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				<journal-title>Isegor&#xed;a</journal-title>
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			<issn publication-format="electronic">1988-8376</issn>
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					<subject>Cr&#xed;tica de libros</subject>
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				<article-title>La legitimidad de la democracia y la tentaci&#xf3;n de los atajos. Rese&#xf1;a de: Cristina Lafont, <italic>Democracy without Shortcuts. A Participatory Conception of Deliberative Democracy</italic>, Oxford, Oxford University Press, 2020 [Traducido por Luis Garc&#xed;a Vali&#xf1;a, <italic>Democracia sin atajos. Una concepci&#xf3;n participativa de la democracia deliberativa</italic>, Madrid, Trotta, 2021]</article-title>
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					<trans-title>The legitimacy of democracy and the temptation of shortcuts. Review of: Cristina Lafont, <italic>Democracy without Shortcuts. A Participatory Conception of Deliberative Democracy,</italic> Oxford, Oxford University Press, 2020 [Translated by Luis Garc&#xed;a Vali&#xf1;a<italic>, Democracia sin atajos. Una concepci&#xf3;n participativa de la democracia deliberativa,</italic> Madrid, Trotta, 2021]</trans-title>
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			<italic>Democracia sin atajos</italic> es un libro muy ambicioso y extremadamente bien argumentado, que introduce y discute con maestr&#xed;a la mayor&#xed;a de las posiciones actualmente en liza sobre la legitimidad democr&#xe1;tica, defendiendo una concepci&#xf3;n participativa de la democracia deliberativa. </p>
		<p>El problema al que se enfrenta Lafont no solo responde a la l&#xf3;gica interna de la academia, sino ante todo a un problema real, que a todos nos afecta. Y es que no hace falta especial sagacidad para darse cuenta de que la democracia hoy en d&#xed;a est&#xe1; en riesgo. Primero, por su confrontaci&#xf3;n externa con reg&#xed;menes totalitarios de diverso pelaje. Puede que hace algunos a&#xf1;os o d&#xe9;cadas las noticias nos invitaran al optimismo: desde la ca&#xed;da del muro de Berl&#xed;n hasta la primavera &#xe1;rabe. En cambio, los acontecimientos m&#xe1;s cercanos no pueden despertar en los dem&#xf3;cratas m&#xe1;s que un pesimismo desconsolado. Pero, segundo, y quiz&#xe1;s de modo a&#xfa;n m&#xe1;s doloroso, la democracia est&#xe1; en crisis internamente, en las propias sociedades democr&#xe1;ticas, ante el descontento de buena parte de su ciudadan&#xed;a con el orden institucional y con sus representantes pol&#xed;ticos, una crisis de legitimidad que ha dado lugar a diversos movimientos populistas, no solo anti-democr&#xe1;ticos sino profundamente anti-pol&#xed;ticos, restauradores nost&#xe1;lgicos de las esencias perdidas de otros tiempos menos dados al di&#xe1;logo y la confrontaci&#xf3;n p&#xfa;blica.</p>
		<p>Ante este panorama externa e internamente desolador, Lafont nos recuerda la necesidad de recuperar un ideal fuerte de democracia: no solo como aquel r&#xe9;gimen pol&#xed;tico en el que decide la mayor&#xed;a, sino como aquel donde la pol&#xed;tica se dirime en un espacio de participaci&#xf3;n p&#xfa;blica donde el pueblo es capaz de orientarse por s&#xed; mismo, construyendo su propia autonom&#xed;a, sustentado en unas instituciones que posibilitan y fomentan un debate razonado acerca de los medios y de los fines, dando voz a posiciones diversas, por mucho que quiz&#xe1;s sean irreconciliables. Vista as&#xed;, la democracia es incompatible con un pueblo iletrado e irracional. No puede sencillamente ser &#xab;la voz del pueblo&#xbb;: tiene como condici&#xf3;n de posibilidad transitar la v&#xed;a larga de hacer que ese pueblo mejore a trav&#xe9;s de la educaci&#xf3;n, el fomento de las virtudes c&#xed;vicas y el cuidado de la esfera p&#xfa;blica.</p>
		<p>Ante el des&#xe1;nimo por la dificultad de esa v&#xed;a larga, han aparecido en los &#xfa;ltimos a&#xf1;os diversas propuestas que nos ofrecen atajos, sorteando los retos imposibles de nuestras democracias con soluciones factibles a corto plazo: atajos tecnocr&#xe1;ticos (delegar en los que saben) o procedimentales (confiar en la legitimidad de los procedimientos), atajos que si bien pueden ser bienintencionados e imaginativos (como el atajo lotocr&#xe1;tico), conllevan un precio demasiado alto, en opini&#xf3;n de Lafont, pues cada uno de ellos socava de un modo distinto el proyecto de construir una autonom&#xed;a colectiva en la que podamos reconocernos como ciudadanos libres. </p>
