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				<journal-title>Isegor&#xed;a</journal-title>
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					<subject>Cr&#xed;tica de libros</subject>
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				<article-title>Elogio de nuestra artificialidad. Rese&#xf1;a de: Fran&#xe7;ois Jaran, <italic>El animal artificial</italic>, Madrid, Guillermo Escolar Editor, 2022</article-title>
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					<trans-title>In praise of our artificiality. Review of: Fran&#xe7;ois Jaran, <italic>El animal artificial</italic>, Madrid, Guillermo Escolar Editor, 2022</trans-title>
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		<p>La admiraci&#xf3;n y la perplejidad, vestigios contempor&#xe1;neos del <italic>thaumazein</italic> griego, anidan en el coraz&#xf3;n de la filosof&#xed;a como sus principales impulsos vitales. Por ello, su ejercicio demanda la respetable tarea de adoptar un estado de constante sorpresa o cuestionamiento. Tanto es as&#xed; que son en muchas ocasiones los lugares m&#xe1;s comunes, despejados de todo atisbo de duda, los que resultan m&#xe1;s f&#xe9;rtiles para su labor. El terreno de &#xab;lo dado&#xbb;, de lo que se asume como tal sin someterlo a problematizaci&#xf3;n, es el que m&#xe1;s rendimiento ofrece a la mirada inquisidora, infantil en el mejor sentido del t&#xe9;rmino, de quien pretende hacer filosof&#xed;a. Y es precisamente esta vocaci&#xf3;n de interrogaci&#xf3;n la que late en las p&#xe1;ginas de <italic>El animal artificial,</italic> cuyo autor, Fran&#xe7;ois Jaran, abraza deliberadamente el &#xab;papel del fil&#xf3;sofo&#xbb; para conducirnos hacia la incredulidad, es decir, para &#xab;ralentizar la marcha y recordarnos que las cosas son m&#xe1;s extra&#xf1;as de lo que solemos admitir&#xbb; (p. 41).</p>
		<p>El presente ensayo dedica sus esfuerzos al prop&#xf3;sito de repensar los relatos m&#xe1;s asentados en torno al origen de la especie humana y, en concreto, de subrayar nuestra especificidad respecto de la aparici&#xf3;n y del curso evolutivo de otras especies humanas. La singularidad imputada por Jaran a nuestra propia especie se resume en la intuici&#xf3;n de que &#xab;la evoluci&#xf3;n humana no puede haber funcionado seg&#xfa;n los mecanismos que rigen la evoluci&#xf3;n animal en general&#xbb; (p. 30). Este es el fundamento del car&#xe1;cter &#xab;artificial&#xbb; de ese animal que somos. Una idea contraintuitiva que, sin embargo, demuestra ser capaz de responder con &#xe9;xito a ciertos problemas a los que se enfrenta la comprensi&#xf3;n m&#xe1;s extendida de los albores de nuestra especie, seg&#xfa;n la cual el desarrollo de la t&#xe9;cnica y de la inteligencia humana ser&#xed;a &#xab;el resultado de sus carencias biol&#xf3;gicas y anat&#xf3;micas&#xbb; (p. 20). Las l&#xed;neas maestras de esta visi&#xf3;n se pueden encontrar tanto en las fuentes cl&#xe1;sicas, siendo las diferentes narraciones del mito de Prometeo el paradigma de este modelo, como en las explicaciones de teor&#xed;as cient&#xed;ficas de reconocido prestigio acerca de la hominizaci&#xf3;n, que son en consecuencia bautizadas por el autor como &#xab;teor&#xed;as prometeicas&#xbb;. Y es que uno y otro planteamiento reproduce el mismo esquema argumentativo, a saber, &#xab;buscan en las carencias anat&#xf3;micas humanas la causa o el desencadenante de su desarrollo inteligente&#xbb; (p. 25), que comparece exclusivamente como el producto adaptativo exitoso a las exigencias del medio. La teor&#xed;a de la evoluci&#xf3;n de Charles Darwin y sus desarrollos posteriores, que sin duda conforman la piedra angular de nuestro &#xab;sentido com&#xfa;n&#xbb; sobre este asunto, pueden tomarse como un ejemplo magn&#xed;fico de esta tendencia.</p>
