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				<journal-title>Isegor&#xed;a</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Isegor&#xed;a</abbrev-journal-title>
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			<issn publication-format="electronic">1988-8376</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#xed;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">isegoria.2023.69.02</article-id>
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				<subj-group subj-group-type="heading">
					<subject>Art&#xed;culos</subject>
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				<article-title>Impersonal y viviente. Dos paradigmas para pensar (con) otra racionalidad jur&#xed;dica</article-title>
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					<trans-title>Impersonal and living. Two paradigms for thinking (with) another legal rationality</trans-title>
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				<contrib contrib-type="author" corresp="yes">
					<contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0003-0601-1395</contrib-id>
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						<surname>Garc&#xed;a L&#xf3;pez</surname>
						<given-names>Daniel J.</given-names>
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					<aff id="aff1"><institution content-type="university">Universidad de Granada</institution></aff>
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			<issue>69</issue>
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				<copyright-statement>&#xa9; 2023 CSIC</copyright-statement>
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					<license-p>Este es un art&#xed;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#xe9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#xf3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p>Este trabajo tiene un doble objetivo. En primer lugar, presentar dos paradigmas elaborados por Roberto Esposito y por Eligio Resta para pensar (con) otra racionalidad jur&#xed;dica: derecho impersonal y derecho viviente. En segundo lugar, situar la genealog&#xed;a de ambos paradigmas en las reflexiones suscitadas en el primer cuarto del siglo XX con Simone Weil y el debate Hans Kelsen-Eugen Ehrlich. La idea principal es plantear una singularidad jur&#xed;dica en el interior de la Italian Theory.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>This paper has two aims. First, to introduce two paradigms elaborated by Roberto Esposito and Eligio Resta to think (with) another legal rationality: impersonal law and living law. Secondly, to situate the genealogy of both paradigms in the reflections raised in the first quarter of the 20th century with Simone Weil and the Hans Kelsen-Eugen Ehrlich debate. The main idea is to propose a legal singularity of the Italian Theory. </p>
			</trans-abstract>
			<kwd-group>
				<kwd>Biopol&#xed;tica afirmativa</kwd>
				<kwd>derecho impersonal</kwd>
				<kwd>derecho viviente</kwd>
				<kwd>Roberto Esposito</kwd>
				<kwd>Eligio Resta</kwd>
			</kwd-group>
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				<kwd>Affirmative biopolitics</kwd>
				<kwd>Impersonal Law</kwd>
				<kwd>Living Law</kwd>
				<kwd>Roberto Esposito</kwd>
				<kwd>Eligio Resta</kwd>
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	<body>
		<sec id="sec1" sec-type="intro">
			<label>1.</label>
			<title>Introducci&#xf3;n</title>
			<p>Estamos acostumbrados a que la estructura de una sentencia sea al modo de una deducci&#xf3;n: de unas premisas, f&#xe1;cticas y normativas, se deduce, coherentemente, una conclusi&#xf3;n-fallo-sanci&#xf3;n. &#xbf;Y si nos encontr&#xe1;ramos con la estructura inversa? Una sentencia principiada por la sanci&#xf3;n. Esto fue com&#xfa;n durante los largos a&#xf1;os de depuraci&#xf3;n judicial que realiz&#xf3; la dictadura franquista, a cargo del juez jefe de instructores Romualdo Hern&#xe1;ndez Serrano (<xref ref-type="bibr" rid="B36">Fern&#xe1;ndez-Crehuet L&#xf3;pez, 2011, pp. 149-155</xref>).</p>
			<p>Jos&#xe9; L&#xf3;pez Tamayo Gonz&#xe1;lez fue ejecutado en la tapia del cementerio municipal de Olvera el primero de septiembre de 1936 y arrojado a una fosa com&#xfa;n. Hab&#xed;a sido juez de esta localidad, &#xab;de un car&#xe1;cter excesivamente retra&#xed;do, con tendencias extremistas de lo que alardeaba&#xbb;, podemos leer en el expediente de depuraci&#xf3;n judicial al que fue sometido con el objeto de apartarlo de la carrera judicial por su falta de adhesi&#xf3;n al golpe de Estado (<xref ref-type="bibr" rid="B36">Fern&#xe1;ndez-Crehuet L&#xf3;pez, 2011, pp. 19-24</xref>). El 1 de septiembre fue fusilado, pero el proceso judicial para depurarlo sigui&#xf3; abierto a pesar de conocerse su fallecimiento. No importaba el sujeto, sino el proceso. Este era el protagonista. </p>
			<p>El doble proceso, uno que lo dirige hacia una fosa com&#xfa;n y otro que lo aparta de la carrera judicial, muestra el misterio. El proceso de depuraci&#xf3;n al que fue sometido Jos&#xe9; L&#xf3;pez Tamayo lo manten&#xed;a vivo, a pesar de que su cuerpo, inerte, se encontraba sepultado bajo otros cuerpos en una fosa com&#xfa;n. El proceso de depuraci&#xf3;n fue un momento eterno donde el cuerpo pudo estar muerto y sobrevivir al mismo tiempo, en ese mismo tiempo del proceso, en ese proceso que no conduce a la muerte, como el primero, sino al mantenimiento de, o, mejor, en, la vida, una vida ciertamente <italic>sui generis</italic>, una vida procesal.</p>
			<p>En 1949, en las p&#xe1;ginas de la <italic>Rivista di diritto processuale</italic>, Salvatore Satta reflexiona sobre <italic>il mistero del processo</italic>
				<xref ref-type="fn" rid="fn1">
					<sup>1</sup>
				</xref>
				<italic>.</italic> El misterio del proceso, el misterio de la vida: &#xab;el principio <italic>nulla poena sine judicio</italic> parece invertirse: si el juicio es necesario para la pena, la pena parece necesaria para el juicio: <italic>nullum judicium sine poena</italic>. En efecto, se podr&#xed;a decir que toda la pena est&#xe1; en el juicio, que la acci&#xf3;n de castigar -la c&#xe1;rcel, el verdugo- solo interesa en la medida en que es, por as&#xed; decirlo, una continuaci&#xf3;n del juicio [...]. El juicio es una pena, es la &#xfa;nica pena verdadera&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Satta, 1994, pp. 26-27</xref>). Es por ello que, como nos ense&#xf1;a Kafka en <italic>Der Prozess</italic>, no es posible una sentencia de absoluci&#xf3;n pues se tratar&#xed;a de la confesi&#xf3;n de un error procesal (<xref ref-type="bibr" rid="B41">Kafka, 2008, pp. 158-167</xref>). De ah&#xed; que, como sostiene Satta, &#xab;todos son &#xed;ntimamente inocentes: y el verdadero inocente no es el que es absuelto, sino el que pasa por la vida sin ser juzgado&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Satta, 1994, p. 27</xref>).</p>
			<p>Sin juicio, no hay pena. Si se quiere ser <italic>justo</italic> es porque se reconoce en el juicio, en el mismo proceso, un momento eterno. Se trata de una cuesti&#xf3;n compleja: al igual que la persona atea no puede negar la existencia de Dios sin, a un tiempo, afirmarlo (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Satta, 1994, p. 28</xref>). Por eso el proceso no tiene por finalidad la ley, la justicia o la verdad, pues la sentencia tiene fuerza a pesar de ser injusta, incluso en t&#xe9;rminos de posibilidad de injusticia. El &#xfa;nico prop&#xf3;sito del proceso es el juicio, la <italic>res iudicata</italic> que sustituye a la verdad y a la justicia (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Satta, 1994, p. 24</xref>). Mas el juicio no es un fin externo al proceso, sino que coincide con su desenvolvimiento, esto es, en palabras de Agamben, &#xab;un acto sin fin&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Agamben, 2014, p 73</xref>). He aqu&#xed; el misterio del proceso y el misterio de la vida. Porque el juicio es contrario a la vida. Esta es acci&#xf3;n y voluntad, y cuando la vida llega a su fin, cuando la acci&#xf3;n est&#xe1; concluida, &#xab;vendr&#xe1; Uno, no para castigar, no para premiar, sino para juzgar&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Satta, 1994, p. 25</xref>). Es por ello que Jos&#xe9; L&#xf3;pez Tamayo continuara siendo juzgado en el proceso de depuraci&#xf3;n. Su vida, sus actos y voluntad, hab&#xed;an concluido en la ejecuci&#xf3;n ante la tapia del cementerio municipal, pero se manten&#xed;a procesalmente, suspendida en el tiempo del proceso de depuraci&#xf3;n, eternamente juzgada. Su vida, con la muerte, era una vida endeudada, pero sin posibilidad f&#xed;sica de resarcimiento.</p>
