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				<journal-title>Isegor&#xed;a</journal-title>
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					<subject>Cr&#xed;tica de libros</subject>
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				<article-title>Di&#xe1;spora y pol&#xed;tica. Rese&#xf1;a de: Reyes Mate, <italic>Tierra de Babel. M&#xe1;s all&#xe1; del nacionalismo</italic>, Madrid, Trotta, 2024</article-title>
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					<trans-title>Diaspora and Politics. Review of: Reyes Mate, <italic>Tierra de Babel. M&#xe1;s all&#xe1; del nacionalismo</italic>, Madrid, Trotta, 2024</trans-title>
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		<p>Si en algo parecen coincidir todas las teorizaciones del hecho pol&#xed;tico, con la sola excepci&#xf3;n del anarquismo, es en su naturaleza <italic>estatal</italic>: la pol&#xed;tica es <italic>cuesti&#xf3;n de Estado</italic>. La modernidad consolid&#xf3;, hasta exasperarlo, ese axioma al definir la instituci&#xf3;n pol&#xed;tica suprema como <italic>Estado-naci&#xf3;n</italic>. Abundan, sin duda, las divergencias a la hora de determinar su forma constitucional (monarqu&#xed;a vs. rep&#xfa;blica), su fuente de legitimidad (soberan&#xed;a popular vs. voluntad del soberano), el alcance de su intervenci&#xf3;n en la sociedad civil (liberalismo vs. socialismo) o el papel del ordenamiento jur&#xed;dico en la acci&#xf3;n gubernamental (estado de derecho vs. decisionismo autoritario). No obstante, m&#xe1;s ac&#xe1; de esos dilemas, permanece incuestionada la fe en la &#xed;ndole <italic>estatal</italic> de la pol&#xed;tica. La forma-Estado representa su <italic>centro</italic> indiscutido.</p>
		<p>Reyes Mate lleva d&#xe9;cadas, al menos desde el texto fundacional de <italic>La raz&#xf3;n de los vencidos</italic> (1991), oponi&#xe9;ndose al &#x201c;centralismo&#x201d; filos&#xf3;fico-pol&#xed;tico, cuya manifestaci&#xf3;n principal ser&#xed;a, justamente, dar por descontado que no hay acci&#xf3;n pol&#xed;tica fuera de los l&#xed;mites que la instituci&#xf3;n estatal define, que esta es el <italic>centro</italic> desde el cual la vida social adquiere sentido, orden y legitimidad. De quedar algo fuera de su &#xe1;mbito, tendr&#xed;a un estatuto <italic>marginal</italic>, insignificante o prescindible. A esa convicci&#xf3;n opone Mate una reivindicaci&#xf3;n del <italic>margen</italic> como instancia fundamental de inteligibilidad de lo humano: en lugar de someterlo a un centro hegem&#xf3;nico, recurrir a &#xe9;l justamente para poner en entredicho el <italic>poder del centro</italic>. Con intenci&#xf3;n program&#xe1;tica, lo formul&#xf3; el t&#xed;tulo de una de sus obras, <italic>La piedra desechada</italic> (2013). Apropi&#xe1;ndose del sintagma neotestamentario, su vocaci&#xf3;n filos&#xf3;fica se ha cifrado en hacer de la <italic>piedra desechada</italic>, del margen despreciado, <italic>piedra angular</italic>. Todo el corpus da testimonio de ese proyecto, empe&#xf1;ado en des-centrar, desde el primado de una memoria del sufrimiento, la tradici&#xf3;n filos&#xf3;fica; sus frutos mayores son, por un lado, la reivindicaci&#xf3;n de las v&#xed;ctimas (muy en particular de una comunidad, la jud&#xed;a, milenariamente perseguida por el antisemitismo europeo, tambi&#xe9;n determinante en la g&#xe9;nesis de la identidad hispana) y, por otro, una ambiciosa reconstrucci&#xf3;n de la noci&#xf3;n de justicia en clave anamn&#xe9;tica.</p>
