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					<subject>Cr&#xed;tica de libros</subject>
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				<article-title>La pluma y el fusil. Un soldado fil&#xf3;sofo en la Comuna de Par&#xed;s. Rese&#xf1;a de: Patrice Vermeren, <italic>Le philosophe communeux. Napol&#xe9;on La C&#xe9;cilia, n&#xe9;okantien, philologue et g&#xe9;n&#xe9;ral de la Commune de Paris</italic>, Par&#xed;s, L&#x2019;Harmattan, 2021</article-title>
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					<trans-title>The pen and the rifle. A philosopher soldier in the Paris Commune. Review of: Patrice Vermeren, <italic>Le philosophe communeux. Napol&#xe9;on La C&#xe9;cilia, n&#xe9;okantien, philologue et g&#xe9;n&#xe9;ral de la Commune de Paris</italic>, Paris, L&#x2019;Harmattan, 2021</trans-title>
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		<p>Desde el 18 de marzo hasta el 28 de mayo de 1871, la ciudad de Par&#xed;s es el escenario de la primera experiencia hist&#xf3;rica de autogobierno de la clase obrera. De forma similar a lo que ocurre con otros episodios de insubordinaci&#xf3;n popular de la historia reciente, como Mayo del 68, el momento pol&#xed;tico de la Comuna de Par&#xed;s ha recibido una atenci&#xf3;n muy escasa por parte de historiadores, polit&#xf3;logos y fil&#xf3;sofos, cuando no ha sido objeto de una abierta hostilidad, especialmente en la academia francesa. Las razones de la omisi&#xf3;n y del desprecio no tienen que ver tan solo con la breve duraci&#xf3;n del estallido revolucionario, sino con un rasgo de este que lo convierte en un acontecimiento muy singular en la secuencia de revoluciones que se inicia en 1789 y atraviesa todo el convulso siglo XIX franc&#xe9;s: la exhibici&#xf3;n de capacidad del pueblo llano para hacerse cargo aut&#xf3;nomamente de los asuntos comunes y marcar el rumbo de la vida colectiva. </p>
		<p>Esto es precisamente lo que horroriza a los observadores que recorren Par&#xed;s durante esas semanas de 1871: encontrar al mando del gobierno de la ciudad a personas humildes y desconocidas que gozan de un enorme respaldo social. No principalmente a abogados, periodistas u hombres de letras, sino a obreros de toda condici&#xf3;n -comerciantes y contables, artesanos de la porcelana y la madera, taberneros, sastres o anticuarios-, mujeres y hombres confundidos en las barricadas con soldados de la guardia nacional que abandonan el inframundo del trabajo, la ignorancia y la brutalidad para acceder al mundo com&#xfa;n de la pol&#xed;tica. Un pueblo de an&#xf3;nimos que los escritores reaccionarios consideran ocupantes fraudulentos de las instituciones e int&#xe9;rpretes ileg&#xed;timos de los ideales republicanos de libertad, igualdad y fraternidad. Una horda de &#xab;b&#xe1;rbaros&#xbb; cuya amenaza mayor radica seg&#xfa;n ellos en su educaci&#xf3;n e inteligencia insospechadas, en su capacidad para autoorganizarse, poner a funcionar los engranajes del orden social y granjearse el apoyo de la bohemia literaria y filos&#xf3;fica parisina. Elme Marie Caro, profesor de filosof&#xed;a en la Sorbona, escribe a este respecto lo siguiente pocos d&#xed;as despu&#xe9;s de que la revoluci&#xf3;n haya sido aplastada: &#xab;Acabamos de librarnos de la barbarie; pero es necesario que sepamos que, en este furioso asalto contra la civilizaci&#xf3;n, nos hemos confrontado a una barbarie letrada&#xbb; (cit. en p. 19). </p>