			<p>El ejemplo con el que introducimos este texto no es una excepci&#xf3;n de un r&#xe9;gimen totalitario. Se trata de la normalidad del derecho, de su racionalidad marcadamente inmunitaria, que nos sit&#xfa;a ante la complejidad de su relaci&#xf3;n con la vida. Por decirlo con otras palabras, este ejemplo nos sit&#xfa;a ante c&#xf3;mo funciona la l&#xf3;gica jur&#xed;dica que captura la vida. Lo cierto es que la filosof&#xed;a del derecho tiene ciertas resistencias a pensar la norma <italic>en</italic> (no sobre ni a partir) la vida. Si bien no es solo un problema de la filosof&#xed;a del derecho. El concepto <italic>vida</italic> devino un problema te&#xf3;rico a partir del siglo XVIII, especialmente desde la biolog&#xed;a y la medicina con Xavier Bichat, pero siendo esta definida desde lo negativo: en oposici&#xf3;n a la muerte (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Ciccarelli, 2008, p. 23</xref>). Pareciera que en la filosof&#xed;a occidental no se ha logrado pensar un fondo indiferencial de la vida, sino que esta siempre ha estado jerarquizada y clasificada. Pensemos en <italic>De anima</italic> de Arist&#xf3;teles.</p>
			<p>Dec&#xed;a Walter Benjamin en <italic>Zur Kritik der Gewalt</italic> que &#xab;valdr&#xed;a la pena sin duda investigar el origen del dogma de que la vida es, sin m&#xe1;s, sagrada. Tal vez, probablemente, sea reciente; el &#xfa;ltimo extrav&#xed;o de la tradici&#xf3;n occidental debilitada, buscando en lo impenetrable cosmol&#xf3;gico al santo que perdi&#xf3;&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Benjamin, 2007, p. 205</xref>). Debemos poner sobre la mesa el dogma de la sacralidad de la vida<xref ref-type="fn" rid="fn2">
					<sup>2</sup>
				</xref>. El derecho ha iniciado su separaci&#xf3;n de la vida desde el momento en el que se establece el deber de dar nombre a las cosas, a partir de la calificaci&#xf3;n jur&#xed;dica: pensemos en la separaci&#xf3;n entre quien es propietario de la obra y quien es propietario de la materia. Abstracci&#xf3;n e incorporalidad. El alejamiento de la vida y del cuerpo hace que el derecho entre en un estado de constante melancol&#xed;a, como dijera Benjamin hacia aquel soberano que sosten&#xed;a en su mano el acontecer hist&#xf3;rico como un cetro, pero tambi&#xe9;n mostraba la melancol&#xed;a como fragilidad constitutiva (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Benjamin, 2012, pp. 52 y 139</xref>). Esto hace que el derecho se presente como garante de la vida, pero solo en los t&#xe9;rminos de su captura. &#xbf;Es posible una resistencia de la vida a ser capturada por el derecho? </p>
			<p>En las siguientes p&#xe1;ginas quisi&#xe9;ramos detenernos en dos formas de pensar el derecho que provienen desde las coordenadas de la Italian Theory, se&#xf1;alando as&#xed; que en esta podemos encontrar una singularidad jur&#xed;dica en torno a la vida<xref ref-type="fn" rid="fn3">
					<sup>3</sup>
				</xref>. Lo haremos a trav&#xe9;s de una lectura geneal&#xf3;gica de los paradigmas del <italic>derecho viviente</italic> y del <italic>derecho impersonal</italic>, dos categor&#xed;as planteadas por el jurista Eligio Resta y por el fil&#xf3;sofo Roberto Esposito, respectivamente, y que podemos situar en el primer tercio del siglo XX en el debate Ehlrich-Kelsen y en las reflexiones de Simone Weil. Se trata, en definitiva, de pensar (con) otra racionalidad jur&#xed;dica a partir de dos paradigmas que podr&#xed;amos incluirlos en una suerte de biopol&#xed;tica afirmativa que nos permita salir de los contornos teol&#xf3;gico-pol&#xed;ticos del derecho moderno. </p>
		</sec>
		<sec id="sec2">
			<label>2.</label>
			<title>Derecho impersonal</title>
			<sec id="sec2.1">
				<label>2.1.</label>
				<title>Lo impersonal como salida a la teolog&#xed;a pol&#xed;tica</title>
				<p>La destrucci&#xf3;n de la noci&#xf3;n de persona y la propuesta por un principio que nos articule m&#xe1;s all&#xe1; de las instituciones y el derecho es uno de los elementos que encontramos en Simone Weil. La fil&#xf3;sofa francesa parte de una cr&#xed;tica al personalismo para plantear c&#xf3;mo lo sagrado del ser humano es todo aquello salvo su persona. No obstante, la noci&#xf3;n de persona no ha dejado de influir y contaminar la moral, la pol&#xed;tica y, obviamente, el derecho. Es por ello que &#xab;la noci&#xf3;n de derecho, lanzada al mundo en 1789, ha sido, por su insuficiencia interna, impotente a la hora de ejercer la funci&#xf3;n que se le hab&#xed;a confiado&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B57">Weil, 2019, p. 35</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn4">
						<sup>4</sup>
					</xref>. Y es aqu&#xed; cuando Weil vincula derecho y fuerza, haciendo depender el primero de la segunda:</p>
				<disp-quote>
					<p>&#xab;La noci&#xf3;n de derecho est&#xe1; vinculada a la de reparto, la de intercambio, la de cantidad. Tiene algo de comercial. Evoca ella misma el proceso, el alegato. El derecho no se sostiene m&#xe1;s que a trav&#xe9;s de un tono de reivindicaci&#xf3;n; y cuando se adopta ese tono es porque la fuerza no est&#xe1; lejos, justo detr&#xe1;s, para confirmarlo, porque sin ella ser&#xed;a rid&#xed;culo&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B57">Weil, 2019, p. 58</xref>).</p>
				</disp-quote>
				<p>Pensemos en Roma. Pensemos en c&#xf3;mo nos sentimos herederos del derecho romano, algo &#xab;singularmente escandaloso&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B57">Weil, 2019, p. 61</xref>), pues el derecho romano estaba articulado en torno a la idea de propiedad como derecho de uso y abuso, incluidos los propios seres humanos como cosas de las que usar y abusar. Por eso el derecho nada tiene que ver con el amor, como Ant&#xed;gona. Por eso lo sagrado no es el bien en s&#xed;, sino la expectativa que nos hagan un bien. La operaci&#xf3;n realizada en Roma fue separar el cuerpo y la persona, transformando la m&#xe1;scara del actor (persona) en el concepto jur&#xed;dico fundamental, a saber: la personalidad jur&#xed;dica como la capacidad de actuar en el derecho y de realizar actos jur&#xed;dicos v&#xe1;lidos. Por eso la persona no coincide con el cuerpo, sino con la capacidad de realizar una actuaci&#xf3;n v&#xe1;lida (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Agamben, 2019, pp. 19-20</xref>). Lo que se traduce en que el ser humano, intr&#xed;nsecamente vulnerable, siempre corre el riesgo de ser transformado en <italic>vida sin forma</italic>, en <italic>nuda vida</italic>, constre&#xf1;ida a ocuparse solo de su propia duraci&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B37">Fulco, 2020, p. 11</xref>). Weil nos sit&#xfa;a ante el derecho:</p>
				<disp-quote>
					<p>La noci&#xf3;n de derecho est&#xe1; vinculada a la de reparto, la de intercambio, la de cantidad. Tiene algo de comercial. Evoca ella misma el proceso, el alegato. El derecho no se sostiene m&#xe1;s que a trav&#xe9;s de un tono de reivindicaci&#xf3;n; y cuando se adopta ese tono es porque la fuerza no est&#xe1; lejos, justo detr&#xe1;s, para confirmarlo, porque sin ella ser&#xed;a rid&#xed;culo (<xref ref-type="bibr" rid="B57">Weil, 2019, p. 58</xref>).</p>
				</disp-quote>
