2026; Todas estas restricciones pueden explicarse por el hecho de que estamos situados y ubicados. El lamento es una forma de apreciar este hecho prestando atenci&#xf3;n a todas estas restricciones. Estas restricciones deliberativas no tendr&#xed;an que considerarse como defectos o limitaciones, sino como las condiciones mismas de la agencia pr&#xe1;ctica (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Bagnoli, 2000, p. 181</xref>).</p>
			</disp-quote>
			<p>En vista de lo anterior, no encuentro que haya realmente una diferencia sustancial entre las posiciones de Bagnoli y de Williams y, desde luego, tampoco una desatenci&#xf3;n de este a la perspectiva que es propia del agente.</p>
			<p>David Sussman plantea objeciones a Williams desde otro frente. La explicaci&#xf3;n que ofrece Williams de por qu&#xe9; no es irracional lamentarnos como agentes por da&#xf1;os que provocamos sin haber actuado censurablemente es insatisfactoria, seg&#xfa;n <xref ref-type="bibr" rid="B21">Sussman (2018, pp. 791-796)</xref>, porque no permite entender el enorme parecido de esta experiencia emocional con la de quien siente remordimiento (<italic>remorse</italic>) por lo que provoc&#xf3; siendo culpable de ello, adem&#xe1;s de que tampoco logra justificar convincentemente la necesidad que tiene el agente de compensar a la v&#xed;ctima, debido a que pone el &#xe9;nfasis en la experiencia de quien se lamenta y no en la v&#xed;ctima y su sufrimiento. Estos problemas no se presentan, seg&#xfa;n Sussman, cuando se sit&#xfa;a la lamentaci&#xf3;n del agente en el contexto de los conflictos graves a que es susceptible toda interacci&#xf3;n humana, en la medida en que factores que escapan de nuestro control pueden ponernos en la situaci&#xf3;n de tener que elegir entre hacer valer los propios derechos o respetar los de alguien m&#xe1;s; en muchas ocasiones puede no ser censurable anteponer los derechos de uno mismo, pero al hacerlo as&#xed; estaremos pasando encima de los derechos de la otra persona y eso afectar&#xe1; nuestras futuras relaciones. La experiencia emocional de quien se lamenta como agente sin creer haber incurrido en un acto censurable guarda tanto parecido con el remordimiento de quien s&#xed; se asume culpable, argumenta Sussman, porque en una y otra experiencia el agente reconoce que ha pasado encima de los derechos de otra persona y es su atenci&#xf3;n a este hecho lo que explica que sienta necesidad de compensarla: </p>
			<disp-quote>
				<p>Nuestra experiencia de lamentarnos como agentes registra algo m&#xe1;s que solo el hecho muy general de que lo que hemos hecho puede ser muy diferente de lo que pens&#xe1;bamos o esper&#xe1;bamos hacer. En vez de eso, sostengo que la racionalidad distintiva de la lamentaci&#xf3;n del agente refleja otra caracter&#xed;stica del mundo pr&#xe1;ctico que compartimos con otros agentes: nuestra vulnerabilidad a caer en formas profundas de conflicto con los otros por pura mala suerte y los problemas en nuestro trato con ellos que se derivan de tales conflictos. La lamentaci&#xf3;n del agente tiene sentido cuando nos damos cuenta de que, a veces, para defender nuestros propios derechos tenemos que violar los derechos de quienes pueden, a su vez, encontrarse en la misma situaci&#xf3;n respecto de nosotros (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Sussman, 2018, p. 792</xref>).</p>
			</disp-quote>
			<p>Uno de los derechos en conflicto, de acuerdo con <xref ref-type="bibr" rid="B21">Sussman (2018, pp. 802-804)</xref>, puede consistir simplemente en no ser v&#xed;ctima de una amenaza inocente (<italic>innocent threat</italic>), esto es, no ser v&#xed;ctima de los da&#xf1;os que otro agente pudiera causarnos sin que sea su culpa. Reconocer este tipo de derechos tan generales es lo que le da a su explicaci&#xf3;n el alcance necesario para dar cuenta de los casos en que uno lamenta un da&#xf1;o que provoc&#xf3; de modo accidental e inadvertido, y no solo aquellos en que lamenta los efectos previsibles de lo que eligi&#xf3; hacer. Sussman utiliza una variante del ejemplo del conductor que lamenta