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				<journal-title>Isegor&#xed;a</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Isegor&#xed;a</abbrev-journal-title>
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			<issn publication-format="electronic">1988-8376</issn>
			<issn-l>1130-2097</issn-l>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#xed;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">isegoria.2023.69.03</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/isegoria.2023.69.03</article-id>
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				<subj-group subj-group-type="heading">
					<subject>Art&#xed;culos</subject>
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				<article-title>&#xbf;Se puede considerar al perd&#xf3;n un acto social? Argumentos a favor y ventajas explicativas</article-title>
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					<trans-title>Could Forgiveness Be Considered a Social Act? Arguments in Favor and its Explain Advantages</trans-title>
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				<contrib contrib-type="author" corresp="yes">
					<contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0003-3968-238X</contrib-id>
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						<surname>S&#xe1;nchez Barajas</surname>
						<given-names>Mar&#xed;a del Pilar</given-names>
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					<email xlink:href="msanchezb@up.edu.mx">msanchezb@up.edu.mx</email>
					<aff id="aff1"><institution content-type="university">Universidad Panamericana</institution>, <country>M&#xe9;xico</country></aff>
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			<issue>69</issue>
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				<copyright-statement>&#xa9; 2023 CSIC</copyright-statement>
				<copyright-year>2023</copyright-year>
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					<license-p>Este es un art&#xed;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#xe9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#xf3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p>Este art&#xed;culo propone considerar el perd&#xf3;n como un acto social y muestra las ventajas explicativas de dicha perspectiva. En la primera parte del trabajo se revisa la definici&#xf3;n de acto social planteada por Adolf Reinach, se presentan algunas objeciones a la consideraci&#xf3;n del perd&#xf3;n como acto social y se responde a ellas. En la segunda parte se exploran tres ventajas explicativas de esta propuesta: la primera, frente a la cr&#xed;tica de Nussbaum al perd&#xf3;n perverso, la segunda, frente a la cr&#xed;tica de Serrano y C&#xe1;zares al perd&#xf3;n moralista, y, la tercera, en atenci&#xf3;n a la polisemia del perd&#xf3;n.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>This paper supports the idea of forgiveness as social act and exhibits its explain advantages. In the first section, the definition of social act by Adolf Reinach is reviewed, and the critics against forgiveness as social act are considered and replied. In the second section, three main advantages of this approach are examined, one of them regarding Nussbaum&#x2019;s critique on forgiveness, in which it arises mostly as a perverted value, another regarding Serrano &amp; C&#xe1;zares&#x2019; critique on certain moralizing attitudes, and the last one in consideration to the polysemy of the word. </p>
			</trans-abstract>
			<kwd-group>
				<kwd>Perd&#xf3;n</kwd>
				<kwd>acto social</kwd>
				<kwd>reconocimiento</kwd>
				<kwd>don</kwd>
				<kwd>resentimiento</kwd>
			</kwd-group>
			<kwd-group xml:lang="en">
				<kwd>Forgiveness</kwd>
				<kwd>Social act</kwd>
				<kwd>Recognition</kwd>
				<kwd>Gift</kwd>
				<kwd>Resentment</kwd>
			</kwd-group>
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	<body>
		<p>Considerar la dimensi&#xf3;n comunicativa del perd&#xf3;n como parte del an&#xe1;lisis sobre su valor para la &#xc9;tica es una estrategia que comparten tanto sus defensores como sus cr&#xed;ticos. Entre los fil&#xf3;sofos m&#xe1;s destacados que le reconocen un aut&#xe9;ntico valor se encuentra Hegel, que ve en el perd&#xf3;n y en la confesi&#xf3;n dos v&#xed;as para superar antiguas formas de dominaci&#xf3;n y alienaci&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Farneth, 2017</xref>); entre los que le niegan un valor genuino est&#xe1; Nietzsche, que encuentra en las narrativas de perd&#xf3;n una estratagema perversa con la cual los d&#xe9;biles revisten su resentimiento de m&#xe9;rito (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Nietzsche, 2005</xref>).</p>
		<p>En concreto, analizar el perd&#xf3;n a la luz del concepto de acto social ha sido propuesto por <xref ref-type="bibr" rid="B38">Edith Stein (2005)</xref>, disc&#xed;pula directa de Adolf Reinach, por <xref ref-type="bibr" rid="B28">Berel Lang (1994)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B17">Charles Griswold (2007)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B39">Amelia Valc&#xe1;rcel (2011)</xref>, entre otros. No obstante, para el mismo Reinach, quien introduce la noci&#xf3;n de acto social, el perd&#xf3;n no cae bajo esta categor&#xed;a. Por ello es necesario, en primer lugar, argumentar en qu&#xe9; sentido s&#xed; puede ser considerado como tal, presentar las principales objeciones contra esta postura y responder a ellas. En segundo lugar, es preciso explicar cu&#xe1;les son las ventajas explicativas de esta aproximaci&#xf3;n, que genera tanto partidarios como oponentes.</p>
		<sec id="sec1">
			<label>I.</label>
			<title>Definici&#xf3;n de acto social, objeciones y r&#xe9;plicas</title>
			<sec id="sec1.1">
				<label>I.1</label>
				<title>&#xbf;Qu&#xe9; es un acto social?</title>
				<p>El concepto en cuesti&#xf3;n fue introducido por Adolf Reinach en <italic>Los fundamentos a priori del derecho civil</italic>, donde analiza los derechos y las obligaciones que nacen a partir de las condiciones <italic>a priori</italic> de ciertos actos ling&#xfc;&#xed;sticos. El autor explica que un acto social es el tipo de expresi&#xf3;n ling&#xfc;&#xed;stica propia de un acto espont&#xe1;neo dirigido a alguien m&#xe1;s y que necesita ser escuchado para cumplir con la funci&#xf3;n vinculante que supone. </p>
				<p>Un acto espont&#xe1;neo es aquel en el cual el sujeto que lo lleva a cabo muestra su rol activo y su intencionalidad; as&#xed;, entre tener una resoluci&#xf3;n y hacer una resoluci&#xf3;n, solo el segundo constituye un acto de este tipo. Entre los actos espont&#xe1;neos se distinguen los que se dirigen a uno mismo, como la autoestima, y los que se dirigen a alguien m&#xe1;s, como la compasi&#xf3;n. Entre estos &#xfa;ltimos, algunos necesitan ser escuchados, y a estos Reinach los llama &#xab;actos sociales&#xbb;. Ejemplos de estos tipos de actos son mandar, prometer y aconsejar (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Reinach, 1983</xref>).</p>
				<p>Los actos sociales se &#xab;acreditan por unos estados de cosas que emergen de ellos [&#x2026;] que establecen un v&#xed;nculo duradero entre dos (o eventualmente m&#xe1;s) personas y [&#x2026;] lo propio de tales v&#xed;nculos es la reciprocidad, como correspondiente a las partes implicadas, que las coloca en una situaci&#xf3;n no reversible o asim&#xe9;trica&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Ferrer, 2015, pp. 210-211</xref>). Mientras que un pensamiento se acredita por hechos y es verdadero o falso en sentido absoluto, pero no ambas cosas, un acto social no es verdadero ni falso y es satisfecho por estados de cosas, que se refieren a modos de ser del mundo que son o que pueden ocurrir, pero tambi&#xe9;n a modos de ser que no son o que pueden no ocurrir.</p>
				<p>Los estados de cosas que emergen de los actos sociales se transforman en normas sociales. Se distinguen de los estados de cosas que no dependen de la actividad cognitiva de ning&#xfa;n sujeto (como aquellos que de suyo son moralmente buenos o malos), de los que derivan normas morales. Si &#x201c;P&#x201d; es un estado de cosas de suyo moralmente malo, como humillar a otra persona, conduce a la prohibici&#xf3;n de &#x201c;P&#x201d;; pero si &#x201c;P&#x201d; es un estado de cosas moralmente bueno o indiferente, como saludar a alguien, entonces conduce a la permisividad de &#x201c;P&#x201d; (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Chrudzimski, 2015</xref>).</p>
