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					<subject>Cr&#xed;tica de libros</subject>
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				<article-title>La sobrenaturaleza t&#xe9;cnica del ser humano. Rese&#xf1;a de: Marcos Alonso, <italic>Ortega y la t&#xe9;cnica</italic>, Madrid, CSIC / Plaza y Vald&#xe9;s Editores, 2020</article-title>
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					<trans-title>The technical supernature of the human being. Review of: Marcos Alonso, <italic>Ortega y la t&#xe9;cnica</italic>, Madrid, CSIC / Plaza y Vald&#xe9;s Editores, 2020</trans-title>
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		<p>El libro comienza con una reconstrucci&#xf3;n de los modos c&#xf3;mo se trata la t&#xe9;cnica a lo largo de la obra de Ortega y de las interpretaciones existentes en la literatura. Estos son cap&#xed;tulos dise&#xf1;ados y redactados a la medida de expertos en Ortega. En esta presentaci&#xf3;n y discusi&#xf3;n de especialistas, el autor se maneja con maestr&#xed;a discutiendo cr&#xed;ticamente la recepci&#xf3;n de la obra orteguiana y argumentando a favor de sus propias interpretaciones. En este proceso discursivo, a medida que va dando cuenta del lugar que ha tomado la t&#xe9;cnica en la obra de Ortega, el autor va estructurando y presentando toda su obra, porque, como &#xe9;l insiste una y otra vez, la t&#xe9;cnica es un elemento central del pensamiento orteguiano. Pero sus pretensiones no se reducen a dar cuenta de c&#xf3;mo la filosof&#xed;a orteguiana estar&#xed;a &#xed;ntimamente ligada a la t&#xe9;cnica, sino que aspira a mostrar que la filosof&#xed;a orteguiana nos permite acercarnos comprensivamente a los problemas actuales de la t&#xe9;cnica de un modo productivo e iluminador.</p>
		<p>Expresado de modo simplificado, Ortega hace fuerte la idea de la supernaturaleza t&#xe9;cnica del hombre. El hombre no tiene naturaleza, sino que tiene una supernaturaleza en la que se constituye por la t&#xe9;cnica. Como el autor se&#xf1;ala muchas veces, no se trata de una caracter&#xed;stica exclusiva de los seres humanos, sino de todos los seres conductuales que, como el hombre, enfrentan un mundo. Por cierto, si bien no hay una ruptura radical entre seres humanos -y en este sentido el autor va actualizando a Ortega- y otros animales (o dicho con otras palabras, la gran diferencia antropol&#xf3;gica que ha reclamado buena parte de la tradici&#xf3;n, aunque no toda, no es tal) y se trata por tanto de un asunto de continuidades y grados, en el caso de los seres humanos su supernaturaleza t&#xe9;cnica adopta una forma extrema: no se trata de (m&#xe1;s o menos pasivos) procesos de selecci&#xf3;n seg&#xfa;n adaptabilidad, sino de procesos de cambio y construcci&#xf3;n del mundo para insertarse en &#xe9;l, es decir, se adapta el mundo. Este es el sentido de la famosa sentencia orteguiana de que se es uno con las circunstancias: se es hombre en la medida en que se van superando y construyendo las circunstancias. Y esto ocurre mediante la t&#xe9;cnica. Es as&#xed; como se lleva a cabo un proceso de acumulaci&#xf3;n que, simult&#xe1;neamente, nos va construyendo a nosotros mismos (es el ser hist&#xf3;rico). Al leer las reflexiones del autor, es inevitable no pensar en Engels, cuando sostiene que el perro no es el perro salvaje, sino el domesticado, y que no solo la mano hace el arado, sino que el arado hace la mano del hombre.</p>