				<p>Weil ubica la noci&#xf3;n de derecho en Roma y la enlaza con la Alemania nazi. Ambas comprendieron el car&#xe1;cter performativo del derecho capaz de transformar a seres humanos en cosas. La operaci&#xf3;n realizada por Weil es de <italic>bombardeo</italic>, disolviendo as&#xed; la tradici&#xf3;n jur&#xed;dica. El derecho queda vinculado a la <italic>parte</italic>, no al <italic>todo</italic>: &#xab;el todo no necesita de derecho a lo sumo de justicia, como el individuo, porque derecho es <italic>divisi&#xf3;n</italic> justa. Aqu&#xed; la noci&#xf3;n de <italic>ius</italic> entra en contradicci&#xf3;n consigo misma, porque esa divisi&#xf3;n solamente puede ser justa si las partes poseedoras de derecho tambi&#xe9;n tienen igual fuerza. De otro modo, el resultado ser&#xe1; necesariamente desigual, porque el m&#xe1;s fuerte conquistar&#xe1; naturalmente un derecho mayor&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Esposito, 1999, p. 238</xref>). De nuevo, la vinculaci&#xf3;n inexorable entre derecho y fuerza. El derecho necesita de la fuerza y la fuerza necesita de legitimaci&#xf3;n jur&#xed;dica. Fuerza y mercado, violencia y propiedad marcan la cadena del <italic>n&#xf3;mos</italic> a trav&#xe9;s de dos entidades subjetivas, a saber, la colectividad parcial y la persona. Por decirlo con Roberto Esposito, &#xab;en &#xfa;ltima instancia, el derecho siempre es <italic>personal</italic>. As&#xed; como la persona es a su vez, en tanto tal, <italic>de derecho</italic>&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Esposito, 1999, p. 239</xref>). Derecho y violencia, persona y propiedad quedan vinculadas. Y fue Weil quien denunci&#xf3; la relaci&#xf3;n intr&#xed;nseca entre derecho y persona: &#xab;la noci&#xf3;n de derecho arrastra tras de s&#xed;, de forma natural, por el hecho mismo de su mediocridad, la de persona, pues el derecho tiene que ver con las cosas personales&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B57">Weil, 2019, p. 65</xref>). De ah&#xed; que el derecho se distinga del mero hecho por medio de la protecci&#xf3;n de determinadas personas respecto de otras que no forman parte. La persona, por tanto, se configura como el cauce por el que el derecho se ha constituido por medio del poder de separaci&#xf3;n y subordinaci&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Esposito, 2007, p. 124</xref>).</p>
				<p>Por eso Weil se&#xf1;alar&#xe1; que la persona no puede estar ligada a lo sagrado, sino lo impersonal (<xref ref-type="bibr" rid="B38">Gaeta, 2018, pp. 241-249</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B43">Lisciani-Petrini, 2012, pp. 39-50</xref>): &#xab;lo que es sagrado, mucho m&#xe1;s all&#xe1; de la persona, es lo que en un ser humano es impersonal. Todo cuanto es impersonal en el ser humano es sagrado, y solo eso&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B57">Weil, 2019, p. 43</xref>). Lo impersonal ser&#xed;a aquella noci&#xf3;n que Weil opone a la persona como categor&#xed;a teol&#xf3;gico-pol&#xed;tica, pero tambi&#xe9;n aquello que <italic>en la</italic> persona &#xab;interrumpe el mecanismo inmunitario que introduce al yo en el c&#xed;rculo a la vez inclusivo y excluyente del nosotros&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Esposito, 2007, p. 125</xref>). Es por ello que el derecho no quede vinculado a lo impersonal, sino la obligaci&#xf3;n. De ah&#xed; la necesidad de salir del dispositivo de la persona, de desactivarlo para pensar al ser humano en cuanto tal: &#xab;todos cuantos han penetrado en el territorio de lo impersonal encuentran all&#xed; una responsabilidad hacia todos los seres humanos. La de proteger en ellos no la persona, sino todo lo que la persona esconde en materia de fr&#xe1;giles posibilidades de transitar hacia lo impersonal&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B57">Weil, 2019, pp. 50-51</xref>). El cuerpo viviente es precisamente lo que reconstruye el v&#xed;nculo interrumpido por la divisi&#xf3;n entre persona y cosa (<xref ref-type="bibr" rid="B27">Esposito, 2014, p. 91</xref>). En cierto sentido, el n&#xfa;cleo del cuerpo reside en lo impersonal (<xref ref-type="bibr" rid="B27">Esposito, 2014, p. 79</xref>). Para poder desactivar el dispositivo de la persona hay que salir de la &#xf3;rbita del derecho, vinculado a la persona, y acudir a la justicia, espacio de lo impersonal. Por eso es necesaria la dislocaci&#xf3;n del puesto que ocupa la persona. Pero lo impersonal no abandona el paradigma de la persona, solo nos ubica en su borde o l&#xed;mite entre lo personal y lo animal para pensar formas no excluyentes. Lo que quedar&#xe1; tras la desactivaci&#xf3;n ser&#xe1; una vida, la inmanencia de una vida.</p>
				<p>Lo que busca Weil es romper el v&#xed;nculo que liga derecho y propio para poder hacer posible un <italic>derecho com&#xfa;n</italic>. &#xbf;C&#xf3;mo hacerlo posible? Este es el aporte eminentemente impol&#xed;tico de Weil que la liga a la noci&#xf3;n de justicia: &#xab;su rostro an&#xf3;nimo e impersonal, y sin embargo m&#xe1;s soberana que cualquier otra soberan&#xed;a&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Esposito, 1999, p. 243</xref>). &#xbf;Y en qu&#xe9; consiste el misterio de la justicia? En la espera: &#xab;ella es m&#xe1;s fuerte que la fuerza, pero su fuerza consiste solamente en la espera de lo que es necesario. Justicia es espera. Espera y pensamiento&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Esposito, 1999, p. 243</xref>).</p>
			</sec>
			<sec id="sec2.2">
				<label>2.2.</label>
				<title>Instituir una vida a trav&#xe9;s de lo impersonal</title>
				<p>Casi al final de su libro <italic>Istituzione</italic>, <xref ref-type="bibr" rid="B34">Roberto Esposito (2021)</xref> dedica unas reflexiones al <italic>diritto impersonale</italic> justo antes de finalizar el cap&#xed;tulo con el ep&#xed;grafe <italic>Istituire la vita</italic>. Entre ambos, el derecho impersonal y el instituir la vida, hay una estrecha relaci&#xf3;n. Al igual que la hay con autores como Ehrlich y Resta sobre los que se dedicar&#xe1;n algunas anotaciones m&#xe1;s adelante. &#xbf;Qu&#xe9; quiere decir un derecho impersonal y un instituir la vida? Hay que diferenciar aqu&#xed; dos etapas en el pensamiento de Esposito: una primera estrechamente vinculada con el pensamiento de Deleuze y de Weil, en la que Esposito encontrar&#xe1; un callej&#xf3;n sin salida, y una segunda etapa en la trata de salir de dicho callej&#xf3;n.</p>
				<p>Lo primero que plantear&#xe1; Esposito, en la l&#xed;nea de Simone Weil, es entender la persona como el dispositivo teol&#xf3;gico-pol&#xed;tico por excelencia que a partir de la Segunda Guerra Mundial fue revalorizado en la Declaraci&#xf3;n Universal de Derechos Humanos de 1948. La reducci&#xf3;n del ser humano a simple cuerpo desnudo con el nazismo hizo necesaria la reificaci&#xf3;n de la persona. Los derechos humanos, de esta forma, solo pueden ser pensados a partir de la noci&#xf3;n de persona, ya que los derechos fundamentales -como paso siguiente- estar&#xe1;n reservados a la ciudadan&#xed;a (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Esposito, 2007, pp. 5-7</xref>). </p>
				<p>Pero la propia noci&#xf3;n de persona, de este <italic>arcana imperii</italic>, se plantea desde la separaci&#xf3;n, incapaz entonces de subsanar el hiato entre vida y derecho que ella misma produce (<xref ref-type="bibr" rid="B29">Esposito, 2018a, p. 33</xref>). Lo que provoca la ineficacia de los derechos al quedar la vida excluida de la tutela del derecho (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Esposito, 2007, p. 91</xref>). La separaci&#xf3;n producida entre la persona y el ser humano, esta distinci&#xf3;n que a su vez distancia al ser humano de los derechos, hace que sea imposible algo as&#xed; como unos derechos humanos (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Esposito, 2007, pp. 102-103</xref>). </p>
				<p>El dispositivo de la persona reabre el enigma entre el ser y el modo de ser, entre <italic>b&#xed;os</italic> y <italic>zo&#xe8;,</italic> a partir de un mecanismo apropiativo donde una parte (animal, vegetativa, corp&#xf3;rea) es gobernada y dominada por la otra parte (racional). Ser persona no es vivir la separaci&#xf3;n entre lo propio y lo impropio, sino que implica ser dividido con el fin de someter una parte a la otra, esto es, que una sea objeto de la otra (<xref ref-type="bibr" rid="B10">Campbell, 2011, p. 69</xref>). El dispositivo de la persona, entonces, produce una cesura tanto exterior como interior de lo viviente. Una cesura que podr&#xed;amos entender como constituyente, pues ya encontramos en el derecho romano, donde la persona quedaba definida como oposici&#xf3;n a la cosa. Estas diferencias jur&#xed;dicas traspasaron las fronteras temporales romanas para ser entendidas como umbrales antropol&#xf3;gicos que divid&#xed;an a la humanidad. Por eso la persona no coincide con el cuerpo en el que se inserta, como la m&#xe1;scara no lo hace con el rostro del actor (<xref ref-type="bibr" rid="B29">Esposito, 2018a, p. 40</xref>): &#xab;Solo si existen hombre -y mujeres- que no sean del todo, o no lo sean en absoluto, considerados personas, otros podr&#xe1;n serlo o podr&#xe1;n conseguirlo [&#x2026;]. En Roma, era persona quien gozaba de la posibilidad de reducir a otros a la condici&#xf3;n de cosa, as&#xed; como, de manera correspondiente, un hombre &#xfa;nicamente pod&#xed;a ser llevado al estatuto de cosa en presencia de otra proclamada persona&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Esposito, 2018b, p. 15</xref>). El derecho reproduce este dualismo que separa incluso en el interior del ser humano: la persona no es el ser vivo, sino el estatus jur&#xed;dico. Por eso con la persona, en Roma, no se usaba el verbo <italic>ser</italic>, sino <italic>tener: personam habere</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B27">Esposito, 2014, p. 14</xref>)<italic>.</italic>