haber atropellado a un peat&#xf3;n, en el que ambos son adultos y no han actuado ni censurable ni imprudentemente: el primero no cometi&#xf3; descuido alguno y lo que provoc&#xf3; el accidente fue una r&#xe1;faga de viento que empuj&#xf3; al peat&#xf3;n en la direcci&#xf3;n de su auto; los derechos en conflicto son el que tiene el conductor de desplazarse en su veh&#xed;culo, aunque sabe que al hacerlo crea riesgos para otros, y el que tiene el peat&#xf3;n a pasear sin ser lesionando, aunque sabe que saliendo a pasear se expone a vientos repentinos y otros imprevistos. A pesar de no ser culpable de ello, el caso es que el chofer ha violado este derecho del peat&#xf3;n y su lamento de agente, incluyendo su necesidad de compensarlo, es una respuesta al reconocimiento de esa violaci&#xf3;n. La similitud con el remordimiento que hubiera sentido en caso de haberlo atropellado por un descuido culposo se debe a que tambi&#xe9;n en este caso reconocer&#xed;a la violaci&#xf3;n a un derecho del peat&#xf3;n y la necesidad de compensaci&#xf3;n que esto acarrea<xref ref-type="fn" rid="fn7">
					<sup>7</sup>
				</xref>.</p>
			<p>A pesar del atractivo de la propuesta de Sussman, me parece que pretender explicar todos los tipos de lamentaci&#xf3;n del agente en t&#xe9;rminos de conflictos entre derechos conduce a descripciones forzadas y contraintuitivas. Sin duda cabe decir que la hija del ejemplo con el que abr&#xed; esta secci&#xf3;n tiene derecho a defenderse de un trato machista, pero &#xbf;cu&#xe1;l es el derecho del padre aqu&#xed; en conflicto? &#xbf;El derecho al afecto incondicional de su progenie? &#xbf;A que le sea evitado todo sufrimiento por mor del agradecimiento que sus hijos le deben? No es necesario asumir que hay un derecho del padre a la cercan&#xed;a incondicional de su hija, para entender que se sienta herido y sufra con su alejamiento, como tampoco para entender que la hija lamente ser causa de ese sufrimiento, que vea frustrado su deseo de tener una relaci&#xf3;n cercana y afectuosa con &#xe9;l, y que sienta la necesidad de compensarlo por otros medios distintos a la convivencia frecuente que ella no est&#xe1; dispuesta a tolerar. Esta situaci&#xf3;n, en todo caso, podr&#xed;a describirse m&#xe1;s adecuadamente como un conflicto entre, por un lado, el derecho que tiene la hija (o algunos querr&#xe1;n decir que, incluso, la obligaci&#xf3;n) de no tolerar un trato que juzga indigno y, por otro lado, su deseo de mantener un trato afectuoso con su padre y no causarle sufrimiento; o bien puede describirse, lo que no es excluyente con lo anterior, como un conflicto entre aquel derecho de la hija y el deseo que su padre tiene de ser tratado afectuosa y cercanamente, pero, desde luego, que &#xe9;l desee esto no implica que tenga derecho a obtenerlo o que la hija est&#xe9; obligada a satisfacer a toda costa ese deseo. </p>
			<p>Cuando hay una imposibilidad contingente de satisfacer a la vez dos demandas morales, o una demanda moral y un deseo, o dos deseos no morales, siempre es posible que la elecci&#xf3;n entre los dos cursos de acci&#xf3;n en conflicto deje en el agente un residuo en forma de lamentaci&#xf3;n por lo que ha perdido con el deseo insatisfecho o lo que ha provocado con la demanda moral no atendida (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Williams, 2013</xref>), y no parece haber buenas razones para intentar reducir todos los casos a conflictos entre derechos. En el ejemplo que venimos considerando, el deseo insatisfecho de que su padre no sufra por su causa (un deseo moral, en el sentido de que tiene por objeto el inter&#xe9;s de un tercero) da cuenta de la lamentaci&#xf3;n de esta mujer, incluso si, teniendo en cuenta todas las circunstancias relevantes, ella no est&#xe1; moralmente obligada ni desea mantenerse cercana a &#xe9;l. Consideremos, ahora s&#xed;, c&#xf3;mo puede impactar el duelo en la experiencia de quien se lamenta como agente.</p>
		</sec>
		<sec id="sec3">
			<label>3.</label>
			<title>Lamentaci&#xf3;n de un agente en duelo</title>
			<p>El objeto intencional del duelo<xref ref-type="fn" rid="fn8">