		<p>Estos marcos te&#xf3;ricos, a pesar de que ofrecen una explicaci&#xf3;n coherente de la evoluci&#xf3;n del ser humano a partir de un estado de vulnerabilidad radical, no son capaces de aducir razones suficientes para justificar el proceso inverso, o sea, el responsable de &#xab;llevar al animal humano a ese estado de indefensi&#xf3;n en el cual se encontraba cuando la inteligencia apareci&#xf3; para salvarlo&#xbb; (p. 26). Es esta la revelaci&#xf3;n que le sirve a Jaran como el punto de apoyo necesario para desquiciar la interpretaci&#xf3;n tradicional. De lo cual no se deduce, por cierto, un desprecio por el acervo cient&#xed;fico, sino un firme compromiso con la b&#xfa;squeda de alternativas m&#xe1;s convincentes dentro de sus propios m&#xe1;rgenes. De hecho, el ensayo que nos ocupa destaca por practicar el eclecticismo disciplinar; pues, aunque enmarcado en la antropolog&#xed;a filos&#xf3;fica, interpela a las voces autorizadas de la biolog&#xed;a evolutiva o de la <italic>Material Engagement Theory,</italic> al mismo tiempo que preserva la autonom&#xed;a relativa de la filosof&#xed;a respecto de los problemas que se dirimen en las ciencias. Este &#xfa;ltimo punto es defendido por el autor con rotundidad en diversos pasajes, como el que nos permitimos reproducir a continuaci&#xf3;n: &#xab;[a] pesar de los avances cient&#xed;ficos y la teor&#xed;a del Big Bang, la pregunta &#x201c;&#xbf;por qu&#xe9; hay algo y no m&#xe1;s bien nada?&#x201d; no ha perdido ni una pizca de su pertinencia filos&#xf3;fica, como tampoco la ha perdido la pregunta acerca de la particularidad de la inteligencia humana&#xbb; (p. 70).</p>
		<p>De modo que el planteamiento renovado que se pretende en <italic>El animal artificial</italic> encuentra un aliado cient&#xed;fico indispensable en las ideas de Paul Alsberg. Su noci&#xf3;n de &#xab;eliminaci&#xf3;n del cuerpo&#xbb; refleja el car&#xe1;cter extraordinario del ser humano, esto es, su capacidad pionera para &#xab;adaptar el medio ambiente antes que su propio cuerpo&#xbb; y con ello &#xab;<italic>escapar</italic> de la cadena de la evoluci&#xf3;n y de su implacable legislaci&#xf3;n&#xbb; (pp. 32-33). Se trata, por tanto, de un nuevo mecanismo de adaptaci&#xf3;n que aspira a complementar a las teor&#xed;as darwinianas, que gozar&#xed;an de plena aplicabilidad en el reino animal, en el caso excepcional del ser humano. Mientras que sobre los dem&#xe1;s animales operar&#xed;a un mecanismo basado en la adaptaci&#xf3;n corporal, la especie humana habr&#xed;a alcanzado la posibilidad de una &#xab;adaptaci&#xf3;n artificial&#xbb; a trav&#xe9;s de su dominio de la actividad t&#xe9;cnica, que irrumpe &#xab;en la evoluci&#xf3;n [natural] del ser humano de tal forma que el cuerpo cede progresivamente la tarea de evolucionar a sus herramientas&#xbb; (p. 37). De ah&#xed; el &#xab;cuerpo de lujo&#xbb; del ser humano, recurriendo a un pr&#xe9;stamo de Sloterdijk, cuyas facultades anat&#xf3;micas han podido deteriorarse sin suponer un riesgo para la supervivencia de la especie debido a su uso de la t&#xe9;cnica.</p>
		<p>La bondad de esta explicaci&#xf3;n reside, por un lado, en que evita incurrir en la petici&#xf3;n de principio de las &#xab;teor&#xed;as prometeicas&#xbb;, que asumen como punto de partida la indigencia biol&#xf3;gica del ser humano. Pero adem&#xe1;s resalta un rasgo imprescindible que acompa&#xf1;a a la evoluci&#xf3;n humana y que no es l&#xed;cito confundir con un mero producto de la naturaleza, &#xab;la aparici&#xf3;n de lo artificial en el universo&#xbb; (p. 49). En efecto, la habilidad del ser humano para intervenir en su entorno introduce una modificaci&#xf3;n en la &#xab;estructura <italic>ontol&#xf3;gica</italic> del mundo&#xbb; que afecta a la manera de existir de las cosas y que es la condici&#xf3;n de posibilidad de la distinci&#xf3;n entre lo natural y lo artificial (p. 51). A diferencia de lo que sucede con otros tantos animales, que alteran su h&#xe1;bitat para excavar madrigueras o para construir nidos, el ser humano ha sido capaz de alumbrar todo un nuevo g&#xe9;nero de objetos sin actuar movido por el instinto o por cualquier otro motor de &#xed;ndole &#xab;natural&#xbb;. Es por ello que lo humano y lo artificial, ese &#xab;milagro&#xbb;, conforman una uni&#xf3;n indisoluble y rec&#xed;proca, hasta el punto de que, siguiendo a Jaran, incluso nuestra inteligencia &#xab;debe ser considerada como un invento humano, como algo profundamente artificial y no como algo que se ha elaborado de forma natural&#xbb; (p. 64).</p>
