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				<journal-title>Isegor&#xed;a</journal-title>
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					<subject>Cr&#xed;tica de libros</subject>
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				<article-title>El ecologismo en perspectiva. Rese&#xf1;a de: Jorge Riechmann, <italic>Ecologismo: pasado y presente (con un par de ideas sobre el futuro)</italic>, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2024</article-title>
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					<trans-title>Environmentalism in perspective. Review of: Jorge Riechmann, <italic>Ecologismo: pasado y presente (con un par de ideas sobre el futuro)</italic>, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2024</trans-title>
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						<surname>Garrobo Robles</surname>
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			<italic>Ecologismo: pasado y presente</italic> bien podr&#xed;a servir de libro de cabecera para una clase pol&#xed;tica &#x2014;tomada en t&#xe9;rminos generales&#x2014; que a menudo hace gala de un analfabetismo ecol&#xf3;gico irreconciliable con la extrema gravedad de la actual crisis ecosocial. En esta obra, el recorrido hist&#xf3;rico a trav&#xe9;s de los hitos del ecologismo y del sentimiento de reconciliaci&#xf3;n con la naturaleza, desde sus or&#xed;genes en la Revoluci&#xf3;n Industrial hasta nuestros <italic>desquiciados</italic> y shakespearianos d&#xed;as, as&#xed; como el esfuerzo de concreci&#xf3;n y precisi&#xf3;n del l&#xe9;xico asociado a este devenir, facilitan la toma de contacto con un discurso que actualmente no cesa en su proliferaci&#xf3;n, pero cuya complejidad y amplitud interdisciplinaria dificultan su aprehensi&#xf3;n. Uno de los m&#xe9;ritos de este libro de Jorge Riechmann es, precisamente, su intenci&#xf3;n de constituir &#x2014;seg&#xfa;n un orden que, salvando las distancias, podr&#xed;amos identificar como <italic>geom&#xe9;trico</italic>&#x2014; una aproximaci&#xf3;n al ecologismo en t&#xe9;rminos tanto hist&#xf3;ricos como sistem&#xe1;ticos, hecho este que supone un hito entre la bibliograf&#xed;a ecologista al uso. Por momentos, la reconstrucci&#xf3;n de lo que podr&#xed;amos denominar la <italic>constituci&#xf3;n moderna de la episteme ecologista</italic> que se lleva a cabo en el libro se asemeja l&#xfa;cidamente al m&#xe9;todo arqueol&#xf3;gico de Michel Foucault, de suerte que Riechmann nos permite rastrear las circunstancias hist&#xf3;ricas por las que finalmente se ha logrado pensar lo impensado del capitalismo &#x2014;que es tambi&#xe9;n una de sus condiciones supremas de posibilidad&#x2014;: la naturaleza como contexto de producci&#xf3;n.</p>
		<p>Comenzando por los primeros pasos de la concienciaci&#xf3;n medioambiental durante el siglo XIX, Jorge Riechmann repasa las aportaciones del ambientalismo obrero en su prosecuci&#xf3;n de mejores condiciones higi&#xe9;nicas, la preocupaci&#xf3;n burguesa por los cordones sanitarios, el sentimiento rom&#xe1;ntico-aristocr&#xe1;tico de preservaci&#xf3;n de la naturaleza... todos ellos impulsos pioneros de un ambientalismo y un proteccionismo emergentes.</p>
		<p>Asimismo, siguiendo de cerca a los historiadores de la ciencia Christophe Bonneuil y Jean-Baptiste Fressoz, a quienes Riechmann les tiene &#x201c;echado el ojo&#x201d;&#x2014;con lo que ello significa en cuanto a su positiva recepci&#xf3;n en Espa&#xf1;a&#x2014;, el fil&#xf3;sofo y poeta madrile&#xf1;o insiste en que, ya desde sus or&#xed;genes, la capacidad destructiva del capitalismo industrial no pas&#xf3; desapercibida para sus coet&#xe1;neos. As&#xed;, el economista ingl&#xe9;s William S. Jevons fue perfectamente consciente de la disyuntiva que los avances t&#xe9;cnicos de la Primera Revoluci&#xf3;n Industrial abr&#xed;a para la humanidad: &#x201c;tenemos que hacer una elecci&#xf3;n trascendental entre una breve, pero verdadera opulencia, y un per&#xed;odo m&#xe1;s largo, pero de continuada mediocridad&#x201d;. Parad&#xf3;jicamente, Jevons opt&#xf3; por la v&#xed;a de la <italic>h&#xfd;bris</italic>, esto es, por la v&#xed;a de la extralimitaci&#xf3;n, aunque es de suponer que, en posesi&#xf3;n del bagaje cl&#xe1;sico promedio para todo autor decimon&#xf3;nico, conoc&#xed;a perfectamente c&#xf3;mo acab&#xf3; Aquiles ante un dilema no muy diferente.</p>