					<sup>8</sup>
				</xref>, es decir aquello hacia lo que se dirige la aflicci&#xf3;n del doliente, no es <italic>la muerte de una persona</italic>, puesto que el duelo no es imparcial, no se sufre por cualquiera, sino &#xfa;nicamente por quienes nos importan de un modo especial. Pero <italic>la muerte de mi padre, de mi amigo,</italic> etc., tampoco es el objeto intencional del duelo, porque este no es completamente desinteresado, es decir, la muerte de una persona a la que se valora por s&#xed; misma no es su &#xfa;nico foco de atenci&#xf3;n, sino tambi&#xe9;n la propia p&#xe9;rdida, el mal que para uno supone su muerte. En virtud de las anteriores consideraciones, y como han sostenido <xref ref-type="bibr" rid="B14">Martha Nussbaum (2008, pp. 49-55)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B4">Judith Butler (2006, pp. 45-48)</xref> y Michael Cholbi (<xref ref-type="bibr" rid="B7">2016</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B6">2019</xref>), aunque no lo expresen exactamente en los mismos t&#xe9;rminos, cabe identificar al objeto intencional del duelo con <italic>la p&#xe9;rdida de una relaci&#xf3;n que consideramos importante para nuestra felicidad.</italic> Si el objeto al que se refiere la experiencia del duelo es <italic>la p&#xe9;rdida de una relaci&#xf3;n</italic>, entonces, el foco de atenci&#xf3;n del doliente es tanto la persona fallecida como &#xe9;l mismo, el lazo que los un&#xed;a y que la muerte ha destruido. Aunque se trata de una relaci&#xf3;n que es importante para la felicidad del doliente (entendiendo a esta en un sentido tan amplio como para abarcar las ideas que distintas personas tienen de lo que sea una vida plena, valiosa o satisfactoria), de eso no se sigue que quien est&#xe1; en duelo no valore tambi&#xe9;n a la persona fallecida por s&#xed; misma y que est&#xe9; afligido por lo que ella ha perdido al morir, como la posibilidad de nuevas experiencias y satisfacciones. Recurriendo al ejemplo del duelo por la muerte de su madre, dice Nussbaum:</p>
			<disp-quote>
				<p>Lo que provoca aflicci&#xf3;n es la muerte de una persona querida, alguien que ha sido una parte importante de la propia vida. Esto no significa que las emociones conciban estos objetos simplemente como herramientas o instrumentos para la satisfacci&#xf3;n del agente: pueden estar investidos de valor o m&#xe9;rito, como lo estaba con certeza mi madre. Pueden ser amados por s&#xed; mismos y su bien puede ser procurado por s&#xed; mismo. Pero lo que lleva a la emoci&#xf3;n a centrarse en esta madre en particular, entre la multitud de personas y madres maravillosas del mundo, es que se trata de <italic>mi</italic> madre, de una parte de mi vida (<xref ref-type="bibr" rid="B14">2008, p. 53</xref>).</p>
			</disp-quote>
			<p>La relaci&#xf3;n con una persona, lo mismo que el duelo por su p&#xe9;rdida, son procesos constituidos por m&#xfa;ltiples experiencias y que se despliegan a lo largo del tiempo, no son eventos singulares como la punzada de dolor que sentimos o el empuj&#xf3;n accidental que le damos a alguien<xref ref-type="fn" rid="fn9">
					<sup>9</sup>
				</xref>. Paseos, charlas, discusiones, alegr&#xed;as, pesares, planes compartidos, etapas de cercan&#xed;a y otras de alejamiento, etc., forman parte de nuestras relaciones con quienes son importantes para nuestra felicidad y esas relaciones tiene una historia que puede ser relativamente estable o experimentar cambios de rumbo m&#xe1;s o menos duraderos, de modo que, por ejemplo, un amigo puede llegar a convertirse tambi&#xe9;n en nuestra pareja y nuestra pareja en alguien con quien no deseamos volver a tener ning&#xfa;n trato. Las formas en las que enfrentamos o rehuimos nuestras diferencias y conflictos tambi&#xe9;n son parte de las relaciones. Algunas diferencias, que no siempre cabe calificar de conflictos y no necesariamente se manifiestan en un trato interpersonal agresivo, pueden hacer que una o ambas personas modifiquen alg&#xfa;n aspecto de sus intercambios o que los interrumpan por completo, cambiando el rumbo de la relaci&#xf3;n que hasta el momento manten&#xed;an.</p>