		<p>Por supuesto, esta convicci&#xf3;n no redunda en una devaluaci&#xf3;n de la relevancia del soporte biol&#xf3;gico de dicha inteligencia, aunque s&#xed; procura incidir en la influencia que ella misma ha desempe&#xf1;ado en su propio desarrollo. La espontaneidad, la imprevisibilidad y, sobre todo, la perfectibilidad, representan los rasgos diacr&#xed;ticos de la inteligencia humana frente a la animal, que, por el contrario, se encuentra encorsetada y predeterminada por su base cerebral. Nuestra inteligencia, que se caracteriza por su apertura, se asimila m&#xe1;s bien a un proceso de sedimentaci&#xf3;n inacabado todav&#xed;a en curso sobre el cual ostenta una influencia significativa nuestro talante artificial, toda vez que para su constituci&#xf3;n &#xab;el v&#xed;nculo entre herramientas y capacidades cognitivas es mucho m&#xe1;s estrecho y bidireccional de lo que se ha podido pensar hasta hoy&#xbb; (p. 74). Esta es la l&#xed;nea en la que se inscriben las aportaciones de la mencionada <italic>Material Engagement Theory,</italic> a la que recurre Jaran con el &#xe1;nimo de destacar c&#xf3;mo las herramientas, productos de nuestra artificialidad, &#xab;no existen solamente fuera de m&#xed; &#x201c;en el mundo externo&#x201d;, sino que tambi&#xe9;n han dejado una huella en mi cerebro y en su configuraci&#xf3;n particular&#xbb; (p. 80).</p>
		<p>Esta retroalimentaci&#xf3;n, que podr&#xed;a calificarse como una &#xab;interdependencia constitutiva&#xbb; entre la inteligencia y el dominio de las producciones humanas -que abarca asimismo elementos que se sit&#xfa;an m&#xe1;s all&#xe1; de las representaciones cotidianas de una herramienta como el derecho o internet-, nos confiere la responsabilidad de ser part&#xed;cipes directos de nuestra propia evoluci&#xf3;n. Reconocer nuestra artificialidad nos permite tomar conciencia de que &#xab;el mundo no avanza sin que los seres humanos intervengamos activamente&#xbb; (pp. 86-87). Esta m&#xe1;xima hacia la que concurre el ensayo ubica a <italic>El animal artificial</italic> en la estela de las propuestas cl&#xe1;sicas de la antropolog&#xed;a filos&#xf3;fica, como es el caso de los trabajos de Helmut Plessner, por lo que podr&#xed;a sostenerse con suficiente solvencia que recupera cierto esp&#xed;ritu fundacional de la disciplina. Con ello, la reflexi&#xf3;n en torno al car&#xe1;cter de nuestra artificialidad desemboca en &#xfa;ltima instancia en un elogio de la esencia humana: &#xab;[e]l animal que somos es un animal peculiar, artificial, y el ser un animal artificial nos otorga un poder extraordinario: el de inventarnos un mundo y establecer sus reglas&#xbb; (p. 88). </p>
		<p>Otra de las virtudes que comparte este ensayo con la mejor filosof&#xed;a es precisamente su estilo. La claridad y la concisi&#xf3;n de las que hace gala Jaran no se enfrentan a la elegancia en la redacci&#xf3;n, sino que ambos polos convergen en una buena prosa, que agradecer&#xe1; el lector, en la que incluso las tesis de mayor calado son debidamente ilustradas con prolijas alusiones a elementos mundanos que destilan cierta iron&#xed;a. As&#xed;, por ejemplo, el peculiar aspecto f&#xed;sico del ser humano adquiere tintes hiperb&#xf3;licos cuando es comparado con el de un &#xab;gato esfinge&#xbb; (p. 40) o con el de &#xab;un pollo desplumado en un supermercado&#xbb; (p. 41), s&#xed;miles muy visuales que refuerzan la excepcionalidad de nuestra &#xab;desnudez&#xbb; en el reino animal. De tal manera que el autor<italic>,</italic> con este y otros gestos, se inscribe en la senda trazada por algunos celebrados ensayistas contempor&#xe1;neos, como Markus Gabriel, que combinan la originalidad de sus propuestas y el rigor intelectual con el arte de una exposici&#xf3;n amena y ligera.</p>
		<p>Por esta misma raz&#xf3;n se trata de una obra que combina satisfactoriamente las exigencias del g&#xe9;nero de la divulgaci&#xf3;n, dirigido a un p&#xfa;blico general que necesita ser guiado a trav&#xe9;s de preludios en torno a los temas que se discuten, y las pretensiones de una contribuci&#xf3;n especializada, cuyo lector se encontrar&#xe1; m&#xe1;s capacitado para reconstruir la problem&#xe1;tica que subyace a las reflexiones del autor. Aunque la estructura del libro tambi&#xe9;n contribuye a que dicha dualidad sea posible. El ensayo que presentamos consta de ocho cap&#xed;tulos breves, cada uno de los cuales se ocupa de desglosar pormenorizadamente un momento del razonamiento de Jaran, incluidas sus premisas, por lo que la argumentaci&#xf3;n transcurre de una forma fluida pero sosegada.</p>
		<p>Es por todo lo anterior, en definitiva, que <italic>El animal artificial</italic> se distingue como un notable ejemplo de c&#xf3;mo la antropolog&#xed;a filos&#xf3;fica y, por extensi&#xf3;n, la filosof&#xed;a, pueden tomar parte en los debates contempor&#xe1;neos. Lo cual es de agradecer habida cuenta del precario estatuto del que goza en nuestros d&#xed;as.</p>
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