				<p>Es importante remarcar que, aunque un acto social necesita ser escuchado para cumplir su funci&#xf3;n vinculante, no se identifica con la expresi&#xf3;n de dicho acto. Para que un acto social realmente se lleve a cabo son necesarios tres elementos: (i) un acto de la voluntad o un contenido ps&#xed;quico apropiado, (ii) la expresi&#xf3;n del acto, y (iii) la aceptaci&#xf3;n o recepci&#xf3;n de dicho acto. El contenido ps&#xed;quico es la experiencia interna que sirve como fundamento de los actos sociales (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Reinach, 1983</xref>), de modo que si no hay correspondencia entre (i) la intenci&#xf3;n y (ii) la expresi&#xf3;n, se produce un pseudoacto social, porque cae en el campo de la hipocres&#xed;a y la deshonestidad (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Chrudzimski, 2015</xref>).</p>
				<p>En algunas ocasiones, (iii) la recepci&#xf3;n y la aceptaci&#xf3;n del acto se dan de manera independiente una de otra, pero tambi&#xe9;n puede ocurrir que la simple escucha del destinatario del acto le confiera derechos y, a su vez, genere obligaciones a quien lo realiza. El ejemplo paradigm&#xe1;tico del segundo caso es la promesa: el mero acto de prometer obliga a quien hace la promesa y genera derechos a quien la escucha. De cualquier forma, siempre que se responde o acepta el acto se genera un espacio de reconocimiento y encuentro entre las partes, previamente inexistente.</p>
				<disp-quote>
					<p>Reinach destaca unos estados vivenciales previos al acto social propiamente dicho: son todos aquellos actos intencionales que transcurren en la conciencia, sin que necesiten ser percibidos por el otro para su completa realizaci&#xf3;n. Por ejemplo, [...] cuando brota en m&#xed; un acto de gratitud, estima, veneraci&#xf3;n..., ciertamente hacia alguien que me la ha despertado, pero sin entrar a formar parte todav&#xed;a de un intercambio rec&#xed;proco. </p>
					<p>Por contraste, el acto social implica el reconocimiento mutuo y subsiguientemente la creaci&#xf3;n de un espacio com&#xfa;n de encuentro antes inexistente. Son ejemplos el prometer, el pedir, el ordenar o el preguntar, todos ellos realizados en un medio ling&#xfc;&#xed;stico, que hace posible la percepci&#xf3;n de la corporalidad del acto por la otra parte. [&#x2026;] A partir de estos actos se realiza el ajuste mutuo entre las pretensiones o expectativas por una de las partes y las respuestas paralelas por la otra parte, componiendo entre unas y otras el movimiento de doble recorrido en que consiste la interacci&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Ferrer, 2005, p. 70</xref>).</p>
				</disp-quote>
				<p>As&#xed; pues, si el perd&#xf3;n es un tipo de acto social significa que es un acto intencional, espont&#xe1;neo, dirigido a otro, que necesita ser escuchado, que se acredita por estados de cosas (los cuales pueden ser, llegar a ser o no ser ni llegar a ser), y que deriva en una norma social. Significa tambi&#xe9;n que se conforma de tres partes: el acto de la voluntad, la expresi&#xf3;n del acto y la recepci&#xf3;n y/o aceptaci&#xf3;n; y, por &#xfa;ltimo, que inaugura en espacio de reconocimiento mutuo entre las partes y que permite un reajuste de expectativas. </p>
				<p>Ahora bien, esta hip&#xf3;tesis es dif&#xed;cil de mostrar porque para el mismo Reinach, la &#xab;actitud perdonadora&#xbb; es un acto espont&#xe1;neo (como decidir, preferir, alabar, culpar o mandar), pero puede llevarse a cabo sin que la respectiva resoluci&#xf3;n sea escuchada: </p>
				<disp-quote>
					<p>Pensamos inmediatamente en todo tipo de ejemplos de dichos actos [actos espont&#xe1;neos]: decidir, preferir, perdonar, alabar, culpar, aseverar, cuestionar, mandar, etc. [&#x2026;] El acto de decidir es un acto interno. Puede llevarse a cabo sin anunciarse (<italic>verlautbart</italic>) o sin la necesidad de anunciarse [&#x2026;] El acto de volverse perdonador hacia otro, como el hacer la resoluci&#xf3;n, se puede desplegar completamente en el interior y puede carecer de una declaraci&#xf3;n a los dem&#xe1;s (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Reinach, 1983, pp. 18-19</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn1">
							<sup>1</sup>
						</xref>.</p>
				</disp-quote>
				<p>En el siguiente diagrama se muestra el lugar que ocupa la actitud &#xab;perdonadora&#xbb; de acuerdo con Adolf Reinach en su clasificaci&#xf3;n de actos espont&#xe1;neos.</p>
				<fig id="f1">
					<graphic id="gra-1" xlink:href="ISEGORIA-69-e03-gf1.png"/>
				</fig>
				<p>Reinach sostiene que la actitud perdonadora es completa y total a&#xfa;n si carece de expresi&#xf3;n y no es escuchada, a pesar de estar dirigida a otros, porque perdonar est&#xe1; relacionado con la compasi&#xf3;n y es fundamentalmente una actitud hacia el sujeto que ha cometido una falta (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Reinach, 1983</xref>).</p>
				<p>La consideraci&#xf3;n del perd&#xf3;n como acto social cuenta, adem&#xe1;s, con algunos cr&#xed;ticos contempor&#xe1;neos, entre los que destacan <xref ref-type="bibr" rid="B11">Richard Downie (1965)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B31">David Novitz (1998)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B9">Mariano Crespo (2016)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B20">Margaret Holmgren (2012)</xref>. A continuaci&#xf3;n, se presentan los argumentos centrales de estos pensadores en torno a la cuesti&#xf3;n, y se destacan sus observaciones sobre el car&#xe1;cter performativo que supuestamente deber&#xed;a tener el perd&#xf3;n en tanto acto social. </p>
			</sec>
			<sec id="sec1.2">
				<label>I.2.</label>
				<title>Objeciones y r&#xe9;plicas a la concepci&#xf3;n del perd&#xf3;n como acto social</title>
				<p>En <italic>Forgiveness</italic>
					<xref ref-type="bibr" rid="B11">(1965), Richard Downie</xref> se&#xf1;ala que la expresi&#xf3;n de perd&#xf3;n no tiene el car&#xe1;cter performativo que s&#xed; tiene la promesa, acto social paradigm&#xe1;tico para Reinach. Mientras que decir una promesa equivale a hacer una promesa, incluso si no se llega a cumplir, expresar el perd&#xf3;n no equivale a perdonar y, quiz&#xe1;, ni siquiera sea necesario. Para el autor en cuesti&#xf3;n, perdonar tiene que ver, m&#xe1;s bien, con mantener las actitudes apropiadas (relacionadas con el <italic>ag&#xe1;p&#x113;)</italic> hacia el que ha cometido la ofensa y con reconocer que el otro es capaz de sostener valores morales. Pero si estas actitudes no se asumen, no hay perd&#xf3;n, por mucho que se exprese. Sin embargo, Downie reconoce que tanto la expresi&#xf3;n de una promesa como la expresi&#xf3;n de perd&#xf3;n permiten el reajuste de expectativas entre las partes.</p>
				<p>Por su parte, Holmgren parte del an&#xe1;lisis de <xref ref-type="bibr" rid="B31">Novitz (1998)</xref> para reafirmar el car&#xe1;cter performativo que acompa&#xf1;a ciertos actos de perd&#xf3;n, aunque no siempre sea beneficioso. Para el fil&#xf3;sofo, el signo m&#xe1;s importante de haber perdonado a alguien es la ausencia de sentimientos de ira o amargura, y la expresi&#xf3;n de perd&#xf3;n no puede asegurarlo: </p>
				<disp-quote>
					<p>A veces, es cierto que puede parecer que se perdona solo con decir &#xab;Te perdono&#xbb;; emisi&#xf3;n performativa que constituir&#xed;a y agotar&#xed;a el acto de perdonar. Pero no lo hace. Todo lo que esto puede hacer es que yo renuncie a lo que puedo exigirle al ofensor, pero lo que no puede asegurar es que me libre de los sentimientos adversos que su acci&#xf3;n ha producido en m&#xed; (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Novitz, 1998, pp. 301-302</xref>).</p>
				</disp-quote>
				<p>No obstante, para Holmgren, a pesar de que la expresi&#xf3;n &#xab;te perdono&#xbb; no agote todo lo que el perd&#xf3;n implica, s&#xed; tiene consecuencias conductuales pues, una vez expresado, ser&#xed;a inconsecuente seguir manifestando el deseo de ver sufrir al otro o exigirle m&#xe1;s disculpas, del mismo modo que, una vez habiendo pedido perd&#xf3;n, no se puede negar despu&#xe9;s que ha cometido una falta (<xref ref-type="bibr" rid="B20">Holmgren, 2012</xref>). Y &#xfa;nicamente por este reajuste de expectativas se podr&#xed;a hablar del car&#xe1;cter performativo del perd&#xf3;n<xref ref-type="fn" rid="fn2">
						<sup>2</sup>
					</xref>.</p>