			<p>Cuando la relaci&#xf3;n con alguien que consideramos importante para nuestra felicidad se percibe como abierta a un futuro indefinido, es muy probable que enfrentemos las diferencias y los conflictos de modo muy distinto a como los enfrentar&#xed;amos si crey&#xe9;ramos que la relaci&#xf3;n est&#xe1; amenazada por un fin inminente, por ejemplo, porque nos enteramos de que la otra persona ha sido diagnosticada con una enfermedad terminal. Un futuro abierto para ambos por separado y por ello, en principio, abierto para nuestra relaci&#xf3;n, puede favorecer que le demos m&#xe1;s peso (en comparaci&#xf3;n con el que le dar&#xed;amos si previ&#xe9;ramos la muerte cercana de la otra persona) a aquello que nos parece importante o valioso para nosotros individualmente, con independencia de c&#xf3;mo impacte en nuestra relaci&#xf3;n. Puede suceder, entonces, que tomemos decisiones para darle un nuevo rumbo a la relaci&#xf3;n y que estas decisiones hagan sufrir a aquel amigo que nos demanda m&#xe1;s atenci&#xf3;n de la que nos apetece darle, al padre cuyo machismo nos resulta una carga, a la pareja que juzgamos poco considerada con nuestras necesidades, etc., sin que necesariamente aquellas decisiones tengan detr&#xe1;s deliberaciones expl&#xed;citas o plenamente conscientes, y sin que necesariamente experimentemos, nosotros o ambos, la transformaci&#xf3;n de la relaci&#xf3;n como un enfrentamiento agresivo.</p>
			<p>Situaciones como las anteriores dan lugar a que una persona lamente da&#xf1;ar o hacer sufrir a alguien con quien mantiene o manten&#xed;a una relaci&#xf3;n estrecha, a pesar de no considerarse culpable por hacer lo que hace y de no tener el deseo, tomado todo en consideraci&#xf3;n, de actuar de un modo distinto. Mientras la perspectiva del futuro sigue abierta, el agente que se lamenta puede pensar que, quiz&#xe1;s, si algo cambiara de manera favorable podr&#xed;a recuperar la intimidad con aquel amigo, el trato cercano con su padre o la relaci&#xf3;n con aquella expareja; y si estas son posibilidades que ya no contempla, a pesar de que la persona sea importante para &#xe9;l, al menos puede confiar en que seguir&#xe1; teniendo oportunidades para expresarle su afecto e intentar compensarla por el sufrimiento que le caus&#xf3; o le sigue causando. La muerte, obviamente, cancela sin remedio cualquiera de estas posibilidades y, entonces, si el agente se lamenta por el da&#xf1;o o sufrimiento que le caus&#xf3; a esa persona importante para &#xe9;l, a esto se agregar&#xe1; su pesar por la absoluta imposibilidad de compensarla y/o modificar el rumbo de su relaci&#xf3;n.</p>
			<p>Es constitutiva del proceso de duelo la emoci&#xf3;n de lamentarse como espectador; es como testigo de la muerte de alguien que le importa, y generalmente no como su agente, que un doliente experimenta aflicci&#xf3;n. Pero incluso si, por ejemplo, &#xe9;l provoc&#xf3; el accidente en el que la otra persona perdi&#xf3; la vida, junto a su lamento de agente experimentar&#xe1; tambi&#xe9;n el lamento de quien constata la irremediable p&#xe9;rdida de alguien amado o importante para &#xe9;l. Ciertamente, el doliente es un espectador profundamente implicado emocionalmente, su lamento de espectador se da desde la perspectiva de quien manten&#xed;a una relaci&#xf3;n <italic>de t&#xfa; a t&#xfa;</italic> con quien ha fallecido; en contraste, un transe&#xfa;nte ocasional que fuera testigo de un mortal accidente podr&#xed;a lamentar la muerte de la v&#xed;ctima desde la perspectiva m&#xe1;s desapegada de la tercera persona. A las diversas lamentaciones de un doliente como espectador profundamente implicado emocionalmente (lamentar que la persona amada haya muerto, que haya tenido una agon&#xed;a dolorosa, que no haya alcanzado a realizar un proyecto central en su vida, que no podr&#xe1;n compartir ya m&#xe1;s lo que compart&#xed;an, etc.) se puede sumar -aunque desde luego esto no tiene por qu&#xe9; suceder necesariamente en todos los duelos- su lamentaci&#xf3;n como <italic>agente</italic> de un da&#xf1;o o sufrimiento que le provoc&#xf3; a la persona ahora fallecida a trav&#xe9;s de una acci&#xf3;n que, cuando la hizo, no consideraba censurable y no ten&#xed;a deseos de dejar de hacer.</p>
