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					<subject>Cr&#xed;tica de libros</subject>
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				<article-title>Marx, pensador de la contingencia. Rese&#xf1;a de: Christian Fajardo, <italic>Capitalismo, aparatos de Estado y Violencias. Sobre la cr&#xed;tica de Karl Marx de la econom&#xed;a pol&#xed;tica</italic>, Bogot&#xe1;, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2023</article-title>
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					<trans-title>Marx, thinker of the contingence. Review of: Christian Fajardo, <italic>Capitalismo, aparatos de Estado y Violencias. Sobre la cr&#xed;tica de Karl Marx de la econom&#xed;a pol&#xed;tica</italic>, Bogot&#xe1;, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2023</trans-title>
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		<p>La obra de Marx ha sido una de las m&#xe1;s discutidas en las ciencias sociales. Christian Fajardo, en su reciente publicaci&#xf3;n<xref ref-type="fn" rid="fn1">
				<sup>1</sup>
			</xref>, se propone encontrar en Marx las herramientas para una cr&#xed;tica radical a las formas de violencia del capitalismo. Tomando una distancia de la ortodoxia, Fajardo renuncia a ver en el marxismo una teor&#xed;a totalizante. A partir de Maurice Merleau-Ponty, se&#xf1;ala que las tesis de Marx deben ser entendidas como un modelo para comprender la realidad entre muchos otros; donde su potencia cr&#xed;tica no reside en una explicaci&#xf3;n total de las estructuras sociales, sino en su capacidad de mostrar el car&#xe1;cter contingente del modo de producci&#xf3;n capitalista. </p>
		<p>De la mano de lecturas como las de Althusser, Benjamin, Ranci&#xe8;re y Deleuze, Fajardo argumenta que la cr&#xed;tica al capitalismo no debe enfocarse en la inmoralidad de sus violencias, sino en las condiciones de posibilidad que permiten que las aceptemos como inevitables. A estas condiciones las denomina <italic>violencias suplementarias</italic>, entre las cuales identifica dos tipos: la violencia ideol&#xf3;gica y la violencia jur&#xed;dica. </p>
		<p>Haciendo una lectura detallada y novedosa del Ep&#xed;logo a la segunda edici&#xf3;n del primer volumen de <italic>El Capital</italic>, Fajardo dialoga con un Marx inquieto por la relaci&#xf3;n entre los conceptos de necesidad y contingencia. A partir la cr&#xed;tica a la dial&#xe9;ctica idealista/mistificada planteada por Marx, Fajardo pone de manifiesto lo que el pensador denominaba &#xab;la dial&#xe9;ctica en su forma racional&#xbb;, que mostraba &#xab;la inteligencia de la negaci&#xf3;n&#xbb; que subyace a todo lo existente (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Marx, 1975, p. 20</xref>). Con esta exposici&#xf3;n del m&#xe9;todo materialista, podemos comprender que al interior de la realidad existe una tensi&#xf3;n permanente entre lo que es y la posibilidad de que no haya sido. El Marx que nos expone Fajardo es un pensador preocupado por mostrarnos c&#xf3;mo el capitalismo no deja de estar sometido a la posibilidad de su final, no porque unas leyes necesarias lo hayan ya determinado, sino porque se encuentra expuesto a la posibilidad de su negaci&#xf3;n. </p>