				<p>Ahora bien, estas dos objeciones cometen el error al reducir un acto social a su expresi&#xf3;n. Para la teor&#xed;a de los actos sociales, la expresi&#xf3;n del acto es una de sus partes constitutivas, pero no la &#xfa;nica. Que la expresi&#xf3;n de perd&#xf3;n no asegure que las actitudes apropiadas se llevan a cabo (Downie) ni que quien as&#xed; se expresa se haya liberado de los sentimientos adversos que la ofensa del otro le ha producido (Holmgren), son consideraciones perfectamente compatibles con la definici&#xf3;n de acto social, siempre y cuando se le distinga del <italic>pseudoacto</italic> social. Los <italic>pseudoactos</italic> sociales son falsos o deshonestos en virtud de un contenido ps&#xed;quico inadecuado, como podr&#xed;an ser los casos que presentan Downie y Holmgren.</p>
				<p>Otra objeci&#xf3;n al perd&#xf3;n como acto social la presenta Mariano Crespo, quien sostiene que &#xab;podemos perdonar interiormente a una persona sin notific&#xe1;rselo y, por consiguiente, sin que &#xe9;sta lo perciba&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B9">2016, p. 123</xref>), porque el perd&#xf3;n es, esencialmente, una vivencia intencional que consiste en </p>
				<disp-quote>
					<p>una nueva actitud [que] permite a la v&#xed;ctima ver a su ofensor desde una nueva perspectiva [&#x2026;] Esta nueva toma de postura s&#xf3;lo puede suceder cuando ciertas reacciones negativas como odio, desprecio o incluso resentimiento son rechazadas interiormente como falsas y, en esa medida, superadas (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Crespo, 2016, p. 103</xref>).</p>
				</disp-quote>
				<p>Desde esta perspectiva, perdonar es un acto interno totalmente diferente de la petici&#xf3;n de perd&#xf3;n, acto que s&#xed; constituye un acto social, &#xab;un acto completamente nuevo que no se refiere al ofensor y a su ofensa como tal, sino que aparece a la v&#xed;ctima&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Crespo, 2016, p. 124</xref>). No obstante, el fil&#xf3;sofo espa&#xf1;ol reconoce la importancia del acto comunicativo de petici&#xf3;n de perd&#xf3;n y de concesi&#xf3;n de perd&#xf3;n, y propone introducir una categor&#xed;a intermedia de actos sociales que se ubique entre los que necesitan ser escuchados y los que no, y que describe como la de aquellos actos que, aunque no necesitan ser percibidos por la persona a la que est&#xe1;n dirigidos, tienden a ser comunicados y, por lo tanto, a ser percibidos por su destinatario (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Crespo, 2016</xref>). </p>
				<p>Sin embargo, esta categor&#xed;a especial de actos intencionales dirigidos a otros que propone Crespo es m&#xe1;s bien conflictiva dado que el concepto de acto social de Reinach surge del estudio de las caracter&#xed;sticas <italic>a priori</italic> de ciertos actos ling&#xfc;&#xed;sticos y de los compromisos y expectativas que se derivan de ellas. En consecuencia, si la expresi&#xf3;n del acto es &#xfa;nicamente una tendencia, y no un factor constitutivo, no se acercar&#xed;a lo suficiente a un acto social para ser llamado acto intermedio. Dicho de otra manera, la categor&#xed;a que propone Crespo ya est&#xe1; se&#xf1;alada por Reinach, y es la de los actos espont&#xe1;neos dirigidos a otros, pues tienden a ser comunicados en la medida que est&#xe1;n dirigidos a alguien m&#xe1;s, aunque esto no siempre ocurra. </p>
				<p>En un panorama m&#xe1;s general, los argumentos de Downie, Novitz, Holmgren y Crespo tienen dos elementos en com&#xfa;n. Primero, que para todos ellos el perd&#xf3;n es, esencialmente, una actitud de quien ha sufrido un mal hacia quien ha causado el mal intencionalmente, que est&#xe1; relacionada con el <italic>ag&#xe1;p&#x113;</italic> (Downie), el abandono de la ira (Novitz), el cambio de visi&#xf3;n hacia el que ha causado el mal (Holmgren) o la cancelaci&#xf3;n de la deuda (Crespo). Segundo, que todos rechazan el car&#xe1;cter performativo del perd&#xf3;n (con excepci&#xf3;n del reajuste de expectativas que surge de la expresi&#xf3;n del acto que reconocen Downie y Holmgren). </p>
				<p>Respecto al primer elemento se puede decir que, si la &#xab;actitud perdonadora&#xbb; de Reinach, relacionada con la compasi&#xf3;n, se puede comprender como el contenido ps&#xed;quico del perd&#xf3;n como acto social, las disposiciones internas relacionadas con el <italic>ag&#xe1;p&#x113;</italic>, la ira, el otro y la ofensa, tambi&#xe9;n. Mientras que esas actitudes no agoten el acto de perd&#xf3;n, ambas propuestas son compatibles. </p>
				<p>Respecto al segundo elemento, es importante determinar en qu&#xe9; medida el acto social es un acto performativo. La caracter&#xed;stica performativa de ciertos actos ling&#xfc;&#xed;sticos se estudia propiamente en la teor&#xed;a sem&#xe1;ntica de John Austin. Desde la fenomenolog&#xed;a de Reinach, la expresi&#xf3;n de un acto social constituye solo parcialmente ese acto y, en esa medida, lo realiza, porque no es distinta ni independiente de &#xe9;l. Pero, mientras que Reinach establece los <italic>a priori</italic> de los actos sociales, Austin habla de las derivaciones sem&#xe1;nticas de determinados actos ling&#xfc;&#xed;sticos. </p>
				<disp-quote>
					<p>As&#xed;, una vez que se ingresa en las reglas institucionales para los significados ling&#xfc;&#xed;sticos, como el de prometer, se asumen sin escapatoria unos v&#xed;nculos y obligaciones. Pero la vigencia de las reglas depende del acuerdo convencional entre los usuarios del lenguaje [&#x2026;] En este aspecto la contraposici&#xf3;n con Reinach no puede ser mayor (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Ferrer, 2015, p. 221</xref>).</p>
				</disp-quote>
				<p>En <italic>C&#xf3;mo hacer cosas con palabras</italic>
					<xref ref-type="bibr" rid="B5">(1962), John Austin</xref> expone la teor&#xed;a de los enunciados performativos, los cuales: </p>
				<list list-type="alpha-lower">
					<list-item>
						<p>no describen nada, de modo que no son verdaderos ni falsos;</p>
					</list-item>
					<list-item>
						<p>son expresiones que realizan la acci&#xf3;n que enuncian, es decir, el acto de expresar la oraci&#xf3;n realiza la acci&#xf3;n o parte de ella.</p>
					</list-item>
				</list>
				<p>Por ejemplo, la expresi&#xf3;n &#xab;Juro decir la verdad&#xbb; es performativa, porque al decir &#xab;juro&#xbb;, hago lo que digo: juro. Este tipo de expresiones hacen algo. No ocurre lo mismo con expresiones del tipo &#xab;Voy a ir de viaje&#xbb;, pues la expresi&#xf3;n no realiza el viaje. No obstante, las circunstancias en las que se dicen las expresiones performativas deben ser las adecuadas y quien las dice debe llevar a cabo ciertas operaciones f&#xed;sicas o mentales. En concordancia con Reinach, Austin insiste en que estas expresiones deben ser dichas con seriedad: decir &#xab;te prometo&#xbb; en tono de broma, vac&#xed;a a la expresi&#xf3;n, y la palabra pierde su car&#xe1;cter de signo. Para Austin, la expresi&#xf3;n &#xab;te prometo&#xbb;, obliga, y en caso de no tomar la actitud correspondiente, la expresi&#xf3;n no es falsa, sino el acto. </p>
				<p>Para asegurar que el acto performativo realmente se lleve a cabo, Austin se&#xf1;ala las siguientes condiciones: A.1) tiene que haber un procedimiento convencional aceptado que incluya ciertas expresiones, personas y circunstancias; A.2) las personas y circunstancias deben ser las apropiadas para el procedimiento en cuesti&#xf3;n; B.1) el procedimiento debe llevarse a cabo correctamente por todos los participantes y B.2) en todos sus pasos. &#x393;.1 Si el procedimiento requiere que quienes lo usan tengan ciertos pensamientos y sentimientos, o est&#xe1; dirigido a que sobrevenga cierta conducta en alg&#xfa;n participante, quien participa en &#xe9;l debe tener tales pensamientos o sentimientos, o estar animado por el prop&#xf3;sito de conducirse de la manera adecuada; &#x393;.2 los participantes han de comportarse as&#xed; en su oportunidad (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Austin, 1992</xref>).</p>
				<p>En general, si no se cumplen las condiciones tipo A (la f&#xf3;rmula, las personas o las circunstancias son incorrectas) y/o tipo B (la ejecuci&#xf3;n es incorrecta), el acto performativo no se lleva a cabo. Pero si no se cumplen las condiciones tipo &#x393;, el acto s&#xed; tiene lugar, pero se cae en un abuso (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Austin, 1992</xref>).</p>