		<p>Desde Jevons hasta nuestros d&#xed;as &#x2014;especialmente desde los a&#xf1;os ochenta&#x2014;, ha sido esta misma v&#xed;a &#x2014;la <italic>v&#xed;a aqu&#xed;lea de la denegaci&#xf3;n</italic>, podr&#xed;amos llamarla&#x2014; la que ha logrado imponerse. En este contexto, Jorge Riechmann habla de cuatro niveles de negacionismo. El <italic>nivel cero</italic> &#x2014;el tradicional&#x2014; ser&#xed;a aquel que no reconoce el holocausto jud&#xed;o &#x2014;tal y como el sionismo y sus ac&#xe9;rrimos niegan hoy el genocidio palestino&#x2014;. En el <italic>nivel uno</italic>, por su parte, tendr&#xed;amos el recurrente negacionismo del cambio clim&#xe1;tico, ya sea porque se lo naturaliza, ya porque &#x2014;sencillamente&#x2014; se lo considera inexistente. M&#xe1;s sutiles, aunque no por ello carentes de operatividad, ser&#xed;an los dos niveles restantes. En el <italic>nivel dos</italic> nos las ver&#xed;amos con una categor&#xed;a de negacionismo que cuestiona la finitud humana, as&#xed; como los l&#xed;mites biof&#xed;sicos que la delimitan, y por cuyos efectos narc&#xf3;ticos nos ver&#xed;amos acr&#xed;ticamente impulsados a aceptar que, a pesar de la crisis socioecol&#xf3;gica extrema, los humanos perduraremos. Para el negacionismo de <italic>nivel tres</italic>, finalmente, el expansionismo capitalista, con su remanente &#x201c;ilimitado&#x201d; de tecnolog&#xed;as salv&#xed;ficas, ser&#xed;a la cultura que habr&#xed;a de hacernos perdurar. Tiempos desquiciados &#x2014;<italic>out of joint</italic>&#x2014; estos que nos toca vivir.</p>
		<p>A pesar de la tendencia hist&#xf3;rica negacionista, Riechmann nos recuerda que el ecologismo, tras la Gran Aceleraci&#xf3;n capitalista de los a&#xf1;os sesenta, tuvo en la d&#xe9;cada siguiente su particular eclosi&#xf3;n primaveral. Los setenta son los a&#xf1;os en los que la reflexi&#xf3;n ecol&#xf3;gica adquiere plena consciencia de la deriva ecocida asociada a la maquinaria capitalista, son los tiempos del informe al Club de Roma sobre din&#xe1;mica de sistemas conocido como <italic>Los limites del crecimiento</italic> y de la primera Conferencia Mundial sobre el Medio Ambiente Humano de la ONU. Atendiendo tan solo a los primeros a&#xf1;os de esta d&#xe9;cada, Barbara Ward y Ren&#xe9; Dubos redactan <italic>Una sola Tierra</italic>; Barry Commoner publica <italic>El c&#xed;rculo que se cierra</italic>; Murray Bookchin, <italic>Ecolog&#xed;a y pensamiento revolucionario</italic>; Nicholas Georgescu-Roegen, <italic>La ley de la entrop&#xed;a y el proceso econ&#xf3;mico</italic>... Si en alg&#xfa;n momento el movimiento ecologista tuvo la oportunidad de permear con sus conocimientos y propuestas la mentalidad social de la ciudadan&#xed;a en las democracias occidentales, fue entonces, en los setenta. Pero la reacci&#xf3;n neoliberal desde los a&#xf1;os ochenta &#x2014;la d&#xe9;cada de Ronald Reagan y Margaret Tatcher&#x2014; contar&#xed;a con una poderosa baza: el &#x201c;apetitoso bocado&#x201d; del desarrollo sostenible.</p>
		<p>De nuevo, la disyuntiva adquir&#xed;a resonancias cl&#xe1;sicas. Dentro de los movimientos ambientalistas y ecologistas &#x2014;evoca Riechmann&#x2014;, eran dos las principales estrategias. Por un lado, la <italic>v&#xed;a del replegamiento y la autocontenci&#xf3;n</italic>, es decir, el reconocimiento colectivo de nuestra condici&#xf3;n terrenal, el reencuentro con nuestra Madre Tierra. En t&#xe9;rminos simb&#xf3;licos, esta opci&#xf3;n contaba con la ventaja de conducir a Aquiles de regreso al hogar, junto a su padre y su joven hijo, para disfrutar de una prolongada y modesta vida, sin excesos heroicos y, por lo tanto, tambi&#xe9;n sin la melosa tentaci&#xf3;n de una fama inmortal. De otro