		<p>Ese es el marco discursivo en que se inserta <italic>Tierra de Babel</italic>. Supone una nueva cala en el imaginario b&#xed;blico, protagonizada ahora por el relato de la construcci&#xf3;n fallida de una torre cuya verticalidad desafiaba, en gesto deificante, la voluntad del Creador. Concurr&#xed;an ah&#xed;, en efecto, dos ejes contrapuestos: por un lado, el designio divino de horizontalidad, plasmado en el mandato de poblar la tierra, extendi&#xe9;ndose los hijos de Ad&#xe1;n por toda su superficie; por otro, la pretensi&#xf3;n de la poblaci&#xf3;n bab&#xe9;lica de erigir, en provocadora vertical, una construcci&#xf3;n al asalto de los cielos. Obviamente, ese impulso ascendente presupon&#xed;a el arraigo en el suelo bab&#xe9;lico, donde se hundir&#xed;an los cimientos de la torre. El fiasco arquitect&#xf3;nico se habr&#xed;a saldado con un doble castigo divino: la dispersi&#xf3;n geogr&#xe1;fica y la diseminaci&#xf3;n ling&#xfc;&#xed;stica, quebrada la unidad de la especie en una pluralidad de pueblos y la lengua &#xfa;nica en un pluriling&#xfc;ismo. Esa es al menos la interpretaci&#xf3;n m&#xe1;s extendida del relato genes&#xed;aco.</p>
		<p>Pero cabe ejercer sobre &#xe9;l otra lectura, como propone Reyes Mate. Reconocido el estatuto parad&#xf3;jico del territorio bab&#xe9;lico, a la par espacio definido por una ubicaci&#xf3;n concreta y matriz de extraterritorialidad &#x2015;di&#xe1;spora de comunidades; proliferaci&#xf3;n de lenguas&#x2015;, podr&#xed;a representar un dilema antropol&#xf3;gico: despu&#xe9;s de Babel, cabe sin duda la nostalgia de una comunidad homog&#xe9;nea y monol&#xed;tica, arraigada en una ciudad monoling&#xfc;e, pero tambi&#xe9;n una propuesta de humanizaci&#xf3;n que, lejos de lamentar como p&#xe9;rdida irreparable la humanidad <italic>una</italic>, aprecie las potencialidades del hecho diasp&#xf3;rico.</p>
		<p>As&#xed; formula <italic>Tierra de Babel</italic> su alternativa: <italic>pertenencia o exilio</italic>, esa es la cuesti&#xf3;n. Abrazando el dilema, Mate despliega un doble trabajo discursivo: en sentido negativo, propone una deconstrucci&#xf3;n de la pol&#xed;tica monista, cuya expresi&#xf3;n moderna es el Estado-naci&#xf3;n; afirmativamente, reivindica un nuevo paradigma, innegociablemente pluralista, para repensar lo pol&#xed;tico, ya no nucleado en torno a comunidades identitariamente clausuradas sino desde el reconocimiento de la diversidad de una humanidad que reniega del enraizamiento vegetal para abrirse, hospitalariamente, al extranjero o ap&#xe1;trida. Es desde este, humano no estatal, como ha de repensarse, en una especie y un planeta amenazados por el virus nacionalista, la posibilidad de un mundo genuinamente humano.</p>
		<p>De suerte tal que en la propuesta convergen horizontes tem&#xe1;ticos recurrentes en los textos de Reyes Mate: la vindicaci&#xf3;n del jud&#xed;o diasp&#xf3;rico, a la vez producto del antisemitismo y ant&#xed;doto contra &#xe9;l; la crisis de la forma Estado, del Estado-naci&#xf3;n, como articulaci&#xf3;n moderna de lo pol&#xed;tico, pues lo desborda una globalizaci&#xf3;n que, transfronteriza, agudiza viejos desaf&#xed;os (extranjer&#xed;a y multiculturalidad) e introduce otros nuevos (ante todo, la crisis ecol&#xf3;gica que amenaza, junto a nuestra especie, a la biosfera &#xed;ntegra); la urgencia de redefinir, desde la experiencia de las v&#xed;ctimas, la idea de justicia. Asimismo, a nivel categorial, la creciente atenci&#xf3;n del pensamiento contempor&#xe1;neo a una ontolog&#xed;a de la Alteridad que no propone la renuncia a lo universal, sino su reconstrucci&#xf3;n desde los m&#xe1;rgenes.</p>
		<p>Aceptado que el nacionalismo es &#x201c;el tema de nuestro tiempo&#x201d; (p. 15), el libro se demora en someterlo a un an&#xe1;lisis cr&#xed;tico inspirado por una doble metodolog&#xed;a, a la vez geneal&#xf3;gica (rastrear, desde sus or&#xed;genes griegos, el monstruo identitario, cuya solidaridad <italic>ad intra</italic>, ella misma fr&#xe1;gil, no cabe disociar de su hostilidad <italic>ad extra</italic>: el Nosotros nacional no es sino colectivizaci&#xf3;n del ego&#xed;smo, alergia al Otro) y retrospectiva (con contundente formulaci&#xf3;n&#x2015;&#x201c;el