		<p>El &#xfa;ltimo libro del fil&#xf3;sofo Patrice Vermeren explora el papel de los fil&#xf3;sofos en la Comuna de Par&#xed;s poniendo el foco en la figura de Napol&#xe9;on La C&#xe9;cilia (1835-1878), uno de los muchos &#xab;b&#xe1;rbaros letrados&#xbb; del movimiento <italic>communard</italic>. La C&#xe9;cilia ejerci&#xf3; como jefe de Estado Mayor y General durante la Comuna y se situ&#xf3; al frente de la defensa de Par&#xed;s durante la &#xab;Semana sangrienta&#xbb;. Fue adem&#xe1;s francmas&#xf3;n, miembro de la Internacional socialista, fil&#xf3;sofo neokantiano y un destacado fil&#xf3;logo pol&#xed;glota. Su rol protagonista durante los acontecimientos de 1871, la singularidad de su periplo vital y la importancia de sus compromisos pol&#xed;ticos contrastan con su ausencia casi total incluso en las historias mejor informadas de la Comuna. No es casualidad que el redescubrimiento de esta figura desconocida y enigm&#xe1;tica sea obra de uno de los antiguos colaboradores de Les R&#xe9;voltes logiques, el colectivo de investigaci&#xf3;n militante y la revista hom&#xf3;nima de historia social fundados por Jacques Ranci&#xe8;re, Jean Borreil y Genevi&#xe8;ve Fraisse en 1974. Con la paciencia y la minuciosidad del archivista y la profundidad del fil&#xf3;sofo, Vermeren reconstruye el itinerario biogr&#xe1;fico e intelectual de La C&#xe9;cilia y recompone las piezas de una identidad escindida entre la pr&#xe1;ctica de la filosof&#xed;a, el aprendizaje de las lenguas y la militancia pol&#xed;tica. </p>
		<p>Lo primero que llama la atenci&#xf3;n del lector de <italic>Le philosophe communeux</italic> es precisamente la heterogeneidad de la experiencia vital de La C&#xe9;cilia. Nacido en 1835 en Tours de una madre corsa y de un padre de origen espa&#xf1;ol cercano a Buonarotti, Mazzini y Garibaldi, La C&#xe9;cilia realiza con brillantez estudios de matem&#xe1;ticas antes de iniciarse en la filosof&#xed;a y la filolog&#xed;a, primero en Par&#xed;s y m&#xe1;s tarde en Berl&#xed;n, Jena y Leipzig, siguiendo en esto la estela de otros fil&#xf3;sofos franceses del XIX atra&#xed;dos por la independencia y el amplio programa formativo de las universidades alemanas. Apasionado por las lenguas extranjeras, algunos de sus contempor&#xe1;neos atribuyen a La C&#xe9;cilia el conocimiento de veinticinco lenguas europeas y orientales, entre ellas el alem&#xe1;n, el ingl&#xe9;s, el espa&#xf1;ol, el ruso, el italiano, el s&#xe1;nscrito, el persa, el hebreo, el &#xe1;rabe, el siam&#xe9;s, el mongol y el chino, adem&#xe1;s del lat&#xed;n y el griego cl&#xe1;sicos. </p>
		<p>Como fil&#xf3;sofo, La C&#xe9;cilia publica algunos art&#xed;culos en la <italic>Revue philosophique et religieuse</italic>, fundada por sansimonianos, y abraza el racionalismo neokantiano promovido en Francia por Charles Renouvier, un disc&#xed;pulo de Comte partidario de poner el criticismo kantiano al servicio del progreso moral de la sociedad y de la transformaci&#xf3;n republicana de la pol&#xed;tica. En el kantismo y el socialismo &#xe9;tico de Renouvier, La C&#xe9;cilia encuentra las razones filos&#xf3;ficas para su combate por la emancipaci&#xf3;n y el fundamento de su republicanismo radical, su antiestatalismo y su ate&#xed;smo. Y son probablemente estas convicciones de fondo y la influencia determinante de su compa&#xf1;era Marie-David, formada con Louise Michel y secretaria de la <italic>Soci&#xe9;t&#xe9; pour la revendication du droit des femmes</italic>, las que implantan en La C&#xe9;cilia una sensibilidad feminista, como atestigua un art&#xed;culo publicado en la <italic>Revue</italic> en 1856, donde defiende para la mujer los mismos derechos sociales que corresponden al hombre y el mismo derecho al perfeccionamiento moral e intelectual. </p>