lado, la f&#xe1;ustica y voraz <italic>v&#xed;a de la tecnociencia</italic>, que aspiraba a esquivar satisfactoriamente el escollo de los l&#xed;mites biof&#xed;sicos del planeta Tierra por intervenci&#xf3;n del desarrollo sostenible y su prometida ecoeficiencia: un Aquiles desbocado dispuesto a enfrentarse a las sacrosantas fuerzas de la naturaleza. Como bien sabemos, finalmente fue la v&#xed;a ecorreformista la que se impuso. Pese a todo, el aumento de la eficiencia no trajo consigo una reducci&#xf3;n de la producci&#xf3;n, sino mayores &#xed;ndices de oferta y demanda. Es lo que se conoce como la <italic>paradoja de Jevons</italic>.</p>
		<p>Durante un par de d&#xe9;cadas, buena parte del movimiento ecologista quedaba atrapado en la red del desarrollo sostenible. A trav&#xe9;s de sus capacidades proteicas, el capitalismo &#x201c;verde&#x201d; reabsorb&#xed;a la representaci&#xf3;n de las condiciones objetivas de la realidad para generar as&#xed; una reconformada superestructura m&#xe1;s acorde con las nuevas evidencias. Pero el imaginario ecorreformista resultante no dejaba de ser un discurso vac&#xed;o: el <italic>sosteniblabl&#xe1;</italic>. Visto en retrospectiva &#x2014;confiesa Riechmann&#x2014;, la apuesta por el desarrollo sostenible ha venido funcionando desde entonces como una colosal maniobra de distracci&#xf3;n cuyo resultado ha sido la derrota hist&#xf3;rica del movimiento ecologista. Si el problema de fondo es la extralimitaci&#xf3;n, la ecoeficiencia reformista no pod&#xed;a traer consigo sino procesos a&#xfa;n mayores de extractivismo, sobreproducci&#xf3;n y ultraconsumo. Cuando de lo que se trataba era de generar formas de vida alternativas a las que proliferan dentro del sistema capitalista, la v&#xed;a tecnol&#xf3;gica lo &#xfa;nico que nos ha permitido ha sido el perfeccionamiento de estas &#xfa;ltimas de conformidad con los fines del capitalismo. Ante esto, &#xbf;c&#xf3;mo pueden ciertos intelectuales del movimiento ecologista de nuestros d&#xed;as perseverar en la v&#xed;a de la ecoeficiencia como si en lugar de encontrarnos en la tercera d&#xe9;cada del tercer milenio &#x2014;con lo que ello implica&#x2014; nos hall&#xe1;ramos a&#xfa;n en los a&#xf1;os noventa, ochenta e incluso setenta del siglo pasado &#x2014;se pregunta Jorge Riechmann&#x2014;? &#xbf;C&#xf3;mo puede Emilio Santiago Mu&#xed;&#xf1;o tildar de mito al colapso ecosocial en curso? &#x201c;Apenas puede uno imaginar algo m&#xe1;s t&#xf3;xico que ese optimismo mentiroso&#x201d;.</p>
		<p>Una mirada honesta sobre la realidad ecosocial actual, por muy doloroso que nos resulte lo que vemos, solo puede llevarnos a afirmar que nos hallamos en la trayectoria que conduce hacia &#x201c;sociedades inviables en una Tierra inhabitable&#x201d;. El colapso ecosocial ya ha comenzado. Algunos de sus rostros son f&#xe1;cilmente reconocibles. Por ello, debido al escaso margen de que disponemos, es apremiante aprender a <italic>colapsar mejor</italic>. Para ello, no debemos obviar que el colapso en curso es tan solo el efecto de nuestro modo capitalista de producci&#xf3;n. Ponerle remedio no puede consistir en modular esos mismos efectos. De hecho, no existe soluci&#xf3;n alguna que pretenda atajar el problema pasando de largo ante una urgente salida del capitalismo. Desgraciadamente, como viene repitiendo Riechmann desde hace algunos a&#xf1;os, lo ecosocialmente necesario resulta hoy pol&#xed;ticamente imposible. La humanidad ha comenzado un ominoso camino que nos conduce hacia la desesperanza. Precisamente por ello, antes de que el fascismo enarbole su estandarte a ritmo de marcha militar, el ecologismo pol&#xed;tico debe trabajar para reemplazar las falsas esperanzas ecorreformistas por el &#xfa;nico y viable principio de realidad: el urgente abandono del capitalismo. Si imposible, no es menos cierto que tambi&#xe9;n es absolutamente necesario. Trabajar en lo imposible continuar&#xe1; siendo durante los pr&#xf3;ximos a&#xf1;os la tarea crucial de nuestro tiempo.</p>
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