				</p>
				<p>Esto se traduce en que lo que define lo que es persona presupone un espacio no personal, o menos personal, a partir del cual encuentra su sentido lo personal. En la teolog&#xed;a, esta parte no personal radicar&#xed;a en el cuerpo que queda asociado a lo animal. De ah&#xed; la necesidad del pleno dominio de la parte animal como presupuesto para la posibilidad de la persona. Subjetivaci&#xf3;n y sometimiento se entrecruzan, como sustancia pensante (<italic>res cogitans</italic>) y sustancia extensa (<italic>res extensa</italic>) o el cuerpo como portador de la vida y la conciencia como lugar de la subjetividad, de tal forma que en cada ser vivo, &#xab;la persona es el sujeto destinado a someter a la parte de s&#xed; misma no dotada de caracter&#xed;sticas racionales, es decir, corp&#xf3;rea o animal&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Esposito, 2018b, p. 17</xref>). La dial&#xe9;ctica entre sometimiento y subjetividad es esencial para entender c&#xf3;mo funciona la soberan&#xed;a. Por ejemplo, mediante el pacto en Hobbes, donde todos quedan sometidos al soberano como el &#xfa;nico que puede llamarse persona. </p>
				<p>El dispositivo de la persona muestra c&#xf3;mo funciona el derecho: inclusi&#xf3;n y exclusi&#xf3;n; o, mejor dicho, se incluye por medio de la exclusi&#xf3;n. Estar incluido en la categor&#xed;a persona implicaba que otros estaban excluidos y sustra&#xed;dos. Es por ello que todo proceso de personificaci&#xf3;n coincide con el de despersonificaci&#xf3;n. Esto es algo que la filosof&#xed;a del derecho ha olvidado (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Esposito, 2007, p. 15</xref>). </p>
				<p>Para poder desactivar el dispositivo de la persona hay que salir de la &#xf3;rbita del derecho, vinculado a la persona, y acudir a la justicia, espacio de lo impersonal, como se se&#xf1;alaba con Weil. Para plantear una filosof&#xed;a de lo impersonal como biopol&#xed;tica afirmativa en la que la persona no sea separada de su propia materia viviente (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Ciccarelli y Esposito, 2012, p. 145</xref>), Esposito lo hace a partir de la ruptura que provocan del dispositivo de la persona varios autores, de Nietzsche a Foucault, pasando por Benveniste, Weil, Blanchot, Deleuze, Koj&#xe8;ve, Averroes, Bruno o Spinoza. Una parte maldita que exterioriz&#xf3; el pensamiento frente a la interiorizaci&#xf3;n de la conciencia, que supuso una ruptura con la idolatr&#xed;a y la representaci&#xf3;n, que plante&#xf3; una salida, un abandono, de lo propio y que plantean l&#xed;neas de fuga de la biologizaci&#xf3;n de la pol&#xed;tica y del derecho. No se trata de una antipol&#xed;tica como una antipersona, sino una no-persona, aquella parte negada, lo inmanente de la vida. En palabras de Laura Bazzicalupo, &#xab;pensar en contra de las pretensiones de omnipotencia, de separaci&#xf3;n y selecci&#xf3;n soberbia del viviente. El fil&#xf3;sofo est&#xe1; obligado a preservar el espacio vac&#xed;o, el <italic>in-</italic>, que permite una palabra no propietaria, un acontecimiento. A un nivel m&#xe1;s intenso, la responsabilidad &#xe9;tica es aceptar que este ser forma parte de la vida, lo que significa descubrir que la dimensi&#xf3;n m&#xe1;s propia, identitaria, est&#xe1; vac&#xed;a y que lo m&#xe1;s &#xed;ntimo, secreto, es extra&#xf1;o y com&#xfa;n, es impersonal, animal&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Bazzicalupo, 2008, p. 75</xref>).</p>
				<p>Ello implica una concepci&#xf3;n otra del derecho, una radical modificaci&#xf3;n del l&#xe9;xico filos&#xf3;fico, jur&#xed;dico y pol&#xed;tico: &#xab;una biopol&#xed;tica finalmente afirmativa puede, y debe, apuntar, m&#xe1;s bien, al vuelco de su relaci&#xf3;n de fuerzas. No es admisible que el derecho -el antiguo <italic>ius personarum</italic>- imponga desde afuera y desde arriba sus propias leyes a una vida separada de s&#xed; misma: es la vida, en su composici&#xf3;n al mismo tiempo corp&#xf3;rea e inmaterial, la que debe hacer de sus propias normas la referencia constante de un derecho cada vez m&#xe1;s ajustado a las necesidades de todos y cada uno&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Esposito, 2018b, p. 30</xref>). Lo impersonal se situar&#xe1; as&#xed; en el conf&#xed;n de la persona interrumpiendo el dispositivo de separaci&#xf3;n. Lo que supone &#xab;abrir paso al conjunto de fuerzas que, en vez de aniquilar a la persona -como pretendi&#xf3; hacerlo la tanatopol&#xed;tica del siglo XX, que termin&#xf3; por reforzarla-, la empujan hacia afuera de sus confines l&#xf3;gicos, e incluso gramaticales&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Esposito, 2007, p. 19</xref>).</p>
				<p>Deleuze tendr&#xe1; aqu&#xed; un papel clave al trazar una l&#xed;nea de fuga para escapar de la dial&#xe9;ctica personalizaci&#xf3;n-despersonalizaci&#xf3;n, para provocar un sabotaje en la m&#xe1;quina teol&#xf3;gico-pol&#xed;tica. Es as&#xed; que frente a la identidad y la discriminaci&#xf3;n apunta hacia la multiplicidad y la contaminaci&#xf3;n. Un <italic>cuerpo sin &#xf3;rganos</italic>. Un devenir animal que no supone &#xab;hundirse en el m&#xe1;s oscuro fondo del ser humano, ni una met&#xe1;fora o un fantasma literario. Es, por el contrario, nuestra realidad m&#xe1;s tangible, a condici&#xf3;n de que por real se entienda el cambio al que nuestra naturaleza est&#xe1; desde siempre sometida&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Esposito, 2007, p. 182</xref>). Este devenir animal, esta reconducci&#xf3;n a su natural alteraci&#xf3;n, supone una multiplicidad, una pluralidad, una mutaci&#xf3;n, una contaminaci&#xf3;n con lo que nos rodea: &#xab;lo que cuenta en el devenir animal, antes que la relaci&#xf3;n con el animal, es sobre todo el devenir de una vida que se individua solo rompiendo las cadenas y las prohibiciones, las barreras y las fronteras que el hombre grab&#xf3; en ella&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Esposito, 2007, p. 183</xref>). Lo impersonal del devenir animal, que no coincide ni con la persona ni con la cosa, rompe el v&#xed;nculo metaf&#xed;sico, la l&#xf3;gica inmunitaria de la inclusi&#xf3;n-exclusi&#xf3;n. Se trata de un singular-plural. Y esto no sit&#xfa;a a Deleuze contra la esfera del derecho: &#xab;lo que opera es, una vez m&#xe1;s, un desplazamiento l&#xe9;xico que transfiere la norma desde el plano vertical del comando soberano hacia el plano horizontal, de la forma de vida&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B26">Esposito, 2013, p. 217</xref>). Este pasaje del r&#xe9;gimen de la imposici&#xf3;n al de la metamorfosis est&#xe1; confiado a la capacidad creativa de la jurisprudencia, a su potencia creativa: &#xab;entonces, si un derecho finalmente jurisprudencial llega a emanciparse de su papel de control social para radicar en la praxis constituyente la capacidad inventiva del pensamiento, encontrar&#xe1; la funci&#xf3;n creativa de la filosof&#xed;a&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B26">Esposito, 2013, p. 217</xref>).</p>
				<p>Quiz&#xe1;s el paradigma iconogr&#xe1;fico de lo impersonal lo podamos encontrar en lo irrepresentable de Leonardo da Vinci, en la multiplicidad y la contaminaci&#xf3;n, en synol&#xf3;n entre fuerza y forma, exterior e interior, b&#xed;os y zo&#xe8;, en la apertura de la persona a lo que a&#xfa;n no ha sido de la <italic>Battaglia di Anghiari</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Esposito, 2010, pp. 85-98</xref>). Lo irrepresentable de lo que no se puede pensar o de lo que se piensa, pero no se puede expresar. El cuadro no nos lleva a una batalla concreta, sino a lo arcaico de la batalla. Porque en el centro no hay una lucha entre florentinos y milaneses, sino la lucha misma, el conflicto, en un torbellino en el que hombres y caballos se mezclan, se hacen indistintos, son rec&#xed;procos, impidiendo distinguir entre ataque y defensa, entre ser humano y animal. Aparece as&#xed; la humanizaci&#xf3;n de la bestia y la bestializaci&#xf3;n de lo humano. Como sostiene Esposito, lo que muestra la <italic>Battaglia</italic> es la capacidad que tiene el ser humano de corromper al animal, transmiti&#xe9;ndola la misma locura homicida. De ah&#xed; que sea el ser humano el monstruo con connotaciones bestiales y no la bestia con connotaciones humanas (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Esposito, 2010, p. 98</xref>).</p>