		<p>Destaca igualmente la intensa actividad epistolar que La C&#xe9;cilia mantiene a lo largo de toda su vida. Tal y como la presenta Vermeren, la correspondencia es para este fil&#xf3;sofo-general una ocasi&#xf3;n para justificar ante s&#xed; mismo y ante el mundo la obediencia de sus acciones al principio moral de justicia y al objetivo de una rep&#xfa;blica universal, democr&#xe1;tica y socialista, una manera tambi&#xe9;n de &#xab;situar sus actos para la posteridad ante el espejo del relato que transmite a sus destinatarios&#xbb; (pp. 16-17). Entre los destinatarios de La C&#xe9;cilia destacan nombres como el de Ludovico Frapolli, compa&#xf1;ero de filas de La C&#xe9;cilia en la lucha por la independencia italiana; el de Victor Hugo, a quien visita junto a Marie-David en Luxemburgo tras la ca&#xed;da de Par&#xed;s en manos del ej&#xe9;rcito de Versalles; o el de Karl Marx, con quien entra en contacto despu&#xe9;s de la Comuna, durante su etapa de exilio en Londres. </p>
		<p>El lector descubre con sorpresa que La C&#xe9;cilia se ofrece a Marx como traductor al italiano de <italic>El Capital</italic> (un proyecto que finalmente no culmina, a falta de una editorial dispuesta a hacerse cargo de la publicaci&#xf3;n) y que solicita su colaboraci&#xf3;n para la redacci&#xf3;n de un compendio de econom&#xed;a social pensado para servir de manual en la escuela que La C&#xe9;cilia funda en Londres para proscritos de la Comuna, asentada en valores anticlericales y democr&#xe1;ticos. Las p&#xe1;ginas que Vermeren dedica a esta amistad filos&#xf3;fica suman un inter&#xe9;s a&#xf1;adido a la lectura de <italic>Le philosophe communeux</italic>. Es un intercambio que desborda el plano meramente profesional sin llegar a alcanzar el estatuto de lo &#xed;ntimo (aunque hay constancia de varios encuentros entre ambos en el domicilio de Marx en Londres, de la relaci&#xf3;n de La C&#xe9;cilia con la familia Marx y tambi&#xe9;n con Engels). Lo interesante es que se trata de una relaci&#xf3;n espec&#xed;ficamente pol&#xed;tica a la que sin duda contribuye el inter&#xe9;s de Marx por la experiencia revolucionaria de la Comuna, y que se beneficia despu&#xe9;s de una esperanza compartida en la emancipaci&#xf3;n de la clase obrera y la internacionalizaci&#xf3;n del movimiento socialista. </p>
		<p>Es, sin embargo, el desempe&#xf1;o de La C&#xe9;cilia como militar y su movilizaci&#xf3;n en favor de diversas causas pol&#xed;ticas los que reciben una mayor atenci&#xf3;n en el libro de Vermeren, que da cuenta pormenorizada de su curr&#xed;culo tomando apoyo en numerosas fuentes de archivo hasta el momento in&#xe9;ditas. Vermeren nos informa de que, siendo muy joven, La C&#xe9;cilia participa en el <italic>Risorgimento italiano</italic>, donde integra la Expedici&#xf3;n de los Mil a las &#xf3;rdenes de Garibaldi y contribuye a la toma de Palermo. Esta primera haza&#xf1;a militar le permite alistarse como teniente en el regimiento de francotiradores de Par&#xed;s, donde llega a obtener el grado de coronel en reconocimiento a su papel en las batallas de Ablis, Ch&#xe2;teaudun, Varize y Alen&#xe7;on contra las tropas prusianas. De vuelta en Par&#xed;s, La C&#xe9;cilia secunda la oposici&#xf3;n del pueblo parisino al armisticio firmado el 26 de febrero de 1871 y ocupa diversos cargos militares durante los dos meses de gobierno popular. Hasta el &#xfa;ltimo d&#xed;a, La C&#xe9;cilia defiende la contralegalidad republicana de la Comuna con la palabra y con las armas.</p>