		<p>Fajardo nos argumenta que son las violencias suplementarias las que buscan conjurar y capturar esta contingencia que se encuentra en la base del capitalismo. Es decir, la &#xfa;nica forma de que el capitalismo pueda continuar reproduci&#xe9;ndose a pesar de sus devastadoras consecuencias es mostr&#xe1;ndose como una realidad acabada y necesaria. La primera de estas violencias suplementarias es la ideol&#xf3;gica. Para Fajardo, la ideolog&#xed;a no es un enga&#xf1;o que nos impide observar la realidad tal como es, sino que es una manera compartida de dotar de sentido al mundo. Sin embargo, hay una forma de ideolog&#xed;a muy problem&#xe1;tica en el capitalismo, que denomina &#xab;mistificaci&#xf3;n ideol&#xf3;gica&#xbb;. Esta mistificaci&#xf3;n operar&#xed;a invirtiendo la relaci&#xf3;n entre el capital y el trabajo, mostrando como si las y los trabajadores fueran quienes dependieran del capitalismo para vivir, y no a la inversa.</p>
		<p>Como muy claramente nos expone Fajardo, sirvi&#xe9;ndose de los aportes de Althusser en su texto <italic>Sobre la reproducci&#xf3;n</italic>, la mistificaci&#xf3;n resulta en un mandato de la necesidad de la valorizaci&#xf3;n al cual se ven sometidos todos los actores involucrados en el capitalismo. Lo que determinar&#xed;a su comportamiento no ser&#xed;an la inevitabilidad de las leyes del mercado, sino el hecho de que estas leyes hist&#xf3;ricamente contingentes los lleven a actuar <italic>como si</italic> as&#xed; lo fueran. La participaci&#xf3;n de todos nosotros dentro de este entramado responde al car&#xe1;cter siempre material de las pr&#xe1;cticas ideol&#xf3;gicas, que permite su reproducci&#xf3;n real (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Althusser, 2015</xref>).</p>
		<p>Una estrategia pol&#xed;tica emancipatoria debe tratar de minar aquellas representaciones y presupuestos que nos llevan a asumir al capitalismo como un mal necesario, poniendo en evidencia su car&#xe1;cter contingente y transitorio. Estas rupturas que llevan a desestabilizar las mistificaciones ideol&#xf3;gicas son las que Fajardo encuentra en la pol&#xed;tica, entendida como una l&#xf3;gica inherentemente disruptiva, que busca actualizar la contingencia en el mundo (<xref ref-type="bibr" rid="B3">Ranci&#xe8;re, 1996</xref>).</p>
		<p>Ahora bien, como las mistificaciones ideol&#xf3;gicas se encuentran permanentemente en riesgo de perder consistencia frente a las acciones pol&#xed;ticas emancipatorias, el capitalismo requiere de otra violencia suplementaria: la violencia jur&#xed;dica del aparato de Estado. A diferencia de la ortodoxia marxista, Fajardo no considera que los aparatos de Estado sean una estructura dependiente del capitalismo, que operar&#xed;a solamente en funci&#xf3;n de sus intereses. A partir de Deleuze, Benjamin y Schmitt, argumenta que el Estado es una autoridad sin fundamento, que tiene como &#xfa;nico prop&#xf3;sito la conservaci&#xf3;n de un orden social, conjurando la contingencia de las relaciones humanas. Es decir, lo que hace el suplemento jur&#xed;dico del Estado es asignar unos roles fijos dentro de una sociedad -en este caso, una formaci&#xf3;n social capitalista-, propiciando as&#xed; el encuentro entre capital y trabajo. </p>
		<p>Fajardo argumenta que esta inscripci&#xf3;n no responde a que el Estado sea inherentemente capitalista, sino a que este requiere del establecimiento de un orden. Es decir, que exista una relaci&#xf3;n inobjetable entre sujetos y predicados, que no le permita un espacio de emergencia a la contingencia social.</p>
		<p>Esta lectura sobre el Estado tiene al menos dos implicaciones que considero fundamentales. La primera es que toda forma de lucha contra la violencia estatal tiene que comprender esta l&#xf3;gica del orden por el orden. Esto es crucial para cuestionar las perspectivas autonomistas que consideran al Estado como una estructura inherentemente capitalista y que reivindican que la acci&#xf3;n pol&#xed;tica debe darse por fuera de este. La segunda implicaci&#xf3;n es que, si el Estado busca reivindicar la existencia de un orden en s&#xed; mismo, este entonces es un espacio de disputa donde incluso la misma l&#xf3;gica estatal puede ser usada contra los intereses capitalistas.</p>