		<p>Ante a la tentaci&#xf3;n de los atajos, este libro nos avisa de que corremos el riesgo de perder de antemano aquello que aspir&#xe1;bamos a salvar. Frente a este pesimismo, Lafont se plantea demostrarnos que el ideal de una democracia deliberativa y participativa ha de seguir siendo no solo nuestro ideal regulativo, sino ante todo nuestra hoja de ruta -una propuesta por tanto que se enfrenta al pesimismo con la mayor de las ambiciones-. </p>
		<p>El libro contiene tres partes. La primera defiende la necesidad de una democracia deliberativa, presentando el ideal democr&#xe1;tico del auto-gobierno (cap. 1) y las concepciones &#xab;profundamente pluralistas&#xbb; de la democracia (cap. 2). La segunda sostiene que la democracia deliberativa no puede implantarse de modo que los ciudadanos deleguen su contribuci&#xf3;n a la vida p&#xfa;blica en expertos (modelo epistocr&#xe1;tico discutido en el cap. 3) o en subgrupos de otros ciudadanos elegidos al azar (modelo lotocr&#xe1;tico criticado en los caps. 4 y 5), sino que han de participar ellos mismos a trav&#xe9;s de la deliberaci&#xf3;n p&#xfa;blica (cap. 6). La tercera y &#xfa;ltima parte elabora esta propuesta con una concepci&#xf3;n participativa de la raz&#xf3;n p&#xfa;blica afrontando el problema de la inclusividad en el contexto de la dicotom&#xed;a secular/religioso (cap. 7) y el car&#xe1;cter democr&#xe1;tico de las instituciones judiciales (cap. 8). </p>
		<p>Lafont empatiza con las defensas epist&#xe9;micas de la democracia frente a las numerosas cr&#xed;ticas que han recibido en tiempos recientes. Muy probablemente, la deliberaci&#xf3;n p&#xfa;blica conlleve m&#xe1;s ventajas en la b&#xfa;squeda de soluciones viables y respuestas correctas a los problemas p&#xfa;blicos que otras estrategias como la delegaci&#xf3;n en expertos o subgrupos. Pero su empat&#xed;a con las defensas epist&#xe9;micas no se convierte en identificaci&#xf3;n. En su opini&#xf3;n, no son las consecuencias epist&#xe9;micamente beneficiosas de los procesos democr&#xe1;ticos deliberativos y participativos lo que justifican la necesidad de la participaci&#xf3;n c&#xed;vica, porque estas ventajas son en el fondo contingentes, emp&#xed;ricamente refutables y peligrosamente fr&#xe1;giles. La justificaci&#xf3;n de la necesidad de la participaci&#xf3;n c&#xed;vica a la que aspira Lafont, heredera directa del planteamiento de Habermas, es m&#xe1;s consistente y trascendental. Para ella se trata ante todo una cuesti&#xf3;n de autonom&#xed;a, constituci&#xf3;n y ejercicio de la voluntad p&#xfa;blica. Ante una ciudadan&#xed;a iletrada y ocupada, incapaz de participar en pol&#xed;tica con una m&#xed;nima destreza, la delegaci&#xf3;n en expertos o la selecci&#xf3;n de mini-p&#xfa;blicos ilustrados <italic>ad hoc</italic> podr&#xed;an de facto ser m&#xe1;s eficientes a la hora de alcanzar puntualmente o a corto plazo los fines que beneficiar&#xed;an a la ciudadan&#xed;a. Pero estos atajos, al no poner a la propia ciudadan&#xed;a en marcha, al no nutrirse de las cabezas y los corazones de cada uno de nosotros y nosotras, acaban necesariamente pervirtiendo los fines de emancipaci&#xf3;n y autonom&#xed;a que constituyen a la democracia. </p>
		<p>Comparto completamente la postura de Lafont, y perm&#xed;taseme defenderla con una analog&#xed;a distinta de la del atajo, que espero sea iluminadora. Es preciso tomar la v&#xed;a larga de educar a la ciudadan&#xed;a, fomentar su participaci&#xf3;n e integrarla en el debate p&#xfa;blico porque el objetivo de todo el proceso es, por as&#xed; decirlo, <italic>encender la bombilla del pueblo</italic>. Ese largo camino es un enrevesado circuito el&#xe9;ctrico que produce, evidentemente, resistencia, y que es costoso mantener. Visto as&#xed;, el problema con los atajos epistemocr&#xe1;ticos o lotocr&#xe1;ticos no es que sean atajos (&#xbf;qui&#xe9;n no los iba a querer tomar, si nos hacen llegar antes?), sino que son <italic>cortocircuitos</italic>. El recorrido de los expertos o los mini-p&#xfa;blicos es mucho m&#xe1;s breve y r&#xe1;pido, pero ninguno de ellos enciende aquello que se tendr&#xed;a que encender, y el sistema acabar&#xe1; inevitablemente fundido. </p>
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