				<p>Ahora bien, que la expresi&#xf3;n de perd&#xf3;n no garantice que realmente ocurra ni que se tome la actitud interna adecuada, como se&#xf1;alan los cr&#xed;ticos del perd&#xf3;n como acto social, no significa que el perd&#xf3;n sea independiente de su expresi&#xf3;n ni que sea exclusivamente un asunto interno o individual. Ni Reinach ni Austin consideran como aut&#xe9;nticos actos sociales o verdaderos actos performativos aquellos cuya expresi&#xf3;n est&#xe1; en disonancia con su respectiva actitud interna o que no satisfacen las condiciones del proceso en las que se contemplan ciertas actitudes, pensamientos o sentimientos como apropiados.</p>
				<p>Por otro lado, afirmar que el perd&#xf3;n es un acto social no es exactamente lo mismo que afirmar que tiene car&#xe1;cter performativo, pues estos t&#xe9;rminos no son coextensivos. Tanto aconsejar como prometer son actos sociales, pero, mientras que la validez de la promesa no precisa de una aceptaci&#xf3;n expresa de quien la recibe, porque la vinculaci&#xf3;n a lo prometido se vuelve hacia la persona que promete (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Ferrer, 2005</xref>), el consejo, es bidireccional, y solo cumple su funci&#xf3;n si se reconoce la idoneidad de quien lo da (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Ferrer, 2005</xref>). Por ello, el car&#xe1;cter performativo de la promesa puede no estar presente en otros actos sociales. </p>
				<p>El caso de la promesa es particular porque su expresi&#xf3;n trae consigo ciertas concesiones y obligaciones que no pueden captarse por s&#xed; mismas. Por ello, no es la resoluci&#xf3;n interna de &#x201c;A&#x201d; ni la percepci&#xf3;n de esa resoluci&#xf3;n por parte de &#x201c;B&#x201d; lo que genera una obligaci&#xf3;n de &#x201c;A&#x201d; con &#x201c;B&#x201d;, sino la expresi&#xf3;n de esa resoluci&#xf3;n de &#x201c;A&#x201d; hacia &#x201c;B&#x201d; a trav&#xe9;s de una promesa, bajo ciertas condiciones (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Reinach, 1983</xref>). Sin embargo, en la petici&#xf3;n de perd&#xf3;n ocurre el movimiento inverso: la solicitud supone una resoluci&#xf3;n interna, pero tal resoluci&#xf3;n no se introduce, no surge ni se garantiza con la petici&#xf3;n de perd&#xf3;n, aunque la mera petici&#xf3;n, en las condiciones adecuadas, s&#xed; cambie el mensaje del ofensor a la v&#xed;ctima, de &#xab;te lastimo porque puedo&#xbb;, por uno de humildad que le da el poder de perdonar o no perdonar (<xref ref-type="bibr" rid="B29">Maring, 2020</xref>). </p>
				<p>Que la expresi&#xf3;n de perd&#xf3;n sea una parte constitutiva del acto es evidente si se reconoce que hay ciertas expresiones m&#xe1;s apropiadas que otras para pedir perd&#xf3;n y para concederlo. Para algunos fil&#xf3;sofos, f&#xf3;rmulas como &#xab;me disculpo&#xbb;, &#xab;lo lamento&#xbb; o &#xab;lo siento&#xbb;, no son suficientes para expresar todo lo que el perd&#xf3;n quiere decir. Griswold hace notar que, dentro del paradigma de perd&#xf3;n, en el cual el ofensor pide personalmente perd&#xf3;n a su v&#xed;ctima, la palabra hablada hace p&#xfa;blica la perspectiva que se tiene sobre los hechos a los que se refiere, pues a trav&#xe9;s de ella es visiblemente responsable de la falta cometida. Sin esta petici&#xf3;n, la responsabilidad es borrosa (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Griswold, 2007</xref>). </p>
				<p>Aparte de los fil&#xf3;sofos mencionados hasta ahora, otros m&#xe1;s rechazan la comprensi&#xf3;n de perd&#xf3;n como un acto racional (como lo es, ciertamente, el acto social), fundamentalmente porque, para ellos, la esencia del perd&#xf3;n es el don y la sobreabundancia, de modo que la exigencia de satisfacer ciertas condiciones lo disuelve completamente y lo pervierte. En esta l&#xed;nea argumentativa sobresalen <xref ref-type="bibr" rid="B22">Jank&#xe9;l&#xe9;vitch (1999)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B10">Derrida (1997)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B26">Julia Kristeva (2010)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B36">Jill Scott (2010)</xref>. Sobre estos autores y sobre la noci&#xf3;n del perd&#xf3;n como don se vuelve m&#xe1;s adelante. </p>
			</sec>
		</sec>
		<sec id="sec2">
			<label>II.</label>
			<title>Ventajas explicativas del perd&#xf3;n como acto social</title>
			<sec id="sec2.1">
				<label>II.1.</label>
				<title>Frente a la cr&#xed;tica del perd&#xf3;n perverso</title>
				<p>En <italic>Anger and Forgiveness. Resentment, Generosity, Justice</italic>
					<xref ref-type="bibr" rid="B32">(2016), Martha Nussbaum</xref> cuestiona el valor &#xe9;tico del perd&#xf3;n a partir de la cr&#xed;tica que hace Nietzsche a los valores de la tradici&#xf3;n judeocristiana. </p>
				<p>En <italic>La genealog&#xed;a de la moral</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Nietzsche, 2005</xref>), el autor desenmascara el supuesto resentimiento de los d&#xe9;biles contra &#xab;los grandes se&#xf1;ores&#xbb;, encubierto por la transvaloraci&#xf3;n de la vida, que describe en los siguientes t&#xe9;rminos: &#xab;La rebeli&#xf3;n de los esclavos en la moral comienza cuando el <italic>resentimiento</italic> mismo se vuelve creador y engendra valores: el resentimiento de aquellos seres a quienes les est&#xe1; vedada la aut&#xe9;ntica reacci&#xf3;n, la reacci&#xf3;n de la acci&#xf3;n, y que se desquitan &#xfa;nicamente con una venganza imaginaria&#xbb; (Tratado I, &#xa7; 10). Uno de esos valores es el perd&#xf3;n. Dice Nietzsche, &#xab;el no-poder-vengarse se llama no-querer-vengarse, y tal vez incluso perd&#xf3;n&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Nietzsche, 2005, Tratado I, &#xa7; 14</xref>). </p>
				<p>En tiempos recientes, Martha Nussbaum retoma esta cr&#xed;tica y profundiza en los elementos de agresividad, control y tristeza que acechan al perd&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B32">Nussbaum, 2016</xref>). La autora sit&#xfa;a el origen de esta pr&#xe1;ctica en la tradici&#xf3;n judeocristiana, en la que identifica una narrativa violenta con el <italic>self</italic> porque exige la auto humillaci&#xf3;n y el autodesprecio (especialmente dentro del cristianismo). El argumento con el que apuntala esta opini&#xf3;n lo toma de Foucault, para quien el exhaustivo escrutinio del mundo interno dentro del cristianismo parece no tener fin: uno nunca sabe si expuso bien el mundo interno y se arrepinti&#xf3; lo suficiente, porque hay una constante verg&#xfc;enza sobre uno mismo y su condici&#xf3;n &#xab;pecadora&#xbb;. </p>
				<p>Adem&#xe1;s, este perd&#xf3;n es cruel porque refuerza roles de poder y estatus, a trav&#xe9;s de la situaci&#xf3;n de indigencia del suplicante y de majestuosidad de quien perdona, e inviste a este &#xfa;ltimo de una presunta autoridad y superioridad moral (<xref ref-type="bibr" rid="B32">Nussbaum, 2016</xref>). En otras palabras, el perd&#xf3;n asume que hay quienes son moralmente superiores que otros<xref ref-type="fn" rid="fn3">
						<sup>3</sup>
					</xref>. </p>
				<p>Este juego de poder escondido en algunas pr&#xe1;cticas de perd&#xf3;n es innegable; de hecho, para algunos, este poder es deseable, quiz&#xe1; por desconocer la pol&#xe9;mica de fondo. En el libro <italic>Surviving The Angel of Death</italic>
					<xref ref-type="bibr" rid="B25">(2020), Eva Kor</xref> cuenta su experiencia de perd&#xf3;n por los abusos cometidos contra ella y su hermana, a quienes m&#xe9;dicos nazis sometieron a crueles experimentos qu&#xed;micos, junto a muchos otros gemelos. En 1993 Eva Kor se encontr&#xf3; con uno de esos m&#xe9;dicos, el Dr. Hans Munch, y despu&#xe9;s de 10 meses de pensar sobre el tema, le escribi&#xf3; una carta de perd&#xf3;n. Ella expresa sus razones para perdonar en los siguientes t&#xe9;rminos: &#xab;Descubr&#xed; que ten&#xed;a el poder de perdonar. Nadie pod&#xed;a darme ese poder y nadie pod&#xed;a quit&#xe1;rmelo. Era totalmente m&#xed;o, para usarlo de cualquier manera que quisiera&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B1">University of California Television, 2016</xref>). Eva Kor perdon&#xf3; al Dr. Munch, a pesar de que &#xe9;l nunca mostr&#xf3; arrepentimiento ni le pidi&#xf3; perd&#xf3;n. </p>