			<p>La experiencia de por s&#xed; angustiante, o cuando menos penosa, de lamentarse como agente por el da&#xf1;o o sufrimiento que le causamos a alguien que nos importa, puede intensificarse agudamente si la persona fallece; el duelo puede alimentar las dudas del agente respecto de su antigua convicci&#xf3;n de no haber actuado de modo censurable con la persona por quien sufre el duelo. As&#xed;, aunque en los &#xfa;ltimos a&#xf1;os de la vida de su padre aquella hija que se distanci&#xf3; hubiera padecido la tensi&#xf3;n entre su creencia de no estarlo tratando injustamente y su pesar por hacerlo sufrir, es probable que el duelo la haga sumirse en un estado de confusi&#xf3;n y ambivalencia en el que ese pesar se mezcla con su ahora tambaleante convicci&#xf3;n de no haberlo tratado injusta o cruelmente y con su angustiosa sospecha de que pudo haber hecho m&#xe1;s para compensarlo por el sufrimiento que le caus&#xf3;.</p>
			<p>La confusi&#xf3;n y ambivalencia en los estados mentales de un doliente que se lamenta como agente pueden recibir impulso, adem&#xe1;s, de las actitudes hacia su conducta pasada que expresan las personas con quienes comparte el duelo y/o que son cercanas a &#xe9;l. Quiz&#xe1;s algunas muestren no &#xfa;nicamente desaprobaci&#xf3;n, sino tambi&#xe9;n enojo, por la forma en que trat&#xf3; a la persona fallecida, mientras que otras le digan que es propio del duelo tener dudas acerca de la manera en que uno se comport&#xf3; con quien ha muerto y que, conforme el dolor se mitigue, podr&#xe1; ver que no tiene razones para sentirse culpable. Independientemente de si estas palabras reconfortan o molestan al doliente, &#xe9;l podr&#xed;a sospechar de sus motivaciones y preguntarse si, detr&#xe1;s de su ambivalencia, no hay hipocres&#xed;a, autocomplacencia o incluso falta de amor profundo por la persona fallecida; si en el pasado estaba convencido de no estar actuando censurablemente &#xbf;por qu&#xe9; ahora se flagela con dudas acerca de lo que hizo? y si ya entonces pensaba que quiz&#xe1;s estaba actuando de modo censurable &#xbf;por qu&#xe9; no le puso remedio mientras la persona viv&#xed;a?</p>
			<p>Conf&#xed;o en que el an&#xe1;lisis ofrecido en las dos secciones previas apoye suficientemente la afirmaci&#xf3;n de que no necesariamente es irracional, hip&#xf3;crita o autocomplaciente que una persona, atravesando o no por un proceso de duelo, se lamente como agente por lo que provoc&#xf3; sin creer haber actuado censurablemente. Sin embargo, de lo que hace falta dar cuenta aqu&#xed; es del poder desestabilizador del duelo que, algunas veces, lleva al doliente a poner en cuesti&#xf3;n precisamente su presunta no culpabilidad, esto es, a debatirse entre la lamentaci&#xf3;n no culpable y la culpable. Las dudas del agente se explican, creo yo, por dos factores fundamentales: </p>
			<p>Por un lado, como dice Robert C. Solomon, la memoria y la imaginaci&#xf3;n son esenciales no solo a la fenomenolog&#xed;a de la lamentaci&#xf3;n sino tambi&#xe9;n a la fenomenolog&#xed;a del duelo, e imaginar lo que pudimos hacer y no hicimos para evitar, mitigar o compensar el sufrimiento de la persona por quien estamos en duelo es tierra f&#xe9;rtil para alimentar la sospecha de que quiz&#xe1;s, despu&#xe9;s de todo, s&#xed; fuimos injustos o crueles con ella: &#xab;&#x201c;Y si&#x2026;&#x201d; y &#x201c;Si solo&#x2026;&#x201d; son expresiones comunes a la lamentaci&#xf3;n y al duelo, porque el duelo no se trata solo de una p&#xe9;rdida. Tambi&#xe9;n se trata de la imaginaci&#xf3;n y las posibilidades perdidas&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B20">2004, p. 81</xref>). </p>