		<p>Este argumento no pretende darle una primac&#xed;a al Estado. Como Fajardo claramente nos muestra, la violencia jur&#xed;dica del Estado es la de una autoridad sin fundamento, que puede servirles a los intereses de unos o de otros. Su &#xfa;nico prop&#xf3;sito es el orden. Eso demarca tantos los l&#xed;mites del aparato de Estado como foco de una lucha pol&#xed;tica, como sus posibilidades. Sin embargo, comprender esta forma de operar del Estado nos permite concebir formas de acci&#xf3;n pol&#xed;tica que puedan salir de dicotom&#xed;as est&#xe9;riles entre la centralidad del Estado o la huida de este.</p>
		<p>La segunda mitad del libro de Fajardo, centrada en articular herramientas para una cr&#xed;tica del capitalismo, es la que plantea las hip&#xf3;tesis m&#xe1;s arriesgadas en su lectura de Marx. Retomando conceptos como el de enajenaci&#xf3;n y el de plusvalor, nos quiere mostrar c&#xf3;mo estas categor&#xed;as pueden concebirse en registros distintos a los que tradicionalmente se encuentran en las interpretaciones de Marx. </p>
		<p>Frente al concepto de enajenaci&#xf3;n, Fajardo va en contrav&#xed;a de lo que llama una comprensi&#xf3;n basada en la idea de <italic>reapropiaci&#xf3;n</italic>, propia del Marx m&#xe1;s feuerbachiano. Esta perspectiva equipara desposesi&#xf3;n con enajenaci&#xf3;n, al asumir que la distorsi&#xf3;n que introduce el capitalismo es la de una p&#xe9;rdida del control frente a la capacidad productiva del individuo. La emancipaci&#xf3;n pol&#xed;tica consistir&#xed;a entonces en retomar el control sobre las cosas, en lugar de que las cosas controlen a los sujetos.</p>
		<p>Fajardo argumenta que existe otro Marx que opera a contrapelo de esta interpretaci&#xf3;n, que se puede localizar en su teor&#xed;a del valor. Desde esta lectura, la desposesi&#xf3;n es opuesta a la enajenaci&#xf3;n, ya que la primera aparecer&#xed;a cuando los seres humanos nos asumimos como propietarios de nosotros mismos. Fajardo se&#xf1;ala que lo que produce el capitalismo es un encuentro entre propietarios de derechos convertibles en riqueza con propietarios de nada m&#xe1;s que su propio cuerpo, entendido como capacidad indiferenciada para producir valor. Esta propiedad de s&#xed; es la que permite que el trabajo humano se convierta en una abstracci&#xf3;n que puede medirse cuantitativamente en t&#xe9;rminos de dinero, por eso es indiferenciada.</p>
		<p>Lo que hace la desposesi&#xf3;n es abstraer las relaciones sociales de la heterogeneidad en la que se encuentran inmersas. Desaparece la particularidad y complejidad de cada experiencia para convertirse en una categor&#xed;a medible y reductible. Esta segunda concepci&#xf3;n de la desposesi&#xf3;n es la que Fajardo denomina la <italic>hip&#xf3;tesis de la enajenaci&#xf3;n</italic>, donde la enajenaci&#xf3;n se convierte en la condici&#xf3;n b&#xe1;sica de la existencia humana, en tanto estamos arrojados a un mundo incierto, que se nos hace extra&#xf1;o. </p>
		<p>Fajardo establece entonces una relaci&#xf3;n entre los conceptos de enajenaci&#xf3;n y contingencia, ya que una experiencia enajenada es aquella que est&#xe1; expuesta al car&#xe1;cter interdependiente e inconmensurable de la vida en com&#xfa;n. El capitalismo despoja a los sujetos de esta experiencia enajenada, <italic>abierta</italic> al mundo, al convertirlos necesariamente en propietarios de algo, sometidos a la necesidad de la valorizaci&#xf3;n.</p>