nacionalismo desemboca en Auschwitz&#x201d; (p. 26)&#x2015;, Mate ve en Auschwitz la consumaci&#xf3;n del <italic>pathos</italic> nacionalista, lo cual obliga a analizar el fen&#xf3;meno adoptando como pauta interpretativa su desenlace, susceptible de repetici&#xf3;n, en la m&#xe1;s extrema de las barbaries). Mirar a la vez por el parabrisas, recorriendo de nuevo la historia del monismo pol&#xed;tico, y por el retrovisor, haciendo del &#x201c;deber de memoria&#x201d; impuesto por la Shoah clave iluminadora del potencial aniquilador, hiperb&#xf3;licamente victimario, del nacionalismo. Lo segundo planea sobre todo el texto; en cuanto a lo primero, se despliega en cinco meditaciones (Mate las caracteriza, a la Benjamin, como <italic>iluminaciones</italic>) a las que se a&#xf1;ade una sexta, ya no cr&#xed;tico-negativa sino afirmativa, que explora las potencialidades de una pol&#xed;tica de inspiraci&#xf3;n diasp&#xf3;rica, de una <italic>Politeia</italic> del exilio. El discurso remite, en lo geogr&#xe1;fico, a una duplicidad axial: si por una parte afronta el nacionalismo como hecho europeo, por otra se demora en su cap&#xed;tulo espa&#xf1;ol.</p>
		<p>Con la <italic>Pol&#xed;tica</italic> aristot&#xe9;lica, ante todo su definici&#xf3;n del humano como <italic>animal pol&#xed;tico</italic>, se inicia la protohistoria del nacionalismo. Si la <italic>polis</italic>, ciudad-Estado, es el &#xfa;nico espacio donde lo humano es posible (allende, residir&#xed;a lo divino; aquende, un existir salvaje, pre-humano), humanidad y pertenencia son lo mismo; fuera del &#xe1;mbito estatal, se extingue (mejor a&#xfa;n, ni siquiera llega a nacer) lo humano. Ese horizonte ser&#xe1; sancionado por Hegel al hacer del Estado la <italic>totalidad &#xe9;tica</italic> donde culmina la aventura del Esp&#xed;ritu. En ambos pensadores alienta ya, seminalmente, el lema nazi de <italic>sangre y suelo</italic>.</p>
		<p>No le fue ajena la modernidad temprana, como demuestra el caso espa&#xf1;ol: obsesionada por la <italic>pureza de sangre</italic> reivindicada por <italic>cristianos viejos</italic>, la identidad hispana se habr&#xed;a forjado a trav&#xe9;s de la sanci&#xf3;n religiosa del hecho nacional. Recurriendo a Am&#xe9;rico Castro y su acu&#xf1;aci&#xf3;n de la categor&#xed;a de <italic>theobiosis</italic>, nuestra historia colectiva tendr&#xed;a su venero en la fusi&#xf3;n de pol&#xed;tica y religi&#xf3;n; de ella derivar&#xed;an tanto una mitolog&#xed;a espa&#xf1;olizadora del cristianismo (Santiago Matamoros) como una campa&#xf1;a de limpieza &#xe9;tnica que pod&#xf3;, mediante la victoria militar y la expulsi&#xf3;n, al musulm&#xe1;n y al jud&#xed;o del tronco castizo de lo genuinamente espa&#xf1;ol.</p>
		<p>No obstante, la modernidad del nacionalismo, sin omitir hondas ra&#xed;ces hist&#xf3;ricas, obliga a determinar su g&#xe9;nesis y apogeo en los dos &#xfa;ltimos siglos. <italic>Tierra de Babel</italic> lo hace en tres <italic>iluminaciones</italic> sucesivas. En primer lugar, tematiza el nacimiento del nacionalismo germano, auspiciado por Herder y exaltado por Fichte, a partir de la revoluci&#xf3;n hist&#xf3;rico-cultural del romanticismo. Apegado al terru&#xf1;o con actitud excluyente, el genio rom&#xe1;ntico &#x201c;convierte la casa, m&#xe1;s que en un hogar, en una ratonera&#x201d; (p. 68). De hecho, la &#x2015;<italic>tierra</italic> afirma Mate&#x2015; oficia de clave &#xfa;ltima de la justicia (cultivo), el derecho (frontera) y la pol&#xed;tica (ocupaci&#xf3;n).</p>