			<p>Por otro lado, como antes apunt&#xe9; y es obvio, la muerte transforma radicalmente las condiciones en que sucede nuestro lamento de agentes: est&#xe1;n ya canceladas definitivamente las posibilidades que antes ten&#xed;amos abiertas para hacer algo que detenga, mitigue o compense el sufrimiento que le causamos a aquella persona importante para nosotros. Las posibilidades imaginadas de lo que pudimos hacer y no hicimos, y la cancelaci&#xf3;n definitiva de toda posibilidad explican el frustrante sentimiento de culpa que podemos experimentar durante el duelo. Creo que tal sentimiento no es irrazonable, si tenemos en cuenta que es verdad que mientras la persona viv&#xed;a siempre hubo <italic>algo m&#xe1;s</italic> que podr&#xed;amos haber hecho para compensarla por el sufrimiento que le causamos; pero, por otro lado, tambi&#xe9;n es cierto que la posibilidad de haber hecho <italic>algo m&#xe1;s</italic> no necesariamente implica que debi&#xe9;ramos haberlo hecho o que por no hacerlo actuamos injusta o cruelmente, aunque puede ser que s&#xed; y la ambig&#xfc;edad del doliente es expresi&#xf3;n de sus dudas al respecto. En el mundo del &#xab;y si&#x2026; y si solo&#xbb;, que pertenece a la imaginaci&#xf3;n, casi todo es posible, pero en el mundo del doliente ya nada lo es.</p>
			<p>Las consideraciones anteriores tambi&#xe9;n ayudan a entender por qu&#xe9; en el duelo anticipado, es decir aquel que se sufre ante la perspectiva de la muerte pr&#xf3;xima de alguien importante para uno, frecuentemente el doliente no solo hace esfuerzos que antes no hab&#xed;a considerado hacer para satisfacer los deseos de esa persona a la que sabe que pronto perder&#xe1;, sino tambi&#xe9;n intenta hacerle sentir su afecto y, si es posible, compensarla por cualquier da&#xf1;o o sufrimiento que hubiera podido causarle, culpablemente o no. La perspectiva del fin de la relaci&#xf3;n con esa persona significativa para nosotros puede alterar, y frecuentemente lo hace, nuestras prioridades en el trato con ella, motiv&#xe1;ndonos a anteponer lo que creemos que es importante para la otra persona cuyo tiempo sabemos que se acaba.</p>
		</sec>
		<sec id="sec4" sec-type="conclusions">
			<title>Conclusi&#xf3;n</title>
			<p>Toda una tradici&#xf3;n cultural y filos&#xf3;fica nos ha inculcado la idea de que la moralidad pertenece al campo de lo voluntario y que lo que escapa del control del agente, estando sujeto a la buena o la mala fortuna, es &#xe9;ticamente irrelevante. En consonancia con lo anterior, se ha trazado una distinci&#xf3;n entre emociones moralmente relevantes y otras que supuestamente nunca lo son. Del lado de las emociones morales se ubican t&#xed;picamente a la culpa y al remordimiento, que tienen como componente constitutivo al pensamiento de que uno ha actuado de modo censurable, lo que las liga indisociablemente con lo voluntario. La pesadumbre o lamentaci&#xf3;n por un estado indeseable de cosas causalmente conectado con una acci&#xf3;n no censurable que uno realiz&#xf3;, de acuerdo con la perspectiva tradicional, se ubica en la categor&#xed;a de las emociones no morales; el supuesto aqu&#xed; es que lo que se lamenta depende de las circunstancias en las que actuamos y que no est&#xe1;n sujetas a nuestro control, de las acciones y reacciones de otros agentes, en fin, de la mala fortuna.</p>
			<p>En este art&#xed;culo he intentado contribuir a la mejor comprensi&#xf3;n de una experiencia com&#xfa;n a muchos procesos de duelo (no necesariamente a todos, desde luego) y que se alimenta no &#xfa;nicamente de la profunda aflicci&#xf3;n con la que solemos vivir la p&#xe9;rdida irremediable de una persona significativa para nosotros, sino tambi&#xe9;n de aquella tradici&#xf3;n a la que antes hice referencia. Al rememorar el sufrimiento que le causamos a la persona fallecida a trav&#xe9;s de acciones que no vemos o que nos cuesta ver como censurables, muchas veces nos asaltan angustiosas dudas acerca de la racionalidad de nuestras emociones, de la justificaci&#xf3;n de nuestras valoraciones, de la sinceridad de nuestro amor por aquella persona, etc. El an&#xe1;lisis que Bernard Williams y otros han hecho de la lamentaci&#xf3;n del agente permite entender por qu&#xe9; aquella experiencia no acusa necesariamente irracionalidad, hipocres&#xed;a o falta de amor por parte del doliente. Nos lamentamos como agentes, incluso si no