		<p>Es este concepto el que permite introducir lo que considero es uno de los aportes m&#xe1;s novedosos de este libro: una relectura del concepto de plusvalor. En lugar de centrarse en su caracterizaci&#xf3;n exclusivamente econ&#xf3;mica, Fajardo argumenta que el plusvalor responde a una l&#xf3;gica de la temporalidad, que es central para el funcionamiento del capitalismo. A partir de la definici&#xf3;n del proceso de trabajo desarrollada por Marx en el primer volumen de <italic>El Capital</italic>, Fajardo afirma que el capitalismo pretende capturar el car&#xe1;cter excesivo del trabajo humano &#xbf;En qu&#xe9; sentido? Cuando <xref ref-type="bibr" rid="B2">Marx (1975)</xref> nos habla del trabajo como una transformaci&#xf3;n de la naturaleza, que tambi&#xe9;n transforma nuestra propia naturaleza; nos muestra que existe un car&#xe1;cter enajenante en la experiencia humana, en la medida que hablamos de una transformaci&#xf3;n constante del mundo a la que tambi&#xe9;n estamos sometidos, sin tener control de los resultados. Esto lleva a Fajardo a concluir que &#xab;nuestra forma de habitar el mundo tiene como principio la enajenaci&#xf3;n, es decir, vivimos en un mundo en el que, a pesar de que sea creado por nosotros mismos, nos extra&#xf1;a, nos hace ajenos a &#xe9;l&#xbb; (p. 172).</p>
		<p>Lo que hacen las violencias del capitalismo es despojarnos de esta condici&#xf3;n enajenada de nuestras vidas, al convertirnos en una fuente de trabajo abstracto. El plusvalor, argumenta Fajardo, hace referencia a un proceso de captura del tiempo humano, que es sometido a la necesidad de la valorizaci&#xf3;n del capital &#xbf;Por qu&#xe9;? Como bien sabemos, los seres humanos tenemos que dedicar cierta parte de nuestro tiempo para garantizar nuestros medios de subsistencia. Este tiempo es aquel que Fajardo denomina &#xab;tiempo de la necesidad&#xbb;. De este tiempo resultar&#xed;a otro tiempo secundario (porque al transformar el mundo, nos transformamos constantemente a nosotros mismos), que ya no se limita a la mera reproducci&#xf3;n de esta b&#xfa;squeda de subsistencias, sino a hacer cosas que no responden a la mera necesidad (en cambio s&#xed; al disfrute, por ejemplo).</p>
		<p>El plusvalor, para Fajardo, no se reduce al robo de un tiempo no remunerado por parte de los capitalistas hacia las y los trabajadores, sino que es el despojo de nuestra condici&#xf3;n fundamental de existencia: la enajenaci&#xf3;n. Cuando la l&#xf3;gica del plusvalor captura ese tiempo excesivo que va m&#xe1;s all&#xe1; del que dedicamos a reproducir nuestras subsistencias b&#xe1;sicas, est&#xe1; capturando un tiempo abierto a la contingencia y convirti&#xe9;ndolo en tiempo de la necesidad.</p>
		<p>Uno de los ejemplos con los que Fajardo nos muestra la actualidad de esta forma de comprender cr&#xed;ticamente el concepto de plusvalor es el de las diferentes plataformas digitales. Nuestro tiempo de ocio, que podr&#xed;a dedicarse a cualquier cosa, se direcciona a alimentar algoritmos que pertenecen a grandes compa&#xf1;&#xed;as que se lucran a partir de estimular nuestros cerebros. Ese tiempo de ocio se convierte entonces en un tiempo que tambi&#xe9;n opera en funci&#xf3;n de la valorizaci&#xf3;n del capital, incluso si no hay una ampliaci&#xf3;n de la jornada laboral.</p>