				<p>Construir un derecho otro ya no desde la persona, la ciudadan&#xed;a o la soberan&#xed;a, sino sobre esta tercera persona, sobre lo impersonal. El cuerpo como aquello que interrumpe el doble proceso de personalizaci&#xf3;n y despersonalizaci&#xf3;n, que rompe con el dispositivo de la persona, que evita la separaci&#xf3;n, la cesura, la clasificaci&#xf3;n, la inmunizaci&#xf3;n, la neutralizaci&#xf3;n de una parte por la otra. </p>
				<p>No obstante, como ya se ha adelantado antes, Deleuze lleva a Esposito a un callej&#xf3;n sin salida. De ah&#xed; el objetivo de sus &#xfa;ltimas obras, dedicadas a la pr&#xe1;ctica instituyente como una forma de poner en duda los modos de pertenencia, deconstruyendo toda sustancialidad. Ah&#xed; nos plantea c&#xf3;mo el sujeto viene transformado, modificado, por el conflicto. En <italic>Istituzione</italic> Esposito trata de rastrear un umbral de compatibilidad entre lo instituyente y lo impersonal a partir de la idea de <italic>derecho impersonal</italic> como aquel en el que se conecta instituci&#xf3;n y vida, no en el sentido de un gobierno de la vida, sino como &#xab;la vida <italic>del</italic> derecho es tambi&#xe9;n la vida <italic>en el</italic> derecho&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B34">Esposito, 2021, p. 141</xref>), de tal forma que no se sacrifique un t&#xe9;rmino por el otro, sino que, por el contrario, se potencien rec&#xed;procamente. Aqu&#xed; Esposito enlaza este derecho impersonal con el derecho viviente de Eligio Resta. Un derecho que es comprendido como conflicto, como lucha <italic>en el</italic> derecho y <italic>por</italic> el derecho. Un derecho impersonal, viviente, com&#xfa;n, cuya traducci&#xf3;n no es f&#xe1;cil: &#xab;instituciones que sit&#xfa;an en el centro la creaci&#xf3;n de una efectiva igualdad, imaginar el estatuto de instituciones impersonales, en tanto externas al l&#xe9;xico jur&#xed;dico de la persona&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B34">Esposito, 2021, p. 148</xref>). Aqu&#xed; ya no se supone o presupone el concepto de sujeto, sino una subjetividad en relaci&#xf3;n con el verbo instituir, una subjetividad que ya no ser&#xe1; trascendente y que coincide con la praxis y el movimiento del instituir. Instituir una vida.</p>
			</sec>
		</sec>
		<sec id="sec3">
			<label>3.</label>
			<title>Derecho viviente</title>
			<sec id="sec3.1">
				<label>3.1.</label>
				<title>Lo viviente en la corriente de un r&#xed;o</title>
				<p>Entre 1915 y 1917, los juristas Hans Kelsen y Eugen Ehrlich mantuvieron una pol&#xe9;mica en el <italic>Archiv f&#xfc;r Sozialwissenschaft und Sozialpolitik</italic> con ocasi&#xf3;n de la publicaci&#xf3;n del libro <italic>Grundlegung der Soziologie des Rechts</italic> en 1913. Se trat&#xf3; de una pugna entre el derecho dado y el derecho vivido (<italic>lebendes Recht</italic>), entre unidad de las formas jur&#xed;dicas y multiplicidad de la vida del derecho. Kelsen, con sarcasmos hiriente, acus&#xf3; a Ehrlich de confundir el ser (sociolog&#xed;a del derecho) con el deber ser (ciencia jur&#xed;dica)<xref ref-type="fn" rid="fn5">
						<sup>5</sup>
					</xref>.</p>
				<p>El centro de gravedad del desarrollo del derecho, para Ehrlich, no se encontrar&#xed;a ni en la legislaci&#xf3;n, ni en la jurisprudencia, ni en la ciencia del derecho, sino en la sociedad<xref ref-type="fn" rid="fn6">
						<sup>6</sup>
					</xref>. Se trata de una combinaci&#xf3;n entre an&#xe1;lisis emp&#xed;rico e investigaci&#xf3;n hist&#xf3;rica. De ah&#xed; que el propio Ehrlich entendiera el trabajo de Savigny o de Puchta, fundadores de la escuela hist&#xf3;rica, como una sociolog&#xed;a (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Carrino, 1993, pp. 8-9</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn7">
						<sup>7</sup>
					</xref>. Frente a este proceder, Kelsen opondr&#xe1; un m&#xe9;todo puramente deductivo (<xref ref-type="bibr" rid="B42">Kelsen, 1915, pp. 839-840</xref>). </p>
				<p>No solo en el m&#xe9;todo difieren. Si para Kelsen hay una uni&#xf3;n entre derecho y Estado, Ehrlich opondr&#xe1; su separaci&#xf3;n: de estar unidos, el Estado no podr&#xed;a producir derecho como algo diferente de s&#xed; mismo. De ah&#xed; que Ehrlich diferenciara tres tipos de derecho: derecho social fundado sobre el desarrollo social, cuya g&#xe9;nesis se encuentra en los hechos del derecho (uso, dominio, posesi&#xf3;n, voluntad, etc.) y sirve para la formaci&#xf3;n de grupos sociales; derecho de los juristas formado por normas de decisi&#xf3;n dirigidas a los tribunales (entendido como un tercero, sin necesidad de que coincida con los tribunales de la administraci&#xf3;n de justicia) cuyo objetivo es la salvaguarda de los grupos sociales; y derecho del Estado, que es producido por este y cuyo existencia depende de la del Estado (derecho coactivo, administrativo, etc.)<xref ref-type="fn" rid="fn8">
						<sup>8</sup>
					</xref>. Por eso, lo relevante de esta concepci&#xf3;n fisiol&#xf3;gica no es el elemento coactivo como en Kelsen, sino el orden que funda la sociedad. Esta es la composici&#xf3;n del derecho viviente, una suerte de <italic>law in action</italic> por decirlo con Roscoe Pound<xref ref-type="fn" rid="fn9">
						<sup>9</sup>
					</xref>, que nos plantea que la ley no es capaz de reflejar la realidad jur&#xed;dica de la vida. Una cosa es el derecho v&#xe1;lido y vigente que no tiene por qu&#xe9; coincidir con el derecho vivido por la sociedad. De ah&#xed; la diferencia que hace entre <italic>proposici&#xf3;n jur&#xed;dica</italic> y <italic>norma jur&#xed;dica,</italic> la primera compuesta por el derecho legislado y el de juristas, mientras que la segunda por el derecho vivido en el plano social. Lo que plantear&#xed;a que, si el derecho no se agota en la forma de la proposici&#xf3;n, el jurista debe pasar de la interpretaci&#xf3;n escol&#xe1;stica de las leyes a la observaci&#xf3;n de la vida. Por eso lo que define al derecho vivo es su existencia social, independientemente de qu&#xe9; es lo que lo forme (normas estatales, extraestatales, costumbres, etc.) (<xref ref-type="bibr" rid="B53">Robles Morch&#xf3;n, 2002, pp. 72-73</xref>).</p>
				<p>&#xbf;Nos encontramos ante una forma velada de iusnaturalismo? Carrino sostiene que, si se pretende hacer de la sociolog&#xed;a del derecho la verdadera ciencia jur&#xed;dica, la respuesta debe ser afirmativa. En cambio, la ciencia jur&#xed;dica en s&#xed;, aquella que se plantea desde la mera forma, no tendr&#xed;a sentido -en tanto carecer&#xed;a de objeto- si no tuviera en cuenta la sociolog&#xed;a (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Carrino, 1993, p. 36</xref>). Asumiendo el riesgo cuando la sociolog&#xed;a jur&#xed;dica se aleja de la concreci&#xf3;n, lo cierto es que el derecho viviente, en tanto directamente vinculado con la sociedad, es un derecho conflictivo en tanto la sociedad es un conjunto de clases en conflicto. Si la teor&#xed;a pura de Kelsen disuelve el conflicto, orden&#xe1;ndolo, el derecho viviente lo plantea como centro de gravedad. El derecho no puede ser encerrado, pues ser&#xed;a como querer encerrar la corriente de un r&#xed;o en un estanque (<xref ref-type="bibr" rid="B19">Ehrlich, 1986, p. 232</xref>).</p>
			</sec>
			<sec id="sec3.2">
				<label>3.2.</label>
				<title>La vida en el derecho y la vida del derecho</title>
				<p>&#xbf;C&#xf3;mo puede incorporarse la vida al derecho cuando la vida excede a todas las formas? Esta es la pregunta sobre la que giran las reflexiones del soci&#xf3;logo del derecho Eligio Resta tratando de buscar una salida afirmativa frente a la demon&#xed;aca ambig&#xfc;edad del derecho (<xref ref-type="bibr" rid="B45">Resta, 1984</xref>) que se traduce en la negatividad del <italic>ph&#xe1;rmakon</italic> plat&#xf3;nico (<xref ref-type="bibr" rid="B51">Resta, 2006</xref>) o el <italic>katechon</italic> paolino como figuras eminentemente inmunitarias (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Esposito, 2018c, p. 187</xref>).</p>