				<p>Esta experiencia de poder de la v&#xed;ctima al perdonar es abiertamente defendida por algunas terapias psicol&#xf3;gicas de perd&#xf3;n. Destaca, por ejemplo, el modelo REACH, desarrollado por Worthington y su equipo de investigaci&#xf3;n en la Universidad de la Mancomunidad de Virginia. El modelo &#x201c;REACH&#x201d; es el acr&#xf3;nimo en ingl&#xe9;s de los cinco pasos que se proponen para alcanzar el perd&#xf3;n, que son: 1. <italic>Recalling the hurt</italic> (recordar el da&#xf1;o), 2. <italic>building Empathy</italic> (construir empat&#xed;a), 3. <italic>giving Altruistic gift of forgiveness</italic> (dar el perd&#xf3;n de manera altruista), 4. <italic>Commitment to forgive</italic> (comprometerse a perdonar), y 5. <italic>Holding on to forgiveness</italic> (mantenerse en la actitud de perd&#xf3;n) (<xref ref-type="bibr" rid="B42">Worthington Jr., 2005</xref>). Otro modelo es el HDSG, desarrollado por R. D. Enright en conjunto con Human Development Study Group, en la Universidad de Wisconsin-Madison. De acuerdo con este modelo, el perd&#xf3;n es un proceso cognitivo, afectivo y de comportamiento, con 20 unidades de variables psicol&#xf3;gicas, en el cual la v&#xed;ctima perdona unilateralmente (<xref ref-type="bibr" rid="B12">Enright, 1996</xref>). </p>
				<p>Sin embargo, es pertinente preguntar si es posible pensar en el perd&#xf3;n desde otro lugar, m&#xe1;s cerca de la reconciliaci&#xf3;n que del resentimiento y de la sensaci&#xf3;n de poder que produce. En respuesta, este art&#xed;culo sostiene que la justa valoraci&#xf3;n de la dimensi&#xf3;n comunicativa del perd&#xf3;n es una herramienta pr&#xe1;ctica contra los juegos de poder que lo acechan. </p>
				<p>Cuando la concesi&#xf3;n de perd&#xf3;n responde a una petici&#xf3;n de perd&#xf3;n, quien lo pide reconoce el valor de la v&#xed;ctima y el error de haberlo tratado injustamente, y quien perdona reconoce que el ofensor no es alguien completamente podrido. En &#x201c;Forgiveness, Resentment and Hatred&#x201d; <xref ref-type="bibr" rid="B18">(1990)<italic>,</italic> Jean Hampton</xref> argumenta que cuando uno perdona, la otra persona vuelve a ser un candidato para reestablecer relaciones con &#xe9;l. No se trata de que quien perdona pueda ver un renacimiento en la otra persona, sino que conf&#xed;a en ella y la ve como suficientemente buena independientemente de lo que haya hecho. Si uno est&#xe1; convencido de que el otro es de menor rango moral o que el otro merece el resentimiento por lo que hizo, el perd&#xf3;n es imposible. En este sentido, la expresi&#xf3;n de perd&#xf3;n se convierte en una declaraci&#xf3;n del valor moral del otro. </p>
				<p>El caso de Eric Lomax ejemplifica este punto. Lomax, autor de <italic>The railway man</italic> (1995), fue prisionero de guerra y v&#xed;ctima de tortura a manos del japon&#xe9;s Nagase Takashi (entre otros) durante la Segunda Guerra Mundial. Despu&#xe9;s de mucho tiempo, en los a&#xf1;os 80, Lomax reconoci&#xf3; a Takashi por una publicaci&#xf3;n en el diario <italic>Japan Times</italic>, en el cual expresaba su m&#xe1;s profundo arrepentimiento por los cr&#xed;menes cometidos durante la guerra. Poco tiempo despu&#xe9;s, Takashi pidi&#xf3; perd&#xf3;n personalmente a Lomax en el r&#xed;o Kwai, en Tailandia, y ah&#xed; comenz&#xf3; una amistad entre los dos. </p>
				<p>Estudiar al perd&#xf3;n desde el concepto de acto social debilita la cr&#xed;tica de Nietzsche y Nussbaum porque cambia de enfoque: en vez de tomarlo como una falsa renuncia al resentimiento, deja de lado el escrutinio interno y lo toma como parte de un di&#xe1;logo entre dos o m&#xe1;s personas. Como se dijo en el primer apartado, la actitud interna es una de las partes constitutivas del acto social, pero no la &#xfa;nica; el perd&#xf3;n no es solo eso. Si, por ejemplo, la actitud interna apropiada tiene que ver con la compasi&#xf3;n y esta ocurre, se expresa y se recibe, el perd&#xf3;n deja de ser un asunto privado de quien lo quiere dar, y se vuelve una acci&#xf3;n que vincula a dos personas. Si, en cambio, la compasi&#xf3;n no ocurre, por m&#xe1;s que se exprese el perd&#xf3;n, se trata de un <italic>pseudoacto</italic> de perd&#xf3;n. Sin embargo, los <italic>pseudoactos</italic> sociales, como el <italic>pseudoacto</italic> del perd&#xf3;n, son una anomal&#xed;a de dichos actos, pero no convierten al conjunto de esos actos en an&#xf3;malos. </p>
				<p>Es verdad que un perd&#xf3;n perverso (<italic>pseudoacto</italic> social de perd&#xf3;n) puede ocurrir. No obstante, la mejor manera de evitar que este sea el caso es a trav&#xe9;s de su expresi&#xf3;n y recepci&#xf3;n, pues, as&#xed; como un consejo no es tal (ni es un acto social) si quien lo recibe no reconoce en quien lo da a alguien con la autoridad pertinente, el perd&#xf3;n tampoco ser&#xe1; tal (ni un verdadero acto social) si quien lo recibe no reconoce en quien lo da a la persona indicada para hacerlo. En aquellos casos en los que la aut&#xe9;ntica &#xab;actitud perdonadora&#xbb; se expresa y se recibe por el otro, cesa el discurso de superioridad moral de una de las partes sobre la otra, precisamente porque, en tanto acto social, implica &#xab;el reconocimiento mutuo y subsiguientemente la creaci&#xf3;n de un espacio com&#xfa;n de encuentro antes inexistente&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Ferrer, 2005, p. 70</xref>), por el cual es posible un ajuste mutuo de expectativas y pretensiones.</p>
				<p>Pero la cr&#xed;tica al perd&#xf3;n puede dar un paso m&#xe1;s y afirmar que, precisamente, por medio de la palabra se ratifican roles de poder y estatus, porque entre las expectativas y pretensiones que se ajustan se encuentra, <italic>de facto</italic>, la superioridad moral (imaginaria) del que perdona sobre quien es perdonado. Pero contra esto hay que decir que siempre queda la posibilidad de que la persona a la que est&#xe1; dirigida el perd&#xf3;n se abstenga de responder o lo decline. Lo mismo vale para quien pide perd&#xf3;n: es deseable pedir perd&#xf3;n, pero, si lo anterior es correcto, quien comete una falta no est&#xe1; obligado a pedir perd&#xf3;n. Como se dijo, el acto social deriva en una norma social que cae en el &#xe1;mbito de lo deseable. Esto no implica decir que es aceptable negar la responsabilidad debida sobre los hechos en cuesti&#xf3;n y descartar la obligaci&#xf3;n de reparar el da&#xf1;o causado, pero para la responsabilidad y la reparaci&#xf3;n existen otras v&#xed;as m&#xe1;s efectivas que pueden variar seg&#xfa;n el caso. Dentro del &#xe1;mbito de lo deseable, el perd&#xf3;n ubica a las partes en una situaci&#xf3;n de igualdad, elemento clave en la consideraci&#xf3;n de su valor &#xe9;tico.</p>
				<p>Esta observaci&#xf3;n puede resultar pol&#xe9;mica entre las diferentes concepciones religiosas de perd&#xf3;n. Para Dennis Prager, en <italic>The Sunflower</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B41">Wiesenthal, 1998</xref>) la &#xfa;nica diferencia entre jud&#xed;os y cristianos es la pr&#xe1;ctica del perd&#xf3;n. Prager explica que, en el juda&#xed;smo, solo la v&#xed;ctima puede perdonar a su agresor, raz&#xf3;n por la cual el asesinato es imperdonable: no se ha escuchado a ning&#xfa;n jud&#xed;o decir que Dios ama a una mala persona, mucho menos a un asesino. Por el contrario, en el cristianismo, Jes&#xfa;s perdona todos los pecados y ama incondicionalmente, incluso al asesino. As&#xed;, mientras que para la tradici&#xf3;n jud&#xed;a el perd&#xf3;n obedece ciertos lineamientos y, en esa medida, es parte de la ley, para el cristianismo el perd&#xf3;n es la nueva ley que deja atr&#xe1;s normas y preceptos del Antiguo Testamento. </p>
				<p>Pero m&#xe1;s all&#xe1; de estas diferencias, la propuesta de este art&#xed;culo es compatible con una perspectiva teol&#xf3;gica/religiosa del perd&#xf3;n gracias al concepto de don: el perd&#xf3;n es don y gratuidad (o gracia en sentido teol&#xf3;gico), no solamente de parte de quien lo da, sino tambi&#xe9;n de parte de quien lo pide. Al final del siguiente apartado se ahonda un poco m&#xe1;s sobre este rasgo del perd&#xf3;n. </p>
			</sec>
			<sec id="sec2.2">
				<label>II.2.</label>
				<title>Frente a la cr&#xed;tica del perd&#xf3;n moralista</title>
				<p>