		<p>Pero, &#xbf;no es cierto que frente al delirio tel&#xfa;rico del nacionalismo alem&#xe1;n la Revoluci&#xf3;n Francesa ofreci&#xf3; una versi&#xf3;n c&#xed;vica, ilustrada, de la identidad nacional? &#xbf;Acaso la noci&#xf3;n de <italic>peuple</italic> no represent&#xf3; una alternativa al <italic>Volk</italic> de Fichte y sus sombr&#xed;os ep&#xed;gonos? Sin duda se dio esa pretensi&#xf3;n, pero, tal como se analiza en la veintena de p&#xe1;ginas dedicadas a Renan (significativo ep&#xed;grafe: &#x201c;El imposible nacionalismo ilustrado franc&#xe9;s&#x201d;, pp. 85-105), el intent&#xf3; se sald&#xf3; con un fracaso. El autor de la conferencia de 1882 <italic>&#xbf;Qu&#xe9; es una naci&#xf3;n?</italic>, bebiendo de un humanismo, el semita, incompatible con el esp&#xed;ritu ario y su culto a la raza, propuso una reconfiguraci&#xf3;n de la comunidad nacional que desterrase la violencia y fuese fiel a la memoria. Sin embargo, seg&#xfa;n Mate, su empe&#xf1;o fracas&#xf3; al concluir que la conciencia nacional presupone el olvido de su origen violento. Es decir, intentando evitar la deriva &#xe9;tnica, Renan fue v&#xed;ctima de ella. Lo que confirma el diagn&#xf3;stico: no existe un buen nacionalismo, tolerante y democr&#xe1;tico, que oponer al &#xe9;tnico y excluyente. All&#xed; donde se abre camino, aun en versiones ben&#xe9;volas como la de Renan, el germen de la barbarie est&#xe1; ya presente.</p>
		<p>Lo confirma, en tercer lugar, el an&#xe1;lisis del tradicionalismo espa&#xf1;ol, tanto doctrinalmente, en la teolog&#xed;a pol&#xed;tica de Donoso Cort&#xe9;s, cuanto pol&#xed;ticamente, con la regresi&#xf3;n hist&#xf3;rica que supuso el carlismo. Nacido de un conflicto din&#xe1;stico, acab&#xf3; transformando la actitud tradicionalista en programa pol&#xed;tico de signo nacionalista, reavivador de la sinergia entre religi&#xf3;n y comunidad nacional. Esa versi&#xf3;n decimon&#xf3;nica de la <italic>theobiosis</italic> estimul&#xf3; el desarrollo de los nacionalismos perif&#xe9;ricos, catal&#xe1;n y vasco, e inocul&#xf3; el esp&#xed;ritu guerra civilista en nuestra historia reciente.</p>
		<p>La sexta <italic>iluminaci&#xf3;n</italic>, conclusiva y afirmativa, se adentra en &#x201c;la experiencia del exilio vivida como forma de existencia pol&#xed;tica, alternativa a la pertenencia&#x201d; (p. 21). Su figura rectora ya no es el <italic>polites</italic> ateniense sino Abraham, emblema de una experiencia de exilio y errancia entendidos como &#x201c;expresi&#xf3;n de la condici&#xf3;n humana y no ya como una circunstancia pasajera&#x201d; (p. 142). El presunto accidente deviene sustancia; el margen despreciado adquiere centralidad. A elucidar ese paradigma diasp&#xf3;rico, encarnado por el jud&#xed;o, contribuyen tres <italic>avisadores del fuego</italic>: Franz Rosenzweig (relaci&#xf3;n con la tierra desde el desarraigo y el exilio), Simone Weil (promotora de un &#x201c;patriotismo compasivo&#x201d;) y Mar&#xed;a Zambrano (la desterrada que hizo del exilio la verdadera patria).</p>
		<p>El recorrido, hist&#xf3;rico y discursivo, de <italic>Tierra de Babel</italic> no incurre en ninguna forma de apoliticismo, sino que invita a refundar el sentido de la pol&#xed;tica: &#x201c;No el exilio de la pol&#xed;tica, sino el reconocimiento de la fecundidad pol&#xed;tica del exilio&#x201d; (p. 179).</p>
		<p>Babel enuncia, en registro m&#xed;tico, la dualidad de una realidad caracterizada a la vez por la <italic>unidad</italic> de una especie &#xfa;nica y la <italic>fragmentaci&#xf3;n</italic> en m&#xfa;ltiples comunidades y lenguas. El imaginario nacionalista ha protagonizado, desde la xenofobia al exterminio, la exaltaci&#xf3;n del <italic>Nosotros</italic>, repudiada por un cosmopolitismo presa de la abstracci&#xf3;n. Al multiculturalismo correspondi&#xf3; mediar entre ambos extremos. La propuesta de Reyes Mate consiste en hacer de la extraterritorialidad, y no de la autocton&#xed;a, el <italic>margen</italic> desde el que pensar de nuevo la condici&#xf3;n humana y la realidad de la ciudad; su lecci&#xf3;n invita a la esperanza en un <italic>centro</italic> ni excluyente ni violento.</p>
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