		<p>Alonso muestra que el pensamiento de Ortega tiene mucho que ofrecer a la recepci&#xf3;n y a las discusiones del presente, pero quedar&#xed;a al debe en algunos aspectos que se relacionan fundamentalmente con que no tuvo acceso ni a los conocimientos etol&#xf3;gicos de los que disponemos hoy, ni a los conocimientos paleoantropol&#xf3;gicos, es decir acerca de los or&#xed;genes del hombre. Estas son carencias que el autor intenta superar para dar cuenta de que hay buenas razones para tomar la filosof&#xed;a de Ortega en serio en las discusiones actuales sobre la t&#xe9;cnica. Con este esfuerzo de actualizaci&#xf3;n, el libro se torna no solo educativo e interesante, tanto para ne&#xf3;fitos como especialistas en el pensamiento de Ortega, sino adem&#xe1;s fascinante. </p>
		<p>Una tesis orteguiana es que la t&#xe9;cnica surge del ensimismamiento. El ensimismamiento es el retraerse sobre s&#xed; mismo por el extra&#xf1;amiento del mundo. Desde este ejercicio (que podr&#xed;amos quiz&#xe1;s hoy denominar auto-reflexividad) surgir&#xed;a la t&#xe9;cnica como un modo de vencer la circunstancia. Como el autor muestra, Ortega habr&#xed;a estado influenciado por las ideas de Gehlen, sobre el ser carente del hombre, una carencia que se superar&#xed;a mediante la t&#xe9;cnica. Sin embargo, estas ideas no parecen ser correctas. El ser humano no es un ser carente en el sentido en que no lo son otros animales porque, para decirlo contempor&#xe1;neamente, no estar&#xed;a adaptado al medio. Lo cierto es que s&#xed; lo est&#xe1;, tanto como cualquier otro animal. Que no tengamos garras para defendernos o una pilosidad que nos proteja de las inclemencias clim&#xe1;ticas, como por ejemplo las tiene el tigre, no significa que estemos menos adaptados que el tigre, sino que solo significa que la adaptaci&#xf3;n toma una forma diferente. De igual modo se podr&#xed;a decir que estamos mejor adaptados que el tigre, y que aquel es por tanto un ser de carencia, porque tenemos manos y una masa encef&#xe1;lica superior que, sobre todo por los impresionantes desarrollos del prefrontal, nos permiten cooperar. Es as&#xed; como Alonso actualiza la tesis orteguiana de que la t&#xe9;cnica surge del ensimismamiento. En lugar de ello, &#xe9;l propone que ensimismamiento y t&#xe9;cnica est&#xe1;n en una relaci&#xf3;n de codependencia, cada una de ellas es causa y consecuencia de la otra, y por tanto ninguna podr&#xed;a subsistir sin la otra. </p>
		<p>La explicaci&#xf3;n del autor, convincente a mi juicio, refiere a la peculiaridad humana de tener cr&#xed;as prematuras y extraordinariamente d&#xe9;biles. Es por ello que hay carencia en relaci&#xf3;n con las cr&#xed;as, pero por lo mismo hay exceso, superfluidad, hacia el mundo: justamente para sacar adelante a cr&#xed;as improbables si no cont&#xe1;semos con nuestro desarrollado cerebro. El hombre se distancia con respecto a su circunstancia no por la carencia, sino porque lleva a cabo una mediaci&#xf3;n t&#xe9;cnica mayor que la de otros animales. No es porque le falte m&#xe1;s, es porque necesita m&#xe1;s. Lo superfluo as&#xed; es la caracter&#xed;stica humana que trae consigo a la t&#xe9;cnica, con sus l&#xf3;gicas de aprovisionamiento, acumulaci&#xf3;n y aseguramiento; es la historia del libro y las bibliotecas, y la labor del bibliotecario que organiza la seguridad y el acceso a lo acumulado. As&#xed; se inicia un proceso que nos distingue del resto de los animales.</p>