					<xref ref-type="bibr" rid="B37">Serrano y C&#xe1;zares (2019)</xref> critican la tendencia moralizante de los estudiosos del tema que consiste en subsumir todos los modos del perd&#xf3;n a uno solo. De acuerdo con Serrano y C&#xe1;zares, esta tendencia se caracteriza por imponer restricciones al ofendido, al ofensor, a la ofensa y a las condiciones para perdonar, o defiende la incondicionalidad del perd&#xf3;n, que deja de lado la relaci&#xf3;n particular entre las partes y las situaciones en que ocurren la ofensa y el perd&#xf3;n. El problema es que esta tendencia conduce a modelos ficticios de perd&#xf3;n (si las partes dejan de lado las circunstancias) o bien a modelos inalcanzables o impracticables (si las partes consideran las circunstancias).</p>
				<p>Los autores consideran como propuestas moralizantes las de <xref ref-type="bibr" rid="B23">Aurel Kolnai (1973)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B19">Pamela Hieronymi (2001)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B17">Charles Griswold (2007)</xref>. El perd&#xf3;n paradigm&#xe1;tico de Griswold exige, por ejemplo, la aceptaci&#xf3;n de la ofensa por parte del ofensor y la expresi&#xf3;n de perd&#xf3;n por parte de quien perdona. El perd&#xf3;n genuino de Hieronymi precisa de un cambio de visi&#xf3;n por parte del ofensor. Y para Kolnai el perd&#xf3;n solo es posible en condiciones de igualdad. </p>
				<p>Pero considerar el perd&#xf3;n desde el punto de vista del acto social supera esta tendencia, al menos parcialmente, en tanto el acto social no deriva en una norma &#xe9;tica, sino en una norma social. Hay que recordar que solo los estados de cosas que emergen de aquello que no depende de la cognici&#xf3;n de un sujeto derivan en normas morales (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Chrudzimski, 2015</xref>). No humillar a alguien es una obligaci&#xf3;n, perdonar a alguien, es deseable. Sin embargo, esta v&#xed;a descubre una dimensi&#xf3;n &#xe9;tica del perd&#xf3;n cuando reconoce su poder para renovar los espacios de reconocimiento mutuo que han sido da&#xf1;ados y para asumir la situaci&#xf3;n de falibilidad y vulnerabilidad com&#xfa;n a todos los hombres. </p>
				<p>En este tenor, <xref ref-type="bibr" rid="B3">Kim Atkins (2002)</xref> habla del perd&#xf3;n en el contexto de la amistad. Para el autor, el perd&#xf3;n se impulsa por la reserva de afecto entre los amigos, que les da un sentido de qui&#xe9;nes son y c&#xf3;mo quieren vivir. Por ello, no tiene sentido determinar qu&#xe9; se debe perdonar y qu&#xe9; no, porque depende de la relaci&#xf3;n de los amigos. Este perd&#xf3;n se vive como un proceso mutuo, en el cual el perdonado tiene un rol activo y en el que ambos abrazan la vulnerabilidad de su naturaleza y su condici&#xf3;n de falibilidad. Y precisamente expresar el perd&#xf3;n, al pedirlo y al darlo, es el modo en el que las partes exponen su vulnerabilidad al otro, porque se exponen a ser le&#xed;dos e interpretados por el otro. </p>
				<p>A ra&#xed;z de estas consideraciones se puede decir que este perd&#xf3;n d&#xe9;bil lo muestra como don y gratuidad, en tanto que es algo deseable pero no obligatorio, y como un milagro, en tanto que pudo no ser. As&#xed;, el perd&#xf3;n como acto social, aunque exige que se cumplan ciertas condiciones en virtud de este car&#xe1;cter, no es c&#xe1;lculo ni imposici&#xf3;n, sino algo en el medio: la elecci&#xf3;n y realizaci&#xf3;n entre dos personas de algo deseable. </p>
			</sec>
			<sec id="sec2.3">
				<label>II.3.</label>
				<title>Sobre la polisemia del perd&#xf3;n</title>
				<p>Ver al perd&#xf3;n como un tipo de acto social conduce a comprender y aceptar su polisemia en lugar de reconstruir su supuesta genealog&#xed;a &#xfa;nica. En cuanto tal, y como aspiraci&#xf3;n deseable, se puede considerar como una pr&#xe1;ctica universal,</p>
				<disp-quote>
					<p>el perd&#xf3;n parece tener el estatus de un universal cultural -uno del peque&#xf1;o n&#xfa;mero de pr&#xe1;cticas que, aunque var&#xed;an en detalle, surgen de alguna forma en todas las culturas. Obviamente, este hallazgo no prueba que el perd&#xf3;n es un bien moral, pero despliega un fundamento que ha pesado fuertemente en la tradici&#xf3;n &#xe9;tica naturalista, de Arist&#xf3;teles a Mill: la concepci&#xf3;n de lo que es deseable est&#xe1; indicada, si no demostrada, por lo que es deseado (<xref ref-type="bibr" rid="B28">Lang, 1994, p. 114</xref>). </p>
				</disp-quote>
				<p>En <italic>Before Forgiveness. The Origins of a Moral Idea</italic>
					<xref ref-type="bibr" rid="B24">(2010), Konstan</xref> afirma que la idea contempor&#xe1;nea de perd&#xf3;n como &#xab;cambio de coraz&#xf3;n&#xbb; no tiene su origen en el pensamiento cl&#xe1;sico ni en el Antiguo Testamento, a pesar de que algunos t&#xe9;rminos que com&#xfa;nmente se traducen como perd&#xf3;n est&#xe1;n presentes en obras de una y otra tradici&#xf3;n. La palabra griega que se suele traducir como perd&#xf3;n es <italic>sungn&#xf4;m&#xea;</italic>, compuesto por el verbo <italic>gignosko</italic> (conocer) y el prefijo <italic>sun</italic> (con), y que literalmente significa &#xab;conocer con&#xbb; o &#xab;comprender&#xbb;. Su calca al lat&#xed;n, compuesta por el verbo <italic>gnosco</italic> y el prefijo <italic>in</italic>, forma la palabra &#xab;inocencia&#xbb;. Estos t&#xe9;rminos aparecen en la <italic>Il&#xed;ada</italic>, la <italic>Odisea</italic>, las comedias de Plauto, Terencio, Menandro, Eur&#xed;pides y Ovidio, aunque siempre en un contexto de negociaci&#xf3;n. </p>
				<p>En el &#xe1;mbito filos&#xf3;fico, las obras ret&#xf3;ricas de Arist&#xf3;teles hablan de <italic>sungn&#xf4;m&#xea;</italic>, aunque tangencialmente y, algunos di&#xe1;logos de Plat&#xf3;n lo hacen en sentido cr&#xed;tico. De hecho, Plat&#xf3;n fue el primer te&#xf3;rico en sostener una postura acerca del perd&#xf3;n y en sopesarlo dentro de un esquema &#xe9;tico y pol&#xed;tico, en donde no tiene cabida porque es incompatible con el ideal de sabio. De acuerdo con Plat&#xf3;n el sabio es invulnerable a las acciones de los otros y, por lo tanto, no tiene nada que perdonar; por otro lado, el sabio tampoco act&#xfa;a mal, as&#xed; que no hay raz&#xf3;n para que sea perdonado (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Griswold, 2007</xref>). Y algo semejante proponen la &#xe9;tica estoica y epic&#xfa;rea, que desde&#xf1;an esta actitud y la consideran poco valiosa (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Griswold, 2007</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B24">Konstan, 2010</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B32">Nussbaum, 2016</xref>).</p>
				<p>En cuanto al uso de estos t&#xe9;rminos en la tradici&#xf3;n judeocristiana, en la Biblia hebrea &#xab;perd&#xf3;n&#xbb; se dice de dos modos: <italic>salakh</italic> y <italic>nasa</italic>. Mientras que el &#xfa;nico sujeto del verbo <italic>salakh</italic> es Dios, el t&#xe9;rmino <italic>nasa</italic> (en griego <italic>aphes</italic>) se usa para referirse al perd&#xf3;n entre personas. Pero en la traducci&#xf3;n del Antiguo Testamento al griego, se introduce adem&#xe1;s el t&#xe9;rmino <italic>sungn&#xf4;m&#xea;</italic>, que se utiliza seis veces, aunque ninguno de sus significados se traslapa (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Konstan, 2010</xref>). </p>
				<p>En un horizonte m&#xe1;s amplio, el perd&#xf3;n forma parte de las pr&#xe1;cticas de devoci&#xf3;n en otras religiones. En el islam, por ejemplo, se cree que Al&#xe1; perdona a quien se arrepiente (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Gopin, 2000</xref>). En el hinduismo, el poema devocional <italic>Bhagavad Gita</italic>, compuesto entre los siglos V a. C. al II d. C., ense&#xf1;a que la iluminaci&#xf3;n &#xab;procede de la satisfacci&#xf3;n de los deberes religiosos, especialmente de la devoci&#xf3;n a Dios por cuya sola causa deben ser satisfechas todas las otras obligaciones para que los pecados nos sean perdonados&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Audi, 2004, p. 108</xref>). <xref ref-type="bibr" rid="B6">Anthony Bash (2007)</xref> considera que esta presencia del perd&#xf3;n entre las culturas religiosas se debe a que sus narrativas muestran a personajes inspiradores que tienen una gran capacidad para perdonar, y a que presentan al perd&#xf3;n indudablemente como la mejor respuesta frente al mal.</p>