		<p>La hoja de servicios de La C&#xe9;cilia al servicio de la Rep&#xfa;blica y singularmente su papel en la defensa de Par&#xed;s fueron recurrentemente falseados y tergiversados por parte de los enemigos de la Comuna. Se rest&#xf3; importancia a sus &#xe9;xitos militares en la guerra franco-prusiana; durante la Comuna, se dijo de &#xe9;l que hab&#xed;a ordenado el fusilamiento sin juicio de un joven menor de edad; se pusieron en cuesti&#xf3;n sus convicciones republicanas, su capacidad militar y su coraje en la defensa de la <italic>butte</italic> Montmartre, y se le acus&#xf3; de huir cobardemente de Par&#xed;s tras la &#xab;Semana sangrienta&#xbb;. </p>
		<p>Vermeren recurre a numerosas fuentes bibliogr&#xe1;ficas para corregir algunos datos infundados sobre La C&#xe9;cilia y para cuestionar otros de veracidad dudosa, aporta informaci&#xf3;n desconocida sobre su itinerario vital y pone en perspectiva las decisiones de un individuo que elige el campo de la revoluci&#xf3;n en condiciones especialmente dram&#xe1;ticas. El trabajo de reconstrucci&#xf3;n hist&#xf3;rica y de exploraci&#xf3;n archiv&#xed;stica que est&#xe1; en la base de <italic>Le philosophe communeux</italic> es digno de elogio. Con una narraci&#xf3;n apasionante y apasionada, el libro nos adentra en la experiencia vivida de uno de los protagonistas de un acontecimiento fundamental en la historia del socialismo revolucionario. Intercalando el relato autobiogr&#xe1;fico de La C&#xe9;cilia con la imagen que se forman de &#xe9;l sus contempor&#xe1;neos, Vermeren nos invita a comprender en su complejidad la aventura vital de este individuo admirado e injuriado a partes iguales, el sistema de valores, aspiraciones y formas de subjetivaci&#xf3;n de este personaje <italic>doble</italic> y contradictorio que se identifica y desea ser recordado como erudito <italic>y</italic> como general; que se niega a negociar sus ideales y fundamenta su acci&#xf3;n en convicciones republicanas firmes, pero desea al mismo tiempo ser reconocido por sus sacrificios en favor de la libertad; que asume con una mezcla de orgullo y humillaci&#xf3;n su condici&#xf3;n de exiliado y la precariedad vital y laboral a la que lo condenan sus convicciones pol&#xed;ticas. </p>
		<p>Al igual que hiciera el colectivo Les R&#xe9;voltes logiques en los a&#xf1;os setenta y ochenta, Vermeren recurre al archivo para desenterrar formas de subjetividad y caminos de pensamiento alternativos a los registrados por la historia oficial. Este es, en mi opini&#xf3;n, el valor fundamental de un libro que nos brinda la posibilidad de elaborar una revisi&#xf3;n pol&#xed;tica de la memoria que conservamos de la Comuna recuperando una figura olvidada e injustamente vilipendiada. El trabajo de Vermeren es importante no solamente porque nos recuerda lo que signific&#xf3; pol&#xed;tica y est&#xe9;ticamente este acontecimiento crucial del siglo XIX, sino porque nos permite comprender el significado &#xed;ntimo que tuvo para uno de sus protagonistas, para alguien que vio nacer ante sus ojos el sue&#xf1;o de una rep&#xfa;blica democr&#xe1;tica y social y lo vio morir setenta y dos d&#xed;as despu&#xe9;s ahogado en un ba&#xf1;o de sangre.</p>
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