creemos haber actuado censurablemente, porque parece que, a pesar de la tradici&#xf3;n en la que nos hemos formado, configuramos nuestro sentido de qui&#xe9;nes somos, de nuestra responsabilidad por lo que provocamos, de los lazos que nos unen a otras personas, etc., a partir de lo que hacemos voluntariamente y tambi&#xe9;n de lo que causamos con intermediaci&#xf3;n de la fortuna; estos son los hilos con los que se teje nuestra vida moral. Entender mejor nuestras emociones en el duelo puede ayudar a reducir nuestra confusi&#xf3;n, ambivalencia y suspicacia acerca del agente que somos, pero evidentemente no nos libra del dolor y la aflicci&#xf3;n por la persona perdida, y est&#xe1; bien as&#xed; porque, como nos recuerdan <xref ref-type="bibr" rid="B9">Higgins (2013)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B20">Solomon (2004)</xref> y nuestra propia experiencia, el duelo es la continuaci&#xf3;n del amor.</p>
		</sec>
	</body>
	<back>
		<fn-group>
			<title>Notas</title>
			<fn fn-type="other" id="fn0">
				<label>
					<sup>*</sup>
				</label>
				<p>Agradezco a los dos dictaminadores an&#xf3;nimos por sus sugerencias y observaciones.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>
					<sup>1</sup>
				</label>
				<p>
					<xref ref-type="bibr" rid="B2">Carla Bagnoli (2000, p. 176, n. 29)</xref> ha se&#xf1;alado que el t&#xe9;rmino &#xab;<italic>spectator-regret</italic>&#xbb; (lamentaci&#xf3;n del espectador) es suyo, aunque la descripci&#xf3;n de la emoci&#xf3;n a la que el t&#xe9;rmino refiere la hab&#xed;a hecho anteriormente Williams. En efecto, en &#x201c;Moral Luck&#x201d; (1976, pp. 123 y 126) Williams no utiliz&#xf3; exactamente aquel t&#xe9;rmino, pero s&#xed; descripciones muy cercanas como &#xab;<italic>the regret of a spectator</italic>&#xbb; (la lamentaci&#xf3;n de un espectador) o &#xab;<italic>mere spectator&#x2019;s regret</italic>&#xbb; (lamentaci&#xf3;n de un mero espectador), estableciendo as&#xed; la diferencia con el otro tipo de emoci&#xf3;n a la que dio el nombre de &#xab;<italic>agent-regret</italic>&#xbb; (lamentaci&#xf3;n del agente). En lo sucesivo citar&#xe9; exclusivamente la traducci&#xf3;n al espa&#xf1;ol del mencionado art&#xed;culo de Williams: &#x201c;La fortuna moral&#x201d; (<xref ref-type="bibr" rid="B22">1993a</xref>); en consonancia con esta traducci&#xf3;n, llamar&#xe9; &#xab;lamentaci&#xf3;n&#xbb; a lo que Williams y otros quienes retoman su propuesta llaman &#xab;<italic>regret</italic>&#xbb;.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>
					<sup>2</sup>
				</label>
				<p>Seg&#xfa;n <xref ref-type="bibr" rid="B17">Rorty (1980, p. 490)</xref>, aunque lo normal es que uno se lamente como agente por algo que hizo en el pasado o est&#xe1; haciendo en el presente, tambi&#xe9;n es posible lamentarse por lo que uno se propone hacer o piensa que muy probablemente har&#xe1; en el futuro. Para los prop&#xf3;sitos de este art&#xed;culo no es relevante la lamentaci&#xf3;n prospectiva y, por ello, no la tendr&#xe9; en cuenta. </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>
					<sup>3</sup>
				</label>
				<p>La traducci&#xf3;n de todas las citas de fuentes en ingl&#xe9;s es m&#xed;a. </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>
					<sup>4</sup>
				</label>
				<p>El supuesto de que la moralidad no est&#xe1; sujeta a la fortuna es el punto de vista est&#xe1;ndar no &#xfa;nicamente entre fil&#xf3;sofos, pero su defensor m&#xe1;s riguroso es <xref ref-type="bibr" rid="B11">Kant (1996, 394.14-31)</xref>, como bien han se&#xf1;alado, entre otros, <xref ref-type="bibr" rid="B13">Nagel, 2000, p. 57</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B12">MacKenzie, 2017, p. 96</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B22">Williams, 1993a, p. 35</xref>. A ese supuesto es a lo &#xfa;nico que pretendo aludir cuando califico de <italic>kantiano</italic> al Edipo que dejar&#xed;a fuera de sus preocupaciones morales todo lo que depende de contingencias que escapan de su control.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>
					<sup>5</sup>