				<p>Pero existen otros t&#xe9;rminos y pr&#xe1;cticas relativas al perd&#xf3;n en culturas por completo dis&#xed;miles e inconexas, totalmente ajenas a la tradici&#xf3;n judeocristiana y a las sociedades religiosas, aunque, lamentablemente, los estudios en este campo son mucho m&#xe1;s escasos. La idea de perd&#xf3;n es sugerida, por ejemplo, en las estelas erigidas en Lidia (ahora noroeste de Turqu&#xed;a) en el siglo III d. C., entre los griegos, fuera de los c&#xed;rculos cristianos. Dichas estelas son muy poco conocidas, y aunque no se refieren directamente al perd&#xf3;n s&#xed; reconocen la culpa y expresan p&#xfa;blicamente el deseo de aplacar la ira de los dioses por una falta cometida (<xref ref-type="bibr" rid="B35">Rostad, 2002</xref>). </p>
				<p>Lejos de Europa y de la tradici&#xf3;n cristiana, el perd&#xf3;n tambi&#xe9;n est&#xe1; presente en el mundo prehisp&#xe1;nico. Esteban Krotz identifica en el derecho maya prehisp&#xe1;nico<xref ref-type="fn" rid="fn4">
						<sup>4</sup>
					</xref> la expresi&#xf3;n <italic>Satsah k&#xb4;eban,</italic> que se usa como &#xab;perd&#xf3;n&#xbb;. El llamado perd&#xf3;n del ofendido &#xab;se practicaba en virtud del conocimiento de las agravantes y las excluyentes de responsabilidad en la comisi&#xf3;n de alg&#xfa;n delito o de cualquier situaci&#xf3;n contraria a la moral y costumbres de esta civilizaci&#xf3;n&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B27">Krotz, 2001, p. 70</xref>).</p>
				<p>Ahora bien, la consideraci&#xf3;n de este conjunto de casos impide ver al perd&#xf3;n como un subproducto de la tradici&#xf3;n judeocristiana, como sugieren Nietzsche y Nussbaum, y/o reducirlo a una actitud interna de renuncia al resentimiento por parte de quien sufre una ofensa, tal como se define en el Diccionario Oxford de filosof&#xed;a, en el que se lee: perd&#xf3;n es la &#xab;renuncia al resentimiento, ira u otras reacciones hacia quien ha hecho algo que justifica tales respuestas&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Blackburn, 2005, p. 37</xref>). Esta definici&#xf3;n y las teor&#xed;as que de ella se desprenden tiene su origen espec&#xed;fico en la propuesta moral de Joseph Butler, concretamente, la que se expone en los Sermones VIII y IX, sobre la ira y el perd&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Konstan, 2010</xref>). En gran medida, se debe a estos sermones que generalmente se entrelacen los conceptos de resentimiento y perd&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Griswold, 2007</xref>).</p>
				<p>Adem&#xe1;s, dentro de la tradici&#xf3;n cristiana tambi&#xe9;n hay fil&#xf3;sofos que critican la superioridad moral que err&#xf3;neamente puede asumir quien renuncia al resentimiento. </p>
				<disp-quote>
					<p>Scheler acepta el modo como Nietzsche describe la esencia del resentimiento, pero no, en cambio, la acusaci&#xf3;n de resentimiento dirigida contra el cristianismo [&#x2026;] [Para Scheler] Una de las causas del error de Nietzsche consiste en haber confundido el amor cristiano con la filantrop&#xed;a moderna. &#xc9;sta s&#xed; que ha nacido del resentimiento (<xref ref-type="bibr" rid="B40">Vegas, 1998, pp. 9-10</xref>). </p>
				</disp-quote>
				<p>El binomio perd&#xf3;n-resentimiento no agota todos los posibles sentidos del perd&#xf3;n, como asumen Nietzsche y Nussbaum, lo que resulta a&#xfa;n m&#xe1;s evidente si se consideran otras l&#xed;neas de estudio, como la fenomenolog&#xed;a, el psicoan&#xe1;lisis y los estudios literarios, que se refieren a &#xe9;l como el hito que marca una nueva etapa en la vida del sujeto. Aunque el concepto de perd&#xf3;n de cada uno de los siguientes autores merezca un estudio independiente, se destacan algunos nombres y se llama la atenci&#xf3;n sobre algunos puntos en torno al tema con el fin de hacer notar el car&#xe1;cter inaugural del perd&#xf3;n como elemento en com&#xfa;n entre ellos, m&#xe1;s all&#xe1; de la relaci&#xf3;n entre perd&#xf3;n y resentimiento. </p>
				<p>En la tradici&#xf3;n fenomenol&#xf3;gica est&#xe1;n, por ejemplo, Hannah Arendt, que contempla al perd&#xf3;n a la luz del milagro, en tanto acci&#xf3;n humana de absoluta novedad que resuelve el predicamento de la irreversibilidad del pasado y que, junto con la promesa, que resuelve la impredecibilidad del futuro, asume la condici&#xf3;n humana de falibilidad y posibilita la acci&#xf3;n. Para la fil&#xf3;sofa alemana, el perd&#xf3;n hace posible un nuevo comienzo (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Arendt, 1958</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B34">Ricoeur, 2003</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B21">Irwin, 2015</xref>). </p>
				<p>En <italic>The Human Condition</italic>
					<xref ref-type="bibr" rid="B2">(1958), Arendt</xref> se refiere al perd&#xf3;n como &#xab;nacimiento&#xbb; y &#xab;milagro&#xbb; (ideas que toma de la tradici&#xf3;n cristiana). Pero estas ideas, propone Christopher Irwin, hay que comprenderlas como met&#xe1;fora. En <italic>Reading Hannah Arendt as a Biblical Thinker</italic>
					<xref ref-type="bibr" rid="B21">(2015), Irwin</xref> llama la atenci&#xf3;n sobre la interpretaci&#xf3;n de la idea de milagro por el cristianismo &#xab;platonizado&#xbb; y politizado que buscaba tener m&#xe1;s influencia en la vida p&#xfa;blica. Pero el milagro como garant&#xed;a de la existencia de un ser divino y su intervenci&#xf3;n en los asuntos humanos que interrumpe el curso natural de los eventos pierde de vista que el a&#xf1;o 0 es una met&#xe1;fora de la posibilidad del hombre de comenzar &#xe9;l mismo de nuevo, de renacer, de convertirse. Este es el verdadero milagro y es en este sentido que el perd&#xf3;n es milagro y nacimiento para Arendt (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Irwin, 2015</xref>). </p>
				<p>En el cruce entre filosof&#xed;a y psicoan&#xe1;lisis destaca la visi&#xf3;n posmoderna y <italic>postmoral</italic> del perd&#xf3;n de Julia Kristeva, que ve en la interpretaci&#xf3;n psicoanal&#xed;tica una nueva versi&#xf3;n de perd&#xf3;n. Kristeva describe su ejercicio psicoanal&#xed;tico con un paciente particularmente conflictivo como un don </p>
				<disp-quote>
					<p>que no era amor ni odio sino simplemente una interpretaci&#xf3;n de los movimientos ps&#xed;quicos del paciente subyacentes a su &#x2018;estado de guerra&#x2019;, [que] rompi&#xf3; la cadena de persecuciones en la cual su negatividad ps&#xed;quica hab&#xed;a estado atascada y lo insert&#xf3; en la apertura del tiempo ps&#xed;quico-el don de una nueva manera de ser. [&#x2026;] [Eso es lo que condujo a Kristeva a su] concepci&#xf3;n de interpretaci&#xf3;n psicoanal&#xed;tica como una versi&#xf3;n postmoderna de perd&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B26">Kristeva, 2010, p. 191</xref>).</p>
				</disp-quote>
				<p>Con base en los estudios de Kristeva, Jill Scott ofrece una po&#xe9;tica del perd&#xf3;n en el cine y la literatura, que lo descubre tambi&#xe9;n como un don. Scott retoma de la propuesta de la fil&#xf3;sofa b&#xfa;lgara lo inconsciente y lo desconocido del perd&#xf3;n; para Scott se trata de &#xab;un don de comunicaci&#xf3;n [pero no como acto social, sino uno] que surge a partir de la sobreproducci&#xf3;n de significado o sobreproducci&#xf3;n interpretativa del lenguaje literario y la expresi&#xf3;n creativa&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B36">Scott, 2010, p. 10</xref>). En este sentido tambi&#xe9;n coincide con Kelly Oliver, que complementa el trabajo de Kristeva, porque &#xab;introduce dos aspectos relacionados, llamados perd&#xf3;n como la fundaci&#xf3;n de la subjetividad y perd&#xf3;n como una pr&#xe1;ctica &#xe9;tica social y una manera de estar con otros en el mundo&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B36">Scott, 2010, p. 11</xref>). </p>
				<p>Pero tanto el perd&#xf3;n como apertura ps&#xed;quica que se&#xf1;ala Kristeva y como sobreproducci&#xf3;n de significado que indica Scott, encuentran en las propuestas de Jacques Derrida y de Vlad&#xed;mir Jank&#xe9;l&#xe9;vitch una fuente de inspiraci&#xf3;n esencial. En <italic>Cosmopolitanism and Forgiveness</italic>
					<xref ref-type="bibr" rid="B10">(1997), Derrida</xref> proclama la radicalidad del perd&#xf3;n; este perd&#xf3;n escapa a toda l&#xf3;gica y proporci&#xf3;n, es loco, ininteligible y dif&#xed;cil, porque renuncia a las buenas razones para perdonar y perdona lo imperdonable. No es amnist&#xed;a ni amnesia y &#xab;no puede reducirse a un tipo de terapia de reconciliaci&#xf3;n en una especie de ecolog&#xed;a hist&#xf3;rica&#xbb; (p. 49). No obstante, esta radicalidad del perd&#xf3;n y su oposici&#xf3;n al olvido fue defendida con anterioridad por Jank&#xe9;l&#xe9;vitch. El siguiente fragmento expresa la esencia de esta concepci&#xf3;n: </p>