		<p>Con esto Fajardo no pretende sugerir que el capitalismo ha capturado todos los momentos de nuestra vida, haciendo imposible encontrar una escapatoria. Todo lo contrario. Si toda transformaci&#xf3;n del mundo engendra nuestra propia transformaci&#xf3;n; es decir, si de todo tiempo de la necesidad deriva un tiempo de la contingencia; existe una tensi&#xf3;n interna que hace que la posibilidad del conflicto sea latente. Fajardo encuentra un potencial emancipatorio en esta tensi&#xf3;n entre las dos l&#xf3;gicas temporales que identifica en la teor&#xed;a del valor y la definici&#xf3;n de trabajo en Marx, ya que, a pesar de contar con sus violencias suplementarias, el capitalismo no puede evitar la aparici&#xf3;n de la contingencia. De hecho, este se nutre de ella al tratar de capturarla. </p>
		<p>A partir del concepto de lucha de clases y de los aportes de Jacques Ranci&#xe8;re, Fajardo nos muestra que la acci&#xf3;n pol&#xed;tica es la l&#xf3;gica por excelencia que se opone a la mistificaci&#xf3;n ideol&#xf3;gica del capitalismo. La pol&#xed;tica, en tanto una pr&#xe1;ctica conflictiva que pone en evidencia la contingencia en la que se fundamenta todo orden que se da por terminado, abre el espacio a un tiempo de la contingencia que no logra ser capturado por el capitalismo y que produce un cortocircuito en el funcionamiento de sus enunciados.</p>
		<p>Para Fajardo, la acci&#xf3;n pol&#xed;tica actualiza nuestra condici&#xf3;n de enajenaci&#xf3;n, al desestabilizar las coordenadas ideol&#xf3;gicas que nos hacen ver un orden como necesario. Nos vuelve a hacer sentir extra&#xf1;ados y nos demuestra que no tenemos propiedad sobre nada ni nadie, sino que estamos inmersos en relaciones de interdependencia donde no podemos dar cuenta de las consecuencias de nuestras acciones. Por esta raz&#xf3;n la pol&#xed;tica tiene un car&#xe1;cter emancipador, ya que en su gesto desestabilizador nos permite concebir otras formas de existencia en com&#xfa;n.</p>
		<p>Esta discusi&#xf3;n alrededor de la pol&#xed;tica es con la que Fajardo busca finalizar su aporte en este libro. En contraposici&#xf3;n al suplemento ideol&#xf3;gico del capitalismo y su car&#xe1;cter mistificador, la pol&#xed;tica opera como un suplemento conflictivo (p. 221). Aunque no podemos dejar de ordenar el mundo ideol&#xf3;gicamente, la acci&#xf3;n pol&#xed;tica limita el car&#xe1;cter mistificador de la ideolog&#xed;a, al inscribir en ella la posibilidad de que las cosas puedan llegar a ser distintas.</p>
		<p>A partir de la lectura que hace Althusser del republicanismo de Maquiavelo, Fajardo sugiere que esta l&#xf3;gica propia de la pol&#xed;tica abre la puerta a pensar unas instituciones que se erijan sobre la posibilidad de la contingencia, propiciando la aparici&#xf3;n del conflicto pol&#xed;tico que ataca las condiciones de posibilidad del capitalismo. </p>
		<p>A la condici&#xf3;n enajenada que manifiesta la acci&#xf3;n pol&#xed;tica Fajardo la asocia con la noci&#xf3;n de <italic>comunismo</italic>. Dejando de lado una interpretaci&#xf3;n del comunismo como doctrina o r&#xe9;gimen pol&#xed;tico, Fajardo hace uso de la idea marxiana del comunismo como un <italic>movimiento real</italic> (p. 233) que desestabiliza un orden del sentido. El Marx que nos expone Fajardo es mucho m&#xe1;s modesto que el de la ortodoxia, pero esa modestia no implica un menor potencial cr&#xed;tico y emancipatorio en su pensamiento. Por el contrario, el Marx pensador de la contingencia es fundamental para hacernos ver que, a pesar del clima de pesimismo ante el orden existente, este siempre va a tener como correlato la inteligencia de su negaci&#xf3;n, que nos recuerda su finitud y la posibilidad de transformaci&#xf3;n.</p>
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			<title>Nota</title>
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					<sup>1</sup>
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