		<p>La cooriginalidad de la t&#xe9;cnica y el ensimismamiento son procesos que se potencian mutuamente: la t&#xe9;cnica posibilita el ensimismamiento del cual surge la t&#xe9;cnica. Es un proceso de autocreaci&#xf3;n del ser humano, una autopoiesis, aunque el autor menciona este t&#xe9;rmino solo una vez en todo el libro. Y es tambi&#xe9;n un proceso en aceleraci&#xf3;n. No es inapropiado pensar ac&#xe1; en los estudios de <xref ref-type="bibr" rid="B7">Hartmut Rosa (2005)</xref> sobre la aceleraci&#xf3;n de las sociedades contempor&#xe1;neas. Lo superfluo se incrementa en un proceso de retroalimentaci&#xf3;n entre t&#xe9;cnica y ensimismamiento. La pregunta de Ortega, que el autor refiere: &#xab;Ganamos tiempo, pero &#xbf;qu&#xe9; hacemos con ese tiempo?&#xbb;, es central: lo ocupamos en seguir -superfluidamente- humanizando el mundo. </p>
		<p>Es interesante constatar que estas ideas interpretativas del autor encuentran tambi&#xe9;n an&#xe1;logos emp&#xed;ricos en los experimentos de <xref ref-type="bibr" rid="B5">Mullainathan y Shafir (2014)</xref>, que muestran que personas en situaci&#xf3;n de pobreza toman malas decisiones: es la carencia, con los t&#xe9;rminos de Gehlen, la que los lleva a tomar malas decisiones, decisiones que a veces salvan el d&#xed;a, pero que a mediano y largo plazo resultan devastadoras. No se trata solo decisiones financieras, sino rom&#xe1;nticas y de todo tipo. De alg&#xfa;n modo, las expectativas reducidas por una mala situaci&#xf3;n econ&#xf3;mica acent&#xfa;an las tasas de descuento del valor de futuro. Estos estudios tambi&#xe9;n refieren a la carencia de tiempo. Por cierto, todo esto es considerado muchas veces la respuesta m&#xe1;s racional (si el tren nunca ha de llegar, mejor no esperarlo). Pero eso no modifica el punto: tal como sostiene Alonso, no es el hambre lo que nos moviliza, sino que lo que nos lleva a humanizar el mundo es lo superfluo, como dir&#xed;a Ortega. (Una lectura pol&#xed;tica de lo anterior, es la propuesta de, en vez de culpar a los pobres por sus malas decisiones, realizar transferencias de efectivo para que ya no est&#xe9;n en situaci&#xf3;n de carencia y tomen as&#xed; mejores decisiones). </p>
		<p>No me referir&#xe9; sustancialmente a la &#xfa;ltima parte del libro en que el autor trata problem&#xe1;ticas actuales de la t&#xe9;cnica. Esto no se debe a que esas reflexiones no sean interesantes. Por el contrario, lo son, y mucho (las reflexiones en torno a Ortega y la internet son iluminadoras). Sino que se debe a que el resto del libro result&#xf3; sumamente interesante y motivante. En lo que sigue me referir&#xe9; al aspecto m&#xe1;s propositivo del libro.</p>
		<p>Queda muy claro que la posici&#xf3;n de Ortega no es tecn&#xf3;fila, es decir no funda utop&#xed;as tecnocient&#xed;ficas, pero tampoco es tecn&#xf3;foba, es decir no funda distop&#xed;as tecnocient&#xed;ficas. El ser humano es t&#xe9;cnico, es lo que es, y est&#xe1; bien que as&#xed; sea. No tiene sentido querer volver a una situaci&#xf3;n anterior a la t&#xe9;cnica que, por lo dem&#xe1;s, nunca pudo haber existido. En la actitud orteguiana se tratar&#xed;a, indica el autor, de una equidistancia entre la euforia tecn&#xf3;crata y el catastrofismo tecnof&#xf3;bico, una actitud que nos permite evaluar en su justa medida tanto los peligros como las potencialidades (p. 286). As&#xed;, sostiene el autor, cualquier cambio o mejora solo ser&#xe1; posible si la vida humana cambia de modo integral, es decir si cambian a la