				</label>
				<p>Williams no es el &#xfa;nico que ha sostenido que uno puede ser responsable de algunas cosas que no controla voluntariamente, tambi&#xe9;n lo han hecho, entre otros, Robert Merrihew Adams y T. M. Scanlon (agradezco al dictaminador an&#xf3;nimo que me sugiri&#xf3; se&#xf1;alar esto). Me parece significativa, sin embargo, la siguiente diferencia: <xref ref-type="bibr" rid="B1">Adams (1985, pp. 21-28)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B18">Scanlon (2003, pp. 337-364)</xref> argumentan que lo que escapa del control del agente es compatible no solo con la responsabilidad, sino tambi&#xe9;n con la culpa. <xref ref-type="bibr" rid="B24">Williams (2011, pp. 89-125)</xref>, en cambio, rechaza esto &#xfa;ltimo y lo ilustra con el caso de Agamen&#xf3;n, quien reconoce su responsabilidad por haberle robado su bot&#xed;n a Aquiles y promete compensarlo, pero tambi&#xe9;n dice (y dice bien si damos por buena su excusa) que &#xe9;l no es culpable porque cuando hizo lo que hizo estaba bajo el influjo irresistible de un &#xe1;nimo feroz que le infundieron Zeus, el Hado y la Erinia.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>
					<sup>6</sup>
				</label>
				<p>Williams (<xref ref-type="bibr" rid="B22">1993a, p. 48</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B25">2013, pp. 227-228</xref>) frecuentemente incluye al dilema moral y a la elecci&#xf3;n tr&#xe1;gica dentro de la categor&#xed;a de conflicto moral. <xref ref-type="bibr" rid="B2">Bagnoli (2000, pp. 170-176)</xref>, en contraste, traza una clara distinci&#xf3;n entre uno y otra.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn7">
				<label>
					<sup>7</sup>
				</label>
				<p>Es com&#xfa;n al remordimiento (<italic>remorse</italic>) y a la culpa (<italic>guilt</italic>) el reconocimiento de que uno ha actuado censurablemente, pero no son id&#xe9;nticos, seg&#xfa;n <xref ref-type="bibr" rid="B21">Sussman (2018, pp. 792-793)</xref>. En el remordimiento, como en la lamentaci&#xf3;n del agente, la atenci&#xf3;n est&#xe1; centrada en la v&#xed;ctima y la necesidad de compensarla, mientras que la culpa tiene como foco de atenci&#xf3;n a uno mismo y nuestra autopercepci&#xf3;n de que somos malvados o deficientes moralmente y merecedor de castigo.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn8">
				<label>
					<sup>8</sup>
				</label>
				<p>Este y el siguiente p&#xe1;rrafo resumen muy sucintamente lo que examin&#xe9; con m&#xe1;s detalle en <xref ref-type="bibr" rid="B5">C&#xe1;zares Blanco, 2022, pp. 215-219</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn9">
				<label>
					<sup>9</sup>
				</label>
				<p>Entre quienes han examinado la naturaleza procesual del duelo, desde un enfoque emp&#xed;rico o filos&#xf3;fico, est&#xe1;n: <xref ref-type="bibr" rid="B8">Goldie, 2012</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B15">Ratcliffe, 2017</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B10">Ingerslev, 2017</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B3">Burley, 2015</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B19">Shuchter y Zisook, 1993</xref>.</p>
			</fn>
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			<title>Bibliograf&#xed;a</title>
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							<surname>Adams</surname>
							<given-names>Robert Merrihew</given-names>
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					<article-title>Involuntary Sins</article-title>
					<source>The Philosophical Review</source>
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					<article-title>Value in the guise of regret</article-title>
					<source>Philosophical Explorations: An International Journal for the Philosophy of Mind and Action</source>
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					<article-title>Possibilities of Grieving</article-title>
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					<article-title>El impacto del duelo anticipado en las actitudes reactivas de sanci&#xf3;n</article-title>
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