				<disp-quote>
					<p>Aun cuando meng&#xfc;en el rencor hasta el extremo l&#xed;mite de la tenuidad, el desgaste y la integraci&#xf3;n nunca significan advenimiento de una era nueva, nunca fundan un orden nuevo; son incapaces, por s&#xed; solos, de inaugurar relaciones positivas entre un ofendido y un ofensor &#xed;ntimamente reconciliados: la desintegraci&#xf3;n de un viejo complejo pasional que se desmorona, se descompone, se pulveriza, esta desagregaci&#xf3;n negativa en ning&#xfa;n caso resulta fundadora. El aut&#xe9;ntico perd&#xf3;n, al igual que la conversi&#xf3;n, es lo &#xfa;nico capaz de construir una nueva casa para una nueva vida (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Jank&#xe9;l&#xe9;vitch, 1999, p. 51</xref>). </p>
				</disp-quote>
				<p>Ahora bien, a pesar de la distancia entre estas ideas y la noci&#xf3;n de perd&#xf3;n como acto social (como lo se&#xf1;ala directamente Scott), las breves puntualizaciones sobre las propuestas de Arendt, Kristeva y Scott, sirven para ilustrar c&#xf3;mo los significados y la profundidad del perd&#xf3;n no se agotan en la superaci&#xf3;n de la ira o el resentimiento, pues el perd&#xf3;n tambi&#xe9;n se puede comprender como una nueva manera que el sujeto tiene de estar con los dem&#xe1;s y de ser en el mundo (lo que de suyo es perfectamente compatible con el concepto de acto social).</p>
				<p>As&#xed; pues, a ra&#xed;z de la complejidad y polisemia del perd&#xf3;n, es inapropiado etiquetarlo como un subproducto de la tradici&#xf3;n judeocristiana y considerarlo exclusivamente como una actitud interna que tiene que ver con la renuncia al resentimiento por parte de quien sufre una ofensa. M&#xe1;s bien, como Berel Lang afirma, el perd&#xf3;n parece ser un &#xab;universal cultural&#xbb;, una pr&#xe1;ctica que surge en todas las culturas (<xref ref-type="bibr" rid="B28">1994</xref>), es un acto social presente en las comunidades humanas. En cuanto tal, uno de los significados de perd&#xf3;n surge de la comprensi&#xf3;n de Joseph Butler, que lo entiende como la superaci&#xf3;n del resentimiento por haber sufrido una ofensa, pero ser&#xed;a un error reducir todas sus vetas significativas a este elemento. </p>
			</sec>
		</sec>
		<sec id="sec3" sec-type="conclusions">
			<title>Conclusiones</title>
			<p>Algunos de los riesgos de definir al perd&#xf3;n exclusivamente como la actitud interna de renuncia al resentimiento por parte de quien ha sufrido una falta hacia quien la ha cometido, sin referencia a los actos comunicativos pertinentes, son la anulaci&#xf3;n del otro y el encubrimiento de una supuesta superioridad moral. Si, por otro lado, el perd&#xf3;n se impone como una obligaci&#xf3;n a quien sufre una falta, se ejerce violencia contra &#xe9;l, porque no se puede mandar a voluntad sobre las emociones ni cambiar a capricho la creencia sobre los hechos que constituyen la ofensa. Pero cuando perdonar es la respuesta a quien ha pedido ser perdonado, esta acci&#xf3;n se vuelve parte de un di&#xe1;logo de reconocimiento y renueva el espacio com&#xfa;n entre las partes. </p>
			<p>Por otro lado, analizar el perd&#xf3;n bajo el concepto de acto social puede ayudar a superar la tendencia moralista, pues este tipo de actos derivan en normas sociales que descubren ciertas acciones como deseables, pero que no obligan ni proh&#xed;ben. Sin embargo, este perd&#xf3;n d&#xe9;bil es &#xe9;ticamente relevante porque reestablece el di&#xe1;logo entre las partes y permite el reconocimiento muto, en la medida que respeta la libertad y espontaneidad para pedir perd&#xf3;n y para perdonar. Bajo esta &#xf3;ptica, el perd&#xf3;n es, principalmente, una herramienta comunicativa y pr&#xe1;ctica con la que cuenta el ofensor para hacer las cosas bien, para corregir lo que ha hecho mal. </p>
			<p>Adem&#xe1;s, el estudio del perd&#xf3;n bajo el concepto de acto social da mejor cuenta de su polisemia pues no est&#xe1; constre&#xf1;ido a una tradici&#xf3;n de pensamiento particular, como tampoco lo est&#xe1;n los dem&#xe1;s actos sociales. Por ello, es natural constatar la presencia de expresiones de perd&#xf3;n a lo largo de la historia y en diversas partes del mundo, no solo en los libros sagrados y teol&#xf3;gicos, sino tambi&#xe9;n en la ret&#xf3;rica, el Derecho y la filosof&#xed;a. Siempre que se cumplan con las condiciones <italic>a priori</italic>, esta perspectiva del perd&#xf3;n permite variaciones de acuerdo al contexto, pues en cada caso ocurre entre dos o m&#xe1;s personas en una situaci&#xf3;n determinada. Es en tales condiciones, su significado adquiere diferentes matices, incluso dentro de una misma tradici&#xf3;n. Esta presencia del perd&#xf3;n en la vida pr&#xe1;ctica de diferentes sociedades habla de la necesidad de dar una respuesta personal al mal, ya sea por parte de quien lo comete o de quien lo sufre, aunque el pensamiento contempor&#xe1;neo lo haya limitado a la parte que sufre el da&#xf1;o. </p>
			<p>En conclusi&#xf3;n, el aspecto &#xe9;tico del perd&#xf3;n se debe al espacio de reconocimiento entre las partes que &#xe9;l inaugura, y, aunque este rasgo es propio de cualquier acto social, la particularidad del perd&#xf3;n es que dicho espacio es renovado, lo que posibilita, a su vez, actos sociales posteriores. Mientras que los dem&#xe1;s actos sociales suponen la igualdad entre las partes, el perd&#xf3;n es diferente a todos los dem&#xe1;s por su radicalidad, es decir, por reivindicar el lugar del otro como un igual. </p>
		</sec>
	</body>
	<back>
		<fn-group>
			<title>Notas</title>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>
					<sup>1</sup>
				</label>
				<p>Los textos que no est&#xe1;n publicados en espa&#xf1;ol fueron traducidos por la autora de este art&#xed;culo, para incluirlos en la misma lengua en el cuerpo del texto.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>
					<sup>2</sup>
				</label>
				<p>En un sentido semejante, Ricoeur sostiene que la expresi&#xf3;n de perd&#xf3;n y sus consecuencias conductuales impiden que una de las partes se sit&#xfa;e en el eterno papel de v&#xed;ctima para tener &#xab;&#x201c;el derecho de quejaros, protestar y reclamar&#x201d;. Esta actitud engendra un privilegio exorbitante, que coloca al resto de la gente en una posici&#xf3;n de deudor de cr&#xe9;ditos&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B34">Ricoeur, 2003, p. 117</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>
					<sup>3</sup>
				</label>
				<p>Algunos otros fil&#xf3;sofos tambi&#xe9;n sit&#xfa;an al perd&#xf3;n dentro de la tradici&#xf3;n judeocristiana, pero no ven en ello un motivo de sospecha. <xref ref-type="bibr" rid="B2">Hannah Arendt (1958)</xref>, por ejemplo, sostiene que el perd&#xf3;n es indudablemente cristiano, pero este rasgo no le quila la validez para ser considerado en su sentido secular y en el &#xe1;mbito pol&#xed;tico. <xref ref-type="bibr" rid="B6">Anthony Bash (2007)</xref>, por su cuenta, reconoce la superioridad de la propuesta de perd&#xf3;n cristiano como don, frente al modelo psicol&#xf3;gico actual de perd&#xf3;n, que lo reduce a una actitud individualista. </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>
					<sup>4</sup>
				</label>
				<p>Periodo que se extiende hasta 1542, fecha de la fundaci&#xf3;n de M&#xe9;rida e implantaci&#xf3;n del derecho colonial, que indica tambi&#xe9;n la incorporaci&#xf3;n de los valores cristianos al orden jur&#xed;dico. </p>
			</fn>
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			<title>Recursos electr&#xf3;nicos</title>
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				<mixed-citation publication-type="other">
					<publisher-name>University of California Television</publisher-name>
					<day>06</day>
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					<year>2016</year>
					<source>Eva Khor: Surviving The Angel of Death</source>
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			<title>Bibliograf&#xed;a</title>
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					<year>1958</year>
					<source>The Human Condition</source>
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					<year>2002</year>
					<article-title>Friendship, Trust and Forgiveness</article-title>
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