				<p>La categor&#xed;a <italic>derecho viviente</italic> que nos plantea Resta no es nada nueva. Sus huellas se remontan a Grecia: <italic>nomos &#xe8;mpsychos</italic> y <italic>d&#xec;kaion &#xe8;mpsychon</italic>. Estas dos locuciones nos se&#xf1;alan una especial relaci&#xf3;n entre cuerpo y alma. El problema es c&#xf3;mo el derecho lee la vida, con un mecanismo doble: el derecho como producto de la vida y como regulador de la vida misma. De ah&#xed; que la propuesta de Resta sea la de plantearnos una suerte de vocabulario. Un vocabulario conformado por las palabras vida, cuerpo, t&#xe9;cnica, archivo, verdad, proceso y tiempo.</p>
				<p>No se trata de retornar a Atenas como mera erudici&#xf3;n, sino para plantearlo desde y para el presente: &#xab;si se restituye esa misma f&#xf3;rmula a su significado original, pero refiri&#xe9;ndose a otra sem&#xe1;ntica, influyente pero diferente. La vida animada del cuerpo del derecho vive de pr&#xe1;cticas, sentimientos y pasiones &#xe9;ticas que vivifican el texto escrito de la ley. Habla del origen de la ley, de la sabidur&#xed;a (<italic>phr&#xf2;nesis</italic>) que una tradici&#xf3;n compleja, tambi&#xe9;n habitada por juristas, ha sido capaz de consignar en un texto, en palabras capaces de evocar &#x2018;normas&#x2019;. Lo que las palabras cuentan y contienen es una vida compleja&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B52">Resta, 2008, p. 21</xref>). </p>
				<p>El cuerpo del derecho aqu&#xed; no debe ser tomado en la aceptaci&#xf3;n codificadora de la modernidad. El cuerpo del derecho no es solo un contendor de normas, sino que el <italic>corpus</italic> del derecho es tambi&#xe9;n la relaci&#xf3;n con la vida. Y en ese proceso, el derecho se ha constituido desde la identidad de binarios contrapuestos: derecho natural-derecho positivo, ley-interpretaci&#xf3;n, hecho-valor, derecho-justicia. En la &#xe9;tica nicomaquea, lo justo es incorporado a la ley como &#xe8;mpsychon<xref ref-type="fn" rid="fn10">
						<sup>10</sup>
					</xref>, de tal forma que la psych&#xe8; del derecho se entiende como alma de un cuerpo, como aquello que es aut&#xf3;noma con respecto a su determinaci&#xf3;n material y contingente. El <italic>nomos basil&#xe8;us</italic> como el nomos dotado de alma, capaz de tener vida. Esta tradici&#xf3;n aristot&#xe9;lica &#xab;al haber situado la ley dentro del juego de <italic>psych&#xe8;</italic> y de <italic>soma,</italic> alma y cuerpo, ha permitido que el derecho y la justicia se declinen en la dimensi&#xf3;n del &#x2018;viviente&#x2019;&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B52">Resta, 2008, p. 6</xref>). De ah&#xed; que en los pliegues de la relaci&#xf3;n entre ley y soberan&#xed;a se instaura una dimensi&#xf3;n de la vida. </p>
				<p>La contraposici&#xf3;n entre justicia y derecho, incluso entre soberan&#xed;a de la ley y car&#xe1;cter humano de la pol&#xed;tica, encuentra en la vida la eclosi&#xf3;n de la tensi&#xf3;n. Lo viviente de la ley se encuentra inscrito en la din&#xe1;mica conflictual entre alma y cuerpo, naturaleza y positividad, absoluteza y contingencia, inmortalidad y mortalidad, justicia de los dioses y justicia del tirano. Este juego, esta doble naturaleza, entre cuerpo y alma, se plantea como dos puntos de referencia: gobierno de las leyes o gobierno de los hombres, <italic>dikaion</italic> e <italic>ius</italic>, Prot&#xe1;goras y P&#xed;ndaro. El primero, Prot&#xe1;goras, vincula el <italic>nomos</italic> al relativismo del ser humano, a la variabilidad decisional y contingente del pol&#xed;tico, donde el hombre es la medida de todas las cosas. Frente a este modelo que erosiona la universalidad de la ley, P&#xed;ndaro sustrae la ley a la disponibilidad humana, fundando la idea de soberan&#xed;a sobre el <italic>nomos</italic>, volvi&#xe9;ndolo universal. Prot&#xe1;goras o P&#xed;ndaro, soberan&#xed;a de los seres humanos o soberan&#xed;a de la ley. Pero se trata de una contraposici&#xf3;n c&#xf3;mplice. <italic>Nomos &#xe8;mpsychos</italic> como &#xab;esa forma particular de incorporaci&#xf3;n de la ley y sus contenidos humanos, de universalismo y particularismo, de <italic>veritas</italic> y <italic>auctoritas</italic> (no faltan los nombres), que es el disfraz con el que se ha presentado el derecho viviente&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B52">Resta, 2008, p. 10</xref>).</p>
				<p>Con Plat&#xf3;n se hace visible la erosi&#xf3;n del <italic>nomos</italic> y la apuesta por la soberan&#xed;a de la ley. La muerte de S&#xf3;crates es el ejemplo: el triunfo de la justicia depende de la aceptaci&#xf3;n de la injusticia de los gobernantes. Para que la justicia de la ciudad viva es preciso que S&#xf3;crates asuma la injusticia de la condena. Es esta ambivalencia la que salva la ciudad (<xref ref-type="bibr" rid="B51">Resta, 2006, p. 31</xref>). La injusticia pertenece a los seres humanos de tal forma que se puede as&#xed; subrayar el primado del <italic>nomos basil&#xe8;us.</italic> La problem&#xe1;tica que hay detr&#xe1;s de Plat&#xf3;n es la cuesti&#xf3;n de c&#xf3;mo mantener unidas alma y cuerpo, ya que solo a partir de la uni&#xf3;n es posible la pol&#xed;tica y la justicia. El <italic>ph&#xe1;rmakon</italic> como veneno y cura presenta la ambig&#xfc;edad del derecho (<xref ref-type="bibr" rid="B51">Resta, 2006</xref>). La condena a S&#xf3;crates se repetir&#xe1; siempre que se produzca la separaci&#xf3;n entre alma y cuerpo, ley y raz&#xf3;n, polis y nomos. &#xbf;Es posible la reconciliaci&#xf3;n? &#xbf;Creonte o Ant&#xed;gona? Quiz&#xe1;s ni uno ni la otra, o solo el pueblo y la vida de la ciudad.</p>
				<p>En <italic>Per&#xec; nomou kai dikaiosymes</italic>, Arquitas de Tarento, amigo de Plat&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Di&#xf3;genes Laercio, 1887, pp. 159-161</xref>), plantea la reconciliaci&#xf3;n entre ser humano, soberan&#xed;a y ley como una operaci&#xf3;n producida por la relaci&#xf3;n entre cuerpo y alma que se realiza en el derecho viviente (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Arquitas de Tarento, 2012, pp. 76-100</xref>). La dial&#xe9;ctica establecida entre &#xe8;mpsychos y &#xe0;psychosk del <italic>nomos</italic>, el derecho viviente, se plantea como alternativa para hacer una comunidad feliz. Al situar en el centro del debate, o en su fundamento, la vida, al incorporarla, en un juego incesante entre alma y cuerpo anticipando ya una cuesti&#xf3;n biopol&#xed;tica, trata de mediar entre <italic>polis</italic> y <italic>oikos</italic>, entre ciudad y afectos, entre el derecho paterno y el derecho fraterno. Es precisamente la separaci&#xf3;n de la vida, la p&#xe9;rdida de su centralidad en el derecho, lo que imposibilita la comunidad. El viviente es quien signa los confines posibles de una <italic>koinonia</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B52">Resta, 2008, pp. 13-15</xref>). Por eso el derecho viviente es siempre <italic>excedente</italic>, como la vida es excedente con respecto a sus formas, que se despoja de la sujeci&#xf3;n identitaria, cerrada y excluyente (<xref ref-type="bibr" rid="B50">Resta, 2005</xref>). Adem&#xe1;s, el derecho viviente tambi&#xe9;n es <italic>performativo</italic>. Se trata de un derecho <italic>actual</italic> frente al formalismo del derecho <italic>inactual</italic>, pero tambi&#xe9;n es un derecho que incorpora el anacronismo, una ontolog&#xed;a de la actualidad. La tercera caracter&#xed;stica es la <italic>efectividad</italic> en tanto el derecho viviente es aquel concretamente observado, es el derecho que se pretende v&#xe1;lido. Lo que no resta para sustraerlo a la pregunta sobre su proximidad o distancia a la justicia (<xref ref-type="bibr" rid="B52">Resta, 2008, pp. 32-34 y 178-179</xref>).</p>