vez y en una misma direcci&#xf3;n, hombre y t&#xe9;cnica (p. 307). Y contin&#xfa;a diagnosticando que la capacidad de comprometerse es la que se ha visto debilitada con la t&#xe9;cnica contempor&#xe1;nea, y as&#xed; esta ha empezado a ir en contra de su funci&#xf3;n originaria que ser&#xed;a la uni&#xf3;n y compenetraci&#xf3;n de los seres humanos (p. 308). Con el exceso de superfluidad en la actualidad, sostiene el autor, era claro que esto solo pod&#xed;a llevar a la deshumanizaci&#xf3;n, el ser humano queda desorientado y a la deriva: &#xab;Esta situaci&#xf3;n, si lo pensamos fr&#xed;amente, solo pod&#xed;a llevarnos a la deshumanizaci&#xf3;n&#xbb; (Ibid.). La propuesta del autor es que, ante esta situaci&#xf3;n, debi&#xe9;ramos imaginar nuevas metas y nuevos retos para proyectar al ser humano, siendo fundamental potenciar y restaurar aquellas t&#xe9;cnicas b&#xe1;sicas que son la familia y el lenguaje. Se tratar&#xed;a de recuperar la convivencia (charlar, pasar tiempo juntos, etc&#xe9;tera) para embarcarnos en nuevos y desafiantes proyectos (p. 309). Esta es la invitaci&#xf3;n con la que termina el libro. Y ser&#xed;a un excelente final para este comentario. Pero lo cierto es que sostener que el exceso de superfluidad solo pod&#xed;a llevarnos a la &#xab;deshumanizaci&#xf3;n&#xbb; es una sentencia que no tiene sentido seg&#xfa;n el propio an&#xe1;lisis de la obra de Ortega que el autor propone. Se debe tratar m&#xe1;s bien, de humanizaci&#xf3;n, humanizaci&#xf3;n extrema del mundo mediante lo superfluo. Terminar&#xe9; con una sucinta nota cr&#xed;tica y especulativa.</p>
		<p>Evolutivamente somos descendientes de sujetos exitosos. Esta es la tesis de la evoluci&#xf3;n a nivel individual, que es la m&#xe1;s aceptada en la actualidad (y muy popular desde el gen ego&#xed;sta de <xref ref-type="bibr" rid="B2">Dawkins, 1976</xref>). Pero probablemente hay tambi&#xe9;n selecci&#xf3;n a nivel de grupos (<xref ref-type="bibr" rid="B3">H&#xf6;lldobler y Wilson, 1998</xref>), una tesis que ya fue presentada por <xref ref-type="bibr" rid="B1">Darwin (1998)</xref>. Los niveles de ultrasociabilidad parecen darse cuando se requiere defender un nido de depredadores, es decir cuando hay una habitaci&#xf3;n territorial delimitada con recursos que hay que defender de depredadores, par&#xe1;sitos o competidores (como un nido en los agujeros en los &#xe1;rboles); cuando se requiere alimentar a las cr&#xed;as por un amplio periodo de tiempo; y cuando hay conflictos entre grupos (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Richerson y Boyd, 1998</xref>). Estas tres caracter&#xed;sticas se dan no solo entre hormigas, termitas y abejas, sino tambi&#xe9;n entre humanos: criaturas territoriales que vivimos en nidos a defender (como cuevas), cuyas cr&#xed;as requieren gran cuidado, y cuyo grupo est&#xe1; amenazado por otros grupos (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Haidt, 2012</xref>). La selecci&#xf3;n por grupos se puede dar cuando los individuos desarrollan t&#xe9;cnicas para suprimir el ego&#xed;smo y trabajar en conjunto como un equipo en competencia con otros equipos, produci&#xe9;ndose as&#xed; adaptaciones relacionadas con el grupo.</p>