				<p>Pero la modernidad trajo consigo la sustituci&#xf3;n de la vida por la abstracci&#xf3;n de la forma (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Barcellona, 1984</xref>): &#xab;la forma moderna de la legalidad funciona como cualquier otra ley de forma&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B49">Resta, 1996, p. 249</xref>). El derecho abstracto como producci&#xf3;n de estructuras normativas tendentes a la impersonalidad y a la generalidad, indiferente a las condiciones materiales. Lo que hace entrar al derecho en una paradoja: la racionalidad debe restablecerse a s&#xed; misma constantemente y la abstracci&#xf3;n de la ley debe tomar distancia de s&#xed; misma, pues la ley ya no tiene necesidad de narrar su propia historia (<xref ref-type="bibr" rid="B46">Resta, 1987, pp. 99-100</xref>). Y es ah&#xed;, en su propia legalidad, donde ubica la legitimidad (<xref ref-type="bibr" rid="B48">Resta, 1995, p. 192</xref>). Es esta la doble legalidad de un acto de legitimaci&#xf3;n sin historia -como el contrato social- que evita la par&#xe1;lisis del consenso neutralizando el conflicto y estableciendo as&#xed; la legalidad como la &#xfa;nica l&#xed;nea de discusi&#xf3;n: el derecho debe tomar decisiones en nombre del todo, pero siendo solo una parte del todo (<xref ref-type="bibr" rid="B49">Resta, 1996, pp. 252-253 y 301</xref>). Por eso el sujeto abstracto es aquel que rechaza lo viviente. </p>
				<p>La deriva formalista del derecho mutar&#xe1; el sentido de la corporeidad. Hobbes es su mejor imagen, una imagen mim&#xe9;tica, que funciona por imitaci&#xf3;n. La soberan&#xed;a se transforma as&#xed; en un <italic>alma artificial</italic>, lejos quedan ya tanto el <italic>nomos basil&#xe8;us</italic> como el <italic>nomos &#xe8;mpsychos</italic>. Un artificio sustentado por las articulaciones de la recompensa y de la punici&#xf3;n. El <italic>ph&#xe1;rmakon</italic> cobra todo su sentido. La inmunizaci&#xf3;n se sit&#xfa;a ahora en el centro. Se rompe as&#xed; la relaci&#xf3;n entre cuerpo y alma, privilegiando a esta segunda como espacio de la raz&#xf3;n, de lo universal, de la forma. </p>
				<p>El derecho deviene una cl&#xed;nica dispuesta a negociar constantemente deficiencias y estrategias defectuosas. Por eso el derecho plantea neutralizar la asfixia con el derecho al aire limpio, produce la ilusi&#xf3;n de la salud y la vida con el derecho a la salud y a la vida. Y desde la parte negativa, para el derecho no podemos hacer precisamente aquello que podemos hacer. Nos dice que no podemos matar, pero s&#xed; lo hacemos. Por eso el derecho &#xab;se presente como &#x2018;supresi&#xf3;n&#x2019; y desplazamiento de la realidad hacia dimensiones sacrificiales y compensatorias&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B52">Resta, 2008, p. 54</xref>). </p>
				<p>La paulatina separaci&#xf3;n del derecho con respecto a lo viviente trae consigo una valorizaci&#xf3;n de la t&#xe9;cnica. Una t&#xe9;cnica no solo metaf&#xf3;rica, como la m&#xe1;quina hobbesiana, sino tambi&#xe9;n aquel absoluto que rompe con los viejos v&#xed;nculos org&#xe1;nicos y con el ligamen de la tradici&#xf3;n a favor del presente, un presente que siempre requiere de la producci&#xf3;n masiva de lo nuevo. La t&#xe9;cnica bloquea la capacidad del derecho para construir narrativas antropol&#xf3;gicas. La t&#xe9;cnica ha cambiado el cuerpo que somos, reduci&#xe9;ndolo a un simple simulacro biol&#xf3;gico. La t&#xe9;cnica del derecho se ha hecho propiamente t&#xe9;cnica, pues su fin ya no es una verdad trascendental, sino garantizar la racionalidad de la producci&#xf3;n, la funcionalidad de la forma (<xref ref-type="bibr" rid="B40">Irti, 2005, pp. VI y 30-41</xref>). Es la ambivalencia del <italic>ph&#xe1;rmakon</italic> la que establece el punto de contacto entre el derecho y la t&#xe9;cnica (<xref ref-type="bibr" rid="B47">Resta, 1993, p. 190</xref>). La t&#xe9;cnica produce distancia, la separaci&#xf3;n con la vida. </p>
				<p>De ah&#xed; que el derecho viviente se plantea como l&#xed;nea de fuga. Una parte de este estar&#xe1; constituida por la fraternidad. Algunas de sus caracter&#xed;sticas ser&#xed;an (<xref ref-type="bibr" rid="B50">Resta, 2005, pp. 132-133</xref>): a) frente al derecho paterno que impone el padre se&#xf1;or de la guerra y sobre el que se debe solo jurar, el derecho fraterno es un jurar juntas, un conjurar, no <italic>contra</italic> el soberano sino <italic>para</italic> la convivencia compartida, de ah&#xed; que se articule sobre la inclusi&#xf3;n ilimitada; b) est&#xe1; libre de la obsesi&#xf3;n de la identidad, pues se aleja de la idea de <italic>ethnos</italic> para construir <italic>demos</italic>. Como errante, se desenvuelve en un espacio pol&#xed;tico abierto y no circunscrito a un terreno a dominar. Por eso su justificaci&#xf3;n radica en la <italic>communitas</italic>; c) su forma ya no es la ciudadan&#xed;a y los derechos de ciudadan&#xed;a vinculados a un ethnos, sino los derechos humanos vaciados de la metaf&#xed;sica y de una ret&#xf3;rica consolatoria. Su mirada se posa en la humanidad como espacio com&#xfa;n y no como abstracci&#xf3;n; d) la conciencia de la distancia entre <italic>ser humanos</italic> y <italic>tener humanidad</italic> hace que el derecho fraterno se proponga desde una antropolog&#xed;a de los <italic>deberes</italic>, como sostuviera Simone Weil, en contraste con una gram&#xe1;tica de los derechos. Se trata situarse en el espacio de la responsabilidad y no de la representaci&#xf3;n. De ah&#xed; su car&#xe1;cter cosmopolita; e) al salir de la soberan&#xed;a y de la l&#xf3;gica inmunitaria del amigo/enemigo, el derecho fraterno es <italic>no violento</italic>. La posibilidad de su existencia radica en la capacidad para cortocircuitar la ambivalencia mim&#xe9;tica del ph&#xe1;rmakon; f) se articula <italic>contra los poderes</italic> que ejercitan el dominio sobre la nuda vida (<xref ref-type="bibr" rid="B49">Resta, 1996, p. 23</xref>); g) es inclusivo, tanto en derechos como en bienes, por eso sale del paradigma propietario; y h) es la <italic>apuesta de una diferencia</italic> respecto a los otros c&#xf3;digos que sit&#xfa;an la diferencia entre amigo y enemigo. </p>
				<p>Este derecho fraterno como parte del derecho viviente no trata de evitar el conflicto, no tiene una vocaci&#xf3;n neutralizadora, sino en todo caso la <italic>diff&#xe9;rend,</italic> pues esta carece de lugar com&#xfa;n, no interrumpe la comunicaci&#xf3;n porque esta simplemente no existe, es el punto extremo en el que no se puede pensar la regla com&#xfa;n (<xref ref-type="bibr" rid="B50">Resta, 2005, p. 75</xref>). Por eso en el centro del derecho fraterno est&#xe1; la vida, la vida como excedencia respecto al derecho.</p>
			</sec>
		</sec>
		<sec id="sec4" sec-type="conclusions">
			<label>4.</label>
			<title>Conclusi&#xf3;n</title>
			<p>El derecho, como primera figura inmunitaria, debe tambi&#xe9;n ser reformulado a partir de la noci&#xf3;n de vida (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Bazzicalupo, 2008, pp. 71-75</xref>). La singularidad jur&#xed;dica que encontramos en la Italian Theory nos plantea un derecho inmanente a la vida, sin las pretensiones de neutralizaci&#xf3;n, separaci&#xf3;n u orden. Un derecho producto de una pol&#xed;tica <italic>de</italic> la vida: &#xab;Solo a partir de ella [la vida] ser&#xed;a concebible una relaci&#xf3;n intr&#xed;nseca entre humanidad y derecho, sustra&#xed;da al corte subjetivo de la persona jur&#xed;dica y reconducida al ser singular e impersonal de la comunidad&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Esposito, 2007, p. 171</xref>). Una vida que ya no es personal, sino singular. El pensamiento de la inmanencia plantea as&#xed; una alteridad respecto a la posibilidad de un sujeto jur&#xed;dico (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Ciccarelli, 2008, p. 14</xref>). El pensamiento de la inmanencia es un pensamiento del <italic>nomos</italic>, seg&#xfa;n la genealog&#xed;a planteada por Deleuze (<italic>nomos</italic> como <italic>weiden</italic>): &#xab;un nomos n&#xf3;mada, sin propiedad, cercado ni medida. En este caso, ya no hay reparto de un distribuido, sino m&#xe1;s bien repartici&#xf3;n de quien se distribuye en un espacio abierto ilimitado, o, por lo menos, sin l&#xed;mites precisos&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Deleuze, 2002, p. 73</xref>).</p>
			<p>La inmanentizaci&#xf3;n del derecho nos llevar&#xed;a de lo inmunitario a lo com&#xfa;n. Esta es la posibilidad para un derecho com&#xfa;n y una radical transformaci&#xf3;n de la forma jur&#xed;dica. Ya no se trata de que la norma sea general y abstracta, sino de que siga la contingencia de la vida (<xref ref-type="bibr" rid="B44">Pannarale, 2008, p. 19</xref>). De esta forma se abre la posibilidad de salir de una democracia inmunitaria que protege una porci&#xf3;n de la vida a trav&#xe9;s de la puesta en peligro de otra parte de la vida. Una democracia incapaz de salir de la declinaci&#xf3;n negativa (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Esposito, 2018c, 114</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B33">2020, pp. 87-95</xref>). Si la democracia cada vez ha interiorizado m&#xe1;s una exigencia inmunitaria (<xref ref-type="bibr" rid="B32">Esposito, 2018d, p. 107</xref>), produciendo que la democracia &#xab;<italic>no es otra cosa que la ausencia de comunidad</italic>&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Esposito, 2011, p. 66</xref>). &#xbf;C&#xf3;mo puede la democracia reingresar en el l&#xe9;xico de la comunidad? (<xref ref-type="bibr" rid="B32">Esposito, 2018d, p. 105</xref>). </p>
			<p>Estos dos paradigmas, lo impersonal y lo viviente, nos abren la posibilidad para pensar (con) otra racionalidad jur&#xed;dica. Pero esta apertura no cierra el debate. Parafraseando a Derrida, la vieja palabra <italic>vida</italic> sigue siendo quiz&#xe1;s el enigma del derecho en torno al cual rondamos sin cesar<xref ref-type="fn" rid="fn11">
					<sup>11</sup>
				</xref>.</p>
		</sec>
	</body>
	<back>
		<fn-group>
			<title>Notas</title>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>
					<sup>1</sup>
				</label>
				<p>Se cita por la reedici&#xf3;n de 1994.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>
					<sup>2</sup>
				</label>
				<p>Sobre la categor&#xed;a vida, v&#xe9;ase <xref ref-type="bibr" rid="B55">Tarizzo (2010)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B12">Cesaroni (2020)</xref>. Es interesante tambi&#xe9;n el debate en torno al Manifiesto convivalista, editado en espa&#xf1;ol por la Universidad de Granada al cuidado de &#xd3;scar Barroso Fern&#xe1;ndez en el a&#xf1;o 2016. Una cr&#xed;tica en <xref ref-type="bibr" rid="B56">Valdecantos (2018)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>
					<sup>3</sup>
				</label>
				<p>
					<xref ref-type="bibr" rid="B24">Esposito (2010</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B28">2015)</xref> se&#xf1;ala que precisamente vida, historia y pol&#xed;tica componen el horizonte sem&#xe1;ntico de la Italian Theory (o Italian Thought) desde la idea de conflictividad para plantear una modernidad otra desde la parte maldita.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>
					<sup>4</sup>
				</label>
				<p>M&#xe1;s adelante se&#xf1;ala: &#xab;Ese esp&#xed;ritu de regateo ya estaba impl&#xed;cito en la noci&#xf3;n de derecho que las gentes de 1789 tuvieron la imprudencia de situar en el centro de la llamada que pretend&#xed;an lanzar al rostro del mundo. Destru&#xed;a por adelantado la virtud&#xbb; (p. 58).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>
					<sup>5</sup>
				</label>
				<p>Sobre esta pol&#xe9;mica, <xref ref-type="bibr" rid="B11">Carrino (1993)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B53">Robles Morch&#xf3;n (2002, pp. 95-111)</xref>. V&#xe9;ase tambi&#xe9;n <xref ref-type="bibr" rid="B39">Hertogh (2009)</xref>. Hay traducci&#xf3;n de los escritos de respuesta a Kelsen en <xref ref-type="bibr" rid="B21">Ehrlich (2005)</xref>. El libro tiene dos excelentes trabajos introductorios de Juan Antonio G&#xf3;mez Garc&#xed;a y Jos&#xe9; Luis Mu&#xf1;oz de Baena.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>
					<sup>6</sup>
				</label>
				<p>&#xab;Der Schwerpunkt der Rechtsentwicklung liege auch in unserer Zeit, wie zu allen Zeiten, weder in der Gesetz-gebung, noch in der Jurisprudenz oder in der Rechtsprechung, sondern in der Gesellschaft selbst&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B18">Ehrlich, 1913, prefacio</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn7">
				<label>
					<sup>7</sup>
				</label>
				<p>V&#xe9;ase tambi&#xe9;n <xref ref-type="bibr" rid="B35">Fern&#xe1;ndez-Crehuet L&#xf3;pez (2008)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn8">
				<label>
					<sup>8</sup>
				</label>
				<p>V&#xe9;anse los cap&#xed;tulos III, VI y VIII en <xref ref-type="bibr" rid="B18">Ehrlich (1913, pp. 31-49, 97-110 y 138-155)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn9">
				<label>
					<sup>9</sup>
				</label>
				<p>En la traducci&#xf3;n inglesa, es precisamente Pound quien hace la introducci&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B20">Ehrlich, 2002, pp. LXI-LXVIII</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn10">
				<label>
					<sup>10</sup>
				</label>
				<p>&#xab;Y dirigirse al juez es dirigirse a lo justo, pues el juez pretende ser como la justicia dotada de vida&#xbb;. (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Arist&#xf3;teles, 2008, p. 161; 1132a</xref>). En la edici&#xf3;n de Gredos se traduce por &#xab;personificaci&#xf3;n de la justicia&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B3">Arist&#xf3;teles, 1985, p. 246</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn11">
				<label>
					<sup>11</sup>
				</label>
				<p>Derrida se&#xf1;alaba: &#xab;La vieja palabra vida sigue siendo quiz&#xe1;s el enigma de lo pol&#xed;tico en torno al cual rondamos sin cesar&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Derrida, 2005, p. 20</xref>).</p>
			</fn>
		</fn-group>
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			<title>Bibliograf&#xed;a</title>
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				<mixed-citation publication-type="book">
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						<string-name>
							<surname>Agamben</surname>
							<given-names>G.</given-names>
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					<year>2014</year>
					<source>Pilato e Ges&#xfa;</source>
					<publisher-name>Nottetempo</publisher-name>
					<edition>2</edition>
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							<surname>Agamben</surname>
							<given-names>G.</given-names>
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					<chapter-title>M&#xe1;s all&#xe1; del derecho y de la persona</chapter-title>
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							<surname>Weil</surname>
							<given-names>S.</given-names>
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					<source>La persona y lo sagrado</source>
					<publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
					<publisher-name>Hermida</publisher-name>
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							<given-names>Arist&#xf3;teles</given-names>
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					<source>&#xc9;tica Nicomaquea</source>
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					<publisher-name>Gredos</publisher-name>
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							<given-names>Arist&#xf3;teles</given-names>
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					<year>2008</year>
					<source>&#xc9;tica a Nic&#xf3;maco</source>
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					<year>2012</year>
					<article-title>Fragmentos y testimonios</article-title>
					<source>Hybris. Revista de filosof&#xed;a</source>
					<volume>3</volume>
					<issue>2</issue>
					<fpage>76</fpage>
					<lpage>100</lpage>
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					<year>1984</year>
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					<year>2008</year>
					<chapter-title>La politica e le parole dell&#x2019;impersonale</chapter-title>
					<source>Impersonale. In dialogo con Roberto Esposito</source>
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					<chapter-title>Hacia la cr&#xed;tica de la violencia</chapter-title>
					<source>Obras</source>
					<issue-part>Libro II</issue-part>
					<volume>1</volume>
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							<surname>Benjamin</surname>
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					<year>2012</year>
					<source>El origen del Trauerspiel alem&#xe1;n</source>
					<publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
					<publisher-name>Abada</publisher-name>
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				<mixed-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
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							<surname>Campbell</surname>
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					<year>2011</year>
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