		<p>Recurriendo a las palabras de <xref ref-type="bibr" rid="B4">Haidt (2012)</xref>, somos 90 % chimpanc&#xe9;s y 10 % abejas, o seres de colmena. Esto no es trivial. Como seres condicionales de colmena podemos perder nuestra individualidad en el grupo y mejorar as&#xed; las capacidades de adaptabilidad y supervivencia del grupo. Como chimpanc&#xe9;s exitosos con un prefrontal ultradesarrollado competimos y cooperamos con los otros, pero siempre desde la perspectiva de un s&#xed; mismo que busca incrementar sus posibilidades evolutivas. Sin duda en nuestras t&#xe9;cnicas est&#xe1;n presentes ambos aspectos. Nos gustan los ritmos repetitivos y as&#xed; no es dif&#xed;cil que nos pongamos a marchar junto a los otros y partamos a alguna guerra o, en un mejor caso, a hacer coreograf&#xed;as. Se trata de t&#xe9;cnicas para suprimir el ego&#xed;smo y liberar a la termita que todos llevamos dentro. Pero tambi&#xe9;n buscamos incrementar nuestras oportunidades como individuos sin pensar demasiado en terceros, como lo hacemos mediante la t&#xe9;cnica del mercado (los m&#xe1;s optimistas conf&#xed;an aqu&#xed; en la mano invisible). </p>
		<p>Si estamos a la deriva porque con el ser t&#xe9;cnico actual nos enajenamos de la funci&#xf3;n de uni&#xf3;n y formaci&#xf3;n de comunidad propia de la t&#xe9;cnica, como vimos que el autor sostiene, de modo que, para hacer frente a esta situaci&#xf3;n desafortunada habr&#xed;a que restaurar y potenciar las t&#xe9;cnicas de la familia y de la comunicaci&#xf3;n, la pregunta que se plantea es: &#xbf;no podr&#xed;a ser que, en un medioambiente tan cambiado -humanizado- por el hombre t&#xe9;cnico, como el de las sociedades actuales, la funci&#xf3;n tradicional de la t&#xe9;cnica como forjadora de uni&#xf3;n entre los seres humanos no tenga ya una funci&#xf3;n evolutiva central? Nos conocemos por <italic>apps</italic> rom&#xe1;nticas; hacemos clases por <italic>Zoom</italic>; vigilamos y controlamos a distancia mediante equipos de rastreo; detenemos personas seg&#xfa;n lo que indican <italic>softwares</italic> de reconocimiento facial; llevamos a cabo juicios no presenciales; quiz&#xe1;s desarrollaremos fetos fuera del cuerpo humano; podr&#xed;amos seguir. Y aquellos que utilizan las t&#xe9;cnicas de anta&#xf1;o, como la conversaci&#xf3;n junto a un caf&#xe9;, la sobremesa, las horas familiares, etc&#xe9;tera, pierden el tiempo necesario para ser, hoy en d&#xed;a, chimpanc&#xe9;s exitosos. Y algo similar se puede decir con respecto a nuestro 10 % de colmena. Quiz&#xe1;s la funci&#xf3;n evolutiva original de los bailes comunales alrededor del fuego y animados por tambores con ritmos repetitivos, cantando en el coro de la iglesia, o marchando a la guerra con los compa&#xf1;eros en armas, se cumple hoy en nuestro ambiente radicalmente generado por nuestras t&#xe9;cnicas de mejor modo mediante las comunidades de juego virtual, los <italic>tik-toks</italic>, los <italic>influencers</italic>, los <italic>avatars</italic> y los modos de vida virtual, etc&#xe9;tera. Puede ser que no nos guste nada de esto -a m&#xed;, al menos, no me gusta-, pero es quiz&#xe1;s la mejor opci&#xf3;n adaptativa en un medio hombre-t&#xe9;cnica. Si considerando una perspectiva evolutiva, crear comunidad, entendida en los t&#xe9;rminos tradicionales, no es hoy la funci&#xf3;n de la t&#xe9;cnica: &#xbf;por qu&#xe9; recuperar entonces t&#xe9;cnicas tradicionales? Quiz&#xe1;s hoy recuperar estas t&#xe9;cnicas sea tan extempor&#xe1;neo e inapropiado (e irreal) como dejar los tractores estacionados para ir a labrar con un arado de madera de mano. Quiz&#xe1;s se trata del precio evolutivo de la superfluidad.</p>
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